Los Dos Rivales

FORD V FERRA­RI. Esta­dos Uni­dos, 2019. Un film de James Mangold

No hay duda sobre la com­pe­ten­cia de James Man­gold como rea­li­za­dor dado sus bue­nos ante­ce­den­tes como tal en Girl Inte­rrup­ted (1999), Walk the Line (05) y Logan (2017), para citar algu­nos ejem­plos. Aquí reafir­ma sus con­di­cio­nes en un dra­ma depor­ti­vo muy bien fil­ma­do e inob­je­ta­ble­men­te actua­do; sin embar­go Ford V Ferra­ri ado­le­ce de una exce­si­va dura­ción que ate­núa su impacto.

Matt Damon y Chris­tian Bale

La his­to­ria comien­za en Detroit, en la déca­da del 60, don­de Henry Ford II (Tracy Letts) deci­de con­tra­rres­tar la caí­da de las ven­tas de la Ford Motor Com­pany como así tam­bién recu­pe­rar la ima­gen de la mis­ma que fun­dó su céle­bre abue­lo; para ello nada mejor que estar pre­pa­ra­do para tener un vehícu­lo depor­ti­vo que pue­da par­ti­ci­par en la famo­sa com­pe­ten­cia de Le Mans y al pro­pio tiem­po ven­cer a Ferra­ri, la pode­ro­sa empre­sa ita­lia­na rival a car­go de su pre­si­den­te Enzo Ferra­ri (Remo Giro­ne). Es así que Lee Iacoc­ca (Jon Bernthal), el jefe de publi­ci­dad de la Ford, con­tac­ta a dos figu­ras cla­ves para lograr el pro­pó­si­to per­se­gui­do. Uno de ellos es el caris­má­ti­co y apa­sio­na­do dise­ña­dor de autos de carre­ra Carroll Shelby (Matt Damon) quien igual­men­te como exce­len­te auto­mo­vi­lis­ta resul­tó gana­dor en el tor­neo de Le Mans en 1959; el otro per­so­na­je es Ken Miles (Chris­tian Bale), el ave­za­do mecá­ni­co y remar­ca­ble corre­dor bri­tá­ni­co esta­ble­ci­do en Esta­dos Unidos.

Dicho lo que ante­ce­de, el res­to del rela­to con­ce­bi­do por el guión de Jez But­ter­worth, John-Henry But­ter­worth y Jason Keller con­cen­tra su aten­ción en el tra­ba­jo del dise­ño del Ford GT40, refle­jan­do al pro­pio tiem­po la amis­tad entre Shelby y Miles a la vez que des­ta­ca los incon­ve­nien­tes que ambos deben enfren­tar y supe­rar, entre ellos la ani­mo­si­dad del intran­si­gen­te direc­tor eje­cu­ti­vo (Josh Lucas) de la Ford que sien­te aver­sión hacia el pilo­to bri­tá­ni­co; simul­tá­nea­men­te se ilus­tran momen­tos de la vida fami­liar de Miles a tra­vés de su abne­ga­da espo­sa (Catrio­na Bal­fe) y de su que­ri­do hijo (Noah Jupe). Obvia­men­te todo ello con­du­ce al gran even­to de las 24 horas de Le Mans de 1966 cuya carre­ra abar­ca un ter­cio del film.

https://www.youtube.com/watch?v=6hWrPtUxO2M

Con algu­nas licen­cias, el film basa­do en acon­te­ci­mien­tos reales repro­du­ce exce­len­te­men­te el perío­do en que trans­cu­rre. Pero en líneas gene­ra­les, a pesar de la sóli­da direc­ción de Man­gold, el rela­to está engo­lo­si­na­do con múl­ti­ples deta­lles téc­ni­cos; si bien pue­den resul­tar de inte­rés para quie­nes están invo­lu­cra­dos en la indus­tria auto­mo­triz, en cam­bio disi­pan la aten­ción del espec­ta­dor corrien­te, sobre todo por su ya men­cio­na­do exten­so metra­je. A su favor, el film se enri­que­ce con la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Phe­don Papa­mi­chael apor­tan­do la emo­ción que pro­du­ce el vér­ti­go de la gran carre­ra final en don­de se tie­ne la com­ple­ta sen­sa­ción de estar asis­tien­do a la misma.

Den­tro del muy buen elen­co, tan­to Dam­mon como Bale ofre­cen dos actua­cio­nes nota­bles; com­po­nien­do per­so­na­li­da­des dife­ren­tes, cada uno en lo suyo expre­sa el ardor y pasión del auto­mo­vi­lis­mo refle­jan­do el alto espí­ri­tu depor­ti­vo que los ani­ma; en tal sen­ti­do, tan­to en los acto­res como en sus per­so­na­jes exis­te una logra­da simbiosis.

