El Cal­va­rio de un Soldado

FATHER SOL­DIER SON. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Catrin Einhorn y Lesl­ye Davis. 99 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

El dra­ma de los vete­ra­nos de gue­rra en Esta­dos Uni­dos ya ha sido tra­ta­do por el cine en varias opor­tu­ni­da­des; en esta oca­sión las nove­les rea­li­za­do­ras Catrin Einhorn y Lesl­ye Davis lo con­si­de­ran bajo un ángu­lo dife­ren­te cen­trán­do­se en el víncu­lo exis­ten­te entre un mili­tar y su fami­lia. El docu­men­tal pro­du­ci­do por The New York Times y dis­tri­bui­do exclu­si­va­men­te por Net­flix es nada menos que excep­cio­nal debi­do a la impe­ca­ble meticu­losi­dad de su tra­ta­mien­to, sobre todo tenien­do en cuen­ta que la fil­ma­ción se efec­túó a lo lar­go de 9 años con per­so­na­jes reales.

Brian Eisch con sus hijos Isaac y Joey

La saga comien­za en 2010 pre­sen­tan­do al sar­gen­to ame­ri­cano Brian Eisch en misión en Afga­nis­tán. Padre de Isaac y Joey de 12 y 9 años de edad res­pec­ti­va­men­te, en su ausen­cia los niños son cui­da­dos por un fami­liar cer­cano. Es emo­ti­vo pre­sen­ciar el reen­cuen­tro de estos chi­cos cuan­do su padre des­pués de haber esta­do 6 meses en el fren­te lle­ga por dos sema­nas de vaca­cio­nes a Wis­con­sin; en el aero­puer­to los niños y su padre se abra­zan con eufo­ria trans­mi­tien­do el inmen­so amor que los embar­ga a pesar de la ausen­cia de una madre que ha aban­do­na­do el núcleo fami­liar. La ale­gría de la lle­ga­da se nutre de tris­te­za cuan­do Brian debe retor­nar a la con­vul­sio­na­da región de combate.

Pron­ta­men­te se ave­ci­na el dra­ma; eso acon­te­ce cuan­do estan­do en el fren­te él sufre una gra­ve heri­da en una de sus pier­nas como con­se­cuen­cia de una embos­ca­da ten­di­da por los tali­ba­nes, lo que lo obli­ga a regre­sar de inme­dia­to al hogar. No obs­tan­te estar rodea­do por el cari­ño de sus hijos, él no pue­de disi­mu­lar el dolor que lo aque­ja y cuan­do final­men­te su pier­na debe ser ampu­tada comien­za a expe­ri­men­tar una inmen­sa frus­tra­ción al no sen­tir­se ya más útil como sol­da­do y no poder con­ti­nuar sir­vien­do a su patria. Su esta­do aní­mi­co cobra un vuel­co posi­ti­vo al cono­cer a María, una abne­ga­da mujer con quien habrá de casar­se. De este modo con el hogar aho­ra amplia­do con María y uno de sus 3 hijos, todo pare­ce­ría que Brian retor­na a una vida nor­mal. Sin embar­go, al poco tiem­po y a pesar de todo el amor que sus hijos y su espo­sa le pro­di­gan, Brian per­ma­ne­ce ais­la­do de los suyos des­ti­nan­do gran par­te de su tiem­po a los jue­gos de video de carác­ter militar.

Con la vas­ta expe­rien­cia que reúne Einhorn como repor­te­ra del New York Times y gana­do­ra del Pre­mio Pullitzer, uni­da a la de Davis que se ha dis­tin­gui­do como fotó­gra­fa del mis­mo perió­di­co, no resul­ta extra­ño que ambas docu­men­ta­lis­tas hayan sabi­do cap­tar la varia­da gama de sen­ti­mien­tos y mati­ces que ani­ma a esta fami­lia. Así, duran­te el perío­do en que trans­cu­rre el docu­men­tal, van refle­jan­do los momen­tos de ale­gría ‑inclu­yen­do un naci­mien­to- como tam­bién uno de inmen­so pesar fren­te a una ines­pe­ra­da tragedia.

