La Viri­li­dad del Boxeo

LA DAN­SE DES RENARDS. Bél­gi­ca-Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Valery Car­noy. 92 minutos

Des­pués de varios exi­to­sos cor­tos, el cineas­ta bel­ga Valery Car­noy debu­ta en el lar­go­me­tra­je expo­nien­do la otra cara del boxeo en un rela­to depor­ti­vo pocas veces frecuentado.


Samuel Kir­cher

La his­to­ria con­ce­bi­da por Car­noy cen­tra su aten­ción en el joven pugi­lis­ta Cami­lle (Samuel Kir­cher) quien en una escue­la depor­ti­va se des­ta­ca por su gran talen­to en don­de tras varios años de inten­si­vo entre­na­mien­to ha demos­tra­do su inven­ci­bi­li­dad en el ring, es por eso que es admi­ra­do por sus com­pa­ñe­ros y espe­cial­men­te por su ami­go Mat­teo (Fay­cal Ana­flous) que tam­bién es otro de los inter­nos del establecimiento.

Inde­pen­dien­te­men­te de su acti­vi­dad depor­ti­va, el joven vuel­ca su afec­to por los zorros dejan­do en los árbo­les del bos­que ali­men­tos para obser­var cómo los atra­pan. Esa demos­tra­ción de ter­nu­ra le per­mi­te a Cami­lle con­tra­rres­tar el cli­ma de tóxi­ca mas­cu­li­ni­dad impe­ran­te en el ambien­te del internado.

La vida nor­mal del boxea­dor se ve obs­trui­da cuan­do pasean­do por el bos­que con Mat­teo, cae en un escar­pa­do acan­ti­la­do, sien­do res­ca­ta­do por su ami­go. Si bien el acci­den­te le deja algu­nas heri­das de las que va recu­pe­rán­do­se, cier­tos sín­to­mas psi­co­so­má­ti­cos hacen pre­sa de su per­so­na; eso se evi­den­cia a tra­vés de ata­ques de páni­co y su inse­gu­ri­dad de poder actuar en futu­ros com­ba­tes, a pesar de los esfuer­zos de su entre­na­dor Bog­dan (Bap­tis­te Durand), quien tra­ta de encon­trar la cau­sa del extra­ño com­por­ta­mien­to de su discípulo.

De allí en más el rela­to rese­ña cómo la vul­ne­ra­bi­li­dad de Cami­lle con­du­ce a que sus com­pa­ñe­ros comien­cen a des­pla­zar­lo a tra­vés de acti­tu­des de des­pre­cio y de humi­lla­ción públi­ca, con excep­ción de Mat­teo y de Yas­mi­na (Anna Hec­kel), la joven estu­dian­te de músi­ca con la cual sim­pa­ti­za Así, la secue­la del acci­den­te del otro­ra bri­llan­te lucha­dor al tam­ba­lear su for­ta­le­za físi­ca y su esta­do de ines­ta­bi­li­dad emo­cio­nal afec­ta los códi­gos de viri­li­dad que requie­re el boxeo.

Si bien resul­ta intere­san­te la ana­to­mía de la mas­cu­li­ni­dad que el cineas­ta ofre­ce en su guión, es impor­tan­te tener en cuen­ta que en las últi­mas déca­das se han des­ta­ca­do lucha­do­ras muje­res que han lle­ga­do a la cús­pi­de del boxeo pro­fe­sio­nal. Cla­ro está que ese hecho no ate­núa los méri­tos de esta ópe­ra pri­ma agra­cia­da por su enco­mia­ble pues­ta escé­ni­ca que ape­lan­do a una sucin­ta y efec­ti­va narra­ción trans­mi­te con nota­ble sen­si­bi­li­dad la psi­co­lo­gía de Cami­lle. En tal sen­ti­do. es remar­ca­ble la inter­pre­ta­ción de Kir­cher al haber mag­ní­fi­ca­men­te cap­ta­do la gama de varia­dos sen­ti­mien­tos expe­ri­men­ta­dos por el trau­ma psi­co­ló­gi­co de su per­so­na­je que en ple­na cri­sis emo­cio­nal inten­ta for­jar una nue­va identidad.

