Muy Bue­na Secuela

TOP GUN: MAVE­RICK. Esta­dos Uni­dos, 2022. Un film de Joseph Kosins­ki. 131 minutos

Des­pués de varias pos­ter­ga­cio­nes debi­do a la pan­de­mia final­men­te el públi­co tie­ne la oca­sión de juz­gar Top Gun: Mave­rick pro­ta­go­ni­za­do por el popu­la­rí­si­mo Tom Crui­se, en el mejor film de su carrera.

Para quie­nes han teni­do la opor­tu­ni­dad de haber vis­to en 1986 Top Gun del rea­li­za­dor Tony Scott, esta secue­la diri­gi­da aho­ra por Joseph Kosins­ki es deci­di­da­men­te supe­rior debi­do en gran par­te al muy buen guión de Ehren Kru­ger, Eric Warren Sin­ger y Chris­topher McQuarrie.

Tom Crui­se

¿Que ha sido de la vida de Pete “Mave­rick” Mit­chell (Crui­se)? Aun­que más enve­je­ci­do, dado que los 36 años trans­cu­rri­dos dejan sus hue­llas, este soli­ta­rio capi­tán y excep­cio­nal pilo­to de caza no pue­de con su genio al supe­rar los lími­tes de velo­ci­dad per­mi­ti­da, fas­ti­dian­do de este modo a su supe­rior Beau “Cyclo­ne” Sim­pson (Jon Hamm); es así que tras ven­cer los rece­los del almi­ran­te Cain (Ed Harris), pero apo­ya­do por el almi­ran­te Ice­man (Val Kil­mer) que fue­ra su anti­guo rival y lo con­si­de­ra como un insu­pe­ra­ble ins­truc­tor, el rebel­de Mave­rick es tras­la­da­do des­de el desier­to de Moja­va don­de se encuen­tra has­ta San Die­go a fin de desem­pe­ñar­se como pro­fe­sor en la renom­bra­da escue­la de éli­tes Top Gun. En ese esta­ble­ci­mien­to don­de se gra­dúan los mejo­res pilo­tos del pla­ne­ta el desig­na­do pro­fe­sor ten­drá la misión de adies­trar duran­te el lap­so de tres sema­nas a aven­ta­ja­dos alum­nos; el pro­pó­si­to es que pue­dan par­ti­ci­par en una deli­ca­da y arries­ga­dí­si­ma misión con­sis­ten­te en la des­truc­ción de una plan­ta enri­que­ce­do­ra de ura­nio de una poten­cia enemi­ga y en don­de son muy bajas las posi­bi­li­da­des de éxito.

De lo que ante­ce­de una con­si­de­ra­ble par­te del metra­je se cen­tra en dicha eta­pa de for­ma­ción don­de Mave­rick inter­ac­túa con los nue­vos pilo­tos de com­ba­te (inter­pre­ta­dos entre otros por Glen Powell, Jay Ellis, Moni­ca Bar­ba­ro y Danny Ramí­rez) y en espe­cial con el tenien­te Brad­ley “Roos­ter” Bradshaw (Miles Teller); este joven que es el hijo de Goo­se, un gran ami­go de Mave­rick que en el film pre­ce­den­te mue­re en un acci­den­te de vue­lo, man­tie­ne una ten­sa rela­ción con el ins­truc­tor debi­do al resen­ti­mien­to que le guar­da por haber­lo decep­cio­na­do tiem­po atrás. En otros aspec­tos, la tra­ma alter­na con el víncu­lo sen­ti­men­tal de Mave­rick con Penny (Jen­ni­fer Con­nelly), un anti­guo amor suyo que aho­ra es due­ña del bar que se encuen­tra pró­xi­mo al lugar de la academia.