Las rea­li­za­do­ras demues­tran su pro­fun­da empa­tía hacia todos los inte­gran­tes de la fami­lia. Con res­pec­to a Brian ellas se han aden­tra­do en la psi­co­lo­gía de un hom­bre que duran­te 17 años ha encon­tra­do un sen­ti­do a su vida como mili­tar de ter­ce­ra gene­ra­ción y que a pesar de estar muti­la­do qui­sie­ra vol­ver a demos­trar su leal­tad, honor, sacri­fi­cio así como su hom­bría a la patria que ama. Para­le­la­men­te, el docu­men­tal des­ta­ca la for­ma en que los res­tan­tes miem­bros del núcleo fami­liar se encuen­tran afec­ta­dos por la baja auto­es­ti­ma del frus­tra­do excom­ba­tien­te, don­de final­men­te todos han sido dañados.

El film deja de lado el aspec­to polí­ti­co de Esta­dos Uni­dos sin entrar a comen­tar las medi­das adop­ta­das por la admi­nis­tra­ción Oba­ma y pos­te­rior­men­te por la de Trump con res­pec­to al envío de tro­pas a Afga­nis­tán. Lo impor­tan­te es cons­ta­tar la sen­si­bi­li­dad de Einhorn y Davis de haber cons­trui­do mag­ní­fi­ca­men­te una his­to­ria ilus­tran­do de mane­ra ínti­ma y tier­na a la vez la evo­lu­ción de una fami­lia como con­se­cuen­cia de una gue­rra; en tal sen­ti­do, el obje­ti­vo ha sido amplia­men­te logra­do. Huel­ga seña­lar que Father Sol­dier Son engro­sa la lis­ta de los mejo­res fil­mes pre­sen­cia­dos en el año y por lo tan­to mere­ce su visión. Jor­ge Gutman

Ruti­na­rio Thriller

THE BURNT ORAN­GE HERESY. Gran Bre­ta­ña-Ita­lia, 2019. Un film de Giu­sep­pe Capo­ton­di. 98 minutos

El mun­do del arte es abor­da­do en The Burnt Oran­ge Heresy, un film que par­tien­do de una pre­mi­sa intere­san­te a mitad de camino pier­de alien­to con­vir­tién­do­se en un ruti­na­rio rela­to de suspenso.

Claes Bang y Eli­za­beth Debicki

Así como Ruben Ostlund abor­dó en The Squa­re (2017), la for­ma en que una abur­gue­sa­da cla­se social de Sue­cia se vin­cu­la con el mun­do del arte moderno, aho­ra con cier­tas varian­tes y menor insl­pi­ra­ción el direc­tor Giu­sep­pe Capo­ton­di lo enfo­ca toman­do como refe­ren­cia la nove­la homó­ni­ma de Char­les Wille­ford publi­ca­da en 1971 don­de la acción ya no trans­cu­rre en Esta­dos Uni­dos sino en Italia.

Claes Bang que en el film de Ostlund inter­pre­tó a un cura­dor de un museo, aquí retor­na como James Figue­ras, un eru­di­to aun­que poco éti­co crí­ti­co de arte euro­peo don­de en la pri­me­ra esce­na se lo ve expli­can­do a un gru­po de turis­tas ame­ri­ca­nos visi­tan­do Milán los secre­tos inhe­ren­tes a una remar­ca­ble pin­tu­ra de autor des­co­no­ci­do; al final de su con­fe­ren­cia les hace saber que en reali­dad lo expues­to ha sido rea­li­za­do por él. En con­se­cuen­cia que­da refle­ja­do cómo resul­ta sen­ci­llo mani­pu­lar a per­so­nas no muy aden­tra­das en mate­ria pic­tó­ri­ca para dis­tin­guir un cua­dro autén­ti­co de otro imi­ta­do o fal­so. Entre la audien­cia se encuen­tra Bere­ni­ce Hollis (Eli­za­beth Debic­ki), una bella joven pro­ce­den­te de Min­ne­so­ta de paseo por Euro­pa, quien al final de la char­la enta­bla una con­ver­sa­ción con James; al exis­tir entre ambos una espon­tá­nea sim­pa­tía no resul­ta sor­pre­si­vo que el pró­xi­mo paso con­duz­ca a un pla­cen­te­ro encuen­tro sexual.

