FNC 2022 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A con­ti­nua­ción se ofre­ce una rese­ña de cua­tro fil­mes pre­sen­ta­dos en el Fes­ti­val du Nou­veau Cinéma 

After­sun (Gran Bretaña)

En su ópe­ra pri­ma la direc­to­ra Char­lot­te Wells enfo­ca la espe­cial rela­ción esta­ble­ci­da entre un padre y su hija. En un guión que le per­te­ne­ce Wells pre­sen­ta a la adul­ta Sophie (Celia Rowl­son-Hall) miran­do videos gra­ba­dos en una mini cáma­ra DV; ahí revi­ve su eta­pa pre­ado­les­cen­te con su padre divor­cia­do de 31 años en oca­sión de haber efec­tua­do un via­je de vacaciones.

A tra­vés de flash­backs la acción retro­ce­de a 1990 don­de Sofía (Fran­kie Corio) de 11 años vivien­do en Edim­bur­go con su madre, acep­ta la invi­ta­ción de su padre Callum (Paul Mes­cal) radi­ca­do en Lon­dres para pasar un par de sema­nas en un peque­ño resor­te ubi­ca­do en Turquía.

After­sun

Prác­ti­ca­men­te la mayor par­te del metra­je trans­cu­rre en ese bal­nea­rio don­de se pue­de apre­ciar la cáli­da amis­tad que sur­ge entre ambos per­so­na­jes. A pesar de que Callum está sepa­ra­do de su espo­sa des­de hace varios años, la ex pare­ja man­tie­ne una acti­tud cor­dial que se vis­lum­bra en un lla­ma­do tele­fó­ni­co que él le efec­túa des­de Tur­quía. Duran­te esas jor­na­das, los días trans­cu­rren vien­do a padre e hija bañar­se en la pis­ci­na, sumer­gién­do­se en el mar, jugar a las car­tas, asis­tir a algu­nos espec­tácu­los que se ofre­cen, com­par­tir los almuer­zos y cenas, así como las res­tan­tes acti­vi­da­des pro­pias de un via­je de placer.

La narra­ti­va es muy escue­ta sin que ofrez­ca gran­des sobre­sal­tos o mayo­res exci­ta­cio­nes. Sin embar­go, en este melan­có­li­co rela­to sobre­sa­len algu­nos ras­gos tan­to de Sophie, obser­van­do y vin­cu­lán­do­se con la gen­te de su edad que le salen al paso, así como por par­te de Callum impreg­nan­do en todo momen­to inmen­so cari­ño a la peque­ña. De todos modos, sin ofre­cer deta­lles sobre el pasa­do de este indi­vi­duo hay un ins­tan­te en el que vuel­ca su llan­to, pre­su­mien­do que hay algo serio que lo afli­ge aun­que se igno­ra la causa.

Con bue­nos intér­pre­tes, la novel rea­li­za­do­ra demues­tra una espe­cial sen­si­bi­li­dad y deli­ca­de­za expo­nien­do una nos­tál­gi­ca his­to­ria bien cons­trui­da que a pesar de no exis­tir un con­flic­to dra­má­ti­co de todos modos resul­ta emotiva.

A Pie­ce of Sky (Sui­za-Ale­ma­nia)

En su segun­da pelí­cu­la el direc­tor Michael Koch narra un ínti­mo dra­ma román­ti­co que trans­cu­rre en los Alpes de Sui­za en don­de la natu­ra­le­za ejer­ce espe­cial influen­cia en el desa­rro­llo del relato.

A Pie­ce of Sky

El guión del rea­li­za­dor ilus­tra a una comu­ni­dad rural que aun­que ais­la­da y afe­rra­da a sus tra­di­cio­nes fun­cio­na armo­nio­sa­men­te. Es allí don­de se sale al encuen­tro de Anna (Michè­le Brand), que tra­ba­ja en un café local a la vez que tam­bién se desem­pe­ña como emplea­da de correo y es madre mono­pa­ren­tal de Julia (Elin Zgrag­gen). En el bar ella cono­ce a Mar­co (Simon Wis­ler), un muscu­loso gran­je­ro de natu­ra­le­za poco comu­ni­ca­ti­va con quien esta­ble­ce inme­dia­ta sin­to­nía; es así que en las pri­me­ras esce­nas que­da expues­to el apa­sio­na­do amor que los une tra­du­ci­do en mani­fies­ta carnalidad.

Expo­nien­do satis­fac­to­ria­men­te esce­nas de la vida coti­dia­na en ese ámbi­to cam­pe­sino, el rea­li­za­dor enfa­ti­za el com­por­ta­mien­to errá­ti­co de Mar­co que podría deber­se al serio tumor cere­bral que le está afec­tan­do. Esa angus­tio­sa situa­ción reper­cu­te inten­sa­men­te en Anna, sobre todo cuan­do lo obser­va adop­tan­do una con­duc­ta ambi­gua fren­te a su hijita.

