Una Arries­ga­da Profesión

SOU­TE­RRAIN / UNDER­GROUND. Cana­dá, 2020. Un film escri­to y diri­gi­do por Sophie Dupuis. 98 minutos

Des­pués del gran éxi­to obte­ni­do con su ópe­ra pri­ma Chien de Gar­de (2018), la joven direc­to­ra Sophie Dupuis ofre­ce su segun­do opus en Sou­te­rrain, abor­dan­do el tra­ba­jo en las minas de Val d’Or en la pro­vin­cia de Quebec.

El uni­ver­so mine­ro, no muy difun­di­do por el cine, fue obje­to del exce­len­te film The 33 (2015) don­de la direc­to­ra Patri­cia Rig­gen repro­du­jo dra­má­ti­ca­men­te el sal­va­ta­je rea­li­za­do a trein­ta y tres tra­ba­ja­do­res quie­nes tra­ba­jan­do en la mina de oro y cobre de Copia­pó (Chi­le) que­da­ron atra­pa­dos bajo tie­rra y des­co­nec­ta­dos por com­ple­to del mun­do exte­rior. En este caso, aun­que se tra­te de una fic­ción, Sou­te­rrain trans­mi­te la auten­ti­ci­dad de un ver­da­de­ro docu­men­tal sobre ese mun­do tan sin­gu­lar; en par­te, eso es debi­do a que la cineas­ta tuvo la opor­tu­ni­dad de fami­lia­ri­zar­se con las vici­si­tu­des de los mine­ros dado que su padre ha tra­ba­ja­do como tal en esas minas.

Joa­kim Robillard

Con ese esce­na­rio como telón de fon­do el guión de Dupuis rela­ta la vida coti­dia­na de los mine­ros a tra­vés de Maxi­me (Joa­kim Robi­llard), que apa­ren­te­men­te no hay nada que podría empa­ñar su tran­qui­li­dad; rodea­do en su tra­ba­jo de bue­nos cama­ra­das, en su vida per­so­nal expe­ri­men­ta gran ale­gría dado que Andrée (Lau­ren Hartley), su com­pa­ñe­ra, aguar­da un hijo y pron­to lle­ga­rá a ser padre; sin embar­go su dicha se empa­ña cuan­do invo­lun­ta­ria­men­te se pro­du­ce el abor­to espon­tá­neo del feto que ella lle­va­ba en sus entra­ñas. Aun­que no cons­ti­tu­ya el fac­tor cen­tral del rela­to, esa frus­tra­da pater­ni­dad moti­va a que en cier­ta for­ma cues­tio­ne su masculinidad.

Simul­tá­nea­men­te se asis­te a la gran amis­tad de Maxi­me hacia Julien (Théo­do­re Pelle­rin), un joven mine­ro que tra­ba­ja­ba con él pero aho­ra se encuen­tra impo­si­bi­li­ta­do de hacer­lo a cau­sa de un gra­ve acci­den­te que par­cial­men­te le qui­tó el habla ade­más de haber­lo deja­do invá­li­do; eso cau­sa una gran deso­la­ción en Mario (James Hynd­man), el padre del mucha­cho que tam­bién tra­ba­ja en la mina, y de su com­pun­gi­da madre (Chan­tal Fon­tai­ne). Gra­dual­men­te se va reve­lan­do el moti­vo de la ani­mo­si­dad de Mario hacia Maxi­me y la razón por la que éste se preo­cu­pa viva­men­te del esta­do físi­co y emo­cio­nal de Julien.

A todo ello, Dupuis ilus­tra el cli­ma de con­fra­ter­ni­dad exis­ten­te entre los mine­ros mani­fes­ta­do tan­to duran­te las horas de tra­ba­jo como fue­ra de ellas; asi­mis­mo que­da remar­ca­do el espí­ri­tu de soli­da­ri­dad del gru­po, como es el caso del apo­yo brin­da­do a Maxi­me por el sen­ti­mien­to de cul­pa­bi­li­dad que lo car­co­me por razo­nes que el espec­ta­dor se impo­ne al pro­me­diar el relato.

En la media hora final es don­de la his­to­ria alcan­za máxi­ma dra­ma­ti­ci­dad cuan­do a con­se­cuen­cia de una explo­sión pro­du­ci­da en una de las minas, Julien y otros com­pa­ñe­ros acu­den a la tarea de tra­tar de res­ca­tar a los otros cole­gas cuyas vidas peli­gran. Es en esa ins­tan­cia don­de que­da refle­ja­da la sacri­fi­ca­da exis­ten­cia de indi­vi­duos que como medio de vida están suje­tos a una tarea alta­men­te ries­go­sa y poco salu­da­ble al estar tra­ba­jan­do a cien­tos de metros deba­jo de la super­fi­cie terrestre.

Con una bue­na pues­ta escé­ni­ca la cineas­ta obtie­ne un satis­fac­to­rio dra­ma psi­co­ló­gi­co apo­ya­do por el sóli­do elen­co que ha sabi­do con­vo­car, sobre todo en las per­sua­si­vas carac­te­ri­za­cio­nes brin­da­das por Robi­llard, Pelle­rin y Hynd­man; a ello se agre­ga las imá­ge­nes cap­ta­das por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Mathieu Laver­diè­re y la apro­pia­da músi­ca de Patri­ce Dubuc y Gaë­tan Gra­vel aso­cia­da a los momen­tos en que el rela­to adquie­re alta ten­sión. Jor­ge Gutman