Agra­da­ble Rela­to Ecológico

DON­NE-MOI LES AIS­LES / SPREAD YOUR WINGS. Fran­cia, 2019. Un film de Nico­las Vanier.

Ple­na de bue­nos sen­ti­mien­tos, Don­ne-moi les ailes ade­más de des­cri­bir una cáli­da rela­ción paterno-filial, es al mis­mo tiem­po loa­ble en su pro­pó­si­to de abo­gar por la pre­ser­va­ción de las especies.

Una esce­na de DON­NE-MOI DES AILES

Basa­do en la ver­da­de­ra y sor­pren­den­te his­to­ria de Chris­tian Mou­llec, el direc­tor Nico­las Vanier adap­tó su nove­la homó­ni­ma con la cola­bo­ra­ción de Lilou Fou­gli, Matthieu Petit y del pro­pio Mou­llec. El rela­to pre­sen­ta a Chris­tian (Jean-Paul Rou­ve), un visio­na­rio cien­tí­fi­co y orni­tól­go que habién­do­se ins­ta­la­do en una gran­ja de Camar­gue, en la Pro­ven­za de Fran­cia, estu­dia la migra­ción de los gan­sos. Apro­ve­chan­do sus habi­li­da­des de avia­dor y al mar­gen de la lega­li­dad él desea poner a prue­ba un audaz plan; el mis­mo con­sis­te en habi­tuar a gan­sos sal­va­jes que allí se encuen­tran quie­nes al rui­do de su ultra­li­ge­ro (ULM) pue­dan volar en escua­dri­lla sobre una nue­va ruta migratoria,protegida de peli­gros a fin de encon­trar un lugar don­de pue­dan ani­dar tran­qui­la­men­te. Simul­tá­nea­men­te, el ado­les­cen­te Tho­mas (Louis Vaz­quez), a ins­tan­cias de su madre (Méla­nie Dou­tey) divor­cia­da, se encuen­tra obli­ga­do a pasar sus vaca­cio­nes de tres sema­nas con Chris­tian, su padre, don­de segu­ra­men­te él cree que habrá de abu­rrir­se. Sin embar­go, a pesar de haber deja­do su telé­fono celu­lar y los jue­gos de video de lado, al entrar en con­tac­to con su pro­ge­ni­tor Tho­mas gra­dual­men­te comien­za a inte­re­sar­se en el inve­ro­sí­mil pro­yec­to para que final­men­te, en un esfuer­zo con­jun­to, pue­dan comen­zar a implementarlo.

De este modo comien­za la gran aven­tu­ra, no exen­ta de peli­gros, del vue­lo en el ULM en la ruta de Camar­gue a Norue­ga para final­men­te lograr el pró­po­si­to per­se­gui­do. Con una sen­ci­lla y efec­ti­va narra­ción, Vanier per­mi­te al públi­co com­par­tir con sus per­so­na­jes una expe­di­ción aérea cap­ta­da mara­vi­llo­sa­men­te des­de las altu­ras y acom­pa­ña­da de gan­sos que ven a Tho­mas como su gran amigo.

Resal­tan­do la impor­tan­cia eco­ló­gi­ca, el film tam­bién con­si­de­ra los valo­res de la fami­lia ilus­tran­do el tierno víncu­lo gene­ra­do entre padre e hijo al embar­car­se en un acto tan loa­ble como la pro­tec­ción de las aves en peli­gro de extin­ción. Es así que en los cré­di­tos fina­les se des­ta­ca que 420 millo­nes de aves han des­apa­re­ci­do en las últi­mas tres déca­das.  Jor­ge Gutman

Los Cole­ta­zos de la Guerra

BEAN­PO­LE. Rusia, 2019. Un film de Kan­te­mir Balagov

Des­pués de haber vis­to en el Fes­ti­val de Can­nes de 2017 Tes­no­ta, el exce­len­te dra­ma del joven rea­li­za­dor ruso Kan­te­mir Bala­gov, con­si­de­ra­bles expec­ta­ti­vas se gene­ra­ron fren­te a su recien­te tra­ba­jo; afor­tu­na­da­men­te con Bean­po­le rati­fi­ca su ido­nei­dad y madu­rez rela­tan­do un dra­ma que se desa­rro­lla pocos meses des­pués de haber con­clui­do la Segun­da Gue­rra Mundial.

