Eva­lua­ción de Can­nes 2015

Cró­nica de Jorge Guman

Con la cere­mo­nia rea­li­zada ayer en donde el jurado ofi­cial pre­si­dido por Joel y Ethan Coen hizo entrega de los pre­mios corres­pon­dien­tes a diver­sos rubros, quedó clau­su­rada la sexa­gé­sima octava edi­ción del Fes­ti­val de Can­nes. En líneas gene­ra­les la selec­ción incluida en el rubro com­pe­ti­tivo fue mera­mente acep­ta­ble; hubo cier­tos fil­mes des­ta­ca­bles y otros no tanto; en cam­bio no hubo pelí­cu­las de tras­cen­den­cia que pudie­ran ser con­si­de­ra­das obras maes­tras del cine.

Los Pre­mios de la Selec­ción Oficial

Antonythassan Jesuthasan en DEEPHAN

Antonyt­has­san Jesut­ha­san en DEEPHAN

La dis­tin­ción más impor­tante mate­ria­li­zada con la Palma de Oro fue con­fe­rida al film fran­cés Deep­han del rea­li­za­dor Jac­ques Audiard. Aun­que no estaba en los pro­nós­ti­cos de la mayo­ría de los crí­ti­cos, cabe seña­lar que esta pelí­cula reúne sufi­cien­tes méri­tos para haber sido eva­luada como la mejor por parte del jurado. Audiard, que ya había pre­sen­tado en Can­nes Un Pro­feta (2009) por el que ganó el Gran Pre­mio así como Metal y Hueso (2012), brinda un film de con­si­de­ra­ble poten­cia abor­dando el tema de la inmi­gra­ción y de las difi­cul­ta­des de adap­ta­ción al nuevo medio. Su per­so­naje cen­tral es Deep­han (Antonyt­ha­san Jesut­ha­san), un gue­rri­llero tamil de Sri Lanka, quien can­sado de la mise­ria y vio­len­cia de la gue­rra civil que acosa a su pue­blo decide emi­grar a Fran­cia en cali­dad de refu­giado polí­tico; para poder hacerlo ale­gando que tiene fami­lia, cuenta con la cola­bo­ra­ción de Yalini (Kalieas­wari Sri­ni­va­san) que se hace pasar por su esposa, y de una niña de 9 años (Clau­dine Vina­sit­hamby) como su hija. Alo­ja­dos en un depar­ta­mento de un mono­blo­que ubi­cado en las afue­ras de un sec­tor mar­gi­nal cer­cano a París, el trío que llega a con­vi­vir como si se tra­tara de un ver­da­dero grupo fami­liar, comienza a sufrir los emba­tes vio­len­tos de ban­das de nar­co­tra­fi­can­tes donde la tran­qui­li­dad a la que Deep­han aspi­raba deja de ser tal, obli­gán­dolo a recu­rrir a las tác­ti­cas vio­len­tas uti­li­za­das en Sri Lanka. En resu­men, el público asiste a un relato dolo­roso mos­trando el lado oscuro de la inmi­gra­ción rela­tado con lace­rante veracidad.

Gesa Röhrig en SON OF SAUL

Gesa Röh­rig en SON OF SAUL

El Gran Pre­mio del Jurado corres­pon­dió a Son of Saul de Lászlo Nemes y sin duda bien mere­cido. Es la pri­mera pelí­cula del direc­tor hún­garo quien evi­den­cia una sólida madu­rez en el manejo de la cámara enfo­cando el tema del Holo­causto. El relato ubi­cado en 1944 pre­senta a Saul Aus­län­der (Gesa Röh­rig) quien es miem­bro del Son­der­kom­mando, un grupo de pri­sio­ne­ros judíos que ais­la­dos del resto del campo de con­cen­tra­ción de Auschwitz-Birkenau y actuando para poder sobre­vi­vir, tiene como misión cola­bo­rar con los nazis en el sinies­tro plan de exter­mi­na­ción con­ce­bido. Estando tra­ba­jando en uno de los cre­ma­to­rios des­cu­bre el cadá­ver de un mucha­cho al que reco­noce como su hijo; ese es el ele­mento con­flic­tivo del film cuando Saul decide sal­var el cuerpo del mucha­cho para que en lugar que las lla­mas del fuego lo con­su­man reciba una ade­cuada sepul­tura judía. Fil­mado con cámara en mano, el ritmo es ver­ti­gi­noso y febril así como las impla­ca­bles esce­nas de fusi­la­mien­tos a gra­nel, cáma­ras de gas y las inci­ne­ra­cio­nes en los hor­nos, resul­tan difí­ci­les de pre­sen­ciar. Si alguna obje­ción merece este film es que en algu­nos momen­tos el relato se vuelve dema­siado efec­tista para sacu­dir con más fuerza al que lo con­tem­pla; de todos modos, esta ópera prima merece ser vista.

