Una Calle para Recordar

CALLE MÁLA­GA. Marrue­cos-Fran­cia-Espa­ña- Ale­ma­nia-Bél­gi­ca, 2025. Un film de Mar­yam Tou­za­ni. 116 minutos

Des­pués de su mag­ní­fi­co penúl­ti­mo opus The Blue Caf­tan (2022), la direc­to­ra marro­quí Mar­yam Tou­za­ni retor­na en Calle Mála­ga, su pri­me­ra pelí­cu­la en len­gua his­pa­na que resul­ta alta­men­te satisfactoria.

Ins­pi­ra­da en la ciu­dad don­de vivió su abue­la, la rea­li­za­do­ra cola­bo­ra nue­va­men­te con su mari­do Nabil Ayouch, para rela­tar una his­to­ria imbui­da de gran melan­co­lía a la vez que cobra nota­ble auten­ti­ci­dad las vici­si­tu­des que atra­vie­sa el per­so­na­je protagónico.

La gran actriz espa­ño­la Car­men Mau­ra, ani­ma a la sep­tua­ge­na­ria viu­da María Ánge­les vivien­do en su depar­ta­men­to de la calle Mála­ga, ubi­ca­do en el dis­tri­to his­pano de Tán­ger. Como mujer inde­pen­dien­te y valién­do­se por sí mis­ma con su ale­gría de vida ella se sien­te ple­na­men­te a gus­to en ese lugar don­de ha pasa­do la mayor par­te de su exis­ten­cia, des­de que sus padres espa­ño­les se exi­lia­ron duran­te el franquismo.

Car­men Maura

Su dia­ria ruti­na se ve alte­ra­da cuan­do reci­be con ale­gría la visi­ta de su hija Cla­ra (Mar­ta Etu­ra), resi­dien­do en Madrid que recien­te­men­te se divor­ció. Sin embar­go la dicha de ver­la es de cor­to alcan­ce cuan­do Cla­ra le comu­ni­ca su deci­sión de ven­der la casa don­de ella resi­de, dado que su sala­rio como enfer­me­ra no le es sufi­cien­te para para supe­rar las difi­cul­ta­des finan­cie­ras que está afron­tan­do. Es así que le pro­po­ne mudar­se a Madrid y vivir con ella. Deci­di­da­men­te María Ánge­les se opo­ne a tal medi­da y no pue­de evi­tar la tre­men­da frus­tra­ción que le cau­sa la deci­sión adop­ta­da por su hija que deten­ta el títu­lo de pro­pie­dad, sim­ple­men­te por­que su mari­do antes de morir la había pues­to a su nom­bre por razo­nes de pre­cau­ción. En últi­ma ins­tan­cia lo que esta mujer sí acep­ta es el de vivir en una resi­den­cia para gen­te mayor y por lo tan­to ve con gran pena cómo su hija ven­de sus mue­bles en un nego­cio de anti­güe­da­des a car­go de Abs­lam (Ahmed Bou­la­ne), un hom­bre de edad mayor. Con todo, la dili­gen­te y astu­ta María Ánge­les des­pués de pasar un par de días en el nue­vo domi­ci­lio no está dis­pues­ta a ser man­da­da por sus super­vi­so­res; tenien­do en cuen­ta que Cla­ra ya regre­só a Espa­ña, aban­do­na el lugar y vuel­ve a su domi­ci­lio en tan­to que su depar­ta­men­to aún no está ven­di­do, a la vez que recu­pe­ra sus per­te­nen­cias acu­dien­do a lo de Abslam.

La ten­sa rela­ción de María Ánge­les con Cla­ra, el víncu­lo román­ti­co oto­ñal que emer­ge entre ella con Abs­lam y las con­fi­den­cias que rea­li­za con su ami­ga mon­ja Jose­fa (María Alfon­sa Ros­so), cons­ti­tu­yen el eje sobre el que se nutre esta huma­na his­to­ria que aun­que pre­de­ci­ble, es cier­ta­men­te con­mo­ve­do­ra y muy bien narra­da por Tou­za­ni sin acu­dir a gol­pes bajos.

