Un Escla­re­ce­dor Documental

THEA­TRE OF VIO­LEN­CE. Dina­mar­ca-Ale­ma­nia, 2023. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Lukasz Kono­pa, Emil Lang­ba­lle. 104 minutos

Un éti­co caso legal es lo que se apre­cia en Thea­tre of Vio­len­ce, un escla­re­ce­dor docu­men­tal de Lukasz Kono­pa y Emil Lang­ba­lle rea­li­za­do duran­te un perío­do de 6 años y que fue dado a cono­cer en el Fes­ti­val Hot Docs.

Al prin­ci­pio de la pelí­cu­la se acla­ra que no obs­tan­te haber obte­ni­do Ugan­da su inde­pen­den­cia de Gran Bre­ta­ña en 1962, las riva­li­da­des cul­tu­ra­les y étni­cas de la región pre­va­le­ci­len­tes en el perío­do colo­nial siguie­ron sub­sis­tien­do. Así cuan­do en 1986 Yowe­ri Muse­ve­ni tomó el poder como pre­si­den­te de Ugan­da lan­zó una des­pia­da­da cam­pa­ña con­tra la etnia Acho­li; como res­pues­ta a esa agre­sión, Joseph Kony fun­dó el Lord Resis­tan­ce Army (LRA), una agru­pa­ción gue­rri­lle­ra que ate­rro­ri­zó al nor­te del país secues­tran­do a niños para con­ver­tir­los en sol­da­dos que pre­via­men­te fue­ron some­ti­dos a un inten­so lava­do cerebral.

Domi­nic Ongwen

Uno de esos chi­cos ha sido Domi­nic Ong­wen que cuan­do a los 9 años fue rap­ta­do gra­dual­men­te se desem­pe­ñó como un muy efi­cien­te sol­da­do con­vir­tién­do­se a tra­vés de los años en uno de los coman­dan­tes con más poder del LRA; así no tuvo repa­ros en secues­trar, vio­lar y escla­vi­zar sexual­men­te a niñas, for­zar casa­mien­tos así como tam­bién impul­sar emba­ra­zos; es así que de víc­ti­ma infan­til Ong­wen se trans­for­ma en un des­al­ma­do y sinies­tro verdugo.

Al haber sido arres­ta­do en diciem­bre de 2015 la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal de La Haya lo acu­só por 61 car­gos de crí­me­nes de gue­rra así como de crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad al haber vic­ti­mi­za­do a la pobla­ción civil.

En la audien­cia judi­cial tie­ne rele­van­te inter­ven­ción el bri­llan­te abo­ga­do defen­sor Kris­pus Aye­na cuyo argu­men­to prin­ci­pal está basa­do en el trau­má­ti­co pro­ce­so vivi­do por su defen­di­do sien­do niño; asi­mis­mo plan­tea cier­tos tópi­cos vin­cu­la­dos con el colo­nia­lis­mo sufri­do por Ugan­da y la cues­tio­na­ble for­ma en que la ley inter­na­cio­nal es apli­ca­da. De algu­na mane­ra, la pre­gun­ta a res­pon­der es si exis­te la posi­bi­li­dad de lograr jus­ti­cia cuan­do el vic­ti­ma­rio ha sido una víc­ti­ma de lo ocu­rri­do en el país africano.

Aun­que los rea­li­za­do­res minu­cio­sa­men­te se limi­tan a expo­ner la situa­ción sin abrir jui­cio sobre Ong­wen, a la vis­ta del espec­ta­dor que­da bien cla­ro que con el correr de los años este per­pe­tra­dor ha teni­do la sufi­cien­te con­cien­cia de la res­pon­sa­bi­li­dad que le cupo por las atro­ci­da­des rea­li­za­das a per­so­nas ino­cen­tes sin que el efec­to trau­má­ti­co de su infan­cia pue­da jus­ti­fi­car­lo. Es así que des­pués del jui­cio some­ti­do, en 2021 el incul­pa­do es con­de­na­do a 25 años de pri­sión en tan­to que en diciem­bre de 2022 la Cor­te de Ape­la­ción man­tie­ne la apli­ca­ción de la sentencia.

