Reme­mo­ran­do Una Masacre

DEAR COM­RA­DES / CHERS CAMA­RA­DES. Rusia, 2020. Un film de Andrei Kon­cha­lovsky 122 minutos.

El octo­ge­na­rio rea­li­za­dor ruso Andrei Kon­cha­lovsky retor­na al cine reme­mo­ran­do una tra­ge­dia acon­te­ci­da en su país natal a tra­vés de un rela­to de fic­ción cen­tra­li­za­do en una fer­vo­ro­sa mujer comu­nis­ta. Por sus sóli­dos valo­res esta pelí­cu­la fue recom­pen­sa­da con el pre­mio al mejor direc­tor en oca­sión de su pre­sen­ta­ción en el fes­ti­val de Vene­cia de 2020.

Julia Vysots­ka­ya

El guón del cineas­ta coes­cri­to con Ele­na Kise­le­va ubi­ca la acción en 1962 en la ciu­dad de Novo­cher­kassk, situa­da al sur de Rusia y pró­xi­ma a la fron­te­ra con Ucra­nia. En la pri­me­ra esce­na se ve a Lyu­da (Julia Vysots­ka­ya), una mujer viu­da de cua­ren­ta años que es mili­tan­te del Par­ti­do Comu­nis­ta. Des­pués de una rela­ción ínti­ma con Logi­nov (Vla­dis­lav Koma­rov), jefe local del movi­mien­to, con él comen­ta sobre la inquie­tud de la pobla­ción debi­do al drás­ti­co aumen­to de los pre­cios de la ali­men­ta­ción y su racio­na­mien­to; sin embar­go, ambos des­es­ti­man el hecho pre­vien­do que el pro­ble­ma ten­drá solu­ción. Más aún, para quie­nes tie­nen bue­nos con­tac­tos como en el caso de Lyu­da, no exis­ten impe­di­men­tos para obte­ner del mer­ca­do negro los artícu­los nece­sa­rios para satis­fa­cer las nece­si­da­des básicas.

Al regre­sar a su hogar que com­par­te con su hija ado­les­cen­te Sve­ta (Julia Buro­va) y su sep­tua­ge­na­rio padre (Ser­gei Erlish), sur­gen momen­tos de ten­sión fren­te a la dis­cre­pan­cia que exis­te entre ella y los suyos. Lyu­da, como apa­sio­na­da par­ti­da­ria del régi­men, cree que el gobierno libe­ral de Niki­ta Krus­chev no uti­li­za la mano fir­me para sofo­car cual­quier pro­tes­ta como solía hacer­lo el des­apa­re­ci­do Josef Sta­lin a quien ella vene­ra. Sve­ta dis­cre­pa abier­ta­men­te con su madre sos­te­nien­do que el des­apa­re­ci­do líder había sido un cruel ase­sino, en tan­to que el padre de Lyu­da, que ha sido un anti­guo cosa­co, no se olvi­da de los abu­sos come­ti­dos por los bol­che­vi­ques y por lo tan­to no son obje­to de su simpatía.

El dis­pa­ra­dor del rela­to se pro­du­ce cuan­do el 1 de junio los tra­ba­ja­do­res de una de las fábri­cas de loco­mo­to­ras más impor­tan­tes ubi­ca­das en la ciu­dad de Novo­cher­kassk se decla­ran en huel­ga al estar des­con­ten­tos por los bajos sala­rios, ser exi­gi­dos de aumen­tar las cuo­tas de pro­duc­ción, la cares­tía de los pro­duc­tos bási­cos y las res­tric­cio­nes para su adqui­si­ción. Cuan­do al siguien­te día miles de obre­ros de la región se unen a la pro­tes­ta en una impo­nen­te mani­fes­ta­ción fren­te a la alcal­día, la mis­ma es bru­tal­men­te sofo­ca­da por los sol­da­dos del ejér­ci­to rojo y los fran­co­ti­ra­do­res de la KGB, gene­ran­do lo que his­tó­ri­ca­men­te es cono­ci­do como la “Masa­cre de Novo­cher­kassk”. Como mues­tra de la igno­mi­nia del régi­men, los miem­bros del par­ti­do están obli­ga­dos a fir­mar una car­ta de con­fi­den­cia­li­dad en don­de nadie pue­de tes­ti­mo­niar sobre lo acon­te­ci­do. Para Lyu­da la situa­ción se agra­va cuan­do su hija no apa­re­ce en el hogar, habien­do sabi­do que ella podría haber­se encon­tra­do entre los manifestantes.

