Un Tour del Holocausto

A REAL PAIN. Esta­dos Uni­dos-Polo­nia, 2023. Un film escri­to y diri­gi­do por Jes­se Eisen­berg. 90 minutos

Sin ama­ne­ra­mien­to alguno y con gran sen­ci­llez Jes­se Eisen­berg abor­da una huma­na his­to­ria en la que coha­bi­tan dos temas simul­tá­nea­men­te. Su guión, ade­más de ofre­cer un buen estu­dio carac­te­ro­ló­gi­co de dos empa­ren­ta­dos fami­lia­res, ofre­ce al pro­pio tiem­po una visión moder­na de un país que ha sido devas­ta­do por la gue­rra y en don­de aflo­ran los recuer­dos som­bríos del Holocausto.

Jes­se Eisen­berg y Kie­ran Culkin

David (Eisen­berg), que resi­de en New York con su mujer e hiji­ta, se reúne con Ben­ji (Kie­ran Cul­kin), son dos pri­mos judíos de la mis­ma edad que han esta­do dis­tan­cia­dos y que en su infan­cia vivie­ron como si fue­ran her­ma­nos. La razón del reen­cuen­tro se debe al recien­te falle­ci­mien­to de la abue­la, que había sido una de las que han sobre­vi­vi­do al exter­mi­nio nazi y pos­te­rior­men­te emi­gró a Esta­dos Uni­dos. Es así que ambos han deci­di­do par­ti­ci­par en un tour refe­ri­do al Holo­caus­to que se rea­li­za en Polo­nia, la tie­rra natal de la abuela.

Al lle­gar a Var­so­via, ambos son reci­bi­dos por el afa­ble guía James (Will Shar­pe) y pron­ta­men­te se reúnen con los otros cua­tro inte­gran­tes del gru­po que inclu­yen a Elo­ge (Kurt Egyia­wan) pro­ce­den­te de Ruan­da, la divor­cia­da Mar­cia (Jen­ni­fer Grey) y un matri­mo­nio de media­na edad (Liza Sadovy y Daniel Ores­kes). En una reu­nión rea­li­za­da antes de comen­zar el tour, a pedi­do del guía cada visi­tan­te mani­fies­ta las razo­nes que les moti­va­ron a par­ti­ci­par del mis­mo y es así que Elo­ge ‑que ha esca­pa­do del geno­ci­dio de Ruan­da y pos­te­rior­men­te con­ver­ti­do al judaís­mo- expre­sa que deseó invo­lu­crar­se in situ sobre la tra­ge­dia judía.

Ade­más de la visi­ta a Var­so­via efec­tuan­do una para­da fren­te el monu­men­to a los insur­gen­tes del gue­to de Var­so­via, los turis­tas tam­bién visi­tan un cemen­te­rio judío don­de colo­can una pie­dra en las tum­bas, siguien­do la tra­di­ción judía que sim­bó­li­ca­men­te impli­ca man­te­ner el alma de los falle­ci­dos. El via­je con­ti­núa a la ciu­dad de Lublin para pro­se­guir al cam­po de con­cen­tra­ción en Maj­da­nek; si bien ese sitio gene­ra hon­do sen­ti­mien­to de tris­te­za, Eisen­berg pre­sen­ta esa esce­na sobria­men­te. Una vez fina­li­za­do el tour, David y Ben­ji, pasan­do revis­ta a la his­to­ria fami­liar, se diri­gen a la casa don­de habi­ta­ba la abue­la antes de emi­grar de Polonia.

Lo que más des­ti­la del rela­to es el con­tras­te entre los dos pri­mos. Mien­tras David res­pon­de a una per­so­na­li­dad tran­qui­la y más bien pasi­va, Ben­ji es más extra­ver­ti­do y no exen­to de cier­ta agre­si­vi­dad que en varias oca­sio­nes demues­tra su vehe­men­cia y un com­por­ta­mien­to no muy apro­pia­do en torno del gru­po; eso es debi­do a la par­ti­cu­lar for­ma de exte­rio­ri­zar su emo­ción fren­te a los que lo rodean. Aun­que en cier­tas oca­sio­nes Ben­ji sue­le dis­mi­nuir a David quien fren­te a ello no pue­de disi­mu­lar su exas­pe­ra­ción, en todo caso los con­flic­tos emer­gen­tes entre ambos pron­ta­men­te se dilu­yen en la medi­da que pre­do­mi­na el hon­do sen­ti­mien­to fra­ter­nal que los une.

