El Gran Cineasta

FELLI­NI NEVER ENDING (Felli­ni Fine Mai). Ita­lia 2019. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Euge­nio Cap­puc­cio. 80 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les de lefifa.com arts.film

Con­me­mo­ran­do el cen­te­na­rio del naci­mien­to de Fede­ri­co Felli­ni (1920 – 1993), el rea­li­za­dor Euge­nio Cap­puc­cio deci­dió home­na­jear a su gran maes­tro con este docu­men­tal. Habien­do comen­za­do a tra­ba­jar como su asis­ten­te en Gin­ger y Fred (1986) con Mar­ce­llo Mas­troian­ni y Giu­liet­ta Mas­si­na, el docu­men­ta­lis­ta ofre­ce un retra­to del gran rea­li­za­dor ita­liano con resul­ta­dos mixtos.

En su pri­me­ra par­te se asis­te a un recuen­to de las pelí­cu­las más impor­tan­tes de su carre­ra con espe­cia­les refe­ren­cias a I Vite­llo­ni (1953), Amar­cord (1973) basa­da en Rimi­ni, su ciu­dad natal, una entre­vis­ta rea­li­za­da a Felli­ni en el set de fil­ma­ción de E La Nave Va (1983) e intro­du­cien­do algu­nas esce­nas de Le not­ti di Cabi­ria (1957) y La cit­tà delle don­ne (1980) . En esa revi­sión Cap­puc­cio se vale de mate­rial de archi­vo así como del tes­ti­mo­nio de varios de los cola­bo­ra­do­res y ami­gos de Felli­ni, inclu­yen­do entre otros a Ser­gio Rubi­ni, Danie­la Bar­bia­ni, Ferruc­cio Cas­tro­nuo­vo, Andrea de Car­lo, Vin­cen­zo Molli­ca, Gian­fran­co Ange­luc­ci y a su sobri­na Fran­ces­ca Fab­bri Fellini.

En esen­cia, esta rese­ña efec­tua­da por Cap­puc­cio no ofre­ce nada nue­vo de lo que ya se ha vis­to en otras oca­sio­nes; en ese aspec­to es más exhaus­ti­vo el exce­len­te docu­men­tal fran­co-ita­liano Felli­ni, Je suis un grand men­teur (2002) de Damian Pet­ti­grew don­de que­da resal­ta­da la excep­cio­nal fil­mo­gra­fía de Felli­ni así como sus méto­dos poco orto­do­xos de tra­ba­jo, su sin­gu­lar maes­tría esté­ti­ca y carac­te­rís­ti­cas de su personalidad.

Es en la segun­da mitad de este docu­men­tal don­de el rea­li­za­dor ofre­ce aspec­tos poco cono­ci­dos de Felli­ni vin­cu­la­dos con cier­tos pro­yec­tos fíl­mi­cos que no se con­cre­ta­ron. En la entre­vis­ta que Cap­puc­cio rea­li­za al dibu­jan­te e ilus­tra­dor ita­liano Milo Man­ra ‑que mere­ció el res­pe­to de Felli­ni– él expli­ca por­qué la ilus­tra­ción de su cuen­to sobre un via­je a Tulum no pudo imple­men­tar­se en un film. La pelí­cu­la tam­bién se refie­re al encuen­tro que Felli­ni desea­ba man­te­ner con el autor peruano Car­los Cas­ta­ñe­da des­pués de haber leí­do con gran entu­sias­mo su libro Las Ense­ñan­zas de Don Juan que desea­ba fil­mar y que tam­po­co se pudo con­cre­tar. Otro pro­yec­to malo­gra­do ha sido el del film que habría de lla­mar­se El Via­je de G. Mas­tor­na, basa­do en una his­to­ria surrealista.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, la figu­ra de Felli­ni siem­pre intere­sa pero en este caso el docu­men­tal no logra sus­ci­tar un entu­sias­mo mayor; de todos modos, cons­ti­tu­ye un hones­to home­na­je de Capuc­cio al remar­ca­ble cineas­ta des­ta­can­do ade­más de su remar­ca­ble crea­ti­vi­dad artís­ti­ca, sus apre­cia­bles cua­li­da­des huma­nas. Jor­ge Gutman

El Genial Compositor

BEETHO­VEN RELOA­DED. Ale­ma­nia, 2020. Un film de Andy Som­mer. 84 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les lefifa.com y arts.film 

Mucho se ha habla­do de Beetho­ven el año pasa­do en oca­sión del ses­qui­cen­te­na­rio de su naci­mien­to. Con todo, jamás resul­ta sufi­cien­te pon­de­rar su mag­ní­fi­co lega­do; de allí que este mag­ní­fi­co docu­men­tal de Andy Som­mer con guión de Julia Spi­no­la es capaz de lle­gar al corazón.

