Bello Home­na­je al Sép­ti­mo Arte

LA ÚLTI­MA PELÍ­CU­LA. India, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Pan Nalin. 110 minutos

Aun­que el cine que pro­vie­ne de India ha sido popu­la­ri­za­do por los fil­mes de Bolly­wood, sin embar­go su cine­ma­to­gra­fía ha ofre­ci­do muchas obras artís­ti­cas como las apre­cia­das en los tra­ba­jos ofre­ci­dos por el gran cineas­ta Sat­ya­jit Ray a media­dos del siglo pasa­do. Eso vie­ne al caso por­que de tan­to en tan­to y al mar­gen de los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les, es posi­ble apre­ciar en la car­te­le­ra de los cines un film de nota­ble cali­dad, como es el caso de La Últi­ma Pelí­cu­la del rea­li­za­dor indio Pan Nalin.

Bha­vesh Shri­ma­li y Bha­vin Rabari

Habien­do sido ins­pi­ra­do por sus recuer­dos de infan­cia, en un guión que le per­te­ne­ce el rea­li­za­dor rela­ta la emo­ti­va his­to­ria de Samay (Bha­vin Raba­ri), un niño de 9 años vivien­do con su humil­de fami­lia en la aldea de Cha­la­la; en ese lugar ubi­ca­do cer­ca de la esta­ción ferro­via­ria, su padre tie­ne un kios­co don­de ven­de té cuan­do el tren allí se detie­ne por algu­nos minu­tos. En una sali­da al pue­blo cer­cano que efec­túa con los suyos para ver una pelí­cu­la reli­gio­sa en el úni­co cine exis­ten­te, Samay se sien­te des­lum­bra­do de lo que por pri­me­ra vez en su vida ve en pan­ta­lla y es allí don­de sur­ge su pasión por el sép­ti­mo arte. A pesar de que su padre (Dipen Raval) no está de acuer­do con el entu­sias­mo demos­tra­do por su hijo ya que cree que la cine­ma­to­gra­fía es una pro­fe­sión nada atrac­ti­va, el chi­co se inge­nia para seguir vien­do pelí­cu­las; así logra rela­cio­nar­se con Fazal (Bha­vesh Shri­ma­li), el pro­yec­cio­nis­ta del cine que a cam­bio de comi­da pre­pa­ra­da por su madre (Richa Mee­na), le per­mi­te ver gra­tui­ta­men­te los fil­mes que se exhi­ben dia­ria­men­te des­de la sala de pro­yec­ción. De allí en más, el niño con su pan­di­lla de ami­gos, uti­li­zan­do un medio inno­va­dor con­si­guen ela­bo­rar un apa­ra­to de pro­yec­ción para poder visio­nar pelí­cu­las de 35 milí­me­tros a tra­vés de los rollos que han logra­do procurarse.

Sin entrar a mayo­res deta­lles de lo que pro­si­gue en esta his­to­ria, lo que resul­ta intere­san­te es apre­ciar cómo la nue­va tec­no­lo­gía digi­tal deja de lado los rollos de cine y el modo en que el papel tra­di­cio­nal de pro­yec­cio­nis­ta tien­de a desaparecer.

Aun­que La Últi­ma Pelí­cu­la trae a la memo­ria el remar­ca­ble y nos­tál­gi­co rela­to de Cine­ma Para­di­so (1988) de Gui­sep­pe Tor­na­to­re, eso no dis­mi­nu­ye los valo­res intrín­se­cos de este enter­ne­ce­dor film. Con suma deli­ca­de­za Nalin expre­sa los sen­ti­mien­tos de Samay en poder con­cre­tar sus sue­ños de con­ce­bir una his­to­ria atrac­ti­va y fil­mar­la en el futu­ro, aun­que es cons­cien­te de los sacri­fi­cios que debe­rá rea­li­zar para lograr­lo; en tal sen­ti­do la inter­pre­ta­ción de Raba­ri es de admi­ra­ble auten­ti­ci­dad, asi­mis­mo como la actua­ción del res­to del elen­co per­mi­tien­do que el espec­ta­dor pue­da empa­ti­zar fácil­men­te con sus personajes.