Sin pre­ten­cio­si­dad algu­na La Dan­se des Renards repre­sen­ta un buen apor­te cine­ma­to­grá­fi­co de Car­noy a la vez que cons­ti­tu­ye un ante­ce­den­te posi­ti­vo para sus futu­ros pro­yec­tos. Jor­ge Gutman

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Mar­cha Atlética

RACE­WAL­KERS. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kevin Clay­don y Phil Moritz. 80 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma Pri­me Video

Una come­dia depor­ti­va es lo que se apre­cia en Race­wal­kers, cuyo títu­lo en espa­ñol es el de “Mar­cha Atlé­ti­ca”. Este depor­te no es aún bien cono­ci­do entre las dife­ren­tes dis­ci­pli­nas del atle­tis­mo y es por ello que el film de los direc­to­res y guio­nis­tas Kevin Clay­don y Phil Moniz asu­mien­do asi­mis­mo los roles pro­ta­gó­ni­cos, resul­te bien­ve­ni­do al ofre­cer visi­bi­li­dad a esta acti­vi­dad física.

Phil Moritz y Kevin Claydon

El rela­to intro­du­ce a Matt (Clay­don) quien en el pasa­do ha sido un pro­di­gio­so beis­bo­lis­ta pero sus aspi­ra­cio­nes de con­ver­tir­se en un impor­tan­te repre­sen­tan­te de dicho depor­te se han esfu­ma­do y aho­ra debe con­for­mar­se entre­nan­do a un equi­po infan­til de béis­bol. Su vida cobra un vuel­co ines­pe­ra­do cuan­do cono­ce a Will (Moniz) quien como apa­sio­na­do de la mar­cha atlé­ti­ca no pudo par­ti­ci­par en ese depor­te debi­do a su baja esta­tu­ra físi­ca pero en cam­bio es un buen entre­na­dor del mis­mo; con la con­vic­ción de que Matt pue­de resul­tar un talen­to­so mar­cha­dor lle­ga a con­ven­cer­lo para ser entre­na­do en esta dis­ci­pli­na y poder par­ti­ci­par en tor­neos afines.

A par­tir de allí con minu­cio­sa pacien­cia Will le ense­ña los aspec­tos téc­ni­cos del depor­te, con espe­cial refe­ren­cia al movi­mien­to de las pier­nas en la medi­da que el jue­go con­sis­te en cami­nar a la máxi­ma velo­ci­dad pero sin lle­gar a correr. Es así que para Matt se le abre un camino lleno de desa­fíos en el que obli­ga­do a com­pe­tir debe­rá supe­rar los obs­tácu­los que se le pre­sen­ten. En tal sen­ti­do tan­to ambos ami­gos enfren­tan a Kurt (Greg Bryk), un anti­guo juga­dor de este depor­te, con­ver­ti­do aho­ra en entre­na­dor de su hijo Ched (Rob­bie Ame­li) que de nin­gún modo acep­ta­rá que Matt lle­gue a ven­cer­lo como marchista.

Los rea­li­za­do­res saben equi­li­brar las situa­cio­nes con­flic­ti­vas con momen­tos de rele­van­te humor en la medi­da que el rela­to abun­da en espon­tá­neas situa­cio­nes gra­cio­sas ema­na­das del flui­do guión nutri­do de jugo­sos diálogos.

Con una bue­na direc­ción, apre­cia­ble guión y muy con­vin­cen­te inter­pre­ta­ción de ambos rea­li­za­do­res, la inne­ga­ble quí­mi­ca exis­ten­te entre ellos logra resal­tar el noble sen­ti­mien­to de amis­tad de sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. En con­se­cuen­cia, Race­wal­kers per­mi­te dis­fru­tar con esta fres­ca y entre­te­ni­da come­dia enfo­can­do con habi­li­dad las carac­te­rís­ti­cas invo­lu­cra­das en este sin­gu­lar depor­te. Jor­ge Gutman

Eva­lua­ción de Fil­mes del Fes­ti­val Fantasia

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Attack on Para­di­se (Bél­gi­ca-Paí­ses Bajos)

En carác­ter de pri­mi­cia mun­dial se ha pre­sen­ta­do esta pelí­cu­la de acción que reúne los ele­men­tos nece­sa­rios del géne­ro. El rea­li­za­dor bel­ga Bob Colaers ofre­ce un thri­ller cri­mi­nal que man­tie­ne la aten­ción del espec­ta­dor a lo lar­go de su desa­rro­llo, en gran medi­da debi­do al efi­caz guión de Said Bou­ma­zoughe, Sven Huy­brechts y Salah­di­ne Ibnou Kacemi.

