Excén­tri­ca Comedia

FRENCH EXIT.  UK-USA, 2020. Direc­tor: Aza­zel Jacob. 113 minutos

Para quie­nes gus­tan de las come­dias surrea­lis­tas, pue­de que French Exit les satis­fa­ga; en todo caso más allá de la esme­ra­da actua­ción de Miche­lle Pfeif­fer este film dis­ta de lograr un con­sen­so uná­ni­me. No siem­pre una obra lite­ra­ria pue­de tras­la­dar­se efi­cien­te­men­te a la pan­ta­lla, en este caso el tra­ba­jo del rea­li­za­dor Aza­zel Jacob, basán­do­se en la nove­la homó­ni­ma del escri­tor cana­dien­se Patrick de Witt quien se ocu­pó de su adap­ta­ción, resul­ta un tan­to discutible.

Miche­lle Pfeif­fer y Lucas Hedges

El pro­mi­so­rio pun­to de par­ti­da intro­du­ce a Fran­ces (Pfeif­fer), una mujer sexa­ge­na­ria de la alta socie­dad neo­yor­ki­na que aca­ba de enviu­dar. Habien­do dila­pi­da­do casi total­men­te la for­tu­na deja­da por su mari­do y no tole­ran­do vivir en la pobre­za acep­ta la pro­pues­ta de su ami­ga Joan (Susan Coy­ne) para habi­tar en su des­ocu­pa­do depar­ta­men­to que posee en París, sin cos­to alguno. Es así que con el dine­ro res­tan­te obte­ni­do de la ven­ta de los bie­nes del piso que ocu­pa, jun­to con su joven hijo Mal­com (Lucas Hed­ges) y su que­ri­do gato par­ten a la bella capi­tal de Fran­cia uti­li­zan­do como medio de trans­por­te la vía marí­ti­ma. Al hacer­lo, Mal­com deja de lado a su frus­tra­da novia Susan (Imo­gen Poots) sin pro­me­ter­le cuan­do regre­sa­rá a verla.

Ya en París comien­zan a sur­gir las excen­tri­ci­da­des. Poco a poco el depar­ta­men­to pari­sino se va poblan­do con curio­sos per­so­na­jes; entre éstos se encuen­tra Mada­me Rey­naud (Vale­rie Mahaf­fey), una viu­da ame­ri­ca­na expa­tria­da que insis­te en esta­ble­cer lazos de amis­tad con Fran­ces. Como en un momen­to de des­cui­do el gato de Fran­ces ‑que cor­po­ri­za el espí­ri­tu de su espo­so- des­apa­re­ce, ella con­tra­ta al afa­ble detec­ti­ve Julius (Isaach De Ban­ko­lé) para que lo ubi­que. El gru­po se agran­da con Made­lei­ne (Danie­lle Mac­do­nald), una alo­ca­da espi­ri­tis­ta que en una sesión espe­cial con­vo­ca al difun­to mari­do de Fran­ces. Para com­pli­car la situa­ción, ines­pe­ra­da­men­te lle­gan Susan en com­pa­ñía de su nue­vo novio (Daniel di Tomas­so) y final­men­te así lo hace Joan quien com­prue­ba el esta­do caó­ti­co de su depar­ta­men­to habi­ta­do por extra­va­gan­tes personas.

Este cua­dro insen­sa­to se com­ple­ta en los paseos que rea­li­za Fran­ces por París don­de ella va repar­tien­do impor­tan­tes sumas de dine­ro a gen­te des­co­no­ci­da sin que se se sepa la razón de su actitud.

