Una Difí­cil Reconciliación

EL ÚLTI­MO GIGAN­TE. Argen­ti­na, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Mar­cos Car­ne­va­le. 101 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

El vete­rano rea­li­za­dor Mar­cos Car­ne­va­le se carac­te­ri­za por impri­mir en sus tra­ba­jos un con­te­ni­do huma­nís­ti­co capaz de emo­cio­nar. Con todo, El Últi­mo Gigan­te cum­ple en par­te su obje­ti­vo pero en últi­ma ins­tan­cia las bue­nas inten­cio­nes que lo ani­man no lle­gan a pro­du­cir un resul­ta­do ópti­mo, aun­que eso no alcan­za a des­me­re­cer la his­to­ria pro­pues­ta sobre la pro­ble­má­ti­ca rela­ción de un hijo con su padre.

Oscar Mar­tí­nez y Matías Mayer

El rela­to con­ce­bi­do por Car­ne­va­le está ambien­ta­da en las Cata­ra­tas de Igua­zú don­de Boris (Matías Mayer), de 35 años de edad, se desem­pe­ña como guía turís­ti­co para quie­nes visi­tan el lugar. Su metó­di­ca vida que trans­cu­rre sin sobre­sal­tos la com­par­te con su novia Mich (Yoyi Fran­ce­lla), en tan­to que su sepa­ra­da madre Leti­cia (Inés Esté­vez) vive en las cer­ca­nías del pueblo.

El nudo dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do lle­ga a Puer­to Igua­zú Julián (Oscar Mar­tí­nez), un ex pilo­to aero­náu­ti­co de edad madu­ra que aban­do­nó a su espo­sa Leti­cia y al peque­ño Boris de 8 años vivien­do en Sal­ta, dado que lle­vó una doble vida al haber­se casa­do en Bue­nos Aires con Andrea (Sil­via Kuti­ka) y haber for­ma­do otra fami­lia. Es así que aho­ra, 28 años des­pués, Julián desea pedir­le per­dón a su hijo por haber­lo deja­do y recon­ci­liar­se con él; la razón por la cual este hom­bre ha deci­di­do hacer ese via­je para sal­dar una pen­dien­te deu­da fami­liar que­da acla­ra­da des­pués y no es pru­den­te comentarla.

Dicho lo que pre­ce­de, Boris sin­tien­do un pro­fun­do repu­dio hacia su pro­ge­ni­tor no quie­re saber nada de él debi­do a la pena expe­ri­men­ta­da a lo lar­go de su exis­ten­cia de no haber teni­do un padre a quien que­rer y ser que­ri­do por él. No obs­tan­te, tan­to su madre como su novia lo impul­san para que le dé a su padre una segun­da oportunidad

Median­te una tra­ma deci­di­da­men­te con­ven­cio­nal, todo trans­cu­rre a tra­vés de las idas y veni­das que se pro­du­cen entre Boris y Julián, en don­de el dra­ma ínti­mo pro­pues­to por el rea­li­za­dor y que cier­ta­men­te resul­ta pre­vi­si­ble, es logra­do media­ne un sen­ti­men­ta­lis­mo dema­sia­do forzado.

Cier­ta­men­te a lo lar­go de esta his­to­ria hay temas tras­cen­den­tes inclu­yen­do el del aban­dono, la cul­pa, el arre­pen­ti­mien­to, la fra­gi­li­dad de la salud, así como el de afron­tar la muer­te con dig­ni­dad; sin embar­go, lo que ado­le­ce en la narra­ción de Car­ne­va­le es una mayor pro­fun­di­dad en su tra­ta­mien­to y sobre todo el haber recu­rri­do a un des­en­la­ce deci­di­da­men­te discutible.

Las obser­va­cio­nes pre­ce­den­tes son ate­nua­das en par­te por la sóli­da actua­ción del talen­to­so Mar­tí­nez quien acer­ta­da­men­te refle­ja e a un per­so­na­je que habien­do sido irres­pon­sa­ble y fran­ca­men­te repu­dia­ble quie­re sanear el víncu­lo pater­nal en los últi­mos esta­dios de su vida sanear; su inter­pre­ta­ción no opa­ca a la de Mayer expre­san­do en su per­so­na­je el sen­ti­mien­to con­te­ni­do de un hijo que a pesar de todo lle­ga­rá a apia­dar­se de su progenitor.

