FRANKENSTEIN. Estados Unidos, 2025. Un film escrito y dirigido por Guillermo del Toro. 150 minutos. Disponible en la plataforma Netflix a partir del 7 de noviembre.
Desde 1931 en el que el realizador James Whale exitosamente abordara Frankenstein basado en la célebre novela de Mary Shelley, hubo a lo largo del tiempo varias versiones sobre el mítico personaje, siendo esta vez el remarcable director mexicano Guillermo del Toro quien lo considera; al hacerlo brinda su visión personal que aunque respetando la trama original de la autora, adopta ciertas licencias permitiendo que su film más que uno de horror, prevalezca su contenido humano.

Oscar Isaac
En su prólogo el relato enfoca a un buque estancado en las proximidades del Polo Norte que en ese medio cubierto de nieve y heladas del Ártico su tripulación descubre que yace un cuerpo desfalleciente y ensangrentado que pertenece al cirujano Víctor Frankenstein (Oscar Isaac); es así que procede a su rescate a pesar de que una temible Criatura (Jacob Elordi) trata de retenerlo.
A partir de allí, mediante flashbacks, comienza la primera parte de esta historia en donde Frankenstein narra al capitán del navío su vida pasada. Muy afectado por la muerte de su madre, él es objeto de la violencia verbal y física ejercida por su padre (Charles Dance) que es igualmente médico. Ya adulto, con el apoyo del mecenas Harlander (Christoph Waltz) Victor obsesionado por crear vida nueva despedazando cadáveres concibe a la Criatura, un ser masculino de monstruosa apariencia; como apenas puede hablar y suponiendo que es poco inteligente, repite en él la misma violencia que había recibido de su progenitor. Eso se intensifica porque sintiéndose atraído por Elizabeth (Mia Goth), la novia de su hermano menor (Felix Kammerer), Frankenstein siente celos al observar que ella empatiza con la Criatura, lo que lo hace despreciar, castigar y abandonarlo.
La segunda y última parte de la trama está relatada por la Criatura en el que a través de su larga peregrinación demuestra su noble espíritu que se manifiesta en su vínculo con un anciano ciego (David Bradley) que reconoce su alma afable, como asimismo reacciona con furor hacia quienes lo atacan.
Como lo ha reflejado en sus trabajos más trascendentes, recordando entre ellos a El Laberinto del Fauno (2006), el cineasta pudo vencer el desafío que se impuso al trasladar una historia ampliamente conocida; es así que con su prodigiosa puesta escénica caracterizada por una meticulosa estética ha logrado una remarcable tragedia gótica que contó con el invalorable apoyo de sus dos intérpretes protagónicos. Isaac fabulosamente compone al excéntrico y arrogante Frankenstein que imbuido de voraz aberración, emula a un Dios todo poderoso siendo capaz de demoler su creación. A su lado, Elordi con su rostro transformado gracias al magnífico maquillaje de Kate Hawley, maravilla en un rol ciertamente difícil, transmitiendo con sus gestos la bondad de un monstruo que en última instancia no lo es.
Visualmente se aprecia un fabuloso esplendor agraciado por la sublime fotografía de Dan Laustsen así como resalta el impecable diseño de producción de Tamara Deverell lo que indudablemente refuerza los valores del film.
La visión de este notable drama permite reflexionar acerca de lo que verdaderamente implica el sentimiento humano en el tumultuoso contexto actual donde la violencia imperante en numerosas regiones del mundo, se asemeja a la ejercida por el aberrante Frankenstein.
Una vez más Netflix demuestra que además de ofrecer producciones de consumo masivo, también genera obras de alta calidad como lo es Frankenstein.
Jorge Gutman