ATTACK ON PARADISE

Ambien­ta­do en la ciu­dad de Ambe­res, el film intro­du­ce a Suley­man (Bou­ma­zoughe) quien con un pasa­do delic­ti­vo aca­ba de salir de la pri­sión des­pués de sie­te años de encar­ce­la­mien­to. Su inme­dia­to pro­pó­si­to es acu­dir a Para­di­se, un com­ple­jo habi­ta­cio­nal de nume­ro­sos pisos don­de habi­ta su enfer­ma madre dia­bé­ti­ca. Sin embar­go él no ha ima­gi­na­do que ese edi­fi­cio es aho­ra con­tro­la­do por una ban­da de tra­fi­can­tes de dro­gas lide­ra­da por Prin­ce (Ach­med Akka­bi) quien man­tie­ne su for­ta­le­za en el últi­mo piso del inmue­ble; es así que los poli­cías deben hacer fren­te al peli­gro­so indi­vi­duo y sus secuaces.

En medio de esa encru­ci­ja­da Suley­man se infil­tra en el edi­fi­cio con el pro­pó­si­to de encon­trar y pro­te­ger a su madre; al hacer­lo, corre el ries­go de poner en jue­go su vida en la medi­da que ese enfren­ta­mien­to ha pro­vo­ca­do la muer­te de ino­cen­tes arren­da­ta­rios; en su accio­nar él cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de Yas­mi­ne (Cla­ra Cly­mans), una afa­ble agen­te policial.

El rea­li­za­dor impri­me un rit­mo diná­mi­co que man­tie­ne una remar­ca­ble ten­sión gene­ra­da en el com­ba­te de la poli­cía con los delin­cuen­tes y en espe­cial el valien­te rol que asu­me Suley­man en el infer­nal caos. Si bien la pelí­cu­la adquie­re visos de mar­ca­da vio­len­cia, la mis­ma en este caso se jus­ti­fi­ca por la vero­si­mi­li­tud que des­ti­la el rela­to. Con per­so­na­jes muy bien desa­rro­lla­dos, cobra espe­cial rele­van­cia el mag­ní­fi­co desem­pe­ño de Bou­ma­zoughe vol­can­do la ener­gía e ímpe­tu que nutre al viril pro­ta­go­nis­ta en los pará­me­tros de esta absor­ben­te his­to­ria urbana.

After School (Bél­gi­ca-Paí­ses Bajos)

Basa­do en su cor­to­me­tra­je de gra­dua­ción School­fest (2011) el direc­tor neer­lan­dés Merijn Schol­te Albers deci­dió ampliar­lo en su pri­mer lar­go­me­tra­je rea­li­za­do con su com­pa­trio­ta Tobías Smeets que tam­bién efec­túa su debut detrás de la cámara.

AFTER SCHOOL

La his­to­ria con­ce­bi­da en el guión de los nove­les rea­li­za­do­res con la cola­bo­ra­ción de Cas­par Smeets pre­sen­ta a Edwin (Rut­ger de Bek­ker), un noble pro­fe­sor de músi­ca que care­ce de una fuer­te per­so­na­li­dad por lo que no logra el res­pe­to de su fami­lia como tam­po­co de sus alum­nos y cole­gas del cole­gio don­de ense­ña. Aspi­ran­do a ocu­par el pues­to vacan­te de vice­di­rec­tor del cole­gio, la direc­to­ra Glen­da (Ray­mon­de de Kuy­per) no cree que él sea la per­so­na más indi­ca­da para dicho car­go aun­que su opi­nión pue­de cam­biar si él lle­ga a demos­trar que es capaz de supe­rar la fra­gi­li­dad de su auto­ri­dad impo­nien­do una fir­me dis­ci­pli­na en sus estudiantes.

La situa­ción se com­pli­ca con la lle­ga­da a la cla­se del nue­vo alumno Bas­tiaan (Rylian de Pag­ter-Colin) que es sobrino de Glen­da y que no tie­ne repa­ros en aco­sar a Edwin al pun­to tal de blo­quear­le su bici­cle­ta por lo que el docen­te lo gol­pea fuer­te­men­te. Como con­se­cuen­cia de ese inci­den­te que ha sido gra­ba­do secre­ta­men­te Bas­tiaan lle­ga a chan­ta­jear­lo don­de apa­re­ce­rá en el esce­na­rio una ban­da de tra­fi­can­tes de dro­gas. En medio de este beren­je­nal, Edwin con­ta­rá con el apo­yo de Peter (Ruben van der Meer), el pro­fe­sor de edu­ca­ción físi­ca de la escue­la, cuyos con­se­jos nutri­dos de agre­si­vi­dad y de cier­ta vio­len­cia, harán que la situa­ción se agra­ve aún más..

