PROFESSION DU PĖRE. Francia, 2021. Un film de Jean-Pierre Améris. 105 minutos.
No siempre una obra literaria encuentra feliz traslado al cine; eso es lo que acontece con Profession du père cuya adaptación efectuada por el realizador Jean-Pierre Améris de la novela homónima de Sorj Chalandon (2015) dista de satisfacer.

Jules Lefebvre y Benoît Poelvoorde
Si bien el autor se inspiró en episodios de su propia infancia lo que se observa en pantalla resulta difícilmente creíble. La historia se desarrolla en Lyon, en 1961 donde en la primera escena André Choulans (Benoît Poelvoorde) un veterano de la guerra de Argelia, viendo por televisión un discurso del presidente Charles de Gaulle despotrica furiosamente contra él porque tiene la intención de permitir la autodeterminación argelina; tanto su mujer (Audrey Dana) como su hijo Émile (Jules Lefebvre) de 12 años permanecen callados. Prontamente se puede inferir que este trastornado individuo no se encuentra en buen estado mental; dando rienda suelta a su imaginación se jacta haber sido paracaidista en la guerra, además de cantante, jugador de fútbol, espía y consejero personal del general de Gaulle.
El rebuscado relato alcanza total inverosimilitud cuando André induce a su hijo a participar en una peligrosa misión en representación de la Organización de la Armada Secreta (OAS), un organismo de extrema derecha cuya intención es la de derrocar al presidente. Émile que venera a su padre trata de satisfacerlo recibiendo de él el entrenamiento preciso a fin de cumplir con su deseo.
Hay varios aspectos que contribuyen a que resulte difícil comprender a los personajes que integran a dicho núcleo familiar. En primer lugar, es inexplicable que André pueda permanecer en el hogar sin ayuda psiquiátrica teniendo en cuenta sus reacciones violentas que peligran a su mujer y a Émile. A todo ello Denise, permanentemente humillada por su esposo, acepta pasivamente sus exabruptos e incluso no interviene para impedir que su marido en una escena de furia castigue a latigazos a su hijo: tampco es posible admitir que Émile por más que venere a su padre al que considera un héroe, sea incapaz de ver que es un peligroso psicópata que convierte a su hogar en un infierno.
En algunos casos un buen elenco puede mitigar una historia incongruente; pero en este caso, a pesar de las remarcables actuaciones de Poelvoorde y Lefebvre los personajes que caracterizan carecen de credibilidad impidiendo de este modo que exista una empatía con los mismos. Al malogrado guión debe agregarse el ritmo lento que Améris imprime al relato que se vuelve repetitivo y monótono afectando aún más el resultado de este fallido drama. Jorge Gutman