Vik­to­ria Miroshnichenko

El guión del rea­li­za­dor co-escri­to con Ale­xan­der Terekhov ‑leja­na­men­te basa­do en la nove­la The Unwo­manly Face of War publi­ca­da en 1985 de la escri­to­ra Svetla­na Ale­xie­vich, gana­do­ra del Pre­mio Nóbel de Lite­ra­tu­ra de 2015- tie­ne lugar en Lenin­gra­do, una ciu­dad prác­ti­ca­men­te devas­ta­da por el con­flic­to béli­co. Con vete­ra­nos que han regre­sa­do en dra­má­ti­cas con­di­cio­nes se obser­va a la enfer­me­ra Iya (Vik­to­ria Mirosh­ni­chen­ko) ‑apo­da­da “Bean­po­le”- quien tra­ba­jan­do en un hos­pi­tal mili­tar los está asis­tien­do; asi­mis­mo se ocu­pa de cui­dar a Pash­ka (Timo­fey Glaz­kov) de 4 años que lo quie­re como si fue­ra su pro­pio vás­ta­go; en reali­dad el peque­ño es hijo de Masha (Vasi­li­sa Perelygina),quien es gran ami­ga de Iya y que par­tió al fren­te de com­ba­te cuan­do el chi­co era un bebé de esca­sos meses. Sin embar­go una tra­ge­dia acon­te­ce con la ines­pe­ra­da muer­te del niño por lo que Masha expe­ri­men­ta un inmen­so dolor cuan­do retor­na a la vida civil.

Gran par­te del rela­to se cen­tra en la ínti­ma amis­tad entre estas dos muje­res de opues­ta per­so­na­li­dad y los con­flic­tos sur­gi­dos por cues­tio­nes de mater­ni­dad. Al pro­pio tiem­po el rela­to expo­ne las rela­cio­nes sen­ti­men­ta­les que man­tie­nen la tími­da Iya con el jefe médi­co ofi­cial Niko­lay Iva­no­vich (Andrey Bykov) y la más abier­ta y extro­ver­ti­da Masha con el joven Sasha (Igor Shi­ro­kov) que es el hijo de un ofi­cial del Partido.

En su rela­to Bala­gov trans­mi­te un tono som­brío y des­ga­rra­dor a medi­da que va expo­nien­do las con­se­cuen­cias físi­cas y emo­cio­na­les de los super­vi­vien­tes; eso se refle­ja cla­ra­men­te en Iya y Masha. Tan­to Mirosh­ni­chen­ko como Perely­gi­na sin haber teni­do pre­via expe­rien­cia delan­te de una cáma­ra demues­tran poseer un talen­to inusual al haber logra­do trans­mi­tir con gran inten­si­dad la resi­lien­cia de dos almas trau­ma­ti­za­das que tra­tan de encon­trar un nue­vo sen­ti­do a sus vidas en el ámbi­to de un mun­do pró­xi­mo a ser recons­trui­do. En los fac­to­res téc­ni­cos, tan­to la foto­gra­fía de Kse­ni­ya Sere­da como los dise­ños de pro­duc­ción de Ser­gey Iva­nov refuer­zan los valo­res de esta mag­ní­fi­ca producción.

Esen­cial­men­te, el rea­li­za­dor logra un con­mo­ve­dor melo­dra­ma espi­ri­tual que se dis­tin­gue por su gran rigu­ro­si­dad y que a pesar de su tris­te telón de fon­do mere­ce la pena de ser con­tem­pla­do. Jor­ge Gutman

La Mafia Sici­lia­na de Montreal

MAFIA INC.  Cana­dá, 2020. Un film de Daniel Grou

Aun­que las acti­vi­da­des del cri­men orga­ni­za­do en Mon­treal son bien cono­ci­das por el públi­co a tra­vés de los medios de difu­sión, has­ta aho­ra el cine cana­dien­se no lo había con­si­de­ra­do. Es por ello que resul­ta bien­ve­ni­do apre­ciar un film que sobre ese tema abor­da el efi­cien­te direc­tor que­be­quen­se Daniel Grou (cono­ci­do como “Podz”).

En lugar de haber rea­li­za­do un docu­men­tal, el rea­li­za­dor opta por la fic­ción en la medi­da que le per­mi­te explo­rar más a fon­do los per­so­na­jes que par­ti­ci­pan en el uni­ver­so mafio­so de Que­bec. Para ello se valió del libro de los perio­dis­tas André Noël y André Cédi­lot que ha sido efi­cien­te­men­te adap­ta­do por el guio­nis­ta Syl­vain Guy.