De mane­ra algu­na es la inten­ción de los nove­les cineas­tas de brin­dar una his­to­ria dra­má­ti­ca sino que por el con­tra­rio es el tono de come­dia satí­ri­ca lo que pri­ma median­te un irre­ve­ren­te humor que bor­dea el lími­te de lo gro­tes­co. Des­de un aná­li­sis estric­ta­men­te cine­ma­to­grá­fi­co, el des­pa­re­jo guión impi­de que la his­to­ria se dis­tin­ga por su ori­gi­na­li­dad pero las bue­nas actua­cio­nes de su elen­co per­mi­ten que el film resul­te acep­ta­ble­men­te entre­te­ni­do aun­que sin lle­gar a excitar.

Blai­se (Fran­cia)

Tenien­do como ante­ce­den­te unas exi­to­sas series efec­tua­das para la tele­vi­sión de Fran­cia diri­gi­das por Jean-Paul Gui­ge basa­das en las ori­gi­na­les his­to­rie­tas ilus­tra­das crea­das por Dimi­tri Plan­chon, ambos pro­fe­sio­na­les nue­va­men­te se han uni­do en la direc­ción de esta apre­cia­ble pro­duc­ción animada.

BLAI­SE

Aun­que la his­to­ria es una con­ti­nua­ción de esas series, el film se apre­cia por sí mis­mo. En su comien­zo se obser­va a Blai­se (Timéo Béas­sé), un ado­les­cen­te de 16 años, de natu­ra­le­za intro­ver­ti­da y soli­ta­ria sin tener opi­nión pro­pia de lo que acon­te­ce en su entorno; su acti­tud moti­va a que la direc­to­ra de la escue­la (Isa­be­lle Ferron) comu­ni­que a sus padres su preo­cu­pa­ción. En tal sen­ti­do, su madre Caro­le (Léa Druc­ker) nada pue­de hacer para esti­mu­lar­lo dado que ella mis­ma en su tra­ba­jo con su mane­ra áspe­ra dis­ta de man­te­ner una bue­na comu­ni­ca­ción con sus cole­gas. A su vez, su padre Jac­ques (Jac­ques Gam­blin), un des­em­plea­do que per­ma­ne­ce en su hogar, con­si­de­ra que social­men­te no lle­ga a ser res­pe­ta­do, de allí que en las visi­tas efec­tua­das al psi­có­lo­go esco­lar que tra­ta a su hijo, el hom­bre apro­ve­cha para hacer­le ver su desasosiego.

Al no tener apo­yo alguno de sus des­co­nec­ta­dos pro­ge­ni­to­res, Blai­se que comien­za a enta­blar su pri­me­ra rela­ción sen­ti­men­tal con Josephi­ne (Nina Blanc-Fran­card), com­par­te con ella su fal­ta de comu­ni­ca­ción aun­que ella a su vez asu­me una fal­sa per­so­na­li­dad que a la pos­tre lo con­du­ce a situa­cio­nes deci­di­da­men­te absur­das. En esen­cia, como bien seña­la el refrán “de tal palo, tal asti­lla”, Blai­se se encuen­tra con­fun­di­do por­que sus padres son emo­cio­nal­men­te inma­du­ros e inca­pa­ces de inte­grar­se a la socie­dad en que habitan.

Plan­chon y Gui­gue han sido capa­ces de trans­mi­tir las des­ven­tu­ras de esta dis­fun­cio­nal fami­lia, ape­lan­do a un efi­caz humor que osci­la entre lo mor­daz y lo absur­do, sin dejar de lado una bue­na dosis de ternura.

Visual­men­te el esti­lo de ani­ma­ción emplea­do es inge­nio­sa­men­te ori­gi­nal apar­tán­do­se del tra­di­cio­nal­men­te emplea­do; así, con frag­men­tos de foto­gra­fía, los direc­to­res han recu­rri­do a una téc­ni­ca de foto­mon­ta­je que pro­du­ce la defor­ma­ción de los ros­tros de los per­so­na­jes, lo que en este caso per­mi­te trans­mi­tir sus expre­sio­nes den­tro del con­tex­to de la his­to­ria narrada.

En esen­cia, he aquí una dis­tin­ti­va pelí­cu­la de ani­ma­ción remar­ca­ble­men­te rea­li­za­da per­mi­tien­do que su visión gra­ta­men­te impresione.

