Fil­mes Eva­lua­dos-TIFF 2025 (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

My Father’s Sha­dow (Gran Bre­ta­ña-Nige­ria).

No es fre­cuen­te pre­sen­ciar fil­mes pro­ve­nien­tes de Nige­ria, por lo tan­to resul­ta más que bien­ve­ni­do esta dra­má­ti­ca pelí­cu­la del novel rea­li­za­dor Aki­no­la Davies Jr. en el que median­te un rela­to semi bio­grá­fi­co el aspec­to polí­ti­co se entre­mez­cla con su pro­pia vivencia.

My Father’s Shadow

El guión del cineas­ta escri­to con su her­mano Wale Davis ubi­ca la acción en 1993, en la vís­pe­ra de las pri­me­ra elec­ción demo­crá­ti­ca don­de el pue­blo espe­ran­za­do de Nige­ria, des­pués de varios años de dic­ta­du­ra mili­tar aguar­da el triun­fo del can­di­da­to pre­si­den­cial MKO Abio­la. En ese mar­co ambien­tal Fola­rin (Sope Diri­su) des­pués de cier­to tiem­po de haber esta­do ale­ja­do de su fami­lia regre­sa a la remo­ta aldea don­de viven sus hijos Remi (Chi­bui­ke Mar­ve­llous Egbo) de 11años y Akin (God­win Egbo) tres años menor. Des­pués de dis­cul­par­se ante ellos por su lar­ga ausen­cia Fola­rin deci­de lle­var a los niños a la ciu­dad de Lagos que ellos des­co­no­cen, en tan­to que la madre se encuen­tra tra­ba­jan­do fue­ra del hogar.

Des­pués de una acci­den­ta­da tra­ve­sía en auto­bús, al lle­gar a des­tino el padre los lle­va al lugar don­de tra­ba­ja para tra­tar de reco­brar de su super­vi­sor seis meses de sala­rio impa­go. En otros aspec­tos, duran­te esa jor­na­da tran­si­tan­do por la ciu­dad, los chi­cos lle­gan a cono­cer a los ami­gos de su pro­ge­ni­tor, pos­te­rior­men­te se diri­gen a una pla­ya, a ello le sigue un paseo en un par­que de diver­sio­nes, para con­ti­nuar en luga­res de bue­na comi­da y una visi­ta a un bar don­de Fola­rin reme­mo­ra haber cono­ci­do a la mujer que lle­ga­ría ser su esposa.

El direc­tor efec­túa una impe­ca­ble narra­ción al enfo­car cómo los niños van des­cu­brien­do un mun­do total­men­te des­co­no­ci­do como a su vez va emer­gien­do un sóli­do lazo con el padre que has­ta enton­ces había per­ma­ne­ci­do ausen­te de sus vidas. La ama­ble atmós­fe­ra crea­da a tra­vés del pla­cer com­par­ti­do entre el pro­ge­ni­tor y sus hijos se ve per­tur­ba­da cuan­do la pobla­ción dis­pues­ta a fes­te­jar el resul­ta­do de las elec­cio­nes ve ese sue­ño trun­co dado que el dic­ta­dor mili­tar Ibrahim Baban­gi­da anu­la el sufra­gio rea­li­za­do; la gran des­ilu­sión de los habi­tan­tes gene­ra la erup­ción de vio­len­tos dis­tur­bios; en con­se­cuen­cia Fola­rin no pue­de deter­mi­nar cómo podrá retor­nar sus hijos a la aldea y reen­con­trar a su madre.

Que­da como resul­ta­do una con­mo­ve­do­ra ópe­ra pri­ma de Aki­no­la Davies refle­jan­do el sen­ti­mien­to pater­nal de un hom­bre que ale­ja­do del hogar por razo­nes de tra­ba­jo, a lo lar­go de un inten­so día con­si­gue gran­jear­se el cari­ño de sus hijos, dejan­do la impre­sión de que rea­li­za­rá todo lo que esté a su alcan­ce para que ellos pue­dan acce­der a un futu­ro más pro­mi­so­rio. A la inme­jo­ra­ble actua­ción de Diri­su se une la auten­ti­ci­dad brin­da­da por los dos chi­cos, que son igual­men­te her­ma­nos en la vida real.

