Mar­cha Atlética

RACE­WAL­KERS. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kevin Clay­don y Phil Moritz. 80 minu­tos. Dis­po­ni­ble en la pla­ta­for­ma Pri­me Video

Una come­dia depor­ti­va es lo que se apre­cia en Race­wal­kers, cuyo títu­lo en espa­ñol es el de “Mar­cha Atlé­ti­ca”. Este depor­te no es aún bien cono­ci­do entre las dife­ren­tes dis­ci­pli­nas del atle­tis­mo y es por ello que el film de los direc­to­res y guio­nis­tas Kevin Clay­don y Phil Moniz asu­mien­do asi­mis­mo los roles pro­ta­gó­ni­cos, resul­te bien­ve­ni­do al ofre­cer visi­bi­li­dad a esta acti­vi­dad física.

Phil Moritz y Kevin Claydon

El rela­to intro­du­ce a Matt (Clay­don) quien en el pasa­do ha sido un pro­di­gio­so beis­bo­lis­ta pero sus aspi­ra­cio­nes de con­ver­tir­se en un impor­tan­te repre­sen­tan­te de dicho depor­te se han esfu­ma­do y aho­ra debe con­for­mar­se entre­nan­do a un equi­po infan­til de béis­bol. Su vida cobra un vuel­co ines­pe­ra­do cuan­do cono­ce a Will (Moniz) quien como apa­sio­na­do de la mar­cha atlé­ti­ca no pudo par­ti­ci­par en ese depor­te debi­do a su baja esta­tu­ra físi­ca pero en cam­bio es un buen entre­na­dor del mis­mo; con la con­vic­ción de que Matt pue­de resul­tar un talen­to­so mar­cha­dor lle­ga a con­ven­cer­lo para ser entre­na­do en esta dis­ci­pli­na y poder par­ti­ci­par en tor­neos afines.

A par­tir de allí con minu­cio­sa pacien­cia Will le ense­ña los aspec­tos téc­ni­cos del depor­te, con espe­cial refe­ren­cia al movi­mien­to de las pier­nas en la medi­da que el jue­go con­sis­te en cami­nar a la máxi­ma velo­ci­dad pero sin lle­gar a correr. Es así que para Matt se le abre un camino lleno de desa­fíos en el que obli­ga­do a com­pe­tir debe­rá supe­rar los obs­tácu­los que se le pre­sen­ten. En tal sen­ti­do tan­to ambos ami­gos enfren­tan a Kurt (Greg Bryk), un anti­guo juga­dor de este depor­te, con­ver­ti­do aho­ra en entre­na­dor de su hijo Ched (Rob­bie Ame­li) que de nin­gún modo acep­ta­rá que Matt lle­gue a ven­cer­lo como marchista.

Los rea­li­za­do­res saben equi­li­brar las situa­cio­nes con­flic­ti­vas con momen­tos de rele­van­te humor en la medi­da que el rela­to abun­da en espon­tá­neas situa­cio­nes gra­cio­sas ema­na­das del flui­do guión nutri­do de jugo­sos diálogos.

Con una bue­na direc­ción, apre­cia­ble guión y muy con­vin­cen­te inter­pre­ta­ción de ambos rea­li­za­do­res, la inne­ga­ble quí­mi­ca exis­ten­te entre ellos logra resal­tar el noble sen­ti­mien­to de amis­tad de sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. En con­se­cuen­cia, Race­wal­kers per­mi­te dis­fru­tar con esta fres­ca y entre­te­ni­da come­dia enfo­can­do con habi­li­dad las carac­te­rís­ti­cas invo­lu­cra­das en este sin­gu­lar depor­te. Jor­ge Gutman

Una Glo­rio­sa Epopeya

THE ODYS­SEY. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film de Chris­topher Nolan. 172 minutos

La Odi­sea es el céle­bre poe­ma épi­co atri­bui­do al míti­co poe­ta grie­go Home­ro que lo con­ci­bió en el siglo VIII antes de la era cris­tia­na. ¿Cómo es posi­ble trans­po­ner esta supre­ma obra lite­ra­ria al cine? La res­pues­ta está dada en el tra­ba­jo que se impu­so el gran rea­li­za­dor Chris­topher Nolan quien adap­tan­do la epo­pe­ya grie­ga a la gran pan­ta­lla ha logra­do con The Odys­sey una sobre­sa­lien­te película.