Pri­va­das de Suas Vidas / Bowels of Hell (Bra­sil)

Diri­gi­do y guio­ni­za­do por Gus­ta­vo Vina­gre y Gur­cius Gewd­ner, este film resul­ta a todas luces de incon­for­ta­ble visión al tra­tar de crear un cli­ma de horror en el mar­co de una his­to­ria des­pro­vis­ta de sen­ti­do alguno.

PRI­VA­DAS DE SUAS VIDAS

La acción trans­cu­rre en un edi­fi­cio de nume­ro­sos depar­ta­men­tos de la ciu­dad de Sao Pau­lo, don­de en uno de ellos habi­ta Malu (Martha Nowill) que años atrás ha per­di­do a uno de sus hijos melli­zos en un acci­den­te acae­ci­do en el inodo­ro de la sala de baño. Aho­ra con­vi­ve con su otro hijo Gene­sis (Ben­ja­min Dami­ni), quien es un ado­les­cen­te rebel­de que se iden­ti­fi­ca como un no bina­rio y eso moti­va su expul­sión de la escue­la; en todo caso su iden­ti­fi­ca­ción gené­ri­ca no adquie­re en el rela­to la impor­tan­cia debi­da. Ade­más de mos­trar a Malu orga­ni­zan­do even­tos de reve­la­ción de géne­ro, lo cier­to es que su trau­ma por el hijo per­di­do le pro­du­ce con­ti­nua­das cons­ti­pa­cio­nes de estó­ma­go y sien­te res­que­mor de uti­li­zar el retrete.

Sin entrar a deta­llar lo que pro­si­gue, sólo pue­de ade­lan­tar­se que el inodo­ro es el pro­ta­go­nis­ta cen­tral de la his­to­ria en la medi­da que los demás resi­den­tes del edi­fi­cio sufren blo­queos del mis­mo en sus res­pec­ti­vos baños; es así que el vie­jo con­ser­je del edi­fi­cio (Otá­vio Muller) tra­tan­do de resol­ver el pro­ble­ma, final­men­te está con­ven­ci­do que los inodo­ros son reales asesinos.

No obs­tan­te la bue­na inter­pre­ta­ción de Nowill, el gran pro­ble­ma de esta pelí­cu­la se debe a que los rea­li­za­do­res han acu­mu­la­do repe­ti­das esce­nas esca­to­ló­gi­cas de mal gus­to con el pro­pó­si­to de gene­rar situa­cio­nes humo­rís­ti­cas que pue­dan ser cele­bra­das por el espec­ta­dor; sin embar­go, al expo­ner en pri­me­ros pla­nos eva­cua­cio­nes fisio­ló­gi­cas que crean un cli­ma de mani­fies­ta repe­len­cia, esta mues­tra de cine fan­tás­ti­co deja bas­tan­te que desear.

Tight Let­tu­ce / Tis­sé Serré (Cana­dá)

Habién­do­se ins­pi­ra­do en una real situa­ción, en su pri­mer lar­go­me­tra­je el direc­tor Harri­son Hou­de abor­da el tema de la adic­ción a las dro­gas. Si bien no es la pri­me­ra vez que el cine con­si­de­ra este tópi­co, por lo gene­ral ha sido des­de la visión de padres luchan­do por sal­var a sus hijos del con­su­mo de dichas sus­tan­cias, en esta opor­tu­ni­dad la situa­ción se invier­te pre­sen­tan­do a un abne­ga­do hijo tra­tan­do de ayu­dar a su pro­ge­ni­tor con­sus­tan­cia­do con el con­su­mo de opioides.

TIGHT LET­TU­CE

Entre­mez­clan­do situa­cio­nes de come­dia negra con otras más serias impreg­na­das de emo­ción, el novel rea­li­za­dor ha brin­da­do un muy com­pe­ten­te dra­ma fami­liar nutri­do de asom­bro­sa auten­ti­ci­dad; en par­te eso es debi­do a las remar­ca­bles actua­cio­nes de Emma­nuel Bilo­deau como el adic­ti­vo pro­ge­ni­tor y Dako­ta Daulby carac­te­ri­zan­do al noble hijo.

Dado que este pene­tran­te film será estre­na­do comer­cial­men­te den­tro de pocos días, el comen­ta­rio crí­ti­co será efec­tua­do en su opor­tu­ni­dad, aun­que se pue­de anti­ci­par que se des­ta­ca como uno de los mejo­res del año en curso.