Asi­mis­mo, el film téc­ni­ca­men­te se valo­ri­za con la estu­pen­da foto­gra­fía de Hora­cio Mai­ra cap­tan­do la belle­za de la región y en espe­cial los impre­sio­nan­tes sal­tos de agua gene­ra­dos por las esplen­do­ro­sas cata­ra­tas del río Igua­zú, cata­lo­ga­da como una de las sie­te mara­vi­llas del mun­do. Jor­ge Gutman

Des­afor­tu­na­da Confesión

THE DRA­MA. Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Kris­tof­fer Bor­gli. 105 minutos.

No resul­ta fre­cuen­te pre­sen­ciar una come­dia román­ti­ca que podría cali­fi­car­se de lúgu­bre; ese es el caso de The Dra­ma, escri­ta y diri­gi­da por el cineas­ta norue­go Kros­tof­fer Bor­gli quien ha tra­ta­do de insu­flar a su rela­to un tono de pro­vo­ca­ti­va negru­ra que no lle­ga a impac­tar emocionalmente.

Robert Pat­tin­son y Zendaya

La his­to­ria ubi­ca­da en Bos­ton comien­za poco antes de la cele­bra­ción de la boda de Emma (Zen­da­ya) y Char­lie (Robert Pat­tin­son). Dado el amor que los une des­de que se cono­cie­ron todo trans­cu­rre nor­mal­men­te has­ta el momen­to en que ambos com­par­ten una cena con sus mejo­res ami­gos Mike (Mamou­dou Athie) y su espo­sa Rachel (Ala­na Haim) quie­nes en la boda serán el padrino de honor del novio y la dama de honor de la novia. Trans­cu­rrien­do la cena, don­de los cua­tro se han exce­di­do en el con­su­mo de bebi­da, Rachel pro­po­ne al res­to del gru­po una suer­te de jue­go con­sis­ten­te en que cada uno reve­le qué ha sido lo peor que ellos hayan hecho en su vida; es así que cuan­do le lle­ga el turno a Emma ella cuen­ta lo que pen­sa­ba rea­li­zar duran­te su eta­pa de alum­na de ense­ñan­za secun­da­ria y final­men­te no con­cre­tó; esa des­afor­tu­na­da reve­la­ción pro­du­ce un gran asom­bro en su novio y Mike, en tan­to que Rachel que­da horro­ri­za­da por su relato.

De allí en más la con­fe­sión de Emma per­tur­ba la rela­ción de los novios. A pesar de que Char­lie mani­fies­ta que el amor hacia su pro­me­ti­da no ha cam­bia­do, él expe­ri­men­ta con­fu­sión al dudar de la per­so­na­li­dad de Emma, en tan­to que ella se sien­te vul­ne­ra­ble por lo acon­te­ci­do en esa cena, hallán­do­se muy arre­pen­ti­da por la divul­ga­ción efec­tua­da sin haber ima­gi­na­do su des­agra­da­ble repercusión.

Si en prin­ci­pio lo expues­to pro­me­te inte­rés expo­nien­do cómo hechos del pasa­do que salen a la luz pue­den tras­tor­nar la exis­ten­cia de dos per­so­nas que se quie­ren, Bor­gli alte­ra el sen­ti­do del film al con­ver­tir­lo en una absur­da come­dia far­ses­ca nutri­da de situa­cio­nes com­ple­ta­men­te irrealistas.

Des­afor­tu­na­da­men­te el film dis­ta de con­cre­tar lo que su títu­lo anti­ci­pa en cuan­to el dra­ma de esta his­to­ria no alcan­za a cobrar la nece­sa­ria ener­gía reque­ri­da. En par­te eso es debi­do a que los per­so­na­jes pro­ta­gó­ni­cos no están lo sufi­cien­te­men­te deli­nea­dos para que pue­dan gene­rar empa­tía en la medi­da que Emma es un com­ple­to enig­ma en tan­to que poco se sabe de la per­so­na­li­dad de Char­lie. Lo que res­ca­ta al film son las apre­cia­bles actua­cio­nes de Zen­da­ya y Pat­tin­son quie­nes man­tie­nen una logra­da quí­mi­ca, asi como son des­ta­ca­bles Athie y Haim en roles de apo­yo, pese a las limi­ta­cio­nes del guión.

