El Sen­ti­mien­to de un Asno

EO. Polo­nia-Ita­lia, 2022. Un film de Jerzy Sko­li­mows­ki. 87 minutos

Des­pués de haber ofre­ci­do nota­bles tra­ba­jos duran­te varias déca­das, el octo­ge­na­rio rea­li­za­dor Jer­zi Sko­li­mows­ki demues­tra no haber per­di­do la ener­gía, auda­cia e inte­li­gen­cia que lo carac­te­ri­za brin­dan­do un remar­ca­ble film pro­ta­go­ni­za­do por un burro lla­ma­do Eo.

EO

La pelí­cu­la se ins­pi­ra en el exce­len­te film Au Hazard Baltha­zar que Rober­to Bres­son reali­zó en 1966; no obs­tan­te la dife­ren­cia estri­ba en que allí la his­to­ria esta­ba más cen­tra­da en los huma­nos explo­tan­do al ani­mal con un toque de sua­ve melan­co­lía; el film del cineas­ta pola­co se cen­tra fun­da­men­tal­men­te en el ani­mal, ade­más de ser más radi­cal y estar imbui­do por un suges­ti­vo len­gua­je audiovisual.

El guión del vete­rano direc­tor escri­to con Ewa Pias­kows­ka pre­sen­ta en su comien­zo a Eo tra­ba­jan­do en un cir­co de Polo­nia mane­ja­do por la joven Kasan­dra (San­dra Drzy­mal­s­ka) don­de que­da evi­den­cia­do el afec­tuo­so víncu­lo que los une; sin embar­go el orden nor­mal se alte­ra cuan­do las mani­fes­ta­cio­nes de mili­tan­tes eco­lo­gis­tas logran que el cir­co no se val­ga de ani­ma­les. De allí en más, comien­za el lar­go pere­gri­na­je del ani­mal atra­ve­san­do aven­tu­ras y des­ven­tu­ras en la medi­da que va cam­bian­do de mano.

Al prin­ci­pio se ve coro­na­do con un collar de zanaho­rias por par­te de cier­tos fun­cio­na­rios para, pos­te­rior­men­te reca­lar en una gran­ja de caba­llos; entre otros epi­so­dios se lo ve invo­lu­cra­do en un par­ti­do de fút­bol que con su inter­ven­ción per­mi­te que el equi­po local gane aun­que eso le redun­da­rá con­se­cuen­cias nega­ti­vas al ser ata­ca­do por el equi­po opues­to; otro seg­men­to inclu­ye el encuen­tro de Eo con un camio­ne­ro (Mateusz Kos­ciu­kie­wicz) con­du­cien­do una reme­sa de equinos.

Al pro­me­diar el rela­to, el asno se vin­cu­la con un joven cura (Loren­zo Zuzo­lo) que es el hijas­tro de una con­de­sa Ita­lia­na (Isa­be­lle Hup­pert), lo que ori­gi­na un epi­so­dio extem­po­rá­neo que pare­cie­ra per­te­ne­cer a otro film, aun­que no lle­ga a empa­ñar su con­te­ni­do global.

En ese reco­rri­do que efec­túa el ani­mal, que bien podría ase­me­jar­se al de un humano bus­can­do un lugar en el mun­do, va com­pro­ban­do el exa­ge­ra­do com­por­ta­mien­to de los huma­nos; es allí que tra­du­ce su sen­ti­mien­to de pena por la explo­ta­ción de que es obje­to al atra­ve­sar situa­cio­nes crue­les y vio­len­tas en un aza­ro­so mun­do de incier­to futuro.

En líneas gene­ra­les Sko­li­mows­ki expre­sa mag­ní­fi­ca­men­te el pen­sa­mien­to del asno que aun­que gene­ral­men­te se lo aso­cia como un ani­ma­li­to ter­co y obs­ti­na­do, tam­bién es capaz de demos­trar ter­nu­ra y cari­ño cuan­do es bien tra­ta­do y por ello sufre por estar sepa­ra­do de Kasandra.

En lo que con­cier­ne al elen­co, lo más des­ta­ca­ble es el tra­ba­jo de Eo trans­mi­tien­do la emo­ción de su per­so­na­je; no obs­tan­te es impor­tan­te acla­rar que para ello el rea­li­za­dor se valió de seis burros acto­res (Hola,Tako, Mariet­ta, Etto­re, Roc­co y Mela) que al estar muy bien ensam­bla­dos resul­ta difí­cil ima­gi­nar que así haya sido. Sobria­men­te diri­gi­do, Sko­li­mows­ki con­tó con la valio­sa cola­bo­ra­ción del fotó­gra­fo Michal Dymek y la acer­ta­da músi­ca de Pawel Mykietyn.

