THECARDCOUNTER. Estados Unidos-Gran Bretaña, 2021. Un film escrito y dirigido por Paul Schrader.
La psicología de un solitario individuo atormentado por un violento pasado que trata de atenuar su aislamiento jugando al póker es considerado por Paul Schrader en The Card Counter. A 45 años de haberse consagrado como uno de los grandes guionistas del cine americano con Taxi Driver, Schrader demostró igualmente su talento como realizador y después de su notable trabajo en The Reformer (2017) nuevamente lo ratifica en esta remarcable película..
Oscar Isaac
Oscar Isaac anima a William Tell, un hombre de mediana edad que se gana la vida como jugador de póker en los casinos de Estados Unidos. Sin familia que lo rodee, su vida descansa en las mesas de juego donde gran parte de su habilidad lo adquirió cuando estuvo en prisión donde aprendió cómo contar las cartas. Su táctica llega a ser conocida a medida que con su voz en off va escribiendo en su diario que su objetivo no es ganarle a la banca sino a los otros jugadores, calculando con sumo cuidado cada carta que va jugando, sin apostar demasiado y sabiendo retirarse a tiempo con el dinero obtenido.
Su parquedad queda interrumpida cuando en el bar del casino se le acerca La Linda (Tiffany Haddish), una agradable agente de apuestas, quien habiendo observado las habilidades de Tell le propone que él juegue por ella con su dinero para compartir posteriormente las ganancias obtenidas. Con el transcurso de los días Tell logra sentir un afecto que progresivamente va aumentando hasta cristalizarse sentimentalmente.
Tell verá su existencia alterada cuando en una conferencia sobre temas de seguridad impartida por el ex sargento mayor John Gordo (William Dafoe) a la que asiste él es abordado por Cirk (Tye Sheridan). Este joven le pide que asesine a Gordo que había sido el jefe de los torturadores en la infame prisión iraquí de Abu Ghraib durante los primeros años de guerra, en donde tanto su padre como Tell, obedeciendo sus órdenes torturaron salvajemente a los detenidos. Si bien ambos fueron posteriormente juzgados y encarcelados por los crímenes cometidos, Gordo salió impune mientras que el padre del muchacho quedó profundamente traumatizado lo que condujo a su suicidio; por ese motivo Cirk desea vengarse del despreciable ex militar recurriendo a Tell..
¿Podrá el infatigable jugador vislumbrar la posibilidad de redimirse a través del apoyo que pueda brindarle a Cirk? Con gran meticulosidad, Schrader cohesiona el tema del juego con los dolorosos resabios de un vergonzoso pasado; así, internándose en la psiquis de Ted refleja cómo las heridas no cicatrizadas de las acciones militares de la guerra en Irak lo han marcado configurando su actual personalidad.
Lentamente y con mano firme el realizador va generando un cautivante relato que adquiere progresiva intensidad emocional hasta desembocar en un final imprevisible que cierra magníficamente la odisea atravesada por su protagonista. En tal sentido, Isaac en el mejor desempeño de su carrera profesional con gestos mínimos realiza una prodigiosa caracterización de su personaje que no obstante su frialdad permite generar completa empatía. Asimismo cabe destacar la excepcional fotografía de Alexander Dynan quien ha logrado estupendas imágenes en los flashbacks que reproducen las torturas infligidas en Abu Ghraib.
Resumiendo, se puede afirmar que Schrader ha logrado un potente drama febril y alucinante que repercute hondamente en el ánimo del espectador. Jorge Gutman
DELICIEUX. Francia-Bélgica, 2021. Un film de Éric Besnard. 112 minutos
Tal como lo anticipa su título, esta comedia de época es sencillamente deliciosa. Ubicándose en la Francia rural en 1789, poco antes de la Revolución Francesa, el director Éric Besnard ofrece un relato culinario con cierta reminiscencia a otros del género como lo fue la recordada película danesa El Festin de Babette (1987) de Gabriel Axel.
En los créditos iniciales se informa que en el siglo 18 la cocina era un privilegio que gozaba la nobleza como medio de lucha contra el enemigo y para demostrar su grandeza. En tanto, las posadas y las postas se encargaban de ofrecer platos simples a los pasajeros de paso, pero en general era raro comer fuera de casa dado que el restaurante todavía no había sido inventado.