Si el rea­li­za­dor tuvo la inten­ción de pre­sen­tar un rela­to abso­lu­ta­men­te irrea­lis­ta don­de el dis­pa­ra­te se amal­ga­ma con lo iló­gi­co a tra­vés de situa­cio­nes estra­fa­la­rias, su pro­pó­si­to será valo­ra­do de acuer­do con el sen­ti­do del humor de cada espec­ta­dor. Lo que resul­ta indis­cu­ti­ble es la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Pfeif­fer como la viu­da cuyo com­por­ta­mien­to absur­do per­mi­te con­quis­tar la sim­pa­tía del públi­co; a su lado se dis­tin­gue Hed­ges como el pasi­vo y sumi­so hijo que man­tie­ne una sin­gu­lar rela­ción con su madre. El res­to del elen­co se desem­pe­ña con correc­ción suje­to a las exi­gen­cias del guión. Jor­ge Gutman

Cor­tos Nomi­na­dos al Oscar (1)

He aquí un bre­ve comen­ta­rio de cada uno de los 5 cor­to­me­tra­jes de fic­ción nomi­na­dos al Oscar 2021 que se exhi­ben en el Ciné­ma du Parc de Montreal.

FEE­LING THROUGH (Esta­dos Uni­dos, 19 minutos)

Aun­que no se tra­ta de un docu­men­tal sino de una fic­ción, este remar­ca­ble cor­to está aso­cia­do al hecho de que Robert Taran­go, uno de los pro­ta­go­nis­tas del rela­to, es real­men­te cie­go y sor­do como el per­so­na­je que caracteriza.

Diri­gi­do y muy bien escri­to por Doug Roland, la his­to­ria se cen­tra en un inusual encuen­tro noc­turno. Tereek (Ste­ven Pres­cod) des­pués de haber pasa­do una vela­da con sus ami­gos pla­nea reu­nir­se con su novia. Cuan­do hallán­do­se en la calle tex­tean­do con ella por el celu­lar, se topa con Artie (Taran­go) com­pro­ban­do que este hom­bre care­ce de visión y del sen­ti­do de la audición.

No obs­tan­te, median­te pape­les y notas escri­tas se esta­ble­ce una silen­cio­sa comu­ni­ca­ción que satis­fac­to­ria­men­te reem­pla­za a los diá­lo­gos habla­dos; así, Taran­go le pide que lo con­duz­ca a la para­da del auto­bús que lo trans­por­ta­rá a su hogar y que le ayu­de a subir cuan­do el vehícu­lo arri­be. A tra­vés de esa espe­ra, se va for­jan­do entre ambos un lazo afec­ti­vo en don­de que­da resal­ta­do el espí­ri­tu soli­da­rio de Tereek brin­dan­do apo­yo a quien lo nece­si­ta. Con inter­pre­ta­cio­nes que rebo­san com­ple­ta auten­ti­ci­dad, Roland logra un emo­ti­vo cortometraje.

THE LET­TER ROOM (Esta­dos Uni­dos, 33 minutos)

Este cor­to explo­ra la vida car­ce­la­ria a tra­vés de la visión de uno de sus fun­cio­na­rios. Richard (Oscar Isaac) es un hom­bre de exis­ten­cia soli­ta­ria que tra­ba­ja en un cen­tro de reclu­sión en el que su preo­cu­pa­ción mayor es mejo­rar el nivel de vida de los con­vic­tos aun­que le resul­ta impo­si­ble lograrlo.

Cuan­do es pro­mo­vi­do al car­go de direc­tor de comu­ni­ca­cio­nes, tie­ne como prin­ci­pal tarea la de veri­fi­car cada una de las car­tas des­ti­na­das a los pre­sos, esca­near­las y pos­te­rior­men­te entre­gár­se­las a sus res­pec­ti­vos des­ti­na­ta­rios. La lec­tu­ra de esa corres­pon­den­cia epis­to­lar cons­ti­tu­ye para él una espe­cial reve­la­ción; entre las car­tas se encuen­tra la de Rosi­ta (Alia Shaw­kat) diri­gi­da a Cris (Brian Petsos), un pri­sio­ne­ro con­de­na­do a muer­te, en don­de poé­ti­ca­men­te le trans­mi­te su pro­fun­do amor.