Como un bello home­na­je a los gran­des maes­tros que hicie­ron posi­ble la magia del cine, Nalin expre­sa su reco­no­ci­mien­to, entre otros, a los Her­ma­nos Lumiè­re, Ead­weard Muy­brid­ge, Char­les Cha­plin, Vit­to­rio de Sica, David Lean, Stan­ley Kubrick, Jean-Luc Godard, Miche­lan­ge­lo Anto­nio­ni, Fran­cis Cop­po­la, Andrei Tar­kovsky, Alfred Hitch­cock, Ing­mar Berg­man, Fede­ri­co Felli­ni y Mar­tin Scor­ce­se. Jor­ge Gutman

Cap­tan­do la vida de una artista

SHO­WING UP. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Kelly Reichardt. 108 minutos

Pre­sen­ta­do en el Fes­ti­val de Can­nes 2022 aho­ra se estre­na Sho­wing Up, el octa­vo film de la inte­li­gen­te rea­li­za­do­ra Kelly Reichardt y que por cuar­ta vez cuen­ta con Miche­lle Williams como pro­ta­go­nis­ta. Explo­ran­do el mun­do del arte, el film adop­ta un tono asor­di­na­do en don­de los veri­cue­tos emo­cio­na­les cuen­tan más que la his­to­ria en sí misma.

Miche­lle Williams

Este inti­mis­ta film basa­do en un guión de Reichardt escri­to con su habi­tual co-guio­nis­ta Jon Ray­mond, se cen­tra en Lizzy (Williams), una escul­to­ra de natu­ra­le­za soli­ta­ria y retraí­da que vive en la ciu­dad de Portland; ella está com­ple­tan­do sus bellas escul­tu­ras rea­li­za­das en cerá­mi­ca para una expo­si­ción que ten­drá lugar den­tro de pocos días. Resi­dien­do en una vivien­da alqui­la­da cuya due­ña y veci­na es Jo (Hong Chau), tam­bién una artis­ta aun­que de mayor éxi­to, man­tie­ne con ella una bue­na rela­ción, aun­que Lizzy no pue­de ocul­tar su frus­tra­ción por no con­tar des­de hace varios días con agua calien­te para duchar­se. Esa situa­ción más bien anec­dó­ti­ca se une a otra en la que el gato de la escul­to­ra ha daña­do a una palo­ma que se intro­du­jo en su casa y es así que bue­na par­te del metra­je está des­ti­na­do a tra­tar de curar el ala daña­da del ave.

Entre otros aspec­tos que nutren al rela­to es la visi­ta que Lizzy rea­li­za a la casa de su padre Bill (Judd Hirsh) quien es tam­bién un artis­ta escul­tor ya jubi­la­do que la apo­ya en su tra­ba­jo y que en esos momen­tos alo­ja a unos ami­gos hip­pies (Aman­da Plum­mer y Mat Molloy) pro­ce­den­tes de Cana­dá. Pos­te­rior­men­te la escul­to­ra se diri­ge a lo de su her­mano Sean (John Maga­ro) quien enfer­mo de esqui­zo­fre­nia man­tie­ne con él un afec­ti­vo víncu­lo. En lo que se refie­re a su tra­ba­jo espe­cí­fi­co, ella asis­te a una escue­la de arte en don­de su madre Jean (Mar­yann Plun­kett) es su jefa y la admi­nis­tra­do­ra del mis­mo; en ese lugar, Lizzy reci­be las ense­ñan­zas de su pro­fe­sor Eric (André Benjamin).

Sin que exis­ta en el rela­to un con­flic­to deci­di­da­men­te dra­má­ti­co, la direc­to­ra adop­ta un tono con­te­ni­do a tra­vés de esce­nas coti­dia­nas refle­jan­do el esti­lo de vida de su pro­ta­go­nis­ta: es así que sin esbo­zar son­ri­sa algu­na a lo lar­go del rela­to se con­tem­pla a Lizzy como una per­so­na vul­ne­ra­ble e inse­gu­ra mien­tras va atra­ve­san­do el pro­ce­so de crea­ción artís­ti­ca. No obs­tan­te que la inau­gu­ra­ción de su expo­si­ción resul­ta exi­to­sa, el des­en­la­ce abier­to de esta his­to­ria per­mi­te supo­ner que ese hecho no sig­ni­fi­ca­rá nece­sa­ria­men­te una mar­ca­da dife­ren­cia en su vida y por lo tan­to ella debe­rá rede­fi­nir­se para encon­trar el lugar pre­ci­so que anhe­la como escultora.

