Un Nar­ci­sis­ta Manipulador

RED ROC­KET. Esta­dos Uni­dos, 2020. Un film de Sean Baker. 128 minutos

Des­pués de haber impre­sio­na­do gra­ta­men­te con The Flo­ri­da Pro­ject (2017), el rea­li­za­dor Sean Baker retor­na con Red Roc­ket, don­de nue­va­men­te con­si­de­ra las con­di­cio­nes de vida de cier­tos sec­to­res des­fa­vo­re­ci­dos de Esta­dos Unidos.

Simon Rex

Con la par­ti­ci­pa­ción del guio­nis­ta Chris Ber­goch, Baker ubi­ca la acción en la peque­ña ciu­dad de Texas City duran­te el verano de 2016. Mic­key Saber (Simon Rex) de 39 años, tras haber tra­ba­ja­do en Holly­wood como actor porno de segun­da cate­go­ría, aho­ra se encuen­tra en deca­den­cia; retor­nan­do a su hogar natal des­pués de 17 años de ausen­cia apa­re­ce en la puer­ta de la casa de su dis­tan­cia­da mujer Lexi (Bree Elrod) sin avi­so pre­vio, adu­cien­do que desea vol­ver a con­vi­vir con ella. Tan­to Lexi como su madre (Bren­da Deiss), con quien resi­de, no quie­ren saber nada de él, pero des­pués de pro­me­ter­les que paga­rá el arrien­do de la vivien­da, Mikey logra ser acep­ta­do; no tar­da mucho para que él y su espo­sa estén sumi­dos en un ardien­te amor físi­co, como si nada ante­rior hubie­ra acontecido.

Aun­que en prin­ci­pio uno podría sim­pa­ti­zar con las tác­ti­cas que este suje­to uti­li­za para sobre­vi­vir, en par­te nego­cian­do la marihua­na que le pro­vee Leon­dra (Judy Hill), una tra­fi­can­te de la zona, pron­ta­men­te Mic­key reve­la su care­ta de men­ti­ro­so, nar­ci­sis­ta y deli­ran­te. Eso se mani­fies­ta cuan­do en una tien­da de donuts del lugar entra en con­tac­to con la caje­ra Ray­lee (Suzan­na Son) — de sobre­nom­bre Straw­berry- de 17 años de edad sien­do atraí­do por su belle­za e ino­cen­cia; a tra­vés de sus fre­cuen­tes visi­tas al lugar, logra con­quis­tar­la con su son­ri­sa y enga­tu­sa­do­ra sim­pa­tía. Sin ir más lejos él ve en la joven­ci­ta la opor­tu­ni­dad de retor­nar a Holly­wood con ella y uti­li­zar­la como la suges­ti­va actriz de su pró­xi­mo pro­yec­to pornográfico.

La anéc­do­ta cen­tral del rela­to per­mi­te a Baker echar una nue­va mira­da de la Amé­ri­ca pro­fun­da a tra­vés de sus per­so­na­jes que sin lle­gar a juz­gar­los, refle­jan el des­arrai­go y la fal­ta de opor­tu­ni­dad de una comu­ni­dad pro­le­ta­ria mar­gi­na­da que dejó atrás el sue­ño ame­ri­cano. Sin nada que per­der, sus inte­gran­tes apues­tan por un cam­bio de timón para pro­bar mejor suer­te, de allí que duran­te la cam­pa­ña elec­to­ral pre­si­den­cial que se esta desa­rro­llan­do les pue­da resul­tar ten­ta­dor los dis­cur­sos de Trump con su slo­gan de Make Ame­ri­ca Great Again (Que Amé­ri­ca vuel­va a ser gran­de)

A nivel de inter­pre­ta­ción, Rex trans­mi­te bri­llan­te­men­te la amo­ra­li­dad de un per­so­na­je ego­cen­tris­ta sin reden­ción algu­na; por su par­te Son apor­ta lumi­no­si­dad y ter­nu­ra como la vul­ne­ra­ble joven que a la pos­tre demues­tra que no es tan ino­cen­te como se creía fren­te a su caris­má­ti­co seduc­tor; en tal sen­ti­do, es apre­cia­ble la bue­na quí­mi­ca que exis­te entre ambos personajes.