Adqui­rien­do el rela­to un carác­ter frag­men­ta­rio e inter­ca­lan­do un cam­bio de tono con la fil­ma­ción en el lugar de un Bolly­wood musi­cal, la pelí­cu­la pier­de vita­li­dad y su tema cen­tral va dilu­yén­do­se. Eso cons­pi­ra aún más debi­do a que el film trans­cu­rre con pas­mo­sa len­ti­tud y su dura­ción de más de dos horas y media resul­ta extre­ma­da­men­te exce­si­va, pudien­do haber­se redu­ci­do en por lo menos 45 minu­tos. Aun­que la inter­pre­ta­ción es correc­ta y es remar­ca­ble la foto­gra­fía de Armin Die­rolf, a pesar de sus bue­nas inten­cio­nes, el film no lle­ga a trascender.

The Novelist’s Film (Corea del Sur)

El pro­lí­fi­co rea­li­za­dor sur­co­reano Hong Sang­soo vuel­ve a delei­tar con esta agra­da­bi­lí­si­ma come­dia en don­de con una mini­ma­lis­ta narra­ción enfo­ca las vici­si­tu­des de una vete­ra­na nove­lis­ta duran­te el trans­cur­so de una jornada.

The Novelist’s Film

La pelí­cu­la comien­za con la visi­ta que la escri­to­ra men­cio­na­da Junhee (Lee Hye­young) efec­túa a una libre­ría en los subur­bios de Seúl en don­de su due­ña Sweon (Seo Youngh­wa) es una anti­gua ami­ga con quien había per­di­do con­tac­to; es allí que en ese encuen­tro y com­par­tien­do pos­te­rior­men­te una taza de té Junhee le mani­fies­ta que des­pués de muchos años de tra­ba­jo se sien­te un tan­to blo­quea­da en su con­di­ción de nove­lis­ta; en el lugar igual­men­te se encuen­tra la joven asis­ten­te de la due­ña a quien la visi­tan­te le soli­ci­ta que le ense­ñe a uti­li­zar el len­gua­je de los sig­nos para apre­ciar la belle­za de un poema..

Pos­te­rior­men­te Junhee deci­de efec­tuar un paseo en don­de encuen­tra a Hyo­jin (Kwon Haeh­yo), un direc­tor de cine acom­pa­ña­do de su espo­sa, a quien ella cono­ce des­de hace tiem­po y en cier­to modo le resien­te por no haber fil­ma­do nin­gu­na de sus nove­las; mien­tras los tres siguen cami­nan­do por un par­que se topan con Kil­soo (Kim Minheey), una reco­no­ci­da actriz que tie­ne la inten­ción de dejar su pro­fe­sión; inme­dia­ta­men­te sur­ge una comu­ni­ca­ción espe­cial entre Junhee y Kil­soo, en don­de ambas deci­den que van a hacer un cor­to­me­tra­je con Gyeong­woo (Ha Seong­guk), un estu­dian­te de cine sobrino del mari­do de Kil­soo, en don­de la actriz vol­ve­rá a actuar basa­do en un libre­to con­ce­bi­do por la nove­lis­ta. ¿Pero en que esta­rá basa­do el guión? ¿Es nece­sa­rioi saber­lo de ante­mano o mejor comen­zar a rodar refle­jan­do en ese momen­to lo que está ocurriendo?

Cada uno de estos per­so­na­jes pare­ce atra­ve­sar momen­tos deci­si­vos en su res­pec­ti­va carre­ra y a ello se agre­ga la pre­sen­cia de Man­soo (Ki Joo­bong), un vie­jo poe­ta con quien Junhee man­tu­vo en el pasa­do un víncu­lo sen­ti­men­tal y que indi­rec­ta­men­te influi­rá en el film de la novelista.

Con meri­dia­na cla­ri­dad y sin sofis­ti­ca­ción algu­na, el direc­tor deja plan­tea­da algu­nas pre­gun­tas sobre la reafir­ma­ción del pro­ce­so de crea­ti­vi­dad pero lo impor­tan­te es que a tra­vés de agra­da­bles y filo­só­fi­cas con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das entre los per­so­na­jes de esta his­to­ria, el direc­tor va hil­va­nan­do el espon­tá­neo guión ima­gi­na­do por Junhee. En esen­cia, he aquí una chis­pean­te his­to­ria fil­ma­da en blan­co y negro por el rea­li­za­dor que el espec­ta­dor selec­ti­vo sabrá apre­ciar así como lo con­si­de­ró el jura­do del Fes­ti­val de Ber­lín de este año adju­di­cán­do­le el Gran Premio.

Tchaikovsky’s Wife (Rusia-Fran­cia-Sui­za)

El renom­bra­do cineas­ta ruso Kiril Sere­bren­ni­kov abor­da en este film un ambi­cio­so pro­yec­to en el que como su títu­lo lo anti­ci­pa se refie­re a la mujer que el céle­bre com­po­si­tor ruso espo­só duran­te un bre­ve lap­so de su vida.