Los valo­res de Sho­wing Up radi­can en la bue­na con­cep­ción escé­ni­ca de Rein­chardt, el desem­pe­ño de un cali­fi­ca­do elen­co don­de se des­ta­ca la impe­ca­ble actua­ción de la dúc­til Williams carac­te­ri­zan­do a un com­ple­jo per­so­na­je y el exce­len­te dise­ño de pro­duc­ción de Anthony Gas­pa­rro. En esen­cia se asis­te a una his­to­ria mini­ma­lis­ta nutri­da de epi­só­di­cos inci­den­tes que a veces ate­núan su rit­mo, aun­que eso no afec­ta­rá a los ciné­fi­los incli­na­dos por el cine de autor de la rea­li­za­do­ra. Jor­ge Gutman

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Una Per­se­ve­ran­te Gremialista

LA SYN­DI­CA­LIS­TE. Fran­cia, 2022. Un film de Jean-Paul Salo­mé. 121 minutos

Nue­va­men­te el cine tes­ti­mo­nia un vio­len­to epi­so­dio acon­te­ci­do en Fran­cia, pla­ga­do de escán­da­los, corrup­ción y difa­ma­ción feme­ni­na, entre otros lame­na­bles aspec­tos. Ilus­tran­do el caso de una vale­ro­sa dele­ga­da sin­di­cal, el rea­li­za­dor Jean-Paul Salo­mé logra en La Syn­di­ca­lis­te un dra­ma de alta ten­sión cuyo incues­tio­na­ble sus­pen­so man­tie­ne en vilo a la audien­cia des­de el ini­cio has­ta su desenlace.

Isa­be­lle Huppert

El rea­li­za­dor jun­to con Fadet­te Drouard son auto­res del guión basa­do en el libro homó­ni­mo escri­to por la perio­dis­ta inves­ti­ga­do­ra Caro­li­ne Michel-Agui­rre. La his­to­ria comien­za el 17 de diciem­bre de 2012 cuan­do Mau­reen Kear­ney (Isa­be­lle Hup­pert) que es sin­di­ca­lis­ta de Are­va, una anti­gua com­pa­ñía nuclear mul­ti­na­cio­nal con sede social en Fran­cia, es asis­ti­da por haber sido bru­tal­men­te agre­di­da en su domicilio.

De inme­dia­to la acción retro­ce­de unos meses en don­de se obser­va que como líder sin­di­cal de la com­pa­ñía en que se desem­pe­ña, Mau­reen defien­de a raja­ta­bla el empleo de miles de tra­ba­ja­do­res. Ella ha logra­do man­te­ner una muy bue­na rela­ción a la vez que de amis­tad con Anne Lau­ver­geon (Mari­na Fois), la direc­to­ra eje­cu­ti­va quien a tra­vés de una manio­bra polí­ti­ca es des­pe­di­da de su empleo. En lo suce­si­vo Mau­reen debe tra­ba­jar con su reem­pla­zan­te Luc Our­sel (Yvan Attal), un indi­vi­duo pro­fun­da­men­te misó­gino quien pre­fie­re que ella no se inmis­cu­ya dema­sia­do en los asun­tos de la com­pa­ñía y se dedi­que más bien a su acti­vi­dad alter­na­ti­va de pro­fe­so­ra de inglés.