El ter­cer pre­mio corres­pon­diente al de la Mejor Direc­ción recayó en el rea­li­za­dor tai­wa­nés Hou Hsiao Hsien res­pon­sa­ble de The Assa­sin, una copro­duc­ción de China, Hong Kong y Tai­wan. Como no he tenido oca­sión de ver este film me abs­tengo de comen­tarlo, pero las uná­ni­mes elo­gio­sas crí­ti­cas de quie­nes lo han visto, indi­can que se trata de un tra­bajo de gran cali­dad donde la mini­ma­lista his­to­ria que no siem­pre resulta difí­cil de cap­tar, está más que com­pen­sada por su excep­cio­nal belleza visual.

The Lobs­ter, copro­duc­ción de Gre­cia, Irlanda, Gran Bre­taña, Holanda y Fran­cia, obtuvo el Pre­mio del Jurado. El direc­tor griego Yor­gos Lant­hi­mos se sumerge en una his­to­ria absur­da­mente ori­gi­nal que tiene un punto de par­tida alta­mente pro­mi­so­rio. En un mundo futu­rista no se admite la sole­dad indi­vi­dual y por lo tanto quie­nes no ten­gan pareja están obli­ga­dos a recluirse en un hotel donde con pro­ce­di­mien­tos surrea­lis­tas las auto­ri­da­des del esta­ble­ci­miento tra­ta­rán de pro­cu­rar­les el alma gemela con quien con­vi­vir. David (Colin Farrell), un reciente divor­ciado, es uno de los que ingre­san al esta­ble­ci­miento donde se le informa que en un plazo máximo de 45 días deberá encon­trar la mujer con quien coha­bi­tará por­que de no lograrlo será con­ver­tido en ani­mal; en el even­tual caso que eso lle­gara a suce­der, David comu­nica que desea­ría trans­for­marse en lan­gosta por­que le apa­siona el mar. Tanto los diá­lo­gos como varias situa­cio­nes joco­sas con­fie­ren a este film anti­sen­ti­men­tal un aire fresco y reno­va­dor; sin embargo, al pro­me­diar el metraje, la his­to­ria se vuelve repe­ti­tiva y es así que el encanto ini­cial se des­va­nece.

El pre­mio al Mejor Guión ha sido adju­di­cado a Michel Franco por el film mexi­cano Chro­nic. El joven rea­li­za­dor ubica la acción en Los Ánge­les pre­sen­tando a David, un hom­bre reser­vado y soli­ta­rio, así como extre­ma­da­mente meticu­loso y com­pe­tente en el tra­bajo que rea­liza como enfer­mero de per­so­nas aque­ja­das de dolen­cias ter­mi­na­les. Lo intere­sante del relato es que a pesar de no guar­dar sen­ti­men­ta­li­dad alguna, se apre­cia la forma en que su pro­ta­go­nista logra una gran comu­ni­ca­ción afec­tiva con sus enfer­mos creando de este modo un clima de mani­fiesta inti­mi­dad. La inter­pre­ta­ción de Tim Roth en el rol cen­tral es exce­lente, sobre todo por­que es capaz de trans­mi­tir en forma sobria y mesu­rada los sen­ti­mien­tos inter­nos que alien­tan a su per­so­naje cuya pasión por lo que rea­liza le per­mite com­pen­sar algu­nos vacíos de su vida pri­vada, espe­cial­mente con refe­ren­cia a un dolo­roso suceso que ha des­truido a su fami­lia. En esen­cia, el público está frente a un film aus­tero y bien rea­li­zado, cuya única obje­ción reside en su escena final que ade­más de ser total­mente inne­ce­sa­ria nada agrega al aspecto cen­tral de esta historia.