En suma, he aquí un film que a pesar de no estar logra­do total­men­te, cier­ta­men­te satis­fa­rá a los espec­ta­do­res aman­tes de este arries­ga­do depor­te. Jor­ge Gutman

Un Con­su­ma­do Estafador

THE GOOD LIAR. Esta­dos Uni­dos, 2019. Un film de Bill Condon

Con­tem­plar a dos mons­truos sagra­dos del cine bri­tá­ni­co como Helen Mirren y Ian McKe­llen sería sufi­cien­te moti­vo para sen­tir­se atraí­do en ver The Good Liar; si bien ellos siguen demos­tran­do que son acto­res de raza capa­ces de mara­vi­llar al públi­co, des­afor­tu­na­da­men­te sus remar­ca­bles con­di­cio­nes artís­ti­cas están ver­ti­das al ser­vi­cio de una come­dia dra­má­ti­ca com­ple­ta­men­te implau­si­ble. Una vez más vie­ne aque­llo de que si se está fren­te a un dra­ma rea­lis­ta lo más impor­tan­te es que más allá de que­rer depa­rar sor­pre­sas man­ten­ga una míni­ma con­sis­ten­cia entre lo plan­tea­do y su reso­lu­ción; eso es pre­ci­sa­men­te lo que aquí está ausente.

Ian McKe­llen y Helen Mirren

El guión de Jef­frey Hat­cher basa­do en la nove­la homó­ni­ma de Nicho­las Sear­le, ubi­ca la acción en Lon­dres en 2009. A tra­vés del inter­net Betty (Mirren), una soli­ta­ria viu­da de muy bue­na posi­ción eco­nó­mi­ca, enta­bla rela­ción con Roy (McKe­llen), un viu­do sep­tua­ge­na­rio. En el pri­mer encuen­tro que man­tie­nen se reve­la que exis­te una natu­ral sim­pa­tía entre ambos con­fi­gu­ran­do así la posi­bi­li­dad de nue­vos encuen­tros. Rápi­da­men­te se des­cu­bre que Roy habien­do dado la fal­sa apa­rien­cia de cojear un poco se reve­la como un hábil esta­fa­dor actuan­do con un gru­po de secua­ces a fin de atraer a poten­cia­les inver­so­res para esquil­mar­los. A medi­da que la rela­ción de Betty y Roy pro­si­gue, ella igno­ran­do la ver­da­de­ra per­so­na­li­dad de Roy lo invi­ta a que con­vi­va en su amplia mora­da sin sos­pe­char que el pro­pó­si­to final de su cor­te­jan­te es lograr apro­piar­se de su for­tu­na; a pesar de que su nie­to Stephen (Rus­sell Tovey) es rece­lo­so de Roy supo­nien­do que tras su apa­rien­cia de ino­cen­te hay algo tur­bio por detrás, Betty no duda en abso­lu­to de las bue­nas inten­cio­nes del anciano y se sien­te amplia­men­te gus­to­sa con su compañía.

Tal como está expues­to en el rela­to resul­ta inad­mi­si­ble acep­tar la con­duc­ta de una mujer inte­li­gen­te como Betty en entre­gar­se a las manio­bras per­fec­ta­men­te orques­ta­das por Roy para des­po­jar­la de su for­tu­na. Con todo resul­ta intri­gan­te en saber cómo habrá de desem­bo­car está rela­ción. Es allí que el guión intro­du­ce una vuel­ta de giro com­ple­ta­men­te inacep­ta­ble don­de evi­den­te­men­te resul­ta­ría inade­cua­do reve­lar su desa­rro­llo; bas­ta anti­ci­par que el des­en­la­ce ade­más de ser incon­gruen­te e inve­ro­sí­mil enga­ña al espec­ta­dor al tra­tar de hacer­le ver que nadie debe fiar­se de las apariencias.

A pesar de la enor­me frus­tra­ción que pro­du­ce este medio­cre film, cons­ti­tu­ye un gran pla­cer con­tem­plar a Mirren y McKe­llen quie­nes por pri­me­ra vez actúan con­jun­ta­men­te reve­lan­do la bue­na quí­mi­ca exis­ten­te entre ambos. Es de aguar­dar que pron­to se los vuel­va a apre­ciar en un pro­yec­to más ambi­cio­so que esté a la altu­ra de sus talentos.
Jor­ge Gutman

Sobre­lle­var el Dolor

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

FLEU­VETex­to: Syl­vie Dra­peau. Direc­ción: Ange­la Kon­rad. Elen­co: Ali­ce Bou­chard, Syl­vie Dra­peau, Kare­lle Trem­blay, Marion Vig­neault, Samuël Cȏté, Patri­cia Hou­le, Théo Maca­meau, Jean­ne Mado­re, Alex-Aimée Mar­tel, Elle-Séa­ne Mar­tel, Rosa­lie Payot­te, Edward She­ri­dan Moras. Esce­no­gra­fía: Annick La Bis­son­niè­re. Ves­tua­rio: Ange­la Kon­rad y Pie­rre-Guy Lapoin­te. Ilu­mi­na­ción: Sono­yo Nishi­ka­wa. Músi­ca Ori­gi­nal: Simon Gauthier. Video: Tho­mas Payet­te y Anto­nin Gou­geon Moi­san. Dura­ción: 1 hora y 40 minu­tos sin entre­ac­to. Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 7 de diciem­bre 2019 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde

Syl­vie Dra­peau. (Foto: Yves Renaud)

¿Cómo acep­tar la enor­me pena que impli­ca la pér­di­da de un ser que­ri­do? Éste es el plan­teo cen­tral de la dra­má­ti­ca pie­za auto­bio­grá­fi­ca de la actriz Syl­vie Dra­peau; cuan­do des­pués de poco más de hora y media de repre­sen­ta­ción baja el telón, el públi­co asis­ten­te obtie­ne una res­pues­ta alec­cio­na­do­ra sobre la mane­ra de con­ti­nuar con la vida.

