Con la Músi­ca en el Alma

DIVER­TI­MEN­TO. Fran­cia, 2022. Un film de Marie-Cas­ti­lle Men­tion-Schaar. 110 minutos.

Un exce­len­te film en el que su esti­mu­lan­te his­to­ria se armo­ni­za con pla­cen­te­ra músi­ca es lo que depa­ra la rea­li­za­do­ra Marie-Cas­ti­lle Mention-Schaar.

En muchas oca­sio­nes el cine abor­dó el tema de la músi­ca refle­jan­do su capa­ci­dad de poder enri­que­cer el espí­ri­tu humano. En esta opor­tu­ni­dad Diver­ti­men­to ade­más de lograr dicho pro­pó­si­to demues­tra como la lucha, deter­mi­na­ción y per­sis­ten­cia de una per­so­na pue­de en últi­ma ins­tan­cia ren­dir ópti­mos fru­tos. Ese es el caso en que el guión de la rea­li­za­do­ra com­par­ti­do con Cla­ra Bou­rreau con­si­de­ra la his­to­ria ver­da­de­ra de la direc­to­ra musi­cal Zahia Ziouani.

Oula­ya Amamra

El rela­to se ini­cia en 1985 en Pan­tin, uno de los subur­bios de París; en su hogar Abdel Zioua­ni (Zine­di­ne Soua­lem) está vien­do un pro­gra­ma tele­vi­si­vo en el que el direc­tor musi­cal Ser­giu CeIi­bi­da­che) diri­ge el Bole­ro de Ravel y su peque­ña hija Zahia obser­va aten­ta­men­te su desa­rro­llo tra­tan­do de imi­tar al maes­tro. De inme­dia­to la acción se des­pla­za a 1995 don­de vemos a la vio­lis­ta Zahia (Oula­ya Amam­ra) de 17 años y su her­ma­na geme­la Fet­tou­ma (Lina El Ara­bi) que es vio­lon­che­lis­ta com­par­tien­do con su padre y su madre (Nadia Kaci). Que­da cla­ro que esta fami­lia de ori­gen arge­lino cele­bra con entu­sias­mo la músi­ca y las chi­cas sien­ten el esti­mu­lo de sus progenitores.

Si bien la his­to­ria enfo­ca el cari­ño y soli­da­ri­dad exis­ten­te entre ambas her­ma­nas guia­das por su amor a la músi­ca, el foco cen­tral resi­de en Zahia cuyo máxi­mo deseo es la de lle­gar a ser direc­to­ra musi­cal de una orques­ta, una aspi­ra­ción ya mani­fes­ta­da en su infan­cia. Sin embar­go hay serios esco­llos que esta joven debe enfren­tar; así, per­te­ne­cien­do a una fami­lia humil­de de inmi­gran­tes y sobre todo dada su con­di­ción de mujer no se ajus­ta pre­ci­sa­men­te a las nor­mas impe­ran­tes del con­ser­va­to­rio pari­sino al que ella asis­te don­de la carre­ra de direc­ción orques­tal de músi­ca clá­si­ca está reser­va­da al géne­ro masculino.

La cineas­ta que a su vez es igual­men­te apa­sio­na­da por la músi­ca sin­fó­ni­ca narra todas las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por la deno­da­da vio­lis­ta a fin de con­cre­tar sus sue­ños en don­de es de vital impor­tan­cia el víncu­lo man­te­ni­do con el emi­nen­te direc­tor rumano Ser­giu Celi­bi­da­che (Niels Ares­trup), quien en vida fue uno de los más impor­tan­tes direc­to­res del siglo pasa­do; a tra­vés del fic­cio­nal per­so­na­je él maes­tro le brin­da a Zahia y a sus com­pa­ñe­ros de estu­dio, lec­cio­nes en mate­ria de direc­ción orques­tal y de qué modo debe pro­du­cir­se la ver­da­de­ra comu­ni­ca­ción entre el maes­tro y sus músi­cos para que la músi­ca lle­gue en toda su dimen­sión al públi­co que la escucha.

Huel­ga seña­lar que el film está nutri­do de núme­ro­sos extrac­tos de renom­bra­das obras del reper­to­rio clá­si­co per­te­ne­cien­tes a gran­des com­po­si­to­res, inclu­yen­do entre otros a Dvo­rak, Bach, Beetho­ven, Mozart, Schu­bert, Pro­ko­fiev, Bizet y Saint-Saëns, que gra­ti­fi­can el oído del espectador.