Median­te una inme­jo­ra­ble pues­ta escé­ni­ca el vete­rano cineas­ta obtie­ne un remar­ca­ble dra­ma lúgu­bre expo­nien­do las con­tra­dic­cio­nes exis­ten­tes del comu­nis­mo. Con una exce­len­te foto­gra­fía en blan­co y negro de Andrei Nai­de­nov que per­mi­te al espec­ta­dor una mejor pro­xi­mi­dad a lo refle­ja­do en la pan­ta­lla, Andrei Kon­cha­lovsky se rodeó de un cali­fi­ca­do elen­co. En el rol pro­ta­gó­ni­co Vysots­ka­ya con bra­vu­ra com­po­ne la meta­mor­fo­sis de una mujer que faná­ti­ca del comu­nis­mo y con­ven­ci­da de que hay que apli­car una seve­ra repre­sión a los mani­fes­tan­tes, expe­ri­men­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to de cul­pa cuan­do la masa de tra­ba­ja­do­res es acri­bi­lla­da a bala­zos; uni­da a su pér­di­da de fe en el sis­te­ma, ella trans­mi­te con elo­cuen­cia el dolor de una madre que deses­pe­ra­da­men­te desea saber dón­de se halla su hija ausen­te. En roles de apo­yo se des­ta­can Andrei Gusev como un impor­tan­te ofi­cial de la KGB dis­pues­to a ayu­dar a Lyu­da en ubi­car el para­de­ro de Sve­ta, así como impre­sio­na favo­ra­ble­men­te Erlish como el anciano padre de Lyuda.

En suma, que­da como resul­ta­do un meri­to­rio docu­men­to en el que el gran cineas­ta echa una mira­da crí­ti­ca a la incom­pe­ten­cia, into­le­ran­cia y encu­bri­mien­to del san­grien­to epi­so­dio por par­te de un régi­men que teó­ri­ca­men­te esta­ba des­ti­na­do a defen­der los legí­ti­mos dere­chos de los pro­le­ta­rios. Con la reaper­tu­ra de las salas de cine, esta es la opor­tu­ni­dad para que el públi­co pue­da apre­ciar este nota­ble film en la gran pantalla.
Jor­ge Gutman

El Dra­ma de los Refugiados

WAN­DE­RING, A ROHING­YA STORY / ERRAN­CE SANS RETOUR. Cana­dá, 2020. Un film de Méla­nie Carrier y, Oli­vier Hig­gins. 88 minu­tes. 

El dra­ma de los refu­gia­dos que tra­tan de hallar pro­tec­ción en dife­ren­tes luga­res del mun­do es una reali­dad bien cono­ci­da; con todo, lo que este docu­men­tal ofre­ce es una des­car­na­da ilus­tra­ción de lo que acon­te­ce en el cam­po de Kutu­pa­long ubi­ca­do al sudes­te de Ban­gla­desh, con­si­de­ra­do el más gran­de del mun­do. El fotó­gra­fo repor­te­ro Renaud Phi­lip­pe reali­zó una visi­ta a la zona en 2018 don­de ade­más de inte­rio­ri­zar­se del pro­ble­ma a tra­vés del tes­ti­mo­nio de su gen­te, uti­li­zó su cáma­ra para cap­tar foto­gra­fías que viva­men­te impre­sio­na­ron a los cineas­tas Méla­nie Carrier y Oli­ver Hig­gins; eso les ha ser­vi­do de ins­pi­ra­ción para empren­der la rea­li­za­ción del pre­sen­te documental.