Si has­ta ese enton­ces el rea­li­za­dor logra que la pelí­cu­la flu­ya de mane­ra inta­cha­ble, lo más impac­tan­te se pro­du­ce cuan­do el pro­fe­sor Mave­rick se invo­lu­cra en la peli­gro­sa misión. Así, en los últi­mos vein­te minu­tos del rela­to se asis­te a un mag­ní­fi­co espec­tácu­lo de acción con­tem­plan­do la carre­ra empren­di­da por los avio­nes de caza en don­de la mayo­ría de las sor­pren­den­tes esce­nas aéreas han sido fil­ma­das sin haber recu­rri­do a la tec­no­lo­gía digi­tal; es allí que que­da reafir­ma­da la dies­tra direc­ción de Kosins­ki real­za­da por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Clau­dio Miranda.

Si hay algo que dis­tin­gue a este block­bus­ter de otros del géne­ro es su gran con­te­ni­do humano y el extra­or­di­na­rio mag­ne­tis­mo que Crui­se des­pier­ta en la carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je. Hay varias esce­nas en que trans­mi­te con­si­de­ra­ble emo­ción inclu­yen­do la de la visi­ta que Mave­rick efec­túa al gra­ve­men­te enfer­mo Ice­man quien lucha con­tra el cán­cer de gar­gan­ta que lo afec­ta; igual­men­te rebo­sa ter­nu­ra la rela­ción man­te­ni­da con Penny y en espe­cial el con­mo­ve­dor abra­zo de recon­ci­lia­ción con Bradshaw.

En suma, este film con­fir­ma que con un repar­to de lujo enca­be­za­do por un exce­len­te actor y un buen direc­tor es posi­ble lograr un entre­te­ni­mien­to de cali­dad supe­rior que sin duda el públi­co habrá de dis­fru­tar­lo. Jor­ge Gutman

Cora­zo­nes Valientes

COEURS VAI­LLANTS. Fran­cia-Bél­gi­ca, 2021. Un film de Mona Acha­che. 92 minutos

Nun­ca habrán de fal­tar his­to­rias vin­cu­la­das con situa­cio­nes acae­ci­das en la Segun­da Gue­rra y espe­cí­fi­ca­men­te duran­te el régi­men de Vichy en que Fran­cia estu­vo ocu­pa­da por las fuer­zas mili­ta­res del Ter­cer Reich.

Una esce­na de COEURS VAILLANTS

En la drás­ti­ca reda­da que tuvo lugar con­tra los judíos fran­ce­ses en julio de 1942 don­de fue­ron tras­la­da­dos al Veló­dro­mo de Invierno de París, muchos chi­cos fue­ron sepa­ra­dos de sus padres que­dan­do des­pro­te­gi­dos. La rea­li­za­do­ra Mona Acha­che, ins­pi­ra­da en su abue­la judía que cuan­do niña vivió esa dra­má­ti­ca expe­rien­cia, escri­bió el guión con Chris­tophe Offens­tein y Jean Cot­tin cen­tran­do la aten­ción en algu­nos de esos niños y ado­les­cen­tes que tuvie­ron que afron­tar esa situación.

La his­to­ria comien­za en Agos­to de 1942 en que Han­nah (Maé Rou­det Rubens) Jac­ques (Leo Riehl), Josef (Fer­di­nand Redou­loux), Cla­ra (Lila-Rose Gil­ber­ti), Hen­riet­te (Asia Suis­sa-Fue­ller) y Léon (Luka Hag­gè­ge) via­jan escon­di­dos en un camión que trans­por­ta varios bul­tos de cua­dros pro­ce­den­tes del Lou­vre y de otros museos nacio­na­les y colec­cio­nes pri­va­das; el des­tino es el cas­ti­llo de Cham­bord a fin de que las valio­sas obras de arte que­da­ran allí depo­si­ta­das y cui­da­das por el cura­dor (Swann Arlaud) mien­tras dura­se el con­flic­to béli­co para evi­tar que sean expo­lia­das por los nazis. Una vez en el cas­ti­llo, estos niños judíos des­em­bar­can y Rosa (Cami­lle Cot­tin), la con­ser­va­do­ra del Museo de Lou­vre, los toma a su cui­da­do. Pero pron­ta­men­te esta arries­ga­da y valien­te mujer com­pren­de que el cas­ti­llo resul­ta peli­gro­so para pro­te­ger­los debi­do a la pre­sen­cia de sol­da­dos nazis que mero­dean el lugar; de allí que el modo más ade­cua­do para poder sal­var­los es a tra­vés del reco­rri­do que los niños debe­rán efec­tuar en el bos­que que domi­na al cas­ti­llo con la espe­ran­za de poder pasar a la zona libre, aún no ocu­pa­da por Alemania.