Asi­mis­mo, al ir Richard reco­rrien­do los pasi­llos don­de están alo­ja­dos los pri­sio­ne­ros, des­de su cel­da el pena­do Jack­son (John Dou­glas Thom­pson) le inter­cep­ta pidién­do­le que veri­fi­que si hay una car­ta pen­dien­te que podría haber­le escri­to su hija de quien hace lar­go tiem­po que no tie­ne noti­cias. Gra­dual­men­te, Robert se aden­tra en la inti­mi­dad de estos con­vic­tos median­te un pro­ce­di­mien­to deci­di­da­men­te huma­ni­ta­rio. Con gran suti­le­za la direc­to­ra Elvi­ra Lind narra esta sen­si­ble his­to­ria que se encuen­tra enri­que­ci­da con la mag­ní­fi­ca inter­pre­ta­ción de Isaac trans­mi­tien­do la noble­za que emer­ge de su personaje.

TWO DIS­TANT STRAN­GERS (Esta­dos Uni­dos, 25 minutos)

La tra­ge­dia acon­te­ci­da en mayo de 2020 con el ase­si­na­to de Geor­ge Floyd, ha ins­pi­ra­do a los direc­to­res Tra­von Free y Mar­tin Des­mond Roe para rea­li­zar este cor­to. La acción se cen­tra en Car­ter (Joey Badass), un cari­ca­tu­ris­ta negro que habien­do pasa­do la noche con su novia (Zaria Simo­ne) des­pier­ta sobre­sal­ta­do por la horri­ble pesa­di­lla que experimentó.

La mis­ma se refie­re a un encuen­tro con un ofi­cial de poli­cía blan­co (Andrew Howard) que lo fuer­za a entre­gar el bol­so que lle­va con­si­go para ser revi­sa­do; al opo­ner resis­ten­cia Car­ter es vol­ca­do al sue­lo y some­ti­do al mis­mo pro­ce­di­mien­to que Floyd reci­bió has­ta que se pro­du­ce su muerte.

Esta pesa­di­lla se vuel­ve recu­rren­te en los cin­co siguien­tes días, lo que con­tri­bu­ye a que el rela­to no logre la efi­ca­cia desea­da. Aun­que el urti­can­te tema tien­de a demos­trar una vez más la tris­te reali­dad acer­ca del tra­ta­mien­to bru­tal de la poli­cía a la comu­ni­dad negra, su imple­men­ta­ción no satis­fa­ce dado que su cons­tan­te repe­ti­ción resul­ta extenuante.

THE PRE­SENT (Pales­ti­na, 25 minutos)

La novel cineas­ta Farah Nabul­si ofre­ce una con­mo­ve­do­ra his­to­ria expo­nien­do las vici­si­tu­des que sue­len atra­ve­sar los pales­ti­nos de los terri­to­rios ocu­pa­dos cuan­do deben tras­la­dar­se des­de una zona hacia otra.

El guión de la rea­li­za­do­ra escri­to con Hind Shou­fa­ni pre­sen­ta a You­sef (Saleh Bakri), un pales­tino vivien­do en esa región, quien jun­to con su mujer Noor (Mariam Basha) se dis­po­nen a cele­brar el ani­ver­sa­rio de bodas; tenien­do en cuen­ta que el refri­ge­ra­dor del hogar no fun­cio­na como debie­ra, You­sef deci­de obse­quiar a su espo­sa con uno nuevo.

De allí que con su hiji­ta Yas­mi­ne (Mariam Kani) se diri­gen al sec­tor israe­lí para efec­tuar la com­pra; para ello deben pasar pre­via­men­te por un pues­to de con­trol mili­tar ubi­ca­do a esca­sa dis­tan­cia de don­de ellos habi­tan. Des­pués de que You­sef es revi­sa­do de mane­ra nada ama­ble por los sol­da­dos de turno, él y la nena lle­gan al nego­cio para efec­tuar la com­pra. El con­flic­to dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do en el camino de regre­so trans­por­tan­do la neve­ra en una una carre­ti­lla este hom­bre des­pués de haber sido some­ti­do al rigor del con­trol no logra pasar por la puer­ta de fran­queo debi­do al tama­ño del apa­ra­to que trae con­si­go; es así que soli­ci­ta a los guar­dias de tran­si­tar por un sen­de­ro para­le­lo en don­de no exis­te impe­di­men­to alguno, pero ese pedi­do le es dene­ga­do por­que sola­men­te los israe­líes pue­den uti­li­zar esa vía. A todo ello la peque­ña Yas­mi­ne, con­tem­plan­do la humi­lla­ción de la que su padre es obje­to, de mane­ra inge­nio­sa con­si­gue supe­rar ese obs­tácu­lo. La direc­to­ra ha logra­do una cau­ti­van­te his­to­ria rea­lis­ta dota­da de nota­ble auten­ti­ci­dad y real­za­da con el apor­te de Bakri y Kani quie­nes guar­dan una per­fec­ta com­pli­ci­dad en el afec­tuo­so víncu­lo exis­ten­te entre el tierno padre y su dul­ce hijita

