Ras­tros del Pasado

BLUE HERON. Cana­dá-Hun­gría, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Sophy Rom­va­ri. 90 minutos

Des­pués de haber rea­li­za­do satis­fac­to­rios cor­tos, entre otros Still Pro­ces­sing (2020) y What Each Per­son Needs (2022), la direc­to­ra Sophy Rom­vary reafir­ma su talen­to artís­ti­co con su pri­mer lar­go­me­tra­je Blue Heron. Con inusi­ta­do dis­cer­ni­mien­to ella tras­la­da a la pan­ta­lla una his­to­ria de con­si­de­ra­ble gra­vi­ta­ción basa­da en sus expe­rien­cias de infancia.

Eylul Guven

A tra­vés de su memo­ria, el guión de la rea­li­za­do­ra pre­sen­ta en su pri­me­ra mitad a Sasha (Eylul Guven) de ocho años quien en la déca­da del 90 jun­to con su fami­lia pro­ce­den­te de Hun­gría arri­ban a la isla de Van­cou­ver para el ini­cio de una nue­va vida. En prin­ci­pio todo resul­ta pro­mi­so­rio para ella, dis­cu­rrien­do con sus her­ma­nos, tra­tan­do de vin­cu­lar­se con las chi­cas loca­les de edad simi­lar, dis­fru­tan­do de la pla­ya como asi­mis­mo de la belle­za del lugar; sin embar­go hay un ele­men­to que la per­tur­ba cuan­do en una con­ver­sa­ción de su madre (Irin­go Reti) con su padras­tro (Adam Tom­pa) se deja entre­ver que Jeremy (Edik Bedoes), el ado­les­cen­te hijo mayor, pade­ce de un com­por­ta­mien­to errá­ti­co que sugie­re un esta­do de ines­ta­bi­li­dad men­tal; eso evi­den­te­men­te afec­ta a la fami­lia y fun­da­men­tal­men­te a su pro­ge­ni­to­ra que le gene­ra gran ansie­dad, en tan­to que la niña obser­va cómo al pro­pio tiem­po Jeremy quie­re a sus her­ma­nos no obs­tan­te sus arre­ba­tos de furia, sin que ella, muy sen­si­ble y ape­na­da, pue­da modi­fi­car la situa­ción rei­nan­te. Rom­va­ri con la cola­bo­ra­ción de la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Maya Ban­ko­vic trans­mi­te con fide­li­dad la ten­sión crea­da por las acti­tu­des de Jeremy, que nadie pue­de deter­mi­nar a qué se debe.

En la segun­da par­te del rela­to que trans­cu­rre dos déca­das des­pués se obser­va a Sasha (Amy Zim­mer) quien con­ver­ti­da en cineas­ta deci­de abor­dar a su her­mano ya falle­ci­do a fin de tra­tar de enten­der lo que le ha suce­di­do. Ape­lan­do a su memo­ria frag­men­ta­da, Sas­cha retor­na al hogar fami­liar de su pasa­do man­te­nien­do una ima­gi­na­ria con­ver­sa­ción con sus pro­ge­ni­to­res acer­ca del pro­ble­ma que afec­tó a Jeremy. Dejan­do entre­abier­ta la fic­ción enca­ra­da por Sasha y aque­llo que no lo es, el film va gene­ran­do esce­nas de con­te­ni­da emoción.

Median­te un rela­to meticu­losa­men­te narra­do, a la vez que sen­si­ble, tierno y genui­na­men­te con­mo­ve­dor, Rom­va­ri expo­ne cómo la lucha empren­di­da por la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria, que a la vez es su alter ego, ha deja­do mar­ca­das hue­llas en su men­te para com­pren­der a su her­mano des­apa­re­ci­do. Por sus indis­cu­ti­bles méri­tos, esta ópe­ra pri­ma ha sido dis­tin­gui­da con el pre­mio a la mejor pri­me­ra pelí­cu­la en el Fes­ti­val de Locarno de 2025. Jor­ge Gutman

Denun­cian­do el Femicidio

RAPA­CES. Fran­cia, 2025. Un film de Peter Dou­roun­tzis. 104 minutos.

