ADVENTURESOF A MATHEMATICIAN. Alemania-Polonia-Gran Bretaña, 2020. Un film escrito y dirigido por Thor Klein. 102 minutos.
Aunque el nombre de Stanislaw (Stan) Marcin Ulam (1909 – 1984) pueda no ser muy conocido para quienes no están involucrados en el campo científico, el realizador germano Thor Klein lo considera en este interesante film con connotaciones morales.
Phillippe Tlokinski
Phillippe Tlokinski da vida a Stan Ulam, un brillante matemático polaco de familia judía que habiendo gozado de una beca en la Universidad de Harvard reside en Estados Unidos desde 1939 junto con su hermano Adam (Mateusz Wieclawek) de 17 años; ambos están preocupados por la suerte corrida por sus padres y hermana que quedaron en Polonia frente a la invasión alemana. Dada sus meritorias calificaciones, en 1943 Stan es invitado por su colega y amigo John von Neumann (Fabian Kocieck) a participar en el Proyecto Manhattan que tiene lugar en el laboratorio de Los Álamos; dicho programa persigue la construcción de una bomba de hidrógeno para ayudar a derrotar al nazismo. Es así que después de enviar a su hermano a Nueva York para permanecer con familiares, Stan viaja a New Mexico acompañado de su reciente esposa Françoise (Esther Garrel).
En la medida que su misión avanza, además de participar en la elaboración del masivo proyecto él igualmente se involucra en los primeros estadios de la tecnología computadorizada. Cuando en mayo de 1945 concluye la guerra con la derrota del nazismo tanto él como varios de sus colegas no ven las razones para que la misión continúe su curso, sobre todo después de de las explosiones atómicas de Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki en agosto de ese año causando la pérdida de ciento de miles de vidas inocentes. Poco tiempo después, con su esposa e hijita de escasos meses, se traslada a Los Ángeles para desempeñarse como profesor asociado en la Universidad de Southern California, para retornar al año siguiente a Los Álamos donde permanecerá por un período de 10 años; posteriormente vuelve a su actividad docente en matemáticas como asímismo prosiguiendo la investigación científica hasta el final de su vida.
Muy bien articulado, el guión del realizador trasciende la mera biografía para analizar los pormenores de un científico cuyos conocimientos puestos al servicio de las armas nucleares puede generar asimismo consecuencias maléficas; esa situación es lo que motiva la preocupación de Ulam generándole conflictos morales. A su vez el relato no oculta cómo su devoción al trabajo motivó a que Stan no haya tenido asiduo contacto con su hermano, quien por tal razón Adam demuestra su gran resentimiento, agravado aún más por la noticia de la muerte de su querida hermana en Polonia.
Klein ofrece un cuidadoso relato del mundo de la ciencia y cómo la pasión por la misma puede acarrear graves consecuencias; eso se aprecia en una muy emotiva escena cuando en 1954 Ulam acude a visitar a su dilecto amigo John quien padece de un cáncer terminal, probablemente por haber estado expuesto a la radioactividad.
En líneas generales, el realizador efectúa una acertada descripción de los personajes aunque en el de Adam se ignora la causa por la cual ha decidido cortar los lazos con el judaísmo. Con un calificado elenco homogéneo, Tlokinski se distingue en el rol protagónico reflejando la variedad de sentimientos que anidan en el remarcable de este matemático que ha contribuido enormemente en el campo de la física nuclear como así también en el terreno de la computación moderna.
Por su riqueza temática, Adventures of a Mathematician es uno de los más atrayentes filmes que se difunden en el marco del Toronto Jewish Film Festival. Jorge Gutman
Tal como estaba previsto, el Toronto Jewish Film Festival (TJFF) comenzará el 22 de Octubre la segunda parte de su 28ª edición que habrá de extenderse hasta el 1 de Noviembre. En esta oportunidad, nuevamente su difusión se efectuará en línea en toda la provincia de Ontario. Su programación abarca poco más de 50 películas de contenido judío procedentes de Canadá y de otros países del mundo.
A continuación se efectúa una breve evaluación de 6 largometrajes programados..
El film de apertura es Sublet (Israel-Estados Unidos) de Eylan Fox quien aborda la singular relación establecida entre dos personas de diferente generación. John Benjamin Hickey da vida a Michael, un periodista gay de 56 años que vive en pareja con David (Peter Spears) en Manhattan y trabaja en el New York Times como columnista de viajes. Con tal propósito arriba a Tel Aviv para volcar sus impresiones de esta cosmopolita ciudad; previamente a su llegada había subalquilado por internet un departamento de Tomer (Niv Nissim), un joven israelí estudiante de cine de veintitantos años e igualmente homosexual. Circunstancias especiales concurren para que Michael invite a Tomer a residir con él durante su estadía de 5 días y aceptar el ofrecimiento de ser su guía turístico. Ese es el motor que impulsa al guión del realizador e Itay Segal para reflejar el considerable contraste existente entre estas dos personas; así la actitud madura, disciplinada y ordenada de Michael es diametralmente diferente a la de Tomer quien desordenadamente espontáneo y de libre espíritu se opone por completo a la monogamia. No obstante, al final de la estadía surgirá entre ambos hombres un cálido vínculo donde el veterano Michael reconsiderará su actitud de adoptar la paternidad con su pareja después de haber sufrido la pérdida de un bebé recién nacido, mientras que Tomer adquirirá mayor madurez al comprender que más allá del hedonista placer sexual predomina un contenido emocional.