Ya rela­cio­na­dos ínti­ma­men­te, Bere­ni­ce acep­ta la invi­ta­ción de Figue­ras de via­jar con él a la fas­tuo­sa resi­den­cia de Joseph Cas­sidy (Mick Jag­ger), un millo­na­rio colec­cio­nis­ta de arte que habi­ta en Lake Com­mo. Este indi­vi­duo ofre­ce a Figue­ras la posi­bi­li­dad de lograr una exclu­si­va entre­vis­ta con Jero­me Deb­ney (Donald Suther­land), un reclui­do cele­bra­do artis­ta que vive en las cer­ca­nías y que ha esta­do duran­te lar­go tiem­po inco­mu­ni­ca­do con el públi­co. A cam­bio de la mis­ma, el ines­cru­pu­lo­so mag­na­te, que cono­ce algu­nos aspec­tos tur­bios del pasa­do de su invi­ta­do, le pide que se apo­de­re de una de las recien­tes pin­tu­ras de Deb­ney a fin de engro­sar su envi­dia­ble colec­ción artística.

Es una pena que lo que comien­za como una irre­ve­ren­te sáti­ra al mun­do del arte, con­ti­nuan­do con una aven­tu­ra román­ti­ca, el guión de Scott B. Smith con­vier­ta al rela­to en un pedes­tre thri­ller coro­na­do de un des­en­la­ce que aun­que impre­vi­si­ble resul­ta malogrado.

Sin duda, exis­te una muy bue­na quí­mi­ca en la pare­ja román­ti­ca con satis­fac­to­rias pres­ta­cio­nes de Bang y Debic­ki, como así tam­bién en bre­ves inter­ven­cio­nes resul­tan con­vin­cen­tes Jag­ger y el vete­rano Suther­land; pero este efi­caz cuar­te­to acto­ral no pue­de com­pen­sar las limi­ta­cio­nes de un libre­to que a tra­vés de cier­tas vuel­tas de giro no logra per­sua­dir al espec­ta­dor. En todo caso, la bue­na foto­gra­fía de David Unga­ro pro­du­ce un pla­cer visual cap­tan­do los esplen­do­res de una de las regio­nes más bellas de Italia.
Jor­ge Gutman

Una Mági­ca Noche

CHAM­BRE 212. Fran­cia-Bél­gi­ca-Luxem­bur­go, 2019. Un film escri­to y diri­gi­do por Chris­tophe Hono­ré. 88 minutos

Aun­que Cham­bre 212 es una fic­ción que en sus pri­me­ras esce­nas adop­ta un enfo­que rea­lis­ta lo más apro­pia­do es cata­lo­gar­lo como una fan­ta­sía. Den­tro de ese mar­co el guio­nis­ta y rea­li­za­dor Chris­tophe Hono­ré se ha sen­ti­do moti­va­do para narrar una his­to­ria sen­ti­men­tal en don­de su prin­ci­pal per­so­na­je se sumer­ge en un mun­do mági­co don­de todo pare­ce posi­ble aun­que no lo sea.

Chia­ra Mastroianni

El rela­to se cen­tra en María (Chia­ra Mas­troian­ni), una mujer de poco más de 40 años que se desem­pe­ña como pro­fe­so­ra uni­ver­si­ta­ria. Aun­que casa­da por espa­cio de dos déca­das con Richard (Ben­ja­min Bio­lay), no tie­ne repa­ro alguno en man­te­ner rela­cio­nes con sus alum­nos. Así cuan­do com­prue­ba que Asdrú­bal (Harri­son Aré­va­lo), uno de ellos, la enga­ña con una joven chi­ca, retor­na frus­tra­da a su hogar don­de Richard la aguar­da; cuan­do él des­cu­bre a tra­vés de los men­sa­jes de tex­to del celu­lar de su espo­sa el adul­te­rio que man­tie­ne con Asdrú­bal, María no ati­na a excu­sar­se de la trans­gre­sión come­ti­da pues­to que en su apre­cia­ción un matri­mo­nio hones­to no sobre­vi­ve sin affai­res extra­con­yu­ga­les. En con­se­cuen­cia pocas horas des­pués, mien­tras su mari­do duer­me, ella se tras­la­da a un hotel que se encuen­tra al fren­te del edi­fi­cio don­de resi­de ocu­pan­do la habi­ta­ción 212 que da títu­lo al film. De allí en más la face­ta rea­lis­ta del rela­to cede lugar a la ima­gi­na­ción con el encan­ta­mien­to de María quien a tra­vés de su memo­ria avi­zo­ra su pasa­do sen­ti­men­tal con sus diver­sos aman­tes a la vez que cavi­la sobre lo que el futu­ro podrá ofre­cer­le. Que­da por ver qué es lo que ella habrá apren­di­do de la expe­rien­cia vivi­da en esa mági­ca noche con su pos­te­rior retorno a la inexo­ra­ble realidad.