Mau­ra trans­mi­te mara­vi­llo­sa­men­te la resi­lien­cia de una mujer vis­ce­ral­men­te iden­ti­fi­ca­da con su que­ri­da Calle Mála­ga a la que sien­te per­te­ne­cer como asi­mis­mo estre­cha­men­te vin­cu­la­da con la comu­ni­dad his­pa­na que allí habi­ta; su lumi­no­sa pre­sen­cia y la cali­dez que otor­ga a su per­so­na­je hace que la vete­ra­na actriz cons­ti­tu­ya la razón prin­ci­pal de con­tem­plar esta ínti­ma come­dia dra­má­ti­ca que resal­ta la impor­tan­cia de tener en cuen­ta la opi­nión y deseos de la gen­te de la ter­ce­ra edad. Con una apre­cia­ble foto­gra­fía de Vir­gi­nie Sur­daj, cap­tan­do acer­ta­da­men­te los luga­res en que trans­cu­rre la acción con espe­cial refe­ren­cia al depar­ta­men­to de María Ánge­les, así como la recu­rren­te músi­ca del her­mo­so bole­ro “Toda una Vida” del cubano Osval­do Farrés, el espec­ta­dor que­da agra­de­ci­do de haber con­tem­pla­do este remar­ca­ble film. Jor­ge Gutman

Un Año Difícil

1982. Perú, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Gar­cia JC. 84 minutos

Resul­ta agra­da­ble apre­ciar el debut del rea­li­za­dor peruano Juan Car­los Gar­cía ‑cono­ci­do como Gar­cía JC- quien en 1982 ofre­ce un dra­ma bien estruc­tu­ra­do a tra­vés de la visión de un chi­co en la eta­pa final de su infancia.

El pro­ta­go­nis­ta es el adul­to Tato, que a tra­vés de la voz en off pasa revis­ta a su memo­ria de los epi­so­dios vivi­dos en 1982 cuan­do tenía 12 años de edad, en Tala­ve­ra, una loca­li­dad perua­na ubi­ca­da en la pro­vin­cia de Andahuay­las. Ese es un perío­do de pro­fun­da cri­sis eco­nó­mi­ca y social que afec­ta al país, en don­de ape­nas se deja entre­ver la lucha de las fuer­zas arma­das con­tra el gru­po revo­lu­cio­na­rio Sen­de­ro Luminoso.

Una esce­na del film

Tato (Jhor­dano Álva­rez Huar­ca­ya), vivien­do con sus padres Juan (Alain Sali­nas) y Mer­ce­des (Julia Thays), atra­vie­sa las vici­si­tu­des pro­pias de la edad, tenien­do como com­pin­che a su inse­pa­ra­ble ami­go Teo­do­ro (Jesús Col­que) y a su ami­ga Caro­la (Kai­la­ni Pine­da). Al pro­pio tiem­po se des­ta­ca la actua­ción de su padre como ani­ma­dor de un pro­gra­ma radial, don­de ade­más de las noti­cias loca­les, se vale para anun­ciar la inmi­nen­te aper­tu­ra de un café local que le per­te­ne­ce. Pre­ci­sa­men­te es el fis­cal pro­vin­cial César (Albe­rick Gar­cía) quien acom­pa­ña­do de su mujer Emi­lia (Dalia Iva­no­va) decla­ra ofi­cial­men­te la inau­gu­ra­ción de la cafe­te­ría; duran­te esa cele­bra­ción, en un momen­to dado Tato obser­va una acti­tud vio­len­ta del fis­cal hacia su espo­sa; ese epi­so­dio lle­ga a afec­tar­lo y días des­pués rela­ta ese inci­den­te a sus padres; si bien al prin­ci­pio esa noti­cia les resul­ta a ellos increí­ble, la mis­ma se con­fir­ma cuan­do Emi­lia lle­ga al hogar pidien­do ayu­da por el abu­so físi­co de su mari­do, lo que impul­sa a Juan a efec­tuar la denun­cia pertinente.

