Cine­ma­nia 2025 (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí el comen­ta­rio de 3 pelí­cu­las exhi­bi­das en el fes­ti­val Cine­ma­nia que con­clu­ye el 16 de noviem­bre. (festivalcinemania.com)

On vous croit (Bél­gi­ca)

Un vibran­te dra­ma es expues­to en esta ópe­ra pri­ma escri­ta y diri­gi­da por la direc­to­ra fran­ce­sa Char­lot­te Devi­llers y el rea­li­za­dor bel­ga Arnaud Dufeys.

Aun­que el tema ya ha sido con­si­de­ra­do por el cine en varias oca­sio­nes es su tras­cen­den­cia lo que intere­sa, sobre todo cuan­do es narra­do con remar­ca­ble pre­ci­sión en escue­tos 78 minu­tos que man­tie­nen per­ma­nen­te­men­te la com­ple­ta aten­ción del espectador.

El film gira en torno de una pare­ja divor­cia­da que dispu­ta la cus­to­dia de los hijos. En un bre­ve comien­zo se ve a Ali­ce (Miriam Akhed­diou) una madre acom­pa­ña­da de su hija ado­les­cen­te Lila (Adè­le Pinc­kaers) y su hijo Etien­ne (Ulys­se Gof­fin) de 11 años diri­gién­do­se al juz­ga­do don­de ten­drá lugar una audien­cia judi­cial, no obs­tan­te que el niño un tan­to vio­len­to rehú­sa asis­tir por­que no quie­re ver a su padre. A todo ello, la deman­da judi­cial se ha ori­gi­na­do por­que el padre Gos­sens (Lau­rent Cape­llu­to) quie­re tener con­tac­to con los chi­cos des­pués de dos años en que se ha pro­du­ci­do el divorcio.

La ten­sión len­ta­men­te comien­za en la ante­sa­la de la audien­cia don­de la madre y los hijos se encuen­tran sen­ta­dos sepa­ra­da­men­te del lugar don­de tam­bién se encuen­tra Gos­sens con el mis­mo pro­pó­si­to; allí el niño huye pre­ci­pi­ta­da­men­te al baño para no ver a su pro­ge­ni­tor. Una vez comen­za­da la sesión pre­si­di­da por la jue­za (Nata­li Broods) con la asis­ten­cia de un espe­cia­li­za­do ase­sor y la pre­sen­cia de los abo­ga­dos res­pec­ti­vos de la pare­ja se escu­chan los ale­ga­tos de Ali­ce que acu­sa a su ex cón­yu­ge de haber sido obje­to de vio­len­cia con­yu­gal y por ello no desea que entre en con­tac­to con sus hijos; ese hecho se rati­fi­ca en los tes­ti­mo­nios de Lila y Etien­ne expre­san­do su deseo de no man­te­ner víncu­lo alguno con su padre. Con­tra­po­nien­do a lo mani­fes­ta­do por Ali­ce y sus hijos, se lo ve a Gos­sens con la apa­rien­cia de un hom­bre cen­tra­do y razo­na­ble que ade­más de negar las acu­sa­cio­nes sos­tie­ne que su ex espo­sa ha influi­do en sus vás­ta­gos para ofre­cer­les la visión de que él es una per­so­na inde­sea­ble. Sin entrar en deta­lles adi­cio­na­les sobre la pro­se­cu­ción de la audien­cia, lo con­cre­to es que la jue­za al dic­tar su vere­dic­to debe con­si­de­rar qué es lo que resul­ta más con­ve­nien­te para el bien­es­tar de Lila y su hermano..

La exce­len­te direc­ción del dúo Devi­llers y Duleys, la estu­pen­da actua­ción de su elen­co y el guión mag­ní­fi­ca­men­te con­ce­bi­do brin­da la sen­sa­ción de que en lugar de un rela­to de fic­ción se asis­te a un docu­men­tal debi­do a la reali­dad que lo nutre, don­de el espec­ta­dor es uno más pre­sen­cian­do este intri­gan­te y cau­ti­van­te dra­ma judi­cial. En esen­cia, este es uno de los mejo­res fil­mes pre­sen­ta­dos en Cine­ma­nia

Clas­se Moyen­ne (Fran­cia-Bél­gi­ca)

A tra­vés de una mira­da deci­di­da­men­te nada com­pla­cien­te el rea­li­za­dor Antony Cor­dier ofre­ce una come­dia negra que adop­tan­do un tono satí­ri­co con­si­de­ra las esca­ra­mu­zas sus­ci­ta­das entre dos fami­lias per­te­ne­cien­tes a dife­ren­tes cla­ses sociales.