Tchaikovsky’s Wife

La acción comien­za en Mos­cú en noviem­bre de 1893 en don­de Anto­ni­na Mili­uko­va (Alyo­na Mikhai­lo­va), la viu­da de Tchai­kovsky, acu­de a su fune­ral. De inme­dia­to el rela­to basa­do en el guión del rea­li­za­dor retro­ce­de a 1871 en don­de en una reu­nión social la joven Anto­ni­na cono­ce al emble­má­ti­co com­po­si­tor (Odin Biron) y como joven aspi­ran­te a pia­nis­ta le hace saber la pro­fun­da admi­ra­ción que sien­te por él y su deseo de ingre­sar al Con­ser­va­to­rio de Músi­ca en don­de Tchai­kovsky es docen­te. No pasa mucho tiem­po en el que ella le expre­sa su amor y es así que final­men­te Tchai­kovsky le pro­po­ne matri­mo­nio el cual habrá de con­cre­tar­se en 1877. Es evi­den­te que ese arre­glo matri­mo­nial cons­ti­tu­yó una for­ma de encu­brir la homo­se­xua­li­dad del artis­ta aun­que su espo­sa igno­ra­ba su orien­ta­ción sexual. La dicha de Anto­ni­na es de cor­to alcan­ce por­que su mari­do hace todo lo posi­ble por evi­tar­la man­te­nién­do­se ale­ja­do. Lle­ga un momen­to en que los ami­gos del com­po­si­tor le soli­ci­tan a Anto­ni­na que acep­te divor­ciar­se de él, pero ella ence­gue­ci­da por com­ple­to se nie­ga a hacerlo.

De allí en más, el rela­to trans­mi­te el cal­va­rio que atra­vie­sa esta mujer para sal­var un amor impo­si­ble den­tro del mar­co de un desas­tro­so matri­mo­nio, agra­va­do por el hecho de ser des­pre­cia­da y humi­lla­da por un mari­do que no la desea. El inten­so mar­ti­rio sufri­do por su mar­ca­da obs­ti­na­ción de seguir sien­do a toda cos­ta su mujer la con­du­ce a un esta­do de com­ple­ta ena­je­na­ción que le hace per­der el sen­ti­do de la razón.

De impe­ca­ble rea­li­za­ción ilus­tran­do muy bien algu­nos aspec­tos de la socie­dad rusa del siglo 19, el tra­ba­jo de Sere­bren­ni­kov se real­za por el exce­len­te dise­ño de pro­duc­ción de Vlad Ogal repro­du­cien­do feha­cien­te­men­te los esce­na­rios en que trans­cu­rre el rela­to. Con todo, el úni­co bemol es la exce­si­va dura­ción del metra­je que pue­de lle­gar a exas­pe­rar con­tem­plan­do en for­ma casi per­ma­nen­te la deses­pe­ran­te alie­na­ción de la trá­gi­ca Anto­ni­na, ideal­men­te inter­pre­ta­da por Mikhai­lo­va. En todo caso la obje­ción apun­ta­da no des­me­dra la cali­dad de este sen­si­ble dra­ma conyugal.

Enco­mia­ble Docu­men­tal Híbrido

ETER­NAL SPRING / PRIN­TEMPS ÉTER­NEL Cana­dá, 2022. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Jason Lof­tus. 86 minutos

Con el ante­ce­den­te de la cáli­da recep­ción reci­bi­da en el Fes­ti­val Hot Docs de este año aho­ra se estre­na Eter­nal Spring, un enco­mia­ble híbri­do docu­men­tal de Jason Lof­tus que repre­sen­ta­rá a Cana­dá en la com­pe­ten­cia del Oscar a Mejor Pelí­cu­la Internacional.

Una esce­na del docu­men­tal ETER­NAL SPRING

La his­to­ria se remon­ta a un epi­so­dio acon­te­ci­do en la ciu­dad de Chang­chun, loca­li­za­da al nor­te de Chi­na con una pobla­ción de 7 millo­nes, tenien­do como ante­ce­den­te la deci­sión adop­ta­da por el gobierno chino que prohi­bió en julio de 1999 las ope­ra­cio­nes de Falun Gong. Esta aso­cia­ción espi­ri­tual crea­da en 1992 tenía como pro­pó­si­to la prác­ti­ca de ejer­ci­cios de medi­ta­ción fun­da­dos en la ver­dad, bene­vo­len­cia y tole­ran­cia, pero su gran popu­la­ri­dad logra­da al poco tiem­po cons­ti­tu­yó una ame­na­za para el gobierno dic­ta­to­rial de Jiang Zemin quien lan­zó una gran repre­sión con­tra sus miembros.

Como con­se­cuen­cia de esa inter­dic­ción, casi una vein­te­na de prac­ti­can­tes de ese gru­po espi­ri­tual recu­rrie­ron a una audaz manio­bra que se cris­ta­li­zó el 5 de mar­zo de 2002. Ese día ellos logra­ron pira­tear una emi­so­ra de tele­vi­sión esta­tal por cable en el espa­cio de mayor difu­sión para denun­ciar la des­in­for­ma­ción efec­tua­da por el gobierno y la repre­sión ejer­ci­da con­tra la etnia musul­ma­na de los uigu­res y los musul­ma­nes budistas.

Mer­ced a la exce­len­te par­ti­ci­pa­ción del dibu­jan­te chino Daxiong, hoy resi­den­te en Toron­to y que aun­que no estu­vo impli­ca­do direc­ta­men­te en la ope­ra­ción fue tes­ti­go de la mis­ma, este docu­men­tal cobra una inusual soli­dez. A tra­vés de sus mag­ní­fi­cos esbo­zos e ilus­tra­cio­nes rea­li­za­dos con su com­pa­ñía que­dan repro­du­ci­das de mane­ra estu­pen­da la eje­cu­ción del plan, su reper­cu­sión y las dra­má­ti­cas con­se­cuen­cias pro­du­ci­das por este sor­pren­den­te suce­so don­de más de 5000 inte­gran­tes de Falun Gong, sien­do algu­nos de ellos eje­cu­ta­dos. Asi­mis­mo, en un enfo­que más trad­cio­nal, el docu­men­tal des­ta­ca el encuen­tro de Daxiong con algu­nos de los sobre­vi­vien­tes que pudie­ron esca­par de Chi­na y logra­ron exi­liar­se en Corea del Sur, Esta­dos Uni­dos y Canadá.