El direc­tor Peter Dou­roun­tzis brin­da en Rapa­ces una dra­má­ti­ca his­to­ria a tra­vés de una inves­ti­ga­ción perio­dís­ti­ca cuyo esce­na­rio de fon­do es el femicidio.

Habién­do­se ins­pi­ra­do en un des­afor­tu­na­do caso real acon­te­ci­do Fran­cia en enero de 2002 con el cri­men per­pe­tra­do a la joven Elo­die Kulik de 24 años, el guión de Chris­tophe Can­to­ni, Chris­tophe Cousin y Fabianny Des­champs pre­sen­ta a Samuel (Sami Boua­ji­la), un repor­te­ro de media­na edad que tra­ba­ja para Detec­ti­ve, una publi­ca­ción sema­nal de París espe­cia­li­za­da en noti­cias sen­sa­cio­na­lis­tas. Exper­to en la mate­ria él es un apa­sio­na­do de su pro­fe­sión por lo que ha deja­do un tan­to de lado su vida personal.

Sami Boua­ji­la y Mallory Wanecque

El con­flic­to dra­má­ti­co se pro­du­ce con el hallaz­go del cuer­po de Jes­si­ca (Hélie-Rose Dal­may) una joven que ha sido des­fi­gu­ra­da con áci­do; ese bru­tal ase­si­na­to moti­va a Samuel a ocu­par­se del caso sobre todo por­que des­cu­bre que exis­ten simi­li­tu­des con el ase­si­na­to de otra mujer de la región. En esa tarea tie­ne como cola­bo­ra­do­ra a su hija Ava (Mallory Wanec­que) de 18 años quien está hacien­do una pasan­tía en el mis­mo perió­di­co en la carre­ra perio­dís­ti­ca; a tra­vés de su padre y de Chris­tian (Jean-Pie­rre Darrous­sin), un cole­ga de la revis­ta, ella va apren­dien­do los gajes del oficio.

A tra­vés de una exhaus­ti­va tarea detec­ti­ves­ca comen­zan­do con el encuen­tro con Fres­nel (Samuel Jouy) el dolo­ro­so padre de Jes­si­ca, la inves­ti­ga­ción sigue su cur­so don­de van sur­gien­do indi­cios sobre quié­nes son los sinies­tros rapa­ces que vic­ti­mi­zan a ino­cen­tes jóve­nes mujeres.

En una remar­ca­ble secuen­cia del film Dou­roun­tzis logra un genuino sus­pen­so cuan­do Samuel y Ava comien­do en un res­tau­ran­te de una ruta des­cu­bren que allí se halla un gru­po de mal­he­cho­res que podrían ser los auto­res del femi­ci­dio y es en ese momen­to que el minu­cio­so detec­ti­ve y su hija se encuen­tran arrinconados.

Sin entrar en ulte­rio­res deta­les, pue­de anti­ci­par­se que el rela­to a tra­vés de una cali­bra­da narra­ti­va del rea­li­za­dor crea a lo lar­go de su desa­rro­llo con­si­de­ra­ble ten­sión que se man­tie­ne has­ta su desenlace.

Lo tras­cen­den­te del film es la muy bue­na ilus­tra­ción del tra­ba­jo que impli­ca la inves­ti­ga­ción perio­dís­ti­ca, no obs­tan­te que en cier­tas oca­sio­nes la éti­ca podrá ser dis­cu­ti­ble a fin de reca­bar la infor­ma­ción nece­sa­ria; con todo en el pre­sen­te caso y en la épo­ca del #metoo es enco­mia­ble el pro­pó­si­to del rea­li­za­dor en su crí­ti­ca del femi­ci­dio, don­de la matan­za de muje­res y niñas man­tie­ne lamen­ta­ble vigen­cia en diver­sos luga­res del mundo.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, Rapa­ces es un entre­te­ni­do thri­ller real­za­do por su efi­caz elen­co remar­ca­ble­men­te lide­ra­do por Boua­ji­la y Wanec­que; sin lle­gar a un nivel de excep­ción, su resul­ta­do es deci­di­da­men­te satis­fac­to­rio. Jor­ge Gutman

Muje­res en Guerra

A WAR ON WOMEN. Ita­lia, 2026. Un film de Raha Shi­ra­zi. 95 minu­tos. Pre­sen­ta­do en el Fes­ti­val Hot Docs.