Es mate­ria deba­ti­ble lo que el docu­men­tal plan­tea en el sen­ti­do de que la Cor­te Penal de Jus­ti­cia no impu­ta de mane­ra simi­lar a inte­gran­tes del gobierno de Muse­ve­ni quie­nes son igual­men­te res­pon­sa­bles de los crí­me­nes come­ti­dos a la gen­te de Uganda.

Con­tra­po­nien­do los car­gos de ino­cen­te vs. cul­pa­ble así como el con­cep­to de jus­ti­cia opues­to al de injus­ti­cia, este docu­men­tal muy bien rea­li­za­do y edi­ta­do per­mi­te la con­cen­tra­ción per­ma­nen­te del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

La Xeno­fo­bia al Desnudo

R.M.N. Ruma­nia-Fran­cia-Bél­gi­ca, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Cris­tian Mun­giu. 127 minutos.

Con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes direc­to­res euro­peos, Cris­tian Mun­giu que en 2007 obtu­vo en Can­nes la Pal­ma de Oro por 4 meses, 3 sema­nas y 2 días, así como en 2016 el pre­mio al mejor direc­tor por Baca­lau­reat, retor­na con R.M.N., un dra­ma impac­tan­te sobre algu­nos de los serios pro­ble­mas que afec­tan a Europa.

Una esce­na de R.M.N.

La acción comien­za en Ale­ma­nia don­de Matthias (Marin Gigo­re), un rudo indi­vi­duo rumano que tra­ba­ja en un mata­de­ro y que des­pués de haber gol­pea­do a uno de los jefes de la fábri­ca retor­na a su nati­vo pue­blo de Tran­sil­va­nia, una de las regio­nes de Ruma­nia don­de habi­ta un con­glo­me­ra­do de gen­te de dife­ren­te ori­gen étni­co. Pron­ta­men­te se apre­cia que la rela­ción man­te­ni­da con su espo­sa Ana (Macri­na Bar­la­dea­nu) es prác­ti­ca­men­te inexis­ten­te dado el nulo entu­sias­mo que ella demues­tra por su regre­so; asi­mis­mo se impo­ne del mutis­mo de su hijo Rudi (Mark Blen­ye­si) de 8 años quien ha deja­do de hablar por el sus­to que le pro­du­jo al con­tem­plar algo extra­ño atra­ve­san­do el bos­que ale­da­ño en camino hacia su escuela.

A tra­vés de diver­sos hilos narra­ti­vos que pro­po­ne el guión del rea­li­za­dor, Matthias se reen­cuen­tra con Csi­lla (Judith Sta­te), un amor de anta­ño, quien se desem­pe­ña en una empre­sa pani­fi­ca­do­ra que en esos momen­tos requie­re mano de obra adi­cio­nal. Como los luga­re­ños de la zona no acep­tan tra­ba­jar con un sala­rio míni­mo, Csi­lla con­tra­ta a tres inmi­gran­tes de Sri Lanka.

A par­tir de allí, el film se cen­tra en la reac­ción de la pobla­ción local, que a su vez está inte­gra­da por hún­ga­ros, ale­ma­nes y ruma­nos, que se opo­nen a que estos tra­ba­ja­do­res extran­je­ros ocu­pen sus fuen­tes de tra­ba­jo. Ese hecho moti­va a que se reali­ce una asam­blea popu­lar en don­de los aldea­nos expre­sa­rán sus inquie­tu­des y la nece­si­dad de expul­sar­los. En lo que pue­de con­si­de­rar­se como la secuen­cia más ten­sa del rela­to fil­ma­da magis­tral­men­te median­te un lar­go plano secuen­cia de 17 minu­tos, Min­giu regis­tra esa reu­nión que desem­bo­ca en una situa­ción caó­ti­ca. Es allí que que­da exte­rio­ri­za­do el sen­ti­mien­to racis­ta y los pre­jui­cios de sus pobla­do­res don­de los prin­ci­pios demo­crá­ti­cos que­dan des­na­tu­ra­li­za­dos. En ese cli­ma de com­ple­ta irra­cio­na­li­dad, Csi­lla es pre­sen­ta­da como el per­so­na­je más sen­sa­to y com­pren­si­ble con los inmi­gran­tes; ade­más de poseer una cul­tu­ra supe­rior al del res­to de la pobla­ción ella des­ti­na par­te de su tiem­po dis­po­ni­ble tocan­do el violonchelo.