Sublet
Sobriamente dirigido, Fox ha logrado un delicado melodrama adentrándose plenamente en la psicología de dos personajes de diferentes estilos de vida, impecablemente caracterizados por Hickey y Nissim quienes entre ellos mantienen una excelente sintonía. Al margen del tema central, el film ofrece aspectos vívidos de la resplandeciente ciudad israelí a través de su gente en la playa, restaurantes, como también una visión cultural en un espectáculo experimental de danza y una visita al Museo de Arte de la ciudad donde está expuesta la obra del artista israelí David Tartakover.
En Africa (Israel) el novel director y guionista Oren Gerner entremezcla ficción y realidad centrando su atención en su padre en una etapa crítica de su vida. Meir (Meir Gerner) es un ingeniero jubilado de 68 años, quien durante tres décadas en su pueblo de Nirit se encargó de organizar, una tradicional ceremonia que se celebra anualmente; repentinamente descubre que esta vez ha sido reemplazado por jóvenes de la región sin experiencia en la materia. Con su orgullo profundamente herido tratará de demostrar a sí mismo que es aún vital y pleno de energía volcando sus esfuerzos en la construcción de una cama de madera para su nieto.
Africa
Lo que precede es la excusa para que el realizador ilustre el sentimiento que experimenta una persona en el crepúsculo de su vida al tener que ceder lugar a la joven generación. En este caso resulta más evidente al ser Meir consciente de que su cuerpo lo está traicionando y es así que se produce una crisis existencial al no querer aceptar la dura realidad. Además del tema central, el guión intercala algunas conversaciones del protagonista con sus seres queridos como así Meier revive el pasado mediante cintas hogareñas en las que contempla un viaje realizado a Namibia con su esposa Maya (Maya Gerner)
Globalmente considerado, el realizador ofrece un pequeño film, íntimo y de sabor nostálgico que está bien narrado y sobre todo naturalmente actuado, teniendo en cuenta que los protagonistas son los verdaderos padres del realizador. En suma, un afectuoso tributo de un hijo a sus progenitores a través del lenguaje del cine.
En Minyan (Estados Unidos) el realizador Eric Steel aborda el proceso de madurez de un adolescente mediante un relato que ya ha sido expuesto en variadas oportunidades sin que en este caso aporte algo nuevo que lo pueda distinguir.
Minyan
El guión del realizador escrito con Daniel Pearle ubica la acción en 1986 en la comunidad judía de Brighton Beach de Brooklyn presentando a David (Samuel H. Levine) de 17 años de edad e hijo de una familia judía proveniente de Rusia. Efectuando sus estudios religiosos, siente más afinidad estando con su abuelo Josef (Ron Rifkin), recientemente viudo, que con sus padres Rachel (Brooke Bloom) y Simon (Gera Sandler). Sin ser ferviente devoto, es evidente que su rostro circunspecto experimenta el conflicto de ser gay sin que los suyos estén al corriente de su problema identitario.
Discurriendo a través de una zigzagueante narrativa, la trama abarca varios tópicos sin que ninguno de los mismos alcance a desarrollar su potencial; así en principio el tema de la tradición religiosa, se entremezcla con la solidaridad y apoyo que David ofrece a dos viudos ancianos, Herschel (Christopher McCann) y Itzik (Mark Margolis) quienes viven cerca de donde habita su abuelo, para finalmente centralizar su atención en su primera relación homosexual que mantiene con Bruno (Alex Hurt), el barman de un club de danza gay; es con él donde se halla plenamente realizado aunque su felicidad será de corto alcance al ser posteriormente rechazado por su amante al manifestarse ignorante de la crisis del SIDA.
No obstante la impecable actuación de Levine, éste drama de fe religiosa e identidad sexual es demasiado contenido y sin impresionar como debiera por su dispersión y excesiva longitud.
Shalom Taiwan (Argentina) es una comedia que sin ser pretenciosa resulta atrayente enfocando las vicisitudes de un rabino de Buenos Aires que devoto en su fe quiere lo mejor para la comunidad que acude a su templo.
El director Walter Tejblum se vale del guión que concibió con Santiago Korovsky presentando a Aarón (Fabián Rosenthal), buen marido de Laila (Mercedes Funes) y querendón padre de familia, aunque como apasionado rabino involuntariamente puede en ciertas ocasiones dejar de lado a sus seres queridos. Ansioso de remodelar el templo en el que profesa se ha endeudado en 150 mil dólares con la esperanza de que obtendrá donaciones que sufraguen el monto. Al acercarse la fecha del vencimiento de la deuda sin haber logrado su propósito, el financista que le concedió el préstamo (Carlos Portaluppi) le fija un plazo perentorio de 10 días para su devolución, bajo amenaza de que la propiedad de la institución sea embargada en caso de incumplimiento. Todo se complica cuando la suma a devolver es en dólares y el panorama económico del país atraviesa por serias dificultades.
