El Perro Blanco

CHIEN BLANC. Cana­da, 2022. Un film de Anaïs Bar­beau-Lava­let­te. 95 minutos

El tema de la dis­cri­mi­na­ción racial, tan­tas veces abor­da­do por el cine, es nue­va­men­te con­si­de­ra­do en este vigo­ro­so dra­ma de la cineas­ta cana­dien­se Anaïs Barbeau-Lavalette.

Fuer­te­men­te impac­ta­da por el sádi­co ase­si­na­to come­ti­do por un poli­cía blan­co al afro­ame­ri­cano Geor­ge Floyd en mayo de 2020, la rea­li­za­do­ra resol­vió con­si­de­rar la nove­la Chien Blanc del pro­lí­fi­co autor Romain Gary publi­ca­da en 1970. En un guión que le per­te­ne­ce jun­ta­men­te con Valé­rie Beau­grand-Cham­pag­ne, Bar­beau-Lava­let­te tra­ba­jó asi­mis­mo con dos con­sul­to­res de la comu­ni­dad afro­ame­ri­ca­na a fin de que la temá­ti­ca abor­da­da refle­je de la mane­ra más obje­ti­va posi­ble el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos que se refle­jan en el libro del escritor.

Denis Méno­chet

El rela­to trans­cu­rre en Los Ánge­les en 1968 en don­de resi­de Romain Gary (Denis Méno­chet) jun­to con su espo­sa actriz Jean Seberg (Kacey Rohl) y su hiji­to Die­go (Lau­rent Lemai­re). Es en ese perío­do don­de la ten­sión racial adquie­re carac­te­rís­ti­cas alta­men­te dra­má­ti­cas con el ase­si­na­to del inmor­tal paci­fis­ta Mar­tin Luther King. En ese enton­ces la pare­ja había encon­tra­do a un afec­tuo­so perro erran­te deci­dien­do adop­tar­lo e inte­grar­lo al núcleo fami­liar para la gran satis­fac­ción de Diego.

El con­flic­to se pro­du­ce cuan­do sus due­ños igno­ran­do que el ani­mal había sido pro­gra­ma­do para embes­tir a los negros„arremete con­tra un hom­bre de color. La res­pues­ta al ata­que moti­va a que Jean desee que el perro sea eli­mi­na­do pero su mari­do dis­cre­pa con ella con­si­de­ran­do que el ani­mal es pro­duc­to de la aver­sión racial exis­ten­te, por lo tan­to deci­de con­fíar a Keys (K.C. Collins), un entre­na­dor negro de ani­ma­les, para que pue­da reha­bi­li­tar­lo eli­mi­nan­do el odio que le había sido incul­ca­do por sus anti­guos amos blancos.

Si bien el tema cen­tral es el del perro blan­co, así lla­ma­do por su aver­sión a los negros, el rela­to des­ta­ca la lucha empren­di­da por Gary y su mujer con­tra la des­agre­ga­ción racial exis­ten­te. En tal sen­ti­do la acti­tud de ellos fren­te al pro­ble­ma racial difie­re así la acti­vis­ta Seberg apo­ya sin con­ce­sión algu­na al movi­mien­to mili­tan­te Black Panthers que cree que la acción paci­fis­ta de Luther King fra­ca­só. Gary por su par­te, como un ser pri­vi­le­gia­do por ser blan­co y atra­pa­do por la duda, refle­xio­na sobre cuál es la mejor mane­ra de apo­yar a la comu­ni­dad afro­ame­ri­ca­na sin recu­rrir a la violencia.

