FNC 2023 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A par­tir de hoy y pro­si­guien­do has­ta el 15 de octu­bre tie­ne lugar en Mon­treal la 52ª edi­ción del Fes­ti­val du nou­veau ciné­ma (FNC) con la pre­sen­ta­ción de La Pas­sion de Dodin Bouf­fant del cineas­ta Tràn Anh Hùng. La pro­gra­ma­ción inclu­ye 105 lar­go­me­tra­jes y 90 cor­to­me­tra­jes pro­ve­nien­tes de 57 paí­ses. Ade­más de títu­los aplau­di­dos en los fes­ti­va­les de Ber­lín, Can­nes, Vene­cia y Toron­to de este año, hay una bue­na selec­ción de pelí­cu­las per­te­ne­cien­tes a nue­vos pro­mi­so­rios realizadores.

He aquí el comen­ta­rio de cua­tro de los fil­mes que serán exhibidos.

La Pas­sion de Dodin Bouf­fant (Fran­cia)

La comi­da fran­ce­sa como esti­lo de vida es lo que pro­po­ne el direc­tor viet­na­mi­ta Tràn Anh Hung en este rela­to que resul­ta­rá ape­ti­to­so para los aman­tes de la “hau­te cuisine”.

Adap­ta­do de la nove­la de Mar­cel Rouf La Vida y Pasión de Dodin Bouf­fant publi­ca­da en 1924, el guión del rea­li­za­dor ambien­ta su desa­rro­llo en una man­sión cam­pes­tre de Fran­cia hacia fina­les del siglo 19. En ese apa­ci­ble rin­cón se sale al encuen­tro de la impe­ca­ble coci­ne­ra Euge­nie (Juliet­te Bino­che) y del gas­tró­no­mo Dodin (Benoît Magi­mel) quie­nes duran­te 20 años con­jun­ta­men­te han tra­ba­ja­do en la pre­pa­ra­ción de exqui­si­tas deli­cias culinarias.

La Pas­sion de Dodin Bouffant

Duran­te los pri­me­ros 30 minu­tos del rela­to se obser­va cómo Euge­nie pre­pa­ra para el desa­yuno una ape­ti­to­sa tor­ti­lla de hue­vos reco­men­dan­do de que para su con­su­mo es nece­sa­rio valer­se de una cucha­ra. Pos­te­rior­men­te con la ayu­da de su asis­ten­te Vio­let­te (Gala­tea Bellu­gi) efec­túa los pre­pa­ra­ti­vos de una comi­da para cua­tro ami­gos de Dodin (Emma­nuel Salin­ger, Patrick D’Assumçao, Fré­dé­ric Fis­bach y Jan Ham­me­nec­ker), pre­via­men­te apro­ba­do por el chef, con­si­de­ra­do como el Napo­león de la gas­tro­no­mía. A su vez Dodin se encar­ga­rá de pre­pa­rar el “pot au feu”, el clá­si­co pla­to fran­cés de len­ta coc­ción que será des­ti­na­do a un supues­to prín­ci­pe de Esto­nia. Asi­mis­mo Dodin remar­ca la impor­tan­cia que tie­ne dis­po­ner de un vino ade­cua­do para degus­tar una bue­na comida.

La his­to­ria narra­da es míni­ma y en su mayor par­te no exis­ten mayo­res con­flic­tos dra­má­ti­cos sal­vo algu­nos des­va­ne­ci­mien­tos que expe­ri­men­ta Euge­nie, apa­ren­te­men­te por can­san­cio, aun­que se pre­su­me que pade­ce de una enfer­me­dad aun­que ella ter­mi­nan­te­men­te lo nie­gue. Para mati­zar el rela­to, se apre­cia el víncu­lo sen­ti­men­tal de la pare­ja; si bien es cla­ro el amor que los une, Euge­nie en prin­ci­pio ama­ble­men­te recha­za la pro­pues­ta de casa­mien­to de Dodin, pero pos­te­rior­men­te acep­ta­rá su invi­ta­ción en la medi­da que culi­na­ria e inte­lec­tual­men­te exis­te una armo­nio­sa complementación.

La exce­len­te direc­ción de Anh Hung per­mi­te resal­tar bri­llan­te­men­te la pasión de la pare­ja por el arte culi­na­rio; en tal sen­ti­do la par­ti­ci­pa­ción del renom­bra­do chef Pie­rre Gag­nai­re como con­sul­tor refle­ja la auten­ti­ci­dad de los man­ja­res pre­pa­ra­dos. Pero pre­ci­sa­men­te por su pro­pio bien, el rela­to se extien­de más allá de lo nece­sa­rio en la medi­da que a la pos­tre en la mayor par­te se asis­te a un cur­so de comi­da que aun­que sin duda remar­ca­ble pue­de ase­me­jar­se a los que sue­len difun­dir­se en la televisión.

No obs­tan­te la obje­ción que ante­ce­de, el film se valo­ri­za por la insu­pe­ra­ble actua­ción de Bino­che y Magi­mel quie­nes com­pe­ne­tra­dos por com­ple­to en sus per­so­na­jes irra­dian la inmen­sa ter­nu­ra que los ani­ma. Así, una de las esce­nas emo­ti­vas del film tie­ne lugar cuan­do Dodin por pri­me­ra vez le pre­pa­ra a su com­pa­ñe­ra que yace enfer­ma un exqui­si­to pla­to de comi­da, o bien en el poé­ti­co des­en­la­ce de esta his­to­ria que resul­ta­ría indis­cre­to comen­tar. Una vez más que­da demos­tra­do como en cier­tos casos bri­llan­tes acto­res pue­den engran­de­cer la visión de una pelí­cu­la, sin dejar de lado la nota­ble pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor que le valió en Can­nes el pre­mio a la mejor dirección.

Los Colo­nos (Chi­le-Argen­ti­na-Fran­cia-Dina­mar­ca-Gran Bretaña-Suecia-Taiwán)

Resul­ta gra­ti­fi­can­te para el crí­ti­co de cine com­pro­bar el sur­gi­mien­to de nove­les rea­li­za­do­res capa­ces de mos­trar inusi­ta­da madu­rez en sus pri­me­ros tra­ba­jos. Ese es el caso del direc­tor chi­leno Feli­pe Gál­vez quien des­pués de una expe­rien­cia como guio­nis­ta y edi­tor en cor­to­me­tra­jes debu­ta en el lar­go­me­tra­je ilus­tran­do lúci­da­men­te de mane­ra fic­cio­nal un dra­ma his­tó­ri­co sobre el tra­ta­mien­to reci­bi­do por la pobla­ción autóc­to­na de Chile.