Como se comen­ta en el film, Beetho­ven expre­sa un increí­ble ran­go de emo­cio­nes en la medi­da que su músi­ca es con­si­de­ra­da como un espe­jo de la exis­ten­cia huma­na. Sus com­po­si­cio­nes se encuen­tran entre las más eje­cu­ta­das y escu­cha­das en el mun­do con melo­días que cual­quier neó­fi­to en la mate­ria pue­de ento­nar­las con facilidad.

¿Qué es lo que hace a Beetho­ven tan espe­cial? La res­pues­ta está en que su músi­ca es uni­ver­sal y atem­po­ral, tal es así que sue­na como si hubie­se sido com­pues­ta hoy día.

A tra­vés de diver­sos capí­tu­los el docu­men­tal con­si­de­ra la tra­yec­to­ria del excep­cio­nal com­po­si­tor a par­tir de sus pri­me­ros logros cuan­do en 1778, a los 7 años de edad hace su pri­me­ra apa­ri­ción públi­ca como pia­nis­ta en Bonn su ciu­dad natal.

Más allá de rese­ñar su bio­gra­fía, la pelí­cu­la enfa­ti­za cómo su músi­ca reper­cu­te en dife­ren­tes luga­res del mun­do. Así en Japón ‑un país de gran cul­tu­ra musical‑, la nove­na sin­fo­nía ha sido eje­cu­ta­da más de mil veces e impre­sio­na con­tem­plar una esce­na en don­de un coro mul­ti­tu­di­na­rio can­ta a viva voz “todos los hom­bres son her­ma­nos” de la céle­bre Oda a la Ale­gria del movi­mien­to final. Asi­mis­mo asom­bra com­pro­bar cómo el míti­co com­po­si­tor influ­ye en la vida de niños y ado­les­cen­tes que habi­tan en los subur­bios de la ciu­dad de Cape­town en Sudá­fri­ca; emo­cio­na ver­los acom­pa­ñan­do al tenor Siya­bon­ga Maqun­go en algu­nas de las bellas can­cio­nes beetho­ve­nia­nas bajo la direc­ción del direc­tor de ópe­ra suda­fri­cano Kobie van Rens­burg; es allí don­de se cons­ta­ta el aura mági­ca de la cone­xión que se pro­du­ce entre el com­po­si­tor y su audiencia.

Ade­más de Tokio y Cape­town el docu­men­ta­lis­ta y su equi­po tras­la­dan al espec­ta­dor a otras ciu­da­des inclu­yen­do Tepli­ce, Lis­boa y obvia­men­te Vie­na, don­de el genial músi­co desa­rro­lló la mayor par­te de su crea­ti­vi­dad, para cap­tar la gran­de­za de su músi­ca. Así, entre las nume­ro­sas com­po­si­cio­nes del autor que se pue­den dis­fru­tar, eje­cu­ta­dos por con­jun­tos de cáma­ra y orques­tas sin­fó­ni­cas, se encuen­tran extrac­tos de las sona­tas Paté­ti­ca y Walds­tein para piano, la sona­ta para vio­lín N°7, el con­cier­to para piano N°3, dos cuar­te­tos de cuer­das, la ober­tu­ra Egmont, las sin­fo­nías N° 3, 4, 6 y la 9 ya men­cio­na­da, así como la Misa Solem­nis com­pues­ta en 1824 que cons­ti­tu­ye una de sus obras vanguardistas.

Para resal­tar su musi­ca Som­mer con­tó con la valio­sa con­tri­bu­ción de nume­ro­sas per­so­na­li­da­des del mun­do musi­cal quie­nes asi­mis­mo se refie­ren a algu­nas de las enfer­me­da­des que ha sufri­do, sobre todo la nefas­ta pér­di­da de la audi­ción y cómo la mis­ma gra­vi­tó en sus com­po­si­cio­nes. Entre algu­nos de los espe­cia­lis­tas par­ti­ci­pan­tes se encuen­tran el com­po­si­tor y cla­ri­ne­tis­ta Jörg Wid­mann, los pia­nis­tas Igor Levit y Mar­tin Helm­chen, la vio­li­nis­ta Raphaë­lle Moreau, la vio­lis­ta Cátia Ale­xan­dra San­tos, el oboís­ta Yann The­net, el direc­tor musi­cal Omer Meir Well­ber, la musi­có­lo­ga Ann-Katrin Zim­mer­mann y la escri­to­ra Chris­ti­ne Eichel.