A pesar de que su dura­ción es más lar­ga de lo real­men­te nece­sa­rio, la inter­ca­la­ción de algu­nas hila­ran­tes situa­cio­nes miti­ga ese menor incon­ve­nien­te sin afec­tar la cali­dad del fillm. Con su dis­tin­ti­vo esti­lo Baker ofre­ce una acer­ta­da pin­tu­ra rea­lis­ta de la Amé­ri­ca que el turis­ta des­co­no­ce en don­de el “sál­ve­se quien pue­da” pare­ce ser la nor­ma para esca­par de la ocul­ta pobre­za. Jor­ge Gutman

El Calle­jón de las Almas Perdidas

NIGHT­MA­RE ALLEY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Gui­ller­mo del Toro. 150 minutos

Cua­tro años des­pués de haber roda­do The Sha­pe of Water que obtu­vo el tro­feo del Oscar al mejor film, el pres­ti­gio­so rea­li­za­dor mexi­cano Gui­ller­mo del Toro retor­na con Night­ma­re Alley, un thri­ller psi­co­ló­gi­co basa­do en la nove­la de William Lind­say Gresham publi­ca­da en 1946.

La adap­ta­ción efec­tua­da por el cineas­ta y Kim Mor­gan cons­ti­tu­ye una nue­va ver­sión de la rea­li­za­da en 1947 por el direc­tor Edmund Goul­ding con la inter­pre­ta­ción pro­ta­gó­ni­ca de Tyro­ne Power, en don­de nue­va­men­te resal­ta el nivel de degra­da­ción moral que envuel­ve a varios de sus personajes.

Brad­ley Cooper

La acción comien­za en 1939 en una feria de cir­co de Chica­go don­de lle­ga Stan­ton (Brad­ley Cooper), un vaga­bun­do aven­tu­re­ro con un pasa­do no muy cla­ro. Atraí­do por el espec­tácu­lo pro­mo­cio­na­do por un hábil pre­go­ne­ro (William Dafoe), logra ser reclu­ta­do como ayu­dan­te de la cla­ri­vi­den­te Zee­na (Toni Collet­te); pron­ta­men­te se con­vier­te en su aman­te a pesar de que ella con­vi­ve con su alcohó­li­co mari­do Pete (David Strathairn) quien posee un libro deta­llan­do los intri­ca­dos pasos a adop­tar para con­ver­tir­se en men­ta­lis­ta. Como buen apren­diz, Stan­ton se impo­ne de los gajes del ofi­cio para ser un efi­cien­te lec­tor de la men­te y poder enga­ñar a la audien­cia. Al poco tiem­po logra con­quis­tar el cora­zón de Molly (Roo­ney Mara), una de las par­ti­ci­pan­tes del show, que lle­ga­rá a ser su mujer.

La pri­me­ra par­te que está nutri­da con los dife­ren­tes núme­ros del espec­tácu­lo cir­cen­se se alar­ga dema­sia­do y al vol­ver­se repe­ti­ti­va afec­ta el rit­mo del rela­to. Es a par­tir de la segun­da mitad que trans­cu­rre en 1941 don­de la his­to­ria adquie­re mayor interés.

Des­pués de haber con­ven­ci­do a Molly de dejar la feria, ambos aho­ra están ins­ta­la­dos en la ciu­dad de Búfa­lo don­de Stan­ton habien­do mon­ta­do su pro­pio espec­tácu­lo en el mun­do del vode­vil delei­ta como men­ta­lis­ta a un públi­co sofis­ti­ca­do; es así como su actua­ción cap­ta la aten­ción de Lilith (Cate Blan­chett), una psi­quia­tra que ha des­cu­bier­to sus patra­ñas y lo supera en ambición.