La his­to­ria adquie­re un tono lúgu­bre cuan­do ven­gán­do­se de Juan, el fis­cal emi­te una orden de arres­to bajo el pre­tex­to de ser un terro­ris­ta. Es allí que comien­za para la fami­lia un vía cru­cis don­de el fal­sa­men­te acu­sa­do Juan es tras­la­da­do a Aban­cay a fin de ser juzgado.

Sin recu­rrir a efec­tis­tas esce­nas, el direc­tor refle­ja has­ta qué pun­to la corrup­ción ins­ti­tu­cio­nal pue­de afec­tar la vida de un hom­bre hones­to y la de su fami­lia. Más allá de la crí­ti­ca efec­tua­da, la pelí­cu­la refle­ja la viven­cia ínti­ma de Tato que en su inte­rior cree haber sido el res­pon­sa­ble de lo que suce­de por haber comen­ta­do a sus padres la vio­len­cia del fiscal.

El joven actor Álva­rez Huar­ca­ya asu­mien­do el mayor peso del rela­to trans­mi­te elo­cuen­te­men­te el final de la infan­cia inte­rrum­pi­da de su per­so­na­je con vívi­da emo­ción. De todos modos, el res­to del elen­co con­vin­cen­te­men­te se desem­pe­ña en sus res­pec­ti­vos personajes.

En la expe­rien­cia vivi­da por el rea­li­za­dor que obli­gó a él y a su padre tras­la­dar­se a Lima, deja la pre­gun­ta abier­ta del por­qué las cosas bellas tie­nen un fin.

En esen­cia, 1982 es una melan­có­li­ca ópe­ra pri­ma que por su bue­na narra­ción per­mi­te que la audien­cia se invo­lu­cre y emo­cio­ne con la his­to­ria rela­ta­da, como asi­mis­mo tener la opor­tu­ni­dad de apre­ciar la sóli­da cine­ma­to­gra­fía de Perú. Jor­ge Gutman

Inte­li­gen­tes Ovejas

THE SHEEP DETEC­TI­VES. Gran Bre­ta­ña-Irlan­da- Ale­ma­nia-Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Kyle Bal­da. 109 minutos

Un film amplia­men­te entre­te­ni­do y des­ti­na­do para un públi­co de cual­quier edad es lo que se apre­cia en The Sheep Detec­ti­ves del rea­li­za­dor Kyle Bal­da, entre­mez­clan­do mag­ní­fi­ca­men­te per­so­na­jes huma­nos con los de ani­ma­ción. Si bien el rela­to está basa­do en la nove­la Three Bags Full de la escri­to­ra ale­ma­na Leo­nie Swann, el inge­nio­so guión de Craig Mazin le otor­ga un toque dis­tin­ti­vo que lo hace suma­men­te atractivo.

La his­to­ria trans­cu­rre en la fic­cio­nal cam­pi­ña ingle­sa de Den­brook don­de habi­ta en un trai­ler Geor­ge Hardy (Hugh Jack­man); él es un apa­ci­ble cria­dor de ove­jas y entre las mis­mas se des­ta­ca la tier­na y ado­ra­ble Lily (voz de Julia Louis-Drey­fus), así como Sebas­tian (Bryan Crans­ton), Cloud (Regi­na Hall), Mop­ple (Chris O’Dowd), Zora (Bella Ram­say), Sir Ritch­field (Patrick Ste­wart) así como los geme­los Ron­nie y Reg­gie (Brett Golds­tein). Devo­to hacia sus ani­ma­les y aten­dien­do a todas sus nece­si­da­des, resul­ta emo­ti­vo obser­var cómo el gana­do retri­bu­ye su cari­ño; para que la dia­ria jor­na­da ter­mi­ne apa­ci­ble Geor­ge les lee cuen­tos de mis­te­rio extraí­dos de los libros que man­tie­ne en su biblioteca.

Emma Thom­pson

Esa idí­li­ca situa­ción se man­tie­ne has­ta que un día al des­per­tar las ove­jas des­cu­bren que su amo yace muer­to en el pas­to, estan­do con­ven­ci­das que ha sido envenenado.

