Entre el Docu­men­tal y la Ficción

EAST OF WALL. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Kate Bee­croft. 97 minutos

En su pri­mer lar­go­me­tra­je la direc­to­ra y guio­nis­ta Kate Bee­croft enfo­ca en East of Wall un docu­men­tal fic­ción semi bio­grá­fi­co en don­de la mayo­ría del elen­co está con­for­ma­do por artis­tas no profesionales.

Tabatha Zimi­ga

El guión de la novel cineas­ta se ubi­ca en la zona de Bad­lands, al sur­oes­te de South Dako­ta, don­de habi­ta Tabatha Zimi­ga (inter­pre­tan­do a sí mis­ma) una resi­lien­te mujer que debe supe­rar nume­ro­sos incon­ve­nien­tes; es así que ella vive el due­lo por la muer­te de su que­ri­do espo­so acae­ci­da hace un año, asu­me la res­pon­sa­bi­li­dad de aten­der a sus 3 hijos y a un gru­po de rebel­des ado­les­cen­tes sin hogar, a la vez que atra­vie­sa un perío­do de inse­gu­ri­dad financiera.

Como hábil entre­na­do­ra de caba­llos indo­ma­bles, ella cuen­ta con la cola­bo­ra­ción de su hija mayor Poshia (Poshia Zimi­ga, la ver­da­de­ra pri­mo­gé­ni­ta de Tabatha); esta ado­les­cen­te es una real estre­lla de rodeo y con sus acro­bá­ti­cas pirue­tas mien­tras cabal­ga logra atraer la aten­ción de los asis­ten­tes a los rema­tes don­de su madre ven­de los caba­llos doma­dos. Entre otros per­so­na­jes del rela­to se halla Tracey,(Jennifer Ehle), la madre de Tabatha, así como se encuen­tra Roy Waters (Scoot McNairy), un rico hom­bre de Texas quien tra­ta de con­ven­cer a Tabatha de ven­der­le su ran­cho a fin de ali­viar su situa­ción finan­cie­ra y per­mi­tién­do­le que pro­si­ga vivien­do allí; pero ella se resis­te a acep­tar la ten­ta­do­ra ofer­ta por temor a per­der su independencia.

En esta inti­mis­ta his­to­ria fami­liar, la direc­to­ra tra­ta de resal­tar el papel que desem­pe­ña la mujer en esa región; eso cla­ra­men­te se mani­fies­ta en una impor­tan­te esce­na del rela­to en oca­sión en que Tabatha y su madre están reu­ni­das con vie­jas ami­gas en la que a modo de catar­sis cada una de las muje­res va reve­lan­do trau­mas expe­ri­men­ta­dos y el modo en que han sido supe­ra­dos; es ahí don­de Tabatha reve­la un ínti­mo secre­to de fami­lia que Porshia ignoraba.

Si bien el film sus­ci­ta inte­rés, la narra­ción no resul­ta cla­ra en el sen­ti­do de poder iden­ti­fi­car en don­de la tra­ma se refie­re a ver­da­de­ros hechos o a situa­cio­nes de fic­ción; de todos modos, esa obje­ción se com­pen­sa por el apre­cia­ble nivel de su elen­co. En tal sen­ti­do la per­for­man­ce de Tabatha no pue­de resul­tar más autén­ti­ca en la medi­da que tras­pa­sa su real per­so­na­li­dad como mujer ague­rri­da que evi­ta doble­gar­se y a su vez trans­mi­tien­do a los jóve­nes que alber­ga en su hogar el amor a los caba­llos; no menos autén­ti­ca resul­ta la par­ti­ci­pa­ción de Poshia que ade­más de mara­vi­llar como extra­or­di­na­ria ama­zo­na, genui­na­men­te trans­mi­te el víncu­lo emo­cio­nal que man­tie­ne con su madre. Por su par­te la inter­pre­ta­ción de Ehle sub­yu­ga como la mujer que sin haber sido una madre ejem­plar tra­ta de redi­mir­se a tra­vés de la rela­ción que man­tie­ne con su nieta.

En esta satis­fac­to­ria ópe­ra pri­ma, la rea­li­za­do­ra brin­da una moder­na visión del oes­te ame­ri­cano con una vívi­da mira­da a su gen­te, sobre todo aqué­lla que goza con el depor­te ecues­tre. Asi­mis­mo ha logra­do la valio­sa cola­bo­ra­ción foto­grá­fi­ca de Aus­tin Shel­ton cap­tan­do la belle­za y majes­tuo­si­dad de los pai­sa­jes de Bad­lands con sus pra­dos y for­ma­cio­nes roco­sas. Jor­ge Gutman