Shalom Taiwan
Es así que en una carrera contra el tiempo, Aarón se traslada a Nueva York, esperando que la institución religiosa de Brooklyn pueda ayudarlo. Al fracasar en su intento y teniendo en cuenta que le han asegurado que en Taiwán puede lograr donantes de la pequeña comunidad judía que habita en Taipeí, es allí su próxima meta.
La simple historia es el buen pretexto para que se asista a una trama en donde no faltan los momentos de humor como así también otros de relativa tensión; lo más importante a destacar es la solidaridad y calidez recibida en un país oriental, tan diferente en cultura y costumbres de la de Argentina pero donde ciertamente predomina el sentimiento humanitario como el reflejado por el gerente del modesto hotel donde Aarón se aloja. Asimismo, el relato resalta la importancia del lazo familiar que en última instancia predomina en el protagonista del relato. Con un desenlace ciertamente sentimental el público asiste a una agradable comedia agridulce que aunque convencionalmente realizada permite que el público emerja satisfecho y sonriente después de su visión.
La directora Johanne Helgeland ofrece con The Crossing (Noruega), un conmovedor drama que teniendo como escenario la Segunda Guerra explora el coraje, solidaridad y amistad que se establece entre sus cuatro protagonistas.
The Crossing
El relato basado en la novela de Maja Lunde publicada en 2012 y adaptada para el cine por Espen Torkildsen se desarrolla en la campiña de un lugar no especificado de Noruega en pleno invierno. Otto (Bo Lindquist-Ellingsen) y su hermana menor Gerda (Anna Sofie Sharholt) de 10 años, presencian azorados el arresto de sus padres por representantes de la fuerza de ocupación nazi al sospechar que albergan a chicos judíos; en su ausencia, ellos comprueban que efectivamente en la bodega de la casa se encuentran ocultos Daniel (Samson Steine) y su hermanita Sarah (Bianca Ghilardi-Hellsten). Frente a la amenaza del ejército nazi que transita la zona, valiéndose de un mapa y una brújula Gerda y Otto se proponen ayudar a escapar a estos niños.. Es así que comienza una larga marcha cuyo destino es atravesar la frontera y llegar a Suecia. A través de esa larga travesía, los cuatro peregrinos deberán soportar la fatiga tanto física como psicológica, sobre todo porque los soldados nazis han iniciado una implacable cacería tratando de apresarlos; afortunadamente, gracias a la actitud clemente de uno de los soldados alemanes (Luke Neite) logran superar los obstáculos y finalmente llegar a buen destino.
Es encomiable la labor de la novel directora en haber transmitido con notable intensidad la tensión latente de este relato de discriminación racial, además de haber obtenido de los jóvenes actores una interpretación que se distingue por su completa naturalidad; así entusiasma la remarcable prestación de Skarholt como apasionada mosquetera, Ghilardi-Hellsten conqujista con su innegable gracia y dulzura, como igualmente Lilndquist-Ellingsen y Steine impresionan en sus respectivos roles.
Cabe señalar que en los créditos finales se destaca que 771 judíos noruegos fueron deportados por los nazis durante el sangriento conflicto bélico y que más de 1000 pudieron escapar a Suecia. Finalmente se lee que el film está dedicado a los que huyeron, a quienes ayudaron a hacerlo y a quienes nunca retornaron.
Otro notable film del TJFF es When Hitler Stole Pink Rabbit (Alemania-Suiza) de la laureada directora Caroline Link. Este estupendo drama de familia está basado en la novela semi autobiográfica de la celebrada autora alemana Judith Kerr, fallecida en mayo de 2019.
When Hitler Stole Pink Rabbit
La adaptación cinematográfica realizada por la cineasta juntamente con la autora y Anna Brüggemann conserva los valores de la obra original donde Link ha logrado un relato vívido e intensamente emocional que no deja indiferente al espectador. Anna (Riva Krymalowski) ‑alter ego de la autora- es una niña de 9 años que vive confortablemente en Berlín rodeada del cariño de sus padres Arthur Kemper (Oliver Masucci) y Dorothea (Carla Juri) y de su hermano Max (Marinus Hohmann) de 12 años. Sin embargo, todo cambia cuando pocas semanas antes de las elecciones germanas de marzo de 1933 que traerían al poder a los nazis, su padre que es un destacado ensayista, crítico teatral y renombrado periodista criticando al nazismo considera que su vida se encuentra en peligro, como así también la de su familia. Por lo tanto es el momento de hacer las maletas y dejar rápidamente Alemania antes de que sus pasaportes puedan ser anulados.. Es emotiva la escena en que la pequeña Anna debe dejar su adorado conejito de paño rosa porque no puede entrar en la valija, como asi también la pena que la invade al tener que alejarse de su entrañable nana Heimpi (Ursula Werner).