WHI­TE EYE (Israel, 21 minutos)

Un rela­to de con­no­ta­cio­nes mora­les es lo que el escri­tor y direc­tor Tomer Shushan con­si­de­ra en este estu­pen­do cor­to. La acción se desa­rro­lla en un lugar no espe­ci­fi­ca­do de Israel enfo­can­do a Omar (Daniel Gad), un hom­bre a quien un mes atrás le ha sido roba­da su que­ri­da bicicleta.

Cuan­do aza­ro­sa­men­te lle­ga a encon­trar­la, estan­do enca­de­na­da y sin poder recu­pe­rar­la, cree haber loca­li­za­do al supues­to ladrón. El incri­mi­na­do es Yunes (Dawit Teke­laeb), un humil­de obre­ro ori­gi­na­rio de Eri­trea que tra­ba­ja en una plan­ta empa­que­ta­do­ra de car­ne; al ser con­fron­ta­do él se decla­ra ino­cen­te ale­gan­do que la sema­na ante­rior la había com­pra­do legal­men­te a un des­co­no­ci­do por 250 she­kels. Par­tien­do de esta pre­mi­sa la tra­ma va adqui­rien­do mar­ca­da ten­sión por cuan­to Omar insis­te que esa bici­cle­ta es suya en tan­to que Yunes cree ser el legí­ti­mo due­ño de la mis­ma. El pro­ble­ma se com­pli­ca aún más cuan­do inter­vie­ne la poli­cía para zan­jar el con­flic­to y des­cu­bre que el tra­ba­ja­dor no posee la visa de resi­den­te sien­do por lo tan­to dete­ni­do; ahí es cuan­do se gene­ra en Omar un sen­ti­mien­to de culpa.

La ima­gi­na­ti­va his­to­ria sóli­da­men­te cons­trui­da por Shushan deja abier­ta la pre­gun­ta sobre cómo podría ser resuel­to salo­mó­ni­ca­men­te el caso plan­tea­do sin que un acto de jus­ti­cia pudie­se gene­rar otro de injus­ti­cia. Cier­ta­men­te, este dra­ma humano per­mi­te que el espec­ta­dor pue­da empa­ti­zar con la situa­ción vivi­da por los dos per­so­na­jes cen­tra­les, mag­ní­fi­ca­men­te carac­te­ri­za­dos por Gad y Tekelaeb.
Jor­ge Gutman

El Genio de la Libertad

CHAR­LIE CHA­PLIN, LE GÉNIE DE LA LIBER­TÉ. Fran­cia, 2020. Un film de Yves Jeu­land. 145 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les de lefifa.com arts.film.

Con más de 30 nota­bles docu­men­ta­les rea­li­za­dos, el direc­tor Yves Jeu­land retor­na aho­ra con un excep­cio­nal tra­ba­jo dedi­ca­do al genial Char­les Cha­plin efec­tua­do para la tele­vi­sión de Fran­cia. El guión de Jeu­land y Fra­nçois Aymé, per­mi­te seguir el tra­yec­to de Cha­plin (1889 – 1977) des­de sus humil­des orí­ge­nes en Ingla­te­rra has­ta su dece­so en Sui­za, con espe­cial énfa­sis a su inva­lua­ble labor profesional.