El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce cuan­do median­te un infor­man­te de la agen­cia EDF (Elec­tri­ci­té de Fran­ce) Mau­reen se impo­ne que sus eje­cu­ti­vos en com­bi­na­ción con los de Are­va están por rea­li­zar nego­cios con una empre­sa nuclear chi­na; eso impli­ca­ría el des­pi­do de innu­me­ra­bles tra­ba­ja­do­res de la empre­sa nuclear. En con­se­cuen­cia y muni­da de paten­tes prue­bas la sin­di­ca­lis­ta se embar­ca en la misión de denun­ciar esa manio­bra, entran­do en con­tac­to con altos fun­cio­na­rios del gobierno de Hollan­de has­ta inclu­so tra­tan­do de obte­ner una entre­vis­ta con el pre­si­den­te. Como resul­ta­do de su acti­vi­dad, ella es obje­to de anó­ni­mos lla­ma­dos tele­fó­ni­cos ame­na­zan­tes como asi­mis­mo mien­tras está con­du­cien­do su coche un moto­ci­clis­ta vio­len­ta­men­te des­tru­ye una de sus ven­ta­nas. Eso no la inmu­ta para seguir des­ple­gan­do su ges­tión con­tan­do con el apo­yo de Gilles (Gre­gory Gade­bois) su bon­da­do­so mari­do músi­co has­ta el momen­to de la sal­va­je agre­sión de la que ha sido víc­ti­ma. Una emplea­da que se ocu­pa de la lim­pie­za de la casa de la gre­mia­lis­ta al lle­gar a su domi­ci­lio la encuen­tra mania­ta­da en una silla, con los ojos ven­da­dos, amor­da­za­da, expo­nien­do una seve­ra mar­ca en el cuer­po y con un cuchi­llo ensan­gren­ta­do intro­du­ci­do en su vagi­na, des­pués de haber sido vio­la­da por un desconocido.

Efec­tua­da la denun­cia del ata­que infli­gi­do, la auto­ri­dad poli­cial no da cré­di­to a lo que la sin­di­ca­lis­ta mani­fies­ta, por­que ella adu­ce no haber vis­to la cara del vic­ti­ma­rio, igno­ra cómo entró a su domi­ci­lio y sin prue­ba algu­na que sus­ten­te lo que afir­ma; en con­se­cuen­cia, esta mujer de víc­ti­ma pasa a ser sos­pe­cho­sa, don­de un eje­cu­ti­vo de Are­va la des­cri­be como una per­so­na prác­ti­ca­men­te loca e ines­ta­ble. En 2017 la cor­te judi­cial de Ver­sa­lles la con­si­de­ra cul­pa­ble por haber men­ti­do, dic­tan­do una sen­ten­cia sus­pen­di­da. No obs­tan­te las humi­lla­cio­nes sufri­das en su con­di­ción de mujer, ella ape­la el vere­dic­to y en un segun­do jui­cio rea­li­za­do en 2018 es decla­ra­da inocente.

Curio­sa­men­te has­ta la fecha aún no se ha lle­ga­do a saber quién ha sido el autor del ata­que. Lo que si se ha deter­mi­na­do es que la pro­fe­cía de Kear­ney se ha cum­pli­do al haber que­da­do gran par­te del per­so­nal de Are­va sin empleo.

Ya no es nece­sa­rio remar­car que Hup­pert es una extra­or­di­na­ria actriz inter­na­cio­nal y due­ña de una increí­ble ver­sa­ti­li­dad como lo demues­tra aquí ani­man­do el absor­ben­te rol pro­ta­gó­ni­co de una infa­ti­ga­ble sin­di­ca­lis­ta luchan­do con un asfi­xian­te sis­te­ma; así Hup­pert deja de ser quien es para con­ver­tir­se en cuer­po y alma en Mau­reen Kear­ney. Sin embar­go, su memo­ra­ble inter­pre­ta­ción no hace som­bra a las inta­cha­bles com­po­si­cio­nes que Fois, Attal y Gade­bois logran en sus res­pec­ti­vos personajes.

