Un Cora­zón más Humano

CORA­ZÓN DELA­TOR. Argen­ti­na, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Mar­cos Car­ne­va­le. 89 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Con una fil­mo­gra­fía de 18 pelí­cu­las explo­ran­do en algu­nas de las mis­mas las expe­rien­cias huma­nas en con­di­cio­nes adver­sas, Mar­cos Car­ne­va­le con­si­de­ra en Cora­zón Dela­tor, un dra­ma sen­ti­men­tal a tra­vés del con­tras­te exis­ten­te entre dos dife­ren­tes esti­los de vida.

Julie­ta Díaz y Ben­ja­mín Vicuña

Uno de los esce­na­rios de esta his­to­ria trans­cu­rre en El Pro­gre­so, un fic­ti­cio barrio de Bue­nos Aires, don­de su gen­te de baja con­di­ción social atra­vie­sa un serio pro­ble­ma; la zona está suje­ta a inmi­nen­te demo­li­ción obli­gan­do a los veci­nos a tener que bus­car nue­vos luga­res don­de habi­tar; eso es debi­do a un sun­tuo­so pro­yec­to inmo­bi­lia­rio de una empre­sa cons­truc­to­ra, res­pal­da­do por el muni­ci­pio local, ten­dien­te a revi­ta­li­zar el lugar. Allí viven el humil­de matri­mo­nio inte­gra­do por el alba­ñil Pedro (Facun­do Espi­no­sa), su espo­sa Vale­ria (Julie­ta Díaz) y su peque­ño hiji­to, quie­nes tra­tan de con­ven­cer a sus veci­nos de opo­ner resis­ten­cia y evi­tar el desalojo.

Simul­tá­nea­men­te el guión pre­sen­ta a Juan Manuel (Ben­ja­mín Vicu­ña), el adi­ne­ra­do due­ño de la empre­sa y patro­ci­na­dor del pro­yec­to cita­do quien con sus 44 años de edad ha veni­do pade­cien­do de serios pro­ble­mas car­día­cos; dado que su con­di­ción se agra­va requie­re un urgen­te tras­plan­te de corazón.

Los aza­res del des­tino hacen que Pedro sufra un acci­den­te mor­tal y Vale­ria está dis­pues­ta a ofre­cer en dona­ción los órga­nos de su mari­do, inclu­yen­do el cora­zón. Es así que el bene­fi­cia­rio del mis­mo es nada menos que Juan Manuel; al estar intere­sa­do en saber quién ha sido su donan­te deci­de visi­tar El Pro­gre­so. A par­tir de allí este acau­da­la­do indi­vi­duo, enfras­ca­do en sus nego­cios y ensi­mis­ma­do en sí mis­mo, expe­ri­men­ta un cam­bio total de per­so­na­li­dad, con­vir­tién­do­se en un ser gene­ro­so, soli­da­rio y en gene­ral más humano; así de mane­ra anó­ni­ma y ocul­tan­do su alta posi­ción eco­nó­mi­ca, deci­de inte­grar­se por com­ple­to a esa comu­ni­dad y cola­bo­rar en la cons­truc­ción de una sali­ta de ancia­nos. Natu­ral­men­te ese doble accio­nar y el cam­bio de acti­tud en su pro­pia empre­sa gene­ra el estu­por de su her­ma­na (Glo­ria Carrá) que tra­ba­ja en la mis­ma y de su socio comer­cial (Peto Menahem). A todo ello a tra­vés de las visi­tas dia­rias va entre­te­jién­do­se len­ta­men­te un víncu­lo román­ti­co de Juan Manuel con Valeria.

Si bien es loa­ble el pro­pó­si­to de Car­ne­va­le en lo que tra­ta de trans­mi­tir, el pro­ble­ma de su rela­to es la livian­dad de la narra­ción en don­de sin mayor suti­le­za y en base a fór­mu­las repe­ti­das, la pelí­cu­la se ase­me­ja a un corrien­te tele­film. Des­pro­vis­ta de mayo­res sor­pre­sas y con un final pre­vi­si­ble la pelí­cu­la inten­ta impac­tar en las emo­cio­nes de la audien­cia pero for­zan­do la sen­ti­men­ta­li­dad de su tra­ma que a la pos­tre des­ti­la un sabor añe­jo. El ende­ble tra­ta­mien­to del tema no des­ca­li­fi­ca la actua­ción de un com­pe­ten­te elen­co en don­de cla­ra­men­te se des­ta­ca la com­pli­ci­dad exis­ten­te entre Vicu­ña y Díaz, así como en pape­les secun­da­rios se lucen Carrá, Menahem y en espe­cial Julia Cal­vo ani­man­do a la afa­ble emplea­da domés­ti­ca de Juan Manuel. Jor­ge Gutman