Como en varias de sus pelí­cu­las pre­ce­den­tes Hono­ré enfo­ca las rela­cio­nes de pare­ja tra­tan­do de con­si­de­rar las varian­tes que pue­de asu­mir el amor. Pero el rea­li­za­dor de nin­gún modo pre­ten­de ana­li­zar seria­men­te la cri­sis de un matri­mo­nio como lo enfo­ca­ra Ing­mar Berg­man en Esce­nas de la Vida Con­yu­gal (1973), Noah Baum­bach en Marria­ge Story (2019) o bien en algu­nas de las come­dias dra­má­ti­cas de Woody Allen. Lo que aquí se apre­cia es un vau­de­vi­lle ten­dien­te a entre­te­ner a la audien­cia median­te una com­bi­na­ción esca­sa­men­te cohe­ren­te de reali­dad con fan­ta­sía. En últi­ma ins­tan­cia las vici­si­tu­des de una mujer liber­ti­na dis­pues­ta a gra­ti­fi­car­se sexual­men­te a des­pe­cho de man­te­ner una rela­ción con­yu­gal, ori­gi­na un rela­to nos­tál­gi­co a la fran­ce­sa que pre­sen­ta­do bajo una páti­na inte­lec­tual no es más que trivial.

A su favor, Hono­ré ha con­vo­ca­do a un elen­co acto­ral de muy buen nivel comen­zan­do por Mas­troian­ni a quien le ha vali­do el pre­mio a la mejor intér­pre­te en la sec­ción Un Cer­tain Regard del Fes­ti­val de Can­nes de 2019; a su lado, ade­más de Bio­lay se des­ta­can, entre otros, Vin­cent Lacos­te como el joven Richard y Cami­lle Cot­tin ani­man­do a su pro­fe­so­ra de piano.

En suma, he aquí un opus menor en la fil­mo­gra­fía de este pro­vo­ca­ti­vo realizador.
Jor­ge Gutman

Divor­cia­do del Buen Gusto

DIVOR­CE CLUB. Fran­cia, 2020. Un film de Michaël Youn 108 minutos

Si aca­so el pro­pó­si­to del rea­li­za­dor Michaël Youn ha sido el de ofre­cer una come­dia des­ti­na­da a entre­te­ner, su pro­pó­si­to lamen­ta­ble­men­te nau­fra­ga por­que des­pués de sus pri­me­ros 30 minu­tos Divor­ce Club se des­ca­rri­la por completo.

Arnaud Ducret y Fra­nçois-Xavier Demaison

En la pri­me­ra secuen­cia se obser­va a Ben (Arnaud Ducret), un cua­dra­ge­na­rio agen­te inmo­bi­lia­rio de Mar­se­lla muy ena­mo­ra­do de su espo­sa Vanes­sa (Orne­lla Fleury) quien ines­pe­ra­da­men­te sufre la gran humi­lla­ción de su vida cuan­do públi­ca­men­te se ente­ra de que ella lo enga­ña con su emplea­dor (Ben­ja­min Bio­lay). Prác­ti­ca­men­te deses­pe­ra­do por­que a pesar de todo la sigue aman­do, el deso­la­do mari­do no pue­de encon­trar con­sue­lo por sen­tir­se aban­do­na­do. Todo cam­bia para él cuan­do por azar él reen­cuen­tra a Patrick (Fra­nçois-Xavier Demai­son) un vie­jo ami­go a quien no vio des­de hace muchos años y que igual­men­te divor­cia­do le levan­ta su decaí­do áni­mo. Así le hace ver que el matri­mo­nio cons­ti­tu­ye una escla­vi­tud o más bien una pri­sión de la que es nece­sa­rio salir lo más pron­to posi­ble para gozar de la vida. Para ello lo invi­ta a resi­dir a su fas­tuo­sa resi­den­cia don­de ten­drá amplia opor­tu­ni­dad de gozar de com­pa­ñía feme­ni­na sin ata­du­ra alguna.