Marc-André Gron­din

La tra­ma trans­cu­rre en Mon­treal en 1994 aun­que bien podría haber sido en la épo­ca actual; a tra­vés de la mis­ma se sigue los pasos del joven Vin­cent (Marc-André Gron­din), quien es el hijo de Hen­ri Gama­che (Gil­bert Sicot­te), un humil­de sas­tre. Des­de su ado­les­cen­cia él ha sido gran ami­go de Gia­co (Donny Fal­set­ti), cuyo padre Frank Pater­nò (Ser­gio Cas­te­llit­to) es el gran padrino de la mafia sici­lia­na de Mon­treal. Como con­se­cuen­cia de dicha amis­tad, ade­más de que Hen­ri ha sido duran­te lar­gos años el sas­tre de los Pater­nò, el pode­ro­so “hom­bre de honor” con­si­de­ra a Vin­cent como su hijo adop­ti­vo; con­ven­ci­do de su leal­tad lo adoc­tri­na para que se con­vier­ta en un ins­tru­men­to esen­cial al ser­vi­cio de su organización.

Den­tro del mar­co de las acti­vi­da­des clan­des­ti­nas rea­li­za­das por Frank, uno de sus obje­ti­vos es obte­ner el finan­cia­mien­to nece­sa­rio para la cons­truc­ción de un puen­te que en Ita­lia una la isla de Sici­lia con Cala­bria; de poder con­cre­tar esa ope­ra­ción, la mis­ma podrá repor­tar sumas millo­na­rias con los ingre­sos per­ci­bi­dos median­te el pea­je paga­do por los usua­rios. Con tal pro­pó­si­to y para impre­sio­nar a su jefe Vin­cent efec­túa una arries­ga­da tran­sac­ción en Vene­zue­la que ten­drá deplo­ra­bles con­se­cuen­cias; así se abri­rá una pro­fun­da grie­ta en la acti­vi­dad cri­mi­nal de Pater­nò con vio­len­tas sacu­di­das que reper­cu­ti­rán en la fami­lia Gamache.
La situa­ción se agra­va aún más tenien­do en cuen­ta que Sofie (Mylè­ne Mac­kay), la her­ma­na de Vin­cent e hija de Hen­ri, es la novia de Patri­zio (Michael Ric­ci), el hijo menor de Frank.

Ins­pi­ra­do en gran par­te en el ascen­so y caí­da del mafio­so Vito Riz­zu­to, este film, sin alcan­zar la la gran­de­za de obras simi­la­res rea­li­za­das por Cop­po­la (The Good­father I, II, III), De Pal­ma (Scar­fa­ce), Scor­ce­se (Good­fe­llas, Casino, The Irish­man) y Belloc­chio (Il Tra­di­to­re), es sufi­cien­te­men­te res­pe­ta­ble en la ilus­tra­ción que ofre­ce de la mafia sici­lia­na de Mon­treal y el modus en que ope­ra esta delic­ti­va organización.

Entre los valo­res del film se des­ta­ca la irre­pro­cha­ble rea­li­za­ción de Podz brin­dan­do una flui­da narra­ción con un elen­co de sóli­do nivel. Cas­te­llit­to ofre­ce la per­fec­ta ima­gen del padrino que aun­que exte­rior­men­te afa­ble mane­ja con des­tre­za los hilos del clan; Gron­din fas­ci­na como el impul­si­vo, deci­di­do y arries­ga­do cri­mi­nal cuya extre­ma­da auda­cia deter­mi­na­rá su caí­da en des­gra­cia; por su par­te, en un papel menor Sicot­te demues­tra hon­da sen­si­bi­li­dad como el decen­te modis­to que no pue­de acep­tar el delic­ti­vo camino empren­di­do por su hijo.

Si bien Podz podría haber ami­no­ra­do la vio­len­cia expues­ta en el rela­to, ese aspec­to no logra ate­nuar la cali­dad de este dra­ma que con­du­ce a una suer­te de tra­ge­dia grie­ga con un des­en­la­ce cíni­ca­men­te rea­lis­ta. Como agre­ga­do final cabe men­cio­nar que los diá­lo­gos del film en ita­liano, fran­cés e inglés con­tri­bu­yen a ofre­cer un viso de logra­da auten­ti­ci­dad a esta his­to­ria. Jor­ge Gutman

Un Pro­di­gio­so Ajedrecista

FAHIM. Fran­cia, 2019. Un film de Pie­rre-Fra­nçois Martin-Laval.

Un acon­te­ci­mien­to real per­mi­tió al direc­tor Pie­rre-Fra­nçois Mar­tin-Laval con­ce­bir una come­dia dra­má­ti­ca que por sus carac­te­rís­ti­cas asu­me el carác­ter de un cuen­to de hadas.

