Pre­vi­si­ble Dra­ma Psicológico

AU NORD D’ALBANY. Cana­dá, 2021. Un film de Marian­ne Far­ley. 107 minutos

La actriz cana­dien­se Marian­ne Far­ley, quen ha rea­li­za­do dos bue­nos cor­tos -Mar­gue­ri­te (2017) y Fri­mas (2021)-, debu­ta en el lar­go­me­tra­je abor­dan­do en Au Nord d’Albany un dra­ma psi­co­ló­gi­co que si bien resul­ta pro­me­te­dor a la pos­tre no cum­ple con su cometido.

Céli­ne Bonnier

La his­to­ria refle­ja­da en el guión de la rea­li­za­do­ra con la cola­bo­ra­ción de Clau­de Brie, refle­ja la angus­tia de Annie (Céli­ne Bon­nier), una madre mono­pa­ren­tal que cuan­do comien­za el film se la ve huyen­do pre­ci­pi­ta­da­men­te de su hogar en Mon­treal jun­to con su hija ado­les­cen­te Sarah (Zeneb Blan­chet) y su hijo menor Félix (Eliott Plamondon).

Vali­lén­do­se de su coche, Annie y sus hijos se diri­gen a Flo­ri­da con el pro­pó­si­to de reen­con­trar al padre de los chi­cos y tra­tar de que allí per­ma­nez­can. Gra­dua­le­men­te se irá sabien­do el moti­vo de esta huí­da a tra­vés de lo que Sarah va regis­tran­do en su dia­rio per­so­nal y median­te flash­backs en los que se apre­cia la inti­mi­da­ción de que ha sido obje­to por par­te de una com­pa­ñe­ra de su escue­la y la con­se­cuen­cia pro­du­ci­da por dicho acoso.

Al apro­xi­mar­se a la región de los Adi­ron­dacks, el vehícu­lo detie­ne su mar­cha y sin poder vol­ver­lo a arran­car Sarah encuen­tra en la ruta a Paul (Rick Robert), un mecá­ni­co des­co­no­ci­do, que con cier­ta reti­cen­cia acep­ta remol­car­lo al taller; como las pie­zas nece­sa­rias para su arre­glo demo­ra­rán algu­nos días en lle­gar, eso moti­va­rá la esta­día for­za­da de la fami­lia en el lugar. Duran­te ese lap­so, Sarah enta­bla­rá rela­ción con Hope (Nao­mi Cor­mier), la hija de Paul de edad simi­lar, quien lle­ga­rá a des­cu­brir la razón por la que los via­je­ros han esca­pa­do de Montreal.

En el poco con­vin­cen­te guión se irá sabien­do que cada uno de los per­so­na­jes invo­lu­ca­dos tie­ne secre­tos guar­da­dos, pero de modo alguno la intri­ga lle­ga a cobrar vue­lo. Si bien el rela­to esbo­za de mane­ra epi­dér­mi­ca la rela­ción entre padres e hijos, la inco­mu­ni­ca­ción, el pro­ble­ma nada nue­vo del bull­ying esco­lar o bien algu­nos aspec­tos encu­bier­tos de homo­se­xua­li­dad, final­men­te todo que­da diluí­do con un com­pla­cien­te des­en­la­ce pre­vi­si­ble e insatisfactorio.

Con una correc­ta pues­ta escé­ni­ca, la novel rea­li­za­do­ra se ve obs­ta­cu­li­za­da por su ende­ble guión aun­que cabe reco­no­cer que a su favor ha con­ta­do con la pon­de­ra­ble actua­ción de Bon­nier quien con­vin­cen­te­men­te trans­mi­te los sen­ti­mien­tos de una madre que está dis­pues­ta a rea­li­zar lo impo­si­ble con tal de sal­var a su hija; a su lado Blan­chet se des­ta­ca como la joven ator­men­ta­da por el com­ple­jo de cul­pa que la embar­ga, en tan­to que el res­to del repar­to se desem­pe­ña ade­cua­da­men­te res­pon­dien­do a los reque­ri­mien­tos del libre­to. Jor­ge Gutman