Crónica de Jorge Gutman
My Father’s Shadow (Gran Bretaña-Nigeria).
No es frecuente presenciar filmes provenientes de Nigeria, por lo tanto resulta más que bienvenido esta dramática película del novel realizador Akinola Davies Jr. en el que mediante un relato semi biográfico el aspecto político se entremezcla con su propia vivencia.

My Father’s Shadow
El guión del cineasta escrito con su hermano Wale Davis ubica la acción en 1993, en la víspera de las primera elección democrática donde el pueblo esperanzado de Nigeria, después de varios años de dictadura militar aguarda el triunfo del candidato presidencial MKO Abiola. En ese marco ambiental Folarin (Sope Dirisu) después de cierto tiempo de haber estado alejado de su familia regresa a la remota aldea donde viven sus hijos Remi (Chibuike Marvellous Egbo) de 11años y Akin (Godwin Egbo) tres años menor. Después de disculparse ante ellos por su larga ausencia Folarin decide llevar a los niños a la ciudad de Lagos que ellos desconocen, en tanto que la madre se encuentra trabajando fuera del hogar.
Después de una accidentada travesía en autobús, al llegar a destino el padre los lleva al lugar donde trabaja para tratar de recobrar de su supervisor seis meses de salario impago. En otros aspectos, durante esa jornada transitando por la ciudad, los chicos llegan a conocer a los amigos de su progenitor, posteriormente se dirigen a una playa, a ello le sigue un paseo en un parque de diversiones, para continuar en lugares de buena comida y una visita a un bar donde Folarin rememora haber conocido a la mujer que llegaría ser su esposa.
El director efectúa una impecable narración al enfocar cómo los niños van descubriendo un mundo totalmente desconocido como a su vez va emergiendo un sólido lazo con el padre que hasta entonces había permanecido ausente de sus vidas. La amable atmósfera creada a través del placer compartido entre el progenitor y sus hijos se ve perturbada cuando la población dispuesta a festejar el resultado de las elecciones ve ese sueño trunco dado que el dictador militar Ibrahim Babangida anula el sufragio realizado; la gran desilusión de los habitantes genera la erupción de violentos disturbios; en consecuencia Folarin no puede determinar cómo podrá retornar sus hijos a la aldea y reencontrar a su madre.
Queda como resultado una conmovedora ópera prima de Akinola Davies reflejando el sentimiento paternal de un hombre que alejado del hogar por razones de trabajo, a lo largo de un intenso día consigue granjearse el cariño de sus hijos, dejando la impresión de que realizará todo lo que esté a su alcance para que ellos puedan acceder a un futuro más promisorio. A la inmejorable actuación de Dirisu se une la autenticidad brindada por los dos chicos, que son igualmente hermanos en la vida real.
To the Victory (Ucrania-Lithuania)
La implacable guerra a la que Ucrania ha sido castigada por Rusia desde febrero de 2022 adquiere una dimensión distintiva en este distópico drama concebido por el realizador, guionista y actor Valentyn Vasyanovych imaginando qué es lo que ocurre con su país después que el conflicto concluya.