La direc­to­ra adop­ta un tra­ta­mien­to sen­ci­llo en su expo­si­ción logran­do una bue­na pues­ta escé­ni­ca y aun­que el film no lle­ga a insu­flar por com­ple­to la ten­sión del peli­gro que atra­vie­san sus per­so­na­jes a fin de sus­ci­tar una emo­ción más inten­sa, de todos modos que­da com­pen­sa­do por la soli­dez de su elen­co. Los meno­res acto­res refle­jan ple­na auten­ti­ci­dad en sus roles, trans­mi­tien­do el sen­ti­mien­to de pena sus­ci­ta­do cuan­do Cla­ra, mue­re en un pan­tano. Asi­mis­mo Cot­tin carac­te­ri­za muy bien a la osa­da mujer preo­cu­pa­da en ampa­rar a los chi­cos como asi­mis­mo ase­gu­rar que las pie­zas de los museos que­den en buen res­guar­do; resul­ta intere­san­te acla­rar que para este per­so­na­je los guio­nis­tas se ins­pi­ra­ron en Rose Valland, quien ha sido una pres­ti­gio­sa his­to­ria­do­ra de arte y que ade­más de haber par­ti­ci­pa­do en la Resis­ten­cia Fran­ce­sa duran­te la gue­rra, en 1941 fue cura­do­ra del Museo Jeu de Pau­me de París.

Si bien lo que se apre­cia es un rela­to de fic­ción, su ilus­tra­ción está basa­da en acon­te­ci­mien­tos reales; es así que en los cré­di­tos fina­les se lee que entre 1940 y 1945 más de 11 mil niños judíos han sido depor­ta­dos y ase­si­na­dos en los cam­pos nazis en tan­to que 60 mil pudie­ron sal­var sus vidas escondiéndose.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, Coeurs Vai­llants es un film hones­to y meri­to­rio de con­tem­plar en el que la rea­li­za­do­ra rin­de tri­bu­to a niños y ado­les­cen­tes que enfren­ta­ron la muer­te duran­te el Holo­caus­to. Jor­ge Gutman

Un Buen Rela­to Psicológico

PINK LAKE. Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Emily Gan y Daniel Schach­ter. 80 minutos.

Un dra­ma román­ti­co y la pater­ni­dad son dos temas que se entre­mez­clan en Pink Lake. En este pri­mer lar­go­me­tra­je Emily Gan y Daniel Schach­ter logran un film ínti­mo cen­tra­do en el estu­dio psi­co­ló­gi­co de los pro­ta­go­nis­tas del relato.

Aly­sa Toua­ti, Char­les Brooks y Marie-Mar­gue­ri­te Sabongui

El guión de los rea­li­za­do­res ubi­ca la acción en una cabi­na situa­da en las sie­rras de Gati­neau en Que­bec; allí resi­de la pare­ja inte­gra­da por Sam (Char­les Brooks) y Cora (Aly­sa Toua­ti), quie­nes lle­van una apa­ci­ble e idí­li­ca vida; la úni­ca diver­gen­cia de opi­nión entre ambos que no lle­ga a afec­tar la rela­ción es debi­da a que él desea­ría for­mar una fami­lia pero Cora no se encuen­tra emo­cio­nal­men­te pre­pa­ra­da para asu­mir la maternidad.

La ruti­na se ve alte­ra­da con la visi­ta de Nadia (Marie-Mar­gue­ri­te Sabon­gui) quien es una muy que­ri­da ami­ga de lar­ga data de Sam, lle­ga­da del exte­rior y que aca­ba de sufrir una des­ilu­sión amo­ro­sa al haber sido deja­da por su pareja.