Matt Damon

Como gran par­te de su fil­mo­gra­fía Nolan aquí con­si­de­ra aspec­tos vin­cu­la­dos con los recuer­dos impre­sos en la memo­ria y en lo con­cer­nein­te a situa­cio­nes mora­les de la con­di­ción huma­na. De mane­ra frag­men­ta­da el film pre­sen­ta a Odi­seo (Matt Damon), el popu­lar rey grie­go de Ita­ca, que habien­do esta­do ausen­te de su tie­rra y de su ama­da espo­sa Pené­lo­pe (Anne Hatha­way) por espa­cio de 20 años, tras haber bata­lla­do duran­te una déca­da en la gue­rra de Tro­ya, quie­re aho­ra retor­nar a su hogar sin ima­gi­nar que su inten­ción recién se verá con­cre­ta­da 10 años después.

El rela­to se desa­rro­lla en dife­ren­tes esce­na­rios. Por una par­te, se asis­te a los con­flic­tos béli­cos que el valien­te gue­rre­ro y sus sol­da­dos debe­rán afron­tar en alta mar y en tie­rra fir­me. A su vez se des­ta­ca los esfuer­zos rea­li­za­dos por Tele­ma­co (Tom Holland), el hijo de Odi­seo y Pené­loo­pe, por ubi­car a su pro­ge­ni­tor a quien no ha lle­ga­do a cono­cer. El Ier­cer esce­na­rio es el de Pené­lo­pe que con la espe­ran­za de que su mari­do está vivo se ve ase­dia­da por varios cor­te­jan­tes que desean casar­se con ella y asu­mir el poder.

En el mar­co de una com­ple­ja estruc­tu­ra narra­ti­va nutri­da de sal­tos tem­po­ra­les Nolan ha reu­ni­do un magis­tral elen­co enca­be­za­do por Dam­mon; en el mejor tra­ba­jo rea­li­za­do en su carre­ra, el actor trans­mi­te las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por el ague­rri­do gue­rre­ro y su séqui­to en los múl­ti­ples peli­gros afron­ta­dos en el via­je de retorno, así como aman­te espo­so y final­men­te al lle­gar a Ita­ca como el madu­ro Odi­seo dis­fra­za­do de men­di­go. No menos impor­tan­te es la par­ti­ci­pa­ción de Hatha­way como la tier­na y fiel mujer de Odi­seo, así como Holland se des­ta­ca trans­mi­tien­do el gran sen­ti­mien­to de Tele­ma­co hacia su ausen­te pro­ge­ni­tor. Men­ción espe­cial mere­ce Robert Pat­tin­son carac­te­ri­zan­do a Anti­noo, el cruel mani­pu­la­dor y prin­ci­pal pre­ten­dien­te de Pené­lo­pe que desea des­po­sar­la ale­gan­do que su mari­do está muer­to e inten­ta ase­si­nar a su hijo para poder ocu­par el trono.

En otros roles cabe des­ta­car la sobria carac­te­ri­za­ción de Zen­da­ya como Ate­nea, la enig­má­ti­ca dio­sa de la sabi­du­ría que pro­te­ge a Odi­seo y tra­ta de ayu­dar­le a vol­ver a su hogar. Igual­men­te se luce Samantha Mor­ton adop­tan­do el rol de la bru­ja Cir­ce que ofre­ce hos­pe­da­je a Odi­seo y a los suyos. Char­li­ze The­ron se dis­tin­gue ani­man­do a la nin­fa inmor­tal Calip­so que duran­te 7 años man­tie­ne cau­ti­vo a un amné­si­co Odi­seo ofre­cién­do­le la ven­ta­ja de una vida cómo­da en su para­di­sía­ca isla. Por su par­te, Lupi­ta Nyong en una bre­ve apa­ri­ción con­vin­cen­te­men­te cum­ple su come­ti­do como Hele­na de Troya.