A pesar del posi­ti­vo ante­ce­den­te de Bor­gli quien fue muy bien reco­no­ci­do por la crí­ti­ca por su tra­ba­jo en Dream Sce­na­rio (2023) con Nico­las Cage, en esta oca­sión The Dra­ma no logra el mis­mo nivel. Cier­ta­men­te es posi­ble que el tema sus­ci­te con­tro­ver­sias pero en últi­ma ins­tan­cia glo­bal­men­te con­si­de­ra­da la pelí­cu­la deja una sen­sa­ción aní­mi­ca poco con­for­ta­ble. Jor­ge Gutman

Pro­te­gien­do a la Hija

MA FILLE TU SERAS LIBRE. Cana­dá, 2025. Un film de Bachir Ben­sad­dek . 89 minutos

Ancla­da en las tra­di­cio­nes medie­va­les, en algu­nos paí­ses es fre­cuen­te la con­cer­ta­ción de matri­mo­nios arre­gla­dos en don­de jóve­nes muje­res son casa­das con­tra su volun­tad. Ese es el tema con­si­de­ra­do por Bachir Ben­sad­dek en Ma fille tu seras libre, un inusi­ta­do dra­ma realista.

El guión de Marie Vien en su comien­zo trans­cu­rre a prin­ci­pios de siglo ubi­can­do la acción en Afga­nis­tán (la fil­ma­ción tuvo lugar en Chi­pre); ahí se obser­va al padre de la ado­les­cen­te Zar­mi­na (Effie Deme­triou) que a cam­bio de obte­ner un peda­zo de tie­rra y algu­nas vacas, la cede en matri­mo­nio a un hom­bre de 65 años de edad. La azo­ra­da madre (Are­zoo Aria­poor) tra­tan­do de pro­te­ger­la de un casa­mien­to for­za­do logra que ella pue­da eva­dir­se del país y lle­gar a Cana­dá gra­cias a los bue­nos ofi­cios del com­pa­trio­ta Adbu­llah (Pae­man Arian­tar). Con todo esa liber­tad tie­ne un pre­cio don­de que­da con­ve­ni­do de que si en el futu­ro la joven lle­ga a tener una hija, debe­rá con­traer enla­ce con el hijo de Adbu­llah que resi­de en Kabul.

Wazh­ma Bahar

La his­to­ria se tras­la­da a 2022 don­de la adul­ta Zar­mi­na (Wazh­ma Bahar) que resi­de en Mon­treal está casa­da con Hakim (Saboor Sahak) que es el her­mano de Adbu­llah. El matri­mo­nio tie­ne dos hijos, el varón Wahid (Firuz Ali Nazar) poseí­do de un tem­pe­ra­men­tal carác­ter y Mar­wa (Saba Vahed­you­sef) de 15 años de edad quien está com­pe­ne­tra­da con la cul­tu­ra canadiense.

El con­flic­to se pro­du­ce cuan­do se requie­re que el pac­to con­traí­do en el pasa­do sea con­cre­ta­do; eso impli­ca que Mar­wa es obli­ga­da a casar­se con su pri­mo, lo que ella con­tun­den­te­men­te recha­za. Es así que la his­to­ria de anta­ño vuel­ve a repe­tir­se don­de aho­ra es Zar­mi­na quien tra­ta de sal­va­guar­dar a Mar­wa, no obs­tan­te que su mari­do con­si­de­ra que es nece­sa­rio res­pe­tar el acuer­do por una cues­tión de honor ade­más de tener que evi­tar las con­se­cuen­cias que pue­de aca­rrear el incum­pli­mien­to de lo pactado.

De allí en más el film adquie­re una trá­gi­ca con­no­ta­ción don­de que­da expues­ta la tris­te situa­ción de las muje­res afga­nas supe­di­ta­das a cum­plir un papel de sumi­sión y obe­dien­cia impar­ti­das por sus cón­yu­ges. Ade­más del tema prin­ci­pal, el rela­to deja infe­rir algu­nos de los temas vin­cu­la­dos con la inmi­gra­ción don­de es nece­sa­rio con­ci­liar la cul­tu­ra del país anfi­trión con las raí­ces pre­va­le­cien­tes de la tie­rra natal.