El guión escri­to por el rea­li­za­dor y com­par­ti­do con Jean-Alain Laban y Ste­ven Mitz ubi­ca la acción en una villa cam­pes­tre situa­da al sur de Fran­cia. En su sun­tuo­sa casa trans­cu­rren las vaca­cio­nes anua­les de Phi­lip­pe Trous­se­lard (Lau­rent Lafit­te), un reco­no­ci­do abo­ga­do de exce­len­te posi­ción eco­nó­mi­ca, su espo­sa Lau­ren­ce (Elo­die Bou­chez), una actriz estan­ca­da en su carre­ra y su hija Garan­ce (Noée Abi­ta) que en esta opor­tu­ni­dad ha invi­ta­do a su novio Meh­di (Sami Outal­ba­li); él es, un joven recien­te­men­te gra­dua­do en leyes y pro­ve­nien­te de una fami­lia arge­li­na. En lo que pare­ce asi­mi­lar­se a un rin­cón para­di­sía­co en su comien­zo todo trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te aun­que algu­nas acti­tu­des de Phi­lip­pe hacia su futu­ro yerno al cual con­si­de­ra su rival, tien­den a humillarlo.

Duran­te el año la casa es cui­da­da por Tony Azi­zi (Ram­zi Bedia) y su espo­sa Nadi­ne (Lau­re Calamy), rea­li­zan­do tareas de lim­pie­za y otras acti­vi­da­des que requie­ren man­te­ni­mien­to, así como tam­bién habi­ta su hija adul­ta Mary­lou (Mahia Zrou­ki). El nudo dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do a con­se­cuen­cia de cier­tos inci­den­tes en don­de Tony es obje­to de des­con­si­de­ra­ción por par­te de su patrón, él reac­cio­na incre­pán­do­lo furio­sa­men­te y es así que aun­que pos­te­rior­men­te se arre­pien­te, pidien­do las dis­cul­pas por lo acon­te­ci­do, Tony y Nadi­ne son des­pe­di­dos; en con­se­cuen­cia los Azi­zi exi­gen una suma impor­tan­te de dine­ro des­pués de haber tra­ba­ja­do por 7 años a lo que Phi­lip­pe se nie­ga rotun­da­men­te. Eso con­tri­bu­ye a que la ten­sión aumen­te rápi­da­men­te gene­ran­do una dra­má­ti­ca vio­len­cia cuan­do Tony ame­na­za denun­ciar a sus patro­nes por haber tra­ba­ja­do en con­di­cio­nes ile­ga­les; es enton­ces cuan­do Meh­di pro­ve­nien­te de una cla­se humil­de se ofre­ce actuar como media­dor tra­tan­do de demos­trar su habi­li­dad profesional.

Median­te una afi­na­da cró­ni­ca social y sin entrar a juz­gar la mora­li­dad de sus per­so­na­jes, Cor­dier ilus­tra cla­ra­men­te el enfren­ta­mien­to entre la cla­se de la alta bur­gue­sía a la que per­te­ne­ce los Trous­se­land tra­tan­do con cruel­dad y ale­vo­sía a los Azi­zi per­te­ne­cien­tes a un nivel socio- eco­nó­mi­co infe­rior. Cri­ti­can­do al mate­ria­lis­mo y al racis­mo laten­te pre­va­le­cien­te, el film favo­re­ci­do por su cali­fi­ca­do elen­co des­ti­la una sen­sa­ción agria y pesi­mis­ta deno­tan­do cómo en cier­tos casos las rela­cio­nes huma­nas pue­den alcan­zar un dra­má­ti­co nivel de dete­rio­ro gene­ra­do por la des­co­mu­nal agre­si­vi­dad físi­ca y emocional.

Deux Pia­nos (Fran­cia)

El rea­li­za­dor Arnaud Des­ple­chin deja a un lado expe­rien­cias per­so­na­les que carac­te­ri­zan algu­nos títu­los de su fil­mo­gra­fía para rela­tar en Deux Pia­nos un melo­dra­ma que sin ser excep­cio­nal des­pier­ta interés.

El comien­zo del rela­to con­ce­bi­do por el rea­li­za­dor con Kamen Vel­kovsky, ofre­ce cier­ta intri­ga obser­van­do a un joven matri­mo­nio inte­gra­do por Pie­rre (Jeremy Lewin) y Clau­de (Nadia Teresz­kie­wicz) don­de él le rela­ta una anéc­do­ta judía sobre una pare­ja sepa­ra­da que logra reunirse.