La pelí­cu­la fil­ma­da ínte­gra­men­te con el for­ma­to IMAX en 70 mm del renom­bra­do direc­tor de foto­gra­fía Hoy­te van Hoy­te­ma con­jun­ta­men­te con la estu­pen­da pues­ta escé­ni­ca de Nolan logran un efec­to de mag­ni­fi­cen­te espec­tácu­lo que se com­ple­men­ta con la vibran­te músi­ca del com­po­si­tor Lud­wig Görans­son que tras­cien­de en las esce­nas de alta ten­sión dramática.

En esen­cia, ade­más de los fac­to­res men­cio­na­dos, esta visión inno­va­do­ra de Nolan tras­cien­de por trans­mi­tir los valo­res de la homé­ri­ca obra en lo que con­cier­ne al amor incon­di­cio­nal de Odi­seo y Pené­lo­pe, el amor filial, la impor­tan­cia de la fide­li­dad, así como la ven­gan­za con­ce­bi­da por el pro­ta­go­nis­ta refle­jan­do al pro­pio tiem­po su indis­cu­ti­ble humanidad.

Des­pués de haber obte­ni­do en 2024 el Oscar a la mejor pelí­cu­la por Oppenhei­mer así como el Oscar al mejor direc­tor, Nolan reafir­ma su indis­cu­ti­ble talen­to con esta glo­rio­sa epo­pe­ya de inne­ga­ble rique­za temá­ti­ca y con­tun­den­te vir­tuo­sis­mo visual.
Jor­ge Gutman

Emo­ti­vo Víncu­lo Paterno-Filial

COLOR BOOK. Esta­dos Uni­dos, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por David For­tu­ne. 99 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Es curio­so obser­var que un film de indis­cu­ti­ble valor como lo es Color Book tras haber­se exhi­bi­do en varios fes­ti­va­les no haya teni­do la opor­tu­ni­dad de haber sido pre­sen­ta­do comer­cial­men­te. Es así que los abo­na­dos de Net­flix tie­nen al menos la opor­tu­ni­dad de poder juz­gar esta exce­len­te come­dia dra­má­ti­ca enfo­can­do la rela­ción paterno-filial a tra­vés de espe­cia­les circunstancias.

William Catlett y Jere­miah Daniels

El bien dia­gra­ma­do rela­to del novel rea­li­za­dor ambien­ta la acción en Atlan­ta en don­de al comen­zar se obser­va la tris­te des­pe­di­da que Lucky (William Catlett) dis­pen­sa a su falle­ci­da espo­sa Tammy acom­pa­ña­do de su hijo Mason (Jere­miah Daniels) de 11 años en un públi­co lugar con la pre­sen­cia de veci­nos que apre­cia­ron a la difunta.

En con­se­cuen­cia Lucky y su vás­ta­go que se encuen­tra afec­ta­do por el sín­dro­me Down sobre­lle­van el dolor tra­tan­do de reha­cer sus vidas; en esta peno­sa situa­ción por la ausen­cia del ser que­ri­do, todo sugie­re que Mason man­te­nía con su madre un víncu­lo de gran amor y que aho­ra debe ajus­tar­se a con­vi­vir úni­ca­men­te con su progenitor.

A par­tir de allí la his­to­ria trans­cu­rre en el tér­mino de una sola jor­na­da, don­de acep­tan­do la invi­ta­ción de un ami­go de Lucky para asis­tir a un par­ti­do de beis­bol, padre e hijo empren­den un via­je des­de los subur­bios de la ciu­dad don­de habi­tan para lle­gar al esta­dio depor­ti­vo de Atlan­ta. Ese tra­yec­to esta afec­ta­do de diver­sos con­tra­tiem­pos don­de des­pués de un frus­tra­do tras­la­do en coche, se pro­du­cen otros obs­tácu­los al uti­li­zar el trans­por­te público.