En suma, no obs­tan­te su tris­te his­to­ria, el film des­ti­la una mági­ca poe­sía capaz de sen­si­bi­li­zar al ciné­fi­lo exi­gen­te. Por sus inne­ga­bles méri­tos, Eo obtu­vo, en situa­ción de empa­te, el Pre­mio del Jura­do en el Fes­ti­val de Can­nes de este año. Jor­ge Gutman

Una Fic­ción Histórica

LE TIGRE ET LE PRÉ­SI­DENT. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film de Jean-Marc Pey­re­fit­te. 98 minutos

En su pri­mer lar­go­me­tra­je como rea­li­za­dor, Jean-Marc Pey­re­fit­te abor­da un rela­to his­tó­ri­co de Francia.

Tenien­do en cuen­ta que lo que se narra res­pon­de a la reali­dad de lo acon­te­ci­do, eso no impli­ca que en la fic­ción exis­tan algu­nas licen­cias dado que Le Tigre et le Pre­si­dent adop­ta el tono de come­dia antes que el de un autén­ti­co dra­ma político.

La acción que trans­cu­rre en 1920 cen­tra­li­za en prin­ci­pio su aten­ción en el Pre­si­den­te Paul Des­cha­nel (Jac­ques Gam­blin), un polí­ti­co que ese año lle­gó al poder imbui­do de gran­des idea­les. Sin embar­go sus nobles inten­cio­nes no pudie­ron con­cre­tar­se como él lo hubie­ra desea­do debi­do a su enfer­me­dad men­tal que lo con­du­jo a acti­tu­des extra­va­gan­tes; así, en un epi­so­dio acon­te­ci­do en la madru­ga­da del 20 de mayo de 1920, des­pués de haber inge­ri­do varios som­ní­fe­ros, des­apa­re­ció de su des­pa­cho por­que se cayó por la ven­ta­na del tren pre­si­den­cial ves­ti­do en pija­ma, esta situa­ción lo ridi­cu­li­zó por com­ple­to ante la ima­gen públi­ca, moti­van­do que a los pocos meses pre­sen­ta­ra su dimisión.

Jac­ques Gam­blin y André Dussollier

Simul­tá­nea­men­te el guión del rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Marc Syri­gas pre­sen­ta a Geor­ges Clé­men­ceau (André Dus­so­llier), quien como ave­za­do Pri­mer Minis­tro del país entre 1906 y 1920 esta­ba segu­ro de ganar las elec­cio­nes de ese año al haber sido con­si­de­ra­do el favo­ri­to en la con­tien­da pre­si­den­cial. De allí que entre él y Des­cha­nel haya sur­gi­do una máxi­ma riva­li­dad, gene­ran­do el pun­to de infle­xión de esta comedia.

Sepa­ra­da­men­te, cada uno de estos dos per­so­na­jes reúne valo­res que jus­ti­fi­can su paso por la polí­ti­ca a pesar de adop­tar una visión dife­ren­te. En el caso de Des­cha­nel es loa­ble su labor como mili­tan­te con la inten­ción de abo­lir la pena de muer­te, adju­di­car el dere­cho del voto feme­nino así como otras medi­das inno­va­do­ras para su pue­blo; por su par­te, acu­dien­do a los regis­tros his­tó­ri­cos que­da cons­ta­ta­da la con­tri­bu­ción de Clé­men­ceau a su país duran­te los emba­tes de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial y su par­ti­ci­pa­ción como uno de los prin­ci­pa­les nego­cia­do­res de la Con­fe­ren­cia de Paz de París en 1919.

Evo­can­do ese espe­cial perío­do, el rea­li­za­dor per­mi­te que el rela­to ade­cua­da­men­te narra­do inclu­ya algu­nas situa­cio­nes hila­ran­tes que aun­que a veces resis­ten cre­di­bi­li­dad no obs­tan­te están satis­fac­to­ria­men­te resueltas.