Vincent Lindon en LA LOI DU MARCHE

Vin­cent Lin­don en LA LOI DU MARCHE

Vin­cent Lin­don fue dis­tin­guido como el Mejor Actor por su inter­pre­ta­ción en el film fran­cés La Loi du Mar­ché de Stép­hane Brizé. Con gran huma­ni­dad Lin­don anima a Thie­rry, un hom­bre de mediana edad que se encuen­tra desocu­pado. Con más de 50 años a cuesta resulta difi­cul­toso hallar un nuevo empleo y es así que el relato va ilus­trando el difi­cul­toso camino que este hom­bre debe reco­rrer a fin de encon­trar un puesto que per­mita ali­viar su deli­cada situa­ción eco­nó­mica, sobre todo por los gas­tos de esco­la­ri­dad de su hijo dis­ca­pa­ci­tado a quien quiere mucho. Así pare­ce­ría que la rea­li­za­ción de cur­sos de pre­pa­ra­ción para nue­vos empleos, los envíos de innu­me­ra­bles currí­cu­lums, entre­vis­tas con con­se­je­ros de tra­bajo rea­li­za­das, no tie­nen efecto alguno más allá de la humi­lla­ción que Thie­rry debe afron­tar. Final­mente, des­pués de 20 meses de desocu­pa­ción logra un puesto como agente de segu­ri­dad de un super­mer­cado; si por un lado resulta tran­qui­li­za­dor vol­ver al mer­cado labo­ral, no trans­cu­rrirá mucho tiempo para que Thie­rry se sienta atra­pado por con­flic­tos mora­les cuando debe denun­ciar los robos de mer­can­cías de los clien­tes como así tam­bién las con­tra­ven­cio­nes de sus pro­pios com­pa­ñe­ros de tra­bajo donde en un caso espe­cial alcanza una dra­má­tica dimen­sión. Fil­mado con estilo casi docu­men­tal, este film sobre la dig­ni­dad humana logra reper­cu­tir hon­da­mente, gra­cias a la con­su­mada direc­ción de Brizé y la mag­ní­fica pres­ta­ción de Lindon

Rooney Mara y Cate Blanchett en CAROL

Roo­ney Mara y Cate Blan­chett en CAROL

El pre­mio a la Mejor Inter­pre­ta­ción Feme­nina fue este año com­par­tido por Emma­nue­lle Ber­cot y Roo­ney Mara. Ber­cot lo obtuvo por su par­ti­ci­pa­ción en el film fran­cés Mon Roi de Maï­wenn; ella encarna a Tony, una mujer que es admi­tida en un cen­tro de recu­pe­ra­ción física como con­se­cuen­cia de un grave acci­dente de ski. Es allí donde reme­mora los amo­res man­te­ni­dos con Geor­gio (Vin­cent Cas­sel), un seduc­tor irre­sis­ti­ble. Las peri­pe­cias vivi­das antes del matri­mo­nio, así como la vida con­yu­gal y el naci­miento de un hijo que tanto ella anhe­laba ori­gi­nan una pasión amo­rosa des­truc­tiva, plena de alti­ba­jos en una his­to­ria que con una dura­ción de más de dos horas ter­mina fati­gando. Cier­ta­mente no hay nada que obje­tar a las caris­má­ti­cas inter­pre­ta­cio­nes de Cas­sel y Ber­cot pero el film no alcanza a des­lum­brar como tam­poco tras­cen­der. Muy dife­rente es el caso de Carol, mag­ní­fico melo­drama ame­ri­cano de Todd Hay­nes por el cual Roo­ney Mara fue dis­tin­guida; en el que qui­zás sea la mejor pelí­cula que tuve opor­tu­ni­dad de juz­gar den­tro del marco de la com­pe­ti­ción ofi­cial, el rea­li­za­dor enfoca la his­to­ria de dos muje­res uni­das sen­ti­men­tal­mente. Basado en la novela The Price of Salt de Patri­cia Highs­mith, la acción tiene lugar en Nueva York en las pos­tri­me­rías de 1952 y comienza cuando Carol (Cate Blan­chett), una mujer bur­guesa en pro­ceso de divor­cio, avista a Thé­rèse (Roo­ney Mara), una joven ven­de­dora de un gran empo­rio comer­cial neo­yor­kino; la atrac­ción es mutua desde el pri­mer momento, desa­rro­llán­dose en con­se­cuen­cia una rela­ción de les­bia­nismo en una época donde las con­ven­cio­nes socia­les cen­su­ra­ban seve­ra­mente los amo­res de per­so­nas de igual orien­ta­ción sexual. El film seduce fuer­te­mente por la exce­lente des­crip­ción de sus per­so­na­jes, por la mag­ní­fica recons­ti­tu­ción de época donde nin­gún deta­lle ha sido dejado de lado, por su exqui­sita belleza visual así como por la puesta en escena de Hay­nes en el logrado retrato de estas dos muje­res. Es así que sor­prenda la deci­sión del jurado al haber excluido a Cate Blan­chett del pre­mio ex-acquo concedido.