A par­tir de allí y dejan­do de lado a su espo­sa, Stan­ton man­tie­ne una rela­ción par­ti­cu­lar­men­te sin­gu­lar con esta doc­to­ra, don­de cada uno de ellos encuen­tra estí­mu­los para sacar el mejor pro­ve­cho de esta aso­cia­ción; en con­se­cuen­cia con­vie­nen en explo­tar la bue­na fe de Ezra (Richard Jen­kins), un cré­du­lo millo­na­rio que es pacien­te de la psi­quia­tra, a quien ter­mi­nan esquil­mán­do­lo. Si en prin­ci­pio el víncu­lo entre el embau­ca­dor y la deni­gran­te pro­fe­sio­nal mar­cha sobre rue­das, no tar­da mucho para que entre ambos sur­jan irre­con­ci­lia­bles dife­ren­cias que con­du­ci­rán a un inexo­ra­ble final.

Ale­ján­do­se en esta opor­tu­ni­dad del cine fan­tás­ti­co al cual es adep­to y ajus­tán­do­se a lo que Grasham des­ta­ca en la nove­la ori­gi­nal, Del Toro ofre­ce una lec­tu­ra som­bría del ser humano a tra­vés de la pre­sen­cia dia­bó­li­ca del mal. No es la pri­me­ra vez que en su fil­mo­gra­fía abor­da a per­so­na­jes som­bríos, pero en este caso la narra­ción es un tan­to fría sin per­mi­tir que exis­ta la emo­ción nece­sa­ria para invo­lu­crar­se con las per­so­na­li­da­des de sus pro­ta­go­nis­tas que van tran­si­tan­do por un calle­jón de almas per­di­das. El elen­co de pri­me­ras figu­ras es muy bueno con un Cooper impe­ca­ble aun­que debi­do a la insu­fi­cien­cia del guión no alcan­za la com­ple­ta enver­ga­du­ra dra­má­ti­ca logra­da por Power en el mis­mo rol; cier­ta­men­te quien más se luce es Blan­chett como la cal­cu­la­do­ra y mani­pu­la­do­ra mujer fatal que no tie­ne escrú­pu­los para ejer­cer su pro­fe­sión malévolamente.

Como es usual en la fil­mo­gra­fía del rea­li­za­dor, Del Toro no esca­ti­ma deta­lle alguno para brin­dar a este dra­ma una sin­gu­lar belle­za visual median­te la esme­ra­da foto­gra­fía de Dan Laus­ten y el dise­ño de pro­duc­ción de Tama­ra Deve­rell que per­mi­ten crear una expre­si­va visión atmos­fé­ri­ca de la épo­ca en que trans­cu­rre el rela­to. Jor­ge Gutman

La Hija Perdida

THE LOST DAUGH­TER. Esta­dos Uni­dos-Gre­cia, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Mag­gie Gyllenhaal. 121 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Net­flix a par­tir del 31 de diciembre

En su debut como rea­li­za­do­ra la talen­to­sa actriz Mag­gie Gyllenhaal deci­dió tras­la­dar a la pan­ta­lla la nove­la de Ele­na Ferran­te La Figlia oscu­ra de 2006 cuyo tema cen­tral es el de la maternidad.

Oli­via Colman

En la adap­ta­ción efec­tua­da por Gyllenhaal se sigue las tri­bu­la­cio­nes de una mujer en dos momen­tos de su vida. En el pre­sen­te se obser­va a Leda (Oli­via Col­man), una mujer de 48 años pro­fe­so­ra de lite­ra­tu­ra en la Uni­ver­si­dad de Cam­brid­ge en Mas­sa­chu­setts, que se encuen­tra de vaca­cio­nes en una isla grie­ga; ella está ins­ta­la­da en una caso­na cuyo pro­pie­ta­rio (Ed Harris), es un afa­ble ame­ri­cano que vive allí des­de hace tiem­po. Pron­to se habrá de saber que Leda tie­ne dos hijas, Blan­ca de 25 años y Martha de 23, con las que guar­da cier­ta distancia.