Entre los valo­res del film cabe men­cio­nar su impe­ca­ble elen­co; en el mis­mo deci­di­da­men­te se des­ta­ca la exce­len­te actua­ción de Cul­kin quien se sumer­ge por com­ple­to en la psi­co­lo­gía de Ben­ji, un indi­vi­duo que a veces excén­tri­co y de con­duc­ta errá­ti­ca como resul­ta­do de cier­tos trau­mas del pasa­do, no disi­mu­la su sen­si­bi­li­dad y ter­nu­ra hacia su primo.

Con su segun­do tra­ba­jo como rea­li­za­dor, Eisen­berg demues­tra una nota­ble madu­rez logran­do una emo­ti­va his­to­ria que sin caer en un arti­fi­cial sen­ti­men­ta­lis­mo pue­de dis­fru­tar­se a pleno. Ade­más de una muy bue­na foto­gra­fía de Polo­nia logra­da por Michal Dymek, el film se valo­ri­za por su músi­ca de fon­do con temas de Cho­pin que se aso­cian muy bien al tono melan­có­li­co que des­ti­la su visión. Jor­ge Gutman

Una Vida Pastoral

BER­GERS. Cana­dá-Fran­cia, 2024. Un film de Sophie Deras­pe. 113 minutos

Des­pués de 4 impor­tan­tes lar­go­me­tra­jes, espe­cial­men­te Anti­go­ne que fue dis­tin­gui­do como el mejor film cana­dien­se en el Fes­ti­val de Toron­to de 2019, Sophie Deras­pe rati­fi­ca su con­di­ción de remar­ca­ble rea­li­za­do­ra con Ber­gers que nue­va­men­te fue pre­mia­do en el TIFF de este año como la mejor pelí­cu­la de Cana­dá. Basa­do en el libro auto­bio­grá­fi­co de Math­yas Lefe­bu­re “D’òu viens-tu ber­ger?” de 2006, la logra­da adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca de Deras­pe com­par­ti­da con el autor, adquie­re nota­ble autenticidad.

Félix-Antoi­ne Duval

En la fic­ción, la his­to­ria pre­sen­ta a Math­yas (Félix-Antoi­ne Duval), un joven de Mon­treal que se desem­pe­ña con éxi­to como publi­cis­ta y con aspi­ra­cio­nes de escri­tor, apa­ren­te­men­te lo tie­ne todo a su favor aun­que eso no lo hace feliz en la medi­da que sien­te que hay algo dife­ren­te que pue­da brin­dar­le mayor satis­fac­ción en su vida. Es así que deci­de dejar su pues­to para tras­la­dar­se a Pro­ven­za, aguar­dan­do lle­gar a ser un buen pas­tor de ove­jas. Arri­ba­do a Fran­cia, gra­cias a los bue­nos ofi­cios de Éli­se (Solè­ne Rigot), la fun­cio­na­ria de inmi­gra­ción, obtie­ne su visa de resi­den­te, a pesar de que los trá­mi­tes per­ti­nen­tes debe­ría haber­los rea­li­za­do en Canadá.

Des­pués de haber­se vin­cu­la­do con algu­nos tra­ba­ja­do­res del ofi­cio, él es con­cha­ba­do por Gérard (Bruno Raf­fae­lli), un gran­je­ro local, don­de comien­za a apren­der lo que impli­ca ser un dies­tro pas­tor, una tarea cier­ta­men­te dura y ago­ta­do­ra; al no ser bien tra­ta­do por su colé­ri­co emplea­dor aban­do­na su empleo para lograr otro con Céci­le (Gui­lai­ne Lon­dez), la afa­ble due­ña de un con­si­de­ra­ble con­tin­gen­te de gana­do. En su dia­ria tarea, Math­yas tra­ba­ja jun­to a Éli­se quien ha deja­do su ofi­cio para unir­se a él no solo en el aspec­to labo­ral sino asi­mis­mo románticamente.

Una de las esce­nas más tras­cen­den­tes que remar­ca­ble­men­te ofre­ce el rela­to de Deras­pe, se pro­du­ce con la tras­hu­man­cia, con­sis­ten­te en el tras­la­do de los reba­ños del gana­do des­de el valle hacia las altas mon­ta­ñas de los Alpes de Fran­cia con los obs­tácu­los que Math­yas y Éli­se deben enfren­tar. En todo caso, el amor a la natu­ra­le­za como así mis­mo el que los une sen­ti­men­tal­men­te serán sufi­cien­tes para supe­rar los escollos.