Habi­da cuen­ta de su voca­ción mater­nal lo que Nadia fer­vien­te­men­te anhe­la fer­vien­te­men­te es con­ce­bir un hijo; es así que en una de las cami­na­tas rea­li­za­das con Sam, le pre­gun­ta si esta­ría dis­pues­to a donar­le su esper­ma, dejan­do en cla­ro que ella sería la úni­ca en ocu­par­se de la even­tual cria­tu­ra como madre mono­pa­ren­tal sin que él asu­ma res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal algu­na ni tam­po­co uti­li­zar su ape­lli­do. Ante la inusi­ta­da sor­pre­sa por dicha pro­pues­ta, él comen­ta con Cora la con­ver­sa­ción que man­tu­vo con Nadia en don­de ella acep­ta ese sin­gu­lar arre­glo; sin embar­go gra­dual­men­te la duda comien­za a corroerla.

Lo que valo­ri­za al rela­to es el acer­ta­do enfo­que de los rea­li­za­do­res a tra­vés de la diná­mi­ca rela­ción que se va sus­ci­tan­do entre los tres per­so­na­jes. Por una par­te, se obser­va cómo a tra­vés de la inse­gu­ri­dad y con­tra­dic­cio­nes de Cora, eso va afec­tan­do su román­ti­co víncu­lo con Sam; por su par­te él está a la expec­ta­ti­va aguar­dan­do que la incer­ti­dum­bre que envuel­ve a su pare­ja pue­da final­men­te que­dar resuel­ta; fren­te a ello, la acti­tud de Nadia es la de espe­rar y con­fiar de que podrá con­cre­tar su propósito.

Tal como está expues­to, Pink Lake no pre­ten­de plan­tear un pro­ble­ma moral aun­que per­mi­te cavi­lar sobre cuál sería la reper­cu­sión emo­cio­nal que podría gene­rar un emba­ra­zo dis­pues­to de ese modo y has­ta qué pun­to podría dejar indi­fe­ren­te a Sam como padre bio­ló­gi­co como asi­mis­mo a Cora. De todos modos, a tra­vés de la bue­na des­crip­ción de carac­te­res y con la muy con­vin­cen­te actua­ción de su bre­ve elen­co, los nove­les cineas­tas brin­dan un film que sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na está satis­fac­to­ria­men­te ela­bo­ra­do y capaz de cap­tar la adhe­sión del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Una Com­ple­ja Paternidad

PINK LAKE. Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Emily Gan y Daniel Schach­ter. 80 minutos.

Un dra­ma román­ti­co y la pater­ni­dad son dos temas que se entre­mez­clan en Pink Lake. En, este pri­mer lar­go­me­tra­je Emily Gan y Daniel Schach­ter logran un film ínti­mo cen­tra­do en el estu­dio psi­co­ló­gi­co de los pro­ta­go­nis­tas del relato.

Aly­sa Toua­ti, Char­les Brooks y Marie-Mar­gue­ri­te Sabongui

El guión de los rea­li­za­do­res ubi­ca la acción en una cabi­na situa­da en las sie­rras de Gati­neau en Que­bec; allí resi­de la pare­ja inte­gra­da por Sam (Char­les Brooks) y Cora (Aly­sa Toua­ti) quie­nes lle­van una apa­ci­ble e idí­li­ca vida; la úni­ca diver­gen­cia de opi­nión entre ambos que no lle­ga a afec­tar la rela­ción es debi­da a que él desea­ría for­mar una fami­lia pero Cora no se encuen­tra emo­cio­nal­men­te pre­pa­ra­da para asu­mir la maternidad.

La ruti­na se ve alte­ra­da con la visi­ta de Nadia (Marie-Mar­gue­ri­te Sabon­gui) quien es una muy que­ri­da ami­ga de lar­ga data de Sam, lle­ga­da del exte­rior y que aca­ba de sufrir una des­ilu­sión amo­ro­sa al haber sido deja­da por su pareja.