Con un ágil rit­mo y un remar­ca­ble guión Salo­mé ilus­tra cómo el poder polí­ti­co pue­de influir en el cur­so de los acon­te­ci­mien­tos y cómo por el hecho de ser mujer esta sin­di­ca­lis­ta ha sido mano­sea­da y tra­ta­da vil­men­te. Sin duda algu­na hay mate­rial de sobra para refle­xio­nar y dis­cu­tir en este fas­ci­nan­te film. Jor­ge Gutman

Un Pro­lí­fi­co Acuer­do Comercial

AIR. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Ben Affleck. 111 minutos

Con los ante­ce­den­tes de haber rea­li­za­do varias nota­bles pelí­cu­las, como lo han sido entre otras Gone Baby Gone (2007), Argo ((2012) que ganó el Oscar al mejor film del año y Live By Night (2016), Ben Affleck retor­na como efi­cien­te rea­li­za­dor y a su vez como actor y pro­duc­tor en Air. Esta muy entre­te­ni­da come­dia dra­má­ti­ca; rela­ta la his­to­ria que vin­cu­ló con­trac­tual­men­te a Michael Jor­dan con la com­pa­ñía Nike dedi­ca­da al dise­ño, fabri­ca­ción y comer­cia­li­za­ción de equi­po deportivo.

Matt Damon

La acción se desa­rro­lla en 1984 cuan­do Nike ocu­pa el ter­cer ran­go en su acti­vi­dad comer­cial fren­te a las fuer­te­men­te com­pe­ti­do­ras Adi­das y Con­ver­se que lide­ran la indus­tria de zapa­ti­llas depor­ti­vas. Phil Knight (Affleck), el cofun­da­dor y direc­tor de Nike, atien­de las reco­men­da­cio­nes del res­pon­sa­ble de mar­ke­ting Rob Stras­ser (Jason Bate­man) sobre la nece­si­dad de vigo­ri­zar la divi­sión de cal­za­do de bás­quet para que la fir­ma pue­da com­pe­tir con mayor fuer­za en el mer­ca­do. En con­se­cuen­cia Knight enco­mien­da a Sonny Vac­ca­ro (Matt Damon), uno de sus emplea­dos y aman­te del bás­quet, para que se ocu­pe del asunto.

Al haber Vac­ca­ro com­pro­ba­do el impor­tan­te desem­pe­ño del joven bas­quet­bo­lis­ta Michael Jor­dan en un cam­peo­na­to uni­ver­si­ta­rio, su agu­do ins­tin­to le hace creer que el depor­tis­ta es la per­so­na ideal que per­mi­ti­rá pro­mo­ver el lan­za­mien­to de una nue­va línea de cal­za­do depor­ti­vo de la empre­sa y es así que es nece­sa­rio lograr su adhe­sión a la mis­ma. Sin embar­go, la idea de Sonny encuen­tra resis­ten­cia dado que Jor­dan no es muy cono­ci­do y por­que ade­más la difi­cul­to­sa situa­ción finan­cie­ra de la empre­sa dis­po­nien­do sola­men­te de 250 mil dóla­res para con­tra­tar a 3 depor­tis­tas, no le per­mi­te arries­gar esa suma en el bas­quet­bo­lis­ta. Sin embar­go, el per­se­ve­ran­te Sonny no se da por ven­ci­do, tra­tan­do en prin­ci­pio de con­tac­tar a David Falk (Chris Mes­si­na), el agen­te de Jor­dan, pero dado el tra­to poco agra­da­ble que tele­fó­ni­ca­men­te reci­be de él, adop­ta una drás­ti­ca deci­sión; así, via­ja a North Caro­li­na don­de Michael (Damian Young) resi­de con su fami­lia. En ese lugar, él des­plie­ga sus máxi­mos esfuer­zos para con­ven­cer a su noble madre Delo­ris (Vio­la Davis) para que per­sua­da a su hijo en aso­ciar­se a Nike; es pre­ci­sa­men­te esta mujer quien ejer­ce gran influen­cia en lo que con­cier­ne a la carre­ra de Michael y es por ello una per­so­na cla­ve para que pue­da lle­gar­se a una solu­ción favorable.

Aun­que el des­en­la­ce feliz de esta his­to­ria es bien cono­ci­do, con el con­tra­to lucra­ti­vo logra­do entre ambas par­tes median­te el mar­ke­ting del esti­lo úni­co de zapa­ti­llas de bás­quet­bol Air Jor­dan crea­do por el remar­ca­ble dise­ña­dor Peter Moo­re (Matthew Maher), eso no ate­núa en abso­lu­to el sus­pen­so man­te­ni­do a lo lar­go de su desarrollo.