Los Colo­nos

El guión del rea­li­za­dor escri­to con Anto­nia Girar­di y la cola­bo­ra­ción de Mariano Lly­nás en su comien­zo ubi­ca la acción en 1901 en la región pata­gó­ni­ca de Chi­le y Argen­ti­na. Allí el pode­ro­so terra­te­nien­te José Menén­dez (Alfre­do Cas­tro), dedi­ca­do a la explo­ta­ción de ove­jas, quie­re des­pe­jar la vas­ta ruta con­du­cen­te a una sali­da en el Océano Atlán­ti­co. Para efec­tuar el reco­rri­do de esa zona con­tra­ta los ser­vi­cios del fun­cio­na­rio esco­cés MacLen­nan (Mark Stan­ley) para que eli­mi­ne a la pobla­ción autóc­to­na que pue­da encon­trar en el camino; para rea­li­zar su tarea con­ta­rá con la cola­bo­ra­ción del mer­ce­na­rio ame­ri­cano Bill (Ben­ja­mín West­fall) y del ayu­dan­te Segun­do (Cami­lo Aran­ci­bia) que es un mes­ti­zo oriun­do de la isla Chi­loé. En con­se­cuen­cia, para cum­plir su misión este hete­ro­gé­neo gru­po no vaci­la­rá en sem­brar a lo lar­go del camino un sen­de­ro de san­gre al per­se­guir y ase­si­nar a la comu­ni­dad indí­ge­na Selk’nam.

Sie­te años des­pués de la masa­cre, el pre­si­den­te chi­leno Pedro Montt desig­na al ofi­cial Vicu­ña (Mar­ce­lo Alon­so), con el bene­plá­ci­to de Menén­dez, para que visi­te Chi­loé a fin de tener un pre­ci­so cono­ci­mien­to acer­ca del ase­si­na­to come­ti­do al pue­blo autóc­tono; para ello inten­ta obte­ner infor­ma­ción de Segun­do que aho­ra modes­ta­men­te habi­ta allí jun­to con su mujer Kiep­ja (Mishell Gua­ña). En todo caso, las bue­nas inten­cio­nes no repa­ran el geno­ci­dio producido.

Los per­so­na­jes están muy bien esbo­za­dos y sobre todo el más elo­cuen­te es el de Segun­do que a tra­vés de su ópti­ca se asis­te a lo que acon­te­ce en el rela­to; si bien se pue­de empa­ti­zar con el mis­mo, lo cier­to es que él fue un cola­bo­ra­dor pasi­vo de los gra­ves inci­den­tes ocu­rri­dos a pesar de su ori­gen autóctono.

Con un buen elen­co, Gál­vez tie­ne la deli­ca­de­za de suge­rir antes que demos­trar en toda su mag­ni­tud las atro­ci­da­des come­ti­das. Impri­mien­do un apro­pia­do rit­mo, el rea­li­za­dor con­tó con el valio­so apor­te de la foto­gra­fía de Simo­ne D’Arcangelo cap­tan­do el agres­te pai­sa­je en que trans­cu­rre la acción. Que­da como resul­ta­do un muy buen arti­cu­la­do dra­ma que con­tun­den­te­men­te denun­cia la acción arra­sa­do­ra y des­truc­ti­va de los pue­blos ori­gi­na­rios que tuvo lugar en la Pata­go­nia a comien­zos del siglo pasa­do; todo ello en nom­bre de una tris­te colo­ni­za­ción ten­dien­te a apli­car el racis­mo y el cri­men a fin de lograr una civi­li­za­ción más purificada.

Here (Bél­gi­ca)

El res­pe­ta­do cineas­ta y guio­nis­ta bel­ga Bas Devos ofre­ce una pelí­cu­la de aus­te­ra dimen­sión y de valio­sa cali­dad que ha sido apre­cia­da en oca­sión de su estreno mun­dial en el fes­ti­val de Ber­lin de este año don­de obtu­vo el pre­mio al mejor film de la sec­ción Encounters.

Here

A tra­vés de un esti­lo diá­fano la dimi­nu­ta his­to­ria pre­sen­ta a dos seres que se des­co­no­cen pero cuyo encuen­tro for­tui­to per­mi­te brin­dar­les el con­fort de trans­mi­tir sus inquie­tu­des. Uno de ellos es Ste­fan (Ste­fan Gota), un obre­ro rumano que tra­ba­ja en Bru­se­las en el rubro de la cons­truc­ción. Apro­ve­chan­do sus vaca­cio­nes de verano se dis­po­ne via­jar a su país natal y para ello coci­na los vege­ta­les que aún res­tan en el refri­ge­ra­dor, pre­pa­ran­do una sopa que le ofre­ce­rá a sus más cer­ca­nos com­pa­ñe­ros de labor. A su vez apro­ve­cha la oca­sión para des­pe­dir­se de su her­ma­na Anca (Ali­na Cons­tan­tin) que es enfer­me­ra y que tam­bién resi­de en la capi­tal belga.

El otro per­so­na­je es Shu­xiu (Liyo Gong), una cien­tí­fi­ca inves­ti­ga­do­ra chi­na que se dedi­ca a ana­li­zar con su micros­co­pio las plan­tas no vas­cu­la­res con espe­cial énfa­sis en los mus­gos sil­ves­tres; ade­más par­te de su tiem­po lo des­ti­na a ayu­dar a su tía que tie­ne a su car­go un peque­ño restaurante.

Mien­tras Ste­fan aguar­da unos días para que le repa­ren su auto­mó­vil a fin de tras­la­dar­se a Ruma­nia, en una jor­na­da de inten­sa llu­via, entra al res­tau­ran­te don­de se halla Shu­xiu; pos­te­rior­men­te pasean­do por un par­que de la ciu­dad el azar quie­re que Ste­fan nue­va­men­te se encuen­tre con la inves­ti­ga­do­ra. Es allí don­de cada uno apren­de algo del otro y todo hace pre­su­mir que se esta­ble­ce una mutua cone­xión entre el taci­turno rumano y la soli­ta­ria china.

Con míni­mos diá­lo­gos que­da con­cre­ta­da una his­to­ria sen­ci­lla pero lo sufi­cien­te­men­te pre­ci­sa en el estu­dio de carac­te­res que rea­li­za el com­pe­ten­te rea­li­za­dor de sus dos pro­ta­go­nis­tas como a su vez la pre­pon­de­ran­cia que adquie­re el mar­co de la natu­ra­le­za que les rodea. En esen­cia, Devos brin­da un film sutil y aun­que nada dra­má­ti­ca­men­te acon­te­ce, des­ti­la la sen­si­bi­li­dad nece­sa­ria para sedu­cir al espec­ta­dor ávi­do de un cine dia­me­tral­men­te opues­to a lo ofre­ci­do por los tra­di­cio­na­les block­bus­ters. Ade­más de Devos, pala­bras de elo­gio igual­men­te mere­ce la extra­or­di­na­ria foto­gra­fía de Grimm Van­de­kerckho­ve brin­dan­do una cau­ti­van­te sin­fo­nía de luz y color, sobre todo crean­do una espe­cial atmós­fe­ra de la ciu­dad en las horas nocturnas.