Isabelle Carré y Grégory Gadebois
En base a lo que antecede, el guión del realizador escrito con Nicolas Boukhrief introduce a Pierre Manceron (Grégory Gadebois) un refinado chef de cocina trabajando para el duque de Chamfort (Benjamin Lavernhe). Cuando en una ocasión especial el duque agasaja con un banquete a sus frívolos amigos aristócratas con exquisitos platos preparados por Manceron, uno de ellos critica los ingredientes utilizados; al sentirse incómodo por la situación, el anfitrión le pide al gastrónomo que se disculpe, pero éste rehúsa hacerlo al haberse sentido humillado y afectado en su amor propio; como consecuencia él es despedido de su cargo.
Junto con su intelectual hijo Benjamin (Lorenzo Lefèbvre), se ubica en su sosiega casa campestre situada en una cercana zona boscosa con la intención de dejar definitivamente su vida culinaria. La situación se altera con la llegada de Louise (Isabelle Carré), una misteriosa mujer, que le solicita ser su aprendiz de cocina; a cambio de enseñarle los gajes del oficio ella le ofrece sus escasos ahorros. Reluctante en principio, Manceron, estimulado por Louise y su hijo retoma su antigua profesión con gran entusiasmo. Después de atravesar algunos contratiempos, entre los mismos el de un inesperado-accidente, con el transcurso de las semanas Pierre junto a Louise, ya convertida en una eximia cocinera, ofrecen deliciosos manjares a los pasajeros que transitan el lugar; demás está decir que Manceron logra de este modo vengarse del repudiable duque, como así mismo Louise, cuya verdadera identidad queda revelada, también tiene sobrados motivos para hacerlo. De este modo surge el primer restaurante gastronómico para que todo el mundo sin distinción de clase social pueda disfrutar de una buena comida; como es bien sabido, a través de los siglos la cocina francesa constituye un elemento distintivo de la identidad del país.
Entre los valores positivos de esta película ‑no exenta de un bienvenido humor y de cierta lograda tensión- se destaca la interpretación del dúo integrado por Gadebois y Carré cautivando por la notable composición de sus personajes y de la química existente entre ambos; igualmente resultan convincentes Lavernhe como el despreciable representante de la realeza y Guillaume de Tonquédec como el jefe del equipo de Chamffort. A ello se agrega la maravillosa y luminosa fotografía de Jean-Marie Dreujou ofreciendo una panorámica pintura visual a través del cambio de las estaciones como asimismo captando la elaboración de los apetitosos manjares. En suma, Besnard ha logrado una fina comedia de alta cocina, muy bien dirigida e imbuida de una fluida narración; así su ágil ritmo que en ningún momento decae permite que el público la pueda disfrutar plenamente a lo largo de su desarrollo. Jorge Gutman
Con los buenos antecedentes de haber obtenido la Cámara de Oro al mejor primer film exhibido en el reciente festival de Cannes y con Martin Scorcese como productor ejecutivo llega al TIFFMurina de la novel directora Antoneta Alama Kusijanović. En un guión que le pertenece con la colaboración de Frank Graziano, la historia relatada permite crear en su inicio una sutil tensión que se va intensificando a lo largo de su desarrollo.
Murina
La acción transcurre en una idílica isla croata donde su visión se asemeja a una fotografía turística que invita a visitar sus hermosas playas frente al intenso mar azul. Allí habita la joven Julija (Gracija Filipović) con su padre Ante (Leon Lučev) y su madre Nela (Danica Curcic). La especial atracción que el mar ejerce en Julija la motiva a zambullirse con frecuencia, compensando en parte el descontento que experimenta. Desde el comienzo se hace evidente cómo ella sufre interiormente el brutal trato que le dispensa su autoritario progenitor a la vez que contempla cómo su madre lo tolera sometiéndose a su voluntad sin protestar.