Median­te una impe­ca­ble rea­li­za­ción en la que Lof­tus men­cio­nó la con­tri­bu­ción de su espo­sa Masha, que pre­ci­sa­men­te es oriun­da de Chang­chun, este docu­men­tal cons­ti­tu­ye una dra­má­ti­ca denun­cia hacia toda for­ma de supre­sión de los dere­chos huma­nos, inclu­yen­do la liber­tad de expre­sión y del cre­do reli­gio­so. Lamen­ta­ble­men­te, a pesar de haber trans­cu­rri­do más de dos déca­das de lo que refle­ja este film, el gra­ve pro­ble­ma sigue sub­sis­tien­do al cons­ta­tar las medi­das que el actual gobierno chino ejer­ce en la pobla­ción de Hong Kong, Xin­jiang y Tibet así como lo que acon­te­ce en Myan­mar y en otras regio­nes del mundo.

Por su con­te­ni­do y sus exce­len­tes valo­res visua­les de ani­ma­ción, este remar­ca­ble docu­men­tal impi­de que el espec­ta­dor se man­ten­ga indi­fe­ren­te y es deci­di­da­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

En Defen­sa de un Hijo

GOD’S CREA­TU­RES. Irlan­da-Gran Bre­ta­ña, 2022. Un film de Sae­la Davis y Anna Rose Hol­mer. 100 minutos.

El dile­ma de una madre pro­te­gien­do a su hijo por haber come­ti­do un deli­to es lo que se enfo­ca en God’s Crea­tu­res, segun­do lar­go­me­tra­je de las rea­li­za­do­ras Sae­la Davis y Anna Rose Holmer.

Paul Mes­cal y Emily Watson

El guión de Sha­ne Crow­ley y Fodh­la Cro­nin O’Reilly Fod ubi­ca la acción en una peque­ña aldea de pes­ca­do­res situa­da en la cos­ta del noroes­te de Irlan­da. Es allí don­de fun­cio­na una plan­ta pro­ce­sa­do­ra de pro­duc­tos marí­ti­mos pro­vis­tos por las aguas del océano y que cons­ti­tu­yen la prin­ci­pal fuen­te de sub­sis­ten­cia de la humil­de comu­ni­dad. En la mis­ma se desem­pe­ña como super­vi­so­ra Aileen (Emily Watson) quien man­tie­ne una muy bue­na rela­ción con sus cole­gas de trabajo.

Esta mujer que aca­ba de ser abue­la por par­te de su hija Erin (Toni O’Rourke), reci­be ines­pe­ra­da­men­te la visi­ta de su otro hijo Brian (Paul Mes­cal) quien retor­na tras un lar­go tiem­po de haber per­ma­ne­ci­do en Aus­tra­lia. Se igno­ra el moti­vo por el que Brian se ausen­tó aun­que la poca ani­mo­si­dad de su padre Con (Declan Con­lan) hacia él sugie­re que hubo algo extra­ño en el pasa­do; de todos modos eso no empa­ña la ale­gría de Aileen de tener nue­va­men­te a su vás­ta­go inte­gran­do la familia.

El ele­men­to que impul­sa el rela­to es cuan­do Sarah (Ais­ling Fran­cio­si), una de las tra­ba­ja­do­ras de la fábri­ca que en su juven­tud man­tu­vo un roman­ce con Brian, lo acu­sa a las auto­ri­da­des por haber sido vio­la­da en oca­sión de haber sali­do de un bar en horas de la noche regre­san­do a su hogar. Cuan­do la poli­cía abor­da el hogar de Aileen, ella fal­ta a la ver­dad mani­fes­tan­do abier­ta­men­te que Brian había esta­do en la casa al pro­du­cir­se la agre­sión sexual denunciada.

Las rea­li­za­do­ras ofre­cen una muy bue­na pin­tu­ra de ese peque­ño pue­blo regi­do patriar­cal­men­te, don­de sus inte­gran­tes recha­zan abier­ta­men­te cual­quier indi­cio de vio­len­cia por lo cual pre­fie­ren igno­rar que la mis­ma pue­da exis­tir, mar­gi­na­li­zan­do de este modo a Sarah. Por esa razón el pro­ble­ma de con­cien­cia afec­ta pro­fun­da­men­te a Aileen al saber que habien­do men­ti­do se ha con­ver­ti­do en cóm­pli­ce de su hijo; por su par­te Erin más cons­cien­te del daño pro­vo­ca­do por su her­mano, de mane­ra seve­ra no tole­ra la acti­tud adop­ta­da por su madre defendiéndolo.

El film no ofre­ce en momen­to alguno mues­tras de la vio­la­ción men­cio­na­da y ade­más el per­so­na­je de Sarah per­ma­ne­ce ausen­te en gran par­te del metra­je, amor­ti­guan­do de ese modo el impac­to dra­má­ti­co del gra­ve inci­den­te; a ello cabe agre­gar la incor­po­ra­ción de per­so­na­jes secun­da­rios en situa­cio­nes esque­má­ti­cas que no con­tri­bu­yen al tema cen­tral planteado.