Con una excep­cio­nal carac­te­ri­za­ción Bahar expre­sa la for­ta­le­za y resi­lien­cia de su per­so­na­je para que su hija sea libre y due­ña de su des­tino; en tal sen­ti­do resul­tan alta­men­te emo­ti­vas las esce­nas que Zar­mi­na man­tie­ne con Mar­wa, mag­ní­fi­ca­men­te inter­pre­ta­da por la joven Vahed­you­sef. Den­tro del cali­fi­ca­do elen­co asi­mis­mo se dis­tin­gue la talen­to­sa Julie Le Bre­ton ani­man­do con total con­vic­ción a la pro­fe­so­ra de fran­cés de Zar­mi­na a quien le brin­da su afec­to y apo­yo soli­da­rio fren­te a la difí­cil situa­ción que atraviesa.

Con una cui­da­da rea­li­za­ción de Ben­sad­dek, la soli­dez del film se ate­núa en su tra­yec­to final en la medi­da que el guión car­ga dema­sia­do las tin­tas con esce­nas de extre­ma­da vio­len­cia como la gene­ra­da por el her­mano de Mar­wa. No obs­tan­te esta suer­te de tra­ge­dia grie­ga arro­ja un sal­do posi­ti­vo capaz de sen­si­bi­li­zar al espec­ta­dor en la ilus­tra­ción de una insos­la­ya­ble reali­dad que des­afor­tu­na­da­men­te no es exclu­si­va de Afga­nis­tán. Jor­ge Gutman

Dos Extra­ños en un Parque

PAR­QUE LEZA­MA. Argen­ti­na, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Juan José Cam­pa­ne­lla basa­do en la obra tea­tral I’am Not Rap­pa­port de Herb Gard­ner. 115 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Once años des­pués del gran éxi­to tea­tral de Argen­ti­na obte­ni­do con Par­que Leza­ma, el dies­tro rea­li­za­dor Juan José Cam­pa­ne­lla efec­tuó la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca vol­vien­do a diri­gir­la con la valio­sa cola­bo­ra­ción de los mis­mos acto­res que la inter­pre­ta­ron en la escena.

No obs­tan­te que la pie­za ya había sido tras­la­da­da al cine por su autor en 1996, esta ver­sión se des­ta­ca por la impron­ta per­so­nal de Cam­pa­ne­lla don­de la acción en lugar de trans­cu­rrir en el Cen­tral Park de New York, aquí se desa­rro­lla en el boni­to Par­que Leza­ma de la ciu­dad de Bue­nos Aires.

Luis Bran­do­ni y Eduar­do Blanco

Allí, en un ban­co del par­que se reúnen dos ancia­nos que res­pon­den a opues­tas per­so­na­li­da­des. Uno de ellos es León Sch­wartz (Luis Bran­do­ni), un idea­lis­ta octo­ge­na­rio jubi­la­do que había sido un mili­tan­te de izquier­da; él se ubi­ca en el mis­mo ban­co en el que dia­ria­men­te acu­de el anciano Anto­nio Car­do­so (Eduar­do Blan­co) que no obs­tan­te su avan­za­da edad tra­ba­ja en la cal­de­ra de un edi­fi­cio cercano.

En un prin­ci­pio Anto­nio no ve con agra­do la pre­sen­cia de León por­que pre­fie­re estar solo; con todo a tra­vés de los encuen­tros que se suce­den en el mis­mo lugar, median­te mutuas con­ce­sio­nes ambas par­tes ter­mi­na­rán coin­ci­dien­do. En el inter­cam­bio de las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das no están exen­tos entre otros temas, el de la vejez y su secue­la, la fra­gi­li­dad físi­ca del cuer­po, la sole­dad, el temor de per­der la inde­pen­den­cia per­so­nal, así como la irres­pe­tuo­si­dad de la joven gene­ra­ción hacia las per­so­nas de la ter­ce­ra edad.

Una de las preo­cu­pa­cio­nes de Anto­nio es la de per­der su empleo dis­pues­to por el admi­nis­tra­dor del inmue­ble (Agus­tín Aris­ta­rán) en el que tra­ba­ja. Por su par­te León enfren­ta una rela­ción poco armo­nio­sa con su hija (Veró­ni­ca Palac­ci­ni) quien tra­tan­do de pro­te­ger­lo no desea que él se mane­je por su cuenta.