La pues­ta escé­ni­ca de la rea­li­za­do­ra des­cri­be mag­ní­fi­ca­men­te lo que impli­ca la vida pas­to­ral a tra­vés de las cir­cuns­tan­cias difí­ci­les que pre­sen­ta esta acti­vi­dad que a veces está nutri­da de invo­lun­ta­ria vio­len­cia, como acon­te­ce cuan­do se debe fae­nar a un ani­mal mal heri­do; a ello el rela­to no deja de sos­la­yar las impli­can­cias socio eco­nó­mi­cas que deri­van del pas­to­reo y que cier­ta­men­te son des­co­no­ci­das por quie­nes son neó­fi­tos en la materia.

A nivel de actua­ción, Dor­val trans­mi­te con­vin­cen­te­men­te las vici­si­tu­des de su per­so­na­je median­te la des­tre­za que va adqui­rien­do de su pro­fe­sión, logran­do obte­ner el res­pe­to de sus cole­gas. Asi­mis­mo Rigot ple­na­men­te satis­fa­ce como la joven que pre­fie­re una exis­ten­cia más tran­qui­la y salu­da­ble, lejos del bulli­cio de la ciu­dad, a la vez que dis­fru­tan­do del amor de Mathyas.

En suma, el ciné­fi­lo es gra­ti­fi­ca­do con este esme­ra­do rela­to de Deras­pe, agra­cia­do con la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Vin­cent Gon­ne­vi­lle cap­tan­do la belle­za de los para­jes natu­ra­les de la “pas­to­ral” región de la Pro­ven­za. Jor­ge Gutman

Una Poli­fa­cé­ti­ca Artista

NIKI. Fran­cia, 2024. Un film de Céli­ne Salle­te. 98 minutos

La vida de Niki de Saint Pha­lle (1930 – 2002) es con­si­de­ra­da por la actriz Céli­ne Salle­te en su pri­me­ra incur­sión detrás de la cámara.

Sin ser un estric­to rela­to bio­grá­fi­co el guión escri­to por Salle­te y Samuel Doux abar­ca los aspec­tos más rele­van­tes de su exis­ten­cia cen­trán­do­se en sus logros artís­ti­cos de pin­to­ra y escul­to­ra y en su trau­ma mental.

Naci­da en Fran­cia pero vivien­do sus pri­me­ros años en Esta­dos Uni­dos, con­trae enla­ce con el escri­tor ame­ri­cano Harry Matthews (John Robin­son). El macar­tis­mo es una de las razo­nes que moti­va­ron al matri­mo­nio a radi­car­se en París en los pri­me­ros años de la déca­da del 50.

Char­lot­te Le Bon

En la pri­me­ra esce­na se con­tem­pla a Niki (Char­lot­te Le Bon), quien como mode­lis­ta para una revis­ta de modas, está posan­do para una foto adop­tan­do el aire de una bella prin­ce­sa. De inme­dia­to, ella se apre­su­ra para lle­gar al hogar y aten­der a su peque­ña hijita.

De allí en más se obser­va el com­por­ta­mien­to excén­tri­co de Niki y el comien­zo de su des­es­ta­bi­li­za­ción men­tal, pro­duc­to del abu­so sexual de su padre cuan­do tenía 11 años. Cuan­do Harry des­cu­bre que ella ocul­ta cuchi­llos e ins­tru­men­tos pun­zan­tes deba­jo del col­chón de la cama lle­ga el momen­to en que es inter­na­da en una clí­ni­ca de Niza don­de se la some­te a un tra­ta­mien­to tera­péu­ti­co de elec­troshocks. Duran­te su hos­pi­ta­li­za­ción, el sufri­mien­to pade­ci­do la indu­ce a comen­zar su afi­ción a la pin­tu­ra; en bre­ve tiem­po eso le per­mi­te con­ver­tir­se en una renom­bra­da artis­ta en el mar­co de un mun­do deci­di­da­men­te patriar­cal. Des­pués de la sepa­ra­ción de su mari­do que lle­va a su hija a vivir a Esta­dos Uni­dos, Niki cono­ce al van­guar­dis­ta escul­tor Jean Tin­guely (Damien Bon­nard) que será su segun­do espo­so y duran­te ese perío­do Niki demues­tra su apti­tud por la escul­tu­ra sien­do su tra­ba­jo más impo­nen­te y renom­bra­do el Tarot Gar­den, un increí­ble par­que artís­ti­co digno de admiración.