El gran sos­tén de este dra­ma rural resi­de en la nota­ble inter­pre­ta­ción brin­da­da por Emily Watson quien se la recuer­da por su remar­ca­ble debut de 1996 en Brea­king the Waves. En esta opor­tu­ni­dad gra­ta­men­te impre­sio­na carac­te­ri­zan­do a una devo­ta madre que sabe que su acción coli­sio­na con los valo­res mora­les que han regi­do su vida; en tal sen­ti­do en una de las esce­nas cul­mi­nan­tes del rela­to la actriz trans­mi­te con ple­ni­tud el esta­do emo­cio­nal de tris­te­za que la embarga.

Aun­que el guión se mues­tra osci­lan­te en cier­tas par­tes del rela­to ate­nuan­do su desa­rro­llo, la bue­na pues­ta escé­ni­ca de las rea­li­za­do­ras y el cali­fi­ca­do elen­co, ade­más de Watson como así tam­bién la con­vin­cen­te inter­pre­ta­ción de Paul Mes­cal, per­mi­ten apre­ciar un dra­ma rural que sin apa­sio­nar no obs­tan­te con­ci­ta inte­rés, espe­cial­men­te por su con­no­ta­ción moral. Jor­ge Gutman

Soñar Para Sen­tir­se Vital

MARIA RÊVE. Fran­cia, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Lau­ria­ne Escaf­fre, Yvon­nick Muller. 93 minutos

Des­pués de haber obte­ni­do en 2020 el César por el cor­to metra­je Pile poil  las direc­to­ras Lau­ria­ne Escaf­fre y Yvon­nick Muller debu­tan en el lar­go­me­tra­je con Maria Rêve. Esta come­dia román­ti­ca de cier­to tono fan­ta­sio­so es capaz de lle­gar a una pobla­ción adul­ta capaz de empa­ti­zar con la suer­te de sus dos per­so­na­jes protagónicos.

Karin Viard y Gré­gory Gadebois

Den­tro de un mar­co de nota­ble sen­ci­llez, el guión de las cineas­tas pre­sen­ta a Maria (Karin Wiard), una mujer de 50 años, casa­da y madre de una hija, que aca­ba de per­der su tra­ba­jo debi­do a que la ancia­na per­so­na a la que cui­da­ba ha falle­ci­do. No obs­tan­te, logra con­se­guir un empleo de encar­ga­da de la lim­pie­za en la Escue­la de Bellas Artes de París. Lo pri­me­ro que se apre­cia es que se está en pre­sen­cia de una per­so­na que a esta altu­ra de su vida sien­te que no ha lle­ga­do a tras­cen­der y su rela­ción con­yu­gal de 22 años trans­cu­rre en for­ma ruti­na­ria sin mayor exci­ta­ción. El mun­do en el que aho­ra está invo­lu­cra­da le per­mi­te apre­ciar qué es lo que acon­te­ce en ese esta­ble­ci­mien­to, en gran par­te median­te su víncu­lo con Hubert (Gré­gory Gade­bois), el guar­dián con­ser­je de la escue­la que ha pasa­do toda su vida tra­ba­jan­do allí. A tra­vés de él, Maria entra en con­tac­to con los estu­dian­tes de diver­sas ramas artís­ti­cas y en ese deve­nir va des­cu­brien­do un lugar cau­ti­van­te don­de comien­za a sen­tir­se reju­ve­ne­ci­da y vis­lum­brar su futu­ro con más opti­mis­mo. En tal sen­ti­do, igual­men­te influ­ye la pre­sen­cia de Noé­mie (Noée Abi­ta) una estu­dian­te de pin­tu­ra que ade­más de ser su men­to­ra María le sir­ve de mode­lo posan­do para ella semi­des­nu­da de espalda.

Más allá de lo anec­dó­ti­co de cier­tas secuen­cias, el film acer­ta­da­men­te resal­ta el papel de una anti­he­roí­na que ha per­ma­ne­ci­do pasi­va, sumi­sa y prác­ti­ca­men­te invi­si­ble; así la mag­ní­fi­ca actriz Karin Viard de mane­ra remar­ca­ble tra­du­ce el sen­ti­mien­to de María cons­ta­tan­do que a su edad el medio en que se des­en­vuel­ve le per­mi­te guiar sus emo­cio­nes y abrir­se a la vida aun­que fue­se soñan­do para sen­tir­se vital. A su lado Gré­gory Gade­bois con­fir­ma su con­di­ción de expre­si­vo come­dian­te ofre­cien­do en su papel una gran huma­ni­dad; con suma con­vic­ción el actor trans­mi­te en su per­so­na­je la exis­ten­cia de un ser soli­ta­rio que encuen­tra solaz en los pasos de bai­le que prac­ti­ca y que final­men­te ha encon­tra­do en Maria su alma geme­la. La alqui­mia entre los dos per­so­na­jes es per­fec­ta en don­de la rela­ción man­te­ni­da no está exen­ta de momen­tos de buen humor como cuan­do María le pre­pa­ra el pos­tre “Paris Breast” que resul­ta deci­di­da­men­te inco­mi­ble. Asi­mis­mo mere­ce dis­tin­guir a Noée Abi­ta, quien en un rol de apo­yo ple­na­men­te per­sua­de como la aspi­ran­te pin­to­ra que poco le impor­ta la mira­da de ter­ce­ros a tra­vés de su per­so­na­li­dad ni dema­sia­do sexual ni tam­po­co ingenua.