To the Vic­tory (Ucra­nia-Lithua­nia)

La impla­ca­ble gue­rra a la que Ucra­nia ha sido cas­ti­ga­da por Rusia des­de febre­ro de 2022 adquie­re una dimen­sión dis­tin­ti­va en este dis­tó­pi­co dra­ma con­ce­bi­do por el rea­li­za­dor, guio­nis­ta y actor Valentyn Vas­ya­novych ima­gi­nan­do qué es lo que ocu­rre con su país des­pués que el con­flic­to concluya.

To the Victory

La pelí­cu­la trans­cu­rre en Ucra­nia en octu­bre de 2026 en don­de en los cré­di­tos ini­cia­les se lee que la pobla­ción ha dis­mi­nui­do con­si­de­ra­ble­men­te y que actual­men­te 12 millo­nes de ucra­nia­nos viven fue­ra del país y no ven nin­gún futu­ro pro­mi­so­rio. En ese con­tex­to se halla Valik (Vas­ya­novych) un direc­tor de cine de 50 años que resi­de en Kiev y está en el pro­ce­so de roda­je de un film con­tan­do con el apo­yo de su pro­duc­tor (Volodymyr Yatsen­ko).

Vivien­do con su hijo Yaros­lav (Hryho­riy Nau­mov) de 18 años, Valik dis­ta de sen­tir­se con­for­ta­ble tenien­do en cuen­ta que su que­ri­da espo­sa Sofia (Marian­na Novi­ko­va) y su joven hija deja­ron Ucra­nia al prin­ci­pio de la gue­rra para ins­ta­lar­se en Vie­na. Sin tener gran comu­ni­ca­ción con su hijo por estar ape­ga­do todo el día en el compu­tador y en tan­to que su anciano padre Tato (Volodymyr Kuz­netsov) requie­re de su cui­da­do, el úni­co solaz lo encuen­tra en el víncu­lo man­te­ni­do con su noble ami­go Vlad (Vla­dien Odudenko).

El pro­pó­si­to de Vas­ya­novych es ilus­trar a tra­vés de su per­so­na­je cómo los cole­ta­zos de la gue­rra han sem­bra­do un cli­ma emo­cio­nal de inse­gu­ri­dad en la pobla­ción que ha sobre­vi­vi­do el con­flic­to; eso con­tras­ta con quie­nes han emi­gra­do y en tal sen­ti­do la nota emo­ti­va del film radi­ca cuan­do des­pués de una visi­ta de Sofia a Kiev, ella le comu­ni­ca a su espo­so que segui­rá vivien­do en Aus­tria, por lo que la vida en común con él ya no será posible.

No obs­tan­te las bue­nas inten­cio­nes del rea­li­za­dor, su narra­ti­va es errá­ti­ca al ir intro­du­cien­do esce­nas pres­cin­di­bles que dis­traen de su tema cen­tral; eso influ­ye para que el rela­to no lle­gue a cobrar el vigor dra­má­ti­co capaz de sus­ci­tar la aguar­da­da emo­ción. De todos modos, es loa­ble el men­sa­je opti­mis­ta de Vas­ya­novych dejan­do entre­ver que quie­nes han opta­do seguir resi­dien­do en Ucra­nia alber­gan la espe­ran­za de que el país habrá de recu­pe­rar­se con­du­cien­do final­men­te hacia la vic­to­ria, tal como lo enun­cia el títu­lo del film.

Nou­ve­lle Vague (Fran­cia)

Habien­do sido aplau­di­da en el Fes­ti­val de Can­nes de este año, el públi­co asis­ten­te al TIFF ha teni­do la opor­tu­ni­dad de apre­ciar esta pelí­cu­la del talen­to­so rea­li­za­dor esta­dou­ni­den­se Richard Lin­kla­ter que cons­ti­tu­ye su pri­me­ra incur­sión rea­li­za­da en idio­ma fran­cés. Des­pués de nota­bles tra­ba­jos regis­tra­dos en su fil­mo­gra­fía, Nou­ve­lle Vague rati­fi­ca su gran ver­sa­ti­li­dad en la, recrea­ción del roda­je de À bout de souf­flé, la revo­lu­cio­na­ria pelí­cu­la de 1960 del míti­co cineas­ta Jean-Luc Godard.

