Para Sal­var a un Hijo

JUSQUAU BOUT / NOTHING TO LOSE. Fran­cia, 2026. Un film de Ludo­vic Col­beau-Jus­tin y Nawell Madani.100 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Un des­ga­rra­dor rela­to es lo que se apre­cia en la pro­duc­ción de Net­flix Jusqu’au bout en don­de se ilus­tra el apa­sio­na­do amor de una madre por pre­ser­var a su hijo víc­ti­ma de una gra­ví­si­ma dolencia

Gui­llau­me Gouix y Nawell Madani

La pelí­cu­la diri­gi­da por Ludo­vic Col­beau-Jus­tin y Nawell Mada­ni ubi­ca la acción en algún lugar no espe­ci­fi­ca­do de Fran­cia don­de con­vi­ve el matri­mo­nio inte­gra­do por Jada (Nawell Mada­ni) y su mari­do Paul (Gui­llau­me Gouix). En su comien­zo esta pare­ja desea tener hijos pero la infer­ti­li­dad de Jada lo impi­de; con todo, ese obs­tácu­lo logra ser supe­ra­do con la dona­ción de óvu­los obte­ni­da para su fecun­da­ción en vitro; es así que la dul­ce espe­ra se tra­du­ce en una gran feli­ci­dad para los futu­ros padres.

De inme­dia­to, la his­to­ria se desa­rro­lla unos años des­pués, don­de se ve a Jada, que se encuen­tra sepa­ra­da de su espo­so, des­ti­nan­do par­te de su tiem­po como entre­na­do­ra de boxeo a su hiji­to Noa (Paul Fou­ré) de 9 años así como a otros chi­cos de simi­lar edad.

Cuan­do des­pués de uno de los entre­na­mien­tos, el niño cae exte­nua­do, una vez que es aten­di­do por el doc­tor Bon­fan­ti (Nico­las Bria­nçon), él le comu­ni­ca a Jada que Noa está afec­ta­do por una seve­ra leu­ce­mia y por lo tan­to de inme­dia­to debe ser some­ti­do a sesio­nes de qui­mio­te­ra­pia. La noti­ca lle­ga a ator­men­tar a Jada pero delan­te de su hijo lo disi­mu­la para en cam­bio alen­tar­lo hacién­do­le ver que pron­to que­da­rá res­ta­ble­ci­do y aban­do­na­rá el hos­pi­tal. A todo ello, Paul se ente­ra tar­día­men­te de lo que acon­te­ce a Noa e impac­ta­do ante la nefas­ta noti­cia desea que el niño deje de resen­tir­lo por haber esta­do ausen­te de él.

El dra­ma cobra mayor inten­si­dad cuan­do el chi­co empeo­ra y se requie­re con toda urgen­cia efec­tuar­le un tras­plan­te de médu­la; pero para ello es nece­sa­rio encon­trar un donan­te compatible.

Toda la his­to­ria está basa­da a tra­vés de la visión de Jada y en ese aspec­to Nawell Mada­ni ade­más de remar­ca­ble codi­rec­to­ra, ofre­ce una actua­ción insu­pe­ra­ble siguien­do los linea­mien­tos des­crip­tos en el sóli­do guión en el cual tam­bién par­ti­ci­pó con­jun­ta­men­te con Walid Afkir y Moha­med Ben­yekhief. Es asom­bro­so con­tem­plar cómo Mada­ni se pose­sio­na de su per­so­na­je en don­de uno se olvi­da de la actriz para asu­mir que se está vien­do a una real madre cora­je que deses­pe­ra­da­men­te está corrien­do con­tra el reloj lle­gan­do a un esta­do de ena­je­na­ción por lo que recu­rre a medi­das extre­mas con tal de loca­li­zar al donan­te que pue­da man­te­ner con vida a su que­ri­do hijo.

