Inti­ma Cró­ni­ca Familiar

QUI BRI­LLE AU COM­BAT. Fran­cia, 2025. Un film de Joséphi­ne Japy. 96 minutos

Una ínti­ma cró­ni­ca fami­liar es lo que se apre­cia en Qui bri­lle au com­bat, el pri­mer lar­go­me­tra­je de la actriz Joséphi­ne Japy rela­tan­do una afec­ción gené­ti­ca que en la vida real expe­ri­men­ta su her­ma­na menor. Esta auto­bio­gra­fía guio­ni­za­da por la novel cineas­ta jun­ta­men­te con Oli­vier Torres adop­ta un carác­ter fic­cio­nal aun­que en varias ins­tan­cias se tie­ne la sen­sa­ción de asis­tir a un docu­men­tal debi­do a la auten­ti­ci­dad que des­ti­la esta dra­má­ti­ca historia.

Méla­nie Lau­rent, Sarah Pachoud y Angé­li­na Woreth

La narra­ción intro­du­ce a la audien­cia en el seno de la fami­lia Rous­seau inte­gra­da por Gilles (Pie­rre-Yves Car­di­nal), su espo­sa Made­lei­ne (Méla­nie Lau­rent) y sus hijas Marion (Angé­li­na Woreth) de 17 años de edad y Ber­ti­lle (Sarah Pachoud) dos años menor. A tra­vés de la mira­da de Marion (alter ego de la direc­to­ra) se con­tem­pla cómo este núcleo fami­liar frá­gil­men­te equi­li­bra su exis­ten­cia debi­do a que Ber­ti­lle sufre el sín­dro­me de Phe­lan-McDer­mid, un tras­torno gené­ti­co del neu­ro­de­sa­rro­llo. Esa situa­ción que se ase­me­ja a un raro autis­mo con­du­ce a que la ado­les­cen­te adop­te una con­duc­ta deci­di­da­men­te anor­mal que se refle­ja entre otros aspec­tos en no hablar, cami­nar todo el tiem­po, cubrir su ros­tro de comi­da como si se tra­ta­ra de un bebé que en tal sen­ti­do es tra­ta­da por su madre; a todo ello el impre­ci­so diag­nós­ti­co reci­bi­do es que ella pue­de dejar de exis­tir en cual­quier momento.

Esa seve­ra dis­ca­pa­ci­ta­ción con­du­ce a los res­tan­tes miem­bros de la fami­lia tener que sobre­lle­var el tre­men­do peso de la con­vi­ven­cia brin­dán­do­le a Ber­ti­lle el mayor apo­yo posi­ble a la vez que tra­tan­do de man­te­ner la for­ta­le­za nece­sa­ria para supe­rar los obs­tácu­los de su dis­ca­pa­ci­dad. En dicha comu­ni­dad fami­liar, es admi­ra­ble la devo­ción de Made­lei­ne ocu­pán­do­se de su hija, así como Marion sin­tien­do un inmen­so cari­ño por su her­ma­na menor y res­pon­sa­bi­li­zán­do­se por ella tra­ta de armo­ni­zar su deseo de eman­ci­pa­ción como avan­za­da ado­les­cen­te. En cuan­to a Gilles, al ale­jar­se del caó­ti­co hogar para sumer­gir­se en su dia­rio tra­ba­jo encuen­tra la mane­ra de ate­nuar su esta­do anímico.

A tra­vés de suce­si­vas viñe­tas se asis­te a los por­me­no­res del estrés vivi­do por esta fami­lia, man­te­nien­do una cons­tan­te aler­ta por la impre­vi­si­bi­li­dad de los actos de Ber­ti­lle. No obs­tan­te la situa­ción des­crip­ta, la rea­li­za­do­ra impri­mien­do una nota­ble soli­dez narra­ti­va evi­ta el pate­tis­mo resal­tan­do las situa­cio­nes dra­má­ti­cas de mane­ra con­te­ni­da, sin que por ello que­den ausen­tes las emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das por sus per­so­na­jes. La úni­ca obser­va­ción del rela­to resi­de en el roman­ce de Marion con un hom­bre de mayor edad (Félix Kysyl) que nada agre­ga al tema central.

Uno de los indu­da­bles valo­res del film resi­de en su impe­ca­ble elen­co, en el que se dis­tin­guen la excep­cio­nal actua­ción de Pachoud en el difí­cil rol que impo­ne la carac­te­ri­za­ción de Ber­ti­lle, la fir­me­za de Lau­rent com­po­nien­do a la estoi­ca madre y la ajus­ta­da com­po­si­ción de Woreth trans­mi­tien­do con com­ple­ta con­vic­ción a la abne­ga­da Marion.

