À BICYCLETTE!. Francia, 2024. Un fim de Mathias Mlekuz. 90 minutos
La pérdida de un ser querido siempre produce pena para los familiares sobrevivientes, aunque el dolor puede resultar inconsolable cuando quien muere es un hijo o hija. Ese tema que ha sido abordado más de una vez por el cine, como es el caso de Nanni Moretti en el excelente drama La Stanza del Figlio (2001), ahora es tratado por el director y actor Mathias Mlekuz que ha sufrido la pérdida de su primogénito Youri quien a los 23 años se suicidó en septiembre de 2022..

Mathias Mlekuz y Philippe Rebbot
A través de un docuficción, el realizador conjuntamente con su devoto amigo Philippe Rebott han concebido un guión cuyo contenido resulta imposible permanecer indiferente en la medida que lo expuesto adquiere máxima autenticidad.
Mathias y Philippe tienen el propósito de efectuar un viaje similar al trayecto que Youri había efectuado en bicicleta entre 2018 y 2019 desde La Rochelle de la Britania de Francia hasta llegar a Estambul. Es así que ambos amigos utilizando sus bicicletas tratarán de identificar los lugares que en el camino visitó el muchacho valiéndose de su cuaderno de fotos y de un diario por él escrito. El propósito es asimismo poder localizar a Marzi (Marziyeh Resael), la enamorada de Youri que reside en Turquía, a quien él le había dejado un amoroso mensaje final antes de adoptar su irreversible decisión.
Consecuentemente el espectador asiste a los momentos compartidos por nuestros ciclistas mientras van pedaleando a través de sus espontáneos diálogos, confidencias y lugares que van explorando en la ruta, donde obviamente abundan consideraciones acerca de la vida y la muerte. En esas charlas queda reflejada la profunda amistad que comenzó hace más de dos décadas y en especial el sostenido apoyo moral que Mathias recibe de Philippe para atenuar su duelo.
En el largo periplo, antes de llegar a Turquía los viajeros atraviesan varios países, incluyendo Austria, Rumania y Hungría, viviendo experiencias diversas mediante las personas con quienes entran en contacto. Entre los diferentes escenarios se encuentra la visita a dos escuelas en donde ambos ofrecen a los chicos pintorescas escenas bufonescas, teniendo en cuenta que allí había estado Youri oficiando de payaso que era su profesión habitual. Estando en Viena, los viajeros acuden a una casa también visitada por Youri; allí, su dueña (Adriane Gradzdiel) sólo habla alemán y al desconocer el idioma francés ellos deben recurrir a una aplicación del móvil para poder comunicarse, lo que genera una de las escenas más graciosas del relato.
Aunque de modo alguno la película adopta un tono lacrimógeno sino más bien alegre, hay una secuencia en la que asistiendo a una iglesia de Budapest, Mathias no puede evitar su llanto al recordar a su vástago. El momento más emotivo se produce cuando ya en Estambul llegan a conocer a Marzi donde ella expresa el profundo sentimiento de amor que lo unió a Youri.
En su segundo film como director Mlekuz logra una historia clara, sencilla y remarcablemente honesta en la que a modo de catarsis, ofrece un hermoso homenaje a su hijo, simbólicamente presente en los lugares visitados. Al propio tiempo, la película constituye un cálido homenaje a la profunda amistad que une a sus dos protagonistas.
Con gran sensibilidad tanto Mlekuz como Rebbot viven plenamente sus reales personajes transmitiendo una humanidad a toda prueba; asimismo, nobleza obliga destacar a Lucky, el tierno perrito faldero de Mathias que ubicado en la cesta de su bicicleta también compartió este memorable viaje.. Jorge Gutman