Así como su gran popu­la­ri­dad se evi­den­ció en opor­tu­ni­dad de su muer­te acae­ci­da en Vie­na en 1827 don­de 20 mil per­so­nas asis­tie­ron a su fune­ral, el excep­cio­nal com­po­si­tor sigue sien­do vene­ra­do en todo el mun­do. A tra­vés de una pers­pec­ti­va moder­na, este valio­so docu­men­tal expli­ca las razo­nes por las que la músi­ca de Beetho­ven ha sido, es y segui­rá sien­do per­ti­nen­te. Jor­ge Gutman

Demen­cia Senil

THE FATHER. Gran Bre­ta­ña-Fran­cia, 2020. Un film de Flo­rian Zeller. 97 minutos.

Habien­do sido elo­gia­do como escri­tor, Flo­rian Zeller tam­bién ha logra­do gran éxi­to como dra­ma­tur­go; así su obra The Truth (2017) obtu­vo el pre­mio Oli­vier como mejor come­dia, pero pre­via­men­te The Father (2012) ha sido aplau­di­da al expo­ner con gran luci­dez un dra­ma psi­co­ló­gi­co sobre la demen­cia senil. Es pre­ci­sa­men­te esta pie­za la que su autor deci­dió tras­la­dar­la al cine. Ubi­cán­do­se por pri­me­ra vez detrás de la cáma­ra, Zeller obtie­ne un ópti­mo resul­ta­do; eso es debi­do a su habi­li­dad de haber logra­do que el film ocul­te par­cial­men­te su ori­gen tea­tral y ade­más por­que con­tó con las excep­cio­na­les actua­cio­nes de Anthony Hop­kins y Oli­via Colman.

Anthony Hop­kins

El muy buen guión pre­pa­ra­do por el rea­li­za­dor jun­ta­men­te con el renom­bra­do dra­ma­tur­go bri­tá­ni­co Chris­topher Ham­pton, intro­du­ce en las pri­me­ras imá­ge­nes al octo­ge­na­rio Anthony (Hop­kins) en su piso lon­di­nen­se; a tra­vés de su ros­tro y mira­da deno­ta haber per­di­do la memo­ria por lo que nece­si­ta del cui­da­do de alguien que lo atien­da. Al ser visi­ta­do por su devo­ta hija Anne (Col­man), ella se mues­tra frus­tra­da por­que las per­so­nas emplea­das para cui­dar­lo deja­ron de hacer­lo debi­do a su difí­cil carác­ter como enfer­mo. De allí que a pesar de su insis­ten­cia de que él pue­de mane­jar­se por sí mis­mo, su hija ha con­tra­ta­do a Lau­ra (Imo­gen Poots) una nue­va enfer­me­ra, don­de en prin­ci­pio pare­ce que todo podrá mar­char bien. Asi­mis­mo, Anne le hace saber que ella se muda­rá a París con su pare­ja y que ven­drá a visi­tar­lo duran­te los fines de sema­na; de allí la impor­tan­cia de que en su ausen­cia, él sea debi­da­men­te super­vi­sa­do por Laura.

Este dra­ma se dis­tin­gue de otros que el cine ha tra­ta­do sobre el mis­mo tópi­co en la medi­da que en su mayor par­te enfo­ca la visión de lo que acon­te­ce en la men­te del anciano. Tenien­do en cuen­ta los pro­ble­mas de Anthony en su per­cep­ción del tiem­po y del espa­cio así como en su pér­di­da par­cial de las habi­li­da­des cog­ni­ti­vas, la tra­ma cede espa­cio a un ver­da­de­ro cru­ci­gra­ma psi­co­ló­gi­co ya que no se pue­de afir­mar si lo que él avi­zo­ra es real o pro­duc­to de su ima­gi­na­ción. Pre­ci­sa­men­te en esa ambi­güe­dad resi­de uno de los aspec­tos más cau­ti­van­tes de esta his­to­ria a fin de que el espec­ta­dor lo dilu­ci­de por sí mismo.