Basa­do en el libro Un roi clan­des­tin de Sophie Le Callen­nec y Xavier Par­men­tier, el guión del rea­li­za­dor se cen­tra en Fahim (Assad Ahmed) de 8 años quien en 2008 jun­to a su padre Nura (Raha­man Nura) dejan al res­to de la fami­lia en Ban­gla­desh para asen­tar­se en Paris en pro­cu­ra de un mejor por­ve­nir que el que pue­de ofre­cer­les la ines­ta­ble y tumul­tuo­sa tie­rra natal. Una vez más el cine abor­da el espi­no­so y tris­te tema de los refu­gia­dos que tra­tan de obte­ner asi­lo polí­ti­co con la ame­na­za de ser expul­sa­dos en cual­quier momen­to. Ésa es la situa­ción que enfren­tan Fahim y su progenitor.

Gérard Depar­dieu y Assad Ahmed

Como siem­pre exis­te la posi­bi­li­dad de que halla una luz al final del túnel, eso acon­te­ce con Fahim. Habien­do sido un pro­di­gio del aje­drez en Ban­gla­desh, encuen­tra aho­ra la posi­bi­li­dad de sua­vi­zar sus penas cuan­do por un gol­pe de bue­na suer­te se vin­cu­la con Syl­vain (Gérard Depar­dieu) quien es uno de los más impor­tan­tes ins­truc­to­res fran­ce­ses de dicho jue­go en un club local. Al prin­ci­pio es recha­za­do por Syl­vain por­que no logra expre­sar­se bien en fran­cés; con todo, mer­ced al huma­nis­mo demos­tra­do por Mathil­de (Isa­be­lle Nanty), la asis­ten­te del ins­truc­tor, el niño pue­de asis­tir a las cla­ses de este maes­tro que logra apre­ciar la saga­ci­dad e inte­li­gen­cia del chi­co en el mane­jo de las pie­zas de este difí­cil depor­te inte­lec­tual. En con­se­cuen­cia, la des­con­fian­za y rece­lo ini­cial cede paso al afec­to que gra­dual­men­te va sur­gien­do entre pro­fe­sor y alumno para con­ver­tir­se en una sóli­da amistad.

Lo que sigue es pre­de­ci­ble pero no menos autén­ti­co y emo­ti­vo. Así, Fahim se des­ta­ca en los tor­neos loca­les para final­men­te par­ti­ci­par en la com­pe­ten­cia nacio­nal don­de en 2012 es coro­na­do como el Cam­peón de Aje­drez en la cate­go­ría corres­pon­dien­te a meno­res de 12 años. Obvia­men­te, esa con­sa­gra­ción per­mi­ti­rá que tan­to él como su padre obten­gan la anhe­la­da resi­den­cia y que pron­ta­men­te toda la fami­lia pue­da reunirse.

Si bien la his­to­ria es ver­da­de­ra en don­de el pro­fe­sor Syl­vain es real­men­te Xavier Par­men­tier, uno de los dos auto­res del libro men­cio­na­do, el film per­mi­te apre­ciar el tesón de Fahim en triun­far, la deter­mi­na­ción de su padre en ven­cer los gra­ves obs­tácu­los inter­pues­tos, como así tam­bién la soli­da­ri­dad de des­co­no­ci­dos para ayu­dar­les, real­zan­do el lado posi­ti­vo del géne­ro humano.

Si en pala­bras ésta es una bella his­to­ria, en su imple­men­ta­ción el direc­tor ha logra­do un film de bue­nos sen­ti­mien­tos capaz de con­mo­ver al espec­ta­dor. Final­men­te cabe des­ta­car el buen tra­ba­jo de Depar­dieu, la cali­dez des­ple­ga­da por Nanty, así como la nota­ble inter­pre­ta­ción de Ahmed quien por pri­me­ra vez se encuen­tra enfren­tan­do a una cáma­ra no sien­do un actor pro­fe­sio­nal como tam­po­co lo es Raha­man. Jor­ge Gutman

Sim­ple­men­te Amor

ORDI­NARY LOVE. Gran Bre­ta­ña, 2019. Un film de Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn.

Den­tro de las nume­ro­sas pelí­cu­las exhi­bi­das en el Fes­ti­val de Toron­to, algu­nas de ellas sue­len pasar des­aper­ci­bi­das a pesar de su nivel de cali­dad, como es el caso del mag­ní­fi­co dra­ma Ordi­nary Love exhi­bi­do el año pasa­do en el TIFF. Afor­tu­na­da­men­te, aho­ra lle­ga a las salas de cine don­de el públi­co tie­ne oca­sión de juz­gar el con­mo­ve­dor retra­to de un matri­mo­nio atra­ve­san­do un tran­ce dramático.