El Ros­tro de la Medu­sa (Argen­ti­na)

La novel rea­li­za­do­ra Meli­sa Lie­benthal en su pri­mer lar­go­me­tra­je de fic­ción par­te de una pre­mi­sa extra­ña cuyo pro­pó­si­to resul­ta difí­cil de cap­tar a tra­vés de su desarrollo.

El guión de Agus­tín Godoy y Lie­benthal pre­sen­ta a Mari­na (Rocío Ste­lla­to), una docen­te de 30 años de edad que ha vis­to su ros­tro cam­bia­do como resul­ta­do de una hin­cha­zón que comen­zó tiem­po atrás. Habien­do recu­rri­do a varios médi­cos para resol­ver su situa­ción y retor­nar a su cara ori­gi­nal, aún no ha encon­tra­do solu­ción al pro­ble­ma que le aflige..

El Ros­tro de la Medusa

Nada se sabe sobre la cau­sa de su infla­ma­ción pero lo cier­to es que su acti­tud la impul­sa a man­te­ner­se ocul­ta en la medi­da de lo posi­ble, lo que impli­ca el haber soli­ci­ta­do licen­cia en su tra­ba­jo como asi­mis­mo evi­tar el encuen­tro con su novio (Vla­di­mir Durán), por temor de que fue­se recha­za­da por su nue­vo aspec­to. Eso exclu­ye a sus padres que ya están habi­tua­dos a ver­la tal cual es.

En prin­ci­pio se pue­de acep­tar el hecho de que la iden­ti­dad de una per­so­na se aso­cie a cómo ella se vea y que cual­quier cam­bio rotun­do afec­te la pér­di­da de la mis­ma. Pero la direc­to­ra adop­ta un tra­ta­mien­to con­fu­so en que el trau­ma psi­co­ló­gi­co de Mari­na no lle­ga a com­pren­der­se cla­ra­men­te. Afron­tan­do su cri­sis ella visi­ta un zoo­ló­gi­co para obser­var los sem­blan­tes de los ani­ma­les tra­tan­do de bus­car algu­na aso­cia­ción con el suyo. A todo ello Lie­benthal intro­du­ce esce­nas de ani­ma­ción digi­tal con imá­ge­nes de ros­tros que dis­traen la narra­ción; tam­po­co ayu­da mucho la rela­ción espe­cial que Mari­na man­tie­ne con su abue­la y el affai­re con un estu­dian­te de la facul­tad a fin de escla­re­cer la cri­sis de iden­ti­dad que la aflige.

Deci­di­da­men­te expe­ri­men­tal y sin que el pun­to de par­ti­da adquie­ra enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca, la enig­má­ti­ca pro­pues­ta de la rea­li­za­do­ra si bien inten­cio­nal­men­te audaz no alcan­za a tras­cen­der; en con­se­cuen­cia, al final de la pro­yec­ción que­da abier­ta la pre­gun­ta ¿y aho­ra qué?

Un Emble­má­ti­co Músico

CAR­LOS. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Rudy Val­dez. 87 minutos

El docu­men­ta­lis­ta Rudy Val­dez abor­da en Car­los a Car­los Hum­ber­to San­ta­na Barra­gán, cono­ci­do artís­ti­ca­men­te como Car­los San­ta­na, el aplau­di­do gui­ta­rris­ta mexi­cano que de mane­ra estu­pen­da logró con­ju­gar un esti­lo musi­cal com­bi­nan­do músi­ca lati­na con jazz, blues y rock.

Car­los Santana

El film comien­za con la expo­si­ción que ofre­ce San­ta­na de su vida pro­fe­sio­nal. Naci­do en Jalis­co, Méxi­co, en el seno de una fami­lia muy humil­de de 7 hijos, a los cin­co años de edad comen­zó a apren­der el vio­lín enca­mi­na­do por José, su esti­ma­do padre vio­li­nis­ta. Cria­do en uno de los sec­to­res más pobres de Tijua­na, mien­tras que José se con­vier­te en músi­co de maria­chi, a los 8 años Car­los deja el vio­lín para desa­rro­llar su pasión por la gui­ta­rra que cons­ti­tui­rá el ins­tru­men­to que lo acom­pa­ña­rá el res­to de su vida.

Cuan­do en 1963 la fami­lia se muda a San Fran­cis­co, el mucha­cho demues­tra su talen­to de gui­ta­rris­ta como músi­co calle­je­ro y en 1966 con la for­ma­ción de su ban­da San­ta­na Blues regis­tra su pri­mer álbum y su carre­ra comien­za a cobrar brío a tra­vés de la opor­tu­ni­dad que le brin­da el mana­ger y pro­mo­tor de con­cier­tos Bill Graham para actuar en el renom­bra­do audi­to­rio Fill­mo­re; allí el con­jun­to adquie­re noto­rie­dad por la maes­tría demos­tra­da en su ejecución.

El gran reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­nal de San­ta­na se pro­du­ce a los 22 años cuan­do en agos­to de 1969 rea­li­za un con­cier­to en el afa­ma­do fes­ti­val de Woods­tock logran­do que el inmen­so públi­co asis­ten­te vibra­ra de emo­ción con la eje­cu­ción del pri­mer tema musi­cal Soul Sacri­fi­ce; ese his­tó­ri­co even­to fue amplia­men­te difun­di­do por los dia­rios cele­bran­do al remar­ca­ble músi­co. Bas­ta­rá men­cio­nar que a lo lar­go de un año, la ban­da rea­li­za nada menos que 312 con­cier­tos. En el verano de 1970, el cla­mo­ro­so suce­so se repi­te en el fes­ti­val musi­cal de Tanglewood.

Poco tiem­po des­pués San­ta­na renun­cia en par­te al esti­lo rock and roll para con­ver­tir­se en un dis­cí­pu­lo del espi­ri­tual líder indio Sri Chin­moy. Eso no impi­dió que su carre­ra siguie­ra regis­tran­do nota­bles triun­fos como ha sido el caso de su pre­sen­ta­ción en el Pavi­llon de París en 1976, el Con­cier­to para las Amé­ri­cas rea­li­za­do en 1982 en la Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na, como así asi­mis­mo en 1992 en Tijua­na don­de actuó acom­pa­ña­do por su padre violinista.

Otro hito fun­da­men­tal de San­ta­na fue en 1999 con la apa­ri­ción de su álbum Super­na­tu­ral que cons­ti­tu­yó un sen­sa­cio­nal éxi­to de ven­tas a nivel mun­dial y que fue pre­mia­do con el Grammy de la indus­tria musi­cal, inte­gran­do los 10 pre­mios reci­bi­dos a lo lar­go de su carrera.