Sin caer en edul­co­ran­tes sen­ti­men­ta­lis­mos, el guión ofre­ce varios momen­tos de genui­na emo­ción y entre los mis­mas se des­ta­ca la con­mo­ve­do­ra esce­na final en la que Zahia diri­ge la Orques­ta Diver­ti­men­to, que creó con su her­ma­na, eje­cu­tan­do el Bole­ro de Ravel.

Como pro­ta­go­nis­ta del rela­to Amam­ra des­cue­lla apor­tan­do indis­cu­ti­ble soli­dez a la vez que exqui­si­ta dul­zu­ra a su Zahia; aun­que en un rol secun­da­rio igual­men­te mere­ce elo­gio El Ara­bi como su entra­ña­ble her­ma­na che­lis­ta, así como igual­men­te se des­ta­can den­tro del vas­tí­si­mo elen­co Soua­lem como el noble y que­ri­do padre apo­yan­do en todo momen­to la voca­ción de sus sus hijas y Ares­trup dan­do vida al vehe­men­te y tem­pe­ra­men­tal Celibidache.

Ade­más de los valo­res men­cio­na­dos, lo más impor­tan­te que la direc­to­ra resal­ta en este film es el de des­vir­tuar la noción de que el sexo feme­nino no reúne los atri­bu­tos nece­sa­rios para la direc­ción de una orques­ta don­de lamen­ta­ble­men­te en los cré­di­tos fina­les el espec­ta­dor se impo­ne que solo el 6 % de quie­nes diri­gen músi­ca son muje­res. En los mis­mos cré­di­tos se seña­la que Zahia Zioua­ni ha sido lau­rea­da como mejor talen­to emer­gen­te en el fes­ti­val Euro­ches­tries en Polo­nia en Agos­to de 1996 y que a los 23 años ella diri­gió su pri­mer gran con­cier­to con Diver­ti­men­to en la sala Gaveau de París. A su vez esta orques­ta reali­zó más de 1000 con­cier­tos des­de su crea­ción y en 2008, Zahia y Fet­tou­ma han cons­ti­tui­do la Aca­de­mia Diver­ti­men­to que for­ma anual­men­te a más de 500 jóve­nes músicos

En suma, esta es una enco­mia­ble y alen­ta­do­ra pelí­cu­la capaz de lle­gar a una vas­ta audien­cia y en con­se­cuen­cia alta­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

Un Emo­ti­vo Rela­to Humano

LE TEMPS D’UN ÉTÉ. Cana­dá, 2023. Un film de Loui­se Archam­bault. 117 minutos

Des­pués de haber brin­da­do remar­ca­bles fil­mes como lo fue­ron entre otros Gabrie­lle (2013) y Il pleu­vait des oiseaux (2019) aquí nue­va­men­te Loui­se Archam­bault rati­fi­ca sus con­di­cio­nes de nota­ble cineas­ta con Le temps d’un été, abor­dan­do con deli­ca­de­za el urti­can­te tema de las per­so­nas sin hogar.

Una esce­na de LE TEMPS D’UN ÉTÉ

Fac­tor de vital impor­tan­cia es el guión de Marie Vien quien habien­do sido volun­ta­ria en un orga­nis­mo dedi­ca­do a auxi­liar a per­so­nas iti­ne­ran­tes, su expe­rien­cia per­mi­tió que los per­so­na­jes esbo­za­dos en este film revis­tan máxi­ma autenticidad.

La his­to­ria intro­du­ce al cura Marc (Patri­ce Robi­tai­lle) quien asis­ti­do por la reli­gio­sa Moni­que (Éli­se Guil­bault) está a car­go de una parro­quia en Mon­treal don­de el núme­ro de feli­gre­ses ha dis­mi­nui­do, ade­más de tener fac­tu­ras impa­gas que no está en con­di­cio­nes de can­ce­lar y sin­tién­do­se exhaus­to en su tra­ba­jo lo moti­va a que­rer cerrar el tem­plo. Asi­mis­mo Marc rea­li­za des­de lar­go tiem­po una labor altruis­ta ayu­dan­do a los iti­ne­ran­tes de la zona alber­gán­do­los en su iglesia.