Para reafir­mar la liber­tad nada mejor que fun­dar el club de divor­cia­dos don­de la gran man­sión de Patrick se con­vier­te en el refu­gio de hom­bres y muje­res que se hallan en la mis­ma con­di­ción. A todo ello, Ben encuen­tra solaz en Marion (Caro­li­ne Angla­de), una agra­da­ble divor­cia­da due­ña de un club de lucha, de la que ter­mi­na­rá enamorándose.

Repen­ti­na­men­te lo que pare­cía estar pre­sen­cian­do una joco­sa come­dia, el guión se dis­pa­ra en dife­ren­tes direc­cio­nes con­vir­tién­do­se en una gro­tes­ca far­sa con situa­cio­nes no solo des­ca­be­lla­das sino inclu­si­ve del peor gus­to que pro­du­cen una sen­sa­ción de tris­te­za al con­tem­plar cómo el rea­li­za­dor y sus cin­co co-guio­nis­tas inte­gra­dos por Matt Ale­xan­der, Marie-Pie­rre Hus­ter, Clau­de Zidi Jr., Cyri­lle Droux y David Gil­creast, sub­es­ti­man la inte­li­gen­cia del espec­ta­dor. Las actua­cio­nes de Ducret y Demai­son como las del res­to del elen­co inte­gran­te carac­te­ri­zan­do a per­so­nas de edad madu­ra que no han deja­do la eta­pa ado­les­cen­te son típi­ca­men­te cari­ca­tu­res­cas y sin que haya nada espe­cial que resal­tar. No vale la pena pro­se­guir en el aná­li­sis de un film que como el pre­sen­te se ali­men­ta de un humor extre­ma­da­men­te vul­gar y por lo tan­to dese­cha­ble. Jor­ge Gutman

La Ruta del Che

JOUR­NAL DE BOLI­VIE. Cana­dá (Quebec)-Bolivia, 2019. Un film de Jules Falar­deau y Jean-Phi­lip­pe Nadeau Mar­coux. 90 minutos

Resul­ta intere­san­te apre­ciar cómo el cine cana­dien­se y sobre todo el de Que­bec se intere­san por lo que acon­te­ce en Amé­ri­ca Lati­na; así, una vez más eso que­da demos­tra­do en el atrac­ti­vo docu­men­tal Jour­nal de Boli­vie, pri­mer lar­go­me­tra­je de Jules Falar­deau y Jean Phi­lip­pe Nadeau Mar­coux que tuvo su estreno mun­dial en el Fes­ti­val Inter­na­cio­nal del Nue­vo Cine Lati­no­ame­ri­cano de La Habana.de 2019.

Jules Falar­deau y un mili­tan­te gue­va­ris­ta (Foto de K‑Films Amérique)

Falar­deau, que ya había teni­do opor­tu­ni­dad de visi­tar Boli­via en 2014 como pro­fe­sor de cine, a raíz de haber for­ja­do bue­nas rela­cio­nes con la gen­te que le cupo alter­nar, que­dó impre­sio­na­do por la impac­tan­te gra­vi­ta­ción que ejer­ce la figu­ra del Che (Ernes­to Gue­va­ra) y es así que cuan­do el país se dis­po­nía a con­me­mo­rar el quin­cua­gé­si­mo ani­ver­sa­rio de su ase­si­na­to pro­pu­so a Nadeau Mar­coux rea­li­zar un docu­men­tal sobre el acontecimiento.

El film está estruc­tu­ra­do en dos par­tes que se van desa­rro­llan­do simul­tá­nea­men­te. Así a tra­vés del dia­rio regis­tra­do por el Che, Falar­deau va leyen­do en off extrac­tos de su con­te­ni­do des­de su lle­ga­da clan­des­ti­na en 1966 a Boli­via para crear un movi­mien­to de gue­rri­lla has­ta el momen­to en que es cap­tu­ra­do. Lo esen­cial del docu­men­tal resi­de en 2017 cuan­do varias gene­ra­cio­nes de boli­via­nos gue­va­ris­tas que inte­gran el movi­mien­to Juven­tud Libre se reúnen para ren­dir­le home­na­je; el mis­mo con­sis­te en vol­ver a efec­tuar con los rea­li­za­do­res, esta vez en un ómni­bus de turis­mo, la ruta empren­di­da por el emble­má­ti­co gue­rri­lle­ro a tra­vés de las mon­ta­ñas boli­via­nas, según lo que se des­pren­de de su dia­rio, des­de que ingre­sa a Boli­via en 1966 has­ta lle­gar al pue­blo de La Higue­ra don­de es ajus­ti­cia­do el 9 de octu­bre de 1967.