Dis­pues­ta a gozar de la pla­ya, su tran­qui­li­dad se ve alte­ra­da con la lle­ga­da de una bulli­cio­sa fami­lia neo­yor­ki­na; eso le per­mi­te obser­var a Nina (Dako­ta John­son), una de sus inte­gran­tes, lidian­do con su inquie­ta y tra­vie­sa hiji­ta Ele­na. Cuan­do la niña repen­ti­na­men­te des­apa­re­ce pro­vo­can­do la angus­tia de su madre, Leda logra encon­trar­la y antes de devol­ver­la a sus padres guar­da con­si­go la muñe­ca de Elena.

El víncu­lo que sur­ge entre las dos muje­res, en gran par­te debi­do al com­por­ta­mien­to de Nina hacia su hija, moti­va a que Leda recuer­de su pasa­do con res­pec­to al tra­ta­mien­to que ella adop­tó con sus pro­pias hijas cuan­do eran peque­ñas. Median­te flas­backs se ve a la joven Leda (Jes­sie Buc­kley), casa­da y madre de dos niñas a las que prác­ti­ca­men­te no lle­ga a tole­rar­las; prio­ri­zan­do fun­da­men­tal­men­te su carre­ra aca­dé­mi­ca no tie­ne repa­ros en dejar su hogar y fami­lia con tal de cum­plir con sus metas de mujer inte­lec­tual e inde­pen­dien­te; en ese inter­ín lle­ga­rá a cono­cer en un con­gre­so al cate­drá­ti­co pro­fe­sor Hardy (Peter Sars­gard) a quien res­pe­ta y admira.

Vol­vien­do al pre­sen­te, se apre­cia cómo esos recuer­dos comien­zan a des­es­ta­bi­li­zar a esta enig­má­ti­ca mujer que gra­dual­men­te va adop­tan­do un com­por­ta­mien­to absur­da­men­te extra­ño bor­dean­do con la psicopatía.

Quien no haya leí­do la nove­la de Ferran­te, le será difí­cil lle­gar a com­pren­der la acti­tud ambi­gua de Leda; no hay nada que pue­da jus­ti­fi­car el haber ocul­ta­do la muñe­ca a la que Ele­na esta­ba ape­ga­da, en tan­to que su fami­lia tra­ta esfor­za­da­men­te de hallar­la; menos cla­ro es el flir­teo que man­tie­ne con un joven can­ti­ne­ro de la pla­ya (Paul Mes­cal). A ello se agre­ga una esce­na com­ple­ta­men­te banal en la que ella acu­de a una sala de cine.

A tra­vés del rela­to Leda no es juz­ga­da ni como bue­na ni mala madre, como tam­po­co pare­ce que a tra­vés de sus recuer­dos emer­ja un sen­ti­mien­to de cul­pa o arre­pen­ti­mien­to por el aban­dono de sus hijas; de allí que resul­te difí­cil com­pe­ne­trar­se con este per­so­na­je. En últi­ma ins­tan­cia, este thri­ller psi­co­ló­gi­co resal­ta la difi­cul­tad de una mujer en con­ci­liar la mater­ni­dad con el ejer­ci­cio de una pro­fe­sión que la man­ten­ga exi­to­sa y libre de cual­quier pre­jui­cio sexista.

Los méri­tos del film no des­can­san en su tra­ma sino en la esme­ra­da pues­ta escé­ni­ca de la novel rea­li­za­do­ra, la bri­llan­te actua­ción de Col­man así como el remar­ca­ble desem­pe­ño de Buc­kley. Jor­ge Gutman

Amor Sin Barreras

WEST SIDE STORY. Esta­dos Uni­dos, 2021. Un film de Ste­ven Spielberg.154 minutos

Si aca­so podía exis­tir algún temor de que esta nue­va ver­sión cine­ma­to­grá­fi­ca de West Side Story pudie­se resul­tar infe­rior a la pelí­cu­la homó­ni­ma de Robert Wise y Jero­me Rob­bins de 1961 que obtu­vo 10 Oscar inclui­do al de mejor film, las dudas des­apa­re­cen por com­ple­to apre­cian­do el exce­len­te logro obte­ni­do por el emi­nen­te rea­li­za­dor Ste­ven Spielberg.