Sin incu­rrir en el ries­go de una pie­za fil­ma­da, Cam­pa­ne­lla per­mi­te que la pelí­cu­la adquie­ra con­si­de­ra­ble flui­dez a tra­vés de algu­nos movi­mien­tos de cáma­ra como tam­bién por un satis­fac­to­rio mon­ta­je por él rea­li­za­do. Asi­mis­mo, el ori­gen tea­tral se mati­za con la pre­sen­cia de algu­nos per­so­na­jes como la de un joven ladron­zue­lo (Alan Fer­nán­dez), así como la de una chi­ca ex dro­ga­dic­ta (Manue­la Menén­dez) ame­na­za­da por un vio­len­to nar­co­tra­fi­can­te (Matías Alarcón).

Simi­lar a lo acon­te­ci­do con el espec­tácu­lo tea­tral, la pelí­cu­la adquie­re un rele­van­te bri­llo con las excep­cio­na­les actua­cio­nes de sus dos pro­ta­go­nis­tas. La com­po­si­ción de Bran­do­ni es nada menos que estu­pen­da quien en su papel de fabu­la­dor agre­ga la dosis de humor nece­sa­ria que armo­ni­za mara­vi­llo­sa­men­te con el tema cen­tral del rela­to; así como com­pul­si­vo men­ti­ro­so fren­te a su con­tra­par­te, entre sus diver­sas anéc­do­tas le cuen­ta que ha sido direc­tor de una pelí­cu­la que ganó el pre­mio máxi­mo en Can­nes. Por su par­te, la carac­te­ri­za­ción logra­da por Blan­co mere­ce asi­mis­mo un cáli­do aplau­so ani­man­do al indi­vi­duo con­ser­va­dor y prag­má­ti­co Anto­nio que no tie­ne otra opción que la de escu­char los ima­gi­na­ti­vos rela­tos del píca­ro León. En la genui­na expre­si­vi­dad tras­lu­ci­da en los ros­tros de ambos acto­res, se gene­ra una exce­len­te quí­mi­ca crean­do de este modo la empa­tía de la audien­cia que los observa.

En suma, Cam­pa­ne­lla ha logra­do una nos­tál­gi­ca come­dia dra­má­ti­ca impreg­na­da de inmen­sa ter­nu­ra que sin acu­dir a gol­pes bajos legí­ti­ma­men­te emociona.
Jorge Gut­man

Una Tris­te y Rea­lis­ta Historia

TWO PRO­SE­CU­TORS. Fran­cia, Ale­ma­nia, Paí­ses Bajos, Leto­nia, Ruma­nia, Litua­nia, Ucra­nia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Ser­gei Loz­nit­sa. 102 minutos

El remar­ca­ble escri­tor y cineas­ta ucra­niano Ser­gei Loz­nit­sa ofre­ce en Two Pro­se­cu­tors un sói­do dra­ma denun­cian­do la opre­sión de la Unión Sovié­ti­ca bajo el coman­do de Stalin.

Basa­do en el libro del acti­vis­ta disi­den­te cien­tí­fi­co Georgy Demi­dov escri­to en 1969 pero publi­ca­do cua­tro déca­das des­pués, Loz­nit­sa es res­pe­tuo­so del con­te­ni­do impre­so por el escri­tor quien pasó varios años de su vida pri­sio­ne­ro en el gulag.

Ale­xandr Kuz­netsov en TWO PROSECUTORS

El rela­to fic­cio­nal pero que tris­te­men­te refle­ja la reali­dad de una épo­ca trans­cu­rre en 1937 en la ciu­dad rusa de Briansk en momen­tos en que el régi­men de terror esta­li­nis­ta se encuen­tra en su apo­geo. En una de las cár­ce­les de máxi­ma segu­ri­dad, un vie­jo pri­sio­ne­ro (Ivgeny Ter­letsky) es obli­ga­do a que­mar las car­tas escri­tas por otros con­vic­tos diri­gi­das a Sta­lin don­de le piden cle­men­cia argu­men­tan­do que son fie­les comu­nis­tas y que no han come­ti­do deli­to alguno; cum­plien­do con esa misión el pre­si­dia­rio cum­ple con la orden impar­ti­da pero sal­va­guar­da una de dichas misi­vas que lla­ma su aten­ción al estar escri­ta con san­gre por Step­niak (Ale­xan­der Filip­pen­ko) quien soli­ci­ta que lo visi­te el fis­cal de la ciu­dad por­que tie­ne impor­tan­tes noti­cias que hacer­le saber. Esa car­ta lle­ga a manos de Ale­xan­der Kor­nev (Ale­xandr Kuz­netsov), un joven abo­ga­do idea­lis­ta recien­te­men­te desig­na­do fis­cal quien se dis­po­ne a entre­vis­tar al autor de la misma.