El direc­tor valo­ri­za su rela­to a tra­vés de peque­ños ges­tos, silen­cios, algu­nos roces pasa­je­ros que ponen a prue­ba la pacien­cia del Lucky hacia su vás­ta­go pero nutri­dos en el fon­do por el inmen­so cari­ño que los une. Es así que evi­tan­do caer en el melo­dra­ma­tis­mo la his­to­ria ape­la a las dotes de dibu­jan­te de Mason quien a tra­vés de sus recuer­dos efec­túa ilus­tra­cio­nes en un cua­derno de dibu­jos don­de figu­ran sus padres así como la fami­lia unida.

Con una estu­pen­da narra­ti­va For­tu­ne obtie­ne una ópe­ra pri­ma suma­men­te con­mo­ve­do­ra que se ve agra­cia­da por la exce­len­cia de sus dos acto­res pro­ta­gó­ni­cos. Catlett expre­sa con nota­ble sen­si­bi­li­dad la res­pon­sa­bi­li­dad de la pater­ni­dad sien­do cons­cien­te del apo­yo que requie­re su hijo para poder seguir ade­lan­te. Por su par­te cau­sa admi­ra­ción la actua­ción de Daniels como el tran­qui­lo chi­co que vuel­ca en sus ilus­tra­cio­nes lo que no pue­de expre­sar en pala­bras a la vez que guar­da una abso­lu­ta com­pli­ci­dad con el per­so­na­je de Cat­tett; no menos impor­tan­te es que este joven actor es afec­ta­do en la vida real por el sín­dro­me Down y es así meri­to­rio el esfuer­zo rea­li­za­do para sumer­gir­se en la piel de Mason. Asi­mis­mo el film es agra­cia­do visual­men­te, en gran par­te por la nota­ble foto­gra­fía en blan­co y negro de Niko­laus Sommerer.

En con­clu­sión, For­tu­ne ha logra­do una bella come­dia dra­má­ti­ca que cala hon­da­men­te en el áni­mo del espec­ta­dor.  Jor­ge Gutman

El Auge de las Telenovelas

MIS­TE­RIO. Méxi­co, 1980. Un film de Mar­ce­la Fer­nán­dez Vio­lan­te. 83 minutos

Den­tro del mar­co del Fes­ti­val Fan­ta­sía que tie­ne lugar en Mon­treal, está pro­gra­ma­do el film Mis­te­rio, que habien­do sido pro­du­ci­do en Méxi­co en 1980, ha sido res­tau­ra­do en 4K emplean­do los nega­ti­vos ori­gi­na­les que fue­ron con­ser­va­dos por el Ins­ti­tu­to Mexi­cano de Cine­ma­to­gra­fía. La pelí­cu­la diri­gi­da y escri­ta por Mar­ce­la Fer­nán­dez Vio­lan­te está basa­da en la nove­la Estu­dio Q de Vicen­te Leñe­ro quien igual­men­te coes­cri­bió la adaptación.

Esta atrac­ti­va come­dia des­pier­ta en la actua­li­dad un dejo nos­tál­gi­co dado que la temá­ti­ca abor­da­da en las tele­no­ve­las cons­ti­tu­ye­ron en su épo­ca un moti­vo de gran atrac­ción de la audien­cia televidente.