La pelí­cu­la es pro­fun­da­men­te con­mo­ve­do­ra y aun­que se pres­ta para un paño de lágri­mas de modo alguno mani­pu­la a la audien­cia sino que logra empa­ti­zar­la trans­mi­tien­do con asom­bro­so rea­lis­mo la deses­pe­ran­te angus­tia de los padres cuan­do la vida de su hijo peligra.

Esen­cial­men­te, Col­beau-Jus­tin y Mada­ni ofre­cen una his­to­ria pro­fun­da­men­te huma­na de amor paren­tal dejan­do entre­ver cómo el sis­te­ma hos­pi­ta­la­rio uni­do al meca­nis­mo buro­crá­ti­co no pue­de ofre­cer una total ayu­da fren­te a la fal­ta de recur­sos. En tal sen­ti­do, una lla­ma­da de aten­ción se mani­fies­ta en los cré­di­tos fina­les al indi­car que en Fran­cia, unos 500 niños son diag­nos­ti­ca­dos anual­men­te con leu­ce­mia, agre­gan­do que el estu­dio de cán­cer infan­til care­ce de fon­dos. Jor­ge Gutman

Des­vaí­da Come­dia Romántica

LA VÉNUS ÉLEC­TRI­QUE. Fran­cia, 2026. Un film de Pie­rre Sal­va­do­ri. 122 minutos

Habien­do sido la pelí­cu­la de inau­gu­ra­ción del fes­ti­val de Can­nes de este año, La Vénus Élec­tri­que del direc­tor Pie­rre Sal­va­do­ri no lle­ga a entu­sias­mar como come­dia román­ti­ca, no obs­tan­te su pro­mi­so­rio comienzo.

Anaïs Demous­tier en LA VÉNUS ÉLECTRIQUE

El guión del direc­tor escri­to jun­to a Ben­ja­min Char­bit y Benoît Graf­fin ambien­ta la acción en 1928, don­de en su ini­cio se obser­va una feria ambu­lan­te en la ciu­dad de París en la que su direc­tor (Gus­ta­ve Ker­vern) pro­mo­cio­na como gran atrac­ción a Suzan­ne (Anaïs Demous­tier), la Venus Elec­tri­fi­ca­da, invi­tan­do al públi­co a besar­la en sus labios y que al hacer­lo reci­be una leve des­car­ga eléctrica.

En una oca­sión lle­ga al inte­rior de la cara­va­na Antoi­ne (Pio Mar­mai), un pin­tor que ha per­di­do ins­pi­ra­ción quien en esta­do de ebrie­dad con­fun­de a Suzan­ne con Clau­dia (Caro­li­ne Gay), la médium resi­den­te, pidién­do­le que ella le per­mi­ta reco­nec­tar­se con su recien­te falle­ci­da espo­sa Irè­ne (Vima­la Pons). A cam­bio de una bue­na suma que le ofre­ce, Suzan­ne adop­ta la iden­ti­dad de Clau­dia y aun­que sin enten­der mucho del asun­to logra hacer­le ver que pue­de hablar con la difun­ta. Entu­sias­ma­do con esa pri­me­ra sesión, Antoi­ne invi­ta a la supues­ta Clau­dia para que pro­si­gan las sesio­nes espi­ri­tis­tas en su hogar.

Cuan­do Suzan­ne lle­ga a cono­cer al gale­ris­ta de arte Armand (Gilles Lellou­che), él com­prue­ba que Antoi­ne se halla revi­ta­li­za­do como pin­tor a tra­vés de la tarea efec­tua­da por la fal­sa médium; por lo tan­to le soli­ci­ta que con­ti­núe rea­li­zan­do esas sesio­nes para que Antoi­ne pue­da seguir imple­men­tan­do obras de arte; a cam­bio el mar­chand le pro­po­ne ofre­cer a Suzan­ne un por­cen­ta­je de las futu­ras ven­tas de los cua­dros rea­li­za­dos por el pintor.

