Crónica de Jorge Gutman
Uno de los mejores filmes presentados en Toronto ha sido The Insult (Líbano-Francia) del realizador Ziad Doueiri. El relato de ficción concebido por el director y Joelle Touma transcurre en Beirut, quince años después de haber terminado en 1990 la guerra civil libanesa entre facciones cristianas, musulmanas y seculares. Allí se produce un incidente entre Yasser (Kamel El Basha), un obrero de la construcción que es un refugiado palestino y musulmán, y Tony (Adel Karam), un residente cristiano dueño de un taller mecánico. Cuando éste último regando las plantas en el balcón de su casa moja a Yasser debido a una cañería ilegalmente instalada, se produce un altercado que asume dimensiones insospechadas. En un momento dado Tony le exige a Yasser que se disculpe ante él; al no lograrlo, le manifiesta que hubiese deseado que Ariel Sharon ‑primer ministro de Israel- hubiese eliminado del mapa a los palestinos; ese descabellado insulto impulsa a Yasser a atacar físicamente a su contrincante rompiéndole algunas costillas. De allí en más la disputa inicial origina una bola de nieve que llega a afectar a la población del Líbano reverdeciendo las heridas subyacentes entre la población palestina y la cristiana. El espectador asiste a un denso drama político sobre la justicia y el honor mancillado demostrando cómo los tratados de paz que ponen fin a un conflicto bélico muchas veces no alcanzan a cicatrizar resentimientos existentes entre grupos de diferente fe religiosa. Muy bien realizado y convincentemente actuado, éste es un meritorio film que sigue impresionando tiempo después de haber finalizado su proyección.

Adel Karam en THE INSULT
Sebastián Lelio, uno de los más importantes realizadores latinoamericanos que hace 4 años impresionó con Gloria, es el responsable de dos filmes que impresionó positivamente a los espectadores del TIFF. Uno de ellos es Una Mujer Fantástica (Chile) que aborda un tema vinculado con el transexualismo. Su protagonista es Marina (Daniela Vega), una bella mujer viviendo en Santiago de Chile y que lleva una armoniosa vida en común con Orlando (Francisco Reyes), un hombre divorciado de 57 años de edad; sin embargo, esa dicha se interrumpe cuando repentinamente Orlando es víctima de un aneurisma fatal. Es allí donde queda en descubierto que Marina había sido objeto de una operación quirúrgica que la convirtió de hombre enmujer. Con gran sutileza y sin golpes bajos, Lelio ilustra las humillaciones que Marina sufrirá tanto por parte de las autoridades de la Unidad de Fuerza de Investigación de Ofensas Sexuales al dudar sobre la causa de la muerte de Orlando como así también por parte de su ex mujer que le niega el derecho de asistir al funeral del difunto y de su hijo que le exige que desaloje lo antes posible la vivienda en que habita. Es admirable la actuación de la transexual actriz Vega dando vida a un ser que a pesar de los agravios que sufre es capaz de mantener su dignidad a toda prueba; tratando de sobrellevar el maltrato del que es objeto demuestra ser una mujer fantástica. A pesar de que mucho se ha progresado en el tema de la orientación sexual diferente y de los derechos que asisten al transexual, el film motiva a pensar que la batalla no está del todo ganada.

Daniela Vega en UNA MUJER FANTÁSTICA
Lelio igualmente sorprende con Disobedience (Gran Bretaña), su primera incursión internacional en idioma inglés, abordando un delicado tema que está basado en la novela homónima de la escritora británica Naomi Alderman. El relato introduce a Ronit (Rachel Weisz) quien años atrás dejó la comunidad religiosa de Londres donde su padre es el gran y reverenciado rabino para independizarse del medio que la rodeaba e iniciar una vida independiente como fotógrafa en Nueva York. Cuando su padre muere y retorna a Londres para su sepelio se aloja transitoriamente en la casa de su viejo amigo Dovid (Alessandro Nivola) quien está casado con Esti (Rachel McAdams), su íntima amiga de la infancia. Es allí donde Ronit habiendo cometido un acto de flagrante desobediencia por haber abandonado su fe es recibida fríamente por parientes y amigos; más aún, su progenitor nunca llegó a perdonar su alejamiento al punto de ignorarla por completo ‑donde en las obituarias de los diarios aparece como un hombre sin hijos‑y en su voluntad testamentaria decidió ceder sus bienes a la sinagoga.
La segunda transgresión de la joven es que en este retorno ella y Esti no pueden resistir el fuerte impulso sexual que las atrae, a pesar de que Esti es observante de la religión judía donde la homosexualidad constituye un acto completamente inaceptable.
Lelio analiza con gran sutilidad la complejidad de la conducta humana en lo concerniente a la fe y a la identidad sexual logrando que Weisz y McAdams transmitan satisfactoriamente la variada gama de emociones que atraviesan sus personajes. Igualmente es expresivo Nivola como el comprensivo marido que permite a su mujer que decida por sí misma el camino a seguir. En esencia, el director ofrece un bello film con un noble mensaje que destaca el derecho inherente a toda persona de definir su identidad, como lo que acontece con las dos protagonistas de esta historia.