El actual con­flic­to béli­co de Esta­dos Uni­dos e Israel con­tra Irán, difí­cil­men­te habrá de modi­fi­car el régi­men de terror que el auto­crá­ti­co régi­men islá­mi­co empren­de hacia las muje­res. Más aún todo hace supo­ner que la muer­te del dés­po­ta Aya­to­llah Kha­mei­ni no impli­ca­rá un cam­bio de gobierno y en tal sen­ti­do es loa­ble el minu­cio­so docu­men­tal de la direc­to­ra ira­ní Raha Shi­ra­zi ilus­tran­do a tra­vés de cua­tro déca­das cuál ha sido el vía cru­cis atra­ve­sa­do por el sec­tor feme­nino de la socie­dad iraní.

Mah­naz Afkhami

Comen­zan­do en la déca­da del 70 Mah­naz Afkha­mi, quien fue la Minis­tra de Asun­tos de la Mujer, expli­ca cómo la mujer desem­pe­ña­ba una tarea pro­duc­ti­va para la socie­dad. Ya cuan­do en 1979 se pro­du­ce la caí­da del Sha de Irán y asu­me el Aya­to­llah Kho­mei­ni, pare­cía que el adve­ni­mien­to del nue­vo régi­men trae­ría paz y esta­bi­li­dad al país.

Al poco tiem­po que­da sig­na­da la suer­te de la mujer quien está obli­ga­da a uti­li­zar en públi­co el velo islá­mi­co que cono­ci­do como hiyab cubre la cabe­lle­ra y par­te de su ros­tro. La jus­ti­fi­ca­ción de tal medi­da es que sin el velo la mujer pro­du­ce la exci­ta­ción del hom­bre; en todo caso, a ella le corres­pon­de exclu­si­va­men­te ocu­par­se de los hijos y de las tareas hoga­re­ñas. A medi­da que el tiem­po va trans­cu­rrien­do y a par­tir de la lle­ga­da al poder del Aya­to­llah Kha­mei­ni en 1989, la situa­ción del femi­nis­mo se endu­re­ce aún más por las res­tric­cio­nes impues­tas que­dan­do sus dere­chos prác­ti­ca­men­te anulados.

Eso moti­va a que las demos­tra­cio­nes calle­je­ras de pro­tes­ta comien­cen a hacer­se sen­tir en tan­to que la des­obe­dien­cia civil res­pec­to al uso del velo es desa­fia­do; en con­se­cuen­cia, las fuer­zas repre­so­ras del régi­men tra­ta­rán de con­tra­rres­tar las mani­fes­ta­cio­nes dete­nien­do y encar­ce­lan­do a muje­res en deni­gran­tes pri­sio­nes don­de nadie está en con­di­ción de ayu­dar­las. Esa lucha resue­na en el exte­rior del país en don­de la ira­ní Shi­rin Eba­di es la pri­me­ra mujer musul­ma­na en reci­bir en 1993 el Pre­mio Nobel de la Paz por sus esfuer­zos a favor de la demo­cra­cia y los dere­chos humanos.

La situa­ción alcan­za un cli­ma de máxi­mo terror cuan­do en sep­tiem­bre de 2022 la joven ira­ní Mah­sa Ami­ni de 22 años fue arres­ta­da y tor­tu­ra­da por la Poli­cía de la Moral de Irán por no usar su hiyab correc­ta­men­te. Des­pués de reci­bir seve­ros gol­pes en dife­ren­tes par­tes de su cuer­po inclu­yen­do su cabe­za ella mue­re a los dos días siguien­tes en un hospital.