A todo ello, Tim Derry (Nicho­las Braun), el úni­co poli­cía local se ocu­pa del caso don­de tam­bién par­ti­ci­pa el joven fotó­gra­fo perio­dis­ta Elliot Matthews (Nicho­las Galitzi­ne). Cuan­do Lydia Har­bottle (Emma Thom­pson), la abo­ga­da del difun­to, pro­ce­de a leer su tes­ta­men­to, es su ale­ja­da hija Rebec­ca (Molly Gor­don) que aca­ba de regre­sar de Esta­dos Uni­dos quien resul­ta la here­de­ra de una inmen­sa for­tu­na. Si bien ella es una de las per­so­nas sos­pe­cho­sas del cri­men, hay cier­tas razo­nes para supo­ner que qui­zás el car­ni­ce­ro local Ham Gil­yard (Con­leth Hill) así como el rival pas­tor Caleb Merrow (Tosin Cote), podrían tener inte­rés en eli­mi­nar a Geor­ge. Es allí que la inte­li­gen­te ove­ja Lily se con­vier­te en la líder de las detec­ti­ves dis­pues­ta a ayu­dar a Derry sumi­nis­trán­do­le uno de los libros poli­cia­les del occi­so para que se orien­te mejor a fin de escla­re­cer el crimen.

Mara­vi­lla con­tem­plar cómo los efec­tos de la compu­tado­ra han logra­do dar vida al gran núme­ro de ove­jas que pue­blan el rela­to y que son las ver­da­de­ras pro­ta­go­nis­tas del mis­mo: los movi­mien­tos voca­les, sus ges­tos facia­les, la mane­ra de comu­ni­car­se entre ellas así como tra­tan­do de conec­tar­se con los per­so­na­jes huma­nos, resul­ta a toda vis­ta admi­ra­ble. Al pro­di­gio logra­do por la tec­no­lo­gía digi­tal debe agre­gar­se la enco­mia­ble labor de Bal­da quien ya ha demos­tra­do en ante­rio­res oca­sio­nes de ser un des­ta­ca­do rea­li­za­dor de fil­mes de ani­ma­ción y aquí lo logra amplia­men­te con ani­ma­les parlantes.

Que­da como resul­ta­do una emo­ti­va his­to­ria poli­cial que com­bi­nan­do mis­te­rio, come­dia y algu­nos aspec­tos dra­má­ti­cos, per­mi­te que la pobla­ción ove­ju­na lle­gue a con­cien­ti­zar la mor­ta­li­dad así como el due­lo por la pér­di­da de un ser que­ri­do. Jor­ge Gutman

Una Nos­tál­gi­ca Secuela

THE DEVIL WEARS PRA­DA 2. Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film de David Fran­kel. 119 minutos

Des­pués del gran éxi­to comer­cial obte­ni­do en 2006 con The Devil Wears Pra­da el direc­tor Daniel Fran­kel retor­na con The Devil Wears Pra­da 2, una nos­tál­gi­ca secue­la con­vo­can­do al mis­mo equi­po cen­tral inte­gra­do por Meryl Streep, Anne Hatha­way, Stan­ley Tuc­ci y Emily Blunt. Nue­va­men­te es Ali­ne Brosh McKen­na la guio­nis­ta de esta con­ti­nua­ción enfo­can­do lo que acon­te­ce con las revis­tas de moda en la épo­ca actual.