Basa­do en un acon­te­ci­mien­to ocu­rri­do hace pocos años en una región de Tran­sil­va­nia, Min­giu cons­tru­ye esta his­to­ria fic­cio­nal don­de radio­gra­fía impe­ca­ble­men­te la des­hu­ma­ni­za­ción de un pue­blo nutri­do de odio y des­pre­cio hacia el extran­je­ro. Es así que el rea­li­za­dor deci­dió titu­lar a este rela­to R.M.N. que es la sigla de la Reso­nan­cia Mag­né­ti­ca Nuclear a la que se some­te el enfer­mo padre de Matthias (Andrei Fini) pade­cien­do de un tumor cere­bral; es sin duda una cla­ra metá­fo­ra del cán­cer que afec­ta a una socie­dad nutri­da de incom­pren­sión y de viral xenofobia.

Aun­que en su últi­ma par­te el tema cen­tral se tor­na un tan­to repe­ti­ti­vo, eso no va en des­me­dro de los valo­res de este film en don­de el rea­li­za­dor con­fir­ma su talen­to abor­dan­do un cine de com­pro­mi­so social y polí­ti­co. Jor­ge Gutman

Recuer­do de un Gran Amor

ARRÊ­TE AVEC TES MEN­SON­GES. Fran­cia, 2022. Un film de Oli­vier Peyon. 98 minutos

Basa­do en Arrê­te avec tes men­son­ges, la nove­la auto­bio­grá­fi­ca de Phi­lip­pe Bes­son publi­ca­da en 2017, el rea­li­za­dor Oli­vier Peyon brin­da un cau­ti­van­te rela­to abor­dan­do el gran amor de ado­les­cen­cia del autor.

Así como a veces un buen tex­to lite­ra­rio resul­ta difí­cil de ser adap­ta­do al cine, en este caso el incon­ve­nien­te es sub­sa­na­do ya que el guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Vin­cent Poy­mi­ro, Arthur Cahn y Céci­lia Rouad cap­ta mag­ní­fi­ca­men­te lo que Bes­son refle­ja en su libro.

Vic­tor Bel­mon­do y Gui­llau­me de Tonquédec

La acción se cen­tra en el escri­tor Stépha­ne Bel­court (Gui­llau­me de Ton­qué­dec) quien des­de París des­pués de 35 años de ausen­cia retor­na a su ciu­dad natal de Angou­le­me invi­ta­do por la des­ti­le­ría de un cele­bra­do coñac en don­de esta­rá pre­sen­te una impor­tan­te dele­ga­ción ame­ri­ca­na cele­bran­do el bicen­te­na­rio de su con­cep­ción; es allí que duran­te un fin de sema­na él pro­nun­cia­rá un dis­cur­so para tal oca­sión y a su vez fir­ma­rá autó­gra­fos para los lec­to­res de su recien­te novela.

Si bien este nove­lis­ta ha podi­do tener la satis­fac­ción de rea­li­zar­se en el géne­ro lite­ra­rio, a nivel per­so­nal no ha podi­do olvi­dar la gran pasión de su vida refle­ja­da a los 17 años al ena­mo­rar­se de Tho­mas (Julien de Saint Jean) de simi­lar edad cuan­do eran com­pa­ñe­ros de curso.

En 1984 el tími­do e inte­lec­tual gay Stépha­ne (Jérémy Gillet) y su aman­te bise­xual viven su inti­mi­dad con reno­va­do pla­cer pero en for­ma abso­lu­ta­men­te secre­ta dado que Tho­mas de modo alguno quie­re que el affai­re se divul­gue; eso es debi­do a que en esa épo­ca la homo­se­xua­li­dad es nega­ti­va­men­te per­ci­bi­da; sin embar­go la dicha es de cor­to alcan­ce cuan­do Tho­mas deja la ciu­dad y nun­ca más lle­ga­rán a reencontrarse.

La narra­ción que trans­cu­rre entre el pre­sen­te y los recuer­dos de Stépha­ne que remi­ten al pasa­do está muy bien cohe­sio­na­da y es así como el rea­li­za­dor trans­mi­te muy bien los sen­ti­mien­tos de un hom­bre que de algún modo que­dó mar­ca­do por esa inol­vi­da­ble rela­ción sen­ti­men­tal que le ha impe­di­do dis­fru­tar ple­na­men­te su vida.

