MEADOWLARKS. Canadá, 2025. Un film de Tasha Hubbard. 90 minutos
Basado en su propio documental Birth of a Family (2017) Tasha Hubbard ofrece en Meadowlarks un relato sobre las consecuencias de la redada canadiense de los 60 (Sixties Scoop); esa desafortunada acción del gobierno de Canadá condujo a que entre 1960 y 1990 niños y niñas indígenas fueran sustraídos de sus hogares para ser entregados en adoptación a familias de raza blanca, generalmente dentro del país, aunque en menor medida en Estados Unidos y Europa.
Ambientado en la actualidad, el guión de la realizadora y Emil Sher, presenta a Anthony (Michael Greyeyes) y sus hermanas, Coonie (Carmen Moore), Marianne (Alex Rice) y Gwen (Michelle Thrush), quienes se hallan reunidos por primera vez después de haber sido separados en su infancia de sus padres pertenecientes a la comunidad Cree.
El encuentro organizado por Coonie permite que durante un lapso de cinco días el grupo permanezca en una cabina ubicada en las montañas de Banff a fin de compartir sus experiencias de vida; consecuentemente, después de los abrazos e intercambios de regalos, van emergiendo los relatos de sus integrantes. Así se sabe que hoy día Anthony está por ser abuelo y su deseo es explorar sus raíces indígenas. Siendo la de mayor edad, Gween como madre monoparental ha experimentado un pasado traumático en base a abusos sufridos; eso contrasta con la experiencia de Marianne quien se ha ajustado muy bien viviendo en Bélgica y que si ciertamente el encuentro con los suyos reviste importancia, igualmente es su propósito el tratar de identificarse con su origen autóctono.
Además de pasear por la ciudad y transitar por los hermosos parajes boscosos, estos hermanos viven una emotiva experiencia en ocasión de ser invitados por un matrimonio de ancianos integrado por Alma (Theda Newbreast) y Simon (Russell Badger) a las tradiciones indígenas mediante la práctica de ciertos rituales a los que los visitantes se acoplan.
Esta reunión fraternal permite que al final de la estadía los hermanos sientan la emoción de haber compartido como miembros de una familia biológica que hasta el presente no habían experimentado.
El cine consideró en varias ocasiones la resiliencia de la colectividad indígena canadiense al haber sido objeto de una deplorable colonización; de todos modos, esta historia ficcional es bienvenida por su sobria realización a la vez que la cultura indígena adquiere un auténtico realismo por la satisfactoria actuación del elenco que al ser sus integrantes de origen autóctono transmiten notable autenticidad en sus respectivos personajes. A todo ello la estupenda fotografía de James Klepko permite disfrutar de la belleza panorámica de Banff. Jorge Gutman