Es en la inter­pre­ta­ción don­de resi­den los aspec­tos más salien­tes de esta his­to­ria en el mar­co de un elen­co inte­gra­do por dos acto­res exce­len­tes del cine fran­cés. Gam­blin expre­sa viva­men­te la situa­ción de un pre­si­den­te aba­ti­do por la ansie­dad y angus­tia que lo lle­va al esta­do depre­si­vo para con­ver­tir­lo en un ser ende­ble y ridícu­lo. Por su par­te Dus­so­llier ilus­tra estu­pen­da­men­te el cinis­mo de un polí­ti­co con­ser­va­dor fuer­te y viril que habien­do vis­to sus aspi­ra­cio­nes pre­si­den­cia­les frus­tra­das no disi­mu­la su ren­cor hacia Des­cha­nel mofán­do­se de él en la medi­da de lo posible.

Dicho lo que ante­ce­de, esta ópe­ra pri­ma de Pey­re­fit­te cum­ple con su come­ti­do de ofre­cer una come­dia que aun­que sin ser excep­cio­nal, resul­ta agra­da­ble de con­tem­plar ade­más de haber incor­po­ra­do datos his­tó­ri­cos que aun­que no todos com­ple­ta­men­te feha­cien­tes han sido poco cono­ci­dos por el públi­co masi­vo. Jor­ge Gutman

Recuer­dos de un Cineasta

THE FABEL­MANS. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Ste­ven Spiel­berg. 150 minutos

Con The Fabel­mans Ste­ven Spiel­berg refle­ja sus recuer­dos de infan­cia y ado­les­cen­cia en un rela­to semi­au­to­bio­grá­fi­co en el que des­ta­ca su víncu­lo fami­liar y su amor por el cine a tra­vés de un perío­do de apro­xi­ma­da­men­te 13 años. Con gran afec­to y empa­tía se asis­te a una his­to­ria que aun­que evi­den­te­men­te emo­cio­nal, el rea­li­za­dor evi­ta car­gar las tin­tas a fin de no caer en fal­sos sentimentalismos.

Con un esme­ra­do guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con el dra­ma­tur­go Tony Kush­ner, la acción comien­za en enero de 1952 en New Jer­sey don­de se con­tem­pla al peque­ño Sammy Fabel­man (Mateo Zor­yon Fran­cis-DeFord), alter ego de Spiel­berg, asis­tien­do con sus padres al cine para ver The Grea­test Show on Earth; esa pelí­cu­la que mucho le impre­sio­nó mar­ca­ría de algún modo su inte­rés por la cinematografía.

De retorno al hogar se lo con­tem­pla fes­te­jan­do con su fami­lia judía la fes­ti­vi­dad de Janu­cá y el ambien­te cir­cun­dan­te es de feliz con­vi­ven­cia; allí están reu­ni­dos su padre Burt (Paul Dano) que es un inge­nie­ro eléc­tri­co, su madre Mitzi (Miche­lle Williams), sus her­ma­ni­tas, la abue­la pater­na (Jean­nie Ber­lin) como asi­mis­mo Ben­nie (Seth Rogen) quien como emplea­do de su padre a la vez que su gran ami­go es con­si­de­ra­do un miem­bro más de dicho núcleo. A todo ello con una peque­ña cama­ri­ta Sammy comien­za a rea­li­zar bre­ves pelí­cu­las case­ras fil­man­do a sus hermanas.

Gabriel LaBe­lle

Pasan los años y ya se está en pre­sen­cia del joven Sammy (Gabriel LaBe­lle) quien ve aumen­ta­da su pasión por el cine y ya con una cáma­ra más sofis­ti­ca­da empren­de varios cor­tos. Ese aspec­to no va en detri­men­to de su amor por la fami­lia en don­de él guar­da una muy bue­na rela­ción con sus padres. Con su mamá exis­te un víncu­lo muy espe­cial dado que se tra­ta de una mujer emo­cio­nal­men­te débil y due­ña de un talen­to artís­ti­co como pia­nis­ta que no lo desa­rro­lló para dedi­car­se al hogar y es quien más valo­ra la voca­ción de Sammy; en cuan­to a su padre que es un muy buen com­pa­ñe­ro con­si­de­ra que la afi­ción de su hijo es un mero hobby.

A todo ello, el tra­ba­jo de Burt moti­va que tras­la­de la fami­lia a Ari­zo­na don­de tam­bién está inclui­do su ami­go Ben­nie. Allí lle­ga ines­pe­ra­da­men­te de visi­ta el tío abue­lo Boris (Judd Hirsch), un extra­va­gan­te vete­rano artis­ta de cine que tam­bién actuó en el cir­co, quien duran­te su bre­ve esta­día ofre­ce a Sammy algu­nas nocio­nes pre­ci­sas sobre el arte, enfa­ti­zan­do que lle­ga­rá un momen­to en que ten­drá que balan­cear su pasión artís­ti­ca con el amor por su familia.