A dife­ren­cia de otros docu­men­ta­les aquí no hay nin­gu­na per­so­na entre­vis­ta­da dado que lo exhi­bi­do es nutri­do por un extra­or­di­na­rio mate­rial de archi­vo pro­ve­nien­te del cine y la tele­vi­sión como asi­mis­mo extrac­tos de fil­ma­ción pri­va­dos per­te­ne­cien­tes a la fami­lia del actor. Más allá de una mera reco­pi­la­ción es impor­tan­te des­ta­car el esfuer­zo rea­li­za­do por sus auto­res que impli­có apro­xi­ma­da­men­te 3 años de tra­ba­jo y casi un año de edi­ción rea­li­za­do de mane­ra remar­ca­ble por la mon­ta­jis­ta Syl­vie Bour­get. Con­se­cuen­te­men­te, el espec­ta­dor acom­pa­ña­do por la voz huma­na en off del actor Mathieu Amalric es guia­do a tra­vés del desa­rro­llo de este remar­ca­ble documental.

Entre los aspec­tos salien­tes de los archi­vos se des­ta­ca sus comien­zos a tem­pra­na edad en los music-halls de Lon­dres, su paso por París y pos­te­rior­men­te lle­ga­da a Esta­dos Uni­dos en 1910. En pleno auge del cine mudo comen­zó su actua­ción en nume­ro­sos cor­tos uti­li­zan­do en todos ellos el emble­má­ti­co per­so­na­je del pobre vaga­bun­do Char­lot ‑su alter ego- con su clá­si­co som­bre­ro y bas­tón que habría de acom­pa­ñar­lo por más de dos déca­das. Con su popu­la­ri­dad con­quis­ta­da en dichos cor­tos, lle­ga el momen­to en que desea lograr su inde­pen­den­cia y apro­ve­char al máxi­mo su crea­ti­vi­dad de artis­ta sin res­tric­ción de nin­gu­na índo­le; es así que en 1919 fun­da la com­pa­ñía Uni­ted Artists jun­to con la popu­lar actriz Mary Pick­ford, el céle­bre rea­li­za­dor D.W. Grif­fith y el actor y direc­tor Dou­glas Fair­banks quien fue su gran amigo.

Des­pués de The Kid (El Pibe, 1921), el pri­mer con­mo­ve­dor lar­go­me­tra­je que lan­zó a la fama al actor infan­til Jac­kie Coogan, para Cha­plin el cie­lo es el úni­co lími­te. Como noto­ria cele­bri­dad de Holly­wood y del cine mun­dial diri­ge y actúa en su obra maes­tra The Gold Rush (La Qui­me­ra del Oro, 1925) en don­de el docu­men­tal resal­ta la inol­vi­da­ble esce­na en que el erra­bun­do Char­lot acu­cia­do por el ham­bre, pre­pa­ra como pla­to de comi­da su pro­pio zapa­to. Resis­tién­do­se al adve­ni­mien­to del cine sono­ro sigue cen­trán­do­se en el mudo con la fil­ma­ción de la sen­si­ble come­dia sen­ti­men­tal Lime­light (Luces de la Ciu­dad, 1931), otro de sus gran­des éxi­tos. Des­pués de un año y medio de estan­cia en Euro­pa don­de es reci­bi­do como estre­lla mun­dial retor­na a Holly­wood para ofre­cer Modern Times (Tiem­pos Moderno, 1936); en ese film Cha­plin alu­de a las dife­ren­cias de cla­ses, mos­tran­do a su irre­sis­ti­ble per­so­na­je como un ins­tru­men­to del maqui­nis­mo indus­trial con­ver­ti­do en robot a tra­vés de la pro­duc­ción en serie.

La difí­cil situa­ción polí­ti­ca que sacu­de a Euro­pa con el adve­ni­mien­to del nazis­mo, le sir­ve de ins­pi­ra­ción para pre­pa­rar el guión de The Great Dic­ta­tor (El Gran Dic­ta­dor) que lo com­ple­ta el 10 de noviem­bre de 1938, el día siguien­te al de la “Noche de los Cris­ta­les Rotos” don­de el anti­se­mi­tis­mo vigen­te en Ale­ma­nia se hace sen­tir en toda su dimen­sión; es así que su visio­na­ria pelí­cu­la estre­na­da en 1940 y la pri­me­ra que rea­li­za para el cine sono­ro cons­ti­tu­ye una des­pia­da­da crí­ti­ca de Hitler y de todas las dic­ta­du­ras en gene­ral; a pesar de que el film reci­bió múl­ti­ples nomi­na­cio­nes de la Aca­de­mia de Holly­wood, Cha­plin fue dis­tin­gui­do en 1941 con un solo Oscar atri­bui­do al Mejor Guión Original.