Anne Hatha­way, Meryl Streep y Stan­ley Tucci

Andy Sachs (Hatha­way) quien habién­do­se reti­ra­do en el film pre­ce­den­te de la revis­ta Run­way se con­vir­tió en una exper­ta perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción; es así que en el momen­to en que reci­be el pre­mio de una ins­ti­tu­ción neo­yor­ki­na por su tra­ba­jo, se ente­ra por un men­sa­je de tex­to que el perió­di­co don­de esta­ba emplea­da aca­ba de des­pe­dir­la al igual que a sus cole­gas. Con todo la suer­te le son­ríe cuan­do los nue­vos due­ños de Run­way la con­tra­tan a fin de efec­tuar simi­la­res tareas bajo las órde­nes de la impe­rial Miran­da Prestly (Streep) quien sigue sien­do la edi­to­ra de la revis­ta, con­tan­do siem­pre con su direc­tor y dise­ña­dor Nigel (Tuc­ci), que es sin duda la per­so­na de su máxi­ma con­fian­za. Aun­que en un prin­ci­pio Miran­da se encuen­tra fas­ti­dia­da por no haber sido avi­sa­da del con­tra­to de Andy, no tie­ne otra opción que acep­tar­la. A todo ello, Miran­da man­tie­ne rela­cio­nes comer­cia­les con Emily (Blunt) quien fue­ra su anti­gua asis­ten­te y es aho­ra una alta eje­cu­ti­va de Dior.

Con el paso del tiem­po la revis­ta no tie­ne el mis­mo pode­río de anta­ño en la medi­da que su tira­je ha dis­mi­nui­do y por lo tan­to es nece­sa­rio revi­ta­li­zar­la; para ello, Andy como exce­len­te perio­dis­ta debe ocu­par­se de efec­tuar efec­ti­vas notas y lograr repor­ta­jes con exi­mias figu­ras de la moda, todo ello median­te una ver­sión digi­tal, a fin de atraer al públi­co adic­to a los queha­ce­res de este géne­ro. Si bien al prin­ci­pio hay rece­los de la arro­gan­te y engreí­da Miran­da hacia Andy, ella irá cam­bian­do de acti­tud al obser­var el brío y empe­ño de su subor­di­na­da para evi­tar que la revis­ta des­apa­rez­ca, don­de ade­más se impo­ne cor­te­jar a los aus­pi­cia­do­res comerciales.

El film no se dis­tin­gue pre­ci­sa­men­te por lo narra­ti­vo sino más bien por sus sub­tra­mas anec­dó­ti­cas, dedi­can­do menor aten­ción al gra­do de alie­na­ción de la gen­te que se des­en­vuel­ve en ese espe­cí­fi­co medio. Con todo la pelí­cu­la no está exen­ta de ilus­trar el gla­mour arti­fi­cial del círcu­lo de la moda, don­de en la era actual median­te las redes socia­les se encuen­tran per­so­na­jes cla­ves en el mar­ke­ting digi­tal capaz de influir en las deci­sio­nes y com­por­ta­mien­tos de sus seguidores.

Visual­men­te el film se des­ta­ca por el mag­ní­fi­co dise­ño de pro­duc­ción de Jess Gon­chor, el dise­ño del sub­yu­gan­te ves­tua­rio a car­go de Molly Rogers, como así tam­bién a la res­plan­de­cien­te foto­gra­fía de Flo­rian Ballhaus cap­ta­da en los esce­na­rios de New York y Milán.

En cuan­to al elen­co, la estu­pen­da Streep impo­ne su mag­ne­tis­mo en el rol de la pode­ro­sa mujer que se vuel­ve vul­ne­ra­ble al temer que pue­da pro­du­cir­se un for­za­do reti­ro si la revis­ta no lle­ga a pros­pe­rar. Por su par­te Hatha­way des­lum­bra vol­can­do el brío y la pasión de su per­so­na­je así como Tuc­ci y Blunt trans­mi­ten com­ple­ta con­vic­ción en sus res­pec­ti­vos roles. En esta secue­la se adhie­ren entre otros intér­pre­tes Ken­neth Bra­nagh como el nue­vo mari­do de Miran­da, Patrick Bram­mell asu­mien­do el inte­rés román­ti­co de Andy, Jus­tin The­roux como la pare­ja de Emily y BJ Novak como el nue­vo pro­pie­ta­rio de Run­way.