En lo que con­cierne al Mejor Film de la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard el jurado pre­si­dido por Isa­be­lla Rose­llini deci­dió atri­buirlo a Rams, copro­duc­ción de Islan­dia, Dina­marca, Noruega y Polo­nia. El direc­tor Grí­mur Háko­nar­son narra una emo­tiva his­to­ria sobre dos her­ma­nos islan­de­ses sol­te­ros, Gummi (Sigur­dur Sigur­jons­son) y Kiddi (Theo­dor Juliu­son), viviendo en una zona rural de Islan­dia; lo curioso es que estu­vie­ron dis­tan­cia­dos sin hablarse durante 40 años. Cada uno de ellos ama pro­fun­da­mente a su ganado de modo tal que cuando se llega a detec­tar una enfer­me­dad letal de los ani­ma­les que implica su sacri­fi­cio, ese dra­má­tico inci­dente moti­vará a que los her­ma­nos dejen de lado sus dife­ren­cias. Aun­que la trama resulte pequeña, el film se valo­riza por las bue­nas actua­cio­nes, por una lograda foto­gra­fía con­tri­bu­yendo al clima melan­có­lico que trans­mite el relato así como por la ilus­tra­ción de la dura vida que se afronta en áreas ais­la­das de Islandia.

El direc­tor croata Dali­bor Mata­nic efec­túa una mirada a las pro­fun­das grie­tas que pro­dujo la gue­rra de los Bal­ca­nes en The High Sun que obtuvo el Pre­mio del Jurado de Un Cer­tain Regard. A tra­vés de 3 his­to­rias de amor con per­so­na­jes dife­ren­tes pero con los mis­mos acto­res, Tihana Lazo­vic y Goran Mar­ko­vic, el relato trans­cu­rre en 1991 pre­vio a la ini­cia­ción del con­flicto, en 2001 una vez que la gue­rra ter­minó y en 2011. De este modo durante un período de 20 años cada his­to­ria sen­ti­men­tal ilus­tra de qué modo los resen­ti­mien­tos, into­le­ran­cias y pre­jui­cios étni­cos, impi­den que los roman­ces cris­ta­li­cen cuando cada una de las par­tes per­te­nece a aldeas veci­nas donde en este caso una es croata y la otra ser­bia. De alguna manera este sen­si­ble film mues­tra cómo las heri­das de la gue­rra aún no han cica­tri­zado en la medida que su gente se encuen­tra toda­vía atra­pada por los acon­te­ci­mien­tos que han azo­tado a la región.

El rea­li­za­dor Kiyoshi Kuro­sawa ha sido pre­miado por el film japo­nés Jour­ney to the Shore, una his­to­ria super­na­tu­ral que trans­cu­rre a ritmo de cara­col. En esen­cia, Mizuku (Eri Fukatzu) es una intro­ver­tida mujer que se dedica a dar lec­cio­nes de piano; un buen día se encuen­tra con su marido (Tada­nobu Asano) ausente del hogar por espa­cio de 3 años donde le explica que se había hun­dido en el mar; ahora, intacto como si nada hubiese acon­te­cido, él le pro­pone efec­tuar un viaje a algu­nos luga­res que visitó durante su muerte. Esa intriga ini­cial lan­gui­dece a medida que avanza el metraje y de este modo el film va per­diendo eficacia.

Aun­que el rea­li­za­dor se ha des­ta­cado por Tokyo Sonata (2008) que fue estre­nado en Canadá con buen éxito por parte de la crí­tica, este viaje a la playa no agrega mucho a su currí­cu­lum, aun­que el jurado evi­den­te­mente no com­par­tió mi opinión.