Cua­tro fil­mes adi­cio­na­les segui­rían entre los fina­les de la déca­da del 40 y la del 50 don­de el títu­lo más des­ta­ca­do es Lime­light (Can­di­le­jas, 1952); en el mis­mo el pro­di­gio­so cineas­ta narra la his­to­ria de un paya­so y una bai­la­ri­na cuyas vidas se cru­zan des­cu­brien­do que a tra­vés de la mutua ayu­da sub­ya­ce el amor que sien­ten el uno por el otro.

El docu­men­tal igual­men­te alu­de a las acu­sa­cio­nes de comu­nis­ta de que fue obje­to Cha­plin por sim­pa­ti­zar con los rusos lo que moti­vó que en 1947 el Comi­té de Acti­vi­da­des Anti­ame­ri­ca­nas comen­za­ra su cace­ría de bru­jas a fin de que fue­se depor­ta­do. Cuan­do en 1952 par­te rum­bo a Ingla­te­rra, don­de es reci­bi­do con todos los hono­res, el FBI logró que le sea qui­ta­do el per­mi­so de resi­den­cia ame­ri­ca­na; sola­men­te logra retor­nar en 1972 median­te un visa­do de sólo 10 días para reci­bir el Oscar Hono­rí­fi­co por la tra­yec­to­ria de su bri­llan­te carre­ra. Si bien el docu­men­tal ofre­ce nume­ro­sas esce­nas con­mo­ve­do­ras, sus últi­mos 15 minu­tos con­tri­bu­yen para que al final de su visión uno que­de pro­fun­da­men­te emocionado.

Gra­cias a la cali­dad de la escri­tu­ra, a la selec­ción del mate­rial en don­de par­ti­ci­pó asi­mis­mo la docu­men­ta­lis­ta Aude Vasa­llo y a su extra­or­di­na­rio mon­ta­je, éste es uno de los mejo­res docu­men­ta­les que se haya rea­li­za­do en los últi­mos años. Aun­que los ciné­fi­los cono­cen en gran par­te la fil­mo­gra­fía de Cha­plin, el tra­ba­jo de Jeu­land y Ayme cons­ti­tu­ye un más que mere­ci­do tri­bu­to a esta figu­ra icó­ni­ca que como direc­tor, actor, guio­nis­ta y com­po­si­tor musi­cal a tra­vés de la magia del sép­ti­mo arte supo ofre­cer obras de gran huma­ni­dad así como de pene­tran­te con­te­ni­do social. Jor­ge Gutman

Un Emo­ti­vo Documental

BABEN­CO: TELL ME WHEN I DIE. Bra­sil, 2019. Un film de Bar­ba­ra Paz. 73 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les lefifa.com y arts.film

Hacien­do su debut como rea­li­za­do­ra, Bár­ba­ra Paz ‑la viu­da de Héc­tor Baben­co- ofre­ce un emo­ti­vo docu­men­tal dedi­ca­do a la tra­yec­to­ria del direc­tor argen­tino-bra­si­le­ño. Cuan­do muy enfer­mo y pre­sin­tien­do su inmi­nen­te muer­te Baben­co le dice “Yo ya he vivi­do mi muer­te y aho­ra lo que res­ta es hacer un film sobre eso”, la docu­men­ta­lis­ta satis­fa­ce su deseo median­te este logra­do film.