El relato adquiere fuerza cuando Javier (Cliff Curtis) arriba al lugar: él es un empresario millonario y amigo de juventud de Ante quien lo ha invitado para proponerle su asociación en un ambicioso proyecto que consiste en transformar la isla en un paraíso turístico que habrá de redituarles un gran beneficio. A partir de allí se va creando un clima enrarecido cuando Nela comienza a flirtear con Javier y al propio tiempo Julija ve en el huésped la forma de poder liberarse de su brutal padre. Es aquí que se produce el enfrentamiento de las dos mujeres tratando de seducir a Javier como así también la violenta reacción de Ante al descubrir las intenciones de su hija. De este modo el film va adquirilendo el carácter de un thriller en donde todo está preparado para que la tóxica relación de la muchacha con su padre llegue a estallar.
El elenco se desempeña remarcablemente destacando en especial la notable caracterización de Filipović como la joven ansiosa de lograr su independencia así como la de Lučev animando al despreciable machista quien es consciente de que su familia lo detesta. Por su parte la fotografía de Hélène Louvart capta magníficamente la belleza de la isla realzada por el colorido del ardiente mar que se convierte en un personaje adicional de esta historia.
Este drama croata demuestra la inusual madurez de Kusijanović como realizadora constituyendo una muy buena carta de presentación para sus futuros proyectos.
Futura (Italia)
Pietro Marcello, Alice Rohwacher y Franceso Munzi, tres importantes directores de Italia de la presente generación, efectúan un viaje a través del país con el propósito de entrevistar a adolescentes y jóvenes entre 15 y 20 años de edad a fin de recabar sus puntos de vista sobre cómo avizoran el futuro.
Futura
Ese recorrido a lo largo de Italia que comenzó en febrero de 2020 abarcó diferentes zonas urbanas como asimismo rurales de Roma, Milán, Nápoles, Pisa, Turín, Savona, Venecia, Trento, Treviso, Pisa, Cagliari, Viterbo, y Brescia; en esas entrevistas que se realizan en grupos se detectan jóvenes de diferente condición social, económica e intelectual, quienes en mayor o menor grado responden a las preguntas de sus interlocutores.
Algunas respuestas se caracterizan por un marcado pesimismo al enfatizar que se vive en una sociedad muy individualista con un mundo en decadencia y sin aguardar mejoras en tal sentido. Otras opiniones coinciden en afirmar que no hay gran esperanza de concebir un futuro promisorio en la Italia actual y que resultaría conveniente trabajar en el exterior. En el comentario sobre las redes sociales resulta interesante escuchar cómo varios jóvenes sostienen que las mismas constituyen una plaga que aliena a la persona sin conducir a algo positivo y por lo tanto es necesario afirmarse en la vida real; indirectamente hay referencias acerca de cómo la tecnología afecta las relaciones personales.
La necesidad de obtener en el futuro un buen trabajo que permita una vida digna es lo que esta juventud aspira pero para varios subsiste la duda de si realmente una buena formación académica permitirá lograrlo. En cuanto a la profesión que les gustaría ejercer, las respuestas varían incluyendo la de trabajar de actor en la televisión, ser futbolista, desempeñarse como criminólogo forense, aspirar a ser médico, lograr ser experta en belleza, etc.
La pandemia no se encuentra ausente del reportaje y en ese aspecto no hay respuesta precisa de cómo será el mundo una vez que esta pesadilla concluya; de todos modos, los venecianos lamentan la manera en que el maldito Covid afectó al turismo de la región que constituye su principal fuente de recursos.
De modo general queda la impresión de las ansiedades, sueños y temores de una juventud cuya respuesta sobre el futuro no resulta muy concreta; eso en parte se debe a que la pregunta sobre el tema es muy amplia y no permite profundizar demasiado; así hay quienes responden que en tiempos tan cambiantes sólo se puede saber lo que ocurrirá, mañana, pasado o quizá hasta algunos meses más pero imposible de aventurarse a predecir lo que acontecerá dentro de 10 años. De todos modos, queda como resultado un documental que capta el espíritu que anima a la generación nacida en el siglo actual y destinada a vivir en un mundo incierto e inseguro.
Le Bal des Folles (Francia)
En el firmamento cinematográfico de Francia, Mélanie Laurent se distingue como una de las más destacadas actrices y directoras. Tras su actuación en más de 35 películas y 4 largometrajes como realizadora, ahora retorna con Le Bal des Folles donde además de asumir uno de los dos roles protagónicos, es también la directora y autora del guión compartido con Christophe Deslandes.