La situa­ción cobra un vuel­co favo­ra­ble para este hom­bre cuan­do se impo­ne que un millo­na­rio que aca­ba de falle­cer y que ha sido emplea­dor de su difun­to padre le ha lega­do una man­sión ubi­ca­da en la peque­ña y pin­to­res­ca loca­li­dad de Sain­te-Blan­di­ne-sur-Mer, en la pro­vin­cia de Que­bec. Esa heren­cia moti­va a que el cura acom­pa­ña­do de la her­ma­na Moni­que deci­da lle­var de vaca­cio­nes en una camio­ne­ta a esos des­po­seí­dos seres para que pue­dan dis­fru­tar de la estadía.

La lle­ga­da a des­tino no es del todo com­pla­cien­te para los aldea­nos de la zona quie­nes miran con rece­lo a los inte­gran­tes del gru­po; a eso se agre­ga algu­nas esca­ra­mu­zas que se pro­du­cen entre Marc y Fra­nçois (Sébas­tien Ricard), uno de los luga­re­ños que había cui­da­do duran­te lar­go tiem­po de esa man­sión a la cual con­si­de­ra­ba suya, aun­que la beli­co­si­dad exis­ten­te no lle­ga a cobrar con­si­de­ra­ble impacto.

Si bien estos seres mar­gi­na­dos tie­nen en común la ausen­cia de un domi­ci­lio fijo, en este rela­to Archam­bault des­ta­ca las dife­ren­tes face­tas de los mis­mos que los han hecho iti­ne­ran­tes. Uno de los per­so­na­jes es el ex abo­ga­do Jean-Pie­rre (Guy Nadon) que habién­do­lo per­di­do todo en su vida sin embar­go mani­fies­ta su preo­cu­pa­ción por ayu­dar al pró­ji­mo; otro caso es el del refu­gia­do con­go­lés Julien (Cedric Keka Sha­ko) que habien­do expe­ri­men­ta­do dra­má­ti­cos inci­den­tes vivi­dos por su fami­lia en El Con­go son las razo­nes por las que bus­ca obte­ner la resi­den­cia legal en Cana­dá. Otro per­so­na­je es Sam (Mar­tin Dubreuil) quien como ex mili­tar en Afga­nis­tán pade­ce el post trau­má­ti­co sín­dro­me. No menos impor­tan­te son los casos de, la autóc­to­na mucha­cha Mia­li (Océa­ne Kitu­ra Bohé­mier-Too­too) a quien su novio la plan­tó deján­do­la en cin­ta, el joven Sebast (Jus­tin Ley­ro­lles-Bou­chard) quien por su tris­te infan­cia estu­vo bajo la super­vi­sión de la DPJ (Direc­ción de Pro­tec­ción de la Juven­tud), Angel (Marc-André Leclair), esca­pan­do de su medio debi­do a su tran­se­xua­li­dad y Molo (Pie­rre Ver­vi­lle) quien está afec­ta­do de una seria enfermedad..

Nutri­do de un exce­len­te elen­co, éste es un muy buen film que abor­da un tema de rigu­ro­sa actua­li­dad don­de por el momen­to no exis­te solu­ción a la visa; no obs­tan­te a tra­vés de la fic­ción la direc­to­ra con­jun­ta­men­te con la guio­nis­ta logran que su tra­ba­jo impac­te por su noble con­te­ni­do huma­ni­ta­rio y el sen­ti­mien­to de soli­da­ri­dad que emer­ge de su narración.

Com­bi­nan­do ade­cua­da­men­te momen­tos dra­má­ti­cos con otros de espon­tá­neo humor, la rea­li­za­do­ra gene­ra esce­nas genui­na­men­te con­mo­ve­do­ras sazo­na­das en algu­nas ins­tan­cias de poe­sía, tenien­do una agra­da­ble músi­ca de fon­do don­de se escu­cha entre otros temas la céle­bre can­ción Halle­lu­jah de Leo­nard Cohen. Jor­ge Gutman

Lige­ra Come­dia Costumbrista

BLON­DI. Argen­ti­na-Esta­dos Uni­dos-Espa­ña, 2023. Un film de Dolo­res Fon­zi. 87 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Ama­zon Pri­me Video

Aun­que el buen cine argen­tino en Cana­dá se sue­le apre­ciar mayor­men­te en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les, de tan­to en tan­to tam­bién se lo pue­de juz­gar a tra­vés de las pla­ta­for­mas de strea­ming, como es el caso de Blon­di ofre­ci­do por Ama­zon Pri­me Video.

