Un céle­bre cantautor

SAL­VA­TO­RE ADAMO

El popu­la­rí­si­mo can­tau­tor ita­lo-bel­ga, con­si­de­ra­do como uno de los intér­pre­tes román­ti­cos más exi­to­sos del mun­do esta­rá nue­va­men­te visi­tan­do Quebec.

Des­pués de haber can­ta­do con entra­das ago­ta­das hace dos años, Sal­va­to­re Ada­mo está en camino de repe­tir esta haza­ña, en el espec­tácu­lo que pre­sen­ta­rá el 17 de mayo (20h) en el Espa­ce St-Denis,  21 de mayo en la Salle Mau­ri­ce O’Bready de Sher­broo­ke, el 24 de mayo en el Théâ­tre Manu­vie de Bros­sard, el 27 de mayo en el Théâ­tre du Casino du Lac-Leamy de Gati­neau y el 30 de mayo en el Grand Théâ­tre de Qué­bec.

Sal­va­to­re Ada­mo (Foto: shutterstock.com)

El regre­so de Ada­mo tie­ne en esta opor­tu­ni­dad un dejo nos­tál­gi­co en la medi­da que la serie de con­cier­tos que ofre­ce­rá inti­tu­la­da Le temps de se dire au revoir (el momen­to de decir adiós), cons­ti­tui­rá su últi­ma vez en el esce­na­rio des­pués de 6 déca­das de fruc­tí­fe­ra carre­ra. Es así que el públi­co asis­ten­te ten­drá la opor­tu­ni­dad de escu­char sus éxi­tos tales como Tom­be la nei­ge, Vous per­met­tez Mon­sieur, Mes mains sur tes han­ches, Inch’Allah y C’est ma vie, que sin duda cons­ti­tu­yen un ver­da­de­ro deleite.

El artis­ta, que ha ven­di­do cer­ca de 100 millo­nes de álbu­mes y para quien escri­bir es algo nece­sa­rio y natu­ral, lan­zó el oto­ño pasa­do Des nèfles et des gro­sei­lles, des­pués de ocho años sin publi­car un dis­co. Este vigé­si­mo sép­ti­mo álbum inclu­ye 25 can­cio­nes nue­vas cuyos temas prin­ci­pa­les son el amor y la nostalgia.

Des­de su pri­me­ra visi­ta a Mon­treal en 1967, en el mar­co de la Expo 67, la his­to­ria afec­tuo­sa entre Ada­mo y el públi­co que­be­quen­se ha resis­ti­do el paso del tiem­po y él ha encon­tra­do las pala­bras para hablar de ello. De allí que sus­ci­te gran inte­rés asis­tir a la des­pe­di­da del ícono de la can­ción francófona.

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Una Nos­tál­gi­ca Secuela

THE DEVIL WEARS PRA­DA 2. Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film de David Fran­kel. 119 minutos

Des­pués del gran éxi­to comer­cial obte­ni­do en 2006 con The Devil Wears Pra­da el direc­tor Daniel Fran­kel retor­na con The Devil Wears Pra­da 2, una nos­tál­gi­ca secue­la con­vo­can­do al mis­mo equi­po cen­tral inte­gra­do por Meryl Streep, Anne Hatha­way, Stan­ley Tuc­ci y Emily Blunt. Nue­va­men­te es Ali­ne Brosh McKen­na la guio­nis­ta de esta con­ti­nua­ción enfo­can­do lo que acon­te­ce con las revis­tas de moda en la épo­ca actual.

Anne Hatha­way, Meryl Streep y Stan­ley Tucci

Andy Sachs (Hatha­way) quien habién­do­se reti­ra­do en el film pre­ce­den­te de la revis­ta Run­way se con­vir­tió en una exper­ta perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción; es así que en el momen­to en que reci­be el pre­mio de una ins­ti­tu­ción neo­yor­ki­na por su tra­ba­jo, se ente­ra por un men­sa­je de tex­to que el perió­di­co don­de esta­ba emplea­da aca­ba de des­pe­dir­la al igual que a sus cole­gas. Con todo la suer­te le son­ríe cuan­do los nue­vos due­ños de Run­way la con­tra­tan a fin de efec­tuar simi­la­res tareas bajo las órde­nes de la impe­rial Miran­da Prestly (Streep) quien sigue sien­do la edi­to­ra de la revis­ta, con­tan­do siem­pre con su direc­tor y dise­ña­dor Nigel (Tuc­ci), que es sin duda la per­so­na de su máxi­ma con­fian­za. Aun­que en un prin­ci­pio Miran­da se encuen­tra fas­ti­dia­da por no haber sido avi­sa­da del con­tra­to de Andy, no tie­ne otra opción que acep­tar­la. A todo ello, Miran­da man­tie­ne rela­cio­nes comer­cia­les con Emily (Blunt) quien fue­ra su anti­gua asis­ten­te y es aho­ra una alta eje­cu­ti­va de Dior.