Le Bal des Folles
El drama transcurre en Francia hacia finales del siglo 19 presentando a Eugénie (Lou de Laâge) quien es una joven que está dotada de un don especial por el que oye y ve a los muertos. De libre espíritu y liberal para las costumbres de la época y perteneciendo a un hogar de la alta burguesía, su familia se encuentra alarmada por sus visiones creyendo que hay algo raro en ella; consecuentemente, su padre decide internarla ‑en contra de su voluntad- en la clínica neurológica de Pitié-Salpêtrière ubicada en París, dirigida por el profesor Jean-Martin Charcot (Grégoire Bonnet) quien es considerado un pionero de la psiquiatría.
Prácticamente encerrada y privada de libertad, el sitio no puede resultar más deprimente para ella al tener que convivir con mujeres de toda edad diagnosticadas de histeria, epilepsia y de enfermedad mental. A pesar de los esfuerzos que Eugénie realiza demostrando que está en su sano juicio, nada cambia hasta el momento en que se vincula con Geneviève (Mélanie Laurent), la enfermera de la unidad neurológica que se encuentra atormentada por la muerte de su hermana; cuando la joven le demuestra que efectivamente es capaz de comunicarse con el espíritu de su hermana, Geneviève le ayudará a cambiar su destino.
Basada en la premiada novela de la escritora Victoria Mas publicada en 2019, la adaptación cinematográfica de Laurent respeta la versión original, transmitiendo muy bien la misoginia de la época, el conrovertido rol que en ciertos casos asume la psiquiatría en nombre de la objetividad científica — en este caso a través del método empleado por el narcisista Charcot– y sobre todo el trato muchas veces inhumano recibido por los pacientes.
A las irreprochables actuaciones de Laâge como la desafortunada Eugénie y de Laurent como la humana enfermera se añade la remarcable puesta escénica de la cineasta; la misma alcanza su climax en el gran baile que realiza el hospital para los habitantes de París en donde las internas disfrazadas con extravagantes atuendos danzan al compás de los valses.
SOUSUN MĒME SOLEIL / UNDERTHESAMESUN. Canadá, 2020. Un documental de François Jacob, 97 minutos
El conflicto latente que existe entre Armenia y Azerbaiyán con respecto a la pertenencia territorial de Nagorno-Karabaj es tratado con considerable minuciosidad por el director François Girard. Habiendo viajado a la zona, el realizador con total prudencia cuida de no tomar partido por ninguno de los dos países involucrados, para así permitir que el espectador pueda formar su propia opinión de lo que trasciende en el documental.
Una escena del documental SOUSUN MĒME SOLEIL
Cuando en 1988 se produjo el colapso de la URSS, Nagorno-Karabaj que era parte integrante del país soviético Azerbaiyán pero estaba habitado mayoritariamente por armenios, trató de unirse a Armenia. Lo cierto es que a la postre se declaró independiente como nación a pesar de no ser reconocida como tal a nivel internacional. Es así que en 1991 Armenia y Azerbaiyán se disputaron esa zona por la que se produjo una guerra que en 1994 cesó con un alto el fuego.
Eso no significó haber logrado la paz dado que hacia finales de septiembre de 2020, después de haberse realizado este film, estalló nuevamente la guerra entre ambos países que durante 6 semanas evidenció una violencia aún mayor que la producida en la década del 90; es ahora que rige un nuevo acuerdo de paz negociado por Rusia pero que obviamente pone en duda cuánto habrá de durar.
Loable es el esfuerzo de Jacob llevando su cámara para testimoniar lo que acontece en los dos países como también en Nagorno-Karabaj a través del contacto y entrevistas realizadas a algunos de sus habitantes, refugiados de Baku (capital de Azerbaiyán) como asimismo a renombrados intelectuales. Entre los mismos se encuentra la activista armenia-americana Anna Turcotte nacida en Azerbaiyán, quien se refiere con gran pena a las atrocidades cometidas por los azerbaiyanos. Interesante son los comentarios del analista político de Azerbaiyán Hikmet Hadjy-Zadeh quien defendiendo la causa de su país señala que los armenios llevan consigo el drama del genocidio sufrido un siglo atrás por Turquía y ahora cargan la culpa de lo que sucede a Azerbaiyán. También se escucha al escritor azerbaiyano Akram Ayhlisli sobre sus reflexiones acerca de la bondad humana. Igualmente es importante lo que acota el analista político armenio Aleksandr Iskandarya al señalar que la disputa de Nagorno-Karabaj puede ser comparada con el conflicto árabe-israelí relativo a la ciudad de Jerusalén.