El caso Ami­ni no es el úni­co en la medi­da que entre otras muje­res, Nika Sha­ka­ra­mi (16 años), Navid Afkri (27 años) y Mershad Sahid (19 años) han sido ase­si­na­das en cir­cuns­tan­cias simi­la­res. De todos modos lo de Ami­ni se con­vir­tió en sím­bo­lo mun­dial de la lucha por los dere­chos huma­nos en Irán, gene­ran­do una mul­ti­tud de mani­fes­tan­tes tan­to de muje­res como de hom­bres por­tan­do pan­car­tas con la leyen­da “muje­res, vida, liber­tad”, deman­dan­do la abo­li­ción del velo y la igual­dad genérica.

Ade­más de Mah­naz Afkha­mi la direc­to­ra ilus­tra su docu­men­tal con las entre­vis­tas rea­li­za­das entre otras per­so­na­li­da­des ira­nies a la renom­bra­da actriz Golshif­teh Faraha­mi, la perio­dis­ta, auto­ra y acti­vis­ta polí­ti­ca Masih Ali­ne­jad y la poe­ti­sa, perio­dis­ta y acti­vis­ta de dere­chos huma­nos Asieh Ami­ni. Asi­mis­mo la docu­men­ta­lis­ta se ha vali­do de la valio­sa cola­bo­ra­ción de Chia­ra Ron­chi­ni y Raha Shi­ra­zi, res­pon­sa­bles de la inves­ti­ga­ción y archivo.

En los cré­di­tos fina­les de este valio­so docu­men­tal se infor­ma que “des­de la muer­te de Mah­sa na Ami­ni, las muje­res de Irán han tran­si­ta­do sin el velo en abier­to desa­fío a las leyes impe­ran­tes. Ellas arries­gan sus vidas al renun­ciar al silen­cio, cami­nan­do, can­tan­do y bai­lan­do en pro­tes­ta con­fron­ta­do al bru­tal régi­men con cora­je y gracia”.
Jor­ge Gutman

Sóli­da Come­dia Dramática

NINA ROZA. Cana­da-Ita­lia-Bul­ga­ria-Bél­gi­ca, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Gene­viè­ve Dulu­de-De Celles. 107 minutos

Con el muy buen pre­ce­den­te de su ópe­ra pri­ma A Colony (2019), la direc­to­ra Gene­viè­ve Dulu­de-De Celles rati­fi­ca su talen­to en Nina Roza, su últi­mo opus que logró el pre­mio al mejor guión en el fes­ti­val de Ber­lín de este año, ade­más de haber obte­ni­do hace pocas sema­nas el pre­mio del públi­co en el recien­te fes­ti­val inter­na­cio­nal de Sofia en Bul­ga­ria.m

La his­to­ria con­ce­bi­da por la cineas­ta pre­sen­ta a Mihail (Galin Stoev), un comi­sa­rio búl­ga­ro de arte con­tem­po­rá­neo de apro­xi­ma­da­men­te 50 años de edad que habi­ta en Mon­treal des­de hace 28 años, cuan­do tras haber enviu­da­do deci­dió dejar Bul­ga­ria para inmi­grar con su peque­ña hija a Cana­dá. Curio­sa­men­te a tra­vés del tiem­po trans­cu­rri­do pare­cie­ra que ha deja­do de lado su tie­rra natal y en tal sen­ti­do adop­ta una acti­tud dife­ren­te con su adul­ta hija Roza (Miche­lle Tzont­chev); A dife­ren­cia de su padre ella no olvi­da don­de nació y quie­re ense­ñar­le a su hiji­to el idio­ma búl­ga­ro, hecho que Mihail des­de­ña por­que para él no tie­ne mayor uti­li­dad el domi­nio de dicha lengua.

La acción cobra vue­lo cuan­do Mihail que tra­ba­ja para un acau­da­la­do colec­cio­nis­ta de arte (Chris­tophe Bégin), le encar­ga la tarea de inves­ti­gar la vera­ci­dad de una serie de mara­vi­llo­sas pin­tu­ras de arte abs­trac­to que han sido rea­li­za­das por Nina (inter­pre­ta­do por las her­ma­ni­tas Eka­te­ri­na y Sofia Sta­ni­na), una niña búl­ga­ra de 8 años dota­da de un talen­to espe­cial; por lo tan­to, Mihail des­pués de una lar­ga ausen­cia se ve for­za­do a retor­nar a Bul­ga­ria a fin de veri­fi­car si real­men­te ella es la auto­ra de esas obras maestras.