Una esce­na de WAN­DE­RING, A ROHING­YA STORY

Según las esta­dís­ti­cas de 2018 ese cam­po de refu­gia­dos está pobla­do por apro­xi­ma­da­men­te 700.000 Rohing­yas en una super­fi­cie de esca­sos 13 kiló­me­tros cua­dra­dos. En 2017 sus pobla­do­res estu­vie­ron for­za­dos a huir de Myan­mar ‑la tie­rra natal- debi­do al geno­ci­dio per­pe­tra­do por el ejér­ci­to, espe­cial­men­te en el esta­do de Rakhi­ne don­de más de 20.000 per­so­nas fue­ron ase­si­na­das. Ese atá­vi­co odio se debe en gran medi­da a que este gru­po étni­co mino­ri­ta­rio ‑cuya ciu­da­da­nía le es nega­da- pro­fe­sa la fe musul­ma­na a dife­ren­cia de la mayo­ría de la pobla­ción budis­ta. Lamen­ta­ble­men­te en esta matan­za estu­vo invo­lu­cra­da Aung San Suu Kyi — pre­mia­da en 1991 con el Nóbel de la Paz y hoy día bajo arres­to debi­do al recien­te gol­pe mili­tar– quien habien­do lide­ra­do al país se abs­tu­vo de con­de­nar la vio­la­ción, tor­tu­ra y muer­te ejer­ci­da por los gene­ra­les a los Rohingyas.

Gran par­te del logro de este remar­ca­ble docu­men­to es debi­do a la ines­ti­ma­ble cola­bo­ra­ción del poe­ta y refu­gia­do rohing­ya Kala Miya ‑apo­da­do Kalam- quien se encar­ga de la narra­ción aun­que la mis­ma es habla­da por Moha­med Sho­fi. Kalam, que dejó Myan­mar a los 20 años para ir a vivir en India para pos­te­rior­men­te a sus fami­lia­res des­pla­za­dos, rela­ta cómo su deseo de lle­gar a ser doc­tor se trun­có para con­ver­tir­se en intér­pre­te para las ONG y los perio­dis­tas. De sus decla­ra­cio­nes como tam­bién las sumi­nis­tra­das por otros refu­gia­dos y con la com­ple­men­ta­ción de un impor­tan­te mate­rial de archi­vo, se pue­de apre­ciar la coti­dia­na exis­ten­cia de estos desterrados.

Vivien­do en con­di­cio­nes pre­ca­rias, los docu­men­ta­lis­tas han evi­ta­do mos­trar el mise­ra­bi­lis­mo de esta apá­tri­da pobla­ción; en cam­bio, sin recar­gar las tin­tas enfo­can las colas para lograr los ali­men­tos que son dis­tri­bui­dos, la obten­ción del agua nece­sa­ria, las impro­vi­sa­das cla­ses de inglés, los par­ti­dos de fút­bol de los niños, como tam­bién la nos­tal­gia ema­na­da por algu­nos de sus pobla­do­res recor­dan­do a Myan­mar y a los ami­gos allí deja­dos. No fal­tan algu­nas notas dra­má­ti­cas como la de una mujer llo­ran­do por los miem­bros de su fami­lia que han sido eje­cu­ta­dos y las refe­ren­cias a la des­apa­ri­ción de niños debi­do al trá­fi­co humano exis­ten­te. Den­tro de ese pano­ra­ma se evi­den­cia el trau­ma expe­ri­men­ta­do por estos expa­tria­dos que aun­que sal­va­guar­da­dos del terror se encuen­tran pri­sio­ne­ros de los fan­tas­mas que acu­den a la men­te recor­dan­do el tumul­tuo­so pasado.