Lle­ga­do a la pri­sión Kor­nev se enfren­ta con el obs­tácu­lo buro­crá­ti­co impues­to por un poco dis­pues­to guar­dián (Uldis Val­te­ris) quien tra­ta de con­ven­cer­lo de que no es pru­den­te que entre­vis­te a Step­niak, ale­gan­do que pade­ce de una enfer­me­dad infec­cio­sa que pue­de lle­gar a con­ta­giar­lo; sin embar­go el fis­cal no se inmu­ta e insis­te en rea­li­zar el encuen­tro; des­pués de una lar­ga espe­ra el direc­tor de la pri­sión (Vytau­tas Kaniu­so­mis) per­mi­te que esa entre­vis­ta se efec­túe. Es allí cuan­do el reclui­do anciano, a pesar de encon­trar­se gra­ve­men­te enfer­mo, en un exten­so monó­lo­go ade­más de decla­rar­se ino­cen­te de crí­me­nes no come­ti­dos le rela­ta cómo ha sido mal­tra­ta­do y tor­tu­ra­do por la NKVD, ‑la poli­cía secre­ta del esta­do sovié­ti­co- mos­trán­do­le las seve­ras cica­tri­ces de su cuerpo.

Impre­sio­na­do por el rela­to de Step­niak, a fin de pre­ser­var los prin­ci­pios del mar­xis­mo Kor­nev deci­de via­jar a Mos­cú para hacer­le ver al pro­cu­ra­dor gene­ral esta­tal Vishinsky (Ana­toly Belly) cómo la acción de los agen­tes de la poli­cía secre­ta pue­de lle­gar a afec­tar seria­men­te los fun­da­men­tos sus­ten­ta­dos por la revolución.

Sin entrar en ulte­rio­res deta­lles sobre el trans­cur­so de esa reu­nión y las impli­can­cias de la mis­ma, impor­ta des­ta­car la sobrie­dad emplea­da por Loz­nit­sa para expo­ner la facha­da de un sis­te­ma don­de la liber­tad indi­vi­dual que­da extin­gui­da por un des­hu­ma­ni­za­do régi­men de terror que ha cobra­do la vida de innu­me­ra­bles per­so­nas ino­cen­tes. En ese aspec­to el cineas­ta crea una den­sa atmós­fe­ra agra­cia­da por la estu­pen­da foto­gra­fía de Oleg Mulu que per­mi­te trans­mi­tir al espec­ta­dor el opro­bio­so cli­ma rei­nan­te de la tira­nía soviética.

A la enco­mia­ble maes­tría de la direc­ción y al exce­len­te guión del cineas­ta cabe agre­gar la acer­ta­da elec­ción efec­tua­da de los acto­res pro­ta­go­nis­tas de esta dra­má­ti­ca his­to­ria. De mane­ra con­te­ni­da pero cier­ta­men­te efec­ti­va Kuz­netsov expre­sa con com­ple­ta con­vic­ción la per­so­na­li­dad de un idea­lis­ta y bien inten­cio­na­do fis­cal con­ven­ci­do de que su labor repor­ta­rá posi­ti­vos resul­ta­dos a fin de con­ser­var los prin­ci­pios de la revo­lu­ción comu­nis­ta. Asi­mis­mo resul­ta sobre­sa­lien­te la carac­te­ri­za­ción obte­ni­da por Filip­pen­ko en don­de uno olvi­da que está vien­do al actor sino al real dolien­te prisionero.

Lamen­ta­ble­men­te no hay nada nove­do­so en el des­en­la­ce de esta tris­te y rea­lis­ta his­to­ria que refle­jan­do la tira­nía esta­li­nis­ta no se dife­ren­cia mucho de lo que acon­te­ce en la Rusia del siglo 21. Más allá de esta refle­xión que­da como resul­ta­do un valio­so docu­men­to alta­men­te reco­men­da­ble.  Jor­ge Gutman