Dra­peau ha vis­to cómo la tra­ge­dia afec­tó su exis­ten­cia fren­te a la des­apa­ri­ción de cua­tro de sus más ínti­mos y cer­ca­nos fami­lia­res. Tenien­do como refe­ren­cia al inmen­so río Saint-Lau­rent en don­de se con­fun­de con el mar, alre­de­dor del cual ella nació y cre­ció, sufre la des­gra­cia de com­pro­bar que sus aguas han tra­ga­do a su her­mano mayor; ese inmen­so dolor no pue­de ser sobre­lle­va­do por su madre quien al poco tiem­po mue­re de pena. Otro gol­pe inmen­so sobre­vie­ne con el sui­ci­dio del her­mano menor como con­se­cuen­cia de su esqui­zo­fre­nia, para con­cluir con la pér­di­da de su her­ma­na mayor debi­do a un acci­den­te cere­bro vascular.

Fren­te a esta malo­gra­da serie de cala­mi­da­des la actriz resol­vió a mane­ra de tera­pia hablar de ellas en cua­tro libros -Le fleu­ve, Le ciel, L’en­fer y La terre- don­de a tra­vés de la escri­tu­ra vuel­ca sus pro­fun­dos sen­ti­mien­tos y las varia­das emo­cio­nes que en ella se han ido alber­gan­do. Es aho­ra que Dra­peau deci­dió efec­tuar una adap­ta­ción tea­tral para que de viva voz la audien­cia se impon­ga de su con­te­ni­do. Para ello con­tó con la cola­bo­ra­ción de Ange­la Kon­rad quien con su rigu­ro­sa pues­ta escé­ni­ca cap­tó toda la rique­za nutri­da en la obra a fin de que su repre­sen­ta­ción trascienda.

Marion Vig­neault, Syl­vie Dra­peau, Kare­lle Trem­blay. (Foto: Yves Renaud)

Con muy buen cri­te­rio la direc­to­ra ha deci­di­do que el tex­to sea ver­ti­do a tra­vés de tres monó­lo­gos don­de cada uno de los mis­mos res­pon­de a una dife­ren­te edad de la dra­ma­tur­ga. Así se asis­te al rela­to con­mo­ve­dor de la peque­ña Syl­vie, pro­si­guien­do con la joven futu­ra actriz al ir atra­ve­san­do los pri­me­ros años de su vida adul­ta para final­men­te arri­bar a su con­di­ción actual de mujer efec­tuan­do el dra­má­ti­co recuen­to de su vida.

Unas pala­bras sobre la inter­pre­ta­ción. El rol de Syl­vie niña es inter­pre­ta­do en for­ma alter­na­da por dos actri­ces; en la repre­sen­ta­ción que pre­sen­ció quien sus­cri­be estas líneas ha sido Marion Vig­neault quien con sus 11 años de edad asom­bra por la segu­ri­dad demos­tra­da en su emo­ti­vo monó­lo­go al expre­sar inten­sa­men­te el tor­men­to de una niña de ver cómo el río pro­du­jo el aho­go de su que­ri­do her­mano Roch. Si bien Kare­lle Trem­blay defien­de con con­vic­ción a la joven Syl­vie, es Dra­peau quien como con­duc­to­ra de la pie­za demues­tra una extra­or­di­na­ria capa­ci­dad de resi­lien­cia. La auto­ra logra con su expo­si­ción una ali­via­do­ra catar­sis don­de tra­vés de la mis­ma le per­mi­te encon­trar un nue­vo sen­ti­do a su exis­ten­cia; al hacer­lo, ofre­ce una inter­pre­ta­ción pene­tran­te a la vez que des­ga­rra­da­men­te con­mo­ve­do­ra. A todo ello, un con­jun­to de extras que inclu­yen a los fami­lia­res de Dra­peau se aso­cian a modo de gru­po coral al tex­to de la obra; en tal sen­ti­do, ade­más del tema cen­tral, la obra brin­da algu­nas refe­ren­cias cul­tu­ra­les que carac­te­ri­zan la iden­ti­dad de Quebec.

Com­ple­men­tan­do los valo­res que emer­gen de esta auto­bio­gra­fía impreg­na­da de poe­sía, Kon­rad ha sabi­do apro­ve­char el con­si­de­ra­ble espa­cio del esce­na­rio del TNM para que las tres intér­pre­tes cen­tra­les jun­to con los extras que la rodean otor­guen una vita­li­dad sin­gu­lar a la repre­sen­ta­ción; eso se adi­cio­na con las efi­ca­ces pro­yec­cio­nes de video que se aco­plan armo­nio­sa­men­te al con­te­ni­do de la obra.

Que­da como resul­ta­do, una obra de gran sen­si­bi­li­dad y con­te­ni­do espi­ri­tual en don­de la auto­ra al saber acep­tar sus sen­ti­mien­tos de tris­te­za, amar­gu­ra y frus­tra­ción ha sabi­do encau­zar­los dejan­do un men­sa­je sin duda posi­ti­vo sobre la mane­ra de sobre­lle­var el dolor.

En esen­cia, una gra­ti­fi­ca­do­ra vela­da tea­tral apor­ta­da por la exce­len­te auto­ra-actriz Syl­vie Dra­peau.

