FNC 2023 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de tres fil­mes vis­tos en el Fes­ti­val du Nou­veau cine­ma (FNC) que pro­si­gue has­ta el 15 de octubre.

Totem (Méxi­co-Dina­mar­ca-Fran­cia)

En oca­sión del Fes­ti­val de Toron­to de 2018 se tuvo la opor­tu­ni­dad de des­cu­brir a Lila Avi­lés quien en su pri­mer lar­go­me­tra­je La Cama­ris­ta, demos­tró poseer un sin­gu­lar talen­to. En esta oca­sión vuel­ve a con­fir­mar­lo en este bello film que con suma deli­ca­de­za retra­ta a una niña obser­van­do el medio que la rodea en oca­sión de cele­brar­se un espe­cial evento.

TOTEM

La direc­to­ra ambien­ta la his­to­ria duran­te el perío­do de una jor­na­da en una zona rural de Méxi­co en don­de la niña Sol (Nai­ma Sen­ties) lle­ga con su madre Lucía (Lazua Larios) al case­rón de su joven padre Tona (Mateo Gar­cía Eli­zon­do) quien ese día cum­ple 27 años. El pro­pó­si­to del via­je es ofre­cer­le una fies­ta sor­pre­sa, a pesar de que se encuen­tra gra­ve­men­te enfer­mo de cán­cer y solí­ci­ta­men­te aten­di­do por Cruz (Tere­si­ta Sán­chez), una afa­ble mujer. Sol desea de inme­dia­to abra­zar a su pro­ge­ni­tor pero por el momen­to se le impi­de que entre a su cuar­to debien­do aguar­dar para ver­lo cuan­do Tona sal­ga del mis­mo para su festejo.

Es así que la peque­ña pres­ta cui­da­do­sa aten­ción a los pre­pa­ra­ti­vos en don­de la orga­ni­za­do­ra de la fies­ta es la tía Ale­jan­dra (Mari­sol Gasé) y la tía Nuri (Mon­tse­rrat Mara­ñon) quien se ocu­pa de la coci­na y estan­do tam­bién su hija Esther (Sao­ri Gur­za) quien es menor que Sol. Entre otros per­so­na­jes se encuen­tra el patriar­cal abue­lo (Alber­to Ama­dor) con pro­ble­mas voca­les, la bre­ve pre­sen­cia de una curio­sa hechi­ce­ra que vie­ne a des­pe­jar la vivien­da de los malos espí­ri­tus y res­tan­tes fami­lia­res y ami­gos par­tí­ci­pes de la celebración.

Sol no pier­de de vis­ta todo lo que acon­te­ce a su alre­de­dor evi­den­cian­do en su tris­te mira­da que lo que se está cele­bran­do es a la vez una des­pe­di­da de su muy que­ri­do padre.

Con sen­ci­llez y evi­tan­do caer en un arti­fi­cial sen­ti­men­ta­lis­mo Avi­lés logra un melo­dra­má­ti­co rela­to coral don­de ade­más de la logra­da inter­re­la­ción que se pro­du­ce entre los varios per­so­na­jes del film, a su vez impri­me una remar­ca­ble mira­da al mun­do de la infan­cia. En el mar­co de un muy buen elen­co resal­ta la exce­len­te actua­ción de Sen­ties, quien en su debut para el cine con­vin­cen­te­men­te trans­mi­te el sen­ti­mien­to de dolor de la niña que intu­ye la inmi­nen­te pér­di­da de Tona. En esen­cia, sin sal­ve­dad algu­na esta mag­ní­fi­ca pelí­cu­la ame­ri­ta su visión.

Do Not Expect Too Much From the End of the World (Ruma­nia-Luxem­bur­go-Fran­cia-Croa­cia)

Entre los más des­ta­ca­dos rea­li­za­do­res del cine rumano se encuen­tra Radu Jude quien en éste su octa­vo tra­ba­jo reafir­ma su con­di­ción de cineas­ta audaz, des­pre­jui­cia­do, nada con­ven­cio­nal y menos aún com­pla­cien­te para rela­tar aspec­tos inhe­ren­tes a su país aun­que tam­bién pue­den ser atri­bui­dos a otras regio­nes del agi­ta­do y revuel­to mun­do actual.