Haimer Leal en LA TIERRA Y LA SOMBRA

Hai­mer Leal en LA TIE­RRA Y LA SOMBRA

La crí­tica lati­noa­me­ri­cana reci­bió con gran satis­fac­ción la noti­cia de que el film colom­biano La Tie­rra y la Som­bra haya sido pre­miado con la Cámara de Oro que se otorga a la mejor ópera prima del Fes­ti­val. Habién­dose dado a cono­cer en la Semana de la Crí­tica, el debu­tante César Augusto Ace­vedo impre­siona con esta obra sólida y potente, cui­da­do­sa­mente cons­truida. En un guión que le per­te­nece, el direc­tor trató de expo­ner algu­nas de las expe­rien­cias que atra­vesó per­so­nal­mente per­mi­tiendo así que la pelí­cula cons­ti­tuya una suerte de catar­sis en torno a las raí­ces que cons­ti­tu­yen el lazo que une al hom­bre con la tie­rra en que nació. En la fic­ción, la his­to­ria se refiere a Alfonso, un viejo pai­sano que des­pués de una ausen­cia de 17 años donde aban­donó a los suyos, retorna al hogar ubi­cado en el valle del Cauca para salir al encuen­tro de su hijo que padece de una grave enfer­me­dad; allí tam­bién se reen­con­trará con su mujer, nuera y su pequeño nieto, para tra­tar de repa­rar los erro­res del pasado y recu­pe­rar a los suyos. La actriz Sabine Azema que ofi­ció como pre­si­denta del jurado de la Cámara de Oro, tuvo pala­bras elo­gio­sas des­ta­cando la emo­ción des­per­tada por esta pelí­cula que aun­que dura y triste, deja abierta una luz espe­ran­za­dora. Ade­más de Hai­mer Leal en el papel pro­ta­gó­nico par­ti­ci­pan Hilda Ruiz, Edi­son Rai­gosa, Mar­leyda Soto y José Felipe Cárdenas.

Otros Comen­ta­rios de Títu­los Exhibidos

Una escena de EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

Una escena de EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

A pesar de que no hubo muchos fil­mes pro­ce­den­tes de Amé­rica Latina, su reco­no­ci­miento quedó tras­lu­cido con los pre­mios reci­bi­dos. Así, con­fir­mando la solida expan­sión del cine colom­biano, El Abrazo de la Ser­piente del direc­tor Ciro Gue­rra reci­bió el galar­dón de mejor film pre­sen­tado en la Quin­cena de los Rea­li­za­do­res. Narrando las aven­tu­ras vivi­das por dos dife­ren­tes cien­tí­fi­cos occi­den­ta­les, Theo­dor Koch-Grunberg y Richard Evans, quie­nes a prin­ci­pios del siglo pasado sepa­ra­da­mente via­jan al Ama­zo­nas en la bús­queda de una planta con pro­pie­da­des cura­ti­vas. El pri­mero en hacerlo es el explo­ra­dor Theo­dor quien contó con la asis­ten­cia del cha­mán Kara­ma­kate, en tanto que 40 años des­pués la tra­ve­sía es empren­dida por Evans, esta vez con el mismo cha­mán obvia­mente más ave­jen­tado, a fin de com­ple­tar la inves­ti­ga­ción de su ante­ce­sor. El relato antro­po­ló­gico refleja la difi­cul­tad de poder com­pren­der los pode­res de la natu­ra­leza en un mundo caó­tico y revuelto. Haciendo una refe­ren­cia implí­cita a los nega­ti­vos efec­tos del colo­nia­lismo, el film que oscila entre un clima rea­lista y mágico cons­ti­tuye un expe­rien­cia fas­ci­nante que cau­ti­vará al ciné­filo exigente.

Tam­bién logró lau­ros el film argen­tino La Patota de San­tiago Mitre que obtuvo el pre­mio al mejor film de la Semana de la Crí­tica así como otro dis­cer­nido por la Fipresci. Aun­que se trate de una nueva ver­sión de la pelí­cula rea­li­zada por Daniel Tynaire en 1960 con Mirtha Legrand, el enfo­que difiere. Pau­lina (Dolo­res Fonzi) es hija de Fer­nando (Oscar Mar­tí­nez), un juez de la pro­vin­cia de Misio­nes que disiente con la deci­sión de que su hija, una bri­llante estu­diante, aban­done la carrera de abo­ga­cía para impar­tir docen­cia en una zona des­fa­vo­re­cida del noreste argen­tino. Ya ins­ta­lada y com­ple­ta­mente com­pro­me­tida con sus con­vic­cio­nes de cum­plir una labor peda­gó­gica al ser­vi­cio de la comu­ni­dad, a los pocos días es objeto de una vio­lenta agre­sión noc­turna por una patota de cinco jóve­nes lide­rada por Ciro (Chris­tian Sal­guero). Frente al com­por­ta­miento natu­ral de toda mujer vio­lada que denun­cia­ría el sal­vaje hecho, ella adopta una acti­tud total­mente opuesta al acep­tar la situa­ción tal como es inclu­yendo su estado de emba­razo como resul­tado del vio­lento acto. Quie­nes la rodean, en espe­cial su padre y su novio (Este­ban Lamothe) no lle­gan a com­pren­der las razo­nes que moti­van a Pau­lina a actuar de esa manera al punto tal que el espec­ta­dor tam­bién resulta con­fun­dido al no poder aden­trarse en su psi­co­lo­gía. Mitre pre­senta la situa­ción como una con­fron­ta­ción entre la ver­dad de los hechos y la jus­ti­cia seña­lando en una frase men­cio­nada por Pau­lina que los jue­ces única­mente bus­can cul­pa­bles. Cuando se niega ter­mi­nan­te­mente a abor­tar frente a su cons­ter­nado padre, ella le replica que el hijo por nacer es pro­ducto de una reali­dad social que ni ella ni su pro­ge­ni­tor están en con­di­cio­nes de comprender.