En los cré­di­tos fina­les se infor­ma que ella es con­si­de­ra­da una de las más gran­des artis­tas de su épo­ca, ade­más de haber diri­gi­do dos pelí­cu­las y escri­to tres auto­bio­gra­fías. Des­de una ópti­ca cine­ma­to­grá­fi­ca, lo más impor­tan­te es la des­lum­bran­te carac­te­ri­za­ción que Char­lot­te Le Bon logra de la pro­ble­má­ti­ca pro­ta­go­nis­ta, tan­to en su crea­ción artís­ti­ca como en las dra­má­ti­cas esce­nas de los momen­tos más som­bríos y tor­tuo­sos de su vida; Con todo, la mar­ca­da irre­gu­la­ri­dad cro­no­ló­gi­ca con abrup­tos sal­tos tem­po­ra­les que Salle­te emplea en su rela­to, gene­ra una narra­ti­va con­fu­sa que pro­du­ce frus­tra­ción; a ello se agre­ga una direc­ción dema­sia­do cha­ta que moti­va a que su ópe­ra pri­ma dis­te de resul­tar memo­ra­ble. Jor­ge Gutman

Cine­ma­nia 2024 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de tres pelí­cu­las exhi­bi­das en Cine­ma­nia  que con­clu­ye el 17 de noviembre.

Le Fil (Fran­cia)

Daniel Auteuil diri­ge y actúa abor­dan­do un dra­ma tri­bu­na­li­cio don­de un hom­bre es sos­pe­cho­so de haber come­ti­do un feminicidio.

El guión del vete­rano actor com­par­ti­do con Ste­ven Mitz está basa­do en una serie de bre­ves rela­tos escri­tos por el abo­ga­do pena­lis­ta Jean-Yves Moyart, quien en un blog vol­có sus expe­rien­cias acer­ca del sis­te­ma legal impe­ran­te en Francia.

La his­to­ria ins­pi­ra­da en un caso real trans­cu­rre en la ciu­dad fran­ce­sa de Dra­gig­nan, comien­za cuan­do Nico­las Milik (Gré­gory Gade­bois), un hom­bre casa­do y padre de cin­co hijos, es súbi­ta­men­te arres­ta­do por la poli­cía por supo­ner que dego­lló a su alcohó­li­ca espo­sa. Milk, de noble apa­rien­cia y aman­te de su fami­lia, cla­ma ser ino­cen­te. A todo ello, el legis­ta Jean Monier (Auteuil), quien en su pre­vio tra­ba­jo acon­te­ci­do ya hace varios años absol­vió a un cri­mi­nal rein­ci­den­te deci­dió no acep­tar más casos como abo­ga­do defen­sor; sin embar­go cuan­do cono­ce a Milik está abso­lu­ta­men­te con­ven­ci­do de su ino­cen­cia por lo que a fin de evi­tar que pue­da exis­tir un error judi­cial si aca­so es con­de­na­do, cam­bia de acti­tud asu­mien­do su defensa.

En la par­te cen­tral del rela­to, que no sigue un orden cro­no­ló­gi­co, se asis­te a la audien­cia judi­cial duran­te tres jor­na­das en don­de a tra­vés de flash­backs se pre­sen­tan los hechos que rodea­ron al cri­men, apa­re­cien­do igual­men­te sos­pe­cho­so Roger Mar­ton (Gas­ton Rous­sel), el due­ño del bar local y ami­go de Milik a quien solía frecuentar.

La intri­ga del rela­to es saber si lo que se apre­cia en las esce­nas retros­pec­ti­vas es real­men­te autén­ti­co pero en todo caso no con­vie­ne deta­llar lo que sobre­vie­ne des­pués. Sin lograr la exce­len­cia de Ana­tomy of a Fall y The Gold­man Case, dos fil­mes juz­ga­dos el año pasa­do sobre un tema simi­lar, este dra­ma judi­cial nutri­do de algu­nas vuel­tas de giro y una sor­pre­si­va secuen­cia final con­si­gue atrapar.

En su quin­to tra­ba­jo como rea­li­za­dor Auteuil obtie­ne un film satis­fac­to­rio agra­cia­do por su bue­na actua­ción y por la cali­dad del res­to del elen­co en don­de se des­ta­ca el meri­to­rio desem­pe­ño de Gré­gory Gade­bois y en un rol de apo­yo Sid­se Babett Knud­sen ani­man­do a la cole­ga de Monier.