Habi­da cuen­ta de su voca­ción mater­nal lo que Nadia fer­vien­te­men­te anhe­la es con­ce­bir un hijo, habi­da cuen­ta de su voca­ción mater­nal; es así que en una de las cami­na­tas rea­li­za­das con Sam, le pre­gun­ta si esta­ría dis­pues­to a donar­le su esper­ma, dejan­do en cla­ro que ella sería la úni­ca en ocu­par­se de la even­tual cria­tu­ra como madre mono­pa­ren­tal sin que él asu­ma res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal algu­na ni tam­po­co pres­tar su ape­lli­do. Ante la inusi­ta­da sor­pre­sa por dicha pro­pues­ta, él comen­ta con Cora la con­ver­sa­ción que man­tu­vo con Nadia en don­de ella acep­ta ese sin­gu­lar arre­glo; sin embar­go gra­dual­men­te la duda comien­za a corroerla.

Lo que valo­ri­za al rela­to es el acer­ta­do enfo­que de los rea­li­za­do­res a tra­vés de la diná­mi­ca rela­ción que se va sus­ci­tan­do entre los tres per­so­na­jes. Por una par­te, se obser­va cómo a tra­vés de la inse­gu­ri­dad y con­tra­dic­cio­nes de Cora, eso va afec­tan­do su román­ti­co víncu­lo con Sam; por su par­te él está a la expec­ta­ti­va aguar­dan­do que la incer­ti­dum­bre que envuel­ve a su pare­ja pue­da final­men­te que­dar resuel­ta; fren­te a ello, la acti­tud de Nadia es la de espe­rar y con­fiar de que podrá con­cre­tar su propósito.

Tal como está expues­to, Pink Lake no pre­ten­de plan­tear un pro­ble­ma moral aun­que per­mi­te cavi­lar sobre cuál sería la reper­cu­sión emo­cio­nal que podría gene­rar un emba­ra­zo dis­pues­to de ese modo y has­ta qué pun­to podría dejar indi­fe­ren­te a Sam como padre bio­ló­gi­co como asi­mis­mo a Cora. De todos modos, a tra­vés de la bue­na des­crip­ción de carac­te­res y con la muy con­vin­cen­te actua­ción de su bre­ve elen­co, los nove­les cineas­tas brin­dan un film que sin gran­di­lo­cuen­cia algu­na está satis­fac­to­ria­men­te ela­bo­ra­do y capaz de cap­tar la adhe­sión del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

El Sín­dro­me del Sonido

MEMO­RIA. Tai­lan­dia-Colom­bia-Méxi­co-Fran­cia-Rei­no Uni­do, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Api­chat­pong Wee­ra­setha­kul. 136 minutos

“Amá­me o déja­me” pare­ce­ría que­rer trans­mi­tir el direc­tor tai­lan­dés Api­chat­pong Wee­ra­setha­kul al públi­co que con­tem­pla sus pelí­cu­las. Cier­ta­men­te, nadan­do con­tra la corrien­te, este inte­lec­tual cineas­ta tai­lan­dés trans­mi­te en sus fil­mes algu­nas de sus viven­cias expre­sán­do­las con un dis­tin­ti­vo esti­lo. Habi­tué de Can­nes don­de Oncle Boon­mee, celui qui se suo­vient de ses vies anté­rieu­res obtu­vo en 2010 la Pal­ma de Oro, con Memo­ria, su pri­mer tra­ba­jo rea­li­za­do fue­ra de Talan­dia en idio­ma inglés y espa­ñol, nue­va­men­te fue dis­tin­gui­do en 2021 con el Pre­mio del Jura­do Ex Æquo.

Resul­ta difí­cil de sin­te­ti­zar en pocas pala­bras la natu­ra­le­za de este film aun­que no sería arries­ga­do cata­lo­gar­lo como una expe­rien­cia sen­so­rial que en muchos aspec­tos se ase­me­ja a una his­to­ria de cien­cia ficción.