El film man­tiene inte­rés a lo largo del relato aun­que sin duda gene­rará con­tro­ver­sias rela­cio­na­das con la ideo­lo­gía que lo ins­pira. La estruc­tura narra­tiva del film es cier­ta­mente ori­gi­nal aun­que no nece­sa­ria­mente del todo lograda. La inter­pre­ta­ción del homo­gé­neo elenco es con­vin­cente, sobre todo en el caso de Fonzi lucién­dose en el papel central.

Pre­miado como el mejor docu­men­tal pre­sen­tado en el Fes­ti­val, la pelí­cula Allende mi Abuelo Allende de Mar­cia Tam­butti, nieta de Sal­va­dor Allende, se cen­tra en el derro­tero seguido por los nume­ro­sos miem­bros de la fami­lia del ex Pre­si­dente chi­leno, como con­se­cuen­cia del golpe de estado del 11 de Sep­tiem­bre de 1973, en donde Allende como es bien sabido, opta por el sui­ci­dio antes de tener que entre­garse a las fuer­zas gol­pis­tas. En la inves­ti­ga­ción, la rea­li­za­dora trata de deve­lar los secre­tos bien guar­da­dos por sus ances­tros donde pare­ce­ría exis­tir una cons­pi­ra­ción de silen­cio en lo que con­cierne a la figura de Allende como esposo, padre y abuelo. Es así que en esa bús­queda, parte de su obje­tivo es logrado a tra­vés de con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das con sus pri­mos así como la pre­sen­ta­ción de un álbum de fotos que una de sus pri­mas había guar­dado celo­sa­mente y que Tam­butti se impuso del mismo durante la fil­ma­ción del documental.

La pelí­cula resulta intere­sante de con­tem­plar pero a pesar de estar bien fil­mada más se ase­meja a una cró­nica o dia­rio fami­liar que a un docu­mento intros­pec­tivo que arroje luces pre­ci­sas sobre la per­so­na­li­dad del pre­si­dente. Ade­más de las fotos, el docu­men­tal se cen­tra en parte en las char­las de Tam­butti con su abuela Ten­cha –el nom­bre fami­liar de la viuda de Allende– donde algu­nas pre­gun­tas indis­cre­tas obli­gan a su inter­lo­cu­tora a admi­tir el espí­ritu don­jua­nesco de su esposo ade­más de con­fe­sar el sufri­miento pade­cido por el com­por­ta­miento adúl­tero de su marido, en espe­cial con su secre­ta­ria pri­vada Miria Con­tre­ras, fami­liar­mente cono­cida como la Payita, a pesar de que ella no apa­rece en el docu­men­tal. Tam­bién emerge en el film su tía Bea­triz quien habién­dose exi­lado en Cuba asume una posi­ción revo­lu­cio­na­ria pero ter­mina sui­ci­dán­dose en 1977 por la gran depre­sión que la aflige. En resu­men sin lle­gar a ser un docu­men­tal excep­cio­nal segu­ra­mente con­tará con la adhe­sión de un público leal a la memo­ria del ex man­da­ta­rio chileno.

Una vez más el exce­lente direc­tor japo­nés Hiro­kazu Kore-da infunde huma­ni­dad a Our Little Sis­ter. Des­cri­biendo el entra­mado que existe en las rela­cio­nes fami­lia­res, uti­liza la muerte de un fami­liar para enfo­car la rela­ción exis­tente entre 3 her­ma­nas adul­tas y una hermanastra.

En Kama­kura, una ciu­dad de playa ubi­cada no muy lejos de Tokio, viven Sachi (Ayase Haruka), Yos­hino (Naga­sawa Masami) y Chika (Kaho). La rela­ción fra­ter­nal exis­tente es muy sólida a pesar de que a veces pue­den pro­du­cirse cier­tas esca­ra­mu­zas, muy natu­ra­les entre her­ma­nas. Es Sachi quien en la prác­tica actúa como una espe­cie de madre pro­tec­tora de sus otras dos her­ma­nas meno­res desde el momento en que la pro­ge­ni­tora se mudó y la abuela murió. Cuando reci­ben la noti­cia de que el padre, que hizo aban­dono del hogar hace mucho tiempo, acaba de falle­cer, al acu­dir a los fune­ra­les se encuen­tran con Suzu (Hirose Suzu), la her­ma­nas­tra ado­les­cente que hasta ese momento no habían cono­cido pero que bio­ló­gi­ca­mente están vin­cu­la­das a tra­vés de un padre en común.