Median­te una sobria pues­ta escé­ni­ca Escaf­fre y Muller han logra­do una sutil come­dia muy bien enca­ra­da y que ade­más de los valo­res con­sig­na­dos per­mi­te des­cu­brir el uni­ver­so artís­ti­co de la Escue­la de Bellas Artes que apa­re­ce como un adi­cio­nal per­so­na­je de esta emo­ti­va his­to­ria. Jor­ge Gutman

Eva­lua­ción de Fil­mes Vis­tos en el TIFF 2022 (4)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gut­man 

Saint Omer (Fran­cia)

La expe­ri­men­ta­da docu­men­ta­lis­ta Ali­ce Diop abor­da por pri­me­ra vez un lar­go­me­tra­je de fic­ción y su debut no pudo haber sido más aus­pi­cio­so al haber logra­do una his­to­ria de con­si­de­ra­ble impac­to emo­cio­nal. La rea­li­za­do­ra se ha ins­pi­ra­do en el infan­ti­ci­dio come­ti­do por Fabienne Kanou en noviem­bre de 2013 al haber aban­do­na­do en horas noc­tur­nas a su hiji­ta de 15 meses en una pla­ya del nor­te de Fran­cia, aguar­dan­do a que la alta marea del mar la arras­tra­ra consigo.

SAINT OMER (Foto: TIFF)

El guión de Diop com­par­ti­do con Amri­ta David y Marie NDia­ye intro­du­ce a Rama (Kay­jie Kaga­me), una joven escri­to­ra fran­co-sene­ga­le­sa que para su pró­xi­mo libro tie­ne pro­yec­ta­do aden­trar­se en una ver­sión con­tem­po­rá­nea del mito de Medea. La oca­sión no pudo haber­le sido más pro­pi­cia cuan­do se pre­sen­ta el caso de un fili­ci­dio don­de Lau­ren­ce Coly (Gus­la­gie Malan­da) es acu­sa­da de haber mata­do a su hiji­ta de 15 meses en Saint-Omer: por lo tan­to Rama está dis­pues­ta a asis­tir al jui­cio. La con­si­de­ra­ble atrac­ción del rela­to resi­de en la enig­má­ti­ca per­so­na­li­dad de Lau­ren­ce quien al ser inte­rro­ga­da por la jue­za (Valé­rie Dré­vi­lle) mani­fies­ta abier­ta­men­te que ella es la res­pon­sa­ble del cri­men come­ti­do; lo más sor­pren­den­te es que ade­más de con­si­de­rar­se ino­cen­te desea saber las razo­nes que la impul­sa­ron a come­ter el infan­ti­ci­dio de la cria­tu­ra a la que ella fer­vien­te­men­te amó. Con todo, apa­ren­te­men­te no exis­te moti­vo alguno para supo­ner que Lau­ren­ce pade­ce de des­equi­li­brio mental.

Si bien la mayor par­te de esta his­to­ria se con­cen­tra en el jui­cio desa­rro­lla­do a lo lar­go de varias jor­na­das, el rela­to igual­men­te enca­ra la situa­ción per­so­nal y fami­liar de Rama; estan­do casa­da con Adrien (Tho­mas de Pour­query) ella se encuen­tra en los pri­me­ros esta­dios de emba­ra­zo, hecho que le ocul­ta a su madre con quien man­tie­ne una difí­cil rela­ción. A medi­da que la audien­cia pro­si­gue Rama se intere­sa con mayor inten­si­dad en el caso de la incul­pa­da y de qué mane­ra eso podrá influir en su futu­ra mater­ni­dad tenien­do en cuen­ta cier­tos trau­mas expe­ri­men­ta­dos en el pasa­do; por lo tan­to su esta­do aní­mi­co está vin­cu­la­do con lo que el des­tino le aguar­da­rá a Laurence.

Con una mag­ní­fi­ca pues­ta escé­ni­ca más pro­pia de un docu­men­tal que de una his­to­ria de fic­ción, la rea­li­za­do­ra per­mi­te que el rela­to con­cen­tre per­ma­nen­te­men­te la aten­ción del espec­ta­dor; ade­más de la direc­ción y del sóli­do guión, las remar­ca­bles actua­cio­nes de Kaga­me y de Malan­da resal­tan los valo­res de este exce­len­te film que obtu­vo el Gran Pre­mio del Jura­do en el fes­ti­val de Vene­cia con­clui­do hace pocos días.

Whi­le We Wat­ched (Gran Bretaña)

Este remar­ca­ble docu­men­tal de Vinay Schu­kla enfo­ca un pro­ble­ma que no es sola­men­te exclu­si­vo de India, sino que lamen­ta­ble­men­te acon­te­ce en otras regio­nes del mun­do. El rea­li­za­dor enfo­ca la impor­tan­cia de man­te­ner un perio­dis­mo tele­vi­si­vo inde­pen­dien­te a tra­vés de la per­so­na­li­dad de Ravish Kumar.

