El Pun­zan­te Tema del Bullying

THE PLA­GUE. Esta­dos Uni­dos, Ruma­nia, Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Char­lie Polinger.95 minutos.

El bull­ying, tam­bién cono­ci­do como aco­so esco­lar, es el ejer­ci­do por los per­pe­tra­do­res hacia sus víc­ti­mas aten­dien­do a dife­ren­tes razo­nes. Este pun­zan­te tema es con­si­de­ra­do por el novel rea­li­za­dor Char­lie Polin­ger en The Pla­gue, medain­te una narra­ción efec­tis­ta que no lle­ga a tras­cen­der como debiera. .

Eve­rett Blunck

El guión del direc­tor ambien­ta la acción en 2003 en una colo­nia de verano de water­po­lo inte­gra­do por meno­res cuya edad osci­la entre los 12 y 13 años. Entre ellos se encuen­tra Eli (Kenny Ras­mus­sen) cuya piel en la cara y su espal­da deno­ta estar afec­ta­do de ecze­mas y por ese moti­vo no se des­pren­de de su cami­se­ta cuan­do se sumer­ge en la pis­ci­na; es así que sus com­pa­ñe­ros lo mar­gi­nan y lo con­si­de­ran poseer una pla­ga. A todo ello entre los chi­cos se encuen­tra el noble y ami­ga­ble Ben (Eve­rett Blunck), que obser­va aten­ta­men­te cómo Eli es aco­sa­do y por eso hace lo posi­ble por tra­tar de ayu­dar­lo aun­que sin lograrlo.

El rela­to adquie­re cruen­tos mati­ces cuan­do el malé­fi­co pibe Jake (Kayo Mar­tin) inci­ta a los demás de su gru­po a come­ter un acto de sinies­tra vio­len­cia con­tra Eli. Si bien la temá­ti­ca intere­sa, el tra­ta­mien­to de Polin­ger es poco sutil y sin lle­gar a pro­fun­di­zar la natu­ra­le­za de sus per­so­na­jes, sal­vo el de exa­cer­bar su mal­dad. Asi­mis­mo la tra­ma deja cabos suel­tos e irre­suel­tos; así uno se pre­gun­ta cuál es la misión del entre­na­dor del equi­po (Joel Edger­ton) fren­te a lo que a cla­ras luces está suce­dien­do, como asi­mis­mo el guión igno­ra la pre­sen­cia de los padres o fami­lia­res de Eli.

Den­tro de su elen­co lo más des­ta­ca­ble son las muy bue­nas actua­cio­nes de Ras­mus­sen y Blunck en las carac­te­ri­za­cio­nes de sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes, en tan­to que el res­to de los acto­res se des­en­vuel­ven correc­ta­men­te en fun­ción de lo que el libre­to les deman­da enfa­ti­zan­do repe­ti­da­men­te las mani­fes­ta­cio­nes de humi­lla­ción per­pe­tra­das hacia la víc­ti­ma del relato.

En esen­cia, el con­ti­núo hos­ti­ga­mien­to que impe­ra en esta his­to­ria tra­tan­do de mani­pu­lar al espec­ta­dor care­ce de emo­ción y en últi­ma ins­tan­cia con­du­ce a que la ópe­ra pri­ma de Polin­ger resul­te ende­ble y fácil­men­te olvi­da­ble. Jor­ge Gutman

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