Dolo­res Fonzi

En su ópe­ra pri­ma la talen­to­sa actriz argen­ti­na Dolo­res Fon­zi a su vez inter­pre­ta el papel pro­ta­gó­ni­co de una come­dia cos­tum­bris­ta que abar­can­do varios temas simul­tá­neos, el más des­ta­ca­do es el de la espe­cial rela­ción materno filial gene­ra­da entre una madre y su hijo.

El guión de la rea­li­za­do­ra escri­to con Lau­ra Pare­des intro­du­ce a Blon­di (Fon­zi) una encues­ta­do­ra social que vive con su hijo Mir­ko (Toto Rovi­to) de apro­xi­ma­da­men­te 20 años quien es un afi­cio­na­do dibu­jan­te. El víncu­lo entre ambos no pue­de resul­tar más satis­fac­to­rio dado que lo que prin­ci­pal­men­te pri­ma es una entra­ña­ble amis­tad com­pa­ra­ble a la de dos ami­gos de lar­ga data; es así que en una de sus con­ver­sa­cio­nes ella le hace saber que a los 15 años que­dó emba­ra­za­da y cuan­do deci­dió abor­tar fue esta­fa­da por quien debía efec­tuar­le el pro­ce­di­mien­to, por lo que aquí bien podría apli­car­se el refrán de que “no hay mal que por bien no ven­ga”. Es así como se los obser­va gozar de la mutua com­pa­ñía enfren­tan­do situa­cio­nes coti­dia­nas que inclu­yen algu­nas visi­tas a dis­co­te­cas y has­ta inclu­so el de fumar un poco de marihua­na; en otras pala­bras a pesar de la dife­ren­cia de edad de déca­da y media ambos sin­tién­do­se jóve­nes dis­fru­tan ple­na­men­te de la vida como bue­nos compinches.

El entorno fami­liar se extien­de con la ado­ra­ble Pepa (Rita Cor­te­se), mamá de Blon­di, cuyo espí­ri­tu prag­má­ti­co a veces inter­fie­re con su hija. El núcleo fami­liar se amplía con Mar­ti­na (Car­la Peter­son), la her­ma­na un poco mayor de Blon­di quien casa­da con Eduar­do (Leo­nar­do Sba­ra­glia), está har­ta de su matri­mo­nio al pun­to de lle­gar a aban­do­nar su hogar dejan­do a su mari­do y sus dos hijos peque­ños a la deri­va. Ese aspec­to del rela­to no resul­ta muy con­vin­cen­te al pre­sen­tar a Mar­ti­na como una mujer irres­pon­sa­ble que se une tem­po­ral­men­te a una sec­ta new age en don­de se encuen­tra un ex aman­te suyo.

Dejan­do de lado la obser­va­ción pre­ce­den­te, el film se dis­tin­gue por resal­tar el libre espí­ri­tu que ani­ma a Blon­di y Mir­ko y la úni­ca nota dra­má­ti­ca se pro­du­ce cuan­do una soli­ci­tud de beca del joven para rea­li­zar sus estu­dios uni­ver­si­ta­rios en Bar­ce­lo­na le es acep­ta­da, habien­do ocul­ta­do a su madre tal situa­ción. Pero el gran cari­ño exis­ten­te supera los incon­ve­nien­tes dado que Blon­di res­pe­ta sobre todo la indi­vi­dua­li­dad y pro­se­cu­ción de la carre­ra de su primogénito.

Gran par­te del logro de Blon­di radi­ca en la remar­ca­ble quí­mi­ca entre sus dos pro­ta­go­nis­tas, don­de Fon­zi reafir­ma sus dotes de actriz y Rovi­to se dis­tin­gue por el caris­ma, sim­pa­tía y expre­si­vi­dad impre­so a su per­so­na­je; el res­to del elen­co se mues­tra igual­men­te sol­ven­te. En los aspec­tos téc­ni­cos se des­ta­ca la ban­da sono­ra del film inclu­yen­do extrac­tos de 14 agra­da­bles temas musi­ca­les, entre otros All Tomorrow’s par­ties y The­re She Goes again de Lou Reed.

Sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na, la novel direc­to­ra ofre­ce una lige­ra come­dia mati­za­da de buen humor y no exen­ta de genui­na emo­ti­vi­dad evi­den­cia­da espe­cial­men­te en su des­en­la­ce. Su sobria rea­li­za­ción cons­ti­tu­ye para Fon­zi una bue­na car­ta de pre­sen­ta­ción para pro­yec­tos futu­ros detrás de la cáma­ra. Jor­ge Gutman

Muy Gra­ti­fi­can­te Entretenimiento

MIS­SION IMPOS­SI­BLE: DEAD REC­KO­NING PART ONE. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Chrs­topher McQua­rrie. 163 minutos

Des­pués de 27 años en que Brian de Pal­ma reali­zó Mis­sion Impos­si­ble, aho­ra se cono­ce la pri­me­ra par­te de la sép­ti­ma incur­sión de esta saga diri­gi­da por Chris­topher McQua­rrie e inti­tu­la­da Dead Rec­ko­ning Part One con el retorno del céle­bre agen­te de IMF (Impos­si­ble Mis­sion For­ce) Ethan Hunt (Tom Cruise).

Tom Crui­se

En este rela­to Hunt es enco­men­da­do por el direc­tor de la agen­cia Euge­ne Kit­trid­ge (Henry Czerny) a rea­li­zar una misión que podría cali­fi­car­se de super impo­si­ble. Hay un arma letal deno­mi­na­do The Entity que es un pro­gra­ma de compu­tación dota­do de inte­li­gen­cia arti­fi­cial capaz de infil­trar­se y con­tro­lar cual­quier sis­te­ma elec­tró­ni­co del mun­do pudien­do cau­sar una apo­ca­líp­ti­ca tra­ge­dia. Para ello Hunt debe loca­li­zar una lla­ve divi­di­da en dos par­tes a fin de poder des­ac­ti­var el pro­gra­ma men­cio­na­do. Es así que nue­va­men­te el infa­ti­ga­ble héroe con­ta­rá con el apo­yo de Luther Stic­kell (Ving Rha­mes) y Ben­ji Dunn (Simon Pegg), sus efi­ca­ces y dies­tros exper­tos en infor­má­ti­ca, así como en esta opor­tu­ni­dad ten­drá inter­ven­ción espe­cial Gra­ce (Hay­ley Atwell), una exper­ta car­te­ris­ta. A todo ello, per­si­guien­do el mis­mo pro­pó­si­to está embar­ca­do Gabriel (Esai Mora­les), el villano enemi­go de Hunt quien pare­ce estar reci­bien­do órde­nes de The Entity y que ha con­tra­ta­do a Paris (Pom Kle­men­tieff), una sica­ria ase­si­na. Entre otros roles se encuen­tra Ilsa Faust (Rebec­ca Fer­gu­son), la anti­gua agen­te bri­tá­ni­ca del M16 y la inter­ven­ción de una suges­ti­va tra­fi­can­te de armas (Vanes­sa Kirby).

Como ame­na pelí­cu­la de espio­na­je, la his­to­ria pro­pues­ta en el guión del rea­li­za­dor y Erik Jen­dres­sen cum­ple el obje­ti­vo de crear satis­fac­to­rias intri­gas, ten­sión y sus­pen­so. El film fun­da­men­tal­men­te se des­ta­ca por la pre­sen­cia de Crui­se y las secuen­cias de acción que real­men­te asom­bran. No obs­tan­te la inve­ro­si­mi­li­tud de cier­tas esce­nas lo que se apre­cia a la vis­ta no deja a nadie indi­fe­ren­te. En un reco­rri­do a tra­vés de varias ciu­da­des del pla­ne­ta, cabe men­cio­nar la corri­da per­se­cu­to­ria que tie­ne lugar en el aero­puer­to de Dubái a tra­vés de mag­ní­fi­cos pla­nos secuen­cia; no menos asom­bro­so es ver a Hunt con Gra­ce quie­nes enca­de­na­dos mane­jan a super velo­ci­dad un Fiat 500 eléc­tri­co dan­do brus­cos sal­tos en las estre­chas calles de Roma. Algo inol­vi­da­ble es la secuen­cia en que Hunt con­du­cien­do una moto­ci­cle­ta efec­túa un acro­bá­ti­co sal­to des­de un acan­ti­la­do mon­ta­ño­so ubi­ca­do a 1200 metros de altu­ra y que gra­cias a un para­caí­das des­cien­de en el valle infe­rior sano y sal­vo. No menos impre­sio­nan­tes son las últi­mas esce­nas que trans­cu­rren en la pla­ta­for­ma del tren Orient Express cir­cu­lan­do a máxi­ma velocidad.