Con el paso del tiem­po la revis­ta no tie­ne el mis­mo pode­río de anta­ño en la medi­da que su tira­je ha dis­mi­nui­do y por lo tan­to es nece­sa­rio revi­ta­li­zar­la; para ello, Andy como exce­len­te perio­dis­ta debe ocu­par­se de efec­tuar efec­ti­vas notas y lograr repor­ta­jes con exi­mias figu­ras de la moda, todo ello median­te una ver­sión digi­tal, a fin de atraer al públi­co adic­to a los queha­ce­res de este géne­ro. Si bien al prin­ci­pio hay rece­los de la arro­gan­te y engreí­da Miran­da hacia Andy, ella irá cam­bian­do de acti­tud al obser­var el brío y empe­ño de su subor­di­na­da para evi­tar que la revis­ta des­apa­rez­ca, don­de ade­más se impo­ne cor­te­jar a los aus­pi­cia­do­res comerciales.

El film no se dis­tin­gue pre­ci­sa­men­te por lo narra­ti­vo sino más bien por sus sub­tra­mas anec­dó­ti­cas, dedi­can­do menor aten­ción al gra­do de alie­na­ción de la gen­te que se des­en­vuel­ve en ese espe­cí­fi­co medio. Con todo la pelí­cu­la no está exen­ta de ilus­trar el gla­mour arti­fi­cial del círcu­lo de la moda, don­de en la era actual median­te las redes socia­les se encuen­tran per­so­na­jes cla­ves en el mar­ke­ting digi­tal capaz de influir en las deci­sio­nes y com­por­ta­mien­tos de sus seguidores.

Visual­men­te el film se des­ta­ca por el mag­ní­fi­co dise­ño de pro­duc­ción de Jess Gon­chor, el dise­ño del sub­yu­gan­te ves­tua­rio a car­go de Molly Rogers, como así tam­bién a la res­plan­de­cien­te foto­gra­fía de Flo­rian Ballhaus cap­ta­da en los esce­na­rios de New York y Milán.

En cuan­to al elen­co, la estu­pen­da Streep impo­ne su mag­ne­tis­mo en el rol de la pode­ro­sa mujer que se vuel­ve vul­ne­ra­ble al temer que pue­da pro­du­cir­se un for­za­do reti­ro si la revis­ta no lle­ga a pros­pe­rar. Por su par­te Hatha­way des­lum­bra vol­can­do el brío y la pasión de su per­so­na­je así como Tuc­ci y Blunt trans­mi­ten com­ple­ta con­vic­ción en sus res­pec­ti­vos roles. En esta secue­la se adhie­ren entre otros intér­pre­tes Ken­neth Bra­nagh como el nue­vo mari­do de Miran­da, Patrick Bram­mell asu­mien­do el inte­rés román­ti­co de Andy, Jus­tin The­roux como la pare­ja de Emily y BJ Novak como el nue­vo pro­pie­ta­rio de Run­way.

En con­clu­sión, con esta segun­da par­te, el direc­tor ha logra­do una flui­da livia­na come­dia que a la vez per­mi­te refle­xio­nar acer­ca de los mar­ca­dos cam­bio tec­no­ló­gi­cos de la era digi­tal pro­vo­can­do la fuer­te dis­mi­nu­ción de las publi­ca­cio­nes grá­fi­cas y la auto­ma­ti­za­ción del tra­ba­jo. Jor­ge Gutman

Ras­tros del Pasado

BLUE HERON. Cana­dá-Hun­gría, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Sophy Rom­va­ri. 90 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do satis­fac­to­rios cor­tos, entre otros Still Pro­ces­sing (2020) y What Each Per­son Needs (2022), la direc­to­ra Sophy Rom­vary reafir­ma su talen­to artís­ti­co con su pri­mer lar­go­me­tra­je Blue Heron. Con inusi­ta­do dis­cer­ni­mien­to ella tras­la­da a la pan­ta­lla una his­to­ria de con­si­de­ra­ble gra­vi­ta­ción basa­da en sus expe­rien­cias de infancia.