Lo impor­tan­te de este film es el de per­mi­tir que uno se sumer­ja en la psi­quis del afec­ta­do y pue­da cabal­men­te cap­tar su des­orien­ta­ción así como la deso­la­ción que lo inva­de. La carac­te­ri­za­ción que Hop­kins efec­túa de Anthony es abso­lu­ta­men­te fas­ci­nan­te; si bien a lo lar­go de su fruc­tí­fe­ra carre­ra él ha logra­do mara­vi­llar al públi­co, aquí se supera a sí mis­mo como el ati­bo­rra­do y vul­ne­ra­ble padre que con inusi­ta­do rea­lis­mo va atra­ve­san­do por dife­ren­tes esta­dos emo­cio­na­les has­ta cul­mi­nar en una anto­ló­gi­ca esce­na final.

Aun­que Col­man ya ha dado sobra­das mues­tras de su cali­dad de intér­pre­te, aquí nue­va­men­te reafir­ma sus con­di­cio­nes como la que­ri­da hija que a tra­vés de su expre­sión facial no pue­de ocul­tar su pena al com­pro­bar cómo su pro­ge­ni­tor va per­dien­do sus facul­ta­des men­ta­les; la total auten­ti­ci­dad con que ella se apro­pia de su per­so­na­je moti­va a que la audien­cia olvi­de que está con­tem­plan­do a una actriz. En pape­les de apo­yo ade­más de Poots igual­men­te se des­ta­can Rufus Sewell, Oli­via Williams y Mark Gatiss

Como un per­so­na­je invi­si­ble del film es la acer­ta­da músi­ca del com­po­si­tor ita­liano Ludo­vi­co Einau­di quien a tra­vés de la ban­da sono­ra inclu­ye dos her­mo­sos temas del arte líri­co; uno de los mis­mos es el aria Cas­ta Diva de la ópe­ra Nor­ma de Belli­ni y el otro es Je crois enten­dre enco­re de la ópe­ra Les Pécheurs de Per­les de Geor­ges Bizet.

Sin recu­rrir a gol­pes bajos, Zeller ofre­ce un impe­ca­ble a la vez que angus­tio­so cua­dro expo­nien­do cómo un ser humano pue­de desin­te­grar­se cuan­do su luci­dez va des­apa­re­cien­do. Con su impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca, este film cons­ti­tu­ye un exce­len­te ante­ce­den­te para el novel cineasta.

Por sus indis­cu­ti­bles méri­tos, The Father ha sido nomi­na­do por la Aca­de­mia de Holly­wood para los pre­mios Oscar 2021 en varias cate­go­rías: mejor film, mejor actor (Hop­kins), mejor actriz de repar­to (Col­man), mejor guión adap­ta­do (Zeller y Ham­pton), mejor edi­ción (Yor­gos Lam­pri­nos) y mejor dise­ño de pro­duc­ción (Peter Fran­cis y Cathy Feathers­to­ne). Jor­ge Gutman

Enfren­tan­do la Tec­no­lo­gía Digital

EFFA­CER L’HIS­TO­RI­QUE. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2020. Un film escri­to y dir­gi­do por Benoît Delé­pi­ne y Gus­ta­ve Ker­vern. 110 minutos

El desa­fío enfren­ta­do por tres per­so­nas de media­na edad per­te­ne­cien­tes a las gene­ra­cio­nes pre­ce­den­tes a la de la era digi­tal es enfo­ca­do por los direc­to­res Benoît Delé­pi­ne y Gus­ta­ve Ker­vern en esta come­dia que adop­tan­do el tono del absur­do nun­ca ter­mi­na de cuajar.

Corin­ne Masiero

La acción se desa­rro­lla en los subur­bios de una ciu­dad pro­vin­cial de Fran­cia don­de uno de los per­so­na­jes es Marie (Blan­che Gar­din), una mujer adic­ta a la bebi­da que se halla aban­do­na­da por su mari­do y su hijo de 15 años (Lucas Mondher). Su ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do un chan­ta­jis­ta (Vin­cent Lacos­te) que la fil­mó en una com­pro­me­te­do­ra rela­ción sexual le exi­ge una impor­tan­te suma de dine­ro a fin de que el video no lle­gue a difun­dir­se a tra­vés de la red; es así que ella está urgi­da en hallar una vía para impe­dir­lo, sobre todo para que su vás­ta­go no lle­gue a ente­rar­se del inci­den­te. Otro de los per­so­na­jes es Ber­trand (Denis Podaly­dès), un hom­bre viu­do y vecino de Marie, cuya máxi­ma preo­cu­pa­ción es que su hija ado­les­cen­te (Cle­men­ti­ne Pey­ri­cot) no siga sien­do víc­ti­ma del aco­so ciber­né­ti­co; eso lo impul­sa a bus­car una solu­ción para pro­te­ger­la. Final­men­te está Chris­ti­ne (Corin­ne Masie­ro), otra veci­na de la zona que es con­duc­to­ra de taxi Uber y está alie­na­da por su adic­ción a las series tele­vi­si­vas, lo que le pro­du­ce un bajo rating en la eva­lua­ción de sus clien­tes y final­men­te es des­pe­di­da por su emplea­dor. De allí en más, los tres veci­nos se unen a fin de empren­der una gue­rra con­tra los gigan­tes de la tec­no­lo­gía, pre­vio con­tac­to con un hac­ker que se auto­de­no­mi­na “Dios” (Bou­li Lanners).