Entre algu­nos de los núme­ros musi­ca­les que nutren al film ade­más del céle­bre Soul Sacri­fi­ce, figu­ran Oye Como Va, Evil Ways, Smooth, La Negra y Moon­dan­ce.

La pelí­cu­la ofre­ce su lado inti­mis­ta mos­tran­do al músi­co rodea­do de sus hijos Sal­va­dor y Ste­lla, igual­men­te afi­cio­na­dos a la músi­ca, así tra­tan­do de equi­li­brar su vida como padre, mari­do y artis­ta. Momen­to de sig­ni­fi­ca­ti­va emo­ción es cuan­do le entre­ga a su madre Jose­fi­na el dine­ro que en su niñez le había pro­me­ti­do para la com­pra de una casa, así como el amor filial que sin­tió hacia ella como tam­bién a su padre.

Ade­más de la expo­si­ción de San­ta­na, el docu­men­tal se nutre con la entre­vis­ta que Val­dez efec­túa a sus her­ma­nas María y Lety, como asi­mis­mo con la incor­po­ra­ción de impor­tan­te mate­rial de archi­vo iné­di­to, foto­gra­fías y gra­ba­cio­nes case­ras de video rea­li­za­das por el artis­ta y la par­ti­ci­pa­ción de des­ta­ca­das per­so­na­li­da­des de la indus­tria musical.

San­ta­na des­ta­ca su agra­de­ci­mien­to a quie­nes lo ayu­da­ron a for­jar su crea­ti­vi­dad, inclu­yen­do ade­más de su padre, a Bill Graham, Cli­ve Davis, Arman­do Pera­za y a Chim­noy por su sabi­du­ría e iluminación.

Con la com­pe­ten­te rea­li­za­ción de Val­dez y la nota­ble edi­ción efec­tua­da por Viri­dia­na Lie­ber­man cier­ta­men­te este nota­ble docu­men­tal satis­fa­rá a los lea­les del icó­ni­co músi­co. Jor­ge Gutman

Una Mis­te­rio­sa Búsqueda

DES­VÍO DE NOCHE. Cana­dá, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Aria­ne Falar­deau St-Amour y Paul Cho­tel. 87 minutos

Una nota­ble expe­rien­cia sen­so­rial es la que se expe­ri­men­ta en Des­vío de Noche, el pri­mer lar­go­me­tra­je del dúo inte­gra­do por la direc­to­ra cana­dien­se Aria­ne Falar­deau St-Amour y el rea­li­za­dor fran­cés Paul Cho­tel quie­nes asi­mis­mo son res­pon­sa­bles del guión.

Una esce­na de DES­VÍO DE NOCHE

El rela­to enfo­ca a una perio­dis­ta de Que­bec (Marie Bras­sard) quien se sumer­ge en los recuer­dos de su recien­te inves­ti­ga­ción que la ha trans­por­ta­do a una aldea ubi­ca­da en la cos­ta occi­den­tal de Méxi­co a fin de des­cu­brir el mis­te­rio de la des­apa­ri­ción de la pro­me­te­do­ra mexi­ca­na pati­na­do­ra artís­ti­ca Vio­le­ta Mar­tí­nez. Con la voz en off y sin que se obser­ve el ros­tro de la repor­te­ra se sigue el pro­ce­so de su inves­ti­ga­ción que impli­ca entrar en con­tac­to con algu­nos de los habi­tan­tes que habi­tan el lugar don­de nació Vio­le­ta. Sin embar­go la bús­que­da tro­pie­za con cier­tos obs­tácu­los en la medi­da que los aldea­nos no man­tie­nen recuer­dos de ella como así tam­po­co pue­den agre­gar infor­ma­ción algu­na acer­ca de cómo la joven apren­dió a pati­nar sobre hie­lo en una región nada apro­pia­da para la prác­ti­ca de ese depor­te. Alu­dien­do al títu­lo del film la his­to­ria ori­gi­nal de Vio­le­ta des­pla­za la aten­ción para cen­trar­la en la de su padre Juan Mar­tí­nez que es otro de los ausen­tes del lugar.

La mini­ma­lis­ta narra­ción es la excu­sa para ilus­trar algu­nas de las supers­ti­cio­nes y leyen­das de los luga­re­ños a tra­vés de su per­cep­ción del entorno que les rodea; en todo caso la soli­dez del film resi­de en su aspec­to for­mal a tra­vés de las envol­ven­tes imá­ge­nes cap­ta­das por la foto­gra­fía de St-Amour acom­pa­ña­das de los soni­dos natu­ra­les de la sel­va duran­te las horas noc­tur­nas que son logra­das por la con­cep­ción sono­ra de Samuel Gag­non-Thi­bo­deau. No obs­tan­te cier­ta len­ti­tud en su narra­ción, a tra­vés de una bús­que­da mis­te­rio­sa e intri­gan­te se asis­te a un ambi­cio­so y logra­do tra­ba­jo expe­ri­men­tal de los nove­les cineas­tas que aun­que de fic­ción adquie­re un fas­ci­nan­te viso docu­men­tal. Jor­ge Gutman

El Ingre­dien­te Sexual del Amor

SIM­PLE COM­ME SYL­VAIN. Cana­dá, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Monia Cho­kri. 111 minutos

Des­pués de haber incur­sio­na­do exi­to­sa­men­te como rea­li­za­do­ra en La fem­me de mon frè­re (2019) que fue pre­mia­do en Can­nes en la sec­ción Un Cer­tain Regard y pos­te­rior­men­te en Baby­sit­ter (2022), Monia Cho­kri retor­na con Sim­ple com­me Syl­vain, cuyo tema está cen­tra­do en la natu­ra­le­za que asu­me el amor des­de la ópti­ca femenina.

Maga­lie Lépi­ne-Blon­deau y Pie­rre-Yves Cardinal

El comien­zo del rela­to enfo­ca a la pare­ja inte­gra­da por Sophia (Maga­lie Lépi­ne-Blon­deau) y Xavier (Fran­cis-William Rhéau­me). Ella, de 40 años de edad, es una pro­fe­so­ra de filo­so­fía en un cur­so inte­gra­do por per­so­nas de la ter­ce­ra edad, en tan­to que Xavier es igual­men­te pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio de cien­cias polí­ti­cas, lo que per­mi­te asu­mir que entre ambos pre­do­mi­na un simi­lar nivel inte­lec­tual. Con­vi­vien­do apa­ci­ble­men­te por espa­cio de 10 años, la pasión amo­ro­sa de anta­ño se ha ido esfu­man­do según se apre­cia en el ges­to evi­den­cia­do en el ros­tro de Sophie.