La nota dra­má­ti­ca del rela­to se pro­du­ce cuan­do en un paseo cam­pes­tre hacien­do pic­nic, Sammy fil­ma a su fami­lia y en un momen­to dado al enfo­car su cáma­ra efec­túa un des­cu­bri­mien­to que lo impac­ta fuer­te­men­te y que habrá de reper­cu­tir en su vida.

Nue­va­men­te el empleo de su padre moti­va la mudan­za de la fami­lia al nor­te de Cali­for­nia; es allí don­de en la escue­la secun­da­ria a la que asis­te Sammy comien­za a expe­ri­men­tar los cole­ta­zos del sutil anti­se­mi­tis­mo exis­ten­te por par­te de algu­nos de sus com­pa­ñe­ros, pero a la pos­tre el sen­si­ble mucha­cho sabrá dar­les una muy bue­na lec­ción. A nivel fami­liar, pron­ta­men­te se pro­du­ce la sepa­ra­ción de sus padres, hecho que le pro­du­ce a Sammy una gran pena que es com­par­ti­da con su her­ma­na Reg­gie (Julia Butters).

El gran Spiel­berg ofre­ce aquí una estu­pen­da lec­ción de cine. No hay ele­men­to alguno que que­de libra­do al azar y su tra­ba­jo es uno de los más impor­tan­tes de su bri­llan­te carre­ra pro­fe­sio­nal. Sin ape­lar nece­sa­ria­men­te a la clá­si­ca nos­tal­gia, el guión se nutre con per­so­na­jes exce­len­te­men­te desa­rro­lla­dos en don­de se nota la maes­tría del rea­li­za­dor como asi­mis­mo la de Kush­ner que es un gran cono­ce­dor del cineasta.

Come­dia y dra­ma están bien cohe­sio­na­dos a tra­vés del rela­to. Entre algu­nas de las memo­ra­bles esce­nas que cun­den inten­sa­men­te en el áni­mo del espec­ta­dor es la del enfren­ta­mien­to de Sammy con su que­ri­da madre. Alta­men­te atra­yen­te a la vez que joco­so es el pri­mer víncu­lo román­ti­co que Sammy man­tie­ne con Moni­ca (Chloe East) una chi­ca de fe cris­tia­na. Pero indu­da­ble­men­te la más con­mo­ve­do­ra secuen­cia es la del des­en­la­ce de esta his­to­ria que tie­ne lugar en Los Ánge­les y que resul­ta­ría suma­men­te indis­cre­to reve­lar­lo sal­vo seña­lar que a par­tir de allí comen­za­rá el gran derro­te­ro cine­ma­to­grá­fi­co de Sammy (léa­se Spielberg).

El direc­tor ha con­vo­ca­do un anto­ló­gi­co repar­to don­de en los roles más impor­tan­tes que­dan resal­ta­das las exce­len­tes pres­ta­cio­nes de Williams y Dano quie­nes en sus per­so­na­jes sobria­men­te van trans­mi­tien­do las suti­les ten­sio­nes de la rela­ción matri­mo­nial; sus actua­cio­nes no van en detri­men­to del res­to del elen­co en don­de en una bre­ve apa­ri­ción se des­ta­ca la inter­ven­ción del emi­nen­te direc­tor David Lynch. Una autén­ti­ca reve­la­ción cons­ti­tu­ye la actua­ción pro­ta­gó­ni­ca de LaBe­lle quien en cuer­po y alma se sumer­ge en la per­so­na­li­dad de Sammy, trans­mi­tien­do con gran auten­ti­ci­dad la inse­gu­ri­dad de un mucha­cho ado­les­cen­te que tra­ta de for­jar su des­tino a la vez que vuel­ca un gran amor a su familia.

No obs­tan­te su lar­ga dura­ción la impe­ca­ble edi­ción de Michael Kahn y Srah Broshar impi­de que exis­tan tiem­pos muer­tos. Una valio­sa con­tri­bu­ción es la rea­li­za­da por el lau­rea­do com­po­si­tor John Williams quien ha sabi­do com­po­ner una músi­ca aso­cia­da emo­cio­nal­men­te a la tra­ma del relato.