DO NOT EXPECT TOO MUCH FROM THE END OF THE WORLD

En un guión que le per­te­ne­ce, Jude pre­sen­ta a Ange­la Radu­ca­nu (Ilin­ca Mano­la­che), una acti­va y diná­mi­ca mujer que tra­ba­ja como asis­ten­te de pro­duc­ción para una com­pa­ñía y que dia­ria­men­te le aguar­da una jor­na­da ago­ta­do­ra debi­do a las exi­gen­cias deman­da­das por sus supe­rio­res a quie­nes poco les impor­ta el exce­so de horas que ella des­ti­na al mis­mo. En la actua­li­dad debe cum­plir con los reque­ri­mien­tos de una com­pa­ñía aus­tría­ca que enco­men­dó a su empre­sa la pro­duc­ción de un video comer­cial sobre acci­den­tes labo­ra­les. Para ello, esta mujer mane­jan­do un auto reco­rre las rutas de Buca­rest para loca­li­zar a per­so­nas que han sufri­do tales peri­pe­cias. Simul­tá­nea­men­te, Jude uti­li­za extrac­tos del film rumano de 1981 Ange­la mere mai depar­te diri­gi­do por Lucian Bra­tu en el que su pro­ta­go­nis­ta (Dori­na Lazar) es una taxis­ta que con­vi­ve en un medio patriar­cal duran­te la épo­ca del dic­ta­dor Ceaușes­cu; esa expo­si­ción adquie­re rele­van­cia para ana­li­zar en qué se dife­ren­cia o se igua­la la épo­ca ya ida con el mar­co social con­tem­po­rá­neo en don­de Ange­la no está exen­ta del machis­mo vigente.

Duran­te el día en que se desa­rro­lla el rela­to ella reco­ge en el aero­puer­to a Doris Goethe (Nina Hoss) quien es la repre­sen­tan­te de la empre­sa aus­tría­ca en don­de en el tras­la­do hacia el hotel la con­duc­to­ra le comen­ta cómo las cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras abu­san de las com­pa­ñías loca­les, a lo que Doris repli­ca seña­lan­do que el pro­ble­ma radi­ca más bien por par­te de quie­nes se dejan explotar.

Pro­si­guien­do con su misión de ubi­car a sobre­vi­vien­tes de acci­den­tes en luga­res de tra­ba­jo, des­pués de encon­trar a posi­bles pos­tu­lan­tes Ange­la final­men­te ubi­ca al can­di­da­to ideal en la per­so­na de Ovi­diu Buca (Ovi­diu Pir­san). En un remar­ca­ble plano secuen­cia de apro­xi­ma­da­men­te 30 minu­tos se asis­te a la fil­ma­ción del cor­to “For­bid­den Pla­net” en el que Ovi­diu a cam­bio de los 500 euros que habrá de reci­bir se apres­ta a ser fil­ma­do rodea­do por sus fami­lia­res. Es allí que él deta­lla lo ocu­rri­do el 24 de noviem­bre de 2020 cuan­do des­pués de una inten­sa jor­na­da de tra­ba­jo de 17 horas al fina­li­zar la mis­ma y cuan­do se dis­po­ne a reti­rar su coche del apar­ca­mien­to del esta­ble­ci­mien­to es atro­pe­lla­do por otro vehícu­lo; como con­se­cuen­cia de ese cho­que él per­ma­ne­ce en esta­do de coma duran­te 13 meses y al des­per­tar des­cu­bre que está para­li­za­do de la cin­tu­ra has­ta las extre­mi­da­des infe­rio­res por lo que de por vida debe des­pla­zar­se en silla de rue­das. Sin embar­go el direc­tor del equi­po de fil­ma­ción le hace repe­tir las tomas varias veces seña­lán­do­le que no men­cio­ne las horas extras de labor rea­li­za­das con el pro­pó­si­to de que su tes­ti­mo­nio resul­te acep­ta­ble para la com­pa­ñía austríaca.

A todas luces esta come­dia en par­te satí­ri­ca refle­ja las irre­gu­la­ri­da­des de cor­po­ra­cio­nes que en pro­cu­ra del lucro y des­po­ja­das de con­te­ni­do humano explo­tan a sus emplea­dos afec­tan­do su salud por el exce­so de horas tra­ba­ja­das sin adi­cio­nal remu­ne­ra­ción; cla­ra­men­te que­da expues­ta una crí­ti­ca cla­ra y pre­ci­sa a los males que engen­dra el sis­te­ma capitalista.

Dicho lo que ante­ce­de, esta radi­cal, inte­lec­tual y ori­gi­nal come­dia dra­má­ti­ca imbui­da de nota­ble fran­que­za fas­ci­na­rá al ciné­fi­lo ávi­do de apre­ciar el alto nivel de cali­dad que acos­tum­bra ofre­cer el gran direc­tor rumano.

