La Qui­me­ra del Oro

THE GOLD RUSH. Esta­dos Uni­dos, 1925. Un film escri­to y diri­gi­do por Char­les Cha­plin. 90 minutos.

Con­me­mo­ran­do el cen­te­na­rio de The Gold Rush que tuvo su estreno en Los Ánge­les el 26 de junio de 1925, se verá este film en selec­tas salas de Cana­dá. Esta excep­cio­nal pelí­cu­la es con­si­de­ra­da por muchos crí­ti­cos espe­cia­li­zaos como la mejor come­dia del cine mudo y una de las más remar­ca­bles del siglo pasa­do del genial direc­tor, guio­nis­ta, edi­tor y actor Char­les Cha­plin (1889 – 1977). Lo real­men­te asom­bro­so e infre­cuen­te es que esta obra maes­tra, des­pués de un siglo de exis­ten­cia sigue man­te­nien­do la reso­nan­cia de antaño.

Char­les Chaplin

Fil­ma­do en Sie­rra Neva­da, Cha­plin ambien­tó el rela­to en Klon­di­que, cer­ca de Alas­ka. Basa­do en hechos reales como lo acon­te­ci­do con la fie­bre del oro que se pro­du­jo hacia fina­les del siglo 19, allí lle­ga el que­ri­ble vaga­bun­do Char­lot, un bus­ca­dor de oro que enfren­ta mise­ria, caren­cia afec­ti­va ade­más de ser con­si­de­ra­do un des­cla­sa­do social. Fren­te a tem­pe­ra­tu­ras incle­men­tes don­de arre­cia una dra­má­ti­ca tor­men­ta de nie­ve, encuen­tra refu­gio en una caba­ña habi­ta­da por Black Lar­son (Tom Murray), un psi­có­pa­ta ase­sino fuga­do; igual­men­te allí se encuen­tra el gigan­te bona­chón Jim McKay (Mack Swain). Tras una pelea en que que­da inu­ti­li­za­do el rifle de Lar­son, los dos hués­pe­des logran quedarse.

Sin entrar a rela­tar lo que pro­si­gue el film se nutre de nota­bles y comi­quí­si­mas esce­nas. Una de ellas se ori­gi­na cuan­do Char­lot muer­to de ham­bre deci­de des­pren­der­se de una de sus botas y des­pués de ser coci­na­da logra satis­fa­cer su ape­ti­to. Otra inol­vi­da­ble esce­na es cuan­do en un salón dan­zan­te él bai­la con un par de pane­ci­llos don­de con su accio­nar aspi­ra a des­ta­car­se fren­te a ter­ce­ros. La his­to­ria no deja de lado el aspec­to sen­ti­men­tal a tra­vés de la bella mujer Geor­gia (Geor­gia Hale), que des­pier­ta atrac­ción en nues­tro entra­ña­ble antihéroe.

Cier­ta­men­te es el remar­ca­ble agu­do humor lo que gra­vi­ta en el rela­to don­de la gran inge­nio­si­dad de Cha­plin ape­la a situa­cio­nes gra­cio­sa­men­te absur­das para ate­nuar las com­pli­ca­das cir­cuns­tan­cias por las que atra­vie­sa su protagonista.

En suma, esta estu­pen­da fábu­la huma­na del inmor­tal artis­ta jus­ti­fi­ca ple­na­men­te vol­ver a visio­nar­la en la gran pan­ta­lla en su ver­sión res­tau­ra­da en 4KJor­ge Gutman