Cier­ta­men­te uno de los más impor­tan­tes rea­li­za­do­res de Amé­ri­ca Lati­na, Baben­co a los 38 años (1984) fue diag­nos­ti­ca­do de cán­cer lin­fá­ti­co por par­te de su ami­go y oncó­lo­go Dr. Drau­zio Vare­lla. Su pro­nós­ti­co de vida era de esca­sos meses pero el des­tino dis­pu­so de otro modo per­mi­tien­do que su enfer­me­dad se pro­lon­ga­ra por más de tres déca­das. Es así que Paz abor­da el docu­men­tal expo­nien­do las face­tas de una per­so­na que enfren­tan­do su mor­ta­li­dad trans­mi­te sus mie­dos, ansie­da­des y fun­da­men­tal­men­te su deseo de no inte­rrum­pir su tra­ba­jo para el cine que para él cons­ti­tu­yó la medi­ci­na más impor­tan­te para alar­gar su vida has­ta el momen­to en que en 2016 la muer­te aso­mó en su puerta.

A tra­vés de extrac­tos fil­ma­dos el docu­men­tal lo exhi­be en su infan­cia en Mar del Pla­ta, la ciu­dad don­de nació. Per­te­ne­cien­do a una fami­lia judía, Baben­co mani­fies­ta que a los 17 años deci­de dejar Argen­ti­na debi­do al anti­se­mi­tis­mo impe­ran­te para resi­dir en Bra­sil; en ese deve­nir no ocul­ta el pro­ble­ma de iden­ti­dad que debe afron­tar cuan­do en el país anfi­trión se lo con­si­de­ra argen­tino, en tan­to que en Argen­ti­na se lo supo­ne brasileño.

Pasan­do revis­ta a su fil­mo­gra­fía, Paz ilus­tra algu­nas esce­nas con clips de sus fil­mes inclu­yen­do entre otros a Pixo­te (1981), su pri­mer gran triun­fo en don­de con un tono docu­men­tal denun­cian­do la injus­ti­cia social el cineas­ta expo­ne a la juven­tud delin­cuen­te de Bra­sil y la for­ma en que es uti­li­za­da por la poli­cía corrup­ta para come­ter deli­tos. Su con­sa­gra­ción inter­na­cio­nal la obtie­ne con El Beso de la Mujer Ara­ña (1985), basa­da en la céle­bre nove­la de Manuel Puig, cuyo tras­la­do a la pan­ta­lla le cupo ser nomi­na­do como mejor direc­tor por la Aca­de­mia de Holly­wood y que le valió a William Hurt el pre­mio al mejor actor. No menos impor­tan­te ha sido Caran­di­rú (2003), basa­do en el libro del doc­tor Vare­lla, cuyo títu­lo se refie­re al tris­te­men­te céle­bre cen­tro de deten­ción de San Pablo que fue demo­li­do en 2002.

Paz igual­men­te pre­sen­ta a su espo­so en los tra­ta­mien­tos reci­bi­dos tan­to en el hos­pi­tal como en su domi­ci­lio y aun­que se lo ve como al típi­co pacien­te pos­tra­do débil­men­te des­pués de las sesio­nes de qui­mio­te­ra­pia, en esas esce­nas la direc­to­ra evi­ta tener com­pa­sión de su espo­so sino por el con­tra­rio des­ta­ca su ímpe­tu para seguir fil­man­do; en tal sen­ti­do su pós­tu­mo film Mi Ami­go Hin­dú (2015) mues­tra al per­so­na­je inter­pre­ta­do por Willem Dafoe como su alter ego: un direc­tor de cine pró­xi­mo a morir.

Mag­ní­fi­ca­men­te fil­ma­do en blan­co y negro y sin sen­ti­men­ta­lis­mo alguno, Paz ofre­ce un ínti­mo retra­to de un hom­bre des­nu­dan­do su alma, que a pesar de su máxi­ma fra­gi­li­dad físi­ca no clau­di­ca su pasión por el cine has­ta exha­lar el últi­mo res­pi­ro. Este con­mo­ve­dor film ha sido pre­mia­do como mejor docu­men­tal en el Fes­ti­val de Vene­cia de 2019 en oca­sión de su estreno mun­dial. Jor­ge Gutman

El Gran Cineasta

FELLI­NI NEVER ENDING (Felli­ni Fine Mai). Ita­lia 2019. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Euge­nio Cap­puc­cio. 80 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les de lefifa.com arts.film

