EMPIRE OF LIGHT Gran Bretaña-Estados Unidos, 2022. Un film escrito y dirigido por Sam Mendes. 113 minutos
Meritoriamente considerado como uno de los más destacados realizadores de Gran Bretaña, el oscarizado cineasta de American Beauty (1999) Sam Mendes en Empire of Light trata de reflejar el poder de la magia del cine.

Olivia Colman
En un relato que le pertenece el cineasta ubica la acción en 1980 en la ciudad costera de Margate en donde Empire, un palacio de cine de art deco, enfrenta al mar. Es allí donde se desempeña Hilary Small (Olivia Colman) como gerente de la sala; en su labor está rodeada por dos jóvenes asistentes (Tom Brooke y Hannah Onslow), el devoto proyeccionista Norman (Toby Jones) y su jefe Donald Ellis (Colin Firth) quien es un individuo ensimismado en sí mismo y que a pesar de ser casado no tiene reparo alguno para de tanto en tanto abusar sexualmente de Hilary. Esta mujer lidia con problemas de inestabilidad mental que trata de combatirlos consumiendo una variedad de barbitúricos, como asimismo mediante su trabajo en el Empire que constituye una suerte de segundo hogar y su razón de ser.
Valiéndose de las proyecciones de filmes de esa época queda claro que Mendes, imbuido de nostalgia, expresa su amor por el cine en circunstancias como las que se viven actualmente en donde a causa de la pandemia gran parte del público se acostumbró a ver películas en su hogar a través de las numerosas plataformas existentes. Sin embargo, debido a su guión un tanto errático el realizador no llega suficientemente a emocionar como Giuseppe Tornatore lo logró con Cinema Paradiso, así como Steven Spielberg lo demuestra en su reciente film The Fabelmans.
La historia adopta un giro diferente cuando se incorpora al equipo del Empire Stephen (Micheal Ward), un hombre de color mucho menor que Hilary en donde ambos además de conectarse muy bien en el trabajo, inician una relación romántica que para ella constituye un bálsamo capaz de brindarle la añorada felicidad. Durante ese vínculo la esquizofrenia de Hilary vuelve a manifestarse y a su vez cobra cierta intensidad el racismo del que es objeto Stephen por parte de grupos de ultraderecha; sin llegar a profundizar suficientemente sobre estas dos variantes temáticas el film se torna melodramático atenuando su vigor inicial.
Las objeciones mencionadas son compensadas por la soberbia composición que Colman logra de su personaje al igual que la prestación realizada por Ward quien seduce con su carisma y simpatía. Entre ambos actores existe una muy lograda química permitiendo que el romance de sus personajes adquiera convicción a través de su mutuo apoyo físico y emocional. A todo ello cabe agregar la esmerada fotografía de Roger Deakins.
En esencia, el film de Mendes se ve con agrado aunque la intención del realizador de homenajear al cine queda diluida debido a las ramificaciones adoptadas por su guión. Jorge Gutman