Eylul Guven

A tra­vés de su memo­ria, el guión de la rea­li­za­do­ra pre­sen­ta en su pri­me­ra mitad a Sasha (Eylul Guven) de ocho años quien en la déca­da del 90 jun­to con su fami­lia pro­ce­den­te de Hun­gría arri­ban a la isla de Van­cou­ver para el ini­cio de una nue­va vida. En prin­ci­pio todo resul­ta pro­mi­so­rio para ella, dis­cu­rrien­do con sus her­ma­nos, tra­tan­do de vin­cu­lar­se con las chi­cas loca­les de edad simi­lar, dis­fru­tan­do de la pla­ya como asi­mis­mo de la belle­za del lugar; sin embar­go hay un ele­men­to que la per­tur­ba cuan­do en una con­ver­sa­ción de su madre (Irin­go Reti) con su padras­tro (Adam Tom­pa) se deja entre­ver que Jeremy (Edik Bedoes), el ado­les­cen­te hijo mayor, pade­ce de un com­por­ta­mien­to errá­ti­co que sugie­re un esta­do de ines­ta­bi­li­dad men­tal; eso evi­den­te­men­te afec­ta a la fami­lia y fun­da­men­tal­men­te a su pro­ge­ni­to­ra que le gene­ra gran ansie­dad, en tan­to que la niña obser­va cómo al pro­pio tiem­po Jeremy quie­re a sus her­ma­nos no obs­tan­te sus arre­ba­tos de furia, sin que ella, muy sen­si­ble y ape­na­da, pue­da modi­fi­car la situa­ción rei­nan­te. Rom­va­ri con la cola­bo­ra­ción de la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Maya Ban­ko­vic trans­mi­te con fide­li­dad la ten­sión crea­da por las acti­tu­des de Jeremy, que nadie pue­de deter­mi­nar a qué se debe.

En la segun­da par­te del rela­to que trans­cu­rre dos déca­das des­pués se obser­va a Sasha (Amy Zim­mer) quien con­ver­ti­da en cineas­ta deci­de abor­dar a su her­mano ya falle­ci­do a fin de tra­tar de enten­der lo que le ha suce­di­do. Ape­lan­do a su memo­ria frag­men­ta­da, Sas­cha retor­na al hogar fami­liar de su pasa­do man­te­nien­do una ima­gi­na­ria con­ver­sa­ción con sus pro­ge­ni­to­res acer­ca del pro­ble­ma que afec­tó a Jeremy. Dejan­do entre­abier­ta la fic­ción enca­ra­da por Sasha y aque­llo que no lo es, el film va gene­ran­do esce­nas de con­te­ni­da emoción.

Median­te un rela­to meticu­losa­men­te narra­do, a la vez que sen­si­ble, tierno y genui­na­men­te con­mo­ve­dor, Rom­va­ri expo­ne cómo la lucha empren­di­da por la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria, que a la vez es su alter ego, ha deja­do mar­ca­das hue­llas en su men­te para com­pren­der a su her­mano des­apa­re­ci­do. Por sus indis­cu­ti­bles méri­tos, esta ópe­ra pri­ma ha sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor pri­me­ra pelí­cu­la en el Fes­ti­val de Locarno de 2025. Jor­ge Gutman

Denun­cian­do el Femicidio

RAPA­CES. Fran­cia, 2025. Un film de Peter Dou­roun­tzis. 104 minutos.

El direc­tor Peter Dou­roun­tzis brin­da en Rapa­ces una dra­má­ti­ca his­to­ria a tra­vés de una inves­ti­ga­ción perio­dís­ti­ca cuyo esce­na­rio de fon­do es el femicidio.

Habién­do­se ins­pi­ra­do en un des­afor­tu­na­do caso real acon­te­ci­do Fran­cia en enero de 2002 con el cri­men per­pe­tra­do a la joven Elo­die Kulik de 24 años, el guión de Chris­tophe Can­to­ni, Chris­tophe Cousin y Fabianny Des­champs pre­sen­ta a Samuel (Sami Boua­ji­la), un repor­te­ro de media­na edad que tra­ba­ja para Detec­ti­ve, una publi­ca­ción sema­nal de París espe­cia­li­za­da en noti­cias sen­sa­cio­na­lis­tas. Exper­to en la mate­ria él es un apa­sio­na­do de su pro­fe­sión por lo que ha deja­do un tan­to de lado su vida personal.