Este rea­lis­ta dra­ma tra­ta­do con suma deli­ca­de­za, remar­ca­ble sen­si­bi­li­dad y abso­lu­ta natu­ra­li­dad, demues­tra la madu­rez de la novel rea­li­za­do­ra, crean­do favo­ra­bles expec­ta­ti­vas para futu­ros pro­yec­tos fíl­mi­cos que resuel­va enca­rar. Jor­ge Gutman

Recuer­dos de Infancia

RENOIR. Japón-Fran­cia- Sin­ga­pur-Fili­pi­nas-Indo­ne­sia-Qatar, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Chie Haya­ka­wa. 120 minutos

Des­pués de haber incur­sio­na­do como direc­to­ra en el cor­to­me­tra­je Nia­ga­ra (2014) y pos­te­rior­men­te elo­gia­da en la sec­ción Un cer­tain regard en Can­nes con su ópe­ra pri­ma Plan 75 (2022), la direc­to­ra japo­ne­sa Chie Haya­ka­wa retor­na con Renoir que el año pasa­do par­ti­ci­pó en la com­pe­ten­cia ofi­cial de dicho pres­ti­gio­so fes­ti­val. Como se ha dado en otros casos de cineas­tas ins­pi­ra­dos en su infan­cia, la direc­to­ra se basó en suce­sos vivi­dos en la suya cuan­do su padre ado­le­ció de una gra­ve enfermedad.

Yui Suzu­ki

La his­to­ria se ubi­ca en los subur­bios de Tokio hacia fina­les de la déca­da del 80 don­de Fuki (Yui Suzu­ki), una niña de 11 años, expe­ri­men­ta la sole­dad de tener a su padre Kei­ji (Lily Franky) hos­pi­ta­li­za­do pade­cien­do de un tumor ter­mi­nal; por su par­te la rela­ción con su madre Uta­ko (Hika­ri Ishi­da) no es lo sufi­cien­te­men­te comu­ni­ca­ti­va por­que para man­te­ner su hogar ella se encuen­tra inmer­sa tra­ba­jan­do como super­vi­so­ra de una com­pa­ñía y ade­más vive angus­tia­da por la dolen­cia de su espo­so. Es así que para con­tra­rres­tar la ausen­cia de su fami­lia Fuki se afe­rra a su des­bor­dan­te ima­gi­na­ción, en gran medi­da ali­men­ta­da con su obse­sión por la muer­te; en tal sen­ti­do en la voz en off ella se pre­gun­ta si real­men­te se sien­te pena por la per­so­na que mue­re o en cam­bio por el vacío que deja en uno mis­mo, por lo que lo mejor es no llo­rar para nada; eso a su vez se com­ple­men­ta con uno de sus escri­tos que lo titu­la “Qui­sie­ra ser huér­fa­na” , hecho que lla­ma la aten­ción de la escue­la a la que asis­te. Simul­tá­nea­men­te la niña se invo­lu­cra en diver­sas situa­cio­nes que refle­jan un extra­ño com­por­ta­mien­to; así ade­más de su rela­ción con una com­pa­ñe­ra de escue­la (Yuu­mi Kaway), su incur­sión en la tele­pa­tía hace que se ofrez­ca como hip­no­ti­za­do­ra de su vecino, o bien en una ins­tan­cia más arries­ga­da esta­ble­ce una cita tele­fó­ni­ca con un pedó­fi­lo (Ryô­ta Ban­dô) a quien lle­ga a visi­tar­lo, crean­do una esce­na de con­si­de­ra­ble tensión.

Cabe acla­rar que el títu­lo del film se debe a que en una esce­na de esca­sos segun­dos Fuki obser­va la repro­duc­ción de la pin­tu­ra “La Peti­te Fille au ruban bleu” rea­li­za­da por el céle­bre artis­ta impre­sio­nis­ta Pie­rre-Augus­te Renoir.

La pelí­cu­la es cons­trui­da median­te una serie de epi­so­dios frag­men­ta­dos que sin una espe­cí­fi­ca ila­ción a veces resul­tan no muy fáci­les de seguir. En con­se­cuen­cia su dis­per­sa narra­ción que en par­tes se vuel­ve difu­sa requie­re pacien­cia para invo­lu­crar­se por com­ple­to en este dra­ma fami­liar; en tal aspec­to hay una vital esce­na rese­ñan­do el víncu­lo que man­tie­ne la japo­ne­si­ta Fuki con su pro­fe­so­ra de inglés don­de apren­de el len­gua­je del due­lo con­ver­san­do en ese idioma.