El primer lugar de exilio es Zurich y posteriormente lo será París donde la familia pasará estrecheces financieras para finalmente llegar a Londres donde Arthur logra que su guión sobre la vida de Napoleón sea comprado para su traslado al cine.
Vista desde la perspectiva de Anna, se puede apreciar cómo ella va aprendiendo nuevas lenguas y asimila diferentes culturas para adaptarse como refugiada en países diferentes al suyo, así como comprueba los horrores del nazismo con su acérrimo antisemitismo; al propio tiempo, el film ‑al igual que la popular novela destinada al público infantil y cuya lectura ha sido obligatoria en muchas escuelas de Alemania‑, resalta la importancia de los lazos familiares y de la amistad en períodos tan cruentos.
La excelente puesta escénica, el remarcable guión y el irreprochable elenco configuran a dar relieve a este conmovedor y humano relato sobre los primeros años de Kerr.
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He aquí un comentario de cinco filmes juzgados en los primeros días del Festival du Nouveau Cinéma (FNC).
Mohammad Rasoulof es otro de los realizadores iraníes que experimentan la misma suerte que su compatriota Jafar Panahi al estarle prohibido salir del país por su activismo político y su crítica al gobierno imperante en la república islámica de Irán; con todo, ese obstáculo no le impidió seguir filmando y es así que su último trabajo There is no Evil (Irán-Alemania-República Checa) además de haber sido presentado en el último festival de Berlín fue recompensado con el premio máximo.
There Is no Evil
Teniendo en cuenta el considerable número de gente sentenciada que en Irán es sentenciada con la pena capital, el realizador concibió un relato estructurado en cuatro episodios independientes aunque ligados por un tema común: la pena de muerte; al hacerlo no considera a las víctimas sino a quienes cumplen la función de verdugos. El primer episodio, sin duda el más logrado, enfoca a Heshmat (Ehsan Mirhosseini), un abnegado hombre de familia de Teherán a quien se lo contempla a lo largo de una jornada realizando actividades cotidianas vinculadas con su esposa e hija como así también visitando a su anciana madre; todo transcurre de manera normal hasta llegar a su sorprendente desenlace donde se revela la profesión de este noble individuo. La segunda historia transcurre en una prisión de Teherán donde se llevan a cabo las ejecuciones; es allí que el soldado Pouya (Kaveh Ahangar) trata de evitar cumplir la labor asignada de tener que ejecutar a un sentenciado. Los dos restantes capítulos no alcanzan a tener la envergadura de los precedentes aunque de todos modos gravita la conciencia moral planteada a quienes no tienen opción de poder decidir frente a las imposiciones de un sistema autoritario que fuerza a sus ciudadanos a cometer actos inhumanitarios. Aunque sin llegar al nivel de A Man of Integrity (2017), su penúltimo trabajo premiado en el festival de Cannes, Rasoulof ofrece aquí un drama de considerable connotación moral con un mensaje a la desobediencia civil de sus conciudadanos.
Un remarcable documental político es lo que se aprecia en Uppercase Print (Rumania) del director Radu Jade exponiendo los abusos sistemáticos cometidos en la Rumania comunista de Nicolae Ceaușescu.
Uppercase Print
A través de importantes fragmentos informativos de los archivos de la televisión rumana y material filmado de esa época, Jade efectúa una dramatización de los acontecimientos basados en la pieza teatral de Gianina Carbunariu quien colaboró en la concepción del guión.
La historia comienza en septiembre de 1981 donde Mugur Călinescu (Şerban Lazarovici), un estudiante de 16 años disintiendo con el gobierno expresa su opinión valiéndose de leyendas escritas en mayúscula en las paredes del partido comunista de la sucursal de Botosani; influido por las emisiones radiales clandestinas de Europa Libre, efectúa un llamado para seguir el ejemplo del sindicato Solidaridad de Lech Walesa en Polonia a la vez que pregona por una democracia abierta al pueblo donde predomine la justicia y el respeto de los derechos humanos. Cuando es detenido por las autoridades y considerado como enemigo de la patria, es sujeto a un exhaustivo interrogatorio por parte del oficial (Bogdan Zamfir) de la policía secreta rumana. A través de este proceso queda expuesta la divergencia entre la armonía social existente con el culto a la personalidad del dictador rumano y la dramática realidad imperante.
Lejos de una convencional reconstrucción, el cineasta utiliza un método consistente en monólogos de Mugur y de otros personajes concurrentes con la intercalación de algunos gráficos de pantallas televisivas, produciendo un efecto de algún modo surrealista pero ciertamente eficaz. Tanto la fotografía de Marius Panduru, los remarcables diseños de producción de Irina Moscu y.el montaje de Catalin Cristutiu adicionan considerable valor al intelectual y fascinante documento de Jade.