El Gran Acer­vo Cul­tu­ral de Rusia

EL MUSEO DEL ERMITAGE

Den­tro del ciclo In The Gallery de Cine­plex será pre­sen­ta­do el docu­men­tal ita­liano Her­mi­ta­ge: The Power of Art de la direc­to­ra Miche­le Mally.

El film cons­ti­tu­ye una bella tra­ve­sía a tra­vés de los 30 kiló­me­tros de rique­za artís­ti­ca del Museo ubi­ca­do en San Peters­bur­go que ade­más de alo­jar obras de arte de renom­bre mun­dial, cau­sa admi­ra­ción por sus extra­or­di­na­rios monu­men­tos artís­ti­cos crea­dos por ilus­tres arquitectos.

EL ALMUER­ZO de Die­go Veláz­quez (Foto: Museo del Ermitage)

Las colec­cio­nes del Museo, dis­tri­bui­das entre seis sec­cio­nes, ocu­pan cer­ca de 350 salas aco­gien­do más de tres millo­nes de obras. Entre las mis­mas se pue­den admi­rar el arte de Euro­pa Occi­den­tal, el de la Anti­güe­dad, el de los pue­blos de Orien­te, el pri­mi­ti­vo como así tam­bién el de Rusia.

LA DAN­ZA de Henry Matis­se (Foto: Museo del Ermitage)

A tra­vés de la narra­ción efec­tua­da por el actor ita­liano Toni Ser­vi­llo el espec­ta­dor se impo­ne sobre la his­to­ria del Museo a par­tir de su fun­da­ción en 1764 por el zar Pedro el Gran­de y enfa­ti­zan­do las valio­sas adqui­si­cio­nes efec­tua­das pos­te­rior­men­te por la empe­ra­triz Cata­li­na la Gran­de, la remar­ca­ble mece­nas de las artes que has­ta el pre­sen­te sigue fas­ci­nan­do a his­to­ria­do­res y crí­ti­cos de arte del mun­do; igual­men­te, el film resal­ta la vita­li­dad de San Peters­bur­go y del Ermi­ta­ge como lugar de encuen­tro de artis­tas extran­je­ros, arqui­tec­tos e inte­lec­tua­les con­tri­bu­yen­do con su arte y cultura.

RETORNO DEL HIJO PRÓ­DI­GO de Rem­brandt (Foto: Museo del Ermitage)

Ade­más de apre­ciar algu­nas de las obras de su colec­ción per­te­ne­cien­tes entre otros gran­des genios a Van Dyck, Veláz­quez, Matis­se, Raphael, Rem­brandt y Cézan­ne, la nota­ble foto­gra­fía de Mar­co Alfie­ri per­mi­te apre­ciar la belle­za de la ciu­dad con sus edi­fi­cios, ave­ni­das, puen­tes, esta­tuas y resi­den­cias de dis­tin­ta índole.

El docu­men­tal será exhi­bi­do a par­tir del 24 de noviem­bre en las salas de Cine­plex.

Fil­mes Vis­tos en Cinemania

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí la eva­lua­ción de ocho de los fil­mes pre­sen­ta­dos en este fes­ti­val que con­clu­ye el domingo.

UNE INTI­ME CON­VIC­TION (Fran­cia)

UNE INTI­ME CONVICTION

En su ópe­ra pri­ma Antoi­ne Raim­bault abor­da un sóli­do dra­ma judi­cial sobre una mis­te­rio­sa des­apa­ri­ción que en su momen­to tuvo en Fran­cia amplia reper­cu­sión. El guión del rea­li­za­dor e Isa­be­lle Lazard está basa­do en un hecho verí­di­co enfo­can­do a Jac­ques Viguier (Lau­rent Lucas), este pres­ti­gio­so abo­ga­do de Tou­lou­se y padre de tres hijos, en 2000 fue dete­ni­do y acu­sa­do de haber mata­do a su espo­sa Suzan­ne; como úni­co dato se supo que ella dejó su domi­ci­lio el 27 de febre­ro de ese año sin lle­var nada con­si­go y que des­de enton­ces nadie la vol­vió a ver. Sin haber­se halla­do el cuer­po de la mujer y sin evi­den­cia con­cre­ta de que su mari­do la hubie­ra ase­si­na­do, él que­dó exo­ne­ra­do de cul­pa y cargo.

Una déca­da des­pués el caso se reabre debi­do a la pre­sión ejer­ci­da por Oli­vier Duran­det (Phi­lip­pe Uchan), el aman­te de Suzan­ne adu­cien­do la cul­pa­bi­li­dad de Viguier. Como con­se­cuen­cia de ello, Nora (Mari­na Foïs), una madre mono­pa­ren­tal cuyo hiji­to reci­be tuto­ría de la hija mayor (Aman­de Bou­lan­ger) del acu­sa­do, con­ven­ci­da de su ino­cen­cia y teme­ro­sa de que pue­da pro­du­cir­se un gra­ve error judi­cial recu­rre al pres­ti­gio­so abo­ga­do pena­lis­ta Éric Dupond Moret­ti (Oli­vier Gour­met) para que tome a su car­go la defen­sa de Viguier.