Apo­ya­do por la glo­rio­sa músi­ca de Leo­nard Berns­tein y la remar­ca­ble letra del gran com­po­si­tor Stephen Sondheim recien­te­men­te falle­ci­do, el direc­tor ha con­ta­do con la valio­sa cola­bo­ra­ción de Tony Kush­ner para ofre­cer un dra­ma de nota­ble enver­ga­du­ra; así, la pre­sen­te adap­ta­ción ‑siem­pre basa­da en la pie­za tea­tral ori­gi­nal de Arthur Lau­rents- adquie­re rele­van­cia por algu­nas acer­ta­das modi­fi­ca­cio­nes intro­du­ci­das, entre ellas el dar­le mayor car­na­du­ra a los per­so­na­jes latinos.

La his­to­ria ins­pi­ra­da en la román­ti­ca tra­ge­dia sha­kes­pe­ria­na de Romeo y Julie­ta, se desa­rro­lla en el Upper West Side de Manhat­tan de la déca­da del 50 que se ase­me­ja a un terreno de com­ba­te. En ese lugar con­vi­ven dos gru­pos juve­ni­les que son irre­con­ci­lia­bles enemi­gos: por un lado están los Jets, inte­gra­dos por mucha­chos des­cen­dien­tes de fami­lias blan­cas de Euro­pa; por el otro se encuen­tran los Sharks, con­for­ma­do por por­to­rri­que­ños quie­nes son dis­cri­mi­na­dos por sus con­trin­can­tes por no ser con­si­de­ra­dos ame­ri­ca­nos de pura cepa. Tenien­do eso en cuen­ta, Spiel­berg y Kush­ner deci­die­ron que con­si­de­ra­ble par­te del diá­lo­go man­te­ni­do por los Sharks se efec­túe en espa­ñol y que los inte­gran­tes de ambas ban­das calle­je­ras fue­sen carac­te­ri­za­dos por acto­res de la mis­ma edad bio­ló­gi­ca de sus per­so­na­jes; como con­se­cuen­cia, esta nue­va ver­sión gene­ra mayor autenticidad.

Ansel Elgort y Rachel Zegler

No es nece­sa­rio deta­llar el argu­men­to de esta nue­va adap­ta­ción don­de al igual que en la de 1961 Romeo es el Jet Tony (Ansel Elgort) y Julie­ta la por­to­rri­que­ña María (Rachel Zegler) cuyo her­mano Ber­nar­do (David Álva­rez) que lide­ra el gru­po de los Sharks, se opo­ne y prohí­be fir­me­men­te la rela­ción amo­ro­sa de ambos enamorados.

La glo­rio­sa músi­ca de Berns­tein es eje­cu­ta­da por la Orques­ta Filar­mó­ni­ca de Nue­va York diri­gi­da por el maes­tro Gus­ta­vo Duda­mel y cuen­ta con una coreo­gra­fía mara­vi­llo­sa de Jus­tin Peck basa­da en la ori­gi­nal de Jero­me Rob­bins, cuyo pri­mer ballet -The Dan­ce at the Gym, mez­cla de mam­bo y jazz- es sen­ci­lla­men­te deslumbrante.