Topside (Estados Unidos) es un sorprendente y encomiable primer film de los realizadores y guionistas Celine Held y Logan George en el que Held también asume el rol protagónico.
Topside
La odisea de una madre y su hijita viviendo en los túneles subterráneos abandonados del metro de Manhattan ofrece al espectador un alucinante cuadro de las condiciones de vida de un importante estrato social viviendo marginado del sistema. Zhaila Farmer es la prodigiosa pequeña actriz que anima a Little quien con sus 5 años de edad vive con su atribulada drogadicta madre Nikki (Held) en ese submundo oscuro donde no asoma la luz del sol. No hay elementos previos que determinen cómo han podido subsistir en ese encierro subterráneo ni tampoco se sabe acerca de qué modo Nikki obtiene el financiamiento para mantenerse además de arreglarse para adquirir la droga suministrada por John (Fatlip), otro marginado que también habita allí. Todo cambia para la madre e hija cuando las autoridades inspeccionan el lugar donde residen obligándolas a huir despavoridas para alcanzar la superficie urbana. Es ahí que para ambas comienza la gran odisea al internarse en el agitado tránsito de Manhattan donde Little descubre un mundo que le es desconocido.
Los directores demuestran una excepcional madurez del lenguaje del cine en la concepción de este drama de intensa tensión en la que se refleja el conmovedor lazo de amor materno-filial. Held impecablemente transmite la determinación de una madre protegiendo en todo momento a su hija y la desesperación que la invade en un momento crucial de esta historia; no menos importante es el extraordinario desempeño de Farmer quien refleja la natural sensibilidad de una niña observadora y alerta frente a la desafortunada realidad que le cabe vivir. No menos importante es la experiencia visual de este drama en la que los realizadores han logrado la invaluable cooperación del director de fotografía Lowell A. Meyer captando la visión tanto del ambiente subterráneo como la del espacio exterior. Adoptando el carácter de un documental, el film permite que el espectador quede inmerso en un singular viaje de profundo impacto social.
La Hija de un Ladrón (España) permite que el cinéfilo canadiense entre en contacto con Belén Funes, una promisoria realizadora que ofrece un buen relato sobre una joven mujer atribulada por diversas circunstancias.
La Hija de un Ladrón
El guión de la directora con la colaboración de Marçal Cebrian, introduce a Sara (Greta Fernández), de 23 años de edad y madre de un bebé cuyo padre es Danny (Alex Monner), su ex pareja que no vive con ella. No hay elementos previos que determinen cuál ha sido su vida pasada; solo se sabe que munida de precarios recursos financieros, ella se desenvuelve realizando trabajos temporarios y en materia de vivienda dispone de los beneficios de la ayuda social. Además de su hijito cuenta con Martín (Tomás Martín), su pequeño hermano menor que se encuentra internado en un centro de menores y Manuel (Eduard Fernández), su padre que recientemente ha salido de la cárcel.
La directora efectúa una acertada semblanza de la protagonista quien decididamente no es feliz y lo que más anhela es constituir una verdadera familia; si bien hay cierta pintura social sobre las condiciones de vida en las que Sara está involucrada, el móvil más importante del relato estriba en el conflicto que se genera cuando ella deseando guardar la custodia de Martín se encuentra obstaculizada porque su padre es quien quiere tenerlo a su cargo; por esa razón acude a la justicia para que adopte una decisión al respecto.
La observación que merece la historia planteada es que la extraña relación de amor-odio que vincula a la protagonista con su progenitor no queda de ninguna manera establecida. Si bien él estuvo en prisión, se ignora qué es lo aconteció en el pasado entre ellos, como tampoco se hace referencia a la madre de Sara o qué fue de ella porque a lo largo del relato no se la menciona. Curiosamente, a pesar de la animosidad que la joven siente por su progenitor, desearía vivir con él quien está conviviendo con otra mujer.
Lo más destacable del film descansa en su elenco en el que Greta Fernández por su remarcable interpretación recibió el premio a la mejor actriz en el festival de San Sebastián de 2019; el logro es aún más importante teniendo en cuenta que su personaje no es precisamente uno que permita empatía con el espectador. Aunque el guión no permite que el drama logre conmover cabe remarcar la buena puesta escénica de Funes como así también la buena fotografía de Neus Ollé captando los exteriores de algunos sectores de la bella ciudad de Barcelona donde transcurre la acción.
El trauma que puede impactar la muerte de un ser querido es lo que en principio se infiere del film Mamá, Mamá, Mamá (Argentina) de la joven guionista y directora Sol Berruezo Pichon- Rivière. Con todo, el film se diluye a medida que transcurre sin que realmente trascienda.