Sin lle­gar al nivel de su tra­ba­jo pre­ce­den­te Haya­ka­wa per­mi­te que su sen­si­ble pro­pues­ta basa­da en sus recuer­dos tras­cien­da por la impe­ca­ble actua­ción de la peque­ña Suzu­ki quien apor­tan­do su sere­na mira­da ple­na­men­te se pose­sio­na del vai­vén emo­cio­nal de su per­so­na­je duran­te el pro­ce­so de madu­ra­ción enfren­tan­do final­men­te el dece­so de su padre. En suma, a pesar de sus alti­ba­jos, el film no exen­to de sen­si­bi­li­dad logra atraer la aten­ción del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

El Día de la Revelación

DIS­CLO­SU­RE DAY. Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film de Ste­ven Spiel­berg. 145 minutos

Hablar de Ste­ven Spiel­berg es refe­rir­se a una figu­ra icó­ni­ca del cine inter­na­cio­nal. A lo lar­go de seis déca­das, el admi­ra­ble cineas­ta ha sido capaz de satis­fa­cer al públi­co con­si­de­ran­do diver­sos géne­ros. En tal sen­ti­do uno de los tópi­cos abor­da­dos ha sido el de los alie­ní­ge­nas que ofre­ció en dos mag­ní­fi­cas pelí­cu­las como lo fue­ron Clo­se Encoun­ters of the Third Kind (1977) y E.T. (1982). Es así que aho­ra nue­va­men­te se ten­tó por el tema en Dis­clo­su­re Day, su tri­gé­si­mo sép­ti­mo tra­ba­jo. Basa­do en un bos­que­jo con­ce­bi­do por Spiel­berg, el guión per­te­ne­ce a David Koepp quien ha sido su cola­bo­ra­dor en cua­tro ante­rio­res ocasiones.

Con el gran res­pe­to que el genial cineas­ta me mere­ce, este thri­ller de cien­cia fic­ción no alcan­za a satis­fa­cer mis expec­ta­ti­vas. Eso se debe a que si bien hay una pre­mi­sa ini­cial que sus­ci­ta con­si­de­ra­ble inte­rés, la mis­ma se dilu­ye debi­do a que el libre­to des­es­ti­ma las posi­bi­li­da­des que el film podría ofrecer.

La acción se desa­rro­lla en Esta­dos Uni­dos en la épo­ca actual en don­de Daniel Kell­ner (Josh O’Connor), un pres­ti­gio­so mate­má­ti­co, des­pués de 8 años de tra­ba­jo en una gran cor­po­ra­ción pri­va­da y afi­lia­da con agen­cias esta­ta­les deno­mi­na­da “War­dex” ha deja­do su empleo de ciber segu­ri­dad; al hacer­lo ha lle­va­do con­si­go docu­men­tos cla­si­fi­ca­dos que prue­ban la exis­ten­cia de extra­te­rres­tres habi­tan­do en nues­tro pla­ne­ta. Asi­mis­mo Hugo Wake­field (Col­man Domin­go) quien ha sido su jefe, tam­bién ha qui­ta­do la cor­po­ra­ción y cola­bo­ran­do con Daniel lo ins­ta para que esa valio­sa infor­ma­ción sea cono­ci­da públi­ca­men­te median­te su difu­sión en la tele­vi­sión local.

Esa manio­bra hace que Noah Scan­ton (Colin Firth), el alto diri­gen­te de War­dex, empe­ña­do en que la ope­ra­ción que­de encu­bier­ta, per­si­gue tenaz­men­te a Daniel para evi­tar que esos docu­men­tos se conozcan.

Has­ta esta ins­tan­cia del rela­to hay un cier­to sus­pen­so en don­de inci­den­tal­men­te adquie­re pre­sen­cia la novia de Daniel (Eve Hew­son), una fer­vien­te ex novi­cia que teme que la divul­ga­ción de la exis­ten­cia de habi­tan­tes de otros pla­ne­tas con­vi­vien­do con los huma­nos pue­da afec­tar la creen­cia en Dios.