Como a veces sue­le acon­te­cer, la trans­po­si­ción de la lite­ra­tu­ra al cine no resul­ta com­ple­ta­men­te cohe­sio­na­da; eso no des­es­ti­ma la labor de la cineas­ta que ha rea­li­za­do un esme­ra­do tra­ba­jo ilus­tran­do una temá­ti­ca de pal­pi­tan­te actua­li­dad tenien­do en cuen­ta la lucha del movi­mien­to Black Lives Mat­ter para que el odio racial con­clu­ya. La satis­fac­to­ria rea­li­za­ción de Bar­beau-Lava­let­te se com­ple­men­ta con las remar­ca­bles actua­cio­nes de Denis Méno­chet trans­mi­tien­do el pro­ble­ma de con­cien­cia moral del nove­lis­ta así como Collins como el entre­na­dor que tra­ta de curar al perro agre­sor. Sin ser excep­cio­nal, Chien Blanc es un rele­van­te dra­ma social y polí­ti­co que moti­va la refle­xión y se pres­ta a la dis­cu­sión des­pués de su pro­yec­ción. Jor­ge Gutman

El Impac­to de la Guerra

LA SWITCH. Cana­da, 2022. Un film de Michel Kan­dinsky. 85 minutos

El pro­ble­ma de los vete­ra­nos de gue­rra y la difí­cil rein­ser­ción al ambien­te civil es con­si­de­ra­do por el direc­tor Michel Kan­dinsky en La Switch. Aun­que bien inten­cio­na­do el film care­ce de la soli­dez dra­má­ti­ca nece­sa­ria para empa­ti­zar con la suer­te de su prin­ci­pal personaje.

Fra­nçois Arnaud

El guión del cineas­ta escri­to con Chris­tian Mar­tel abor­da a Marc Leblanc (Fra­nçois Arnaud) quien como capo­ral en la gue­rra de Afga­nis­tán es des­mo­vi­li­za­do hono­ra­ble­men­te de su car­go con los ple­nos bene­fi­cios atri­bui­dos a su ran­go. Regre­san­do a la gran­ja de su padre Jean-Pie­rre (Roch Cas­ton­guay), ubi­ca­da en un ais­la­do pue­blo rural fran­có­fono de Onta­rio, se sabe que su pro­ge­ni­tor tam­bién había sido en el pasa­do un vete­rano combatiente.

A tra­vés de un diá­lo­go mini­ma­lis­ta en don­de Marc man­tie­ne una rela­ción prác­ti­ca­men­te silen­cio­sa con su padre enfer­mo lo que pue­de obser­var­se en cier­tas esce­nas es el recuer­do de la gue­rra que atra­vie­sa la men­te de Marc.

La mayor par­te del rela­to trans­cu­rre a tra­vés de bre­ves secuen­cias des­hil­va­na­das. Entre las mis­mas se inclu­yen las com­pras de armas que Marc rea­li­za para cazar cier­vos, su cir­cuns­tan­cial sali­da con Julie (Sophie Dema­rais), la joven cama­re­ra del bar local, la fuer­te pali­za pro­pi­na­da a tres mucha­chos que la arrin­co­nan, dos encuen­tros que man­tie­ne con el she­riff local (Lothai­re Blu­teau) y una esce­na en que acom­pa­ña a su padre para un examen radiológico.

Lamen­ta­ble­men­te el des­di­bu­ja­do guión malo­gra el pro­pó­si­to de Kan­dinsky de refle­jar ade­cua­da­men­te la lucha psi­co­ló­gi­ca de Marc por los horro­res que se supo­ne ha sufri­do en la línea de com­ba­te y cómo reper­cu­te en su salud men­tal. Curio­sa­men­te en vez de demos­trar­lo en imá­ge­nes, el film lo acla­ra en los cré­di­tos fina­les en don­de se lee que “más de 40 mil cana­dien­ses han ser­vi­do duran­te la gue­rra en Afga­nis­tán que duró 13 años y que en mar­zo de 2018 más de 6700 miem­bros mili­ta­res han reci­bi­do bene­fi­cios de inva­li­dez por pro­ble­mas de salud men­tal”, agre­gan­do que “el pro­ble­ma del estrés pos­trau­má­ti­co es el diag­nós­ti­co médi­co prin­ci­pal de los vete­ra­nos com­ba­tien­tes en la gue­rra de Afga­nis­tán”.