De inme­dia­to la tra­ma se cen­tra en Mathias (Fra­nçois Civil), un dota­do pia­nis­ta de apro­xi­ma­da­men­te 30 años que regre­sa a su ciu­dad natal de Lyon tras haber vivi­do 8 años en Tokio desem­pe­ñán­do­se como docen­te musi­cal. Su retorno se debe al haber sido con­vo­ca­do por su men­to­ra, la vete­ra­na y aplau­di­da pia­nis­ta Ele­na (Char­lot­te Ram­pling); quien apre­cian­do el vir­tuo­sis­mo musi­cal de Mathias, desea que jun­tos ofrez­can un con­cier­to a dos pia­nos; para ella será el últi­mo por­que ha deci­di­do efec­tuar su reti­ro de la acti­vi­dad artís­ti­ca. Des­pués del cáli­do encuen­tro, comien­zan los ensa­yos en don­de Ele­na con­si­de­ra que algo extra­ño acon­te­ce con Mathias en la medi­da que no vuel­ca la vita­li­dad nece­sa­ria que emer­ge de la par­ti­tu­ra. Es así que a pri­me­ra vis­ta, su com­por­ta­mien­to pare­ce­ría dela­tar que algo serio lo está atormentando.

El rela­to adquie­re cier­ta ten­sión dra­má­ti­ca cuan­do dos fac­to­res alte­ran la exis­ten­cia de Mathias. Uno de ellos se pro­du­ce cuan­do en un par­que obser­va a un niño (Valen­tin Picard) que le lla­ma la aten­ción al notar que se pare­ce exac­ta­men­te a cuan­do él tenía su mis­ma edad. Otro aspec­to que lo lle­ga a per­tur­bar has­ta pro­du­cir su des­ma­yo es cuan­do cir­cuns­tan­cial­men­te ve a Clau­de; es así que se evi­den­cia que en el pasa­do entre ambos exis­tió un apa­sio­na­do víncu­lo sen­ti­men­tal y que que­dó trun­co cuan­do él par­tió a Japón.

No obs­tan­te que podría apli­car­se el refrán de que “don­de hubo fue­go ceni­zas que­dan” la per­sis­ten­cia del amor de anta­ño pro­du­ce un efec­to curio­sa­men­te trau­má­ti­co en la vida de Mathias en don­de su acti­tud auto­des­truc­ti­va reper­cu­te des­fa­vo­ra­ble­men­te en su empren­di­mien­to musi­cal; en tal sen­ti­do, su afa­ble agen­te (Hip­poly­te Girar­dot) que cree en su talen­to tra­ta de ayu­dar­lo, así como cuen­ta con el cari­ño de su entra­ña­ble madre (Anne Kessler).

Sin entrar a deta­llar la pro­se­cu­ción de esta his­to­ria, Des­ple­chin se vale de un guión que no alcan­za a expli­car cla­ra­men­te el exi­lio volun­ta­rio de su pro­ta­go­nis­ta, cuál fue el ver­da­de­ro víncu­lo exis­ten­te entre él y Pie­rre que fue­ra con­si­de­ra­do su ami­go, como tam­po­co que­da cla­ro el com­por­ta­mien­to ambi­guo de Claude.

A su favor, el film se sos­tie­ne por la remar­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Des­ple­chin y por haber reu­ni­do un remarc­da­ble elen­co. En ese aspec­to, Civil se des­ta­ca ade­más de actor por su loa­ble par­ti­ci­pa­ción en el piano, resul­ta meri­to­rio el com­pe­ten­te desem­pe­ño de Teresz­kie­wicz, así como en roles de apo­yo son con­vin­cen­tes las actua­cio­nes de Girar­dot, Kess­ler y Alba Gaia Bellu­gi como la her­ma­na menor de Pie­rre. Men­ción espe­cial mere­ce la subli­me pre­sen­cia de Ram­pling quien carac­te­ri­zan­do estu­pen­da­men­te su per­so­na­je, cons­ti­tu­ye el prin­ci­pal moti­vo de atrac­ción en la pri­me­ra par­te de esta historia.

Téc­ni­ca­men­te, resal­ta la músi­ca de Gré­goi­re Hetzet y tenien­do en cuen­ta la gra­vi­ta­ción que adquie­re en el film, resul­ta agra­da­ble la eje­cu­ción­de frag­men­tos de renom­bra­dos com­po­si­to­res tales como Bach, Cho­pin y Schu­bert, entre otros.

Con cier­tos des­ni­ve­les narra­ti­vos, la pelí­cu­la es una obra menor en la fil­mo­gra­fía de Des­ple­chin pero que de todos modos su visión resul­ta atractiva.