A su arri­bo a la aldea don­de habi­ta Nina y su fami­lia sale al encuen­tro de la niña y com­prue­ba que sus obras son de su auto­ría;: asi­mis­mo cons­ta­ta que ella es fir­me­men­te rea­cia a que su tra­ba­jo adquie­ra publi­ci­dad; asi­mis­mo des­he­cha la pro­po­si­ción de una gale­ris­ta ita­lia­na (Chia­ra Case­lli) en via­jar con su madre a Ita­lia a fin de vivir allí y pro­se­guir una carre­ra artís­ti­ca en Flo­ren­cia, sin tener que preo­cu­par­se de los gas­tos del tras­la­do y de la nue­va vivien­da. Es ahí como la volun­tad de Nina de seguir afin­ca­da en don­de resi­de y seguir man­te­nien­do su iden­ti­dad artís­ti­ca le per­mi­te refle­xio­nar a Mihail acer­ca de su pro­pia hija de que­rer man­te­ner un estre­cho lazo simi­lar con el lugar en que nació.

Para­le­la­men­te duran­te su esta­día Mihail se reen­cuen­tra con su her­ma­na (Svetla­na Yan­che­va), que demues­tra cier­ta hos­ti­li­dad hacia él por haber­se dis­tan­cia­do duran­te lar­go tiem­po sin saber nada sobre su vida. Asi­mis­mo com­par­te con los aldea­nos el goce de la bebi­da y can­tan­do ani­mo­sa­men­te con ellos expe­ri­men­ta el raro pla­cer que no ima­gi­nó que habría de reen­con­trar­lo en Bulgaria.

De mane­ra sen­ci­lla pero resuel­ta­men­te elo­cuen­te Dulu­de-De Celles, ilus­tra la len­ta trans­for­ma­ción del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co per­ci­bien­do la sen­sa­ción tar­día de que su vida cana­dien­se no ha eli­mi­na­do los lazos del búl­ga­ro terru­ño que había que­ri­do rom­per. Para­le­la­men­te el film tam­bién alu­de a la comer­cia­li­za­ción del arte y has­ta dón­de eso pue­de o no afec­tar el genuino pro­ce­so crea­ti­vo de Nina.

Con un homo­gé­neo elen­co en don­de se des­ta­ca la mag­ní­fi­ca inter­pre­ta­ción de Stoev trans­mi­tien­do los varia­dos sen­ti­mien­tos de su per­so­na­je, la direc­to­ra obtie­ne una sóli­da come­dia dra­má­ti­ca; eso es debi­do en la medi­da que los aspec­tos vin­cu­la­dos con la inmi­gra­ción, la expa­tria­ción, el des­arrai­go y la iden­ti­dad artís­ti­ca son tópi­cos que han sido muy bien con­si­de­ra­dos, per­mi­tien­do que el espec­ta­dor refle­xio­ne sobre los mis­mos una vez con­clui­da su visión. Jor­ge Gutman

Nota­ble Acti­vis­ta Escocés

I SWEAR. Gran Bre­ta­ña, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kirk Jones. 121 minutos

Un film tras­cen­den­te es I Swear del direc­tor bri­tá­ni­co Kirk Jones en el que enfo­ca a John David­son, un acti­vis­ta esco­cés que a tra­vés de su expe­rien­cia per­so­nal abo­ga por defen­der a quie­nes pade­cen del Sín­dro­me de Tou­ret­te. Si bien a los 16 años David­son pro­ta­go­ni­zó el docu­men­tal John’s Not Mad en el que rela­ta su viven­cia aca­rrean­do ese des­afor­tu­na­do sín­dro­me, el pre­sen­te rela­to de fic­ción guio­ni­za­do por Jones es más que bien­ve­ni­do en la medi­da que sin sen­ti­men­ta­lis­mo alguno y con máxi­ma sobrie­dad des­cri­be la rela­ción de David­son con el mun­do que le rodea.