De allí en más la his­to­ria se des­do­bla cuan­do Suzan­ne encuen­tra dia­rios ínti­mos de Irè­ne; a tra­vés de su lec­tu­ra se impo­ne cómo trans­cu­rrió la vida de la pare­ja y de qué mane­ra ella ins­pi­ró el talen­to de Antoi­ne como artis­ta pic­tó­ri­co; así se esta­ble­ce un curio­so víncu­lo entre la lec­to­ra y la difunta .

Aun­que en prin­ci­pio el inte­rés del film resi­de en la impos­tu­ra de Suzan­ne hacia Antoi­ne, la narra­ti­va de Sal­va­do­ri se resien­te en su segun­da mitad; eso es debi­do a que la flui­da natu­ra­li­dad de las accio­nes se quie­bra en la medi­da que las dos tem­po­ra­li­da­des no están bien ensam­bla­das; a eso cabe agre­gar que la dura­ción del film se extien­de más allá de lo necesario.

No obs­tan­te la con­vic­ción de Mar­mai ani­man­do al deso­la­do pin­tor y la ati­na­da carac­te­ri­za­ción de Demous­tier derro­chan­do picar­día en la frau­du­len­ta per­so­na­li­dad de Suzan­ne, la rela­ción román­ti­ca que final­men­te pre­va­le­ce entre ambos per­so­na­jes no lle­ga a sus­ci­tar la emo­ción capaz de impactar.

Si el pro­pó­si­to de Sal­va­to­re ha sido el de ofre­cer una medi­ta­ción sobre el amor com­bi­na­do con la crea­ción artís­ti­ca, lo que aquí se apre­cia es una des­vaí­da come­dia sen­ti­men­tal aun­que agra­cia­da por la bue­na repro­duc­ción de épo­ca y el acer­ta­do dise­ño de pro­duc­ción. Jor­ge Gutman

Un Film Desconcertante

HER PRI­VA­TE HELL. Dina­mar­ca-Gran Bre­ta­ña, 2026. Un film de Nico­las Win­ding Refn. 109 minutos

Des­pués de haber fil­ma­do The Neon Damon en 2016, el cineas­ta danés Nico­las Win­ding Refn retor­na con Her Pri­va­te Hell, una pelí­cu­la que des­con­cier­ta por com­ple­to. Sal­va­guar­dan­do el dis­tin­ti­vo esti­lo que el direc­tor sue­le impri­mir en sus fil­mes, en este caso la bue­na com­po­si­ción visual resul­ta empa­ña­da por una narra­ti­va dis­pa­ra­ta­da a la vez que irrealista.

Sophie That­cher

Ubi­ca­do en un futu­ro no muy dis­tan­te y en un lugar no iden­ti­fi­ca­do el guión del rea­li­za­dor escri­to con Esti Gior­da­ni pre­sen­ta a Elle (Sophie That­cher) una actriz famo­sa que man­tie­ne una difí­cil rela­ción con su vehe­men­te padre (Dou­gray Scott); lle­gan­do a un sun­tuo­so hotel se encuen­tra con Hun­ter (Kris­ti­ne Fro­seth), una atrac­ti­va joven que va a hacer una pelí­cu­la con ella; a su vez apa­re­ce en el lugar Domi­ni­que (Hava­na Rose Liu), quien fue­ra una gran ami­ga de Elle pero que dejó de ser­lo y aho­ra es su madras­tra por haber­se casa­do con su padre. A todo ello, cun­de en el ambien­te una ansie­dad por la pre­sen­cia de un ase­sino serial cono­ci­do como Leather Man que ata­ca a jóve­nes muje­res. Otro de los per­so­na­jes es un som­brío indi­vi­duo apo­da­do Sol­da­do K (Char­les Mel­ton) que patru­lla la ciu­dad tra­tan­do de loca­li­zar a su peque­ña hija cuya bús­que­da lo con­du­ce a una espi­ral de san­gre y violencia.