Sami Boua­ji­la y Mallory Wanecque

El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce con el hallaz­go del cuer­po de Jes­si­ca (Hélie-Rose Dal­may) una joven que ha sido des­fi­gu­ra­da con áci­do; ese bru­tal ase­si­na­to moti­va a Samuel a ocu­par­se del caso sobre todo por­que des­cu­bre que exis­ten simi­li­tu­des con el ase­si­na­to de otra mujer de la región. En esa tarea tie­ne como cola­bo­ra­do­ra a su hija Ava (Mallory Wanec­que) de 18 años quien está hacien­do una pasan­tía en el mis­mo perió­di­co en la carre­ra perio­dís­ti­ca; a tra­vés de su padre y de Chris­tian (Jean-Pie­rre Darrous­sin), un cole­ga de la revis­ta, ella va apren­dien­do los gajes del oficio.

A tra­vés de una exhaus­ti­va tarea detec­ti­ves­ca comen­zan­do con el encuen­tro con Fres­nel (Samuel Jouy) el dolo­ro­so padre de Jes­si­ca, la inves­ti­ga­ción sigue su cur­so don­de van sur­gien­do indi­cios sobre quié­nes son los sinies­tros rapa­ces que vic­ti­mi­zan a ino­cen­tes jóve­nes mujeres.

En una remar­ca­ble secuen­cia del film Dou­roun­tzis logra un genuino sus­pen­so cuan­do Samuel y Ava comien­do en un res­tau­ran­te de una ruta des­cu­bren que allí se halla un gru­po de mal­he­cho­res que podrían ser los auto­res del femi­ci­dio y es en ese momen­to que el minu­cio­so detec­ti­ve y su hija se encuen­tran arrinconados.

Sin entrar en ulte­rio­res deta­les, pue­de anti­ci­par­se que el rela­to a tra­vés de una cali­bra­da narra­ti­va del rea­li­za­dor crea a lo lar­go de su desa­rro­llo con­si­de­ra­ble ten­sión que se man­tie­ne has­ta su desenlace.

Lo tras­cen­den­te del film es la muy bue­na ilus­tra­ción del tra­ba­jo que impli­ca la inves­ti­ga­ción perio­dís­ti­ca, no obs­tan­te que en cier­tas oca­sio­nes la éti­ca podrá ser dis­cu­ti­ble a fin de reca­bar la infor­ma­ción nece­sa­ria; con todo en el pre­sen­te caso y en la épo­ca del #metoo es enco­mia­ble el pro­pó­si­to del rea­li­za­dor en su crí­ti­ca del femi­ci­dio, don­de la matan­za de muje­res y niñas man­tie­ne lamen­ta­ble vigen­cia en diver­sos luga­res del mundo.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, Rapa­ces es un entre­te­ni­do thri­ller real­za­do por su efi­caz elen­co remar­ca­ble­men­te lide­ra­do por Boua­ji­la y Wanec­que; sin lle­gar a un nivel de excep­ción, su resul­ta­do es deci­di­da­men­te satis­fac­to­rio. Jor­ge Gutman

Muje­res en Guerra

A WAR ON WOMEN. Ita­lia, 2026. Un film de Raha Shi­ra­zi. 95 minu­tos. Pre­sen­ta­do en el Fes­ti­val Hot Docs.

El actual con­flic­to béli­co de Esta­dos Uni­dos e Israel con­tra Irán, difí­cil­men­te habrá de modi­fi­car el régi­men de terror que el auto­crá­ti­co régi­men islá­mi­co empren­de hacia las muje­res. Más aún todo hace supo­ner que la muer­te del dés­po­ta Aya­to­llah Kha­mei­ni no impli­ca­rá un cam­bio de gobierno y en tal sen­ti­do es loa­ble el minu­cio­so docu­men­tal de la direc­to­ra ira­ní Raha Shi­ra­zi ilus­tran­do a tra­vés de cua­tro déca­das cuál ha sido el vía cru­cis atra­ve­sa­do por el sec­tor feme­nino de la socie­dad iraní.

Mah­naz Afkhami

Comen­zan­do en la déca­da del 70 Mah­naz Afkha­mi, quien fue la Minis­tra de Asun­tos de la Mujer, expli­ca cómo la mujer desem­pe­ña­ba una tarea pro­duc­ti­va para la socie­dad. Ya cuan­do en 1979 se pro­du­ce la caí­da del Sha de Irán y asu­me el Aya­to­llah Kho­mei­ni, pare­cía que el adve­ni­mien­to del nue­vo régi­men trae­ría paz y esta­bi­li­dad al país.