Juan Ferra­ra y Hele­na Rojo

La acción trans­cu­rre pre­ci­sa­men­te en el Estu­dio Q en don­de está pla­nea­do el roda­je de una tele­no­ve­la; allí el direc­tor (Víc­tor Jun­co) soli­ci­ta al popu­lar actor Alex (Juan Ferra­ra) para que pro­ta­go­ni­ce la mis­ma, a pesar de que él había pla­nea­do un via­je de vaca­cio­nes con su espo­sa Sil­via (Hele­na Rojo); cuan­do lle­ga­do a su hogar le comu­ni­ca a ella su deci­sión de pos­po­ner ese via­je para cuan­do fina­li­ce la fil­ma­ción, Sil­via que­da frus­tra­da y obvia­men­te eno­ja­da a tal pun­to que le dice que ya no lo quie­re más. En ese ins­tan­te se obser­va a Alex quien se sor­pren­de al ver que no está en su casa sino que lo vivi­do has­ta el pre­sen­te inte­gra la tele­no­ve­la que se está fil­man­do de acuer­do al libre­to pre­pa­ra­do por la guio­nis­ta Gladys (Bea­triz She­ri­dan). De allí en más ese hecho des­pier­ta la intri­ga del espec­ta­dor al no poder dis­cer­nir entre lo que acon­te­ce con los per­so­na­jes del film de Fer­nán­dez Volan­te y la his­to­ria que está sien­do roda­da por el direc­tor de la tele­no­ve­la. Curio­sa­men­te, esa difi­cul­tad de sepa­rar lo real de lo fic­cio­nal embar­ga asi­mis­mo a Alex quien con­si­de­ra que su vida está sien­do con­tro­la­da por un rea­li­za­dor auto­ri­ta­rio y una ines­cru­pu­lo­sa tele­vi­sión por lo que que­da des­pro­vis­to de su iden­ti­dad para ser una mario­ne­ta den­tro de un mun­do de simu­la­da reali­dad. En tal sen­ti­do es en la impre­vi­si­ble y bien logra­da secuen­cia final en la que Alex adquie­re viven­cia propia.

Como una muy acer­ta­da pre­de­ce­so­ra de lo que en 1998 Peter Weir brin­da­ra en la remar­ca­ble come­dia ame­ri­ca­na The Tru­man Show, Mis­te­rio cons­ti­tu­yó en su épo­ca una inno­va­do­ra expre­sión cine­ma­to­grá­fi­ca logran­do que en la actua­li­dad man­ten­ga su radian­te fres­cu­ra. Jor­ge Gutman

La Pér­di­da de la Audición

SOR­DA. Espa­ña, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Eva Liber­tad. 99 minutos.

Des­pués de haber logra­do un gran éxi­to en 2021 con su cor­to­me­tra­je Sor­da la direc­to­ra Eva Liber­tad efec­túa una con­ti­nua­ción del mis­mo en el homó­ni­mo lar­go­me­tra­je que tam­bién es pro­ta­go­ni­za­do por su her­ma­na Miriam Garlo.

Como lo anun­cia su títu­lo el tema es el de la sor­de­ra que impli­ca algo más que la pér­di­da de la audi­ción sino que a nivel social pue­de gene­rar barre­ras de comu­ni­ca­ción que deri­van en un posi­ble ais­la­mien­to de los seres que rodean a la per­so­na afec­ta­da. Es así que gra­cias a un minu­cio­so y esme­ra­do guión la direc­to­ra abor­da lo que acon­te­ce con Ánge­la (Gar­lo), una mujer afec­ta­da por la sordera.

Álva­ro Cer­van­tes y Miriam Garlo

En esta con­ti­nua­ción se la ve a ella que acom­pa­ña­da por su ama­do com­pa­ñe­ro Héc­tor (Álva­ro Cer­van­tes) que es oyen­te, espe­ran la ansia­da cria­tu­ra que está en ges­ta­ción. La úni­ca duda que asal­ta a la pare­ja es si el bebé ten­drá la mis­ma dis­ca­pa­ci­ta­ción; en todo caso duran­te ese perío­do de espe­ra que­da reite­ra­do cómo Héc­tor median­te el len­gua­je de los sig­nos se aco­pla por com­ple­to hacia Ánge­la. La noti­ca de la gra­ta nue­va es comu­ni­ca­da a los que­ri­dos padres oyen­tes (Ele­na Iru­re­ta y Joa­quín Nota­rio) de Ánge­la quie­nes fes­te­jan con ale­gría ese acon­te­ci­mien­to; al pare­cer, la úni­ca dis­cre­pan­cia exis­ten­te con ellos es que Ánge­la rehú­sa uti­li­zar audí­fo­nos. De todos modos en su vida labo­ral tra­ba­jan­do como cera­mis­ta, ella no tie­ne obs­tácu­lo alguno en la comu­ni­ca­ción con sus colegas.