In Our Day (Corea del Sur)

Del pro­lí­fi­co rea­li­za­dor sur­co­reano Hong Sang-soo lle­ga este film que cier­ta­men­te divi­di­rá a la audien­cia tenien­do en cuen­ta que no exis­te un argu­men­to pre­ci­so ni tam­po­co cone­xión algu­na entre las dos his­to­rias narra­das que trans­cu­rren en Seúl.

IN OUR DAY

En una de las his­to­rias se obser­va a Sang­won (Kim Min-hee) una actriz que recién retor­nó a Seúl des­pués de haber tra­ba­ja­do fue­ra del país y que atra­vie­sa una cri­sis en su carre­ra al no tener mayor inte­rés en su pro­fe­sión. Alo­ján­do­se en lo de su ami­ga Jung-soo (Song Sun-mi) que vive con su gato, ambas muje­res reci­ben la visi­ta de Jisoo (Park Misoo), una joven parien­te de Sang­won, quien como aspi­ran­te actriz quie­re que le acon­se­jen sobre cier­tos aspec­tos de esta profesión.

En las tres esce­nas que con­for­man esta par­te del rela­to, lo más dis­tin­ti­vo es la des­apa­ri­ción del gato y los esfuer­zos para ubi­car­lo y traer­lo al hogar, así como la pro­po­si­ción de Jisoo de comer ram­yeon, una típi­ca comi­da sur­co­rea­na de fideos riza­dos sazo­na­dos con sal­sa picante.

Simul­tá­nea­men­te el direc­tor inter­ca­la tres esce­nas que con­for­man la otra his­to­ria; la mis­ma trans­cu­rre en el hogar del anciano poe­ta Hong Uiji (Ki Joo-bong) en don­de se halla Kijoo (Park Miso), una joven estu­dian­te de cine que lo está fil­man­do para su pro­yec­to de gra­dua­ción; Al poco tiem­po lle­ga el joven Jae­won (Ha Seong-guk) quien es un admi­ra­dor del poe­ta y el pro­pó­si­to de su visi­ta es for­mu­lar­le algu­nas pre­gun­tas filo­só­fi­cas sobre el sig­ni­fi­ca­do de la vida, como así tam­bién acer­ca de la impor­tan­cia de la poe­sía en la era actual. Por estar afec­ta­do de una enfer­me­dad car­día­ca Hong Uiji debe abs­te­ner­se de fumar y evi­tar la bebi­da alcohó­li­ca; sin embar­go no pue­de resis­tir la ten­ta­ción de beber de la bote­lla de soju (licor coreano) que le obse­quia el visitante.

En la ausen­cia de un sig­ni­fi­ca­do pre­ci­so de estas dos inde­pen­dien­tes his­to­rias narra­das, el film se deja ver pero con­fi­gu­ra una obra infe­rior de la fil­mo­gra­fía de Sang-soo. A su favor, se des­ta­ca la natu­ral actua­ción de sus seis intér­pre­tes y la ajus­ta­da pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor, con­si­de­ran­do las limi­ta­cio­nes de espa­cio en que trans­cu­rren los dos esce­na­rios de su trama.

Acci­den­ta­do Via­je Turístico

THE ROYAL HOTEL. Aus­tra­lia, 2023. Un film de Kitty Green. 91 minutos

Tenien­do como ante­ce­den­te su muy logra­do pri­mer lar­go­me­tra­je de fic­ción The Assis­tant (2019), la rea­li­za­do­ra Kitty Green retor­na con The Royal Hotel. En un guión que le per­te­ne­ce com­par­ti­do con Oscar Red­ding, enfo­ca la visi­ta de dos muje­res a una recón­di­ta región de Australia.

Jes­si­ca Hen­wick y Julia Garner

En un bre­ve pró­lo­go se con­tem­pla a las cana­dien­ses ami­gas Han­na (Julia Gar­ner) y Liv (Jes­si­ca Hen­wick), dis­fru­tan­do de una fies­ta que tie­ne lugar en un bar­co turís­ti­co alre­de­dor de la ciu­dad de Sid­ney en Australia.

Tras una elip­sis y sin mayor expli­ca­ción se obser­va que ellas arri­ban a un desér­ti­co y deso­la­do rin­cón mine­ro aus­tra­liano; allí se alo­jan en el hotel Royal, un esta­ble­ci­mien­to de ínfi­ma cate­go­ría a car­go de Billy (Hugo Wea­ving) y su aso­cia­da Carol (Ursu­la Yovich). Estas turis­tas no son sim­ple­men­te hués­pe­des del lugar sino que están emplea­das como cama­re­ras en el bar del hotel cuya clien­te­la son hom­bres que de una u otra mane­ra demues­tran un ins­tin­to per­ver­so al tra­tar de vin­cu­lar­se con ellas.

Mien­tras que Han­na, más repo­sa­da y madu­ra que su ami­ga cobra con­cien­cia de que no resul­ta con­ve­nien­te per­ma­ne­cer allí por el ries­go que atra­vie­san, Liv resul­ta más com­pla­cien­te y pre­fie­re que­dar­se. La situa­ción per­ma­ne­ce ten­sa duran­te los días que siguen en don­de la hos­ti­li­dad hacia ellas se hace sen­tir al ser moles­ta­das por varios de los parro­quia­nos (Daniel Henshall, James Fre­che­vi­lle, Toby Walla­ce); a ello se agre­ga la explo­sión vio­len­ta de Billy en momen­tos de ebriedad.

Este thri­ller se carac­te­ri­za por ani­dar per­so­na­jes extre­ma­da­men­te des­agra­da­bles don­de la úni­ca excep­ción es el de Carol que se com­pa­de­ce por la situa­ción que atra­vie­san las mucha­chas.. Como devo­ta femi­nis­ta es enco­mia­ble el pro­pó­si­to de la direc­to­ra en cri­ti­car la vio­len­cia machis­ta y la miso­gi­nia impe­ran­te, pero al hacer­lo lo ilus­tra con esca­sa suti­li­dad y por aña­di­du­ra el mis­mo cli­ma vio­len­to pre­va­le­ce entre los hom­bres del lugar. Con un des­en­la­ce ruti­na­rio y pre­de­ci­ble, la con­ven­cio­nal pues­ta escé­ni­ca de Green no per­mi­te com­pen­sar las limi­ta­cio­nes del ende­ble guión cuyo con­te­ni­do no logra impactar.

Más allá de las obje­cio­nes apun­ta­das, el film está inte­gra­do por un com­pe­ten­te elen­co, con la excep­ción de Hen­wick quien no logra res­ca­tar a su per­so­na­je poco expre­si­vo. En el rubro de los fac­to­res téc­ni­cos mere­cen elo­gio el buen dise­ño de pro­duc­ción de Leah Pople y la esme­ra­da foto­gra­fía de Michael Latham repro­du­cien­do la ambien­ta­ción de la deso­la­da región en que trans­cu­rre la acción. De todos modos, estos acier­tos no alcan­zan a com­pen­sar la media­nía del rela­to. Jor­ge Gutman

Gran Can­tan­te y Acti­vis­ta Social

JOAN BAEZ I AM A NOI­SE. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un docu­men­tal de Miri Navasky, Karen O’Connor y Mae­ve O’Boyle. 112 minutos.

A tra­vés de un depu­ra­do y bien cons­trui­do docu­men­tal las rea­li­za­do­ras Miri Navasky, Karen O’Connor y Mae­ve O’Boyle efec­túan un exhaus­ti­vo retra­to de Joan Baez quien ha sido duran­te seis déca­das una de las per­so­na­li­da­des más des­ta­ca­das de la músi­ca fol­cló­ri­ca americana.

Joan Baez

El docu­men­tal ha sido posi­ble gra­cias a la amis­tad de O’Connor con Baez y es así que ade­más del repor­ta­je que las docu­men­ta­lis­tas efec­túan a la remar­ca­ble can­tan­te, el mis­mo se nutre de impor­tan­te mate­rial de archi­vo, fotos, pelí­cu­las case­ras, su dia­rio per­so­nal enri­que­ci­do con dibu­jos ani­ma­dos por Eat the Dan­ger, la inter­ven­ción de fami­lia­res inclu­yen­do a su hijo Gabriel Harris, ade­más de cin­tas tera­péu­ti­cas y regis­tros de audio.

Baez que luce muy bien con sus 82 años de edad recuen­ta su infan­cia vivien­do en par­te difi­cul­ta­des emo­cio­na­les por sen­tir com­ple­jos de infe­rio­ri­dad y sobre todo por ser obje­to de bur­la por par­te de algu­nos chi­cos de su escue­la por ser hija de su cien­tí­fi­co padre mexi­cano; a su vez, ya sien­do joven expe­ri­men­tó pro­ble­mas de ansie­dad. Sien­do la hija del medio con sus dos her­ma­nas ya des­apa­re­ci­das, la mayor Pau­li­ne y la menor Mimi, man­tu­vo una bue­na rela­ción fra­ter­nal, no obs­tan­te la riva­li­dad con Mimi quien tam­bién se des­ta­có como cantante.

A los 16 años de edad, ya agra­cia­da por su diá­fa­na voz Joan comen­zó a ser reco­no­ci­da como can­tan­te fol­cló­ri­ca efec­tuan­do su pri­mer con­cier­to en 1958 en el Bos­ton Club 47 de Cam­brid­ge (Mas­sa­chu­setts); su cla­mo­ro­so éxi­to es repe­ti­do al año siguien­te en el New­port Jazz Fes­ti­val de Rho­de Island, para poco tiem­po des­pués ser aplau­di­da en el pres­ti­gio­so Car­ne­gie Hall de New York.

Simul­tá­nea­men­te el docu­men­tal des­ta­ca a Baez cómo deno­da­da acti­vis­ta social; en tal carac­ter par­ti­ci­pó en la recor­da­da Mar­cha de Washing­ton de 1963 enca­be­za­da por el inmor­tal Mar­tin Luther King y ento­nan­do can­cio­nes de pro­tes­ta, como tam­bién en los movi­mie­nos y mani­fes­ta­cio­nes civi­les habi­dos pro­tes­tan­do por la incur­sión de Esta­dos Uni­dos en la gue­rra de Vietnam.

Pro­si­guien­do su carre­ra, se ilus­tra cómo Joan ayu­dó al joven Bob Dylan en el ini­cio de su pro­fe­sión pre­sen­tán­do­lo en el esce­na­rio, el inten­so roman­ce man­te­ni­do con él y el trau­ma sufri­do cuan­do la dejó de lado poco tiem­po des­pués. Su vida sen­ti­men­tal se reanu­da en 1968 con­tra­yen­do enla­ce con el perio­dis­ta y acti­vis­ta polí­ti­co ame­ri­cano David Harris de 22 años quien fue encar­ce­la­do duran­te 20 meses por des­obe­dien­cia civil al haber resis­ti­do su reclu­ta­mien­to para ser envia­do a Viet­nam. Una vez libe­ra­do, el matri­mo­nio duró poco tiem­po y según Joan mani­fies­tan­do iró­ni­ca­men­te, eso se debió por­que él era dema­sia­do joven y ella dema­sia­do loca. De esa unión nació en 1969 su hijo Gabriel quien lle­ga­ría a ser músi­co como su madre.

Joan comen­ta cómo debió equi­li­brar su acti­vis­mo polí­ti­co con su carre­ra musi­cal, aun­que como madre debió estar lar­gos perío­dos ale­ja­da de Gabriel, aspec­to que él se refie­re en la entre­vis­ta realizada.

Casi al fina­li­zar el docu­men­tal, la artis­ta mani­fies­ta sus “demo­nios inte­rio­res”, al regis­trar en su memo­ria los abu­sos come­ti­dos duran­te su niñez al igual que a su her­ma­na Mimi por par­te de su padre; no obs­tan­te él nie­ga la acu­sa­ción y lo atri­bu­ye al “sín­dro­me de la fal­sa memo­ria”. Ese oscu­ro epi­so­dio no que­da acla­ra­do, dejan­do la duda de si real­men­te ocurrió.

El docu­men­tal ilus­tra la gira final de Baez 2018 – 2019 titu­la­da “Fare Thee Well” en don­de tam­bién par­ti­ci­pó Gabriel como per­cu­sio­nis­ta. Su últi­ma actua­ción la rea­li­za el 28 de julio de 2019 en el Tea­tro Real de Madrid. Entre los extrac­tos de apro­xi­ma­da­men­te 25 can­cio­nes ento­na­das y/o escri­tas por la can­tan­te se encuen­tran la icó­ni­ca Dia­monds and Rust ‑refe­ri­da a Dylan‑, The­re but for For­tu­ne, The Dream Song, A Song for David, J’arrive y Mary Hamil­ton.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do este docu­men­tal que ha sido mag­ní­fi­ca­men­te edi­ta­do por Mae­ve O’Boyle cons­ti­tu­ye un muy buen lega­do de la vida pro­fe­sio­nal y per­so­nal de la icó­ni­ca can­tan­te.  Jor­ge Gutman

El Poder de la Música

FLO­RA AND SON. Irlan­da-Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por John Car­ney. 95 minutos

Una vez más se apre­cia cómo la músi­ca cons­ti­tu­ye un ele­men­to enri­que­ce­dor y capaz de mejo­rar la vida de las per­so­nas. Habien­do rea­li­za­do en 2007 su bri­llan­te come­dia musi­cal Once, John Car­ney en Flo­ra and Son, vuel­ve a con­si­de­rar la músi­ca como un fac­tor vital con la ido­nei­dad de unir y recon­for­tar a dos per­so­nas afec­ti­va­men­te distantes.