Al poco tiem­po que­da sig­na­da la suer­te de la mujer quien está obli­ga­da a uti­li­zar en públi­co el velo islá­mi­co que cono­ci­do como hiyab cubre la cabe­lle­ra y par­te de su ros­tro. La jus­ti­fi­ca­ción de tal medi­da es que sin el velo la mujer pro­du­ce la exci­ta­ción del hom­bre; en todo caso, a ella le corres­pon­de exclu­si­va­men­te ocu­par­se de los hijos y de las tareas hoga­re­ñas. A medi­da que el tiem­po va trans­cu­rrien­do y a par­tir de la lle­ga­da al poder del Aya­to­llah Kha­mei­ni en 1989, la situa­ción del femi­nis­mo se endu­re­ce aún más por las res­tric­cio­nes impues­tas que­dan­do sus dere­chos prác­ti­ca­men­te anulados.

Eso moti­va a que las demos­tra­cio­nes calle­je­ras de pro­tes­ta comien­cen a hacer­se sen­tir en tan­to que la des­obe­dien­cia civil res­pec­to al uso del velo es desa­fia­do; en con­se­cuen­cia, las fuer­zas repre­so­ras del régi­men tra­ta­rán de con­tra­rres­tar las mani­fes­ta­cio­nes dete­nien­do y encar­ce­lan­do a muje­res en deni­gran­tes pri­sio­nes don­de nadie está en con­di­ción de ayu­dar­las. Esa lucha resue­na en el exte­rior del país en don­de la ira­ní Shi­rin Eba­di es la pri­me­ra mujer musul­ma­na en reci­bir en 1993 el Pre­mio Nobel de la Paz por sus esfuer­zos a favor de la demo­cra­cia y los dere­chos humanos.

La situa­ción alcan­za un cli­ma de máxi­mo terror cuan­do en sep­tiem­bre de 2022 la joven ira­ní Mah­sa Ami­ni de 22 años fue arres­ta­da y tor­tu­ra­da por la Poli­cía de la Moral de Irán por no usar su hiyab correc­ta­men­te. Des­pués de reci­bir seve­ros gol­pes en dife­ren­tes par­tes de su cuer­po inclu­yen­do su cabe­za ella mue­re a los dos días siguien­tes en un hospital.

El caso Ami­ni no es el úni­co en la medi­da que entre otras muje­res, Nika Sha­ka­ra­mi (16 años), Navid Afkri (27 años) y Mershad Sahid (19 años) han sido ase­si­na­das en cir­cuns­tan­cias simi­la­res. De todos modos lo de Ami­ni se con­vir­tió en sím­bo­lo mun­dial de la lucha por los dere­chos huma­nos en Irán, gene­ran­do una mul­ti­tud de mani­fes­tan­tes tan­to de muje­res como de hom­bres por­tan­do pan­car­tas con la leyen­da “muje­res, vida, liber­tad”, deman­dan­do la abo­li­ción del velo y la igual­dad genérica.

Ade­más de Mah­naz Afkha­mi la direc­to­ra ilus­tra su docu­men­tal con las entre­vis­tas rea­li­za­das entre otras per­so­na­li­da­des ira­nies a la renom­bra­da actriz Golshif­teh Faraha­mi, la perio­dis­ta, auto­ra y acti­vis­ta polí­ti­ca Masih Ali­ne­jad y la poe­ti­sa, perio­dis­ta y acti­vis­ta de dere­chos huma­nos Asieh Ami­ni. Asi­mis­mo la docu­men­ta­lis­ta se ha vali­do de la valio­sa cola­bo­ra­ción de Chia­ra Ron­chi­ni y Raha Shi­ra­zi, res­pon­sa­bles de la inves­ti­ga­ción y archivo.

En los cré­di­tos fina­les de este valio­so docu­men­tal se infor­ma que “des­de la muer­te de Mah­sa na Ami­ni, las muje­res de Irán han tran­si­ta­do sin el velo en abier­to desa­fío a las leyes impe­ran­tes. Ellas arries­gan sus vidas al renun­ciar al silen­cio, cami­nan­do, can­tan­do y bai­lan­do en pro­tes­ta con­fron­ta­do al bru­tal régi­men con cora­je y gracia”.
Jor­ge Gutman