Mal­do­ror (Bél­gi­ca-Fran­cia).

Un gra­ti­fi­can­te thri­ller es lo que depa­ra el rea­li­za­dor bel­ga Fabri­ce Du Welz en este film con­si­de­ran­do dra­má­ti­cos crí­me­nes acae­ci­dos en Bél­gi­ca en la déca­da del 90.

El rela­to de fic­ción basa­do en el guón del cineas­ta escri­to con Dome­ni­ca La Por­ta, cen­tra su aten­ción en Paul Char­tier (Anthony Bajon), un joven idea­lis­ta gen­dar­me quien mani­fies­ta su preo­cu­pa­ción al cons­ta­tar la des­apa­ri­ción de dos peque­ñas niñas, a la que lue­go segui­rían otras más, pro­du­cien­do el des­con­cier­to de las auto­ri­da­des per­ti­nen­tes y de la pobla­ción. Con gran pasión Char­tier inte­gra la ope­ra­ción “Mal­do­ror” diri­gi­da por el fun­cio­na­rio Hin­kel (Lau­rent Lucas) des­ti­na­da a dar con el res­pon­sa­ble de los gra­ves inci­den­tes, cuyo foco ini­cial recae en la sos­pe­cha de Mar­cel Dedieu (Ser­gi López), un peli­gro­so criminal.

A medi­da que avan­za en su ges­tión el idea­lis­ta gen­dar­me encuen­tra el obs­tácu­lo en las fuer­zas del orden al tra­tar de seguir sus ins­truc­cio­nes; eso es debi­do a que el sis­te­ma poli­cial de Bél­gi­ca de 1995 está inte­gra­do por la gen­dar­me­ría, la poli­cía de la comu­na y la poli­cía judi­cial que coli­sio­nan entre sí.

Con el tiem­po avan­zan­do y sin resol­ver el pro­ble­ma debi­do en gran par­te a la inac­ción buro­crá­ti­ca de las auto­ri­da­des res­pon­sa­bles, Char­tier se obse­sio­na de tal mane­ra que lo con­du­ce a una com­ple­ta alie­na­ción cer­ca­na a la locu­ra. Su con­duc­ta lo va ale­jan­do de las per­so­nas que lo rodean y en espe­cial reper­cu­te en su vida per­so­nal, quien casa­do con Gina (Alba Gaia Bellu­gi), una entra­ña­ble mujer que le brin­da su apo­yo, ella está muy inquie­ta por su esta­do emocional.

El cineas­ta man­tie­ne un fir­me con­trol en su narra­ti­va per­mi­tien­do que a medi­da que el rela­to pro­gre­sa gene­re un cli­ma de alta ten­sión que reper­cu­te posi­ti­va­men­te en el áni­mo del espectador.

La remar­ca­ble direc­ción de Du Welz, la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Bajon que con­si­gue gene­rar empa­tía con su per­so­na­je, la logra­da foto­gra­fía de Manuel Dacos­se y el efi­cien­te mon­ta­je de Nico Leu­nen, con­fi­gu­ran un thri­ller de cali­dad superior.

L’Attachement (Fran­cia-Bél­gi­ca)

En su quin­to film la rea­li­za­do­ra Cari­ne Tar­dieu inda­ga acer­ca de las cir­cuns­tan­cias ines­pe­ra­das que la vida sue­le depa­rar y cómo eso pue­de cam­biar la acti­tud y visión de una persona.

Basa­do en la nove­la L’Intimité de Ali­ce Fer­ney, el guión adap­ta­do por Agnès Feu­vre, Raphaë­le Mous­sa­fir y Tar­dieu pre­sen­ta a San­dra (Vale­ria Bru­ni Tedes­chi), una mujer cin­cuen­te­na­ria que es una afe­rra­da femi­nis­ta y asi­mis­mo due­ña de una libre­ría feme­ni­na; pre­fi­rien­do man­te­ner­se inde­pen­dien­te, no ha des­per­ta­do en ella el ins­tin­to maternal.

Todo comien­za cuan­do San­dra acep­ta cui­dar por poco tiem­po al peque­ño Elliot (César Bot­ti), el hijo de Céci­le que vive con su pare­ja Alex (Pio Mar­mai) debi­do a que la mujer anti­ci­pa­da­men­te está por dar a luz. Lamen­ta­ble­men­te la tra­ge­dia se pro­du­ce cuan­do en el par­to Céci­le, des­pués de haber alum­bra­do a una bebi­ta, falle­ce dejan­do des­con­so­la­do a Alex y al niño huér­fano de madre.