A tra­vés de casi dos horas se asis­te a una pelí­cu­la que prác­ti­ca­men­te no tie­ne his­to­ria: capri­cho­sa­men­te entre­la­za inter­ac­cio­nes que se van repi­tien­do entre los pro­ta­go­nis­tas que se ase­me­jan más a mani­quíes que a ver­da­de­ras per­so­nas: para agra­var la situa­ción, los pobres diá­lo­gos que se suce­den en su mayor par­te se mani­fies­tan con voces entre­cor­ta­das que en cier­tas ins­tan­cias da la sen­sa­ción de que estu­vie­ran aullando.

En lo que con­cier­ne a su elen­co, los artis­tas se avie­nen a lo que el flo­jí­si­mo guión les deman­da y en con­se­cuen­cia resul­ta difí­cil esta­ble­cer un víncu­lo emo­cio­nal con sus per­so­na­jes que des­di­bu­ja­da­men­te des­crip­tos care­cen de intros­pec­ción psi­co­ló­gi­ca. En con­se­cuen­cia, nada de lo que aquí se con­tem­pla adquie­re sen­sa­tez y es así que al ter­mi­nar su visión sur­ge la pre­gun­ta ¿Y aho­ra qué?

En suma, lo que aquí se con­tem­pla es una pelí­cu­la abs­trac­ta nutri­da de inne­ce­sa­ria vio­len­cia que deja frus­tra­do al espec­ta­dor no por ser anti­con­ven­cio­nal sino por­que lo deja intri­ga­do por saber cuál es su pro­pó­si­to; eso moti­va a que Her Pri­va­te Hell no enri­quez­ca la fil­mo­gra­fía de Win­ding Refn.

Emo­ti­va Come­dia Dramática

125, RUE DES MALAI­SES. Cana­dá, 2026. Un film de Louis Bélan­ger. 94 minutos

Aun­que parez­ca difí­cil que un tema muy deli­ca­do pue­da refle­jar­se en una come­dia dra­má­ti­ca, en 125 Rue des Malai­ses el direc­tor Louis Bélan­ger per­mi­te que sea factible.

En tér­mi­nos gene­ra­les, la euta­na­sia es una prác­ti­ca que no está per­mi­ti­da para per­so­nas que se encuen­tran en buen esta­do de salud. En todo caso es pre­ci­so hacer abs­trac­ción de esa con­di­ción para sumer­gir­se en la his­to­ria plas­ma­da por Deni­se Robert y tras­la­da­da efi­caz­men­te por Bélanger.

