NUREMBERG. Estados Unidos, 2025. Un film de James Vanderbilt. 150 minutos
Numerosos filmes han revivido los horrores de la Segunda Guerra y en este caso el director James Vanderbilt lo vuelve a considerar enfocando la personalidad del nacionalsocialista Hermann Göring.
En los créditos iniciales de Nuremberg se lee que el conflicto mundial cobró la vida de 70 millones de víctimas. Es así que inmediatamente después de haber concluido la guerra el 8 de mayo de 1945, varios criminales de guerra han sido aprehendidos por los aliados. Mientras que varios congresales de los Estados Unidos eran partidarios de una ejecución inmediata, el juez de la Corte Suprema Robert H. Jackson (Michael Shannon) consideró que los criminales fueran objeto de un juicio en un tribunal internacional. Consecuentemente antes de que estos infames seres fueran juzgados, el psiquiatra americano Douglas Kelley (Rami Malek), miembro de las Fuerzas Armadas, recibe el mandato de evaluar el estado mental de los prisioneros para verificar si realmente estaban en condiciones de ser sometidos a un tribunal de justicia; entre los mismos se encuentra Göring (Russell Crowe) quien fue la mano derecha de Hitler.

Russell Crowe
La primera parte del relato, enfocado por el guión de Vanderbilt quien se inspiró en el libro The Nazi and the Psychiatrist de Jack El-Hai publicado en 2013, se centra en las entrevistas efectuadas por Kelley al prisionero Göring alojado en su celda para saber qué es lo que le indujo a cometer los crímenes.
Enfrentando a un individuo decididamente narcisista y capaz de manipularlo, el profesional mediante un duelo psicológico trata de sonsacar qué lo que se esconde en la mente del cruel asesino, quedando la duda si su diabólico comportamiento es el resultado de un ser mentalmente enfermo o absolutamente normal; así, en el interrogatorio a Göring él manifiesta haber ignorado lo que sucedía alrededor suyo durante la guerra creyendo que los campos de concentración eran meros campos de trabajo. En tal sentido esa respuesta permite recordar el concepto de “la banalidad del mal” acuñado por Hannah Arendt acerca de cómo personas ordinarias pueden cometer actos atroces sin reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones. Como el resultado de las conversaciones mantenidas no llegan a determinar sustancialmente la naturaleza diabólica de las atrocidades perpetradas por el cruel asesino,la conclusión del psiquiatra es que dada las circunstancias cualquier persona puede actuar criminalmente.
Es en la segunda mitad del relato en el que llega a cobrar vuelo en donde Jackson tiene a su cargo conformar un tribunal internacional en la ciudad de Nuremberg para juzgar a los criminales de guerra. Durante el juicio se exhiben extractos acaecidos en los campos de concentración que indudablemente suscitan un fuerte impacto en la audiencia. Es allí donde Göring efectúa su testimonio y que irónicamente declara que la dolorosa frase de “la solución final” perseguida por el nazismo, era simplemente la “completa solución”, como si los términos “final” y completa” pudieran haber tenido diferente significado. No obstante, el momento culminante del interrogatorio se produce cuando el fiscal británico Sir David Maxwell-Fyfe (Richard E. Grant) le pregunta si aún puede juramentar lealtad a Hitler, siendo afirmativa la respuesta del genocida.
Sin haber logrado la tensión psicológica que Stanley Kramer obtuvo con su brillante drama Judgment at Nuremberg (1961), Vanderbilt brinda un competente relato que se destaca por su magnífico elenco en el que tanto Crowe como Malek y Shannon ofrecen superlativas actuaciones; eso no o va en desmedro de Grant, John Slattery, Colin Hanks y Leo Woodall quienes ofrecen remarcable autenticidad en roles de apoyo.
Como nota final es importante constatar que a 80 años del memorable juicio de Nuremberg comenzado en noviembre de 1945, los acontecimientos reseñados por el realizador resultan pertinentes teniendo en consideración los peligros emergentes del convulsionado mundo actual. Jorge Gutman