La vida de esta mujer se ve alte­ra­da con la lle­ga­da de Syl­vain (Pie­rre-Yves Car­di­nal), un con­tra­tis­ta local encar­ga­do de efec­tuar reno­va­cio­nes en el cha­let cam­pes­tre que la pare­ja posee en la región de los Lau­ren­ti­des de Que­bec. Dado que Xavier se halla ausen­te ese día por un via­je rea­li­za­do a Otta­wa, es ella quien reci­be a Syl­vain; al ver­lo, su pre­sen­cia le des­pier­ta un rena­ci­mien­to sexual que gene­ra entre ambos un desen­fre­na­do encuen­tro íntimo.

La infi­de­li­dad de la mujer moti­va a que la pare­ja se dis­gre­gue y a par­tir de ese momen­to tan­to Sophia como el caris­má­ti­co Syl­vain están con­ven­ci­dos de que han encon­tra­do el gran amor de sus vidas. A todo ello en las cla­ses impar­ti­das, Sophie se refie­re a las teo­rías de los filó­so­fos Pla­tón, Scho­penhauer y Spi­no­za sobre la esen­cia del amor, que de algún modo refle­ja el momen­to espe­cial que ella experimenta.

A tra­vés de un guión bien con­ce­bi­do, Cho­kri evi­den­cia la dife­ren­cia social e inte­lec­tual exis­ten­te entre estos aman­tes; eso que­da demos­tra­do en las reunio­nes que tan­to Sophie y Syl­vain man­tie­nen con sus fami­lia­res; esa coli­sión cul­tu­ral pare­cie­ra en prin­ci­pio no cons­ti­tuir obs­tácu­lo alguno para el víncu­lo pasio­nal. Al pro­pio tiem­po la his­to­ria per­mi­te refle­xio­nar si la mera satis­fac­ción del pla­cer sexual pue­de dejar de lado al cari­ño, ter­nu­ra, com­pren­sión y res­pe­to como pila­res fun­da­men­ta­les del ver­da­de­ro amor de dos per­so­nas que unen sus vidas.

Nutri­da de inte­li­gen­tes diá­lo­gos y sazo­na­da con bue­na dosis de humor, esta pelí­cu­la se dis­tin­gue asi­mis­mo por las rele­van­tes actua­cio­nes de Lépi­ne-Blon­deu y Car­di­nal quie­nes a tra­vés de la carac­te­ri­za­ción de sus per­so­na­jes guar­dan una autén­ti­ca quí­mi­ca; eso no va en detri­men­to de la satis­fac­to­ria par­ti­ci­pa­ción de otros inte­gran­tes del elen­co, inclu­yen­do a Rhéau­me, Miche­li­ne Lan­ctôt, Marie-Ginet­te Guay, Ste­ve Laplan­te, Gui­llau­me Lau­rin y la cineas­ta Cho­kri inter­pre­tan­do a la ami­ga de Sophie. En esen­cia y dejan­do de lado meno­res obje­cio­nes sobre algu­nos de los per­so­na­jes secun­da­rios no muy desa­rro­lla­dos, la direc­to­ra ha logra­do una sen­si­ble come­dia agri­dul­ce que ha sido cáli­da­men­te aco­gi­da en el fes­ti­val de Can­nes de este año. Jor­ge Gutman

Fil­mes Vis­tos en el TIFF (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Cerrar los Ojos (Espa­ña-Argen­ti­na)

El céle­bre rea­li­za­dor Víc­tor Eri­ce que ofre­ció títu­los tan valio­sos como El Espí­ri­tu de la Col­me­na (1973), El Sur (1983) y El Sol del Mem­bri­llo (1992), des­pués de 31 años de ausen­cia retor­na con este excep­cio­nal dra­ma melan­có­li­co. Sin duda algu­na el octo­ge­na­rio cineas­ta emer­ge más lúci­do que nun­ca, per­mi­tien­do que el ciné­fi­lo goce con la his­to­ria pro­pues­ta por él con la cola­bo­ra­ción de Michel Gaztambide.

Cerrar los Ojos

Las pri­me­ras imá­ge­nes del rela­to trans­cu­rren des­pués de la Segun­da Gue­rra en un majes­tuo­so cas­ti­llo ubi­ca­do en algún lugar no espe­ci­fi­ca­do de la Fran­cia rural; allí está radi­ca­do su millo­na­rio pro­pie­ta­rio (Josep María Pou), un judío espa­ñol refu­gia­do que le soli­ci­ta a un com­pa­trio­ta suyo (José Coro­na­do) que tra­te de loca­li­zar y traer de retorno a su hija des­apa­re­ci­da en el con­flic­to béli­co y que aho­ra se encuen­tra en Shanghái.

Para gran sor­pre­sa del espec­ta­dor, lo que has­ta ese momen­to obser­vó en la pan­ta­lla era la fil­ma­ción de una pelí­cu­la (La Mira­da del Adiós) que en 1990 esta­ba diri­gien­do el cineas­ta espa­ñol Miguel Garay (Mano­lo Solo) y que no pudo con­cluir­la por­que repen­ti­na­men­te des­apa­re­ció sin dejar hue­lla algu­na su pro­ta­go­nis­ta Julio Are­nas (José Coronado).

Con estos ante­ce­den­tes la acción se des­pla­za a 2012 don­de en un pro­gra­ma tele­vi­si­vo de gran audien­cia titu­la­do Casos sin Resol­ver, Garay es invi­ta­do para que sumi­nis­tre deta­lles de aquel pro­yec­to malo­gra­do y ofrez­ca algu­nos datos del actor des­apa­re­ci­do quien a su vez había sido su gran ami­go. Ese pro­gra­ma moti­va a que Garay, que des­pués de su pelí­cu­la incon­clu­sa dejó de fil­mar y se des­pla­zó a una aldea de pes­ca­do­res de Anda­lu­cía para vivir, tra­te de inves­ti­gar cuál ha sido el para­de­ro de su ami­go; entre algu­nos de sus con­tac­tos se encuen­tra el edi­tor y archi­vis­ta del film (Mario Par­do), una can­tan­te ami­ga (Sole­dad Vila­mil) que ha sido su aman­te como tam­bién de Are­nas y Ana (Ana Torrent), la hija del des­apa­re­ci­do actor. Si bien su bús­que­da en prin­ci­pio resul­ta infruc­tuo­sa, una tra­ba­ja­do­ra social se comu­ni­ca con la res­pon­sa­ble del pro­gra­ma de tele­vi­sión para brin­dar valio­sa infor­ma­ción sobre Arenas.

Aquí comien­za la segun­da y apa­sio­nan­te his­to­ria del rela­to que de mane­ra algu­na con­vie­ne divul­gar, excep­to men­cio­nar que el ciné­fi­lo que­da­rá com­ple­ta­men­te con­cen­tra­do con el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos has­ta cul­mi­nar en un remar­ca­ble y con­mo­ve­dor des­en­la­ce en don­de la memo­ria y el olvi­do adquie­ren relevancia.