Sin la emo­ción que habría de espe­rar­se del tema abor­da­do por Kandinsky„no obs­tan­te las correc­tas actua­cio­nes de Arnaud, Cas­ton­guay„ Blu­teau y Des­ma­rais, este dra­ma no lle­ga a tras­cen­der.  Jor­ge Gutman

Fana­tis­mo Religioso

THE WON­DER. Gran Bre­ta­ña-Ira­lan­da, 2022. Un film de Sebas­tián Lelio. 108 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

El direc­tor Sebas­tián Lelio, intere­sa­do en con­si­de­rar a fuer­tes per­so­na­jes feme­ni­nos como lo hicie­ra en Glo­ria (2013), Una Mujer Fan­tás­ti­ca (2017), Diso­be­dien­ce (2017) y Glo­ria Bell (2018), vuel­ve a obte­ner un reso­nan­te triun­fo con la actriz Flo­ren­ce Pugh carac­te­ri­zan­do a una mujer deter­mi­na­da en des­cu­brir lo que se ocul­ta detrás de un supues­to milagro.

Flo­ren­ce Pugh

Lelio ha adap­ta­do la nove­la The Won­der de Emma Donoghue en la que tam­bién par­ti­ci­pó la auto­ra y la co-guio­nis­ta Ali­ce Birch. En el sin­gu­lar comien­zo Pugh invi­ta al espec­ta­dor a intro­du­cir­se en un set de fil­ma­ción don­de se desa­rro­lla­rá la his­to­ria que se habrá de ver.

La acción que trans­cu­rre en 1862 ve lle­gar a la enfer­me­ra Lib Wright (Pugh) a una peque­ña ciu­dad irlan­de­sa que años atrás había que­da­do arra­sa­da por una fuer­te ham­bru­na y que se encuen­tra habi­ta­da por una pobla­ción fuer­te­men­te reli­gio­sa. El moti­vo del via­je es el haber sido con­tra­ta­da para pres­tar aten­ción al com­por­ta­mien­to de Anna O’Donnell (Kila Lord Cas­sidy) de 11 años; su madre Rosa­leen (Elai­ne Cas­sidy) y su mari­do (Cao­lán Byr­ne), ade­más de ya haber per­di­do a un joven hijo, temen por la suer­te de la niña en la medi­da que des­de hace 4 meses no prue­ba boca­do alguno y desean deter­mi­nar si eso se debe a algún mila­gro divino.

A tra­vés de un turno de 12 horas dia­rias com­par­ti­do con una mon­ja (Julie Wal­ker), Lib efec­túa un minu­cio­so tra­ba­jo de obser­va­ción entran­do en con­tac­to direc­to con la peque­ña en don­de ella le dice que se nutre con el “mana del cie­lo”. En su tarea Lib debe supe­rar el rece­lo de la comu­ni­dad pre­jui­cio­sa que des­con­fía de sus habi­li­da­des y en tal sen­ti­do tan­to el cura de la aldea (Cia­ran Hinds) como el médi­co local (Toby Jones) creen que ella se extra­li­mi­ta en sus fun­cio­nes; el úni­co apo­yo reci­bi­do es el de un perio­dis­ta inglés (Tom Bur­ke) recién lle­ga­do quien tam­bién desea inves­ti­gar el problema.

Gra­dual­men­te la enfer­me­ra logra reve­lar el gran mis­te­rio com­pro­ban­do en qué medi­da el for­ja­do mila­gro de la niña pue­de cons­ti­tuir una pode­ro­sa razón para que turis­tas y pere­gri­nos lle­guen a esa aldea para con­tem­plar­la. De allí en más el fir­me pro­pó­si­to de Lib es sal­var a Anna de los fal­sos y oscu­ros pre­jui­cios exis­ten­tes en la comu­ni­dad, en la medi­da que está cria­tu­ra esta suje­ta de los abu­sos que gene­ra la obse­sión reli­gio­sa en un medio social don­de ade­más pro­li­fe­ra un mar­ca­do patriarcado.