WHI­LE WE WAT­CHED (Foto:TIFF)

Este famo­so perio­dis­ta indio no tie­ne pelos en la len­gua y es así que duran­te su tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal como supe­rior eje­cu­ti­vo y edi­tor del canal de tele­vi­sión indio NDTV se preo­cu­pa en difun­dir los dife­ren­tes pro­ble­mas de carác­ter social que aque­jan a su país. Con­se­cuen­te­men­te el vene­ra­ble repor­te­ro, no ali­nea­do con las polí­ti­cas segui­das por el gobierno del Pri­mer Minis­tro Naren­dra Modi, inten­ta des­ba­ra­tar la des­in­for­ma­ción gene­ra­da por el Estado.

Cier­ta­men­te, la inte­gri­dad moral de Kumar lo ha con­ver­ti­do en un anti­na­cio­na­lis­ta por par­te de sus enemi­gos quie­nes lo con­si­de­ran como “enemi­go del pue­blo”; de allí, las con­ti­nuas ame­na­zas de muer­te hacia él y su fami­lia, reci­bi­das median­te e‑mails o tele­fó­ni­ca­men­te. Afor­tu­na­da­men­te, a dife­ren­cia de varios perio­dis­tas y acti­vis­tas que han sido arres­ta­dos por el actual gobierno, Kumar ha logra­do pre­ser­var su inde­pen­den­cia con­vir­tién­do­se en una figu­ra céle­bre duran­te el hora­rio cen­tral en que se emi­te su pro­gra­ma. Fun­da­men­tal­men­te él es com­ple­ta­men­te cons­cien­te de que para pre­ser­var la demo­cra­cia es nece­sa­rio que no se des­na­tu­ra­li­ce la infor­ma­ción suministrada.

Con un rit­mo flui­do y median­te un len­gua­je sobrio y mesu­ra­do, Shu­kla rela­ta la his­to­ria de su pro­ta­go­nis­ta resal­tan­do la nece­si­dad de pre­di­car la ver­dad con la máxi­ma obje­ti­vi­dad posi­ble. Por sus valio­sos méri­tos, el docu­men­tal des­ta­ca las nume­ro­sas dis­tin­cio­nes reci­bi­das por Kumar, inclu­yen­do entre otras, la Exce­len­cia en Perio­dis­mo de Ram­nath Goe­ri­ka por ser el Mejor Perio­dis­ta del Año y el pre­mio Ramon Mag­say­say en 2019.

The Swea­ring Jar (Cana­dá)

En su segun­do lar­go­me­tra­je la direc­to­ra y escri­to­ra Lind­say Mac­Kay ofre­ce un rela­to basa­do en el no del todo cla­ri­fi­ca­do guión de Kate Hewlett.

En la pri­me­ra esce­na se obser­va a Carey (Ade­lai­de Cle­mens), pro­fe­so­ra de músi­ca en una escue­la secun­da­ria a la vez que can­tan­te en un café local, cele­bran­do con su can­to el cum­plea­ños de su mari­do Simon (Patrick J. Adams). A con­ti­nua­ción se apre­cia la dicha que expe­ri­men­ta esta pare­ja en estar jun­tos a la vez que su feli­ci­dad se inten­si­fi­ca cuan­do Carey que­da emba­ra­za­da y el anhe­lo de ambos de ser padres.

THE SWEA­RING JAR (Foto: TIFF)

Cuan­do todo pare­ce trans­cu­rrir plá­ci­da­men­te hay un hecho sig­ni­fi­ca­ti­vo que alte­ra el orden exis­ten­te; eso se pro­du­ce a par­tir del momen­to en que Carey visi­ta una libre­ría y cono­ce a Owen (Dou­glas Smith), el joven emplea­do que la atien­de. La sim­pa­tía inme­dia­ta gene­ra­da entre ambos se tra­du­ce en un táci­to flir­teo en don­de Carey no pue­de ocul­tar la atrac­ción que le sus­ci­ta Owen. Sin que exis­ta indi­cio alguno de que Simon sufre una gra­ve enfer­me­dad, él repen­ti­na­men­te mue­re a cau­sa de un aneu­ris­ma dejan­do a su espo­sa pro­fun­da­men­te des­con­so­la­da al pun­to tal de no asis­tir a su fune­ral. Su dolor se trans­for­ma en rabia cuan­do su cáus­ti­ca sue­gra Bev (Kath­leen Tur­ner) le infor­ma que ella había esta­do al corrien­te de la dolen­cia de su hijo sin que Carey se hubie­ra impues­to de lo que le suce­día a su marido.

Pos­te­rior­men­te el rela­to avan­za en 3 años en don­de apa­re­ce Bev para cono­cer a su nie­ti­ta. Asi­mis­mo retor­na Owen con quien Carey reanu­da su roman­ce para con­su­mar­se esta vez sexual­men­te. Curio­sa­men­te, recién aho­ra ella expe­ri­men­ta sen­ti­mien­tos de cul­pa por haber ocul­ta­do a su mari­do la rela­ción que man­tu­vo con el libre­ro y a mane­ra de home­na­je cele­bra su cua­dra­gé­si­mo cum­plea­ños con ami­gos, can­tan­do con acom­pa­ña­mien­to de Owen en cali­dad de guitarrista.