Antes que retra­tar al Che el docu­men­tal pre­fie­re refle­jar su memo­ria a tra­vés de las opi­nio­nes expre­sa­das por quie­nes le rin­den tri­bu­to, como por ejem­plo la de Jor­ge Anto­nio Muñoz, un joven ferre­te­ro que se vol­vió gue­va­ris­ta por las impre­sio­nes trans­mi­ti­das por su padre. Otro comen­ta­ris­ta es el autor San­dro Iba­rra Cama­cho quien des­ta­ca la impor­tan­cia del no tener mie­do y afron­tar la adver­si­dad a fin de con­cre­tar los idea­les per­se­gui­dos por Gue­va­ra. Entre los inte­gran­tes de Juven­tud Libre se encuen­tra Sera­fi­na Picha quien mani­fies­ta que el pro­pó­si­to de haber rea­li­za­do en 2005 ese lar­go camino de 800 kiló­me­tros a tra­vés del Cha­co Boli­viano expe­ri­men­tan­do las altas tem­pe­ra­tu­ras, la fal­ta de agua y ali­men­ta­ción así como la de otros serios obs­tácu­los, era el de sen­tir en car­ne pro­pia el inmen­so sacri­fi­cio rea­li­za­do por el Che y sus hom­bres en pos de sus idea­les. Asi­mis­mo, otros mili­tan­tes como Mario Bus­ta­man­te, Sera­fín Gallar­do, Víc­tor Manuel Miran­da, Pas­tor Pérez Rojas, Nelly Toro Mar­tí­nez, Said Cor­tez, Éberth Day­ler Gon­zá­lez y varios más expre­san ese mis­mo sen­ti­mien­to al pro­pio tiem­po que reafir­man la nece­si­dad de luchar con­tra la pobre­za, la injus­ti­cia social y la corrup­ción que se está viviendo.

El pro­pó­si­to de man­te­ner vigen­te a un Che que siga hablan­do se mani­fies­ta en los mura­les don­de jóve­nes mura­lis­tas le rin­den tri­bu­to pin­tan­do su ros­tro al mis­mo tiem­po que agre­gan­do alu­si­vas leyendas.

Resul­ta de inte­rés apre­ciar cómo los inte­gran­tes de Juven­tud Libre que duran­te 4 días via­ja­ron con los rea­li­za­do­res des­de Sucre has­ta La Higue­ra, les agra­de­cen por haber cap­ta­do la reali­dad actual boli­via­na y el sen­tir de su pue­blo hacia la figu­ra míti­ca del ex líder. Pre­ci­sa­men­te en el tra­yec­to de retorno, Falar­deau y Nadeau Mar­coux se aso­cian al gru­po al com­pás de una can­ción cuya letra expre­sa: “Que viva mi patria Boli­via / una gran nación / por ella doy mi vida / y tam­bién mi cora­zón / esta can­ción que yo can­to / la lle­vo con amor / a mi patria Boli­via / que la quie­ro con pasión”.

El docu­men­tal cons­ti­tu­ye una bue­na lec­ción de his­to­ria para quie­nes no estén com­pe­ne­tra­dos del no muy lejano pasa­do boli­viano al ilus­trar la visión del gue­rri­lle­ro en su con­tras­te con la per­cep­ción de la actual gene­ra­ción. Con un esti­lo que en par­te se ase­me­ja al ciné­ma veri­té, este docu­men­to, flui­da­men­te diri­gi­do y edi­ta­do, se bene­fi­cia de la remar­ca­ble foto­gra­fía de Nadeau Mar­coux trans­mi­tien­do vívi­da­men­te las expre­sio­nes, emo­cio­nes y el espí­ri­tu de soli­da­ri­dad y cama­ra­de­ría del gru­po que par­ti­ci­pó en la ruta del Che.

Final­men­te cabe des­ta­car el impor­tan­te mate­rial de archi­vo pro­ve­nien­te de Juven­tud Libre y de videos de la ONU, exi­to­sa­men­te inter­ca­la­do en el rela­to del film. Jor­ge Gutman