La pin­tu­ra rea­lis­ta a la vez que sen­si­ble y con­mo­ve­do­ra ofre­ci­da por Hig­gins y Carrier con la cola­bo­ra­ción de la estu­pen­da foto­gra­fía de Renaud Phi­lip­pe, per­mi­te que el espec­ta­dor se invo­lu­cre con el dra­ma de esta comu­ni­dad erran­te sin nacio­na­li­dad ni pasa­por­te que hacien­do sen­tir su voz bus­ca un lugar en el mun­do don­de vivir libre de hos­ti­ga­mien­to y per­se­cu­ción. Jor­ge Gutman

Un Gran Educador

MY NAME IS PEDRO. Esta­dos Uni­dos, 2017. Un film de Lillian Lasa­lle. 87 minu­tos. Dis­po­ni­ble en varias pla­ta­for­mas de strea­ming inclu­yen­do entre otras, Ama­zon y Apple TV 

Habien­do sido aplau­di­do en nume­ro­sos fes­ti­va­les recién aho­ra el gran públi­co tie­ne oca­sión de apre­ciar en línea el remar­ca­ble docu­men­tal de Lillian Lasa­lle cuyo ade­cua­do títu­lo se refie­re al tra­ba­jo rea­li­za­do por un excep­cio­nal edu­ca­dor públi­co lla­ma­do Pedro Santana.

Pedro San­ta­na

En múl­ti­ples oca­sio­nes la edu­ca­ción ha sido des­ta­ca­da como uno de los medios indis­pen­sa­bles para enri­que­cer la cul­tu­ra y el espí­ri­tu, per­mi­tien­do mejo­res nive­les de bien­es­tar social. No siem­pre eso ha sido logra­do polí­ti­ca­men­te; sin embar­go el docu­men­tal demues­tra cómo el deno­da­do esfuer­zo de una sola per­so­na a tra­vés de sus ense­ñan­zas pue­de lograr impor­tan­tes cam­bios en chi­cos, jóve­nes y adul­tos en el medio comunitario.

En su pri­me­ra incur­sión para el cine Lillian Lasa­lle demues­tra con­si­de­ra­ble madu­rez explo­ran­do a este edu­ca­dor a tra­vés de las entre­vis­tas con él man­te­ni­das, las opi­nio­nes de quie­nes han esta­do en con­tac­to con él como asi­mis­mo valién­do­se de impor­tan­te mate­rial de archi­vo. Así que­da refle­ja­da la carre­ra de quien se ini­cia­ra como un humil­de maes­tro en la pro­ble­ma­ti­za­da escue­la públi­ca MS 391 del dis­tri­to metro­po­li­tano del sur de Bronx en New York has­ta alcan­zar nive­les admi­nis­tra­ti­vos supe­rio­res como super­in­ten­den­te adjun­to. En tal sen­ti­do es loa­ble apre­ciar lo que ha logra­do en una zona pobla­da por gen­te de color, lati­na y comu­ni­da­des mino­ri­ta­rias que han sabi­do valo­rar su valio­sa contribución.

La novel rea­li­za­do­ra ofre­ce un afec­tuo­so retra­to de este caris­má­ti­co docen­te, mos­tran­do su vita­li­dad, con­ta­gio­so entu­sias­mo y su pasión al ser­vi­cio de una noble cau­sa, gene­ran­do de este modo una inmen­sa empa­tía con sus alum­nos; eso no se da exclu­si­va­men­te en las salas de cla­se, sino tam­bién en biblio­te­cas, luga­res de apar­ca­mien­tos y en cual­quier otro sitio don­de se pro­du­cen los encuen­tros, sumi­nis­trán­do­les valio­sas lec­cio­nes de vida Nota­ble es la labor empren­di­da con chi­cos pro­ble­ma­ti­za­dos con­fe­sán­do­les que él tam­bién nece­si­ta­ba ayu­da cuan­do era niño al haber teni­do difi­cul­ta­des de apren­di­za­je y que logró supe­rar gra­cias al tesón de su abne­ga­da maes­tra Yvon­ne Torres.

Este con­mo­ve­dor docu­men­tal asi­mis­mo refle­ja la par­ti­ci­pa­ción de San­ta­na en las reunio­nes del con­se­jo esco­lar; como tam­bién haber sido tes­ti­go duran­te su docen­cia en Roc­kland County de las mar­ca­das des­ave­nen­cias entre la comu­ni­dad y la poli­ti­que­ría ejer­ci­da por el comi­té esco­lar del distrito.