Con el sen­sa­cio­nal elen­co que Eri­ce logró con­vo­car cabe resal­tar la hip­nó­ti­ca actua­ción de Solo así como la mag­ní­fi­ca expre­si­vi­dad des­ti­la­da por Coro­na­do; asi­mis­mo para quie­nes aplau­die­ron en 1973 a la peque­ña Ana Torrent de 7 años de edad en El Espí­ri­tu de la Col­me­na, resul­ta­rá nos­tál­gi­co y cau­ti­van­te con­tem­plar aho­ra a la vete­ra­na actriz, nue­va­men­te de la mano del gran cineasta.

La magia del cine, tal como había sido con­ce­bi­da por los her­ma­nos Augus­te y Louis Lumiè­re, ha sido mara­vi­llo­sa­men­te revi­vi­da por Eri­ce en esta remar­ca­ble película.

El Rap­to (Argen­ti­na)

La direc­to­ra Danie­la Gog­gi, bien cono­ci­da por sus logros en Abzur­dah /2015) y El Hilo Rojo (2016) enfo­ca aho­ra un dra­ma his­tó­ri­co vivi­do en Argen­ti­na duran­te el pro­ce­so de tran­si­ción de la demo­cra­cia des­pués de la. dic­ta­du­ra militar.

El Rap­to

El guión de Gog­gi y Andrea Garro­te está basa­do en la nove­la de Mar­tin Sivak El Sal­to de Papá mos­tran­do algu­nas de las gra­ves ano­ma­lías exis­ten­tes en los pri­me­ros años del perío­do en que el espe­ran­za­do pue­blo de Argen­ti­na comen­zó a expe­ri­men­tar los vien­tos de liber­tad que aso­ma­ban tras la san­grien­ta repre­sión vivi­da duran­te 7 años.

El comien­zo es aus­pi­cio­so refle­jan­do la emo­ción de Julio Levy (Rodri­go de la Ser­na) y su fami­lia retor­nan­do del exi­lio en 1983 para ini­ciar una nue­va eta­pa de su vida en Bue­nos Aires. De inme­dia­to Julio se rein­cor­po­ra a la ins­ti­tu­ción finan­cie­ra fami­liar a car­go de su padre (Jor­ge Marra­le) jun­to con la par­ti­ci­pa­ción de su her­mano Miguel (Ger­mán Palacios).

El cli­ma jubi­lo­so es de cor­to alcan­ce cuan­do Miguel sor­pre­si­va­men­te es secues­tra­do en la calle y a par­tir de allí Julio se encuen­tra en la difí­cil tarea de nego­ciar con los secues­tra­do­res siguien­do las ins­truc­cio­nes reci­bi­das. A pesar de la entre­ga de dine­ro reque­ri­da por los mal­he­cho­res, su her­mano no es libe­ra­do. Des­pués de varias sema­nas sin noti­cias, Julio con su cuña­da Ali­cia (Andrea Garro­te) ‑la espo­sa de Miguel- soli­ci­tan una entre­vis­ta con el Pre­si­den­te Alfon­sín quien acce­de a la mis­ma y empa­ti­zan­do con los visi­tan­tes, deri­va el caso a la ase­so­ría mili­tar para que se ocu­pe del gra­ve problema.

La situa­ción se com­pli­ca cuan­do se des­cu­bren algu­nas grie­tas de la inci­pien­te demo­cra­cia, al com­pro­bar­se que varios de los res­pon­sa­bles del secues­tro habían par­ti­ci­pa­do en la dic­ta­du­ra y que aho­ra direc­ta o indi­rec­ta­men­te están infil­tra­dos en las esfe­ras polí­ti­cas del gobierno. Es así como la corrup­ción, intri­gas, mano­seos y trai­cio­nes van crean­do un asfi­xian­te cli­ma don­de la demo­cra­cia es pues­ta a prue­ba a pesar de las nobles inten­cio­nes del pri­mer man­da­ta­rio tra­tan­do de sobre­lle­var su ges­tión en la mejor for­ma posible.

Para­le­la­men­te a la situa­ción rei­nan­te, el film rese­ña cómo el secues­tro ha afec­ta­do a la fami­lia de Julio, con espe­cial refe­ren­cia a su abne­ga­da espo­sa Sil­via (Julie­ta Zyl­ber­berg), como asi­mis­mo a la deses­pe­ra­da mujer de Miguel. En tal sen­ti­do, uno de los sus­ten­tos de este con­mo­ve­dor dra­ma des­can­sa en su sóli­do elen­co, espe­cial­men­te agra­cia­do por la exce­len­te carac­te­ri­za­ción de Rodri­go de la Ser­na en el per­so­na­je protagónico.

Aun­que el rela­to abun­da en refe­ren­cias de lo acon­te­ci­do en el país sud­ame­ri­cano, la sóli­da direc­ción de Gog­gi per­mi­te que el film adquie­ra tras­cen­den­cia internacional.

Copa 71 (Gran Bretaña)

No es nece­sa­rio ser adic­to al fút­bol para apre­ciar este efi­caz docu­men­tal demos­tran­do que este popu­la­rí­si­mo depor­te mun­dial no es atri­bu­to exclu­si­vo del géne­ro masculino.

A tra­vés de impor­tan­te mate­rial de archi­vo y de entre­vis­tas rea­li­za­das a la hora actual, el film de Rachel Ram­say y James Ers­ki­ne con­si­de­ra la cele­bra­ción del cam­peo­na­to mun­dial feme­nino que tuvo lugar en Méxi­co en 1971. En esa épo­ca la prác­ti­ca de este depor­te rea­li­za­do por muje­res no era bien mira­do por el con­tex­to social rei­nan­te. Esa limi­ta­ción no solo alcan­za­ba a los fami­lia­res de las depor­tis­tas sino tam­bién a la FIFA (Fede­ra­ción Inter­na­cio­nal de Fút­bol Aso­cia­ción) que de nin­gu­na mane­ra apo­ya­ría ni reco­no­ce­ría un tor­neo mun­dial femenino.

Es la voz de Sere­na Williams quien en su comien­zo intro­du­ce al espec­ta­dor en la géne­sis de esta his­to­ria para pos­te­rior­men­te pro­se­guir con el rela­to comen­ta­do por algu­nas de las muje­res que habían par­ti­ci­pa­do en el even­to. Entre las mis­mas inter­vie­nen Elba Sel­va (Argen­ti­na), Nico­le Man­gas (Fran­cia), Sil­via Zara­go­za y Elvi­ra Ara­cén (Méxi­co), Carol Wil­son (Ingla­te­rra), Ele­na Schia­vo (Ita­lia), Bir­te Kjems y Ann Sten­gard (Dina­mar­ca) quie­nes comen­tan sus his­to­rias per­so­na­les y los obs­tácu­los que tuvie­ron que supe­rar para con­cre­tar su voca­ción depor­tis­ta; asi­mis­mo es de espe­cial inte­rés la con­tri­bu­ción del his­to­ria­dor David Gold­blatt efec­tuan­do una rese­ña del depor­te a lo lar­go del siglo pasado.