No es nece­sa­rio ade­lan­tar cómo el pro­ble­ma será resuel­to pero sim­ple­men­te anti­ci­par que median­te un cli­ma de sus­pen­so muy bien logra­do el rela­to va atra­pan­do fuer­te­men­te; eso es debi­do a la remar­ca­ble rea­li­za­ción de Lelio ‑posi­ble­men­te el mejor tra­ba­jo de su fruc­tí­fe­ra carre­ra- y por haber con­ta­do con la anto­ló­gi­ca inter­pre­ta­ción de Pugh; ella inten­sa­men­te trans­mi­te el vigor de una mujer que habien­do pasa­do por una tris­te expe­rien­cia, vuel­ca su noble sen­ti­mien­to de com­pa­sión hacia la explo­ta­da niña. Asi­mis­mo, Lelio logró que la joven Lord Cas­sidy demues­tre su reve­la­dor talen­to en la empá­ti­ca rela­ción de su per­so­na­je con Lib.

En otros aspec­tos, la rique­za del film que­da aún más resal­ta­da con las exce­len­tes imá­ge­nes obte­ni­das por el fotó­gra­fo Ari Weg­ner, así como en los dise­ños de pro­duc­ción de Grant Mont­go­mery en la recons­truc­ción his­tó­ri­ca lograda.

Una vez más que­da demos­tra­do que Net­flix, ade­más de brin­dar a sus abo­na­dos pro­duc­tos de con­su­mo popu­lar, igual­men­te se preo­cu­pa por ofre­cer un cine de autor de gran cali­dad como lo es el caso de The Won­der.

Sór­di­do Dra­ma de Refugiados

TORI ET LOKI­TA. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Jean Pie­rre y Luc Dar­den­ne. 88 minutos

Una vez más los vete­ra­nos her­ma­nos Jean Pie­rre y Luc Dar­den­ne se mues­tran com­pro­me­ti­dos para ofre­cer un cine de con­no­ta­ción social enfo­can­do a quie­nes se encuen­tran inde­fen­sos y mar­gi­na­dos en el medio en el cual se des­en­vuel­ven. En el caso de Tori et Loki­ta su tema se aso­cia con el de los refu­gia­dos que tra­tan de encon­trar un lugar en el mun­do que les per­mi­ta vivir dignamente.

Joely Mbun­du y Pablo Schils

Los pro­ta­go­nis­tas de esta his­to­ria son Tori (Pablo Schils) de 11 años oriun­do de Benín y Loki­ta (Joely Mbun­du) de 16 años naci­da en Came­rún. Ambos han lle­ga­do a la ciu­dad de Lie­ja (Bél­gi­ca) a tra­vés de Jus­ti­ne (Nadè­ge Oue­drao­go) y Fir­min (Marc Zin­ga), con­tra­ban­dis­tas dedi­ca­dos a traer gen­te de Áfri­ca. En la pri­me­ra esce­na Loki­ta es entre­vis­ta­da por las auto­ri­da­des de inmi­gra­ción a fin de lega­li­zar su situa­ción; para ello debe pro­bar que Tori es su her­mano aun­que en la reali­dad ella lo adop­tó como tal duran­te el tra­yec­to transatlántico.