En resu­men, Lasa­lle ade­más de des­ta­car el logro del mul­ti­dis­ci­pli­na­rio idea­lis­ta en su com­pro­mi­so de ofre­cer lo mejor de sí mis­mo como bri­llan­te docen­te, resal­ta la impor­tan­cia de la edu­ca­ción públi­ca y la nece­si­dad de dis­po­ner del finan­cia­mien­to nece­sa­rio para poder cum­plir su noble fun­ción. Jor­ge Gutman

El Via­je Final

SUPER­NO­VA. Gran Bre­ta­ña, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Harry Mac­queen. 94 minu­tos. Dis­po­ni­ble en varias pla­ta­for­mas, inclu­yen­do  Apple TV/iTunes

A pocas sema­nas del lan­za­mien­to de Deux, el públi­co tie­ne nue­va­men­te la posi­bi­li­dad de con­tem­plar otra her­mo­sa his­to­ria de amor en Super­no­va, el segun­do tra­ba­jo del guio­nis­ta y rea­li­za­dor Harry Mac­queen. Abor­dan­do el deli­ca­do tema de la demen­cia en sus pri­me­ros esta­dios, con espe­cial sen­si­bi­li­dad el cineas­ta ilus­tra la for­ma en que esa ano­ma­lía afec­ta a una entra­ña­ble pareja.

Stan­ley Tuc­ci y Colin Firth

Este docu­dra­ma pre­sen­ta a Tus­ker (Stan­ley Tuc­ci) y Sam (Colin Firth), ambos de edad madu­ra quie­nes des­de hace dos déca­das han com­par­ti­do un pro­fun­do víncu­lo sen­ti­men­tal sin que el trans­cur­so de los años pudie­ra haber­lo des­gas­ta­do. Con todo hay una oscu­ra nube que se cier­ne sobre ellos por­que hace dos años Tus­ker ha sido diag­nos­ti­ca­do de demen­cia pre­ma­tu­ra; él que es escri­tor pro­si­gue con sus apun­tes aun­que cada vez más le resul­ta difi­cul­to­so expre­sar sus ideas; por su par­te, Sam sien­do un renom­bra­do pia­nis­ta ha deja­do un poco de lado su pro­fe­sión para dedi­car más su aten­ción a su que­ri­do compañero.

Tenien­do en cuen­ta lo que ante­ce­de, a comien­zos del oto­ño ambos han deci­di­do empren­der un via­je en su fur­go­ne­ta rum­bo al noroes­te de Ingla­te­rra a lo lar­go de Lake Dis­trict (Dis­tri­to de los Lagos) para vol­ver a visi­tar algu­nos de los luga­res en que expe­ri­men­ta­ron la dicha de estar juntos.

En las pri­me­ras esce­nas se obser­va a Sam mane­jan­do el vehícu­lo y a Tus­ker como acom­pa­ñan­te, inter­cam­bian­do ani­ma­da­men­te con­ver­sa­cio­nes cir­cuns­tan­cia­les sal­pi­ca­das de humor. Eso no impi­de a Sam mani­fes­tar­se preo­cu­pa­do cuan­do Tus­ker le comu­ni­ca no haber traí­do sus reme­dios por­que los encuen­tra inú­ti­les y por­qué ade­más en un alto del camino su ros­tro deno­ta cier­ta con­fu­sión. Una para­da en la gran­ja fami­liar don­de vive la her­ma­na de Sam (Pip­pa Hey­wood) y en don­de los visi­tan­tes son obje­to de una gra­ta reu­nión sor­pre­si­va rodea­da de parien­tes y de vie­jos ami­gos, cons­ti­tu­ye uno de los feli­ces momen­tos del tra­yec­to. Al reanu­dar el reco­rri­do el rela­to va adqui­rien­do mayor dramatismo.