Eve Hew­son y Joseph Gordon-Levitt

El guión del rea­li­za­dor ubi­ca la acción en un modes­to barrio de Dublin don­de vive Flo­ra (Eve Hew­son), una mujer que no ha encon­tra­do un sen­ti­do pre­ci­so a su vida cuan­do a los 17 años dio a luz a su hijo Max y como madre mono­pa­ren­tal haber teni­do que resig­nar la posi­bi­li­dad de con­cre­tar los sue­ños de un hori­zon­te más prós­pe­ro; eso moti­vó a que vol­ca­ra incons­cien­te­men­te su resen­ti­mien­to hacia el chi­co y es así que la inter­ac­tua­ción entre ambos no ha sido muy feliz. En la actua­li­dad Max (Orén Kin­lan) de 14 años es un joven rebel­de que vivien­do con su madre sin gran afec­to tam­po­co encuen­tra gran ayu­da en su padre (Jack Rey­nor); no obs­tan­te su gran incli­na­ción hacia la músi­ca pop y como aspi­ran­te a rape­ro, efec­túa cier­tas pille­rías delic­ti­vas corrien­do el ries­go de ser inter­na­do en un cen­tro juve­nil. Cuan­do un buen día Flo­ra encuen­tra en un basu­re­ro una gui­ta­rra, tra­ta de con­gra­ciar­se con su hijo ofre­cién­do­se­la de rega­lo, aun­que él recha­za el obse­quio; en con­se­cuen­cia con el ins­tru­men­to en mano Flo­ra deci­de tomar cla­ses de músi­ca en línea con Jeff (Joseph Gor­don-Levitt), un frus­tra­do gui­ta­rris­ta que resi­de en Los Ánge­les y quien a pesar de su ido­nei­dad musi­cal no lle­gó a imponerse.

A par­tir de allí, a pesar de la dis­tan­cia físi­ca que los sepa­ra, sur­ge entre maes­tro y alum­na un víncu­lo sen­ti­men­tal; a tra­vés de suce­si­vas lec­cio­nes ella comien­za a domi­nar la gui­ta­rra en tan­to que Jeff encuen­tra satis­fac­ción al com­pro­bar los pro­gre­sos de su dis­cí­pu­la. En el pro­ce­so de crea­ti­vi­dad que va expe­ri­men­tan­do, Flo­ra apre­cia la habi­li­dad musi­cal de su hijo como com­po­si­tor y letris­ta, lo que per­mi­te com­ple­men­tar los temas musi­ca­les que con­jun­ta­men­te inter­pre­tan ella y su pro­fe­sor. Resul­ta­do de todo ello es el afian­za­mien­to del víncu­lo entre Flo­ra y su hijo como así tam­bién el pla­tó­ni­co roman­ce musi­cal entre ella y Jeff.

En mate­ria de inter­pre­ta­ción Hew­son en su debut cine­ma­to­grá­fi­co mara­vi­lla como la mujer que final­men­te encuen­tra una razón para esca­par de su ruti­na­ria exis­ten­cia median­te el flo­re­ci­mien­to del amor mater­nal; en tal sen­ti­do es emo­ti­va la esce­na en que feliz­men­te uni­dos madre e hijo ofre­cen un con­cier­to sien­do aplau­di­dos por la entu­sias­ta audien­cia. Asi­mis­mo resul­ta des­ta­ca­ble la par­ti­ci­pa­ción de Gor­don-Levitt quien como el apues­to y caris­má­ti­co pro­fe­sor refle­ja una sen­si­ble y entra­ña­ble ter­nu­ra hacia su discípula.