A tra­vés de sus recuer­dos, he aquí el noble y logra­do tri­bu­to que Spiel­berg ofre­ce al cine con este tierno y con­mo­ve­dor film. Jor­ge Gutman

Un Affai­re Pasajero

CHRO­NI­QUE D’UNE LIA­SON PAS­SA­GÈ­RE. Fran­cia, 2022. Un film de Emma­nuel Mouret

Des­pués de su estreno mun­dial en Can­nes, lle­ga a los cines de Cana­dá esta come­dia román­ti­ca del direc­tor Emma­nuel Mou­ret. Bien cono­ci­do por haber incur­sio­na­do varias veces en este géne­ro, su pre­di­lec­ción por des­cri­bir en for­ma sen­ci­lla y direc­ta los víncu­los sen­ti­men­ta­les de una pare­ja moti­va a que este film ‑cuyo títu­lo anti­ci­pa lo que habrá de suceder‑, des­cri­ba los veri­cue­tos amo­ro­sos de dos per­so­nas duran­te un bre­ve lapso.

San­dri­ne Kiber­lain y Vin­cent Macaigne

Muy empa­ren­ta­do con el cine de Eric Roh­mer y un tan­to por el de Woody Allen, la his­to­ria refle­ja­da en el guión del cineas­ta y Pie­rre Giraud nos intro­du­ce en el mun­do de Char­lot­te (San­dri­ne Kim­ber­lain) y Simon (Vin­cent Macaig­ne). Ella, una mujer de libre espí­ri­tu hace poco que está sepa­ra­da y sin tener que preo­cu­par­se por su hijo pre­ado­les­cen­te, está dis­pues­ta a vivir inten­sa­men­te sin tener que atar­se a nin­gún tipo de rela­ción sen­ti­men­tal esta­ble. Es en un bar don­de enta­bla con­ver­sa­ción con Simon, hom­bre casa­do y padre de dos hijos ado­les­cen­tes, a quien ya había cono­ci­do pre­via­men­te en una reu­nión social. Es ella quien con su sim­pa­tía y deter­mi­na­ción impul­sa a su inter­lo­cu­tor a man­te­ner un víncu­lo ínti­mo; cla­ro está que Simon, hom­bre tími­do, inse­gu­ro y teme­ro­so de enga­ñar por pri­me­ra vez a su espo­sa des­pués de dos déca­das de vida con­yu­gal, no está del todo con­ven­ci­do pero a pesar del sen­ti­mien­to de cul­pa que le embar­ga a la pos­tre el adul­te­rio se consuma.

Des­de un comien­zo los dos saben que la rela­ción que los une no impli­ca algún com­pro­mi­so mayor. Es así que median­te una vein­te­na de viñe­tas, des­de febre­ro has­ta sep­tiem­bre la cáma­ra sigue el derro­te­ro de estos aman­tes don­de ade­más de lo sexual la rela­ción está imbui­da de un con­te­ni­do intelectual.

A tra­vés de intere­san­tes diá­lo­gos, el rea­li­za­dor ela­bo­ra una diá­fa­na come­dia bien refi­na­da sin que se val­ga de esce­na sexual algu­na para deno­tar la inti­mi­dad de la pare­ja. No hay mucho más que agre­gar a esta his­to­ria que se des­ta­ca por la satis­fac­to­ria pres­ta­ción de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Con una remar­ca­ble quí­mi­ca de sus per­so­na­jes, Kim­ber­lain deno­ta su acos­tum­bra­da sol­ven­cia como la mujer que evi­ta la pasión al estar con­ven­ci­da de que la mis­ma no con­du­ce a algo posi­ti­vo; en tan­to Macaig­ne con el aire ner­vio­so e inde­ci­so de su per­so­na­je es sufi­cien­te­men­te expre­si­vo per­mi­tien­do empa­ti­zar con él.

Cier­ta­men­te, esta pelí­cu­la no revo­lu­cio­na el géne­ro román­ti­co ni tam­po­co lo pre­ten­de, pero man­te­nien­do un ade­cua­do rit­mo en su narra­ción Mou­ret con­si­gue que su visión resul­te pla­cen­te­ra. Jor­ge Gutman

Un Ase­sino Serial

HOLY SPI­DER / LES NUITS DE MASHHAD. Dina­mar­ca-Ale­ma­nia-Sue­cia-Fran­cia, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Ali Abba­si. 117 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do Bor­der,  pre­mia­do en 2018 como mejor film en la sec­ción Un Cer­tain Regard de Can­nes, el direc­tor ira­ní radi­ca­do en Dina­mar­ca retor­na con Holy Spi­der, un mag­ní­fi­co dra­ma de fic­ción en el que recons­tru­ye los crí­me­nes come­ti­dos por un ase­sino serial entre 2000 y 2001 en Mashaad, la ciu­dad san­ta de Irán.