El relato, cuyo guión per­te­nece al rea­li­za­dor, se desen­vuelve cal­ma­da­mente ilus­trando a tra­vés de una suce­sión de viñe­tas el modo en que Suzu es acep­tada como un nuevo inte­grante de la fami­lia y el modo en que estos per­so­na­jes per­ci­ben las face­tas de la vida y la muerte en el con­texto de los lazos que las unen. Aun­que este film no alcance la dimen­sión dra­má­tica de Like Fat­her, Like Son (2013), penúl­timo tra­bajo del rea­li­za­dor, de todos modos es capaz de lograr un cua­dro íntimo y cálido, pleno de emo­cio­nes encu­bier­tas, donde tras­cien­den los valo­res de la familia.

Nanny Moretti y Margherita Buy en MIA MADRE

Nanny Moretti y Marghe­rita Buy en MIA MADRE

Aun­que a la hora de los pre­mios salió con las manos vacías, Mia Madre de Nanni Moretti es una pelí­cula menor en su fil­mo­gra­fía que de todos modos se des­taca por su cali­dez humana. Narrando las vici­si­tu­des de Marghe­rita (Marghe­rita Buy), una direc­tora de cine que lucha deses­pe­ra­da­mente con las acti­tu­des luná­ti­cas e inse­gu­ras de su actor pro­ta­gó­nico ame­ri­cano (John Tur­tu­rro) en la pelí­cula de con­no­ta­cio­nes socia­les que tiene en sus manos, el film alcanza un nivel de esti­ma­ble pate­tismo al tener que estar per­ma­nen­te­mente alerta con la enfer­me­dad de su madre mori­bunda (Giu­lia Laz­za­rini). Lo que se exhibe puede que cierto público lo con­si­dere banal pero el des­tino inexo­ra­ble de la pró­xima muerte de su pro­ge­ni­tora logra con­mo­ver, donde no resulta extraño que el rea­li­za­dor haya vol­cado aspec­tos de su vida per­so­nal cuando enfrentó la muerte de su pro­pia madre durante la etapa de post pro­duc­ción de Habe­mus papam (2011).

Intere­sante para des­ta­car es que el doble pro­ceso vivido en el tra­bajo y en su vida per­so­nal hacen de Marghe­rita el alter ego de Moretti refle­jando el íntimo drama fami­liar. Para ate­nuar los efec­tos melo­dra­má­ti­cos del relato, el direc­tor apela a la gra­cia y sim­pa­tía de Tur­tu­rro. En esen­cia, éste es un film que glo­bal­mente con­si­de­rado habrá de con­ten­tar a los ciné­fi­los que gus­tan del cine de Moretti.

Michael Caine y Harvey Keitel en YOUTH

Michael Caine y Har­vey Kei­tel en YOUTH

Otro buen film que no ha sido recom­pen­sado por el jurado ofi­cial es Youth donde Paolo Sorren­tino filma en idioma inglés para rela­tar la his­to­ria de dos vie­jos cama­ra­das. Uno de ellos es Fred (Michael Caine), un direc­tor musi­cal reti­rado, y el otro Mick (Har­vey Kei­tel), un cineasta aún activo; ambos sue­len reunirse anual­mente durante la época esti­val en un hotel ubi­cado en una región alpina de Suiza para com­par­tir gra­tos momen­tos con la pre­sen­cia de un buen número de cele­bri­da­des. La esta­día anual se ve per­tur­bada por la insis­ten­cia de un emi­sa­rio de la Reina Isa­bel que desea que Fred dirija un con­cierto en Lon­dres en base a cier­tas can­cio­nes, donde el músico se niega a com­pla­cerlo por razo­nes muy per­so­na­les; otros per­so­na­jes inclu­yen a Miss Uni­verso (Mada­lina Ghne­nea), un ex fut­bo­lista de extra­or­di­na­ria popu­la­ri­dad, otro visi­tante que se ase­meja Adolf Hitler, y fun­da­men­tal­mente la pre­sen­cia de una madura y popu­lar actriz (Jane Fonda) que se niega a par­ti­ci­par en el pró­ximo film de Mick por­que lo con­si­dera un direc­tor deca­dente debido a que su ima­gi­na­ción crea­tiva del pasado se ha des­va­ne­cido con el trans­curso del tiempo.