Aun­que esta his­to­ria pue­de resis­tir cre­di­bi­li­dad al supo­ner que en bre­ve lap­so sus per­so­na­jes demues­tran poseer un asom­bro­so talen­to musi­cal, la efec­ti­va narra­ción de Car­ney per­mi­te que a mane­ra de una sen­ci­lla fábu­la brin­de el men­sa­je sobre cómo la posi­ti­va fuer­za impreg­na­da del len­gua­je musi­cal ‑inde­pen­dien­te­men­te de su géne­ro- avi­va el espí­ri­tu logran­do una autén­ti­ca comu­ni­ca­ción huma­na. En esen­cia, sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na este hones­to film resul­ta gra­ta­men­te apre­cia­do por el públi­co asis­ten­te. Jor­ge Gutman

Mag­ní­fi­co Legado

TES­TA­MENT. Cana­dá, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Denys Arcand. 115 minutos

El estreno de un nue­vo film de Denys Arcand siem­pre des­pier­ta expec­ta­ti­va debi­do a exce­len­tes tra­ba­jos ofre­ci­dos, entre otros títu­los, El Decli­ve del Impe­rio Ame­ri­cano (1987) Jesús de Mon­treal (1989) y Las Inva­sio­nes Bár­ba­ras (2003), que le han mere­ci­do un impor­tan­te reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­nal. Por ello resul­ta gra­ti­fi­can­te com­pro­bar que con Tes­ta­ment, su déci­mo quin­to film, haya logra­do una exce­len­te come­dia dra­má­ti­ca que segui­rá enri­que­cien­do su filmografía.

Sophie Lorain y Rémy Girard

Por sép­ti­ma vez en su carre­ra Arcand con­vo­có a su actor feti­che Rémy Girard para asu­mir el rol pro­ta­gó­ni­co. El pro­mi­nen­te actor ani­ma a Jean-Michel Bou­chard, un escri­tor sep­tua­ge­na­rio aun­que ya olvi­da­do que en el cre­púscu­lo de su vida expe­ri­men­ta una gran desa­zón com­pro­ban­do la reali­dad del mun­do actual al que le cues­ta adaptarse.

Vivien­do en Mon­treal en una resi­den­cia para gen­te de la ter­ce­ra edad diri­gi­da por Suzan­ne (Sophie Lorain), aún se mues­tra acti­vo tra­ba­jan­do dos días por sema­na en las ofi­ci­nas del Archi­vo Nacio­nal. Sin haber teni­do pare­ja ni hijos, ya nada le res­ta de su fami­lia y es así que en los paseos que sue­le hacer en uno de los cemen­te­rios de la ciu­dad con la voz en off deja saber que muy pron­to acom­pa­ña­rá a los que allí se encuen­tran. En torno a los mis­te­rios de la vida él expe­ri­men­ta un pesar cuan­do uno de los ami­gos ciclis­tas de la resi­den­cia (Denis Bou­chard) mue­re de un ful­mi­nan­te ata­que car­día­co, no obs­tan­te haber lle­va­do una exis­ten­cia com­ple­ta­men­te sana en mate­ria de ali­men­ta­ción y sin pro­ble­ma alguno has­ta ese momen­to; eso hace que su ape­na­da viu­da (Guy­lai­ne Trem­blay) resuel­va ven­gar­se para que de ahí en más no se pri­ve del alcohol, taba­co ni de cual­quier pro­duc­to alimenticio.

Arcand valién­do­se de su mag­ní­fi­co guión no deja de sati­ri­zar las cere­mo­nias de las entre­gas de pre­mios, como suce­de cuan­do Jean-Michel es uno de los dis­tin­gui­dos por su tra­yec­to­ria lite­ra­ria pero deja­do de lado por los orga­ni­za­do­res del even­to al no per­mi­tir­le el uso de la pala­bra como lo han hecho los res­tan­tes pre­mia­dos por ser más cono­ci­dos. Asi­mis­mo el des­en­can­to de nues­tro anti­hé­roe se mani­fies­ta al com­pro­bar cómo el amor por la lec­tu­ra es des­es­ti­ma­do dado que el espa­cio de la resi­den­cia dedi­ca­do a la biblio­te­ca es reem­pla­za­do por la ins­ta­la­ción de jue­gos de video, en tan­to que los libros son des­ti­na­dos al reci­cla­je por­que nadie los quie­re; es así que él se pre­gun­ta si la cul­tu­ra popu­lar de Cana­dá sólo se sim­bo­li­za por el Cir­que de Soleil y Céli­ne Dion.

Siguien­do con las obser­va­cio­nes de Arcand a tra­vés de su alter ego refle­ja asi­mis­mo los cam­bios gene­ra­cio­na­les don­de la inti­mi­dad del indi­vi­duo que­da rele­ga­da a un segun­do plano por la pro­li­fe­ra­ción de las redes socia­les. Como otra obser­va­ción de los nue­vos tiem­pos con la nue­va iden­ti­dad gené­ri­ca, Jean-Michel es infor­ma­do por Suzan­ne el cam­bio de nom­bre de la ancia­na Stépha­nie por el de Steph.