Crui­se quien más de una vez ha evi­den­cia­do sen­tir pasión por increí­bles haza­ñas físi­cas rea­li­za­das por los per­so­na­jes que ani­ma y no demos­tran­do agra­do por el uso de imá­ge­nes gene­ra­dos por orde­na­dor, aquí des­plie­ga una increí­ble vita­li­dad con sus sal­tos acro­bá­ti­cos capa­ces de qui­tar el alien­to para quien lo está obser­van­do. Pero ade­más de la actua­ción enco­mia­ble del actor, es irre­pro­cha­ble el elen­co que lo acom­pa­ña des­ta­cán­do­se entre sus inte­gran­tes Atwell, Pegg, Rha­mes y Morales.

A la meri­to­ria direc­ción de McQua­rrie quien está imbui­do de lo que debe ser un gra­ti­fi­can­te y ani­ma­do rela­to de entre­te­ni­mien­to popu­lar se agre­ga el buen tra­ba­jo de edi­ción de Eddie Hamil­ton, la nota­ble foto­gra­fía de Fra­ser Tag­gar y la fun­cio­nal músi­ca de Lor­ne Balfe.

La con­clu­sión de esta pal­pi­tan­te pri­me­ra par­te des­pier­ta con­si­de­ra­ble expec­ta­ti­va para saber cómo con­ti­nua­rá su segun­da mitad cuyo estreno está pro­gra­ma­do para junio de 2024. Jor­ge Gutman

El Ame­na­zan­te Fuego

AFI­RE / LE CIEL ROU­GE. Ale­ma­nia, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Chris­tian Petzold. 102 minutos

Habien­do obte­ni­do Afi­re el Gran Pre­mio del Jura­do en el fes­ti­val de Ber­lín de este año, el nota­ble rea­li­za­dor ger­mano Chris­tian Petzold se impo­ne nue­va­men­te como uno de los más crea­ti­vos de la cine­ma­to­gra­fía inter­na­cio­nal. Des­pués de haber brin­da­do títu­los de exce­len­cia como lo fue­ron entre otros Bar­ba­ra (2012), Phoe­nix (2014), Transit (2018) y Undi­ne (2020), aquí se apar­ta de su com­pro­mi­so habi­tual con un cine social y/o polí­ti­co para aden­trar­se en una come­dia cos­tum­bris­ta que desem­bo­ca en dra­ma. Lo intere­san­te es que sin haber sido su inten­ción, indi­rec­ta­men­te denun­cia lo que está acon­te­cien­do con el cam­bio cli­má­ti­co que afec­ta mun­dial­men­te pro­vo­can­do incen­dios fores­ta­les y que curio­sa­men­te en estos momen­tos están azo­tan­do a gran par­te del mun­do inclu­yen­do Cana­dá y Esta­dos Unidos.

Tho­mas Schubert

Pero reto­man­do el tema, el guión del cineas­ta comien­za con un via­je en auto­mó­vil pro­ce­den­te de Ber­lín que rea­li­za el escri­tor Leon (Tho­mas Schu­bert) con su ami­go Felix (Langs­ton Uibel) para pasar sus vaca­cio­nes en una casa vera­nie­ga cuya pro­pie­ta­ria es la madre de Felix y que está ubi­ca­da en una zona bos­co­sa pró­xi­ma al Mar Bál­ti­co. Como el vehícu­lo que los con­du­ce se des­com­po­ne a pocos kiló­me­tros del lugar, uti­li­zan­do un ata­jo del camino ellos lle­gan pron­ta­men­te a des­tino; allí reci­ben la sor­pre­sa de que en la casa está alo­ja­da una chi­ca cono­ci­da por la due­ña quien olvi­dó hacér­se­lo saber a Felix; eso moti­va a que los recién lle­ga­dos ten­gan que com­par­tir la úni­ca habi­ta­ción libre.

Para comen­zar es nece­sa­rio resal­tar el con­tras­te de per­so­na­li­dad entre Leon, resis­ten­te a tole­rar la impre­de­ci­ble situa­ción, y Felix tra­tan­do de adap­tar­se a los hechos tal como se pre­sen­tan. Al pro­pio tiem­po que­da cla­ro que este via­je de vaca­cio­nes es tam­bién uno de tra­ba­jo para Leon quien habien­do publi­ca­do su pri­mer libro tra­ta aho­ra de con­cluir su segun­da nove­la; por su par­te Felix está embar­ca­do en com­ple­tar su por­ta­fo­lio de foto­gra­fías a fin de que pue­da ser­vir de buen ante­ce­den­te para su soli­ci­tud en una escue­la de arte.