Tan­to los pre­pa­ra­ti­vos pre­vios a la ini­cia­ción del deba­te, como el desa­rro­llo del jui­cio con la pre­sen­ta­ción de diver­sos tes­ti­gos gene­ran un muy buen thri­ller gra­cias a la diná­mi­ca acción que el rea­li­za­dor impri­me al rela­to como así tam­bién al muy buen mon­ta­je logra­do por Jean-Bap­tis­te Beau­doin. A ello se agre­ga la con­vin­cen­te actua­ción de Foïs cuyo per­so­na­je demues­tra un apa­sio­na­mien­to inusi­ta­do para que el acu­sa­do vuel­va a ser exo­ne­ra­do, como así tam­bién se dis­tin­gue la par­ti­ci­pa­ción de Gour­met, quien, antes de que se conoz­ca el vere­dic­to del jura­do, bre­ga para que sus inte­gran­tes actúen con ínti­ma con­vic­ción al tener en cuen­ta que sería un abor­to de la jus­ti­cia con­de­nar a una per­so­na cuan­do pue­da exis­tir la duda sobre su culpabilidad.

PAPI­CHA (Fran­cia-Arge­lia-Bél­gi­ca-Qatar)

PAPI­CHA

Una de las más apre­cia­das pelí­cu­las del fes­ti­val de Can­nes de este año ha sido esta come­dia dra­má­ti­ca don­de la rea­li­za­do­ra Mou­nia Med­dour evi­den­cia un nota­ble nivel de madu­rez para rela­tar una his­to­ria que trans­cu­rre en Arge­lia en la déca­da del 90 cuan­do el país se encon­tra­ba en gue­rra civil y el isla­mis­mo fun­da­men­ta­lis­ta limi­ta­ba la liber­tad feme­ni­na. La direc­to­ra arge­li­na cuya bue­na par­te de su infan­cia y ado­les­cen­cia trans­cu­rrió en su país natal deci­dió emi­grar a Fran­cia y es así que en este film ins­pi­ra­do en even­tos reales trans­mi­te su expe­rien­cia median­te un rela­to de fic­ción basa­do en el guión pre­pa­ra­do por ella y Fadet­te Drouard.

En el mar­co de la épo­ca y medio social con­ser­va­dor impe­ran­te la tra­ma pre­sen­ta a Nedj­ma (Lyna Khou­dri), una estu­dian­te en resi­den­cia en la uni­ver­si­dad de Argel que a pesar del con­flic­to civil que infec­ta al país pro­si­gue su vida nor­mal; ella, que ade­más es dise­ña­do­ra de modas y cos­tu­re­ra, con su mejor ami­ga Was­si­la (Shri­ne Bou­te­la) logran esca­bu­llir­se en las horas noc­tur­nas para pasar­las en las dis­co­te­cas y apro­ve­char los baños de las mis­mas para ven­der ves­ti­dos que obvia­men­te con­tra­di­cen los típi­cos atuen­dos de las muje­res musul­ma­nas. El nudo dra­má­ti­co del film se pro­du­ce cuan­do Nedj­ma deci­de orga­ni­zar un des­fi­le de modas en la facul­tad que sin duda enar­de­ce­rá a los inte­gris­tas musulmanes.

Cier­ta­men­te no es éste el pri­mer film que con­si­de­ra el tema de la lucha por la liber­tad y eman­ci­pa­ción de la mujer. Pero lo que lo des­ta­ca es el caris­ma y brío que Khou­dri vier­te en el per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co per­mi­tien­do que el públi­co logre una total iden­ti­fi­ca­ción con el mis­mo. Esta pelí­cu­la que home­na­jea a la mujer per­se­ve­ran­te fren­te a todo tipo de adver­si­dad no ha sido exhi­bi­da en Arge­lia y lo más para­dó­ji­co es que es la can­di­da­ta ofi­cial para con­cur­sar al Oscar de la mejor pelí­cu­la extran­je­ra. Huel­ga decir que Med­dour impre­sio­na en su ópe­ra pri­ma que sin duda cons­ti­tu­ye un muy buen ante­ce­den­te para sus futu­ros trabajos.

LOLA VERS LA MER (Bél­gi­ca-Fran­cia)

LOLA VERS LA MER

Una bue­na ilus­tra­ción de una joven tran­se­xual en los albo­res de comen­zar una nue­va vida como mujer es lo que se apre­cia en este sóli­do dra­ma escri­to y diri­gi­do por Lau­rent Micheli.

Si bien el cine ha tra­ta­do este tópi­co en varias oca­sio­nes, sobre todo en Una Mujer Fan­tá­sit­ca (2017) de Sebas­tián Lelio, el tra­ta­mien­to aquí adquie­re un tono dife­ren­te aun­que el deno­mi­na­dor común del recha­zo y la no acep­ta­ción de ser como uno es pre­do­mi­na en la his­to­ria planteada.

Lola (Mya Bollaers) es una joven de 18 años que ha esta­do ale­ja­da de su fami­lia, por­que su padre (Benoît Magi­mel) no podía con­sen­tir que su hijo Lio­nel adop­ta­ra un com­por­ta­mien­to feme­nino. Estan­do en la eta­pa final de la ope­ra­ción que habrá de con­ver­tir­la com­ple­ta­men­te en mujer reci­be la noti­cia de la muer­te de su que­ri­da madre. Des­de el pri­mer reen­cuen­tro con su pro­ge­ni­tor, des­pués de 2 años de no haber­se vis­to ni habla­do, se apre­cia el pro­fun­do des­pre­cio que él sien­te por ella, acti­tud que ella retri­bu­ye del mis­mo modo. Con todo él ter­mi­na acce­dien­do para que jun­tos reali­cen un via­je hacia un bal­nea­rio bel­ga para cum­plir con el deseo de la difun­ta en espar­cir las ceni­zas en el mar.