Aun­que la direc­ción de Mac­Kay es acer­ta­da, el entre­ve­ra­do guión tor­na irrea­lis­ta los secre­tos que se acu­mu­lan en esta his­to­ria. Si bien pue­de ser fac­ti­ble que duran­te los 12 años de feliz matri­mo­nio con Simon, Carey se ena­mo­re de Owen sin habér­se­lo hecho saber a su mari­do, cues­ta admi­tir que ella hubie­ra igno­ra­do la gra­ve enfer­me­dad de su espo­so; final­men­te, el remor­di­mien­to que la aco­sa habien­do comen­za­do varios años des­pués del dece­so de Simon, resis­te cre­di­bi­li­dad. No obs­tan­te su cali­fi­ca­do elen­co, resul­ta difí­cil empa­ti­zar con sus personajes.

Sid­ney (Esta­dos Unidos)

En este sóli­do docu­men­tal Regi­nald Hud­lin revi­ve la vida del caris­má­ti­co y exce­len­te actor Sid­ney Poi­tier. Aun­que la des­apa­ri­ción de esta legen­da­ria figu­ra se pro­du­jo en enero de este año a los 94 años, la pelí­cu­la con­clui­da poco antes de su dece­so per­mi­te entrar en con­tac­to direc­to con Poitier.

SID­NEY (Foto: TIFF)

En la pri­me­ra ima­gen Hud­lin enfo­ca a Poi­tier quien con su plá­ci­da voz comien­za a con­tar su vida des­de su naci­mien­to en Esta­dos Uni­dos y su crian­za en Baha­mas en un ambien­te de con­si­de­ra­ble pobre­za. A los 15 años, este ino­cen­te joven se tras­la­da a Mia­mi y es en ese enton­ces cuan­do cobra con­cien­cia de lo que sig­ni­fi­ca para él ser negro al tes­ti­mo­niar la bru­tal dis­cri­mi­na­ción racial exis­ten­te y las ame­na­zas de muer­te del temi­ble Ku Klux Klan. De allí se des­pla­za a New York obte­nien­do un tra­ba­jo de lava copas en un café don­de un devo­to mese­ro judío le ense­ña a leer. De inme­dia­to des­cu­bre su amor por la actua­ción comen­zan­do su carre­ra de actor en el Ame­ri­can Negro Thea­tre de Har­lem y su incur­sión en el cine con su pri­me­ra apa­ri­ción en el film de 1950 No Way Out; su con­sa­gra­ción inter­na­cio­nal se pro­du­ce en 1958 com­par­tien­do el rol pro­ta­gó­ni­co con Tuny Cur­tis en The Defiant Ones, en una his­to­ria con­mo­ve­do­ra de dos con­vic­tos, uno blan­co y el otro negro, soli­da­ri­zán­do­se duran­te la hui­da que empren­den. Ya en la déca­da del 60 Poi­tier se con­vier­te en una super estre­lla de Holly­wood don­de sus pelí­cu­las cons­ti­tu­yen un rotun­do éxi­to cele­bra­do por la audien­cia blanca.

Ade­más de la pre­sen­cia de Poi­tier, el film se nutre con impor­tan­te mate­rial de archi­vo y la par­ti­ci­pa­ción de emi­nen­tes cabe­zas par­lan­tes, inclu­yen­do entre otros nom­bres a Den­zel Washing­ton, Halle Berry, Spi­ke Lee, Mor­gan Free­man, Robert Red­ford, Bar­ba­ra Strei­sand, Quincy Jones, así como las dos espo­sas del actor ‑Jua­ni­ta Har­di y Joan­na Shim­kus — y sus res­pec­ti­vos hijos. En for­ma espe­cial se des­ta­ca los comen­ta­rios de Oprah Win­frey expre­san­do su gran emo­ción cuan­do en 1964 Poi­tier fue el pri­mer actor afro­ame­ri­cano en haber logra­do el Oscar como pro­ta­go­nis­ta de Lilies of the Field.

Apar­te de incor­po­rar extrac­tos de gran par­te de su fil­mo­gra­fía inclu­yen­do en 1972 su debut como rea­li­za­dor en Buck and the Pre­acher, el docu­men­tal resal­ta la pro­fun­da amis­tad que man­tu­vo con Harry Bela­fon­te como acti­vis­tas socia­les en el movi­mien­to de la defen­sa de los dere­chos civi­les, resal­tan­do la tras­cen­den­cia que tuvo en ambos el cruel ase­si­na­to de Mar­tin Luther King en 1968, pro­fun­do opo­si­tor a la segre­ga­ción de la raza negra en Esta­dos Unidos.

Cier­ta­men­te este exce­len­te docu­men­tal de Hud­lin cons­ti­tu­ye un her­mo­so home­na­je al legen­da­rio Poi­tier quien con su talen­to, huma­ni­dad y heroís­mo defen­dió ardien­te­men­te la cau­sa per­se­gui­da en la defen­sa de la pobla­ción afro­ame­ri­ca­na de Esta­dos Uni­dos. Como nota final cabe men­cio­nar la aco­ta­ción del rea­li­za­dor con res­pec­to a la vigo­ro­sa ins­pi­ra­ción brin­da­da por este ícono que hizo posi­ble de que en 2009 lle­ga­ra a la Casa Blan­ca el Pri­mer Pre­si­den­te negro en la his­to­ria de Esta­dos Unidos.