Robert Ara­ma­yo

La his­to­ria comien­za a prin­ci­pios de la déca­da del 80 en el peque­ño pue­blo esco­cés de Galashiels en el que John (Scott Ellis Watson) ve trans­cu­rrir su exis­ten­cia de mane­ra nor­mal has­ta que su vida se ve seria­men­te alte­ra­da cuan­do a los 14 años es afec­ta­do por el Sín­dro­me de Tou­ret­te; esta ano­ma­lía del sis­te­ma ner­vio­so pro­du­ce en este ado­les­cen­te con­ti­nua­dos tics, gru­ñi­dos, repe­ti­ción de pala­bras inclu­yen­do algu­nas de con­te­ni­do obs­ceno y en gene­ral un com­por­ta­mien­to incon­tro­la­ble que aun­que invo­lun­ta­rio es social­men­te inacep­ta­ble. En con­se­cuen­cia de lo que ante­ce­de, el mucha­cho que a veces no pue­de evi­tar escu­pir duran­te la comi­da, sufre la incom­pren­sión de sus padres David (Ste­ven Creen) y Heather David­son (Shir­ley Hen­der­son) que lo apar­tan de la mesa para que coma sepa­ra­da­men­te en otro lugar; a su vez esa alte­ra­ción de con­duc­ta anti­so­cial influ­ye para ser seve­ra­men­te repren­di­do por los pro­fe­so­res de su escuela.

El rela­to se tras­la­da 13 años des­pués cuan­do John (Robert Ara­ma­yo) logra encon­trar solaz y pro­fun­do afec­to en Dot­tie (Maxi­ne Pea­ke), una ex enfer­me­ra que no obs­tan­te su gra­ve esta­do de salud lle­ga a com­pren­der­lo y pró­di­ga­men­te lo ayu­da a lograr una auto­es­ti­ma que le per­mi­ta con­fiar en sí mis­mo y pue­da con­vi­vir mejor con las con­di­cio­nes de su afec­ción; a eso se agre­ga su afec­ti­vo víncu­lo con Tommy (Peter Mullan), el encar­ga­do de man­te­ni­mien­to de un cen­tro comu­ni­ta­rio en el que con­si­gue un empleo como cuidador.

Tenien­do en cuen­ta que Ara­ma­yo aca­rrea el mayor peso del rela­to, resul­ta nada menos que admi­ra­ble la com­po­si­ción que logra de su pro­ta­go­nis­ta; sin duda algu­na para una per­so­na que no sufre del des­afor­tu­na­do sín­dro­me, es enco­mia­ble cómo el actor logró ven­cer el desa­fío de poder repro­du­cir con máxi­ma auten­ti­ci­dad los ges­tos, mue­cas, enco­gi­mien­to de hom­bros, la voca­li­za­ción, expre­sio­nes y res­tan­tes moda­li­da­des de John. La excep­cio­nal actua­ción de Ara­ma­yo no des­es­ti­ma las remar­ca­bles carac­te­ri­za­cio­nes que Hen­der­son, Pea­ke y Mullen rea­li­zan de sus res­pec­ti­vos personajes.

En el mar­co de una narra­ción bien arti­cu­la­da y cui­dan­do de no cari­ca­tu­ri­zar a su pro­ta­go­nis­ta el rea­li­za­dor per­mi­te que con I Swear la audien­cia adquie­ra con­cien­ti­za­ción de este sín­dro­me. Ilus­tran­do la per­se­ve­ran­cia y cons­tan­cia de David­son, con la ayu­da de gene­ro­sas per­so­nas como Dot­tie y Tommy, la pelí­cu­la refle­ja su con­ver­sión en nota­ble edu­ca­dor hacia quie­nes pade­cen de esta afec­ción para que no se sien­tan ais­la­dos o mar­gi­na­dos de la sociedad.

En suma, he aquí un dra­ma sen­si­ble, con­mo­ve­dor y alec­cio­na­dor que con­si­gue la ple­na empa­tía de la audien­cia. Jor­ge Gutman