Crónica de Jorge Gutman
He aquí el comentario de 3 películas exhibidas en el festival Cinemania que concluye el 16 de noviembre. (festivalcinemania.com)
On vous croit (Bélgica)
Un vibrante drama es expuesto en esta ópera prima escrita y dirigida por la directora francesa Charlotte Devillers y el realizador belga Arnaud Dufeys.

Aunque el tema ya ha sido considerado por el cine en varias ocasiones es su trascendencia lo que interesa, sobre todo cuando es narrado con remarcable precisión en escuetos 78 minutos que mantienen permanentemente la completa atención del espectador.
El film gira en torno de una pareja divorciada que disputa la custodia de los hijos. En un breve comienzo se ve a Alice (Miriam Akheddiou) una madre acompañada de su hija adolescente Lila (Adèle Pinckaers) y su hijo Etienne (Ulysse Goffin) de 11 años dirigiéndose al juzgado donde tendrá lugar una audiencia judicial, no obstante que el niño un tanto violento rehúsa asistir porque no quiere ver a su padre. A todo ello, la demanda judicial se ha originado porque el padre Gossens (Laurent Capelluto) quiere tener contacto con los chicos después de dos años en que se ha producido el divorcio.
La tensión lentamente comienza en la antesala de la audiencia donde la madre y los hijos se encuentran sentados separadamente del lugar donde también se encuentra Gossens con el mismo propósito; allí el niño huye precipitadamente al baño para no ver a su progenitor. Una vez comenzada la sesión presidida por la jueza (Natali Broods) con la asistencia de un especializado asesor y la presencia de los abogados respectivos de la pareja se escuchan los alegatos de Alice que acusa a su ex cónyuge de haber sido objeto de violencia conyugal y por ello no desea que entre en contacto con sus hijos; ese hecho se ratifica en los testimonios de Lila y Etienne expresando su deseo de no mantener vínculo alguno con su padre. Contraponiendo a lo manifestado por Alice y sus hijos, se lo ve a Gossens con la apariencia de un hombre centrado y razonable que además de negar las acusaciones sostiene que su ex esposa ha influido en sus vástagos para ofrecerles la visión de que él es una persona indeseable. Sin entrar en detalles adicionales sobre la prosecución de la audiencia, lo concreto es que la jueza al dictar su veredicto debe considerar qué es lo que resulta más conveniente para el bienestar de Lila y su hermano..
La excelente dirección del dúo Devillers y Duleys, la estupenda actuación de su elenco y el guión magníficamente concebido brinda la sensación de que en lugar de un relato de ficción se asiste a un documental debido a la realidad que lo nutre, donde el espectador es uno más presenciando este intrigante y cautivante drama judicial. En esencia, este es uno de los mejores filmes presentados en Cinemania
Classe Moyenne (Francia-Bélgica)
A través de una mirada decididamente nada complaciente el realizador Antony Cordier ofrece una comedia negra que adoptando un tono satírico considera las escaramuzas suscitadas entre dos familias pertenecientes a diferentes clases sociales.

El guión escrito por el realizador y compartido con Jean-Alain Laban y Steven Mitz ubica la acción en una villa campestre situada al sur de Francia. En su suntuosa casa transcurren las vacaciones anuales de Philippe Trousselard (Laurent Lafitte), un reconocido abogado de excelente posición económica, su esposa Laurence (Elodie Bouchez), una actriz estancada en su carrera y su hija Garance (Noée Abita) que en esta oportunidad ha invitado a su novio Mehdi (Sami Outalbali); él es, un joven recientemente graduado en leyes y proveniente de una familia argelina. En lo que parece asimilarse a un rincón paradisíaco en su comienzo todo transcurre apaciblemente aunque algunas actitudes de Philippe hacia su futuro yerno al cual considera su rival, tienden a humillarlo.
Durante el año la casa es cuidada por Tony Azizi (Ramzi Bedia) y su esposa Nadine (Laure Calamy), realizando tareas de limpieza y otras actividades que requieren mantenimiento, así como también habita su hija adulta Marylou (Mahia Zrouki). El nudo dramático del relato se produce cuando a consecuencia de ciertos incidentes en donde Tony es objeto de desconsideración por parte de su patrón, él reacciona increpándolo furiosamente y es así que aunque posteriormente se arrepiente, pidiendo las disculpas por lo acontecido, Tony y Nadine son despedidos; en consecuencia los Azizi exigen una suma importante de dinero después de haber trabajado por 7 años a lo que Philippe se niega rotundamente. Eso contribuye a que la tensión aumente rápidamente generando una dramática violencia cuando Tony amenaza denunciar a sus patrones por haber trabajado en condiciones ilegales; es entonces cuando Mehdi proveniente de una clase humilde se ofrece actuar como mediador tratando de demostrar su habilidad profesional.
Mediante una afinada crónica social y sin entrar a juzgar la moralidad de sus personajes, Cordier ilustra claramente el enfrentamiento entre la clase de la alta burguesía a la que pertenece los Trousseland tratando con crueldad y alevosía a los Azizi pertenecientes a un nivel socio- económico inferior. Criticando al materialismo y al racismo latente prevaleciente, el film favorecido por su calificado elenco destila una sensación agria y pesimista denotando cómo en ciertos casos las relaciones humanas pueden alcanzar un dramático nivel de deterioro generado por la descomunal agresividad física y emocional.
Deux Pianos (Francia)
El realizador Arnaud Desplechin deja a un lado experiencias personales que caracterizan algunos títulos de su filmografía para relatar en Deux Pianos un melodrama que sin ser excepcional despierta interés.