En con­clu­sión, con esta segun­da par­te, el direc­tor ha logra­do una flui­da livia­na come­dia que a la vez per­mi­te refle­xio­nar acer­ca de los mar­ca­dos cam­bio tec­no­ló­gi­cos de la era digi­tal pro­vo­can­do la fuer­te dis­mi­nu­ción de las publi­ca­cio­nes grá­fi­cas y la auto­ma­ti­za­ción del tra­ba­jo. Jor­ge Gutman

Ras­tros del Pasado

BLUE HERON. Cana­dá-Hun­gría, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Sophy Rom­va­ri. 90 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do satis­fac­to­rios cor­tos, entre otros Still Pro­ces­sing (2020) y What Each Per­son Needs (2022), la direc­to­ra Sophy Rom­vary reafir­ma su talen­to artís­ti­co con su pri­mer lar­go­me­tra­je Blue Heron. Con inusi­ta­do dis­cer­ni­mien­to ella tras­la­da a la pan­ta­lla una his­to­ria de con­si­de­ra­ble gra­vi­ta­ción basa­da en sus expe­rien­cias de infancia.

Eylul Guven

A tra­vés de su memo­ria, el guión de la rea­li­za­do­ra pre­sen­ta en su pri­me­ra mitad a Sasha (Eylul Guven) de ocho años quien en la déca­da del 90 jun­to con su fami­lia pro­ce­den­te de Hun­gría arri­ban a la isla de Van­cou­ver para el ini­cio de una nue­va vida. En prin­ci­pio todo resul­ta pro­mi­so­rio para ella, dis­cu­rrien­do con sus her­ma­nos, tra­tan­do de vin­cu­lar­se con las chi­cas loca­les de edad simi­lar, dis­fru­tan­do de la pla­ya como asi­mis­mo de la belle­za del lugar; sin embar­go hay un ele­men­to que la per­tur­ba cuan­do en una con­ver­sa­ción de su madre (Irin­go Reti) con su padras­tro (Adam Tom­pa) se deja entre­ver que Jeremy (Edik Bedoes), el ado­les­cen­te hijo mayor, pade­ce de un com­por­ta­mien­to errá­ti­co que sugie­re un esta­do de ines­ta­bi­li­dad men­tal; eso evi­den­te­men­te afec­ta a la fami­lia y fun­da­men­tal­men­te a su pro­ge­ni­to­ra que le gene­ra gran ansie­dad, en tan­to que la niña obser­va cómo al pro­pio tiem­po Jeremy quie­re a sus her­ma­nos no obs­tan­te sus arre­ba­tos de furia, sin que ella, muy sen­si­ble y ape­na­da, pue­da modi­fi­car la situa­ción rei­nan­te. Rom­va­ri con la cola­bo­ra­ción de la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Maya Ban­ko­vic trans­mi­te con fide­li­dad la ten­sión crea­da por las acti­tu­des de Jeremy, que nadie pue­de deter­mi­nar a qué se debe.

En la segun­da par­te del rela­to que trans­cu­rre dos déca­das des­pués se obser­va a Sasha (Amy Zim­mer) quien con­ver­ti­da en cineas­ta deci­de abor­dar a su her­mano ya falle­ci­do a fin de tra­tar de enten­der lo que le ha suce­di­do. Ape­lan­do a su memo­ria frag­men­ta­da, Sas­cha retor­na al hogar fami­liar de su pasa­do man­te­nien­do una ima­gi­na­ria con­ver­sa­ción con sus pro­ge­ni­to­res acer­ca del pro­ble­ma que afec­tó a Jeremy. Dejan­do entre­abier­ta la fic­ción enca­ra­da por Sasha y aque­llo que no lo es, el film va gene­ran­do esce­nas de con­te­ni­da emoción.

Median­te un rela­to meticu­losa­men­te narra­do, a la vez que sen­si­ble, tierno y genui­na­men­te con­mo­ve­dor, Rom­va­ri expo­ne cómo la lucha empren­di­da por la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria, que a la vez es su alter ego, ha deja­do mar­ca­das hue­llas en su men­te para com­pren­der a su her­mano des­apa­re­ci­do. Por sus indis­cu­ti­bles méri­tos, esta ópe­ra pri­ma ha sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor pri­me­ra pelí­cu­la en el Fes­ti­val de Locarno de 2025. Jor­ge Gutman