Un Sim­ple Accidente

IT WAS JUST AN ACCI­DENT. Irán-Fran­cia-Luxem­bur­go, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Jafar Panahi. 105 minutos

Una vez más el exce­len­te direc­tor ira­ní lle­ga a con­mo­ver­nos con una pelí­cu­la magis­tral. A tra­vés de su fil­mo­gra­fía que ha reci­bi­do dis­tin­cio­nes en los más impor­tan­tes fes­ti­va­les de cine, se agre­ga It Was Just An Acci­dent, que este año fue acla­ma­da en Can­nes reci­bien­do mere­ci­da­men­te la Pal­ma de Oro.

A tra­vés de más de una déca­da de for­za­da reclu­sión en su país, eso no inhi­bió al rea­li­za­dor a tomar cla­ra con­cien­cia de lo que sus com­pa­trio­tas han expe­ri­men­ta­do a tra­vés de las crí­ti­cas rea­li­za­das al régi­men auto­crá­ti­co que gobier­na al país. Es así que este film, que uno podría aso­ciar a la pelí­cu­la de Román Polans­ki Death and the Mai­den (1994) basa­da en la obra tea­tral de Ariel Dorf­man, está ins­pi­ra­do exclu­si­va­men­te en his­to­rias rela­ta­das por com­pa­ñe­ros y cono­ci­dos del realizador.

Vahid Mobas­se­ri

Su tra­ma comien­za cuan­do Egh­bal (Ebrahim Azi­zi) mane­jan­do su auto en una carre­te­ra ira­ní con su mujer emba­ra­za­da (Afs­sa­neh Naj­ma­ba­di) y la peque­ña hiji­ta (Del­maz Naja­fi), atro­pe­lla a un perro que se cru­za en el camino pro­du­cien­do su muer­te; ese sim­ple acci­den­te moti­va a gene­rar una secue­la por­que a poco que el coche vuel­ve a arran­car se para por un des­per­fec­to del motor. Cir­cuns­tan­cial­men­te, Vahid (Vahid Mobas­se­ri), un tran­seún­te que tra­ba­ja en un taller mecá­ni­co pró­xi­mo al lugar sale para auxi­liar­lo y al poco rato sien­te un gran estu­por cuan­do Egha­bal mar­chan­do con su pier­na orto­pé­di­ca le hace pre­su­mir que él ha sido quien en el pasa­do lle­gó a tor­tu­rar­lo al haber sido dete­ni­do por crí­ti­cas rea­li­za­das al gobierno. Es así que al día siguien­te del acon­te­ci­mien­to, siguien­do con su camio­ne­ta la pis­ta de quien cree que ha sido su ator­men­ta­dor, a pesar que en el momen­to del cas­ti­go estu­vo enca­pu­cha­do, desea ven­gar­se; des­pués de gol­pear­lo y secues­trar­lo deci­de ente­rrar­lo vive pero cuan­do Egh­bal per­ju­ra que Vahid lo ha con­fun­di­do con otra per­so­na, que­da en él la gran duda.

De allí en más el rela­to, man­te­nien­do al rap­ta­do mania­ta­do y dro­ga­do en la bau­le­ra del vehícu­lo, Valid deci­de tomar con­tac­to con varios per­so­na­jes que han sido obje­to de duros cas­ti­gos. Median­te la infor­ma­ción que le sumi­nis­tra Salar (Geor­ge Hashem­za­deh), un libre­ro ami­go, lle­ga a con­tac­tar a la fotó­gra­fa Shi­va (Mariam Afsha­ri) que había esta­do en pri­sión, a Goli (Hadis Pak­ba­ten), una novia pró­xi­ma a casar­se jun­to con su pro­me­ti­do Ali (Majid Panahi) y a Hamid (Moha­mad Ali Elyas­mehr); todos ellos han expe­ri­men­ta­do las atro­ci­da­des come­ti­das de quien se supo­ne que ha sido Egh­bal, si bien han teni­do ven­da­do los ojos y sola­men­te es la pier­na orto­pé­di­ca lo que les hace pre­su­mir que ha sido él que en aquel enton­ces era iden­ti­fi­ca­do como “Peg Leg”. ¿Cuál es el camino que el gru­po debe­rá adop­tar? ¿Matar­lo, sacri­fi­can­do los idea­les al apli­car la ley del talión, o dejar­lo en liber­tad tenien­do en cuen­ta que tie­ne una fami­lia y una cria­tu­ra recién nacida?

Con inusi­ta­da maes­tría Panahi mane­ja esta his­to­ria don­de no sola­men­te plan­tea el con­flic­to moral pro­du­ci­do cuan­do la ven­gan­za es rea­li­za­da por cuen­ta pro­pia, sino que una vez más que­da mag­ní­fi­ca­men­te refle­ja­do que no sola­men­te las víc­ti­mas son las que han resul­ta­do afec­ta­das sino inclu­so los vic­ti­ma­rios cum­plien­do deni­gran­tes tareas impar­ti­das por el nefas­to régi­men. Eso impli­ca que es la jus­ti­cia que debe deci­dir la suer­te de los tor­tu­ra­dos. ¿Pero será posi­ble supo­ner que exis­te jus­ti­cia en Irán? De algu­na mane­ra es lo que el gran direc­tor deja entre­ver así como los efec­tos trau­má­ti­cos del pasa­do no son fáci­les de cica­tri­zar tal como lo tes­ti­mo­nia la mag­ní­fi­ca esce­na final.

Brin­dan­do una voz a los que han sufri­do horro­res en Irán, el gran maes­tro del cine efec­túa una con­tun­den­te denun­cia a las auto­ri­da­des mar­ca­da­men­te auto­ri­ta­rias de su país, a tra­vés de un film sutil­men­te rea­li­za­do y agra­cia­do por su inme­jo­ra­ble elen­co. Sin duda algu­na, ésta es una de las gran­des pelí­cu­las de 2025.  Jor­ge Gutman