Aria­na DeBose

Uno de los gran­des méri­tos de Spiel­berg es haber con­ta­do con un elen­co inte­gra­do por dúc­ti­les acto­res que sin dobla­je alguno ento­nan con brío las mara­vi­llo­sas can­cio­nes del com­po­si­tor ame­ri­cano. Así Zegler en su exi­to­so debut para el cine encan­ta en la inter­pre­ta­ción de I Feel Pretty; algo seme­jan­te acon­te­ce con Elgort en Somethin­g’s Coming, Maria y jun­to a Zegler ento­nan­do Tonight, no menos rele­van­te es la exce­len­te actua­ción de Aria­na DeBo­se, la aplau­di­da artis­ta de Broad­way, can­tan­do Ame­ri­ca que es sin duda el más espec­ta­cu­lar de los núme­ros musicales.

En esta adap­ta­ción Kush­ner deci­dió eli­mi­nar el per­so­na­je de Doc, el ame­ri­cano due­ño de una dro­gue­ría del barrio, para en cam­bio incor­po­rar el per­so­na­je de Valen­ti­na, su viu­da por­to­rri­que­ña inter­pre­ta­do por Rita Moreno; resul­ta emo­ti­vo vol­ver a con­tem­plar a esta actriz que habien­do dado vida a Ani­ta ‑la gran ami­ga de María- en la ver­sión de 1961 aho­ra con sus casi 90 años inte­gra nue­va­men­te el elen­co can­tan­do mara­vi­llo­sa­men­te el her­mo­so tema Somewhe­re. Entre las esce­nas tier­nas del rela­to se des­ta­ca la cáli­da rela­ción que Valen­ti­na man­tie­ne con su emplea­do Tony en la far­ma­cia que here­dó de su espo­so; habien­do sido el mucha­cho un delin­cuen­te juve­nil, aho­ra ella lo alec­cio­na para que pro­si­ga por el buen camino y se man­ten­ga apar­ta­do del odio que alien­ta a las dos ban­das rivales.

Spiel­berg ha sabi­do crear un ver­da­de­ro cli­ma de ten­sión en el con­ti­nuo enfren­ta­mien­to de las pato­tas anta­gó­ni­cas que se inten­si­fi­ca en los últi­mos minu­tos del rela­to cul­mi­nan­do en una esce­na dra­má­ti­ca­men­te conmovedora.

¿Valió la pena una nue­va adap­ta­ción seis déca­das des­pués de la pre­ce­den­te? Dada la maes­tría del míti­co rea­li­za­dor a tra­vés del tra­ta­mien­to brin­da­do, la res­pues­ta es un con­tun­den­te SI. Ilus­tran­do el pre­jui­cio, la ani­mo­si­dad racial y la into­le­ran­cia que sub­ya­cen en esta his­to­ria, no es arries­ga­do afir­mar que, aun­que en menor dimen­sión, esos males aún per­sis­ten en la Amé­ri­ca del siglo XXI.

En suma, la con­jun­ción de la inol­vi­da­ble músi­ca, impo­nen­tes dan­zas, esme­ra­da rea­li­za­ción, estu­pen­dos diá­lo­gos y las irre­pro­cha­bles actua­cio­nes de Zegler, Elgort, DeBo­se, Álva­rez, Moreno y el res­to del elen­co inclu­yen­do a Mike Faist, Brian d’Arcy James y Corey Stoll, con­du­cen a que ésta sea una de las mejo­res pelí­cu­las del año. La úni­ca obje­ción que mere­ce es la deci­sión de Spiel­berg de no haber que­ri­do sub­ti­tu­lar los diá­lo­gos en espa­ñol, pri­van­do dis­fru­tar de los mis­mos a la audien­cia que no domi­na la len­gua de Cer­van­tes. Jor­ge Gutman

Un Bello Rela­to Animado

JOSEP. Fran­cia-Espa­ña-Bél­gi­ca, 2020. Un film de Aurel. 74 minutos

La Gue­rra Civil de Espa­ña es nue­va­men­te con­si­de­ra­da como telón de fon­do en Josep, un bello y lumi­no­so film de ani­ma­ción rea­li­za­do por el dibu­jan­te y cari­ca­tu­ris­ta Auré­lien Fro­ment, más cono­ci­do artís­ti­ca­men­te como Aurel.