A tra­vés del reco­rri­do sur­gi­rán los resen­ti­mien­tos, rece­los y la fran­ca ene­mis­tad que ani­ma a ambos en don­de el padre se ente­ra que duran­te el perío­do en que Lola estu­vo ausen­te de su hogar, su madre com­pren­si­va y cari­ño­sa solía visi­tar­la y ayu­dar­le finan­cie­ra­men­te a fin de que pudie­ra con­cre­tar la operación.

La enver­ga­du­ra del rela­to des­can­sa en la logra­da diná­mi­ca que se esta­ble­ce entre ambos per­so­na­jes don­de por un lado se encuen­tra el padre que no pue­de acep­tar que su hijo ya no lo sea y por el otro la de una per­so­na que duran­te toda su vida se iden­ti­fi­có como mujer y por lo tan­to no pue­de evi­tar la amar­gu­ra que la inva­de por el recha­zo de su progenitor.

Bollaers, que en la vida real es igual­men­te tran­se­xual, rea­li­za una muy bue­na carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je como la sufri­da chi­ca que final­men­te ha encon­tra­do el ver­da­de­ro camino adop­tan­do su nue­va per­so­na­li­dad, en tan­to que Magi­mel igual­men­te con­ven­ce como la per­so­na no pre­pa­ra­da para actuar como buen padre y acep­tar la femi­nei­dad de su hija.

ROU­BAIX, UNE LUMIĖ­RE (Fran­cia)

ROU­BAIX, UNE LUMIĖRE

Un pano­ra­ma tétri­co y des­hu­ma­ni­za­dor es lo que se apre­cia en este dra­ma poli­cial del pres­ti­gio­so rea­li­za­dor galo Arnaud Des­ple­chin, cuya acción se desa­rro­lla en su ciu­dad natal de Rou­baix, ubi­ca­da al nor­des­te de Francia.

En ese esce­na­rio don­de casi la mitad de su pobla­ción de 100 mil habi­tan­tes vive por deba­jo de los lími­tes de pobre­za, el comi­sa­rio Daoud (Roschdy Zem) se desem­pe­ña des­de lar­go tiem­po bata­llan­do el deli­to exis­ten­te como con­se­cuen­cia de la mise­ria impe­ran­te. De natu­ra­le­za retraí­da y soli­ta­ria aun­que de nobles sen­ti­mien­tos él cono­ce todos los por­me­no­res que en mate­ria delic­ti­va azo­tan al lugar. Aho­ra cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de Louis Cote­re­lle (Antoi­ne Rei­nartz), un joven detec­ti­ve recien­te­men­te diplo­ma­do que mucho habrá de apren­der de su superior.

Esta pre­sen­ta­ción que abar­ca casi la mitad del metra­je es pun­ti­llo­sa­men­te ilus­tra­da y a modo de un buen docu­men­tal, agra­cia­do por la exce­len­te foto­gra­fía de Iri­na Lubt­chansky, cons­ti­tu­ye lo mejor del film.

El orden natu­ral se alte­ra en la vís­pe­ra de Navi­dad, cuan­do se pro­du­ce el ase­si­na­to de una mujer ancia­na en su domi­ci­lio ubi­ca­do en un calle­jón don­de en días pre­vios se había pro­du­ci­do un incen­dio. En ese vecin­da­rio viven dos muje­res, Clau­de (Léa Sey­doux) y su ami­ga Marie (Sara Fores­tier), en el que el olfa­to de Daoud le hace pre­su­mir que ellas tie­nen algu­na vin­cu­la­ción con el cri­men per­pe­tra­do. De allí en más el rela­to basa­do en el guión del rea­li­za­dor y Lea Mysius, se cen­tra en el minu­cio­so inte­rro­ga­to­rio efec­tua­do a ambas muje­res, en for­ma sepa­ra­da, con ver­sio­nes que difieren.

Los ele­men­tos con­cu­rren­tes se pres­tan para el desa­rro­llo de un intere­san­te thri­ller. Lo que suce­de es que el cues­tio­na­mien­to poli­cial con la con­si­guien­te pre­sión psi­co­ló­gi­ca ejer­ci­da en las jóve­nes, es rea­li­za­do en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des y esas varia­cio­nes repe­ti­ti­vas ale­tar­gan la expo­si­ción; ade­más, la con­fron­ta­ción final entre las sos­pe­cho­sas no logra crear la nece­sa­ria ten­sión que se requie­re en este tipo de rela­tos, afec­tan­do su ritmo.

A su favor, el film se des­ta­ca por la bue­na des­crip­ción del ambien­te social des­ta­can­do la noble misión que rea­li­zan los ser­vi­do­res del orden públi­co así como la meri­to­ria actua­ción de sus intérpretes.

