ON SERA HEUREUX / WE’LL FIND HAPPINESS. Canadá-Luxemburgo. Un film de Léa Pool. 102 minutos
Un drama humano es considerado por la veterana realizadora Léa Pool en On Sera Heureux a través del tratamiento de dos temas relevantes que emergen del eximio dramaturgo Michel Marc Bouchard.

Mehdi Meskar y Aron Archer
Uno de los tópicos es el de la homosexualidad que en muchos países es penalizada e incluso en algunos pueden conducir a la pena de muerte. Precisamente ese es el caso del joven iraní Reza (Aron Archer) que debido a las convenciones sociales de su país, oculta su orientación sexual y es así que se lo ve celebrando su boda con una bella joven rodeados de familiares y amigos. Sin embargo cuando en la primera noche abandona a su esposa dormida y se dirige a un lugar para encontrarse con un homosexual conocido, es descubierto por la policía y arrestado aunque consigue huir.
De inmediato la acción se desplaza a Montreal y es allí que vemos a Reza vivir como refugiado en tanto que Saad (Mehdi Meskar), un exiliado marroquí a quien conoció en un campo de refugiados en España y que es su pareja, tratará de evitar que él sea deportado a Irán. Para ello, Saad entabla un vínculo con Laurent (Alexandre Landry) un secretario de la ministra de inmigración, al que logra manipular y seducir sexualmente.
Es así que en esa historia la homosexualidad se une al de la inmigración clandestina, donde una de las escenas más trascendentes del relato se produce cuando Reza frente al tribunal de inmigración debe responder a incómodas preguntas vinculadas con su orientación sexual. Queda en evidencia una crítica a la política de inmigración en la medida que la burocracia administrativa encargada de concluir la suerte de los refugiados puede adoptar decisiones que a veces resultan deshumanizadas.
La película cuenta con un homogéneo elenco donde además de la convincente caracterización de los actores mencionados se destaca la participación de Céline Bonnier en el rol de la colega de Laurent que se muestra poco receptiva hacia Saad.
En su vigésimo largometraje Pool logra una remarcable puesta escénica al servicio de un documento notablemente humano y sensible que indaga psicológicamente el universo masculino de diferente orientación sexual; así, valiéndose por primera vez del guión de Bouchard, la realizadora ilustra magníficamente una historia de amor nutrida de algunos secretos y mentiras que sería indiscreto revelar.
En su faz técnica, la fotografía de Yves Bélanger capta con notable vitalidad la gama de emociones experimentados por sus personajes. Si bien el desenlace del film es un tanto apresurado, eso no desmerece sus valores que en esencia resulta plenamente satisfactorio. Jorge Gutman