Más allá de las situa­cio­nes men­cio­na­das, el rela­to cobra un giro dra­má­ti­co cuan­do la ruti­na del esta­ble­ci­mien­to se ve alte­ra­da por la pre­sen­cia de un gru­po de mani­fes­tan­tes que ins­ta­la­dos en los jar­di­nes exte­rio­res de la resi­den­cia asu­me la defen­sa de la pobla­ción autóc­to­na de Cana­dá; así los inte­gran­tes dejan saber que no se move­rán del lugar has­ta el momen­to en que sea remo­vi­do el mural de uno de los salo­nes del esta­ble­ci­mien­to. En el mis­mo se exhi­be al explo­ra­dor Jac­ques Car­tier lle­ga­do a la región en 1541, fren­te a hom­bres y muje­res de las Pri­me­ras Nacio­nes; en tal sen­ti­do el gru­po con­si­de­ra ofen­si­vo que se supon­ga que Car­tier haya sido el des­cu­bri­dor de Que­bec, cuan­do ya esta­ba pobla­do por los nati­vos indí­ge­nas y ade­más por­que cons­ti­tu­ye un agra­vio mos­tran­do a las muje­res con sus pechos des­nu­dos. El inci­den­te que adquie­re amplia reper­cu­sión públi­ca inquie­ta seve­ra­men­te a las auto­ri­da­des de Que­bec moti­van­do a que la Minis­tra de la Salud (Caro­li­ne Néron) se ocu­pe de inme­dia­to en reme­diar la gra­ve situación.

Sin entrar en deta­lles ulte­rio­res sobre cómo el pro­ble­ma será resuel­to, el rela­to asi­mis­mo reve­la la impor­tan­cia que adquie­re la comu­ni­ca­ción cuan­do alguien vive en com­ple­ta sole­dad; es así que para com­ba­tir­la Jean-Michel reci­be sema­nal­men­te la visi­ta de Fla­vie (Marie-Mai), una joven mujer que a mane­ra de tera­peu­ta le ofre­ce peque­ños ges­tos afec­ti­vos. Asi­mis­mo el con­te­ni­do humano que Arcand impri­me al rela­to se cons­ta­ta en la gran pena que sien­te Suzan­ne quien por exi­gir dema­sia­do a su hija Rosa­lie (Char­lot­te Aubin) ella des­apa­re­ció hace 14 años del hogar sin saber dón­de se encuen­tra; la noble­za de Jean-Michel moti­va a que él, con la ayu­da de una cole­ga del archi­vo, logre ubi­car­la gene­ran­do la uni­fi­ca­ción fami­liar don­de Suzan­ne com­prue­ba que es aho­ra abue­la de su nie­ti­to de 8 meses.

En mate­ria de actua­ción que­da refle­ja­da la gran com­pli­ci­dad exis­ten­te entre Arcand y Girard; es así que este gran actor trans­mi­te aca­ba­da­men­te la huma­ni­dad que su per­so­na­je tras­cien­de y que aun­que des­ilu­sio­na­do de lo que la era digi­tal ofre­ce, final­men­te encuen­tra en el amor una razón para con­tem­plar de mane­ra posi­ti­va lo que le res­ta por vivir. A su lado se des­ta­can la soli­dez de Lorain, Marie Mai en su acer­ta­do debut acto­ral, así como el res­to del mag­ní­fi­co repar­to agra­cia­do con la pre­sen­cia del dra­ma­tur­go Robert Lepa­ge y de Yves Jac­ques en una bre­ve y son­rien­te escena.

Sin duda la ambi­ción posi­ti­va de Arcand hace que su film explo­re adi­cio­na­les temas como el del nacio­na­lis­mo de Que­bec de anta­ño com­pa­ra­do con el actual. Pero lo con­cre­to es que su insu­pe­ra­ble pues­ta escé­ni­ca, el valio­so guión impreg­na­do de jugo­sos diá­lo­gos y un elen­co de pri­mer nivel con­for­man un mag­ní­fi­co dra­ma humano.

Aun­que sin supo­ner si aca­so éste será su últi­mo film, alu­dien­do a su títu­lo Arcand nos brin­da un remar­ca­ble tes­ta­men­to des­cri­bien­do con extra­or­di­na­ria luci­dez la gene­ra­ción de los baby boo­mers rea­li­zan­do esfuer­zos para invo­lu­crar­se en esta revo­lu­cio­na­ria era digi­tal. Jor­ge Gutman