Des­de el comien­zo de esta his­to­ria en la que se obser­va el cri­men eje­cu­ta­do a una de las víc­ti­mas, se sabe que se tra­ta de Saeed Hanaei (Meh­di Bajes­ta­ni). Este homi­ci­da, apo­da­do “hom­bre ara­ña”, es un vete­rano de gue­rra que había par­ti­ci­pa­do en el con­flic­to béli­co entre Irán e Irak y en su hogar es un aman­te espo­so de su mujer (Forou­zan Jamshid­ne­jad) y exce­len­te padre de sus dos hijos; en con­se­cuen­cia, resul­ta difí­cil ima­gi­nar de que pue­da dañar a alguien. Sin embar­go que­da cla­ro que lo que moti­va a come­ter los crí­me­nes, que los suyos igno­ran, es el de puri­fi­car a la ciu­dad de las pros­ti­tu­tas vivien­do en humil­des con­di­cio­nes que sue­len ven­der sus cuer­pos en horas nocturnas.

Zar Amir Ebrahimi

Para con­tra­rres­tar la inefi­ca­cia de la auto­ri­dad poli­cial que no toma las debi­das car­tas en el asun­to, lle­ga a la ciu­dad pro­ce­den­te de Tehe­rán la perio­dis­ta Aree­zo Rahi­mi (Zar Amir Ebrahi­mi), para inves­ti­gar la dece­na de femi­ni­ci­dios has­ta enton­ces regis­tra­dos; ella tra­ba­ja de mane­ra inde­pen­dien­te al haber sido des­pe­di­da de su empleo por haber recha­za­do los avan­ces sexua­les de su jefe. Sin reci­bir la ayu­da ofi­cial nece­sa­ria para su inves­ti­ga­ción, no obs­tan­te cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de un repor­te­ro local (Arash Ash­tia­ni) que está con­ven­ci­do de la exis­ten­cia de una manio­bra cons­pi­ra­to­ria para no acor­dar la impor­tan­cia debi­da al caso para apre­sar al ase­sino serial.

Dicho lo que ante­ce­de Abba­si cons­tru­ye su rela­to enfo­can­do la pro­se­cu­ción de los crí­me­nes de Hanaei atra­yen­do a cada una de sus víc­ti­mas para des­pués estran­gu­lar­las; eso con­vin­cen­te­men­te se entre­la­za con la tarea de Rahi­mi para iden­ti­fi­car al ase­sino al extre­mo de arries­gar su pro­pia vida, lo que gene­ra un cli­ma de angus­tio­so suspenso.

Lo que real­men­te gra­vi­ta en el film es el nivel de miso­gi­nia exis­ten­te con res­pec­to a la for­ma en que la perio­dis­ta es tra­ta­da, como asi­mis­mo el nivel de hipo­cre­sía rei­nan­te a nivel reli­gio­so. Cuan­do el homi­ci­da es final­men­te dete­ni­do habien­do con­fe­sa­do sus 16 crí­me­nes a muje­res de la noche, la gen­te local ter­mi­na acla­mán­do­lo como el gran héroe higie­ni­za­dor de Mashhad; a su vez, Ali (Mes­bah Taleb), el hijo ado­les­cen­te de Hanaei al que ido­la­tra, pro­me­te pro­se­guir con la tarea de lim­pie­za ini­cia­da por su padre.

En la crí­ti­ca rea­li­za­da, Abas­si demues­tra cómo el patriar­ca­do exis­ten­te en las altas esfe­ras de la polí­ti­ca y la reli­gión en Irán pue­de menos­pre­ciar la vida de una mujer. Aun­que per­tur­ba­dor este fas­ci­nan­te thri­ller sóli­da­men­te rea­li­za­do cons­ti­tu­ye un veraz docu­men­to de denun­cia social.

En el mar­co de un cali­fi­ca­do elen­co, la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Zar Amir Ebrahi­mi le ha vali­do el mere­ci­do pre­mio de Mejor Actriz en el Fes­ti­val de Can­nes de este año.
Jor­ge Gutman