Crónica de Jorge Gutman
Aki Kaurismaki, el más importante director finlandés y uno de los más renombrados internacionalmente, vuelve a ofrecer otro film de gran humanidad y candente actualidad con The Other Side of Hope (Finlandia-Alemania). La guerra que desde hace varios años enluta a Siria ha producido una importante ola de refugiados que tratan de salvar sus vidas buscando amparo en otras regiones del mundo; ese es el caso de Khaled (Sherwan Haji) quien proveniente de la bombardeada ciudad de Alepo ha logrado llegar a Finlandia ilegalmente proveniente de Turquía y tras haber atravesado previamente Escandinavia. Su pedido de asilo político es rechazado oficialmente porque la autoridad de turno considera que Alepo no es un lugar peligroso, e inmediatamente es detenido con el propósito de ser repatriado al día siguiente a Siria. Habiendo logrado escapar de su encierro la suerte hace que se tope con Wikstrom (Sakari Kuosmanen), un cincuentenario individuo que atravesando una crisis de la mediana edad decide comenzar una nueva vida instalando un restaurante. Ambas historias se empalman armoniosamente y es así que a pesar de la frialdad demostrada por las autoridades finlandesas, el relato concebido por el realizador demuestra que persiste el sentimiento de comprensión y solidaridad por parte de sus ciudadanos, como lo prueba Wikstrom al concederle refugio a Khaled y tratando de ayudarlo para obtener la documentación necesaria y convertirlo en residente legal.
El trasfondo dramático del tema no impide que Kaurismaki recurra a un humor cáustico y absurdo con gags de gran ironía, granjeando de este modo la total empatía del espectador. En todo caso, no obstante el drama sufrido por los refugiados en el mundo, esta historia deja un atisbo de esperanza aludiendo a su título. Éste es un film excelentemente construido, dirigido e interpretado por un calificado elenco.
En su primer film como realizador y guionista Ali Asgari aborda en Disappearance (Irán-Qatar) un tema de relevancia moral al propio tiempo que expone características no muy conocidas sobre el funcionamiento del sistema de salud en Irán. En horas nocturnas Sara (Sadaf Asgari), una adolescente estudiante de arquitectura, se dirige al departamento de emergencia de un hospital público de Teherán aludiendo que está sangrando por haber sido violada; lo cierto es que después de haber sido examinada ella necesita ser operada lo antes posible; sin embargo la delicada cirugía no puede ser realizada sin el consentimiento de sus padres o de un familiar cercano. Frente a esta situación recurre a su enamorado Hamed (Amir Reza Ranjbaran) para que se haga presente en el hospital presentándolo como su hermano. Con todo, una serie de formalidades burocráticas motivan a que la joven pareja tenga que transitar de hospital en hospital tratando de lograr resolver la urgente situación en la medida que se requiere el consentimiento de los padres de la joven; sin embargo esa solución resulta imposible para Sarah porque eso implicaría confesar a su familia su relación con Hamed y haber perdido la virginidad en condiciones poco menos que sacrílegas para los códigos morales vigentes al no estar casada. De este modo, a través de mentiras que se van sucediendo en donde la delicada situación planteada no tiene visos de solución inmediata, la dura experiencia atravesada por la joven pareja termina afectando el vínculo que los une.
Asgari demuestra una considerable madurez en su ópera prima ofreciendo un trabajo sobrio al ilustrar convincentemente las aspiraciones de los jóvenes de la presente generación en el marco de una sociedad conservadora renuente a aceptar los cambios.

Sadaf Asgari y Amir Reza Ranjbaran en DISAPPEARANCE
Habiendo obtenido el máximo premio en el Festival de Venecia de 2009 con Líbano, Samuel Maoz retorna triunfalmente con Foxtrot (Israel-Alemania-Francia-Suiza), un angustiante drama que adopta características surrealistas. Con dos horas de duración, el realizador con un guión que le pertenece estructura el relato en tres partes de igual duración aunque bien diferenciadas. La primera sección presenta a Michael Feldman (Lior Ashkenazi) y a su esposa Dafna (Sara Adler) recibiendo de dos soldados la triste noticia de la muerte de su hijo Jonathan que estaba cumpliendo el servicio militar. Los padres no pueden ocultar la desesperación por esta tragedia en donde el furor de Michael alcanza un nivel descontrolado frente a otro anuncio inesperado. El segundo segmento transcurre en un remoto puesto de control ubicado en el medio del desierto a cargo de 4 soldados donde Jonathan es uno de ellos; allí los muchachos, además de franquear el paso a algunos camellos sueltos, se dedican a verificar las tarjetas de identificación de los viajeros que en su mayoría son palestinos y adoptando con ellos actitudes humillantes. En forma surrealista y absurda queda expuesta la rutina de estos soldados que cuando nada sucede tratan de atenuar su soledad bailando el foxtrot, cuyos movimientos constituyen una metáfora de lo que se presencia en el film. La parte final vuelve a enfocar al matrimonio Feldman en momentos altamente conmovedores.
Con un excelente argumento, excepcional actuación, un sorprendente despliegue visual y una insuperable dirección escénica, el público contempla un excepcional film retratando de manera crítica la falacia de las guerras.

Una escena de FOXTROT
Como en la mayor parte de su filmografía el director Diego Lerman en Una Especie de Familia (Argentina-Brasil-Francia-Polonia) vuelve a enfocar el universo femenino; esta vez adentrándose en el tema de la maternidad y más específicamente en los trámites de adopción de una criatura.
Malena (Bárbara Lennie), es una médica habitando en Buenos Aires que ansiosamente desea ser madre sin haber logrado hasta el presente su propósito; en la medida que los procedimientos legales se ven obstaculizados por la infructuosa vía burocrática, ella recurre a mecanismos no muy legítimos contratando los servicios de una humilde mujer (Yanina Ávila) que vive en condiciones precarias en una zona rural de la provincia de Misiones y está dispuesta a vender a su bebé a punto de nacer. Sin imaginarlo, al llegar a destino Malena se ve sumergida en un complejo laberinto sostenido en gran medida por la complicidad de profesionales médicos y abogados.

Bárbara Lennie en UNA ESPECIE DE FAMILIA
El realizador construye un relato que sin recurrir a golpes bajos resulta muy conmovedor analizando los aspectos éticos y morales que conlleva la adopción clandestina. En un rol que requiere un considerable esfuerzo emocional, Lennie logra transmitir el via crucis de una mujer desesperada de concretar la maternidad que biológicamente no puede lograr, en tanto que Ávila ‑no siendo actriz de profesión- es completamente genuina en el rol que le ha tocado caracterizar.