Til­da Swinton

A tra­vés de su pro­pio guión el rea­li­za­dor se cen­tra en Jes­si­ca (Til­da Swin­ton), una recien­te viu­da esco­ce­sa cul­ti­va­do­ra de orquí­deas vivien­do en Mede­llín y dado que su her­ma­na Karen (Agnes Brek­ke) resi­dien­do en Bogo­tá se encuen­tra enfer­ma, via­ja has­ta allí para visi­tar­la. Alo­ján­do­se en la casa que Karen com­par­te con su mari­do Juan (Daniel Gimé­nez Cacho), estan­do dur­mien­do Jes­si­ca repen­ti­na­men­te oye un soni­do estruen­do­so como si se tra­ta­ra de una gigan­tes­ca pie­dra cho­can­do con­tra una pla­ca metá­li­ca; apa­ren­te­men­te ella es la úni­ca que lo escu­cha. Tra­tan­do de bus­car una expli­ca­ción a lo que ha oído y que sigue per­sis­tien­do en su memo­ria, con­tac­ta a Her­nán (Juan Pablo Urre­go), un joven inge­nie­ro dise­ña­dor de soni­dos quien le hace ver que el efec­to sono­ro pro­vie­ne des­de las entra­ñas de la Tie­rra. He aquí el pri­mer plan­teo del cineas­ta al esta­ble­cer la posi­bi­li­dad de que exis­ta una cone­xión entre nues­tra civi­li­za­ción y el ori­gen del planeta.

Con­ti­nuan­do su pere­gri­na­je en la medi­da que el sín­dro­me del soni­do la per­si­gue, Jes­si­ca visi­ta una mor­gue, reco­rre pos­te­rior­men­te un túnel en cons­truc­ción para lue­go inter­nar­se en el cora­zón de la sel­va de Colom­bia; final­men­te se topa con Her­nán (Elkin Díaz), un autóc­tono cin­cuen­te­na­rio que jamás ha sali­do de su aldea ubi­ca­da en las mon­ta­ñas. Como si se tra­ta­ra de un extra­te­rres­tre él está inter­co­nec­ta­do con la Tie­rra al pun­to tal que al tocar una pie­dra pue­de lle­gar a saber quié­nes han entra­do en con­tac­to con ella. Asi­mis­mo Jes­si­ca pres­ta aten­ción a una dra­má­ti­ca his­to­ria infan­til que él le rela­ta y que curio­sa­men­te se aso­cia con un recuer­do regis­tra­do en la men­te de esta mujer.

Den­tro de una his­to­ria que asu­me carac­te­rís­ti­cas meta­fí­si­cas, el rea­li­za­dor ofre­ce un film con­tem­pla­ti­vo don­de narra­ti­va­men­te se vale de lar­gos pla­nos secuen­cia fre­cuen­te­men­te está­ti­cos que pue­den poner a prue­ba la pacien­cia del espec­ta­dor; asi­mis­mo, el des­en­la­ce de esta enig­má­ti­ca tra­ve­sía pue­de dejar­lo des­con­cer­ta­do o en todo caso con­fun­di­do. De todos modos el cli­ma mis­te­rio­so que des­ti­la esta inda­ga­ción en los veri­cue­tos de la memo­ria, atrae­rá la per­ma­nen­te aten­ción de quien acep­te el desa­fío de sumer­gir­se en la misma.

En mate­ria de inter­pre­ta­ción Swin­ton trans­mi­te muy bien la obse­sión y vul­ne­ra­bi­li­dad de su per­so­na­je así como logra des­ta­car­se Díaz en la últi­ma par­te del relato.

Como en gran par­te de su fil­mo­gra­fía, Wee­ra­setha­kul se esme­ra en los aspec­tos visua­les logran­do que Memo­ria adquie­ra un mag­ní­fi­co esplen­dor; en tal sen­ti­do cabe des­ta­car la exce­len­te foto­gra­fía de su habi­tual cola­bo­ra­dor Sayombhu Muk­dee­prom, quien obtie­ne mag­ní­fi­cas com­po­si­cio­nes de la ciu­dad de Bogo­tá como asi­mis­mo logra un mági­co colo­ri­do de la jun­gla colom­bia­na. Jor­ge Gutman