PINOCCHIO. Italia, 2019. Un film de Matteo Garrone. 125 minutos
El bello cuento de literatura infantil Las Aventuras de Pinocho escrito por Carlo Collodi en 1883 ha sido trasladado a la pantalla en varias ocasiones, sobresaliendo entre ellas la del excelente dibujo de animación realizado por Walt Disney en 1940. Es ahora el turno de Matteo Garrone en ofrecerle nueva vida en la adaptación que efectuó con la colaboración de Massimo Ceccherini.
No obstante haber incursionado en temas de fuerte contenido dramático como en Gomorrah (2008) y Dogman (2018), Garrone también transitó exitosamente en el terreno de los cuentos con Il Racconto Dei Racconti (2015); ahora con Pinocchio nuevamente confirma su versatilidad al haber sabido muy bien entremezclar la realidad con la fantasía, tal como lo concibió su autor.

Roberto Benigni y Federico Ielapi
Roberto Benigni, siempre recordado por su excelente dirección y remarcable interpretación de La vita è bella (1997), anima al humilde carpintero Geppetto quien habiendo adquirido un sólido pedazo de madera fabrica una marioneta a la que le asigna el nombre de Pinocchio (Federico Ielapi); su gran sorpresa sobreviene al descubrir que el muñeco puede hablar. La enorme alegría que le produce ser el padre del objeto de su creación se desvanece cuando el desobediente Pinocchio se escapa de su hogar y decide explorar por su cuenta el mundo que le rodea.
Con la máxima ingenuidad y mentalidad de un chiquilín travieso unido a una curiosidad sin igual se va embarcando en una serie de aventuras donde en su recorrido saldrá al cruce de varios personajes. Entre los mismos se encuentran el director de un circo de marionetas (Gigi Proietti) los bandidos Gato (Rocco Papaleo) y Zorro (Massimo Ceccherini), un caracol (Maria Pia Timo), un excéntrico juez gorila (Teco Celio) y un pintoresco maestro (Paolo Graziozi). En su trayecto pasará más de un buen susto cuando se introduce en el País de los Juguetes donde es transformado en burro y posteriormente al ser engullido por un tiburón y salvado por una enorme noble tuna (Maurizio Lombardi). En esa enumeración cabe agregar la presencia de un bondadoso grillo parlante (Davide Marotta) que actúa como la voz de su conciencia y la de una dulce hada madrina (Marine Vacth); es ella la que cumple su promesa de convertirlo en un ser humano después de que el muñequito ha demostrado su valentía, lealtad y honestidad hacia su padre.
Garrone ha logrado que el contenido de este sensible cuento moral de Collodi prosiga atrayendo a través del proceso de madurez que va experimentando el célebre muñeco. En materia actoral el vasto elenco se desempeña correctamente atendiendo a la brevedad de sus papeles; sin embargo es importante destacar al carismático comediante que es Benigni quien transmite gran humanidad y elocuente expresividad como el padre que toda su vida anheló tener un hijo y lo encuentra en su querida marioneta. Distinción especial merece el pequeño actor Ielapi quien, según se informa, durante un lapso de tres meses estuvo sujeto por largas horas al proceso de maquillaje realizado por el excepcional artista Mark Coulier a fin de obtener los auténticos rasgos de una criatura de madera; como protagonista de esta historia él ha sabido captar la idiosincrasia del inocente personaje que finalmente ve su sueño hecho realidad al haber adquirido la fisonomía de un niño de carne y hueso.
Además de la magnífica labor de maquillaje el film se valoriza por la virtuosa fotografía de Nicole Brüel, el diseño de producción de Dimitri Capuani, el vistoso vestuario de Massimo Cantini y la elogiable dirección artística de Adriano Giombini y Francesco Sereni.
En esencia, Garrone permite que su film constituya una muy buena adición a las numerosas versiones realizadas de esta imperecedera fábula. Cabe ahora la expectativa de comprobar la visión de Guillermo del Toro como realizador de la versión animada en stop-motion que aún no tiene fecha de estreno. Jorge Gutman