To the Victory
La película transcurre en Ucrania en octubre de 2026 en donde en los créditos iniciales se lee que la población ha disminuido considerablemente y que actualmente 12 millones de ucranianos viven fuera del país y no ven ningún futuro promisorio. En ese contexto se halla Valik (Vasyanovych) un director de cine de 50 años que reside en Kiev y está en el proceso de rodaje de un film contando con el apoyo de su productor (Volodymyr Yatsenko).
Viviendo con su hijo Yaroslav (Hryhoriy Naumov) de 18 años, Valik dista de sentirse confortable teniendo en cuenta que su querida esposa Sofia (Marianna Novikova) y su joven hija dejaron Ucrania al principio de la guerra para instalarse en Viena. Sin tener gran comunicación con su hijo por estar apegado todo el día en el computador y en tanto que su anciano padre Tato (Volodymyr Kuznetsov) requiere de su cuidado, el único solaz lo encuentra en el vínculo mantenido con su noble amigo Vlad (Vladien Odudenko).
El propósito de Vasyanovych es ilustrar a través de su personaje cómo los coletazos de la guerra han sembrado un clima emocional de inseguridad en la población que ha sobrevivido el conflicto; eso contrasta con quienes han emigrado y en tal sentido la nota emotiva del film radica cuando después de una visita de Sofia a Kiev, ella le comunica a su esposo que seguirá viviendo en Austria, por lo que la vida en común con él ya no será posible.
No obstante las buenas intenciones del realizador, su narrativa es errática al ir introduciendo escenas prescindibles que distraen de su tema central; eso influye para que el relato no llegue a cobrar el vigor dramático capaz de suscitar la aguardada emoción. De todos modos, es loable el mensaje optimista de Vasyanovych dejando entrever que quienes han optado seguir residiendo en Ucrania albergan la esperanza de que el país habrá de recuperarse conduciendo finalmente hacia la victoria, tal como lo enuncia el título del film.
Nouvelle Vague (Francia)
Habiendo sido aplaudida en el Festival de Cannes de este año, el público asistente al TIFF ha tenido la oportunidad de apreciar esta película del talentoso realizador estadounidense Richard Linklater que constituye su primera incursión realizada en idioma francés. Después de notables trabajos registrados en su filmografía, Nouvelle Vague ratifica su gran versatilidad en la, recreación del rodaje de À bout de soufflé, la revolucionaria película de 1960 del mítico cineasta Jean-Luc Godard.

Nouvelle Vague
La prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinéma ha sido la cuna donde han emergido renombrados críticos de cine que al poco tiempo irrumpieron en calidad de directores dotados de un espíritu renovador y que por tal motivo fueron considerados los exponentes de la Nouvelle Vague (nueva ola). Es así que apropiadamente Linklater, antes de considerar el foco central del relato, en una soberbia recreación ambiental muestra al renombrado director italiano Roberto Rossellini visitando las oficinas de Cahiers du Cinéma donde realiza una exposición a los críticos allí presentes sobre los fundamentos de la cinematografía.
De inmediato, la acción transcurre algunos años después donde ya habían hecho sus primeras armas los realizadores Claude Chabrol, Eric Rohmer, Jacques Rivette, entre otros, en tanto que Francois Truffaut se aprestaba a estrenar en el Festival de Cannes de 1959 su estupenda ópera prima Los 400 Golpes. Es así que tratando de emular a sus colegas de la revista y deseoso de concretar su primer largometraje, Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck) logra convencer al productor Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst) para su financiamiento. El paso siguiente es el de seleccionar a los protagonistas del film y es así que contrata al joven boxeador Jean-Paul Belmondo (Aubry Duillin) y la actriz americana Jean Seberg (Zoey Deutch) para asumir los roles protagónicos, teniendo como colaborador especial al director de fotografía Raoul Coutard (Matthieu Penchinat).
De allí en más se asiste a las diferentes vicisitudes que motiva el proceso de filmación incluyendo lo que acontece detrás de la escena en donde se generan algunos roces y desencuentros motivados por la manera particular que adopta Godard en el rodaje, añadiendo asimismo algunos rasgos excéntricos de su personalidad. Así el equipo de filmación está sujeto a los caprichos de Godard en la medida que el guión del film depende de su inspiración y cuando la misma está ausente, el novel director suspende momentáneamente el rodaje y manda a su casa a cada uno de los miembros del equipo; eso produce la ira de Beauregard amenazando cancelar la filmación como asimismo la gran frustración de Seberg que hubiera preferido filmar con Chabrol o Truffaut. Con todo la sangre no llega al río y es así que después de 20 días concluye el rodaje con la consabida alegría de todo el equipo.
El guión de Holly Gent y Vince Palmo es lo suficientemente ilustrativo mostrando la habilidad de Coutard en reflejar el alma de las calles de París como escenario central de À bout de soufflé y eso a su vez se refleja en la estupenda fotografía en blanco y negro que David Chambille logra en Nouvelle Vague captando magníficamente a la capital de Francia de aquella época.
Fresca, lúcida, estimulante son algunos de los adjetivos que merece lo que Linklater sin concesión alguna logró con este film que contó con un excelente elenco de artistas franceses y un cuerpo técnico de producción de remarcable nivel. Demostrando al igual que Godard su pasión por el cine, Linklater efectúa un merecido tributo a los pioneros de la Nueva Ola que revolucionaron al cine francés.