Pre­vi­si­ble y sin Sorpresas

JURAS­SIC WORLD: REBIRTH. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Gareth Edwards. 133 minutos

La popu­lar fran­qui­cia de los dino­sau­rios comen­za­da en 1993 con Juras­sic Parc que fue diri­gi­da por Ste­ven Spiel­berg logró un gran éxi­to de crí­ti­ca y públi­co al haber com­bi­na­do hábil­men­te aven­tu­ra, acción y cien­cia fic­ción median­te un rela­to ori­gi­nal y atra­yen­te. Lamen­ta­ble­men­te los cin­co fil­mes que le suce­die­ron dis­ta­ron de con­for­mar aun­que el éxi­to de taqui­lla evi­den­cia­ba lo con­tra­rio. Cier­ta­men­te, lo que impor­ta para la indus­tria del cine es recu­pe­rar el cos­to inver­ti­do más un fruc­tí­fe­ro ren­di­mien­to y es así que aho­ra se asis­te al sép­ti­mo film de esa saga inti­tu­la­do Juras­sic World: Rebirth. Diri­gi­da por Gareth Edwards y con Spiel­berg como pro­duc­tor eje­cu­ti­vo, esta pelí­cu­la es al menos supe­rior a la falli­da Juras­sic World: Domi­ni­on rea­li­za­da en 2022.

Scar­lett Johansson

El guión de David Koepp basa­do en los per­so­na­jes crea­dos por Michael Crich­ton con­si­de­ra que estos vora­ces rep­ti­les han retor­na­do hace 32 años en sig­ni­fi­ca­ti­vo menor núme­ro a cau­sa de su extin­ción, aho­ra están reclui­dos en islas tro­pi­ca­les cer­ca­nas al ecua­dor y cuyo trán­si­to está prohi­bi­do para quie­nes deseen visi­tar esos luga­res. En ese con­tex­to se sale al encuen­tro de Mar­tin Krebs (Rupert Friend), un repre­sen­tan­te de una impor­tan­te com­pa­ñía far­ma­céu­ti­ca que tie­ne como pro­pó­si­to reco­lec­tar mate­rial gené­ti­co de tres espe­cies de dino­sau­rios que se encuen­tran ubi­ca­dos en esa región, con el fin de manu­fac­tu­rar una dro­ga que pue­da com­ba­tir muchas de las enfer­me­da­des car­día­cas que afec­tan a la huma­ni­dad y pro­lon­gar su vida. Para lograr su come­ti­do con­tra­ta los ser­vi­cios de la exper­ta en ser­vi­cios ile­ga­les Zora Ben­nett (Scar­lett Johans­son), como asi­mis­mo al paleon­tó­lo­go Dr. Henry Loo­mis (Jonathan Bai­ley). A dicho equi­po se une Dun­can Kin­caid (Mahersha­la Ali), un gran ami­go de Zora, quien es el due­ño de un bar­co que tra­ba­ja en un puer­to del Cari­be y que habrá de trans­por­tar­los a la zona don­de resi­den esos monstruos.

Para­le­la­men­te, la his­to­ria intro­du­ce a la fami­lia Del­ga­do inte­gra­da por el padre Reuben (Manuel Gar­cía-Ruf­fo) quien jun­to con sus dos hijas, la mayor Tere­sa (Luna Blai­se) con su dro­ga­dic­to novio Xavier (David Iacono) y la hija menor Isa­be­lla (Audri­na Miran­da) efec­túan un via­je en vele­ro hacia la isla de Saint Hubert cuan­do son aco­me­ti­dos por un gigan­tes­co dino­sau­rio marino y logran ser res­ca­ta­dos por la embar­ca­ción tri­pu­la­da por Kincaid.

Si bien el esque­ma argu­men­tal ofre­ce algu­nos momen­tos de zozo­bra con el ace­cho de los enor­mes mons­truos, en rigor de ver­dad no exis­te gran impac­to emo­cio­nal ni sus­pen­so que logre sacu­dir al espec­ta­dor. Los per­so­na­jes deli­nea­dos por Koepp son más bien uni­di­men­sio­na­les sin que uno se invo­lu­cre con los mis­mos, sal­vo la sutil ten­sión sexual ‑aun­que nun­ca con­cre­ta­da- entre Zora y Henry. Aun­que sin ser dema­sia­do ima­gi­na­ti­va, la direc­ción de Edwards es correc­ta y lo que aquí más resal­ta es la des­lum­bran­te foto­gra­fía en 35 milí­me­tros cap­ta­da por John Mathie­son y sus logra­dos efec­tos espe­cia­les en la con­cep­ción de las temi­bles bestias.

Ase­gu­ra­do una vez más su ren­di­mien­to comer­cial el film se deja ver aun­que su pre­vi­si­bi­li­dad y ausen­cia de mayo­res sor­pre­sas influ­yen para que des­de una visión exclu­si­va­men­te artís­ti­ca no lle­gue a ser memo­ra­ble. Jor­ge Gutman