Crónica de Jorge Gutman
El documental Ex Libris ‑The New York Public Library (Estados Unidos), del octogenario realizador Frederick Wiseman es una obra de arte que sin duda satisfará al público más exigente. A pesar de sus 3 horas y 17 minutos de duración no hay un solo momento en que el interés decaiga debido al tradicional esmero del excepcional documentalista cuidando de que no existan tiempos muertos. Como su título lo indica, el documental se refiere a la gran biblioteca pública neoyorkina ubicada en el 476 de la 5ta. Avenida de Manhattan como así también a las múltiples facetas que se aprecian en algunas de sus 87 sucursales ubicadas en la ciudad; al hacerlo, como ya es su norma, Wiseman imprime una gran humanidad a lo que expone.
Teniendo en cuenta que esta biblioteca ‑la cuarta más grande del mundo- está al servicio de la cultura pública, su función no se limita a permitir que el público acuda a sus salones para la lectura, préstamo de libros, CDs y material de video. A través de lo que se aprecia, la institución realiza una labor didáctica, altamente educacional y profundamente social observando las actividades vinculadas con infantes, chicos, adolescentes y adultos de toda edad incluyendo a los invidentes con las clases impartidas para que puedan leer en Braille. A todo ello es extraordinariamente meritorio que la asociación de esta institución con otros organismos culturales, como lo es por ejemplo el Lincoln Center, permita que el público pueda asistir a conciertos gratuitos, o bien participar en mesas redondas analizando los méritos del realismo mágico a través de la novela de Gabriel García Márquez “El Amor en los Tiempos del Cólera”.
La riqueza del film igualmente se debe a las visitas realizadas por un buen número de expositores donde a través de sus conferencias, el púbico tiene la oportunidad de apreciar temas de indiscutible interés, como es el caso del renombrado biólogo evolutivo Richard Dawkins exponiendo su punto de vista crítico sobre la teoría creacionista. No menos atractiva es la participación del músico Elvis Costello, así como la del poeta Miles Hodges.
El documental muestra algunas de las conversaciones que tienen lugar entre los miembros del consejo de administración de la institución en relación al financiamiento del sector púbico que alcanza a un 60% y a la posibilidad de aumentar las donaciones privadas; otro tema de discusión está referido a la mejor forma de satisfacer a la nueva generación de lectores de la era digital mediante el empleo de libros electrónicos.
Wiseman no interviene en momento alguno, dejando que su cámara y el director de fotogorafía John Davey capten las imágenes de los libros, de la gente ávida de conocimientos y en general de sus diferentes actividades culturales, como medio contundente para solidificar la democratización de la sociedad.
Gracias a este gran maestro del cine el espectador accede a un documental fascinante y absorbente que le hace conocer valiosos aspectos inéditos de esta magna institución pública.
El celebrado realizador y guionista Hirokazu Kore-eda por primera vez incursiona en un tema policial con The Third Murder (Japón) que en ciertos momentos parece remontarse a algunos de los relatos de Agatha Christie, aunque de ningún modo alcanza el nivel de excelencia de la extraordinaria novelista británica. No es indiscreción alguna revelar que en la primera escena se contempla a Misumi (Köji Yakusho), un criminal que en un lugar descampado roba y mata a un industrial. Como lo indica su título se trata de un tercer asesinato porque en el pasado ya había registrado otros dos crímenes que le valió 30 años de prisión. No hay en principio intriga alguna ya que Misumi confiesa ante la autoridad policial que él ha sido el asesino y la audiencia no duda de tal hecho.

Masaharu Fukuyama en THE THIRD MURDER
La zona nebulosa comienza a surgir cuando el abogado Shigemori (Masaharu Fukuyama), encargado de su defensa al entrevistar a su cliente duda sobre la real motivación que le condujo a cometer el asesinato. Al avanzar la investigación que realiza van surgiendo elementos contradictorios como los rumores de que la señora del occiso había encargado a Misumi que ejecutara a su marido, o bien que fue la adolescente hija de la víctima que pidió que lo matara por haberla violado. A medida que el relato avanza las continuadas vueltas de giro terminan extenuando en la medida que los personajes dicen y se desdicen en sus afirmaciones donde parecería que todo el mundo está mintiendo continuadamente. Si acaso el propósito del realizador es demostrar cómo en ciertas circunstancias resulta difícil dictaminar dónde reside la verdad, las inconsistencias del relato motivan a que decaiga su interés después de un cierto trecho. A la postre, poco importa saber si como resultado del juicio el reo será sentenciado a prisión perpetua o en cambio condenado a la pena capital. En resumen, éste es un film que aunque no desechable carece de los suficientes ingredientes para configurar un buen thriller.