Liam Nee­son y Les­ley Manville

El film meticu­losa­men­te rea­li­za­do por Lisa Barros D’Sa y Glenn Ley­burn enfo­ca a Joan (Les­ley Man­vi­lle) y Tom (Liam Nee­son), una pare­ja sexa­ge­na­ria vivien­do en los subur­bios de Bel­fast que a sim­ple vis­ta se pue­de apre­ciar el pro­fun­do amor que los une. Así, en un día cual­quie­ra sue­len cami­nar como un modo de ejer­ci­cio físi­co, retor­nar a la aco­ge­do­ra resi­den­cia en la que habi­tan, cenar tran­qui­la­men­te, ver tele­vi­sión, char­lar un poco y pos­te­rior­men­te acos­tar­se para que un sue­ño repa­ra­dor les brin­de la ener­gía nece­sa­ria a fin de reanu­dar en la maña­na siguien­te la mis­ma rutina.

Esa vida armo­nio­sa se tras­to­ca cuan­do Joan per­ci­be un peque­ño bul­to en uno de sus senos y trans­mi­te su inquie­tud a Tom. Si bien en un prin­ci­pio ambos no se alte­ran dema­sia­do, des­pués de unos exá­me­nes rea­li­za­dos en el hos­pi­tal local la doc­to­ra que la atien­de (Mela­nie Clark Pullen), le diag­nós­ti­ca un tumor maligno y la nece­si­dad de some­ter­se a la cirugía.

Con­fron­tan­do la mor­ta­li­dad, Joan mani­fies­ta gran preo­cu­pa­ción y ner­vio­sis­mo encon­tran­do con­fort y alien­to de su mari­do quien disi­mu­la hábil­men­te su pro­pia per­tur­ba­ción. Es allí que el espec­ta­dor se impo­ne que ambos han teni­do la des­gra­cia de per­der a una hija y que está tra­ge­dia con­tri­bu­yó aún más a for­ti­fi­car el lazo con­yu­gal. Cuan­do Tom se diri­ge a visi­tar la tum­ba de su hija, con­tra­vi­nien­do el pedi­do de Joan él le cuen­ta la enfer­me­dad de su madre deján­do­le un ramo de flo­res; ésta es una de las esce­nas más con­mo­ve­do­ras del relato.

Los direc­to­res se han basa­do en el guión de Owen McCaf­ferty quien al pre­pa­rar­lo se ins­pi­ró en la expe­rien­cia vivi­da por su espo­sa quien tam­bién sufrió del mis­mo tipo de cán­cer, por lo que el rela­to alcan­za un sor­pren­den­te nivel de auten­ti­ci­dad. Es así que se asis­te a los pre­pa­ra­ti­vos de la ope­ra­ción, las sesio­nes de qui­mio­te­ra­pia con los efec­tos que dicho tra­ta­mien­to pro­du­ce (vómi­tos, caí­da del cabe­llo), las con­ti­nua­das visi­tas al hos­pi­tal para el con­si­guien­te tra­ta­mien­to como así tam­bién las ten­sio­nes natu­ra­les entre Tom y Joan tran­si­tan­do este pro­ce­so, no obs­tan­te la sóli­da unión existente.

D’Sa y Ley­burn son dos cineas­tas que demues­tran poseer una sin­gu­lar suti­le­za en el tra­ta­mien­to de este tema que fácil­men­te podría des­bor­dar en el melo­dra­ma aun­que sin excluir esce­nas de genui­na ter­nu­ra. Resul­ta entra­ña­ble la secuen­cia de la noche pre­via a la ope­ra­ción don­de el matri­mo­nio man­tie­ne rela­cio­nes ínti­mas, así como aque­lla otra en que Tom con gran afec­ción va cor­tán­do­le el pelo a su mujer. A todo ello cabe des­ta­car el cáli­do víncu­lo que Joan esta­ble­ce en el hos­pi­tal con Peter (David Wil­mot), que en el pasa­do había sido uno de los pro­fe­so­res de su hija y aho­ra pade­ce de un cán­cer terminal.

Final­men­te pala­bras de elo­gio mere­cen la natu­ral y excep­cio­nal inter­pre­ta­ción de Nee­son y Man­vi­lle, quie­nes sobre­lle­van la mayor par­te del rela­to; en sus res­pec­ti­vas carac­te­ri­za­cio­nes se des­li­gan por com­ple­to de quie­nes son en la vida real para cor­po­ri­zar­se por com­ple­to en Tom y Joan. La con­jun­ción de una exce­len­te direc­ción, un mag­ní­fi­co guión y una admi­ra­ble actua­ción gene­ran un film remar­ca­ble. Jor­ge Gutman