Orches­tre de la Francophonie

La Orches­tre de la fran­copho­nie (OF), cuyo pro­pó­si­to es el de impul­sar el talen­to de nue­vos músi­cos, la exce­len­cia artís­ti­ca y la difu­sión de la cul­tu­ra musi­cal, cele­bra­rá la cul­mi­na­ción de la vigé­si­mo quin­ta tem­po­ra­da con un con­cier­to que se rea­li­za­rá 2 de agos­to de 2026, a las 2:30 p. m., en la Mai­son Sympho­ni­que de Mon­tréal. Asi­mis­mo, este even­to mar­ca la con­clu­sión de la pri­me­ra tem­po­ra­da de Julien Proulx como direc­tor artís­ti­co de la Orches­tre de la fran­copho­nie.

ÉLI­SA­BETH PION (Foto: Washing­ton Per­for­ming Arts)

Para esta oca­sión Marie-Clai­re Car­di­nal diri­gi­rá la aper­tu­ra del con­cier­to con Die Fle­der­maus (El mur­cié­la­go) de Johann Strauss II. Bajo la direc­ción de Julien Proulx, el pro­gra­ma con­ta­rá con la par­ti­ci­pa­ción de la pia­nis­ta que­be­quen­se Éli­sa­beth Pion. Jun­to con la OF, inter­pre­ta­rá el Con­cier­to para Piano n.º 1 de Men­dels­sohn, segui­do de la majes­tuo­sa Sin­fo­nía n.º 4 de Brahms, que es con­si­de­ra­da como una de las obras maes­tras del reper­to­rio romántico.

JULIEN PROULX Y LA ORCHES­TRE DE LA FRAN­COPHO­NIE (Foto: Pas­cal Giguère)

Pre­sen­ta­do en cola­bo­ra­ción con la Socié­té de musi­que con­tem­po­rai­ne du Qué­bec (SMCQ) y fiel a su com­pro­mi­so con la for­ma­ción de músi­cos emer­gen­tes, la OF inter­pre­ta­rá ade­más dos estre­nos mun­dia­les de Char­les-Vin­cent Leme­lin y Louis-Michel Tou­gas, que fue­ron los gana­do­res de la Beca de Crea­ción para Com­po­si­ción Orques­tal de la SMCQ.

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Un musi­cal de Broadway

HADES­TOWN: THE MUSICAL

Los aman­tes del tea­tro y del gene­ro musi­cal ten­drán la opor­tu­ni­dad de juz­gar el film que ha sido gra­ba­do en vivo de la obra Hades­town: The Musi­cal. Este espec­tácu­lo obtu­vo ocho pre­mios Tony en 2019, inclui­do el de Mejor Musi­cal y del Pre­mio Grammy 2020 al Mejor Álbum de Tea­tro Musical.

Amber Gray y Patrick Page. (Foto: Matthew Murphy)

La pie­za cuya músi­ca y tex­to es de Anaïs Mit­chell desa­fía las con­ven­cio­nes del géne­ro, com­bi­nan­do la músi­ca folk esta­dou­ni­den­se con­tem­po­rá­nea con el jazz ins­pi­ra­do en New Orleans para rein­ven­tar una majes­tuo­sa his­to­ria de la anti­güe­dad. A tra­vés de dos rela­tos entre­la­za­dos de la mito­lo­gía grie­ga se sigue el roman­ce de los jóve­nes soña­do­res Orfeo y Urí­di­ce y el del rey Hades y su espo­sa Perséfone.

La obra ambien­ta­da en la épo­ca de la depre­sión, explo­ra la coli­sión entre el idea­lis­mo y la super­vi­ven­cia median­te un apa­sio­nan­te via­je al infra­mun­do y su regreso.

Reeve Car­ney y Eva Noble­za­da. (Foto: Matthew Murphy)

Bajo la direc­ción de Brett Sulli­van, se podrá apre­ciar la actua­ción del elen­co ori­gi­nal inte­gra­do en los roles cen­tra­les por Reeve Car­ney (Orfeo), Eva Noble­za­da (Eurí­di­ce), Patrick Page (Hades), André De Shields (Her­mes) y Amber Gray (Per­sé­fo­ne).

Esta pie­za que ha sido uná­ni­me­men­te acla­ma­da por su músi­ca úni­ca, su pues­ta en esce­na diná­mi­ca y su bri­llan­te adap­ta­ción de la mito­lo­gía grie­ga, será exhi­bi­da en selec­tas salas de Cine­plex el 24, 25 y 31 de julio y 1, 2, 3 y 5 de agos­to de 2026.

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