Al pro­pio tiem­po gran par­te del metra­je expo­ne los momen­tos más emo­cio­nan­tes de los par­ti­dos dispu­tados por Argen­ti­na, Fran­cia, Méxi­co, Ingla­te­rra, Ita­lia y Dina­mar­ca a par­tir del 15 de agos­to de 1971. Este Cam­peo­na­to Mun­dial Feme­nino cul­mi­nó el 5 de sep­tiem­bre con la asis­ten­cia de más de 100 mil per­so­nas en el Esta­dio Azte­ca de la Ciu­dad de Méxi­co don­de se reali­zó el elec­tri­zan­te encuen­tro de los juga­do­res de Méxi­co y Dina­mar­ca con el rotun­do e indis­cu­ti­do triun­fo del equi­po danés que fue galar­do­na­do con la céle­bre Copa.

La Copa 71 que­da regis­tra­do como el más con­cu­rri­do even­to depor­ti­vo de la his­to­ria y tal como se acla­ra en los cré­di­tos fina­les su esta­tus de copa mun­dial aún no es reco­no­ci­do por la FIFA, no obs­tan­te que hoy día el depor­te de fút­bol feme­nino es el de mayor cre­ci­mien­to en el planeta.

En esen­cia, Ers­ki­ne y Ram­say ofre­cen con este ameno docu­men­tal un cáli­do y jus­ti­cie­ro home­na­je a las muje­res que aman y prac­ti­can el fútbol.

The Dead Don’t Hurt (Méxi­co-Cana­dá-Dina­mar­ca)

El apre­cia­ble géne­ro del wes­tern cobra nue­vo alien­to en esta pro­duc­ción fil­ma­da con sumo esme­ro por Vig­go Mor­ten­sen quien ade­más de rea­li­za­dor y guio­nis­ta par­ti­ci­pa como actor.

The Dead Don’t Hurt

La acción comien­za en la fron­te­ra del oes­te ame­ri­cano en los años 60 del siglo 19 don­de el inmi­gran­te danés Hol­ger Olsen (Mor­ten­sen) sepul­ta a Vivien­ne Le Coudy (Vicky Krieps), su que­ri­da mujer fran­co cana­dien­se que falle­ció de una enfer­me­dad no especificada.

De inme­dia­to la his­to­ria retro­ce­de al pasa­do en don­de se obser­va como Hol­ger y su mujer lle­ga­ron a cono­cer­se en San Fran­cis­co, sur­gien­do de inme­dia­to una rápi­da comu­ni­ca­ción y sim­pa­tía que moti­vó a unir sus vidas a pesar de que ella ha rehu­sa­do a casar­se. Vivien­do en un remo­to y deso­la­do sec­tor de Neva­da, como mujer inde­pen­dien­te ella que solía ven­der flo­res con­si­gue un empleo en la taber­na local, en tan­to que Hol­ger se desem­pe­ña como carpintero.

La región tie­ne como alcal­de a Rudolph Schi­ller (Danny Hus­ton), un corrup­to indi­vi­duo vin­cu­la­do con el pode­ro­so terra­te­nien­te Alfred Jef­fries (Garret Dillahunt) cuyo vio­len­to hijo Wes­ton (Solly McLeod) se sola­za matan­do a mexi­ca­nos sin moti­vo alguno.

La vida trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te sin que nada per­tur­be la feli­ci­dad de la pare­ja has­ta que al comen­zar la gue­rra civil Hol­ger deci­de enlis­tar­se como volun­ta­rio en el ejér­ci­to; si bien Vivian­ne no está de acuer­do con la deci­sión de su mari­do, ella evi­ta inter­fe­rir en la misma.

La situa­ción se com­pli­ca para Vivian­ne cuan­do estan­do sola recha­za ter­mi­nan­te­men­te los avan­ces amo­ro­sos de Wes­ton quien final­men­te la aba­te y vio­la salvajemente.

Cuan­do des­pués de algu­nos años de ausen­cia Hol­ger retor­na al hogar, com­prue­ba muy a su pesar que su mujer es madre de un niño. Aun­que él acep­ta con noble­za el rol de padre para un hijo que no es suyo, no dura­rá mucho el enfren­ta­mien­to que man­ten­drá con el villano Wes­ton y cuyo resul­ta­do es obvia­men­te predecible.

Sin lle­gar a nive­les de excep­ción, la his­to­ria atrae por la entra­ña­ble y román­ti­ca rela­ción de Vivien­ne y Hol­ger, a pesar de algu­nas ins­tan­cias de des­acuer­do y obs­tácu­los que deben supe­rar. Con una bue­na rea­li­za­ción, Mor­ten­sen se valió de un buen elen­co en don­de pre­do­mi­na la irre­pro­cha­ble actua­ción de Vicky Krieps. En los aspec­tos téc­ni­cos se des­ta­ca la muy bue­na foto­gra­fía de Mar­cel Zys­kind otor­gan­do al film un atrac­ti­vo esti­lo visual.

A Nor­mal Family (Corea del Sur)

Del renom­bra­do rea­li­za­dor sur­co­reano Hur Jin-ho lle­ga a la pan­ta­lla un inquie­tan­te rela­to imbui­do de con­si­de­ra­ble con­no­ta­ción moral. Basa­do en la nove­la holan­de­sa Het Diner (La Cena) de Her­man Koch, la adap­ta­ción rea­li­za­da por los guio­nis­tas Park Eun-kyo y Joon-seok con­fi­gu­ra un valio­so apor­te en la medi­da que el cineas­ta cap­tó en toda su dimen­sión las vici­si­tu­des pro­du­ci­das en el seno de dos fami­lias que a des­pe­cho del títu­lo del film se apar­tan de los cáno­nes normales.

La pelí­cu­la comien­za con un enco­le­ri­za­do inci­den­te calle­je­ro que se pro­du­ce entre dos con­duc­to­res de autos en don­de uno de ellos ter­mi­na­rá muer­to dejan­do en el vehícu­lo a su hiji­ta heri­da. El exi­to­so abo­ga­do cri­mi­na­lis­ta Jae-wan (Sol Kyung-gu) asu­me la defen­sa del homi­ci­da en tan­to que su her­mano menor Jae-gyu (Jang Dong-gun) que es médi­co pedia­tra tie­ne a su car­go la ope­ra­ción de la niña gra­ve­men­te mal­tre­cha. De allí se van cono­cien­do las per­so­na­li­da­des de dos her­ma­nos con prin­ci­pios éti­cos bien dife­ren­tes; así, mien­tras el legis­ta sólo está intere­sa­do en el bene­fi­cio pecu­nia­rio que le pro­vee su pro­fe­sión sin impor­tar­le a quien tie­ne que defen­der, el médi­co en cam­bio ante­po­ne el sanea­mien­to de sus pacien­tes como obje­ti­vo pri­mor­dial sin que el dine­ro entre en juego.