No obs­tan­te la flui­da comu­ni­ca­ción man­te­ni­da por la pare­ja, está cla­ro que exis­te cier­to dis­tan­cia­mien­to de Héc­tor cuan­do su com­pa­ñe­ra se reúne con sus amis­ta­des igual­men­te sor­das, como lo pro­pio acon­te­ce con Ánge­la en los encuen­tros de Héc­tor con sus amigos.

Con­si­de­ra­ble ten­sión se pro­du­ce duran­te el pro­ce­so que atra­vie­sa esta mujer en el momen­to del par­to, don­de la cáma­ra de la cineas­ta fil­ma esa dra­má­ti­ca secuen­cia con máxi­ma deli­ca­de­za. Tras pro­du­cir­se el naci­mien­to de la bebi­ta lla­ma­da Ona que­da en sus­pen­so por saber si ella es o no sor­da; des­pués de dos meses el pedia­tra dic­ta­mi­na que es per­fec­ta­men­te oyen­te lo que moti­va pro­fun­da ale­gría en los padres.

De aquí en más, la dicha de Ánge­la va ami­no­rán­do­se al com­pro­bar que su rol mater­nal es en gran par­te absor­bi­do por Héc­tor al com­pro­bar la exce­len­te comu­ni­ca­ción exis­ten­te entre él y la niña. De nin­gún modo este noble y que­ri­do com­pa­ñe­ro tra­ta de sus­traer a su com­pa­ñe­ra del cari­ño de Ona, sino que va ocu­pán­do­se de las tareas que ella deja de lado. En ese intrín­gu­lis que se va cimen­tan­do, con gran sen­si­bi­li­dad la direc­to­ra expo­ne las con­tra­dic­cio­nes que embar­gan a esta madre al no poder evi­tar sus celos com­pro­ban­do que Héc­tor no nece­si­ta recu­rrir al len­gua­je de los sig­nos en la rela­ción man­te­ni­da con su hijita.

En la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca de Liber­tad, ella sale airo­sa del ries­go asu­mi­do en eli­mi­nar el empleo del soni­do en la últi­ma par­te del rela­to, a fin de que el espec­ta­dor pue­da cap­tar mejor los silen­cios y la angus­tia inter­na de Ángela.

La cineas­ta ofre­ce un cua­dro de la vida real en la des­crip­ción de sus dos per­so­na­jes en don­de resul­ta difí­cil pre­ci­sar si Ánge­la es sus­cep­ti­ble de repro­che alguno por des­cui­dar invo­lun­ta­ria­men­te su rol mater­nal o si Héc­tor a pesar de su gran amor hacia su pare­ja es inca­paz de com­pren­der las difi­cul­ta­des que atra­vie­sa como madre.

La his­to­ria de la rea­li­za­do­ra bien pue­de ase­me­jar­se a un docu­men­tal tenien­do en con­si­de­ra­ción la auten­ti­ci­dad refle­ja­da en su con­te­ni­do y sobre todo por­que Gar­lo pade­ce sor­de­ra, sin que ello deme­ri­te el sobre­sa­lien­te desem­pe­ño brin­da­do en la carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je. Asi­mis­mo es pon­de­ra­ble la natu­ra­li­dad trans­mi­ti­da por Cer­van­tes como el devo­to com­pa­ñe­ro de Ánge­la, en tan­to que elo­gios simi­la­res mere­cen Iru­re­ta y Nota­rio en los roles secundarios.

Sin recu­rrir a gol­pes bajos, la rea­li­za­do­ra ofre­ce una remar­ca­ble pelí­cu­la nutri­da de gran huma­nis­mo y can­den­te emo­ción logran­do la com­ple­ta adhe­sión del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman