SIN LA HABANA. Cuba-Canadá, 2020. Un film escrito y dirigido por Kaveh Nabatian. 94 minutos.
Debutando en el largometraje, el director y músico irani-canadiense Kaveh Nabattan ofrece un sobrio documental enfocando las vicisitudes atravesadas por jóvenes cubanos que intentan radicarse en Canadá.

Yonah Acosta
El guión del realizador escrito conjuntamente con Pablo Herrera comienza en La Habana ofreciendo una interesante pintura de la ciudad como asimismo una descripción de la apremiante situación económica de ciertos sectores de la población. En ese contexto Leonardo (Yonah Acosta), un dotado bailarín de danza clásica, aspira a lograr un amplio reconocimiento en la compañía de danza donde actúa y cuyo próximo espectáculo es el ballet Romeo y Julieta. Como aguardaba obtener el rol protagónico, no puede disimular su disgusto al haber sido asignado un papel secundario; el hecho origina una seria fricción con el director del ballet lo que motiva a que sea despedido.
En tanto Sara (Evelyn O’Farrill), su ambiciosa novia abogada, insta a Leonardo a que dejen la isla en procura de un porvenir más venturoso en Norteamérica. La oportunidad se presenta cuando el bailarín, ofreciendo clases de salsa en la escuela donde enseña, conoce a Nasim (Aki Yaghoubi), una turista canadiense divorciada de ascendencia iraní que simpatiza con él; al poco tiempo logra seducirla y ella lo invita con un pasaje de avión para que se traslade a Montreal, donde reside. Todo parecería indicar que está abierta la posibilidad para que Leonardo pueda obtener a través de Nasim la residencia legal en Canadá y posteriormente conseguirla para Sara. Con todo a su llegada a la francófona ciudad Leonardo comprueba que su sueño canadiense está lejos de concretarse al no tener éxito en los audiciones de danza en las que se presenta; a eso se agrega que encontrándose sin la pertinente documentación legal tenga que aceptar un trabajo de baja remuneración que nada tiene que ver con su profesión habitual.
Además de emplear la danza y la música como elementos que enriquecen al film, lo más importante es cómo Nabatian con fina sensibilidad analiza psicológicamente a sus principales personajes con sus ilusiones y sinsabores a través de un triángulo romántico que se va desintegrando por los avatares del destino. Asimismo el realizador ofrece interesantes contrastes culturales existentes entre Cuba y Canadá e igualmente muestra aspectos no muy conocidos de la cultura iraní montrealense en donde no están exentos los prejuicios raciales a fin de salvaguardar los lazos familiares del país de origen.
Con actores carismáticos que se adentran satisfactoriamente en la piel de sus personajes y la articulada narración del director, Sin La Habana es un film que analizando con seriedad la temática de la migración permite mantener la atención del espectador.
Jorge Gutman