Gene­viè­ve Schmidt

En su comien­zo se obser­va al sep­tua­ge­na­rio inge­nie­ro de soni­do Lau­rent Per­ner (Rémy Girard), bai­lan­do ale­gre­men­te al com­pás de una músi­ca en su cam­pes­tre cha­let bor­dean­do un lago ubi­ca­do en la pro­vin­cia de Que­bec. Sin embar­go las apa­rien­cias enga­ñan; eso acon­te­ce cuan­do lle­ga su hija sol­te­ra Marie-Clau­de (Gene­viè­ve Sch­midt) y des­pués de un rato de amis­to­so reen­cuen­tro él le comu­ni­ca que ha deci­di­do recu­rrir a la ayu­da médi­ca para morir den­tro de pocos días. Natu­ral­men­te la noti­cia deja estu­pe­fac­ta a la mujer al saber que su padre se encuen­tra en bue­nas con­di­cio­nes físi­cas y men­tal­men­te; su pro­ge­ni­tor le expli­ca que él ha sido muy afec­ta­do por el sufri­mien­to que ago­bió a su madre enfer­ma antes de su dece­so como así tam­bién com­pro­bar que uno de sus ami­gos ha per­di­do la memo­ria; es así que está con­ven­ci­do de que su deci­sión es correc­ta y que des­pués de haber vivi­do ple­na­men­te pue­da evi­tar lo que acon­te­ció a su madre. La chi­ca que­da aún más sor­pren­di­da cuan­do arri­ba Jacob Bou­cher (Pier-Luc Funk), otro hijo de Lau­rent que tuvo extra­ma­tri­mo­nial­men­te y que ocul­tó ese hecho a Marie-Clau­de; Jacob que en toda su exis­ten­cia estu­vo ale­ja­do de su padre fue lla­ma­do por él para hacer­le saber su deci­sión de morir anti­ci­pa­da­men­te; esa cir­cuns­tan­cia moti­va a que los her­ma­nas­tros se conoz­can y pron­ta­men­te cimen­ten un víncu­lo de afi­ni­dad. Algo seme­jan­te acon­te­ce con Mar­tin Laga­ce (Clau­de Legault), un buen vecino y ami­go de Lau­rent des­de hace más de dos déca­das quien al ente­rar­se de lo que Lau­rent está deter­mi­na­do a pro­ce­der, lamen­ta de que pron­to deja­rá de ver­lo. El momen­to deci­si­vo se pro­du­ce con la lle­ga­da de la vital nota­ria Chan­tal Pitre (Guy­lai­ne Trem­blay), otra gran ami­ga de Lau­rent, quien con su pre­sen­cia y la de sus dos hijos pro­ce­de a leer el tes­ta­men­to dis­pues­to por él.

Bélan­ger ha reu­ni­do un talen­to­so elen­co don­de tan­to Girard como Sch­midt, Funk, Legault y Trem­blay estan­do ple­na­men­te inmer­sos en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes ofre­cen com­ple­ta auten­ti­ci­dad ade­más de haber recu­rri­do a una mag­ní­fi­ca impro­vi­sa­ción en la con­cep­ción de cier­tas secuencias.

Con una mini­ma­lis­ta pues­ta escé­ni­ca el rea­li­za­dor logra situa­cio­nes de gran emo­ción, inclu­yen­do entre otras las que ema­nan de la lec­tu­ra del tes­ta­men­to como asi­mis­mo cuan­do Jacob y Marie-Clau­de leen la car­ta que cada uno ha reci­bi­do de su padre expre­sán­do­les su pro­fun­do amor.

Más allá de que el film per­mi­te refle­xio­nar sobre si es per­ti­nen­te que una per­so­na sien­do due­ña de su vida ten­ga el dere­cho de deter­mi­nar el momen­to de par­tir, lo cier­to es que Bélan­ger ha brin­da­do una esme­ra­da pelí­cu­la entre­mez­clan­do armo­nio­sa­men­te un chis­pean­te humor que emer­ge en cier­tas esce­nas con otras de gran ter­nu­ra que resue­nan hon­da­men­te en el áni­mo de la audiencia.

Final­men­te, en el rubro téc­ni­co cabe des­ta­car la ban­da sono­ra de Mar­tin y Simon Roy y la par­ti­ci­pa­ción de la pia­nis­ta Vivia­ne Audet ofre­cien­do bellas melo­días com­ple­men­ta­rias que inter­ca­la­das en el rela­to cons­ti­tu­yen un gra­to obse­quio para el oído del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

La Viri­li­dad del Boxeo

LA DAN­SE DES RENARDS. Bél­gi­ca-Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Valery Car­noy. 92 minutos

Des­pués de varios exi­to­sos cor­tos, el cineas­ta bel­ga Valery Car­noy debu­ta en el lar­go­me­tra­je expo­nien­do la otra cara del boxeo en un rela­to depor­ti­vo pocas veces frecuentado.