Jae Wan con su joven espo­sa Ji-su (Clau­dia Kim) y Jae-gyu con su cón­yu­ge Yeon-kyung (Kim Hee-ae) sue­len reu­nir­se con cier­ta fre­cuen­cia para cenar en sun­tuo­sos res­tau­ran­tes man­te­nien­do entre ellos una bue­na rela­ción fami­liar. Eso se extien­de tam­bién a la amis­tad rei­nan­te entre los pri­mos ado­les­cen­tes Si-ho (hijo de Jae-gyu) y Hye-yoon (hija de Jae-wan).

Si bien el rela­to está impreg­na­do de varias situa­cio­nes vio­len­tas, la más con­tun­den­te se pro­du­ce cuan­do ambos ado­les­cen­tes des­pués de haber sali­do de una fies­ta, a tra­vés de un bru­tal epi­so­dio con un hom­bre sin hogar que se encuen­tra en la calle le oca­sio­nan su muer­te y eso que­da regis­tra­do en una cáma­ra de video. Es ahí don­de ese cri­men moti­va a que el rela­to cobre con­si­de­ra­ble dra­ma­ti­ci­dad en la medi­da que los res­pec­ti­vos padres adop­tan posi­cio­nes drás­ti­ca­men­te opues­tas con res­pec­to a cómo tra­tar esta tra­ge­dia. En tan­to que Jae-gyu a toda cos­ta quie­re pro­te­ger a su hijo dejan­do de lado sus altos prin­ci­pios mora­les, Jae-wan posi­ble­men­te por un pro­ble­ma de con­cien­cia está resuel­to a denun­ciar a la poli­cía el ase­si­na­to come­ti­do por los ado­les­cen­tes. En con­se­cuen­cia, la rela­ción de ambas fami­lias se desin­te­gran por com­ple­to gene­ran­do un cli­ma de máxi­ma ten­sión que con­du­ce a un des­en­la­ce que si bien pue­de ser obje­to de dis­cu­sión de todos modos resul­ta con­vin­cen­te tal como está expuesto.

Con una des­crip­ción minu­cio­sa de sus per­so­na­jes y adop­tan­do un diná­mi­co rit­mo, Hur Jin-ho brin­da un exce­len­te film resal­tan­do cómo la mora­li­dad huma­na pue­de refle­jar dis­pa­res sen­ti­mien­tos cuan­do entra en jue­go la pro­tec­ción de los hijos.

Without Air (Hun­gría)

Nue­va­men­te en la sec­ción Dis­co­very del TIFF resul­ta gra­ti­fi­can­te des­cu­brir a nove­les cineas­tass como en este caso acon­te­ce con Kata­lin Mol­do­vai quien en su pri­mer lar­go­me­tra­je demues­tra poseer un sóli­do talento.

Without Air

El guión de la rea­li­za­do­ra y Zita Palóc­zi ubi­ca la acción en una peque­ña ciu­dad de Hun­gría pre­sen­tan­do a Ana (Ágnes Krasz­nahor­kai), pro­fe­so­ra de lite­ra­tu­ra en la escue­la Balas­si de ense­ñan­za media. A tra­vés de varios años de deno­da­da labor se ha gran­jea­do el res­pe­to de Eva (Tün­de Sko­vrán) que es la direc­to­ra del esta­ble­ci­mien­to, de sus cole­gas y sobre todo del alum­na­do inte­gra­do por jóve­nes de 17 años quie­nes han vis­to en ella a una pre­cur­so­ra e ins­pi­ra­do­ra lite­ra­ria median­te los tex­tos leí­dos en cla­se, inclu­yen­do las poe­sías. Como lo ha hecho en el pasa­do, des­pués de una cla­se dedi­ca­da al poe­ta Arthur Rim­baud, Ana sugie­re a los alum­nos que vean el film de 1995 Total Eclip­se de Agniesz­ka Holland, en don­de se ilus­tra la rela­ción amo­ro­sa man­te­ni­da entre Rim­baud y el poe­ta Paul Ver­lai­ne; sin duda algu­na el pro­pó­si­to de la visión resi­de en su con­te­ni­do poé­ti­co y de nin­gu­na mane­ra en el víncu­lo sexual de estos poetas.

El con­flic­to dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do el con­ser­va­dor padre de Vik­tor (Soma Sán­dor), uno de sus más des­ta­ca­dos alum­nos, obser­va a su hijo vien­do el film; de mane­ra impul­si­va se diri­ge a la escue­la adu­cien­do la inapro­pia­da con­duc­ta de Anna por reco­men­dar una pelí­cu­la que pue­de corrom­per a los alum­nos por su con­te­ni­do homo­se­xual. A par­tir de ese momen­to Ana se encuen­tra en un labe­rin­to kaf­kiano sin ima­gi­nar cómo ese film lle­ga a ser la cau­sa de reci­bir una posi­ble amo­nes­ta­ción. Tenien­do en cuen­ta que la escue­la está por cele­brar el ses­qui­cen­te­na­rio de su fun­da­ción y que el inci­den­te pro­du­ci­do pue­da dañar su ima­gen con la posi­bi­li­dad de no obte­ner sub­si­dios finan­cie­ros de la alcal­día, la direc­to­ra no obs­tan­te tener una exce­len­te opi­nión de la pro­fe­so­ra, la san­cio­na con una reprimenda.

Ante seme­jan­te injus­ti­cia, Ana deci­de ape­lar la sen­ten­cia para que la mis­ma sea anu­la­da. Sin embar­go, su acti­tud cau­sa inusi­ta­do revue­lo y para peor se agra­va al alcan­zar difu­sión públi­ca. A tra­vés de la mar­gi­na­li­za­ción que va expe­ri­men­tan­do ella com­prue­ba el pusi­lá­ni­me medio social que la rodea.

Sin caer en dema­go­gia algu­na, con este valien­te y audaz film remar­ca­ble­men­te eje­cu­ta­do la novel rea­li­za­do­ra efec­túa una cla­ra denun­cia de la into­le­ran­cia, cinis­mo, per­ver­sión y des­in­for­ma­ción rei­nan­te así como la ausen­cia de una autén­ti­ca liber­tad de expresión.

Nota: Las fotos han sido sumi­nis­tra­das por el TIFF