Uno de los aspec­tos más tras­cen­den­tes del rela­to es el fuer­te lazo que une a estos her­ma­nos en don­de uno se apo­ya en el otro y esa unión se refuer­za fren­te a las duras con­di­cio­nes que ambos deben enfren­tar. La ado­les­cen­te, tra­ba­ja ile­gal­men­te en un res­tau­ran­te a las órde­nes del chef Betim (Alban Ukaj), en don­de él se dedi­ca a tra­fi­car dro­gas. Urgi­da de enviar dine­ro a su madre y sus otros cin­co her­ma­nos que resi­den en Came­rún, la situa­ción finan­cie­ra de Loki­ta se agra­va por cuan­to los con­tra­ban­dis­tas que la han traí­do al país le exi­gen que can­ce­le la deu­da con­traí­da. Para solu­cio­nar su pro­ble­ma finan­cie­ro y a su vez obte­ner la docu­men­ta­ción legal de resi­den­cia que Betim le pro­me­te con­se­guir, ella acep­ta su pro­po­si­ción de tra­ba­jar para él en una usi­na ocul­ta de plan­ta­ción de can­na­bis que se encuen­tra apar­ta­da de la ciudad.

Sin entrar a pro­se­guir con el desa­rro­llo de lo que sobre­vie­ne pos­te­rior­men­te, lo fun­da­men­tal de este dra­ma es la demo­le­do­ra pin­tu­ra de los cineas­tas en cuan­to a las con­di­cio­nes a las que están suje­tos sus per­so­na­jes pro­ta­gó­ni­cos; es así que la pobre­za, la pros­ti­tu­ción, tra­ba­jos de escla­vi­tud, trá­fi­co de dro­gas y un recu­rren­te racis­mo, con­flu­yen en un rela­to sór­di­do y som­brío. Fil­ma­do con un esti­lo docu­men­tal y man­te­nien­do una con­si­de­ra­ble ten­sión, los Dar­den­ne logran un diná­mi­co rit­mo en don­de no exis­te momen­to alguno en que decai­ga la aten­ción del espec­ta­dor. A ello se agre­ga la mag­ní­fi­ca con­tri­bu­ción rea­li­za­da por el elen­co inte­gra­do en su mayo­ría por acto­res no pro­fe­sio­na­les quie­nes de mane­ra impe­ca­ble brin­dan com­ple­ta auten­ti­ci­dad a sus per­so­na­jes, des­ta­can­do sobre todo a los jóve­nes Schils y Mbundu.

Si bien muchos de los aspec­tos aquí expues­tos han sido ya con­si­de­ra­dos por el cine, de nin­gún modo ese fac­tor des­me­dra la cali­dad del film. Como en varios tra­ba­jos de su fil­mo­gra­fía, a tra­vés de su denun­cia social los rea­li­za­do­res han mode­la­do un dra­ma hones­to y sobrio que sin recu­rrir a inne­ce­sa­rios sub­ra­ya­dos logra con­mo­ver. Si bien tris­te y des­ga­rra­do­ra, la pelí­cu­la es un espe­jo de la reali­dad que atra­vie­san muchos refu­gia­dos cuyo sue­ño de un mejor por­ve­nir en la tie­rra que los reci­be dis­ta de con­cre­tar­se. Jor­ge Gutman

Recuer­dos del Pasado

ARMA­GED­DON TIME. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por James Gray. 114 minutos.

Así como Alfon­so Cua­ron en Roma (2018), Almo­dó­var en Dolor y Glo­ria (2019), Ken­neth Bran­nagh en Bel­fast (2021) y Ste­ven Spiel­berg en su recien­te film The Fabel­mans (2022) deci­die­ron ofre­cer una visión auto­bio­grá­fi­ca en los años de tem­pra­na edad, el direc­tor James Gray hace lo pro­pio en Arma­ged­don Time. Sin ser una obra nos­tál­gi­ca, el rea­li­za­dor reme­mo­ra su eta­pa pre­ado­les­cen­te ubi­can­do su rela­to en 1980 cuan­do él tenía 11 años.