El nudo cen­tral de esta his­to­ria se pro­du­ce cuan­do Stépha­ne cono­ce a Lucas (Vic­tor Bel­mon­do), una de las per­so­nas que inte­gra la dele­ga­ción visi­tan­te, ahí se ente­ra que se tra­ta del hijo de Tho­mas, hecho que jamás se había ente­ra­do de su exis­ten­cia. De este modo Stépha­ne vuel­ve a tener pre­sen­te la ima­gen de Tho­mas y gran­de es su pena cuan­do Lucas le comu­ni­ca que su padre se sui­ci­dó. No obs­tan­te que la comu­ni­ca­ción entre Tho­mas y su hijo dis­tó de ser flui­da, Lucas nun­ca supo cuál fue el víncu­lo de su padre con el escri­tor; por otra par­te, Stépha­ne no podrá reve­lar­le la natu­ra­le­za román­ti­ca de esa relación.

Ade­más del impe­ca­ble guión, Arrê­te avec tes men­son­ges tras­cien­de por la mag­ní­fi­ca com­po­si­ción logra­da por Ton­qué­dec como el atri­bu­la­do indi­vi­duo tra­tan­do de ali­viar su ansie­dad y de saber qué fue de su aman­te a lo lar­go del tiem­po; igual­men­te resul­tan inob­je­ta­bles la auten­ti­ci­dad brin­da­da por Gillet y Saint Jean como los jóve­nes aman­tes. Por su par­te es tam­bién elo­gia­ble la par­ti­ci­pa­ción de Bel­mon­do ani­man­do al hijo que tra­ta de inda­gar en el pasa­do de su padre; final­men­te, dis­tin­ción espe­cial mere­ce Gui­lai­ne Lon­dez quien agre­ga algu­nas de las notas son­rien­tes que nutren al rela­to ani­man­do a la vivaz y ado­ra­ble mujer encar­ga­da de orga­ni­zar la estan­cia de Stépha­ne en el hotel y su con­fe­ren­cia de prensa.

Con un des­en­la­ce genui­na­men­te con­mo­ve­dor Peyon ha logra­do un dra­ma rea­lis­ta de indis­cu­ti­ble cali­dad y deci­di­da­men­te reco­men­da­ble. Jor­ge Gutman

Bella His­to­ria de Adolescentes

ARE YOU THE­RE GOD? IT’S ME MAR­GA­RET. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Kelly Fre­mon Craig. 105 minutos.

Basa­da en la icó­ni­ca nove­la Are You The­re God? It’s Me Mar­ga­ret de Judy Blu­me publi­ca­da en 1970, la auto­ra con­sin­tió a que Kelly Fre­mon Craig efec­tua­ra su tras­la­do al cine. Dada la remar­ca­ble adap­ta­ción de la cineas­ta, el resul­ta­do obte­ni­do es una muy agra­da­ble pelí­cu­la capaz de satis­fa­cer al gran público.

Rachel McA­dams y Abby Ryder Fortson

Su pro­ta­go­nis­ta es Mar­ga­ret Simon (Abby Ryder For­tson), una pre ado­les­cen­te de 11 años pró­xi­mo a cum­plir 12 que dis­fru­ta de la vida neo­yor­ki­na; sin embar­go una pro­mo­ción que su padre Herb (Benny Saf­die) ha obte­ni­do en su empleo obli­ga a la fami­lia a tras­la­dar­se a un subur­bio de New Jer­sey con el pesar de la chi­ca al tener que dejar su escue­la y sus com­pa­ñe­ros y sobre todo a su entra­ña­ble abue­la pater­na Syl­via (Kathy Bates). Su madre Bár­ba­ra (Rachel McA­da­mas) tra­ta de ani­mar­la hacién­do­le ver que en su nue­va escue­la, don­de cur­sa­rá el últi­mo año de edu­ca­ción ele­men­tal, se hará pron­to de nue­vas amis­ta­des y que ella mis­ma que es pro­fe­so­ra de arte debe dejar su tra­ba­jo para ajus­tar­se a las nue­vas con­di­cio­nes. En todo caso, la chi­ca rue­ga a Dios para que la mudan­za no se realice.