Es real­men­te enco­mia­ble cómo Mac­queen ha des­crip­to a estos dos per­so­na­jes y el modo en que ha sido carac­te­ri­za­do por dos excep­cio­na­les acto­res. Tuc­ci mara­vi­lla tras­lu­cien­do el sen­ti­mien­to de una per­so­na que aún lúci­da no desea ser una car­ga para su ama­do; es así que pre­fie­re poner fin a su exis­ten­cia antes que su enfer­me­dad pro­gre­se al pun­to en que lle­gue a per­der su capa­ci­dad cog­ni­ti­va y se con­vier­ta en un tris­te recuer­do para él. De su lado, Firth com­po­nien­do al alma del rela­to es insu­pe­ra­ble como el hom­bre que de nin­gu­na mane­ra quie­re ver par­tir a alguien que le ha dado sen­ti­do a su vida; las expre­sio­nes facia­les de Sam ‑cap­ta­das en pri­me­ros pla­nos por la cáma­ra del rea­li­za­dor- trans­mi­ten esa gran pena y angus­tia que lle­ga pro­fun­da­men­te al espec­ta­dor. Ambos intér­pre­tes logran una extra­or­di­na­ria sim­bio­sis refle­jan­do con excep­cio­nal auten­ti­ci­dad los dife­ren­tes mati­ces de inti­mi­dad que viven sus per­so­na­jes tan­to a tra­vés de las pala­bras como de los silen­cios mantenidos.

Cabe aplau­dir el bri­llan­te ofi­cio del cineas­ta quien ape­lan­do a una sobria y flui­da narra­ción ha obte­ni­do un estu­pen­do dra­ma román­ti­co don­de sus per­so­na­jes deben con­fron­tar la ineluc­ta­ble mor­ta­li­dad y avi­zo­rar el futu­ro del uno sin el otro.

Un deta­lle para des­ta­car es que el rea­li­za­dor en su con­di­ción de guio­nis­ta pre­fi­rió que sus pro­ta­go­nis­tas no fue­sen hete­ro­se­xua­les; pro­ba­ble­men­te su pro­pó­si­to haya sido el de demos­trar que cual­quie­ra sea la orien­ta­ción sexual de los miem­bros de una pare­ja lo que pre­do­mi­na es la nece­si­dad vital de amar y ser ama­do no obs­tan­te cual­quier obs­tácu­lo que se inter­pon­ga en el camino. Jor­ge Gutman

Ase­si­na­to Racial

JUDAS AND THE BLACK MES­SIAH. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Sha­ka King. 126 minu­tos. Dis­po­ni­ble, entre otras, en las pla­ta­for­mas de Ama­zon Pri­me, Cine­plex, Goo­gle Play, Apple TV/iTunes y Vidéotron.

Una vez más el cine ame­ri­cano incur­sio­na en la his­to­ria del movi­mien­to racis­ta que tuvo lugar en Esta­dos Uni­dos en la déca­da del 60 don­de el FBI aso­ló cruel­men­te con­tra los negros. Así como el memo­ra­ble Mar­tin Luther King fue uno de sus gran­des enemi­gos, des­pués de que fue­ra ase­si­na­do, la mira estu­vo con­cen­tra­da en Fred Ham­pton. Si bien la his­to­ria de este joven acti­vis­ta de los dere­chos civi­les fue obje­to de tra­ta­mien­to en el docu­men­tal de 1971 The Mur­der of Fred Ham­pton aquí nue­va­men­te lo con­si­de­ra el direc­tor Sha­ka King aun­que median­te un rela­to de ficción.