Al prin­ci­pio la con­vi­ven­cia resul­ta for­za­da para Leon en la medi­da que no pue­de dor­mir tran­qui­la­men­te al oír los gemi­dos de pla­cer resul­tan­tes de la inti­mi­dad que man­tie­ne la joven con su aman­te en la habi­ta­ción con­ti­gua lo que lo obli­ga a per­noc­tar en la pér­go­la que se halla en el exte­rior de la casa. A los dos días se sabrá que la mucha­cha se lla­ma Nad­ja (Pau­la Beer) y que su pare­ja es Devid (Enno Trebs), el sal­va­guar­da de la playa.

En una pri­me­ra reu­nión de almuer­zo de estos cua­tro per­so­na­jes la ten­sión se hace sen­tir debi­do al com­por­ta­mien­to hura­ño de Leon quien se irri­ta oyen­do la narra­ción de un rela­to efec­tua­do por Devid. A todo ello el neu­ró­ti­co escri­tor evi­ta com­par­tir las acti­vi­da­des del gru­po, afe­rrán­do­se a con­cluir el borra­dor de su nove­la. Como esce­na­rio de fon­do se oye pro­pa­lar la voz de la auto­ri­dad ofi­cial anun­cian­do los incen­dios fores­ta­les que se avecinan.

Leon, que secre­ta­men­te se sien­te atraí­do por Nad­ja, le ofre­ce leer el borra­dor de su nove­la ya com­ple­ta­da y es gran­de su des­ilu­sión cuan­do la chi­ca des­aprue­ba su con­te­ni­do, lo que gene­ra un duro enfren­ta­mien­to entre ambos. Para peor, la situa­ción se com­pli­ca cuan­do Hel­mut (Matthias Brandt), el edi­tor de Leon, lle­ga al lugar y afa­ble­men­te le hace saber que él es un buen escri­tor pero que su recien­te tra­ba­jo dis­ta de satis­fa­cer­le, ins­tán­do­le a que renue­ve sus esfuer­zos y ener­gía para sus futu­ros pro­yec­tos de novelista.

Lo que en prin­ci­pio apa­ren­ta­ba ser un rela­to sobre un hom­bre de per­so­na­li­dad anti­so­cial con el gru­po que le rodea, la his­to­ria cobra un tono trá­gi­co cuan­do el cie­lo se enro­je­ce y la ame­na­za de los arra­sa­do­res incen­dios adquie­re cru­da reali­dad. La últi­ma par­te de Afi­re está magis­tral­men­te cons­trui­da brin­dan­do una esce­na alta­men­te con­mo­ve­do­ra que es pre­fe­ri­ble no comen­tar­la para que logre sor­pren­der al espec­ta­dor como lo ha sido para quien efec­túa el pre­sen­te comentario.

Como en toda la fil­mo­gra­fía de Petzhold, su elen­co siem­pre es impe­ca­ble e inte­gra­do en esta opor­tu­ni­dad por per­so­na­jes que aun­que no del todo que­ri­bles logran crear una empa­tía con la audien­cia por la bue­na com­po­si­ción de sus intér­pre­tes. En pri­mer lugar por la impor­tan­cia del rol pro­ta­gó­ni­co se des­ta­ca Schu­bert quien trans­mi­te en Leon la debi­li­dad y vul­ne­ra­bi­li­dad que lo envuel­ve sin tener ple­na con­cien­cia de lo que ocu­rre en su entorno. Igual­men­te adquie­re relie­ve la actua­ción de Beer, ya con­sa­gra­da en Undi­ne al haber logra­do el pre­mio a la mejor actriz en el fes­ti­val de Ber­lín de 2020, quien se luce como la ave­za­da y cul­ta lite­ra­ria capaz de brin­dar­le una bue­na lec­ción a Leon; el res­to del bre­ve repar­to se desem­pe­ña inobjetablemente.

En esen­cia, he aquí otro film cau­ti­van­te de Petzold capaz de seguir sedu­cien­do al ciné­fi­lo selec­ti­vo. Jor­ge Gutman