El comienzo del relato concebido por el realizador con Kamen Velkovsky, ofrece cierta intriga observando a un joven matrimonio integrado por Pierre (Jeremy Lewin) y Claude (Nadia Tereszkiewicz) donde él le relata una anécdota judía sobre una pareja separada que logra reunirse.
De inmediato la trama se centra en Mathias (François Civil), un dotado pianista de aproximadamente 30 años que regresa a su ciudad natal de Lyon tras haber vivido 8 años en Tokio desempeñándose como docente musical. Su retorno se debe al haber sido convocado por su mentora, la veterana y aplaudida pianista Elena (Charlotte Rampling); quien apreciando el virtuosismo musical de Mathias, desea que juntos ofrezcan un concierto a dos pianos; para ella será el último porque ha decidido efectuar su retiro de la actividad artística. Después del cálido encuentro, comienzan los ensayos en donde Elena considera que algo extraño acontece con Mathias en la medida que no vuelca la vitalidad necesaria que emerge de la partitura. Es así que a primera vista, su comportamiento parecería delatar que algo serio lo está atormentando.
El relato adquiere cierta tensión dramática cuando dos factores alteran la existencia de Mathias. Uno de ellos se produce cuando en un parque observa a un niño (Valentin Picard) que le llama la atención al notar que se parece exactamente a cuando él tenía su misma edad. Otro aspecto que lo llega a perturbar hasta producir su desmayo es cuando circunstancialmente ve a Claude; es así que se evidencia que en el pasado entre ambos existió un apasionado vínculo sentimental y que quedó trunco cuando él partió a Japón.
No obstante que podría aplicarse el refrán de que “donde hubo fuego cenizas quedan” la persistencia del amor de antaño produce un efecto curiosamente traumático en la vida de Mathias en donde su actitud autodestructiva repercute desfavorablemente en su emprendimiento musical; en tal sentido, su afable agente (Hippolyte Girardot) que cree en su talento trata de ayudarlo, así como cuenta con el cariño de su entrañable madre (Anne Kessler).
Sin entrar a detallar la prosecución de esta historia, Desplechin se vale de un guión que no alcanza a explicar claramente el exilio voluntario de su protagonista, cuál fue el verdadero vínculo existente entre él y Pierre que fuera considerado su amigo, como tampoco queda claro el comportamiento ambiguo de Claude.
A su favor, el film se sostiene por la remarcable puesta escénica de Desplechin y por haber reunido un remarcdable elenco. En ese aspecto, Civil se destaca además de actor por su loable participación en el piano, resulta meritorio el competente desempeño de Tereszkiewicz, así como en roles de apoyo son convincentes las actuaciones de Girardot, Kessler y Alba Gaia Bellugi como la hermana menor de Pierre. Mención especial merece la sublime presencia de Rampling quien caracterizando estupendamente su personaje, constituye el principal motivo de atracción en la primera parte de esta historia.
Técnicamente, resalta la música de Grégoire Hetzet y teniendo en cuenta la gravitación que adquiere en el film, resulta agradable la ejecuciónde fragmentos de renombrados compositores tales como Bach, Chopin y Schubert, entre otros.
Con ciertos desniveles narrativos, la película es una obra menor en la filmografía de Desplechin pero que de todos modos su visión resulta atractiva.