Una vez que se pro­du­ce el tras­la­do de la fami­lia, Nancy (Elle Graham), una veci­na de apro­xi­ma­da­men­te la mis­ma edad que Mar­ga­ret, la invi­ta a par­ti­ci­par con sus ami­gas Janie (Ama­ri Pri­ce) y Gret­chen (Kathe­ri­ne Kup­fe­rer) en un secre­to club inte­gra­do úni­ca­men­te por ellas. En ese entorno Mar­ga­ret vivi­rá su pro­ce­so de tran­si­ción hacia la ado­les­cen­cia en don­de expe­ri­men­ta­rá su pri­me­ra mens­trua­ción, el uso de cor­pi­ños, el ini­cio de la atrac­ción sexual, así como el pri­mer ino­cen­te beso reci­bi­do por un chi­co de simi­lar edad. Fre­mon Craig, que ya había escri­to y diri­gi­do The Edge of Seven­teen (2016) explo­ran­do la ado­les­cen­cia, nue­va­men­te rati­fi­ca su peri­cia en des­cri­bir con com­ple­ta natu­ra­li­dad la rela­ción de Mar­ga­ret con sus ami­gas a tra­vés de diá­lo­gos bien cons­trui­dos y evi­tan­do caer en los este­reo­ti­pos que sue­len ver­se en las pelí­cu­las de este género.

Pero la ansie­dad de con­ver­tir­se en mujer no es lo úni­co que preo­cu­pa a Mar­ga­ret sino tam­bién la fe reli­gio­sa por ser hija de un matri­mo­nio inter­con­fe­sio­nal dado que su madre es cris­tia­na y su padre judío; ese hecho moti­va a que ella no haya podi­do cono­cer a sus abue­los mater­nos por­que Bar­ba­ra le expli­ca que sus padres nun­ca acep­ta­ron que se unie­se a un hom­bre de dife­ren­te cre­do. Debi­do a que Mar­ga­ret se con­si­de­ra agnós­ti­ca le rue­ga a Dios que la ayu­de a resol­ver su inquie­tud sobre el tema; eso se aso­cia con un pro­yec­to esco­lar asig­na­do por su maes­tra (Echo Kellum) en don­de inves­ti­ga­rá las dife­ren­tes reli­gio­nes existentes.

Man­te­nien­do la fres­cu­ra del libro ori­gi­nal, el film sazo­na­do con humor es amplia­men­te dis­fru­ta­ble a tra­vés del ágil rit­mo impre­so por la rea­li­za­do­ra y por la nota­ble carac­te­ri­za­ción que la joven actriz For­tson logra de su per­so­na­je; ella expre­sa muy bien las dife­ren­tes emo­cio­nes que una púber expe­ri­men­ta en el comien­zo de la ado­les­cen­cia como al mis­mo tiem­po su incer­ti­dum­bre sobre la exis­ten­cia de Dios. A su lado igual­men­te se luce McA­dams como la madre que ado­ra a su hija, al pro­pio tiem­po que ella tam­bién debe rea­li­zar esfuer­zos para adap­tar­se al esti­lo de vida sub­ur­ba­na, dedi­can­do par­te de su tiem­po a la pin­tu­ra; asi­mis­mo la vete­ra­na Bates con­mue­ve con el pro­fun­do amor que sien­te por su nie­ta y que debe con­for­mar­se en man­te­ner con­tac­to a tra­vés de la dis­tan­cia o en oca­sio­na­les visi­tas en que se pro­du­ce el encuentro.

Dicho lo que ante­ce­de, esta come­dia es una de las mejo­res que se hallan vis­to sobre el mun­do ado­les­cen­te y en con­se­cuen­cia reco­men­da­ble sin reser­va algu­na. Jor­ge Gutman

Dra­ma Militar

TOMMY GUNS. Por­tu­gal-Fran­cia-Ango­la, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Car­los Con­ceição 119 minutos

En su segun­do lar­go­me­tra­je como guio­nis­ta y rea­li­za­dor, el direc­tor ango­lés Car­los Con­ceição abor­da en Tommy Guns ‑cuyo títu­lo ori­gi­nal por­tu­gués es Nação Valen­te- un film difí­cil de cata­lo­gar. Por una par­te apa­ren­ta ser un dra­ma his­tó­ri­co, por la otra hace refe­ren­cia al lega­do colo­nia­lis­ta euro­peo que muchas regio­nes del mun­do han expe­ri­men­ta­do duran­te varios siglos y asi­mis­mo podría ser encua­dra­do como un film de gue­rra aso­cia­do con la ambi­ción del poder.