Emily Blunt en DIS­CLO­SU­RE DAY

Simul­tá­nea­men­te se sale al encuen­tro de Mar­ga­ret Fair­child (Emily Blunt), quien en Kan­sas City se desem­pe­ña como meteo­ró­lo­ga de la tele­vi­sión. Encon­trán­do­se en su apar­ta­men­to con su pare­ja (Wyatt Rus­sell), ines­pe­ra­da­men­te se apo­sen­ta un car­de­nal; cuan­do el pája­ro la mira fija­men­te, tras que­dar un tan­to per­ple­ja Mar­ga­ret lle­ga a domi­nar varios idio­mas ade­más de haber adqui­ri­do amplios pode­res psí­qui­cos que la con­vier­ten en una inter­me­dia­ria de seres huma­nos con extraterrestres.

Que­da para el espec­ta­dor des­cu­brir la mane­ra en que la suer­te del genial mate­má­ti­co está estre­cha­men­te liga­da a la de la diná­mi­ca Mar­ga­ret. Lo que sí pue­de anti­ci­par­se es que de aquí en más el rela­to no encuen­tra un foco pre­ci­so en tan­to que adquie­re las carac­te­rís­ti­cas pro­pias de un film de acción nutri­do de cier­tas secuen­cias espec­ta­cu­la­res refle­ja­das en una agi­ta­da per­se­cu­ción auto­mo­vi­lís­ti­ca que se entron­ca con un tren en movimiento.

No obs­tan­te el entre­ve­ra­do guión de esta his­to­ria, Spiel­berg deja en cla­ro su plan­teo de lo que pue­de acon­te­cer cuan­do la ver­dad de los acon­te­ci­mien­tos no lle­ga a ser reve­la­da por los gobier­nos. Dejan­do de lado teo­rías de cons­pi­ra­ción, lo cier­to es que dada la situa­ción actual de con­vi­vir en un con­vul­sio­na­do caos por los con­flic­tos que entur­bian la paz mun­dial, la pro­pues­ta del míti­co rea­li­za­dor, sobre todo en lo que se refle­ja en las últi­mas tras­cen­den­tes secuen­cias del film, es con­si­de­ra­ble­men­te huma­nís­ti­ca, abo­gan­do por la empa­tía y cone­xión huma­na con seres ultraterrestres.

Sin que sor­pren­da a nadie la maes­tría evi­den­cia­da por Spiel­berg a lo lar­go de su sobre­sa­lien­te carre­ra, aquí se rati­fi­ca una vez más su nota­ble domi­nio en la esme­ra­da pues­ta escé­ni­ca del film, así como haber con­vo­ca­do un homo­gé­neo elen­co en don­de neta­men­te se dis­tin­gue el his­trio­nis­mo que Emily Blunt logra en la carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je. En los fac­to­res téc­ni­cos de pro­duc­ción es des­ta­ca­ble la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Janusz Kamins­ki así como la sobria ban­da sono­ra del nota­ble nona­ge­na­rio com­po­si­tor y direc­tor musi­cal John Williams. Jor­ge Gutman

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Lec­tu­ras Prohibidas

LIRE LOLI­TA À TÉHÉ­RAN. Israel-Ita­lia, 2025. Un film de Eran Riklis. 108 minutos

La lite­ra­tu­ra como remar­ca­ble ins­tru­men­to para con­tra­rres­tar la repre­sión polí­ti­ca es el tema que el direc­tor israe­lí Eran Riklis plan­tea en Leer Loli­ta en Teherán

El guión del cineas­ta y Mar­jo­rie David está basa­do en el libro auto­bio­grá­fi­co Reading Loli­ta in Teh­ran: A Memory in Books de la escri­to­ra Azar Nafi­si publi­ca­da en 2003.

Golshif­teh Farahani

Como muchos exila­dos de Irán que vivie­ron en el exte­rior duran­te el régi­men del Sha, la revo­lu­ción islá­mi­ca de 1979 lide­ra­da por el Aya­to­lá Komei­ni moti­va que Azar Nafi­si (Golshif­teh Faraha­ni) des­pués de haber per­ma­ne­ci­do varios años en Esta­dos Uni­dos y gra­dua­da en lite­ra­tu­ra ingle­sa retor­na­ra en 1979 a su tie­rra natal con su mari­do inge­nie­ro civil Bijan Nade­ri (Arash Marandi).