Una vez más Affleck reafir­ma su con­di­ción de sóli­do narra­dor. Adop­tan­do un esti­lo clá­si­co y sin recu­rrir a enma­ra­ña­das com­pli­ca­cio­nes, el rea­li­za­dor impri­me un pecu­liar dina­mis­mo a lo que rela­ta per­mi­tien­do que el espec­ta­dor dis­fru­te ple­na­men­te con esta historia.

Otro de los méri­tos que valo­ri­zan al film es el del bien cons­trui­do guión de Alex Con­very logran­do una muy bue­na des­crip­ción del com­por­ta­mien­to de sus per­so­na­jes y agra­cia­do por la irre­pro­cha­ble com­po­si­ción de su cali­fi­ca­do elen­co. Damon des­te­lla como el empe­der­ni­do y tozu­do pro­ta­go­nis­ta capaz de lograr lo que se pro­po­ne a pesar de que en cier­tos momen­tos la duda lo asal­te. Davis mag­ní­fi­ca­men­te impri­me for­ta­le­za, com­pren­sión al per­so­na­je de una madre cora­je dis­pues­ta a defen­der los intere­ses de su hijo en la nego­cia­ción final del con­tra­to. Igual­men­te expre­san com­ple­ta auten­ti­ci­dad Bate­man y Chris Tuc­ker como los cole­gas de Vac­ca­ro, así como Mes­si­na y Affleck en roles de apoyo.

En suma, resul­ta suma­men­te pla­cen­te­ro asis­tir a esta idí­li­ca fábu­la de la vida real en don­de en este caso el sue­ño ame­ri­cano se mate­ria­li­za a tra­vés de uno de los más pro­lí­fi­cos acuer­dos comer­cia­les regis­tra­dos en la his­to­ria del depor­te. Jor­ge Gutman

Las Apa­rien­cias Engañan

MON CRI­ME / THE CRI­ME IS MINE. Fran­cia, 2023. Un film de Fra­nçois Ozon. Fran­ce. 2023. 102 minutos

A tra­vés de 22 tra­ba­jos rea­li­za­dos en dos déca­das y media el ver­sá­til rea­li­za­dor Fra­nçois Ozon con­ti­núa impre­sio­nan­do mag­ní­fi­ca­men­te. Si bien podría afir­mar­se que su fuer­te es el dra­ma asi­mis­mo tran­si­tó en exi­to­sas come­dias como lo fue­ron 8 Muje­res (2002) y Poti­che (2010), entre otras, aho­ra retor­na exi­to­sa­men­te a este géne­ro con Mon Cri­me.

El libre­to de Ozon escri­to con Phi­lip­pe Piaz­zo está basa­do en la obra homó­ni­ma de 1934 de Geor­ges Berr y Louis Ver­neuil; en esta opor­tu­ni­dad el rea­li­za­dor ubi­ca la acción en 1935 y como ardien­te femi­nis­ta cri­ti­ca las res­tric­cio­nes de la mujer en la socie­dad fran­ce­sa de ese enton­ces don­de cual­quier paso a dar esta­ba suje­to a la volun­tad de su con­tra­par­te masculina.

Nadia Teres­kie­wicz

Al comien­zo del rela­to que trans­cu­rre en París se asis­te a los pro­ble­mas finan­cie­ros que afec­tan a dos jóve­nes ami­gas que com­par­ten un depar­ta­men­to en don­de se encuen­tran pre­sio­na­das por el loca­dor del edi­fi­cio debi­do a los atra­sos del pago de arrien­do. Una de ellas es Pau­li­ne Mau­léon (Rebec­ca Mar­der), recién gra­dua­da de abo­ga­da pero sin clien­tes a la vis­ta; la otra mucha­cha es Made­lei­ne Ver­dier (Nadia Teres­kie­wicz) quien es una actriz sin mayor vue­lo que para lograr un peque­ño rol para una pelí­cu­la acu­de a la cita fija­da con su pode­ro­so pro­duc­tor Mont­fe­rrand (Jean-Chris­tophe Bou­vet); para su des­di­cha ella retor­na agi­ta­da a su vivien­da con­tán­do­le a Pau­li­ne que huyó deses­pe­ra­da de la pie­za del hotel en que se supo­nía que ese hom­bre la entre­vis­ta­ría, cuan­do él inten­tó violarla.