El guión del rea­li­za­dor no sigue un orden cro­no­ló­gi­co sino que está estruc­tu­ra­do en dos rela­tos que trans­cu­rren para­le­la­men­te en Ango­la en 1974, un año antes de su inde­pen­den­cia del impe­rio colo­nial de Por­tu­gal. En su pri­me­ra par­te, ilus­tra no muy cla­ra­men­te la ten­sión exis­ten­te entre las gue­rri­llas ango­le­ñas inde­pen­den­tis­tas y los mili­ta­res por­tu­gue­ses; en ese mar­co, una ado­les­cen­te negra (Ule Bal­de) de una aldea rural sale al encuen­tro de un sol­da­do por­tu­gués (Sil­vio Viei­ra) y des­pués de haber inti­ma­do sexual­men­te el amor cir­cuns­tan­cial con­clu­ye de mane­ra gra­tui­ta­men­te vio­len­ta dejan­do un agrio sin­sa­bor. Has­ta aquí han trans­cu­rri­do 27 minu­tos de metra­je y es enton­ces que apa­re­ce el títu­lo del film.

Joâo Arrrais

La segun­da par­te del rela­to se desa­rro­lla en un cam­pa­men­to ubi­ca­do en una den­sa sel­va don­de un rudo coro­nel (Gus­ta­vo Sum­pta) coman­da a una tro­pa de 7 jóve­nes sol­da­dos de Ango­la que son lea­les a la metró­po­li colo­nia­lis­ta. Un nue­vo acto de vio­len­cia se pro­du­ce cuan­do el coro­nel dis­po­ne que el sol­da­do Zé (Joâo Arrrais) ame­tra­lle a un negro supues­ta­men­te trai­dor (Mei­rinho Men­des); al haber obe­de­ci­do la orden de su supe­rior Zé es pro­mo­vi­do al gra­do de sar­gen­to. Duran­te esta eta­pa, se con­tem­pla el entre­na­mien­to que los reclu­ta­dos reci­ben del sinies­tro coman­dan­te y la dura for­ma a que son sometidos.

El nudo con­flic­ti­vo del rela­to se pro­du­ce en su seg­men­to final cuan­do el coro­nel trae a Apo­lo­nia (Ana­be­la Morei­ra), una exó­ti­ca bai­la­ri­na que ofre­ce una dan­za sen­sual a los sol­da­dos, con la inten­ción de brin­dar­les pos­te­rior­men­te sus ser­vi­cios sexua­les a cada uno de ellos; sin embar­go, des­pués del pri­mer encuen­tro con Zé las cosas no trans­cu­rren de acuer­do a lo pla­nea­do gene­rán­do­se otro vio­len­to episodio.

Aun­que bien rea­li­za­do, el enig­má­ti­co guión no resul­ta com­ple­ta­men­te con­vin­cen­te al intro­du­cir en su narra­ti­va algu­nas situa­cio­nes sim­bó­li­cas y ambi­guas que resul­tan implau­si­bles, como por ejem­plo un retra­to con el ros­tro de Bri­git­te Bar­dot. Con todo, Con­ceição ofre­ce un mate­rial que per­mi­te refle­xio­nar en varios aspec­tos. En pri­mer lugar los sol­da­dos de esta his­to­ria viven la gue­rra ais­la­dos del tiem­po y del espa­cio y pue­den muy bien ser com­pa­ra­dos con aqué­llos que han lucha­do en Viet­nam, Afga­nis­tán y actual­men­te con los rusos que pelean en Ucra­nia, sin saber exac­ta­men­te por­qué lo hacen. Otro hecho, aun­que no muy mar­ca­do, es el laten­te racis­mo exis­ten­te y a ello cabe agre­gar el exa­cer­ba­do sen­ti­mien­to de patrio­tis­mo incul­ca­do por el coro­nel a su tro­pa en el que posi­ble­men­te nin­guno de sus inte­gran­tes haya esta­do en Portugal.

En esen­cia, el tono poé­ti­co que pri­ma en su des­en­la­ce median­te secuen­cias noc­tur­nas cap­ta­das por la exce­len­te foto­gra­fía de Vas­co Via­na, es un ele­men­to a favor de este dra­ma mili­tar par­cial­men­te logra­do. Jor­ge Gutman