Banks Repe­ta y Anthony Hopkins

El alter ego de Gray es Paul (Banks Repe­ta) vivien­do en Queens con su fami­lia judía inte­gra­da entre otros por sus padres Irving (Jeremy Strong) y Esther (Anne Hatha­way), su her­mano mayor Ted (Ryan Sell) y sus abue­los mater­nos Aaron (Anthony Hop­kins) y Mic­key (Tovah Feldshun).

El rela­to comien­za con Paul asis­tien­do al sex­to gra­do en el pri­mer día de cla­se en una escue­la públi­ca don­de en vez de con­cen­trar su aten­ción en el pro­fe­sor Tur­kel­taub (Andrew Polk), dada su incli­na­ción por el arte pre­fie­re esbo­zar un dibu­jo de su per­so­na por el cual es repren­di­do. Sin sen­tir­se muy cómo­do en la escue­la, su úni­co ali­cien­te es Johnny (Jay­lin Webb), un chi­co negro con quien cimen­ta una sin­ce­ra amis­tad. En el ámbi­to fami­liar, pese a ser que­ri­do por sus padres sin embar­go los resien­te por­que fun­da­men­tal­men­te Irving no acep­ta las incli­na­cio­nes de su hijo por el arte y ade­más des­aprue­ba su con­duc­ta en la escue­la al haber incu­rri­do en gra­ve fal­ta jun­to con Johnny.

De allí en más, sus padres con­si­de­ran que la mejor opción para su avie­so hijo es enviar­lo a un cole­gio pri­va­do eli­tis­ta en el que esta­rá suje­to a una mayor dis­ci­pli­na; eso no impi­de a Paul seguir fre­cuen­tan­do a su úni­co ami­go Johnny. De paso la pelí­cu­la enfo­ca a Fred Trump (John Diehl), el padre del futu­ro pre­si­den­te, como miem­bro del con­se­jo de admi­nis­tra­ción de la escue­la quien con su her­ma­na Mar­yan­ne (Jes­si­ca Chas­tain) son sus benefactores.

Sin entrar a deve­lar lo que acon­te­ce en el últi­mo tra­mo del rela­to, se pue­de en cam­biar anti­ci­par que median­te una pudo­ro­sa auto­crí­ti­ca el rea­li­za­dor demues­tra cómo en la socie­dad que lo rodea es un pri­vi­le­gio ser blan­co y de qué modo el racis­mo se mani­fies­ta no solo en el ámbi­to esco­lar sino asi­mis­mo en el seno de su pro­pia familia.

Ade­más de la acer­ta­da inter­pre­ta­ción de su elen­co, don­de se des­ta­can el joven Repe­ta en el rol pro­ta­gó­ni­co como asi­mis­mo Hatha­way, Strong, Webb y Hop­kins, Gray repro­du­ce muy bien el sóli­do lazo de esa fami­lia de inmi­gran­tes judíos en don­de duran­te las comi­das en que sus inte­gran­tes están reu­ni­dos no están ausen­tes las dis­cu­sio­nes y a veces cier­tas mani­fes­ta­cio­nes vio­len­tas. Asi­mis­mo, el cineas­ta ilus­tra el espí­ri­tu impe­ran­te en la épo­ca en que trans­cu­rre con el ave­ci­na­mien­to de Reagan como presidente.

Con nota­ble hones­ti­dad Gray dis­ta de ofre­cer una ima­gen idea­lis­ta de su alter ego para en cam­bio des­cri­bir­lo como el mucha­cho rebel­de y no con­for­mis­ta que atra­vie­sa un difí­cil pro­ce­so de tran­si­ción hacia la madu­rez; en ese tran­ce que­da resal­ta­do el recí­pro­co amor entre él y su abue­lo así como la pro­fun­da amis­tad que lo une a Johnny.

Aun­que sin lle­gar a sus memo­ra­bles tra­ba­jos como lo fue­ron entre otros Little Odes­sa (1994), The Yards (2000) y The Immi­grant (2013), Arma­ged­don Time es un expre­si­vo y emo­ti­vo film. Jor­ge Gutman