Con­me­mo­ran­do el cen­te­na­rio del naci­mien­to de Fede­ri­co Felli­ni (1920 – 1993), el rea­li­za­dor Euge­nio Cap­puc­cio deci­dió home­na­jear a su gran maes­tro con este docu­men­tal. Habien­do comen­za­do a tra­ba­jar como su asis­ten­te en Gin­ger y Fred (1986) con Mar­ce­llo Mas­troian­ni y Giu­liet­ta Mas­si­na, el docu­men­ta­lis­ta ofre­ce un retra­to del gran rea­li­za­dor ita­liano con resul­ta­dos mixtos.

En su pri­me­ra par­te se asis­te a un recuen­to de las pelí­cu­las más impor­tan­tes de su carre­ra con espe­cia­les refe­ren­cias a I Vite­llo­ni (1953), Amar­cord (1973) basa­da en Rimi­ni, su ciu­dad natal, una entre­vis­ta rea­li­za­da a Felli­ni en el set de fil­ma­ción de E La Nave Va (1983) e intro­du­cien­do algu­nas esce­nas de Le not­ti di Cabi­ria (1957) y La cit­tà delle don­ne (1980) . En esa revi­sión Cap­puc­cio se vale de mate­rial de archi­vo así como del tes­ti­mo­nio de varios de los cola­bo­ra­do­res y ami­gos de Felli­ni, inclu­yen­do entre otros a Ser­gio Rubi­ni, Danie­la Bar­bia­ni, Ferruc­cio Cas­tro­nuo­vo, Andrea de Car­lo, Vin­cen­zo Molli­ca, Gian­fran­co Ange­luc­ci y a su sobri­na Fran­ces­ca Fab­bri Fellini.

En esen­cia, esta rese­ña efec­tua­da por Cap­puc­cio no ofre­ce nada nue­vo de lo que ya se ha vis­to en otras oca­sio­nes; en ese aspec­to es más exhaus­ti­vo el exce­len­te docu­men­tal fran­co-ita­liano Felli­ni, Je suis un grand men­teur (2002) de Damian Pet­ti­grew don­de que­da resal­ta­da la excep­cio­nal fil­mo­gra­fía de Felli­ni así como sus méto­dos poco orto­do­xos de tra­ba­jo, su sin­gu­lar maes­tría esté­ti­ca y carac­te­rís­ti­cas de su personalidad.

Es en la segun­da mitad de este docu­men­tal don­de el rea­li­za­dor ofre­ce aspec­tos poco cono­ci­dos de Felli­ni vin­cu­la­dos con cier­tos pro­yec­tos fíl­mi­cos que no se con­cre­ta­ron. En la entre­vis­ta que Cap­puc­cio rea­li­za al dibu­jan­te e ilus­tra­dor ita­liano Milo Man­ra ‑que mere­ció el res­pe­to de Felli­ni– él expli­ca por­qué la ilus­tra­ción de su cuen­to sobre un via­je a Tulum no pudo imple­men­tar­se en un film. La pelí­cu­la tam­bién se refie­re al encuen­tro que Felli­ni desea­ba man­te­ner con el autor peruano Car­los Cas­ta­ñe­da des­pués de haber leí­do con gran entu­sias­mo su libro Las Ense­ñan­zas de Don Juan que desea­ba fil­mar y que tam­po­co se pudo con­cre­tar. Otro pro­yec­to malo­gra­do ha sido el del film que habría de lla­mar­se El Via­je de G. Mas­tor­na, basa­do en una his­to­ria surrealista.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, la figu­ra de Felli­ni siem­pre intere­sa pero en este caso el docu­men­tal no logra sus­ci­tar un entu­sias­mo mayor; de todos modos, cons­ti­tu­ye un hones­to home­na­je de Capuc­cio al remar­ca­ble cineas­ta des­ta­can­do ade­más de su remar­ca­ble crea­ti­vi­dad artís­ti­ca, sus apre­cia­bles cua­li­da­des huma­nas. Jor­ge Gutman