Daniel Kaluu­ya

Basa­do en el guión coes­cri­to por el rea­li­za­dor y Will Ber­son el rela­to comien­za en 1968 con el arres­to en Chica­go del afro­ame­ri­cano William O’Neal (LaKeith Stan­fi­eld) quien valién­do­se de una fal­sa pla­ca del FBI arra­sa en un bar don­de se encuen­tra un gru­po de negros y le roba a uno de ellos su coche. Al ser dete­ni­do, para evi­tar su encar­ce­la­mien­to por un perío­do de seis años y medio, acep­ta la pro­pues­ta de Roy Mit­chell (Jes­se Ple­mons), un agen­te del FBI diri­gi­do por J. Edgar Hoo­ver (Mar­tin Sheen), para actuar como infor­man­te de las acti­vi­da­des pla­nea­das por The Black Panthers del cual es miem­bro. Para Hoo­ver esta orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria izquier­dis­ta sur­gi­da en 1963 cons­ti­tu­ye una seria ame­na­za para la segu­ri­dad nacio­nal y por lo tan­to debe ser des­ba­ra­ta­da; el asun­to adquie­re mayor impor­tan­cia por el ascen­dien­te del caris­má­ti­co Fred Ham­pton (Daniel Kaluu­ya) quien pre­si­dien­do la filial de Illi­nois con asien­to en Chica­go del movi­mien­to con su bri­llan­te ora­to­ria logra per­sua­dir a sus miem­bros para defen­der sus legí­ti­mos dere­chos y luchar a muer­te con­tra la bru­ta­li­dad policial.

Así como Spi­ke Lee uti­li­zó en BlacKk­Klans­man (2018) a un poli­cía negro para infil­trar­se en el Ku Klux Klan, King uti­li­za un pro­ce­di­mien­to simi­lar con O’Neal; este repe­len­te per­so­na­je comien­za a cum­plir fiel­men­te con sus fun­cio­nes, tra­tan­do de ganar­se la con­fian­za de Ham­pton como su cho­fer y guar­da­es­pal­das e inclu­so lle­gan­do a ser su ami­go. Así, el dela­tor man­tie­ne infor­ma­do a Mit­chell sobre los pasos de Ham­pton has­ta que final­men­te el impla­ca­ble Hoo­ver con­si­de­ra que ha lle­ga­do la hora de des­ha­cer­se de él; en con­se­cuen­cia, con la com­pli­ci­dad del Depar­ta­men­to de Poli­cía de Chica­go y la Ofi­ci­na Fede­ral de Inves­ti­ga­cio­nes Ham­pton es aba­ti­do en su hogar el 4 de diciem­bre de 1969 a los 21 años de edad y pocas sema­nas antes del naci­mien­to de su hijo.

Rea­li­za­do con­ven­cio­nal­men­te, el gran méri­to de este dra­ma rea­lis­ta resi­de en el nota­ble luci­mien­to de su trío acto­ral. Kaluu­ya des­lum­bra al aden­trar­se ple­na­men­te en la per­so­na­li­dad del joven revo­lu­cio­na­rio. No menos fas­ci­nan­te es la inter­pre­ta­ción de Stan­fi­eld como un moderno Judas trai­cio­nan­do a Ham­pton al pro­pio tiem­po que expe­ri­men­ta la duda, inse­gu­ri­dad y temor que lo embar­ga al ser cons­cien­te de su corrup­ción moral. Ple­mons igual­men­te sale airo­so como el cíni­co fun­cio­na­rio que sabe cómo mani­pu­lar a su infor­man­te y satis­fa­cer de este modo los reque­ri­mien­tos de Hoo­ver. En un papel de apo­yo se des­ta­ca Domi­ni­que Fis­back como Debo­rah, la fiel y abne­ga­da com­pa­ñe­ra de Ham­pton y cola­bo­ra­do­ra de sus dis­cur­sos políticos.

Que­da como balan­ce un docu­men­to som­brío expo­nien­do uno de los tan­tos capí­tu­los dolo­ro­sos de la his­to­ria ame­ri­ca­na. A pesar de haber trans­cu­rri­do cin­co déca­das de los hechos rela­ta­dos, lamen­ta­ble­men­te la inti­mi­da­ción racis­ta sub­sis­te; como tris­te ejem­plo bas­ta recor­dar el homi­ci­dio del negro Geor­ge Floyd per­pe­tra­do por un sádi­co poli­cía blan­co en mayo de 2020. En todo caso resul­ta posi­ti­va la actua­ción del movi­mien­to Black Lives Mat­ter bata­llan­do con­tra   la injus­ti­cia, des­igual­dad y vio­len­cia de la que es obje­to la comu­ni­dad afro­ame­ri­ca­na en Esta­dos Uni­dos. Jor­ge Gutman