El con­flic­to se pro­du­ce cuan­do el pro­duc­tor apa­re­ce muer­to en su habi­ta­ción y el magis­tra­do judi­cial Rabus­set (Fabri­ce Luchi­ni) sos­pe­cha de Made­lei­ne. Fren­te a esta situa­ción las dos jóve­nes deci­den adop­tar una arries­ga­da estra­te­gia en la que Made­lei­ne que es ino­cen­te se decla­ra­rá cul­pa­ble. En tan­to que Pau­li­ne actúa como sagaz defen­so­ra de su ami­ga ante el tri­bu­nal de jus­ti­cia, Made­lei­ne mani­fies­ta que se vio for­za­da a come­ter el cri­men como auto­de­fen­sa al sen­tir­se ultra­ja­da por el sal­va­je pro­duc­tor. El resul­ta­do es que la supues­ta ase­si­na que­da absuel­ta de cul­pa y car­go por par­te de un jura­do exclu­si­va­men­te mas­cu­lino, logran­do una inmen­sa popu­la­ri­dad que le per­mi­te con­cre­tar sus sue­ños de impor­tan­te estre­lla de cine; por su par­te Pau­li­ne se ha pres­ti­gia­do como abo­ga­da de su ami­ga obte­nien­do una gran clien­te­la, en tan­to que Rabus­set expre­sa su enor­me satis­fac­ción por haber resuel­to el caso con máxi­ma rapi­dez. A todo ello André Bon­nard (Édouard Sul­pi­ce), que es el ena­mo­ra­do de Made­lei­ne e hijo de un acau­da­la­do empre­sa­rio (André Dus­so­lier), le pro­po­ne de inme­dia­to casa­mien­to cuan­do antes del inci­den­te había duda­do en hacerlo.

La come­dia adop­ta un ines­pe­ra­do giro cuan­do Odet­te Chau­met­te (Isa­be­lle Hup­pert), una extra­va­gan­te actriz del cine mudo y viu­da del pro­duc­tor a quien ase­si­nó por haber abu­sa­do de ella, apa­re­ce en esce­na y chan­ta­jea a Made­lei­ne y Pau­li­ne con denun­ciar la ver­dad a menos que le pro­vean una impor­tan­te suma de dinero.

En esta come­dia que asu­me en par­te el tono de far­sa, nada pue­de ser con­si­de­ra­do con abso­lu­ta serie­dad y eso poco impor­ta por­que lo que aquí tras­lu­ce son sus bri­llan­tes diá­lo­gos, el rit­mo diná­mi­co impre­so por Ozon y su mag­ní­fi­co elen­co. Si bien Teres­kie­wicz y Mar­der se desem­pe­ñan muy bien, Hup­pert hip­no­ti­za una vez más con su hila­ran­te com­po­si­ción al igual que el siem­pre ague­rri­do Luchi­ni; en pape­les de apo­yo igual­men­te se dis­tin­guen el vete­rano Dus­so­lier y Dany Boon. Entre otros aspec­tos resal­tan el dise­ño de pro­duc­ción de Jean Rabas­se repro­du­cien­do acer­ta­da­men­te la épo­ca en que trans­cu­rre el rela­to así como la foto­gra­fía de Manu Dacosse.

Ade­más de la pre­pon­de­ran­te soli­da­ri­dad exis­ten­te entre Made­lei­ne y Pau­li­ne, la pelí­cu­la para­dó­ji­ca­men­te ilus­tra un sis­te­ma judi­cial don­de la men­ti­ra obnu­bi­la a la ver­dad y sobre todo el empo­de­ra­mien­to de la mujer que bien pue­de apli­car­se al movi­mien­to actual del #metoo.

En resu­men, de la mano de Ozon el púbi­co asis­te a una fres­ca, lúci­da y opti­mis­ta come­dia. Jor­ge Gutman