Lo más trascendente del documental se refleja en su parte final que transcurre en Estados Unidos donde el periodista azerbaiyano Davan Seyfullayev y su compañera efectúan un reportaje a Anna Turcotte. El resultado del mismo se asemeja a un perfecto diálogo de sordos donde cada uno ratifica su inamovible posición; lo mismo se puede inferir de las entrevistas realizadas por Jacob en las que cada una de las partes defiende con considerable emoción su respectivo punto de vista. Consecuentemente, por el momento no se avizora una solución definitiva a este conflicto étnico entre la mayoría cristiana ortodoxa de armenios apoyados por Rusia y la mayoría musulmana de Azerbaiyán que cuenta con el respaldo de Turquía. ¿Es posible dejar el resentimiento y odio por detrás tratando de crear un puente de unión en defensa de los derechos humanos?
Además del buen enfoque brindado al tema central, el dramático documental de Jacob quien a la vez es responsable de la impecable fotografía, permite vislumbrar algunos rasgos culturales de los países involucrados reflejados en el quehacer cotidiano, incluyendo su música y danzas. Jorge Gutman
SINLAHABANA. Cuba-Canadá, 2020. Un film escrito y dirigido por Kaveh Nabatian. 94 minutos.
Debutando en el largometraje, el director y músico irani-canadiense Kaveh Nabattan ofrece un sobrio documental enfocando las vicisitudes atravesadas por jóvenes cubanos que intentan radicarse en Canadá.
Yonah Acosta
El guión del realizador escrito conjuntamente con Pablo Herrera comienza en La Habana ofreciendo una interesante pintura de la ciudad como asimismo una descripción de la apremiante situación económica de ciertos sectores de la población. En ese contexto Leonardo (Yonah Acosta), un dotado bailarín de danza clásica, aspira a lograr un amplio reconocimiento en la compañía de danza donde actúa y cuyo próximo espectáculo es el ballet Romeo y Julieta. Como aguardaba obtener el rol protagónico, no puede disimular su disgusto al haber sido asignado un papel secundario; el hecho origina una seria fricción con el director del ballet lo que motiva a que sea despedido.
En tanto Sara (Evelyn O’Farrill), su ambiciosa novia abogada, insta a Leonardo a que dejen la isla en procura de un porvenir más venturoso en Norteamérica. La oportunidad se presenta cuando el bailarín, ofreciendo clases de salsa en la escuela donde enseña, conoce a Nasim (Aki Yaghoubi), una turista canadiense divorciada de ascendencia iraní que simpatiza con él; al poco tiempo logra seducirla y ella lo invita con un pasaje de avión para que se traslade a Montreal, donde reside. Todo parecería indicar que está abierta la posibilidad para que Leonardo pueda obtener a través de Nasim la residencia legal en Canadá y posteriormente conseguirla para Sara. Con todo a su llegada a la francófona ciudad Leonardo comprueba que su sueño canadiense está lejos de concretarse al no tener éxito en los audiciones de danza en las que se presenta; a eso se agrega que encontrándose sin la pertinente documentación legal tenga que aceptar un trabajo de baja remuneración que nada tiene que ver con su profesión habitual.
Además de emplear la danza y la música como elementos que enriquecen al film, lo más importante es cómo Nabatian con fina sensibilidad analiza psicológicamente a sus principales personajes con sus ilusiones y sinsabores a través de un triángulo romántico que se va desintegrando por los avatares del destino. Asimismo el realizador ofrece interesantes contrastes culturales existentes entre Cuba y Canadá e igualmente muestra aspectos no muy conocidos de la cultura iraní montrealense en donde no están exentos los prejuicios raciales a fin de salvaguardar los lazos familiares del país de origen.
Con actores carismáticos que se adentran satisfactoriamente en la piel de sus personajes y la articulada narración del director, Sin La Habana es un film que analizando con seriedad la temática de la migración permite mantener la atención del espectador. Jorge Gutman