WILD ROSE. Gran Bretaña, 2018. Un film de Tom Harper
Wild Rose es una atrayente comedia dramática que a la vez que vivificante permite apreciar las excelentes condiciones de la actriz y cancionista irlandesa Jessie Buckley en un papel que le viene como anillo al dedo.
La música country que predomina en muchas comunidades del corazón de Estados Unidos, con su particular y cálido condimento regional expresado a través de sus canciones, encuentra apropiado eco en el buen relato efectuado por el realizador Tom Harper basado en el eficaz guión de Nicole Taylor. Aunque lo que se ilustra ya ha sido tratado en múltiples ocasiones por el cine, lo que aquí importa es la muy satisfactoria forma en que la historia es narrada a través de personajes bien delineados y la fácil comunicación establecida entre los miembros del elenco y el público asistente.

Jessie Buckley
Su protagonista es Rose-Lynn Harlan (Buckley), una impetuosa chica de 23 años viviendo en Glasgow quien es madre soltera de Wynonna (Daisy Littlefield) de 9 años y de Elliot (James Harkness) de 5 años. Al comenzar el relato, en estado de libertad condicional viene saliendo de la prisión donde permaneció durante un año purgando un delito por tenencia de estupefacientes; en tal condición se dirige a la casa de su madre Marion (Julie Walters) quien cuidó de los niños durante su ausencia; el encuentro de ella con los chicos, sobre todo con Wynonna, no es de lo más cordial al sentirse resentidos por la ausencia maternal.
Lo que Rose-Lynn anhela es poder abrirse camino como cancionista de la música country dada su afinidad con la misma además de su aptitud de buena vocalista y aspirando a que algún día pueda triunfar en Nashville, la capital americana de este género musical, pero en primer lugar lo más importante es conseguir un empleo; ella finalmente lo logra como empleada de limpieza de Susannah (Sophie Okonedo), una mujer inglesa casada con dos hijos y de buena posición económica, a quien le oculta su pasado penal y de que es madre de dos niños.
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Cumpliendo su tarea, Rose-Lynn suele entonar algunas de sus canciones preferidas que al ser escuchadas por Susannah y sus hijos quedan entusiasmados con su sensible y agraciada voz; es así que esta noble patrona hace todo lo que está a su alcance para que Rose-Lynn pueda desplegar sus condiciones artísticas con la esperanza de alcanzar su ansiada meta en Nashville. Sin embargo, no todo será sencillo para ella debido a la dificultad de lograr el equilibrio de ser una buena madre para sus hijos y a la vez trabajar como artista considerando que requiere estar frecuentemente separada de ellos.
Aunque la historia con su emotivo desenlace resulte predecible, en este caso ese hecho no afecta la eficacia del film dado que además de su amena narración, cautiva la visceralidad, carisma y arrolladora simpatía de Buckley, la siempre veterana presencia de Julie Walters, como así también la genuina participación de Okonedo caracterizando a la mujer que logra cimentar una sincera amistad con la cantante. Con las tonificantes canciones y una excelente banda de sonido supervisada por Jack Arnold esta agradable historia de un sueño convertido en realidad infunde un estimulante optimismo a la vez que constituye un merecido homenaje a la bella música country americana. Jorge Gutman