Nou­ve­lle Vague

La pres­ti­gio­sa revis­ta fran­ce­sa Cahiers du Ciné­ma ha sido la cuna don­de han emer­gi­do renom­bra­dos crí­ti­cos de cine que al poco tiem­po irrum­pie­ron en cali­dad de direc­to­res dota­dos de un espí­ri­tu reno­va­dor y que por tal moti­vo fue­ron con­si­de­ra­dos los expo­nen­tes de la Nou­ve­lle Vague (nue­va ola). Es así que apro­pia­da­men­te Lin­kla­ter, antes de con­si­de­rar el foco cen­tral del rela­to, en una sober­bia recrea­ción ambien­tal mues­tra al renom­bra­do direc­tor ita­liano Rober­to Ros­se­lli­ni visi­tan­do las ofi­ci­nas de Cahiers du Ciné­ma don­de rea­li­za una expo­si­ción a los crí­ti­cos allí pre­sen­tes sobre los fun­da­men­tos de la cinematografía.

De inme­dia­to, la acción trans­cu­rre algu­nos años des­pués don­de ya habían hecho sus pri­me­ras armas los rea­li­za­do­res Clau­de Cha­brol, Eric Roh­mer, Jac­ques Rivet­te, entre otros, en tan­to que Fran­co­is Truf­faut se apres­ta­ba a estre­nar en el Fes­ti­val de Can­nes de 1959 su estu­pen­da ópe­ra pri­ma Los 400 Gol­pes. Es así que tra­tan­do de emu­lar a sus cole­gas de la revis­ta y deseo­so de con­cre­tar su pri­mer lar­go­me­tra­je, Jean-Luc Godard (Gui­llau­me Mar­beck) logra con­ven­cer al pro­duc­tor Geor­ges de Beau­re­gard (Bruno Drey­fürst) para su finan­cia­mien­to. El paso siguien­te es el de selec­cio­nar a los pro­ta­go­nis­tas del film y es así que con­tra­ta al joven boxea­dor Jean-Paul Bel­mon­do (Aubry Dui­llin) y la actriz ame­ri­ca­na Jean Seberg (Zoey Deu­tch) para asu­mir los roles pro­ta­gó­ni­cos, tenien­do como cola­bo­ra­dor espe­cial al direc­tor de foto­gra­fía Raoul Coutard (Matthieu Penchinat).

De allí en más se asis­te a las dife­ren­tes vici­si­tu­des que moti­va el pro­ce­so de fil­ma­ción inclu­yen­do lo que acon­te­ce detrás de la esce­na en don­de se gene­ran algu­nos roces y des­en­cuen­tros moti­va­dos por la mane­ra par­ti­cu­lar que adop­ta Godard en el roda­je, aña­dien­do asi­mis­mo algu­nos ras­gos excén­tri­cos de su per­so­na­li­dad. Así el equi­po de fil­ma­ción está suje­to a los capri­chos de Godard en la medi­da que el guión del film depen­de de su ins­pi­ra­ción y cuan­do la mis­ma está ausen­te, el novel direc­tor sus­pen­de momen­tá­nea­men­te el roda­je y man­da a su casa a cada uno de los miem­bros del equi­po; eso pro­du­ce la ira de Beau­re­gard ame­na­zan­do can­ce­lar la fil­ma­ción como asi­mis­mo la gran frus­tra­ción de Seberg que hubie­ra pre­fe­ri­do fil­mar con Cha­brol o Truf­faut. Con todo la san­gre no lle­ga al río y es así que des­pués de 20 días con­clu­ye el roda­je con la con­sa­bi­da ale­gría de todo el equipo.

El guión de Holly Gent y Vin­ce Pal­mo es lo sufi­cien­te­men­te ilus­tra­ti­vo mos­tran­do la habi­li­dad de Coutard en refle­jar el alma de las calles de París como esce­na­rio cen­tral de À bout de souf­flé y eso a su vez se refle­ja en la estu­pen­da foto­gra­fía en blan­co y negro que David Cham­bi­lle logra en Nou­ve­lle Vague cap­tan­do mag­ní­fi­ca­men­te a la capi­tal de Fran­cia de aque­lla época.

Fres­ca, lúci­da, esti­mu­lan­te son algu­nos de los adje­ti­vos que mere­ce lo que Lin­kla­ter sin con­ce­sión algu­na logró con este film que con­tó con un exce­len­te elen­co de artis­tas fran­ce­ses y un cuer­po téc­ni­co de pro­duc­ción de remar­ca­ble nivel. Demos­tran­do al igual que Godard su pasión por el cine, Lin­kla­ter efec­túa un mere­ci­do tri­bu­to a los pio­ne­ros de la Nue­va Ola que revo­lu­cio­na­ron al cine francés.