REVE­NIR (Fran­cia)

REVE­NIR

Éste es otro de los satis­fac­to­rios títu­los pro­gra­ma­dos por Cine­ma­nia; habien­do sido pre­sen­ta­do en una de las sec­cio­nes del últi­mo fes­ti­val de Vene­cia ha obte­ni­do el pre­mio al mejor guión escri­to por su rea­li­za­do­ra Jes­si­ca Palud jun­to con Phi­lip­pe Lio­ret y Diastème.

En for­ma con­ci­sa, la direc­to­ra ha sabi­do expo­ner un muy buen dra­ma rural adop­tan­do un bajo per­fil y per­mi­tien­do que a lo lar­go de su desa­rro­llo las emo­cio­nes vayan sur­gien­do en for­ma natu­ral, evi­tan­do cual­quier tipo de arti­fi­cio sen­ti­men­tal. Basa­do en una nove­la de Ser­ge Jon­co­ur, la his­to­ria cen­tral res­pon­de a su titu­lo, el regre­so al hogar de un joven des­pués de 12 años de ausencia.

Tho­mas (Niels Sch­nei­der) que había deja­do a los suyos para vivir en Mon­treal, vuel­ve a la región de Drȏ­me (al sur­es­te de Fran­cia) don­de se encuen­tra la gran­ja gana­de­ra explo­ta­da por sus padres. La razón de su retorno es debi­da a la gra­ve enfer­me­dad ter­mi­nal de su madre Cathe­ri­ne (Hélè­ne Vin­cent) quien se encuen­tra hos­pi­ta­li­za­da; allí se reen­cuen­tra con su depri­mi­do padre Michel (Patrick d’As­su­mçao) quien lo reci­be con un indi­si­mu­la­do ges­to de inco­mo­di­dad que aun­que no se expli­ci­te cla­ra­men­te el moti­vo del mis­mo pue­de ser infe­ri­do por el espectador.

En tan­to en este tran­si­to­rio via­je lle­ga a cono­cer a Mona (Adè­le Exar­cho­pou­los), la viu­da de su her­mano menor Michel, y su hiji­to Alex (Roman Cous­tè­re-Hachez); es con él don­de Tho­mas sabe ganar­se su sim­pa­tía y afec­to al obrar como padre sustituto.

Gra­dual­men­te Tho­mas se va impo­nien­do sobre la cau­sa que moti­vó la muer­te de su her­mano y la vin­cu­la­ción con la situa­ción finan­cie­ra­men­te nega­ti­va de la explo­ta­ción de la gran­ja, todo ello uni­do al dra­ma actual de lo que acon­te­ce a su madre.

En esen­cia, se tra­ta de un film ínti­mo y sin­ce­ro que lle­ga a tras­cen­der al lograr una impor­tan­te cone­xión entre los bien des­crip­tos per­so­na­jes y el públi­co. Eso es debi­do a la sen­si­bi­li­dad de Palud en haber tras­la­da­do feliz­men­te el libro ori­gi­nal y a su buen elen­co en el que sobre­sa­le Sch­nei­der; el joven actor demues­tra ple­na con­fi­den­cia en un rol don­de sus sen­ti­mien­tos los expre­sa más inte­rior que exte­rior­men­te, sobre todo en la emo­ti­va vin­cu­la­ción que man­tie­ne con su peque­ño sobrino.

TU MÉRI­TES UN AMOUR (Fran­cia)

TU MÉRI­TES UN AMOUR

En su pri­mer tra­ba­jo como direc­to­ra, la actriz y guio­nis­ta Haf­sia Her­zi ofre­ce un chis­pean­te y román­ti­co film que per­mi­te la anuen­cia del públi­co festivalero.

Her­zi ani­ma a Lila una joven mujer pari­si­na que man­tie­ne un inter­mi­ten­te víncu­lo sen­ti­men­tal con su ena­mo­ra­do Rémi (Jére­mie Laheur­te). Cuan­do él par­te a Boli­via para reen­con­trar­se con­si­go mis­mo dejan­do la rela­ción abier­ta, el no deja de lla­mar­la des­de allí dan­do a enten­der que la his­to­ria amo­ro­sa no ha con­clui­do. Sin embar­go, sin­tién­do­se ape­na­da por el aban­dono Lila inten­ta adop­tar medios alter­na­ti­vos para supe­rar su frus­tra­ción y es así que abrién­do­se a dis­tin­tas posi­bi­li­da­des, resuel­ve deam­bu­lar por la ciu­dad bus­can­do el con­sue­lo y el estí­mu­lo de sus ami­gos aun­que sin des­car­tar algu­nas aven­tu­ras sexuales.

Con un rit­mo con­si­de­ra­ble­men­te diná­mi­co la novel direc­to­ra demues­tra su sapien­cia narra­ti­va den­tro del con­tex­to de una his­to­ria en don­de como actriz impo­ne su pre­sen­cia al des­ple­gar com­ple­ta natu­ra­li­dad en la com­po­si­ción de su per­so­na­je, dotán­do­lo de ener­gía y con­ta­gio­sa vitalidad.

REBE­LLES (Fran­cia)

REBE­LLES

Sin ser una obra de arte pero logran­do amplia­men­te el obje­ti­vo de entre­te­ner sana­men­te el direc­tor Allan Mau­duit ilus­tra en esta come­dia joco­sa cómo el empo­de­ra­mien­to feme­nino es capaz de ven­cer a la miso­gi­nia, ven­gar­se de mane­ra resuel­ta y ade­más obte­ner un buen resul­ta­do pecuniario.