Impre­sio­na­da por el dra­má­ti­co suce­so, San­dra logra con­mo­ver­se al ser obser­va­do­ra de la peque­ña fami­lia aho­ra con­fi­gu­ra­da por Alex que es el padre mono­pa­ren­tal res­pon­sa­ble del niño y de la recién naci­da Luci­lle. El cari­ño­so lazo for­ja­do con Alex, va des­per­tan­do en esta mujer sen­ti­mien­tos que has­ta enton­ces había desconocido.

A tra­vés de los dos años que pro­si­guen San­dra se encuen­tra ple­na­men­te invo­lu­cra­da en ese núcleo fami­liar, en don­de apa­re­ce­rá en esce­na el padre bio­ló­gi­co de Elliot (Rapahël Que­nard) y a su vez Alex encuen­tra un nue­vo inte­rés sen­ti­men­tal en Emi­lia (Vima­la Pons).

Con la mag­ní­fi­ca actua­ción de Bru­ni Tedes­chi, acom­pa­ña­da por el sobrio desem­pe­ño de Mar­mai, la rea­li­za­do­ra brin­da un hones­to y con­mo­ve­dor dra­ma resal­tan­do la cone­xión huma­na, capaz de ilu­mi­nar la exis­ten­cia a tra­vés de la soli­da­ri­dad, gene­ro­si­dad y un genuino amor.

Remar­ca­ble Musi­cal de Cole Porter

KISS ME KATE

Des­pués del gran éxi­to obte­ni­do este año con la repo­si­ción de la come­dia musi­cal Kiss me Kate en el tea­tro Bar­bi­can de Lon­dres, la fil­ma­ción de una de sus repre­sen­ta­cio­nes per­mi­te que el públi­co cana­dien­se pue­da dis­fru­tar de la misma.

El elen­co (Foto: Johan Persson)

Este espec­tácu­lo con­ce­bi­do en Fila­del­fia en 1948 con la par­ti­tu­ra de Cole Por­ter y libre­to de Bella y Samuel Spe­wack ha sido exi­to­sa­men­te reci­bi­do y obtu­vo en su cate­go­ría el pre­mio Tony en 1949, ade­más de otros 10 pre­mios Tony al ser rees­tre­na­do en New York.

Stepha­nie J. Block y Adrian Dun­bar. (Foto: Johan Persson)

Argu­men­tal­men­te la his­to­ria es bási­ca­men­te una diver­ti­dí­si­ma comien­da de enre­dos ambien­ta­da entre bam­ba­li­nas de un tea­tro de baja cate­go­ría duran­te los ensa­yos de un músi­cal basa­do en La Fie­re­ci­lla Doma­da de Sha­kes­pea­re. Allí, el ego­cén­tri­co direc­tor tea­tral Fred Graham y Lili, su ex espo­sa pre­ten­cio­sa actriz, man­tie­nen con­ti­nua­das dispu­tas que osci­lan entre el odio y la seduc­ción mien­tras que repre­sen­tan los res­pec­ti­vos per­so­na­jes sha­kes­pe­ria­nos de Petru­chio y Kate; aun­que no lo desea­ran ambos deben fin­gir esce­nas de peleas y de amor.

A tra­vés de estas dos his­to­rias para­le­las median­te una obra den­tro de otra, el espec­tácu­lo se valo­ri­za por las remar­ca­bles melo­días y las letras del gran com­po­si­tor ame­ri­cano; es así que entre los núme­ros, aún hoy día per­ma­ne­cen como clá­si­cos, Another Ope­ning, Another Show, Brush Up Your Sha­kes­pea­re, Too Darn Hot, I Hate Men, Always True To You (In my Fashion) así como Whe­re Thi­ne that Spe­cial Face.

La pues­ta escé­ni­ca es del remar­ca­ble direc­tor tea­tral Bartlett Sherr y en los roles pro­ta­gó­ni­cos se lucen Adrian Dun­bar (Fred) y Stepha­nie J. Block; en el elen­co tam­bién par­ti­ci­pan Char­lie Stemp, Geor­gi­na Onuo­rah, Nigel Lind­say, Ham­med Ani­mashaun y Peter Davison.

Esta legen­da­ria y exhi­la­ran­te come­dia musi­cal será exhi­bi­da en selec­tas salas de Cine­plex el 17 y 20 de noviem­bre de 2024.

,