Mamá, Mamá, Mamá
En un relato que se desarrolla durante el verano en una casa con piscina, Cleo (Agustina Milstein) de 12 años sufre la pérdida de su hermanita Erín acaecida recientemente. Allí está rodeada de sus primas Nerina (Chloé Cherchyk) de 15 años, Manuela (Camila Zolezzi) de 11 años y Leoncia (Matilde Creimer Chiabrando) de 6 años quienes junto a la tía tratan de confortarla anímicamente. Durante su desarrollo se puede apreciar cierta dinámica establecida entre las chicas con escenas que incluyen un funeral imaginario, la primera menstruación de Cleo, la celebración del cumpleaños de Leoncia y su simpatía hacia un conejito aparecido en el jardín; en otras secuencias aparecen la madre de Cleo y la abuela que llega con su empleada doméstica y su hija en medio de un ambiente un poco revuelto. La presencia masculina se manifiesta esporádicamente a través de dos trabajadores que efectúan ciertos arreglos en el jardín, echando una mirada sugestiva hacia la adolescente Nerina.
No obstante las nobles intenciones de la directora de reflejar la angustia reflejada por un duelo, así como la ilustración del mundo infantil, la transición a la adolescencia y el proceso de madurez, su relato de escasos 60 minutos de duración no logra impactar; aunque cuenta con correctas actuaciones de su elenco, la ausencia de un ritmo fluido y la carencia de un enfoque preciso, impiden que el film adquiera mayor relevancia.
Habiendo sido programada para el cancelado Festival de Cannes, es en el TIFF donde por primera vez ha sido presentada esta voluptuosa película que como su título lo anticipa se centra en una pasión.
El film está basado en la novela autobiográfica de Annie Ernaux publicada en 1992 aunque la adaptación para el cine realizada por la directora Danielle Arbid y la autora del libro ubica la acción en el momento actual.
El relato que transcurre en París introduce a Hélène (Laetitia Dosch) una profesora investigadora divorciada y madre de un hijo preadolescente que siente un irresistible deseo sexual hacia Alexandre (Sergei Polunin), un hombre más joven que ella quien se desempeña en Francia como diplomático en la embajada rusa. No es la primera vez que el cine aborda una temática semejante pero en este caso lo objetable es la falta de descripción adecuada de estos dos personajes. Nada se sabe del pasado de Hélène, su actitud asumida en su fracasada vida conyugal como así también se ignora cómo llegó a conocer a su amante y qué es lo que incentivó su fuerte atracción. Asimismo, Alexandre con su cuerpo tatuado resulta un enigma; sólo se sabe que es casado y con su rostro completamente inexpresivo lo único que deja traslucir es el modo en que utiliza a Hélène como muñeca sexual.
A lo largo de su desarrollo Arbid trata de transmitir hasta qué punto la desenfrenada pasión de Hélène y su total dependencia hacia un hombre manipulador que nada siente por ella, la conduce a un desequilibrio emocional afectando su labor profesional y su responsabilidad maternal al descuidar a su hijo. Sin embargo el propósito de la realizadora se desvirtúa al ilustrar el vínculo amoroso de los amantes mediante repetidas y alargadas escenas de copulación rodadas en primer plano que insumiendo considerable parte del metraje llegan a producir letargo; su errática puesta escénica atenúa la atracción del relato que se encuentra agravado por un precipitado desenlace.
Lo más importante del film reside en la muy buena prestación de Dosch quien a pesar de las limitaciones del guión logra reflejar la profunda angustia y sufrimiento de una mujer que no puede dominar su enfermizo instinto sexual. Queda como balance un drama erótico de escasa convicción en el que su protagonista femenina contrasta fuertemente con el empoderamiento de la mujer embanderado por el movimiento #metoo.
CASADEANTIGUIDADES (Brasil-Francia)
Escrito y dirigido por Joäo Paulo Miranda Maria, este bien intencionado film parte de una premisa interesante pero posteriormente se bifurca desvaneciendo el potencial contenido en sus primeras escenas.
La acción transcurre en la época actual donde Cristoyam (Antônio Pitanga), un hombre negro de edad madura proveniente del norte brasileño, ha estado trabajando durante 30 años en una factoría láctea ubicada en una ciudad sureña del país y que ahora pertenece a una compañía austríaca. Debido a la crisis económica que aflige a la fábrica, él está obligado a aceptar la reducción de su salario para seguir conservando su empleo. De inmediato, el relato adopta un rumbo diferente cuando el hombre encuentra un refugio en una casa abandonada donde descubre diferentes objetos que le hacen rememorar sus orígenes y el de sus ancestros.
Miranda Maria desea transmitir la dimensión espiritual de su protagonista dentro del trauma que vive en el marco de una sociedad conservadora y prejuiciosa. Asimismo puede inferirse que el realizador quiere demostrar que el legado colonial del pasado con la intolerancia y discriminación racial por parte de los políticos de los ricos estados sureños del país hacia los habitantes autóctonos de color de las regiones del norte, sigue subsistiendo en el presente; con todo, el guión no logra encontrar el foco preciso al haber recurrido a una narración abstracta que afecta la coherencia del relato desestimulado su interés. A su favor, el insuficientemente logrado film se beneficia por sus buenos efectos visuales.