Los per­so­na­jes prin­ci­pa­les son tres avis­pa­das muje­res que aun­que dife­ren­tes en per­so­na­li­dad tie­nen una jus­ti­fi­ca­da razón para unir­se en una cau­sa común. Una de ellas es San­dra (Céci­le de Fran­ce), quien quin­ce años atrás fue­ra agra­cia­da como Miss Nord-Pas-de Calais en la Cos­ta Azul; pasa­do ese lap­so de glo­ria regre­sa a Bou­log­ne-sur-Mer don­de habi­ta su madre y allí logra un tra­ba­jo en una fábri­ca de manu­fac­tu­ra de pes­ca­dos, don­de tam­bién se desem­pe­ñan como obre­ras Marilyn (Audrey Lamy) y Nadi­ne (Yolan­de Moreau).

San­dra, que es codi­cia­da por el libi­di­no­so capa­taz de la fábri­ca (Patrick Ridre­mont) tra­ta de evi­tar sus avan­ces de seduc­tor; cuan­do una noche al pun­to de reti­rar­se a su hogar ella se encuen­tra por él arrin­co­na­da, para resis­tir su inten­to de vio­la­ción lo embis­te con la puer­ta de un arma­rio don­de como resul­ta­do del gol­pe reci­bi­do el libi­di­no­so indi­vi­duo ve des­pren­di­do su viril órgano geni­tal; esa esce­na ori­gi­na uno de los momen­tos más hila­ran­tes de esta his­to­ria. Como con­se­cuen­cia del acci­den­te, al sacu­dir­se de dolor el capa­taz se derrum­ba en una esca­le­ra per­dien­do su vida. Tes­ti­gos del hecho son sus com­pa­ñe­ras Marilyn y Nadi­ne don­de ade­más de cola­bo­rar con San­dra para la des­apa­ri­ción del cadá­ver des­cu­bren que el difun­to posee una bol­sa reple­ta de millo­nes de euros; he ahí, la gran ten­ta­ción de apro­piar­se del mis­mo sin ima­gi­nar en un prin­ci­pio que ese cuan­tio­so botín per­te­ne­ce a una ban­da de gangs­ters que no se resig­na­rá fácil­men­te a perderlo.

He aquí una explo­si­va come­dia negra don­de Mau­duit apli­ca en cier­tos momen­tos un típi­co tono de wes­tern, en otros no están ausen­tes las vuel­tas de giro y situa­cio­nes ines­pe­ra­das al esti­lo Taran­tino, como tam­bién alu­de a algu­nos de los temas abor­da­dos del mis­mo géne­ro por los her­ma­nos Coen. En esen­cia, este es un muy risue­ño pasa­tiem­po con tres entu­sias­tas actri­ces dan­do vida a tres per­fec­tas mos­que­te­ras demos­tran­do poseer las mis­mas aga­llas que su con­tra­par­te mas­cu­li­na y que obvia­men­te son exce­len­tes repre­sen­tan­tes del #metoo.

SIBYL (Fran­cia-Bél­gi­ca)

SIBYL

La rea­li­za­do­ra Jus­ti­ne Triet, que cau­só favo­ra­ble impre­sión con La Batai­lle de Sol­fé­rino (2013), en este lar­go­me­tra­je enfo­ca a una joven mujer que entre­mez­cla su vida ínti­ma con su tra­ba­jo profesional.

Sibyl (Vir­gi­nie Efra) es una psi­co­ana­lis­ta que des­pués de 10 años de exi­to­sa carre­ra, deci­de no aten­der más a sus pacien­tes para dedi­car su tiem­po a escri­bir una nove­la. Aun­que fir­me en su con­vic­ción, no pue­de dejar de acep­tar como pacien­te a Mar­got (Adè­le Exar­cho­pou­los), una joven actriz, quien deses­pe­ra­da­men­te desea que la tra­te para resol­ver su dile­ma de si abor­tar o no su emba­ra­zo pro­du­ci­do con Igor (Gas­pard Ulliel), el pro­ta­go­nis­ta del film que está realizando.

La his­to­ria plan­tea­da no tie­ne asi­de­ro rea­lis­ta al no jus­ti­fi­car per­sua­si­va­men­te el inte­rés espe­cial de Sibyl hacia Mar­got. La tra­ma cen­tral del rela­to se dilu­ye cuan­do Sibyl fas­ci­na­da por las con­fe­sio­nes ínti­mas de su pacien­te se nutre de las mis­mas para vol­car­las al libro que está pre­pa­ran­do. Al pro­pio tiem­po comien­za a reme­mo­rar su pro­ble­má­ti­co pasa­do con un affair amo­ro­so que man­tu­vo con Gabriel (Niels Sch­nei­der), de pare­ci­das carac­te­rís­ti­cas al de Mar­got. Cuan­do Sibyl acep­ta acom­pa­ñar a la actriz a Stróm­bo­li don­de tie­ne lugar la fil­ma­ción de su pelí­cu­la, las esce­nas de angus­tia e his­te­ris­mo que allí se suce­den con­tri­bu­yen a gene­rar secuen­cias poco con­se­cuen­tes que empa­li­de­cen aún más el inte­rés del rela­to. Con una direc­ción monó­to­na y un guión des­po­ja­do de inte­rés, el film dis­ta de satisfacer.