En el marco de un medio pin­to­resco con algu­nas con­no­ta­cio­nes surrea­lis­tas que carac­te­ri­zan el cine de Sorren­tino, el film refleja la reali­dad ineluc­ta­ble de la vida donde resulta impo­si­ble con­ser­var la eterna juven­tud cuando el dete­rioro físico y/o men­tal comienza a fla­quear. La inter­pre­ta­ción de Caine, repo­sada y sobria, así como la de Kei­tel resulta a todas luces exi­tosa, donde ambos acto­res man­tie­nen una pícara com­pli­ci­dad que con­ta­gia al espectador.

Teodor Corban en ONE FLOOR BELOW

Teo­dor Cor­ban en ONE FLOOR BELOW

Otro film satis­fac­to­rio es One Floor Below del direc­tor rumano Radu Mun­tean. La ori­gi­nal his­to­ria pone a prueba el modo en que la jus­ti­cia puede ser eva­siva con res­pecto a la vera­ci­dad de los hechos pro­du­ci­dos, tal como son expues­tos aquí.

Teo­dor Cor­ban da vida a Sandu Patrascu, un indi­vi­duo de mediana edad viviendo en Buca­rest y sin ras­gos espe­cia­les para defi­nirlo, salvo el seña­lar que tiene una fami­lia inte­grada por su esposa Olga (Oxana Mora­vec) y su hijo ado­les­cente Matei (Ionut Bora). Cuando un día, des­pués de haber paseado a su perro, regresa a su hogar subiendo las esca­le­ras del edi­fi­cio en que habita para lle­gar al ter­cer piso, oye que en el depar­ta­mento del segundo piso se pro­duce una vio­lenta dis­cu­sión entre un hom­bre y una mujer. Sin dar mayor impor­tan­cia a esa refriega, todo pro­si­gue nor­mal­mente para Patrascu hasta que al día siguiente se entera que la mujer del piso de abajo ha sido ase­si­nada. A pesar de que tiene la con­vic­ción de que Vali (Iulian Postel­nicu), el hom­bre con el que la difunta com­par­tía el depar­ta­mento, ha sido el cri­mi­nal, cuando la poli­cía inte­rroga a Patrascu éste mani­fiesta no haber oído nada. De ahí en más, comen­zará a tra­ba­jar la con­cien­cia de este hom­bre cuando piensa que de haber inter­ve­nido en su momento se hubiese podido evi­tar el crimen.

El relato adquiere el carác­ter de un thri­ller por­que Patrascu sabe que Vali es cons­ciente de que él conoce la ver­dad aun­que no la reveló a las auto­ri­da­des. Es allí que se ini­cia un enfren­ta­miento peli­groso cuando Vali comienza a entro­me­terse en su vida fami­liar. Sin ade­lan­tar más sobre el deve­nir de los acon­te­ci­mien­tos, la his­to­ria demues­tra cómo la cobar­día de un hom­bre hacién­dose invo­lun­ta­ria­mente cóm­plice del ase­sino, per­mite que un cri­men quede impune donde de esta manera los con­cep­tos de ver­dad, moral y cargo de con­cien­cia aflo­ran con máxima inten­si­dad. La exce­lente puesta en escena, el rea­lismo de los acto­res en el desem­peño de sus per­so­na­jes y el clima de sus­penso logrado son los fac­to­res dis­tin­ti­vos de esta nota­ble film, con­fir­mando a Mun­tean como un impor­tante direc­tor del cine rumano.

Home­naje a Agnès Varda

Agnès Varda en el Festival de Cannes

Agnès Varda en el Fes­ti­val de Cannes

En la velada de clau­sura del Fes­ti­val la exce­lente direc­tora Agnès Varda, que mañana cum­ple 87 años, fue dis­tin­guida con la Palma de Oro de Honor como reco­no­ci­miento a su mag­ní­fica tra­yec­to­ria artística.

Es ella la pri­mera mujer en reci­bir tan impor­tante dis­tin­ción suce­diendo así a Woody Allen (2002), Manoel de Oli­vera (2008), Clint East­wood (2009) y a Ber­nardo Ber­to­lucci (2011).

La direc­tora, alta­mente con­mo­vida, dedicó ese pre­mio a Jac­ques Demy, su marido ya des­a­pa­re­cido, anun­ciando que la Palma será colo­cada en su casa al lado de la Palma de Oro que él había reci­bido en 1964 por la inol­vi­da­ble joya musi­cal Los Para­guas de Cherburgo.