TRUEMOTHERS (Japón)
La presentación de filmes en línea del TIFF culminó con este conmovedor drama de la veterana realizadora japonesa Noami Kawase. Si bien el delicado tema de la adopción ya ha sido tratado por el cine, como por ejemplo lo abordó Jeane Herry en Pupille (2018), aquí Kawase lo considera desde un ángulo diferente basándose en la novela homónima de 2015 de Mizuki Tsujimura.
De manera no lineal el relato está estructurado en tres partes muy bien cohesionadas. En su comienzo se observa al matrimonio japonés conformado por Satoko (Hiromi Nagasaku), su marido Kiyokazu (Arata Lula) y el hijo Asato (Reo Sato) de 6 años. Más allá de un incidente escolar entre el niño y un compañero de escuela, se aprecia el calor de familia imperante entre sus tres integrantes. Posteriormente el guión retrocede la acción hacia atrás reseñando las dificultades del matrimonio que deseosos de ser padres se encuentran impedidos por una deficiencia espermática de Kiyokazu. Habiendo tomado nota de la existencia de Baby Baton, una organización sin fines de lucro destinada a niños recién nacidos de madres que no pueden hacerse cargo de sus hijos para ser adoptados por quienes no pueden concebir, la pareja acude a la misma y es así que con gran alegría logran adoptar a Asato al momento de nacer, teniendo todos los derechos de actuar como verdaderos padres. Volviendo la acción al tiempo actual el nudo conflictivo del relato se produce cuando de manera sorpresiva aparece en escena Hikari (Aju Makita), la joven madre biológica de Asato reclamándolo. De allí en más la historia se retrotrae nuevamente a la época en que Hikari con sus 14 años quedó embarazada de Takumi (Taketo Tanaka), un compañero de escuela, y sus estrictos padres (Tetsu Hirahara, Hiroko Nakajima) se encuentran imposibilitados de abortar la gestación por estar bastante avanzada; es así que ella es enviada a Baby Baton durante el período restante de su embarazo.
Excelentemente el film expone el gran dilema entre una madre que junto a su esposo ha brindado todo su amor al hijo adoptivo y la madre biológica que desearía no quedar eliminada de la vida de Asato. Kawase con gran sutileza logra imprimir genuina emoción a esta humana historia sobre lo que implica ser una verdadera madre así como las diferentes facetas que puede adquirir la maternidad; para ello contó con las remarcables actuaciones de Nagasaku y Makita quienes con completa naturalidad se adentran en sus respectivos personajes. De excelente factura técnica, la excepcional fotografía de Yuta Tsukinaga contribuye a realzar los valores de este ponderable drama.
Una de las más agradables sorpresas de un festival es cuando se descubre nuevos valores capaces de revitalizar la cinematografía. Esto es lo que acontece con Suzanne Lindon, de apenas 20 años que es toda una revelación como directora, guionista y protagonista en su primer largometraje
Lindon da vida a su alter ego Suzanne, una adolescente de 16 años un tanto tímida y retraída proveniente de una familia de clase media que vive en París. Bien querida por sus padres (Frédéric Pierrot y Florence Viala) y su hermana mayor, no hay nada que en ese ámbito pueda afectarla. Apartándose de los clásicos problemas que surgen durante la transición adolescente, en este caso la joven directora no los considera aquí sino que el factor que motoriza a su relato es la casual atracción que despierta en ella Raphaél (Arnaud Valois), un actor de 35 años a quien llegó a divisar en su camino de la escuela hacia su hogar al pasar por la puerta del teatro donde actúa. Inducida por ella, prontamente se establece una aproximación entre ambos donde sus encuentros se producen en algunos cafés y caminatas. A través de gestos y de no muchas palabras entre los dos se establece una especial comunicación donde la diferencia de 19 años de edad que los separa parecería no existir. Para Suzanne ese acercamiento produce el primer sentimiento amoroso que brota de su cuerpo; en cuanto a él, que igualmente se enamora de ella, prefiere guardar la distancia necesaria, respetándola en todo momento y evitando que la pasión irrumpa en ese amor platónico.
Con poco diálogo, a través de observaciones precisas Lindon transmite elocuentemente la turbulencia, confusión, emoción y hasta cierto temor de Suzanne hacia una persona que más que la dobla en edad pero que la hace feliz aunque el vínculo romántico no llegue a consumarse. Con un final abierto, la inteligente realizadora demostrando una inusual madurez entrega una pequeña joya plena de ternura y poesía capaz de conformar enteramente al espectador. Siendo Lindon la hija de dos excelentes actores como lo son Vincent Llndon y Sandrine Kiberlain aquí podría aplicarse el refrán “De tal palo, tal astilla”.
ANOTHERROUND (Dinamarca)
La cultura de la bebida alcohólica en Dinamarca es abordada por el conocido director danés Thomas Vinterberg en una historia que pretende divertir aunque el balance final resulte discutible.