Si bien en su pri­me­ra mitad el film ofre­ce algu­nos gags acep­ta­bles, las situa­cio­nes absur­das que se van suce­dien­do no se tra­du­cen en una sáti­ra que logre impac­tar; eso se debe en par­te a una narra­ción super­fi­cial uni­do a que sus per­so­na­jes, bor­dean­do la cari­ca­tu­ra, no alcan­zan a crear una empa­tía en su inten­to de no seguir some­ti­dos a la escla­vi­tud de la tec­no­lo­gía digi­tal. No obs­tan­te la pre­sen­cia de bue­nos acto­res, la pre­mi­sa de este rela­to se malo­gra por el ende­ble guión ori­gi­nan­do un des­lu­ci­do sit­com tele­vi­si­vo. Jor­ge Gutman

La Tra­di­ción Oral de África

LA NUIT DES ROIS / NIGHT OF THE KINGS. Cos­ta de Mar­fil-Fran­cia-Cana­dá-Sene­gal, /2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Phi­lip­pe Lacȏ­te. 93 minu­tos. 

Este ori­gi­nal film sumer­ge al espec­ta­dor en algu­nos aspec­tos de las cos­tum­bres impe­ran­tes en Cos­ta de Mar­fil. El direc­tor y guio­nis­ta Phi­lip­pe Lacȏ­te cen­tra­li­za la acción en MACA, el cen­tro peni­ten­cia­rio más gran­de del país y que según uno de sus per­so­na­jes es la úni­ca cár­cel del mun­do gober­na­da por sus pri­sio­ne­ros. En esta his­to­ria don­de los guar­dia­nes sola­men­te se limi­tan a cus­to­diar, es Bar­be Noi­re (Ste­ve Tient­cheu) el “supre­mo jefe” encar­ce­la­do que diri­ge la pri­sión; debi­do al dete­rio­ro de su salud, su auto­ri­dad es dispu­tada por el con­vic­to Lass (Abdul Karim Kona­te) quien apo­ya­do por sus com­pin­ches aspi­ra a ocu­par su puesto.

Baka­ri Koné

Para seguir man­te­nien­do su car­go Bar­be Noi­re renue­va la tra­di­ción oral afri­ca­na median­te un ritual que con­sis­te en obli­gar a un pri­sio­ne­ro a con­tar una his­to­ria duran­te el trans­cur­so de una noche; es así que Roman (Baka­ri Koné), un joven car­te­ris­ta recién ingre­sa­do a la pri­sión, se con­vier­te en el cuen­tis­ta que como Sche­re­za­de ‑la famo­sa prin­ce­sa de Las Mil y Una Noches- para evi­tar que lo maten se ve for­za­do a ima­gi­nar un rela­to que debe­rá durar des­de las horas noc­tur­nas has­ta el amanecer

La nove­la que el con­vic­to narra se refie­re a un acon­te­ci­mien­to real­men­te acon­te­ci­do con Zama King; él es el joven jefe de una ban­da cri­mi­nal de los barrios des­fa­vo­re­ci­dos de Abid­ján que cuan­do deja de ser popu­lar es bru­tal­men­te lin­cha­do y ase­si­na­do. A tra­vés del rela­to la his­to­ria de Roman va adqui­rien­do un aura mági­ca; así, los pri­sio­ne­ros comien­zan a actuar de mane­ra impro­vi­sa­da dan­do vida a los per­so­na­jes del cuen­to quie­nes con sus con­tor­sio­nes, movi­mien­tos, bai­les y can­tos a cape­lla gene­ran una visión poé­ti­ca e ilu­mi­na­do­ra que embe­lle­ce a esta ima­gi­na­ti­va fábu­la don­de la reali­dad se entre­mez­cla con la fan­ta­sía. Jor­ge Gutman