Samuel Kir­cher

La his­to­ria con­ce­bi­da por Car­noy cen­tra su aten­ción en el joven pugi­lis­ta Cami­lle (Samuel Kir­cher) quien en una escue­la depor­ti­va se des­ta­ca por su gran talen­to en don­de tras varios años de inten­si­vo entre­na­mien­to ha demos­tra­do su inven­ci­bi­li­dad en el ring, es por eso que es admi­ra­do por sus com­pa­ñe­ros y espe­cial­men­te por su ami­go Mat­teo (Fay­cal Ana­flous) que tam­bién es otro de los inter­nos del establecimiento.

Inde­pen­dien­te­men­te de su acti­vi­dad depor­ti­va, el joven vuel­ca su afec­to por los zorros dejan­do en los árbo­les del bos­que ali­men­tos para obser­var cómo los atra­pan. Esa demos­tra­ción de ter­nu­ra le per­mi­te a Cami­lle con­tra­rres­tar el cli­ma de tóxi­ca mas­cu­li­ni­dad impe­ran­te en el ambien­te del internado.

La vida nor­mal del boxea­dor se ve obs­trui­da cuan­do pasean­do por el bos­que con Mat­teo, cae en un escar­pa­do acan­ti­la­do, sien­do res­ca­ta­do por su ami­go. Si bien el acci­den­te le deja algu­nas heri­das de las que va recu­pe­rán­do­se, cier­tos sín­to­mas psi­co­so­má­ti­cos hacen pre­sa de su per­so­na; eso se evi­den­cia a tra­vés de ata­ques de páni­co y su inse­gu­ri­dad de poder actuar en futu­ros com­ba­tes, a pesar de los esfuer­zos de su entre­na­dor Bog­dan (Bap­tis­te Durand), quien tra­ta de encon­trar la cau­sa del extra­ño com­por­ta­mien­to de su discípulo.

De allí en más el rela­to rese­ña cómo la vul­ne­ra­bi­li­dad de Cami­lle con­du­ce a que sus com­pa­ñe­ros comien­cen a des­pla­zar­lo a tra­vés de acti­tu­des de des­pre­cio y de humi­lla­ción públi­ca, con excep­ción de Mat­teo y de Yas­mi­na (Anna Hec­kel), la joven estu­dian­te de músi­ca con la cual sim­pa­ti­za Así, la secue­la del acci­den­te del otro­ra bri­llan­te lucha­dor al tam­ba­lear su for­ta­le­za físi­ca y su esta­do de ines­ta­bi­li­dad emo­cio­nal afec­ta los códi­gos de viri­li­dad que requie­re el boxeo.

Si bien resul­ta intere­san­te la ana­to­mía de la mas­cu­li­ni­dad que el cineas­ta ofre­ce en su guión, es impor­tan­te tener en cuen­ta que en las últi­mas déca­das se han des­ta­ca­do lucha­do­ras muje­res que han lle­ga­do a la cús­pi­de del boxeo pro­fe­sio­nal. Cla­ro está que ese hecho no ate­núa los méri­tos de esta ópe­ra pri­ma agra­cia­da por su enco­mia­ble pues­ta escé­ni­ca que ape­lan­do a una sucin­ta y efec­ti­va narra­ción trans­mi­te con nota­ble sen­si­bi­li­dad la psi­co­lo­gía de Cami­lle. En tal sen­ti­do. es remar­ca­ble la inter­pre­ta­ción de Kir­cher al haber mag­ní­fi­ca­men­te cap­ta­do la gama de varia­dos sen­ti­mien­tos expe­ri­men­ta­dos por el trau­ma psi­co­ló­gi­co de su per­so­na­je que en ple­na cri­sis emo­cio­nal inten­ta for­jar una nue­va identidad.

Sin pre­ten­cio­si­dad algu­na La Dan­se des Renards repre­sen­ta un buen apor­te cine­ma­to­grá­fi­co de Car­noy a la vez que cons­ti­tu­ye un ante­ce­den­te posi­ti­vo para sus futu­ros pro­yec­tos. Jor­ge Gutman

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