No tar­da­rá mucho tiem­po para que ella como pro­fe­so­ra uni­ver­si­ta­ria de lite­ra­tu­ra vea su ilu­sión des­va­ne­ci­da al tener que con­vi­vir bajo un sis­te­ma de rígi­do gobierno auto­crá­ti­co com­ple­ta­men­te des­li­ga­do de la ver­da­de­ra demo­cra­cia; eso se mani­fies­ta con la impo­si­ción de medi­das repre­si­vas en el que las muje­res son las que más sien­ten dicho impac­to al ser obli­ga­das a uti­li­zar el velo regla­men­ta­rio, sien­do limi­ta­das en lo con­cer­nien­te a su for­ma­ción inte­lec­tual y en gene­ral ten­dien­do a silenciarlas.

Como per­so­na libre e inde­pen­dien­te que con­tra­ría las nor­mas vigen­tes para la mujer en 1995 Azar es expul­sa­da de la uni­ver­si­dad; es enton­ces que deci­de crear un club lite­ra­rio y con tal pro­pó­si­to reúne en su hogar a sus mejo­res alum­nas para que median­te la lec­tu­ra de libros prohi­bi­dos por el régi­men pue­da des­per­tar en ellas la pasión de la literatura.

Riklis estruc­tu­ra su rela­to a tra­vés de seg­men­tos no linea­les don­de cada uno de los mis­mos está refe­ri­do al títu­lo del libro que es leí­do; eso inclu­ye a Orgu­llo y Pre­jui­cio de Jane Aus­ten, Daisy Miller de Henry James, El Gran Gatsby de Scott Fitz­ge­rald y Loli­ta de Vla­di­mir Nabo­kov. Esas nove­las moti­van a que las asis­ten­tes se invo­lu­cren en sus varia­das temá­ti­cas ‑sexua­li­dad, mora­li­dad, matri­mo­nio, amor- des­cu­brien­do de ese modo un mun­do que les era has­ta ese enton­ces des­co­no­ci­do y que les per­mi­te con­ce­bir una nue­va for­ma de con­si­de­rar sus vidas median­te la liber­tad de pensamiento.

Que­da cla­ro el alen­ta­dor men­sa­je del film demos­tran­do el gran poder que ejer­ce la lite­ra­tu­ra esti­mu­lan­do el espí­ri­tu crea­ti­vo en el mar­co de una socie­dad aca­lla­da por el régi­men teocrático.

Des­de un aná­li­sis estric­ta­men­te cine­ma­to­grá­fi­co, hay cier­ta des­igual­dad narra­ti­va en la pues­ta escé­ni­ca del direc­tor lo que afec­ta su flui­dez y a ello se agre­ga que el guión reite­ra situa­cio­nes expues­tas con ante­la­ción alar­gan­do el metra­je inne­ce­sa­ria­men­te. A pesar de estas obje­cio­nes el film ame­ri­ta su visión por su tras­cen­den­cia temá­ti­ca que adquie­re amplia vigen­cia actual demos­tran­do la resi­lien­cia de las muje­res que arries­gan sus vidas para defen­der sus legí­ti­mos dere­chos. Asi­mis­mo el elen­co es otro de los posi­ti­vos valo­res de la pelí­cu­la resal­tan­do la mag­ní­fi­ca actua­ción de Faraha­ni quien trans­mi­te el caris­ma, la inte­li­gen­cia y la elo­cuen­cia que son atri­bu­tos de la per­so­na­li­dad de Azar Nafi­si; par­te del res­tan­te elen­co inte­gra­do por Zar Amir-Ebrahi­mi, Mina Kava­ni, Bahar Beihaghi, Isa­be­lla Nefar, Raha Rah­ba­ri y Lara Wolf, correc­ta­men­te se desem­pe­ñan satis­fac­to­ria­men­te ani­man­do a las dis­cí­pu­las de Nafi­si. Jor­ge Gutman

Una Con­mo­ve­do­ra Tragedia

L’ENFANT BÉLIER / THE SILENT RUN. Bél­gi­ca-Cana­dá, 2025. Un film de Mar­ta Berg­man. 95 minutos.

Un omi­no­so even­to que tuvo lugar en Bél­gi­ca en 2018 es repro­du­ci­do por la direc­to­ra Mar­ta Berg­man en L’Enfant Bélier refle­jan­do el pro­ble­ma de los refu­gia­dos y el accio­nar de la poli­cía inten­tan­do detenerlos.