Cuan­do Espa­ña sucum­be ante el régi­men fran­quis­ta, en febre­ro de 1939 apro­xi­ma­da­men­te 50.000 repu­bli­ca­nos cru­zan­do los Piri­neos lle­ga­ron a Fran­cia como refu­gia­dos sien­do inter­na­dos en cam­pos vigi­la­dos por tro­pas fran­ce­sas. Entre los mis­mos se encon­tra­ba el nota­ble dibu­jan­te y pin­tor bar­ce­lo­nés Josep Bar­to­li (1910 – 1995).

Una esce­na de JOSEP

En un rela­to de fic­ción basa­do en el guión de Jean-Louis Mile­si, se asis­te a la expe­rien­cia vivi­da por este artis­ta (voz de Ser­gi López) don­de a pesar de los malos tra­tos reci­bi­dos por sus guar­dia­nes, encuen­tra solaz en los dibu­jos que va efec­tuan­do basa­dos en lo que obser­va en su lugar de cau­ti­ve­rio. Afor­tu­na­da­men­te su tra­ba­jo con­ci­ta la aten­ción de Ser­ge (voz de Bruno Solo), un bon­da­do­so gen­dar­me fran­cés con quien lle­ga a cimen­tar una sóli­da amis­tad y que ade­más tra­ta­rá de loca­li­zar a María Val­dés, la novia de Josep que en esta­do de emba­ra­zo des­apa­re­ció duran­te el dra­má­ti­co éxo­do. La noble­za de Ser­ge que­da rati­fi­ca­da al ayu­dar a su ami­go a esca­par de su pri­sión logran­do así sal­var su vida que pro­ba­ble­men­te la hubie­se per­di­do duran­te la Segun­da Gue­rra. Lle­ga­do a Méxi­co, Bar­to­li se vin­cu­la con Fri­da Kah­lo (voz de Sil­via Pérez Cruz) y es allí don­de gra­cias a la gran pin­to­ra se publi­ca la colec­ción de sus excep­cio­na­les dibu­jos en el álbum Cam­pos de Con­cen­tra­ción refle­jan­do la reali­dad que a él y sus com­pa­trio­tas les tocó vivir en el for­za­do encierro.

Simul­tá­nea­men­te la his­to­ria se desa­rro­lla en la épo­ca actual don­de Valen­tin (voz de David Mar­sais), un ado­les­cen­te fran­cés adep­to a los dibu­jos, se diri­ge con sus padres a visi­tar a Ser­ge (voz de Gérard Her­nán­dez), su abue­lo materno. Es allí que el nie­to obser­van­do los dibu­jos que tie­ne en su casa escu­cha aten­ta­men­te el rela­to del ago­ni­zan­te anciano reme­mo­ran­do su expe­rien­cia como gen­dar­me en el cam­po de con­cen­tra­ción de Rive­sal­tes, su amis­tad con Bar­to­li, como así tam­bién la cul­pa­bi­li­dad de los car­ce­le­ros en el tra­to dis­pen­sa­do a los asi­la­dos españoles.

En poco más de una hora de metra­je Aurel con extre­ma meticu­losi­dad uti­li­za varia­das téc­ni­cas de ani­ma­ción para inser­tar los dibu­jos de Josep duran­te las dife­ren­tes eta­pas de su vida. Con las pre­ci­sas voces que ani­man a los per­so­na­jes, el film se enri­que­ce con los efec­tos de una exce­len­te ban­da sono­ra con la bue­na músi­ca de Sil­via Pérez Cruz. El resul­ta­do glo­bal es un film vibran­te, emo­ti­vo y humano rese­ñan­do el poder del arte como enri­que­ce­dor del espí­ri­tu, el valor de la amis­tad y cómo en cier­tas situa­cio­nes la resi­lien­cia pue­de sobre­lle­var las penu­rias sufri­das de quie­nes tuvie­ron que esca­par de la dic­ta­du­ra fran­quis­ta. Jor­ge Gutman