El protagonista es Martin (Mads Mikkelsen), un profesor de historia de mediana edad en una escuela de enseñanza media de Copenhague; él ha llegado a una etapa de su vida donde se siente un tanto apagado, de escaso aliciente y sin la vitalidad necesaria de antaño; eso se refleja tanto en su actividad docente como también en su vida personal dado que como marido y padre de familia no demuestra mayor interés sobre lo que acontece en su hogar.
Su vida social se centra en la amistad que mantiene con Tommy (Bo Larsen), Peter (Lars Ranthe) y Nikolaj (Magnus Millang) quienes también son profesores de diferentes cátedras en el mismo establecimiento escolar. La rutina de Martin cambia a partir de una comida con sus amigos celebrando los 40 años de Nikolaj donde el festejado les hace saber que, según la teoría sustentada por el filósofo y psicólogo noruego Finn Skårderud, los seres humanos nacen con una deficiencia de alcohol en la sangre; por lo tanto él propone al grupo realizar un experimento consistente en no restringirse en el consumo de bebidas alcohólicas, para comprobar si realmente les habrá de suministrar mayor energía y vigor en lo que emprenden. Aunque reluctante al principio, Martín acepta la propuesta y comprueba que la bebida le permite mayor frescura y entusiasmo en la relación con sus alumnos, como así también revitalizar su matrimonio con su mujer Trine (María Bonnevie).
Hasta aquí el guión de Tobías Lindholm y de Vinterberg tiene la intención de amenizar con las andanzas de 4 inmaduros sujetos que tanto en el lugar de trabajo como fuera del mismo aprovechan sus encuentros para dar rienda suelta a la bebida con excesivas dosis de vino, whisky, vodka y champán, terminando a la postre borrachos. A partir de allí el desarrollo de la trama adquiere un carácter más serio; así, las consecuencias del desorbitado consumo de alcohol repercute negativamente en Martin produciendo la separación de su cónyuge y sus dos hijos adolescentes, como al propio tiempo esa peligrosa adicción adquiere connotaciones similares para los restantes amigos donde uno de ellos sufre un dramático percance.
La objeción que merece esta historia reside en su mensaje decididamente contradictorio. Por un lado ilustra claramente los efectos perniciosos de la drogadicción alcohólica; pero por el otro pareciera ofrecer una oda a la vida donde en la escena final los estudiantes del curso celebran su graduación escolar bailando y consumiendo alcohol. En todo caso, más allá de ignorar hacia dónde Vinterberg apunta con este film ‑que sin mayor profundidad fluctúa entre la comedia y el drama‑, cabe destacar la correcta realización y su buen elenco en donde Mikkelsen asumiendo el rol protagónico reafirma una vez más que es uno de los mejores actores de Europa.
MLK/FBI(Estados Unidos)
He aquí otro de los remarcables documentales presentados en esta edición del TIFF. El realizador Sam Pollard pasa revista a una de las etapas más oscuras de la historia americana del siglo pasado ilustrando cómo el gobierno trató de desprestigiar a Martin Luther King Jr.
A partir de la desclasificación de documentos del FBI el film reconstruye magníficamente el enfrentamiento de J. Edgar Hoover, quien durante 48 años ha sido el director de dicha agencia federal de investigación, con su enemigo más temible MLK. Esa animosidad comienza en 1956 cuando Luther King, el afroamericano ministro de la fe cristiana, como decidido activista persigue de manera pacífica que sus compatriotas de color adquieran los mismos derechos civiles que los blancos sin sufrir la inhumana discriminación existente de la época.
Dada la gravitación que MLK va adquiriendo en la medida que sus prédicas alcanzan amplia resonancia en Estados Unidos, Hoover considera que Luther King es una persona peligrosa para la nación, fundamentándose en el hecho de que él está apoyado por influyentes personas de ideología comunista. A través de importante material de archivo, entrevistas con algunas personalidades académicas como el historiador Beverly Gage y en especial Clarence Jones que fuera amigo personal de King, se demuestran los métodos nefastos de espionaje empleados por el FBI para desacreditar a su adversario. Sin embargo las maniobras de la agencia no logran disminuir la popularidad de MLK que alcanza su pico máximo con su más famoso discurso “I have a dream” de agosto de 1963 en el cual expresa su deseo de que la gente blanca y negra pueda coexistir armoniosamente; ese hito unido al Premio Nobel de la Paz obtenido en 1964 motiva a que un decepcionado y alarmado Hoover tuviera que recurrir a la extorsión denunciando su infidelidad conyugal. Como es bien sabido, la vida del apóstol del pacifismo llega a su fin a los 39 años al ser asesinado en abril de 1968 por un segregacionista blanco.
Este cautivante y bien construido documental puede que para muchos no agregue mucho a lo ya conocido; sin embargo su mensaje es importante para las nuevas generaciones. Teniendo en cuenta que hoy día la violencia racial hacia el afroamericano aún perdura ‑basta recordar el crimen de George Floyd de mayo pasado‑, este film es más que bienvenido a la vez que constituye un indirecto apoyo a la causa del loable movimiento “Black lives matter”.