Zbei­da Belha­ja­mor y Abdal Razak Alsweha

El arti­cu­la­do guión pre­pa­ra­do por la cineas­ta escri­to con Cami­lle Mol, Ely Che­vi­llot y Sacha Fer­bus intro­du­ce a la fami­lia migran­te inte­gra­da por Sara (Zbei­da Belha­ja­mor), Adam (Abdal Razak Als­weha) y la hiji­ta Cla­ra (Cla­ra Toros) de dos años. Pro­ve­nien­tes de Ale­po han deja­do los horro­res de la con­vul­sio­na­da Siria lle­gan­do a Bél­gi­ca como migran­tes ile­ga­les. Des­pués de acam­par en una redu­ci­da tien­da de cam­pa­ña, median­te con­tra­ban­dis­tas loca­les ansían lle­gar a Ingla­te­rra como meta final.

Simul­tá­nea­men­te se obser­va a la poli­cía encar­ga­da de con­tro­lar la migra­ción clan­des­ti­na, en don­de entre otros se hallan el detec­ti­ve Redoui­ne (Salim Kechiou­che) con más de 20 años de ser­vi­cio y sus cole­gas Kevin (Yoann Zim­mer) y Patrick (Michael Abitebout).

Mer­ced a una inves­ti­ga­ción minu­cio­sa efec­tua­da por la cineas­ta, el film ilus­tra los pro­ce­di­mien­tos téc­ni­cos des­ple­ga­dos por la poli­cía bel­ga para loca­li­zar los vehícu­los en el que son trans­por­ta­dos migran­tes indocumentados.

El rela­to adquie­re con­si­de­ra­ble impac­to cuan­do en horas noc­tur­nas la fur­go­ne­ta con­du­ci­da por los tra­fi­can­tes trans­por­tan­do a Sara, Adam, Cla­ra y otros refu­gia­dos, es detec­ta­da por la bri­ga­da poli­cial. En un cli­ma de máxi­ma ten­sión, los dos vehícu­los cir­cu­lan­do por la ruta a máxi­ma velo­ci­dad lle­gan a enfren­tar­se y es enton­ces que el vete­rano Redoui­ne des­em­pu­ña su arma y dis­pa­ra a la camio­ne­ta de los con­tra­ban­dis­tas lle­gan­do a herir gra­ve­men­te a la peque­ña Cla­ra, pro­du­cien­do even­tual­men­te su deceso.

La tra­ge­dia pro­du­ce la deses­pe­ra­ción de Sara que en prin­ci­pio rehú­sa acep­tar que su hija muríó así como la del cons­ter­na­do Adam. Para­le­la­men­te, se obser­va cómo Redoui­ne es enca­ra­do por sus supe­rio­res acon­se­ján­do­le que sea pro­te­gi­do por un abo­ga­do, argu­men­tan­do su desem­pe­ño en el cum­pli­mien­to de su deber. A su vez, el comu­ni­ca­do ofi­cial es des­vir­tua­do al seña­lar que la cria­tu­ra murió a cau­sa de una caí­da pro­du­ci­da en el vehícu­lo trans­por­ta­do. Lo más iró­ni­co de esta tris­te reali­dad resul­ta cuan­do la pri­me­ra minis­tra bel­ga (Nata­li Broods) ofre­ce sus con­do­len­cias a los dolo­ri­dos padres y ade­más les ofre­ce como com­pen­sa­ción un per­mi­so de “per­ma­nen­cia tran­si­to­ria” en Bélgica.

Fil­ma­do con nota­ble sobrie­dad, la direc­to­ra con su pon­de­ra­ble pues­ta escé­ni­ca en la que evi­ta recu­rrir a un arti­fi­cio­so sen­ti­men­ta­lis­mo logra un pode­ro­so dra­ma sus­ten­ta­do por un sóli­do elen­co. Ade­más de la remar­ca­ble actua­ción de Belha­ja­mor vivien­do la horren­da pesa­di­lla de la madre de Cla­ra, es igual­men­te loa­ble el desem­pe­ño de Kechiou­che trans­mi­tien­do en su per­so­na­je el car­go de cul­pa que lo aba­te por haber sido el cau­san­te del crimen.

Con un tema que cier­ta­men­te adquie­re reso­nan­cia actual fren­te a la com­ple­ta des­hu­ma­ni­za­ción sus­ci­ta­da por la polí­ti­ca migra­to­ria de cier­tos paí­ses que no es nece­sa­rio men­cio­nar­los, Berg­man deja entre­ver una vela­da crí­ti­ca a un sis­te­ma de jus­ti­cia en el que que­da absuel­ta la irres­pon­sa­ble actua­ción de las fuer­zas del orden al des­vir­tuar la vera­ci­dad de lo real­men­te acon­te­ci­do. Jor­ge Gutman